martes, 30 de septiembre de 2014

Algunos poemas de José Cereijo en “Límites”, Colección Melibea, 1994 (4)



Daño

Quisiera no saber esto que sé: que el amor hace daño, que es un veneno lento,

Una bestia feroz que muerde y que desgarra, y tortura constante su aciaga compañía; y que sólo su ausencia

Es más insoportable.


Perduración

No sé qué puede perdurar al fin de las calladas dádivas, más de una vez amargas, que fueron tu presencia:

Unas pocas imágenes dispersas, una cierta costumbre de calor, una conformidad -o disconformidad- con la existencia; más dolor, menos sueño.

Tú no estarás en ellas: aunque la que dibujan es sin duda una imagen real, es de mí, no de ti, de quien se trata.

Es triste y humillante pensar que, incluso en esto, estamos siempre solos.


Falta de fe

No quieras engañarte a ti mismo diciendo que la fe te ha abandonado; no te está permitido ese error.

En el alba que espera, ya no será importante la razón de la lucha: es lo real quien dictará las leyes. Tu tarea es tan sólo obedecerlas.

No intentes, pues, seguir a la que huye: todos verían allí solamente un pretexto

Para tu propia huida, y tendrían razón. Mejor que se haya ido; no es escudo fiable.

Agradece a tus dioses el bien que así te otorgan, y reviste en silencio la sólida armadura

De tu falta de fe.


El contraste

También en la amargura aguarda, sin embargo, una sabiduría.

Descubre cada cosa que grite su vacío en su vivo contorno

Y su valor exacto: es en la realidad, incluso errada, donde a tu corazón espera siempre

Cumplimiento y sosiego, y la sola piedad que puede redimirlo; pues sin ese contraste que da su validez a cuanto el alma sueña,

Es vano el sueño mismo, y es inútil.

Chistes de Máximo de sus últimos años en EL PAÍS




¿Qué han hecho con Basho! (8)

No vuelvo a explicar qué significan las iniciales que encabezan cada haiku de Basho, te remito a la primera entrada de la serie para aclararlo.


JT
¡Espantosa
la voz del faisán
cuando se sabe que come serpientes!

FRI
Tras oír yo que come
serpientes,
¡qué tremendo escuchar
el canto del faisán!

¡Oye_al faisán!
No repares si come
o no serpientes.

RB
Los amigos parten para siempre-
gansos salvajes
perdidos entre nubes.

JT
Separados por las nubes
los dos patos salvajes
dícense adiós...

FRI
¿Mi amiga tras las nubes...?:
la oca salvaje, ahora
mi compañera

Oca salvaje,
se_interpone la nube
¿y nos separa?

RB
Relámpago-
el grito de la garza
apuñala la oscuridad.

FV
El rayo
desgarrando la noche negra
el grito de la garza

JT
¡Un grito, escuchad!
¿Es la luna que ha gritado?
¡Ah! El cucú.

OP
Un relámpago
y el grito de la garza,
hondo en lo oscuro.

JT
Un relámpago.
En la sombra
vibra el grito de la garza.

FRI
Brilla un relámpago;
y entra en la sombra el grito
de la garza nocturna.

Con el relámpago,
da_en la nochë un grito
la garza_herida.

AM
Un exhausto gorrión
En medio
De un montón de niños.

RB
Gorriones en los oídos,
ratones por el techo-
música celestial.

JA
En el pistilo
se demora una abeja.
No quiere irse.

RB
Gorrión, renuncia
a la abeja que revolotea
entre las flores.

JT
Gorrión, amigo mío,
¡no atrapes a la abeja
que juega entre las flores!

FRI
Gorrión amigo:
no te zampes al tábano
que juega entre las flores.

Gorrn, amigo,
no te zampes al tábano
entre las flores.

FV
La grulla grita
con un quejido que desgarra
el banano

JA
El arrozal.
La grulla solitaria.
Llegó el otoño.

JA
Las grullas vuelan
donde rompen las olas.
Sus patas húmedas.

FV
Las patas de la grulla
se han hecho más cortas
en las lluvias de mayo

OP
Mojan las olas
Shiogoshi
Las patas de las grullas
¡Qué fresco el mar!

JA
¿Dónde se esconden?
Un bosque de ciruelas.
Cantan las grullas.

FV
Ahora que los ojos del halcón
se oscurecen
las codornices pían

FV
Al oscurecerse el mar
la voz del pato salvaje
apenas es blanca

JA
El mar oscuro.
Pasa graznando un pato.
Sombra en la sombra.

FV
Los ruiseñores
detrás de los sauces
delante de las zarzas

viernes, 26 de septiembre de 2014

José Bergamín, "Aforismos de la cabeza parlante" (4, y fin); el último, con matemáticas


Ver para creer. Oír para dudar.

Buscar raíces es una manera subterránea de andarse por las ramas.

El pensamiento-ardilla es el que sabe andarse por las ramas con seguridad, sin caerse. El pensamiento-larva, gusano o caracol, también. Pero, mientras el primero lo hace con limpieza, ágil y ligero, con intrepidez y con gracia, el otro lo hace sucio, con torpeza, lentitud y miedo; y con trampa, precaviéndose, para no caer, de su pegajosa, asquerosa babosería.

Le dijo la pulga al mosquito: de menos no nos pudo hacer Dios.

No hay nada que no esté cerca de Dios, decía una santa. ¿Ni siquiera el infierno?

Decimos al dormir conciliar el sueño; ¿conciliar el sueño con la muerte? Despertar es reconciliarlo con la vida.

Entre la música que nos hace bailar, desvelándonos, y la que nos hace soñar, durmiéndonos, se devana los sesos inútilmente nuestro más ovillado pensamiento.

Si el arte, la literatura, es siempre un producto social, el que trata de hacer arte o literatura social peca contra natura; contra la propia naturaleza del arte y de la literatura, cuya producción natural invierte.

La mayor parte de las gentes tratan de solucionarse la vida mucho antes de habérsela problematizado. Y lo peor es que, efectivamente, se la solucionan.

Dios aprieta pero no ahoga. Y también afloja, pero no suelta.

[...] Dos son siempre tres: tú y yo y nosotros. [...]

jueves, 25 de septiembre de 2014

Poemas de Marcos Ana en “Poemas de la prisión y la vida”, Tabla Rasa, 2011 (1)


Mi vida,
os la puedo contar en dos palabras:
Un patio
y un trocito de cielo por donde a veces pasan
una nube perdida
y algún pájaro huyendo de sus alas.


Autobiografía

Mi pecado es terrible;
quise llenar de estrellas
el corazón del hombre.
Por eso aquí entre rejas,
en diecinueve inviernos
perdí mis primaveras.
Preso desde mi infancia
y a muerte mi condena,
mis ojos van secando
su luz contra las piedras.
Mas no hay sombra de arcángel
vengador en mis venas:
España es sólo el grito
de mi dolor que sueña...


¿La vida?

Decidme cómo es un árbol.
Decidme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros.

Habladme del mar, habladme
del dolor ancho del campo,
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte
sin cerradura y sin llave,
como la choza de un pobre.

Decidme cómo es el beso
de una mujer. Dadme el nombre
del Amor, no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman
de enamorados con tiemblos
de pasión bajo la luna?

¿O sólo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mis losas?

Veintidós años... Ya olvido
la dimensión de las cosas,
su color, su aroma... Escribo

a tientas: “el mar”, “el campo”...
Digo “bosque” y he perdido
la geometría de un árbol.

Hablo, por hablar, de asuntos
que los años me borraron...

No puedo seguir, escucho
los pasos del funcionario.

Más chistes de Moderna de Pueblo




¿Qué han hecho con Basho! (7)

No vuelvo a explicar qué significan las iniciales que encabezan cada haiku de Basho, te remito a la primera entrada de la serie para aclararlo. 


FV
El nido de cigüeñas
entre las hojas
del cerezo

RB
Pesca con cormorán:
excitante,
pero triste.

FRI
¡Qué interesante!
Pero -al punto- qué triste:
pesca con cormoranes.

JT
¡Tan alegre al partir!
¡Tan triste luego!...
La barca de los cormoranes.

Alegre parte,
pescará_el cormorán,
mas para otro.

RB
Queda el nido abandonado
en el ciruelo.
Acecha la corneja.

FV
Sobre la rama seca
se ha posado un cuervo
tarde de otoño

RB
Sobre la rama muerta
se posa una corneja-
noche de otoño.

JT
Se posa un cuervo
sobre una rama muerta.
Fin del otoño.

FRI
Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño.

FV
De ordinario detesto al cuervo
pero esta mañana...
sobre la nieve

José María Bemejo
el cuervo horrible
¡qué hermoso esta mañana
sobre la nieve!

JT
Cuervo que comúnmente se detesta...
Y qué conmovedor esta mañana
sobre el fondo de nieve.

FRI
El cuervo, tan horrible
de ordinario, ¡también
sobre la nieve, esta mañana!

RB
Cuco
canta, trina, vuela
una y otra vez.

AM
El hototogisu,
Cantar, y volar, y cantar,
¡Qué vida tan ocupada!

Canta_el cuclillo,
canta, y vuela_y canta...
¡sin descansar!

FV
El cucú
pero su canto se ha quedado
sobre el agua

FRI
Cantaba el cuco;
su voz aún recostándose
a ras del agua.

FV
El cucú
un bosque de bambú
filtra la luna

José María Bermejo
Canta el cuclillo:
un bosque de bambú
filtra la luna

RB
Más allá de las olas,
llega el canto
del cuco.

FRI
Cuco volando:
se esfuma hacia una isla
remota, entre neblina.

Vuelä el cuco,
se borra mientras busca
la soledad.

FRI
Cuando la aurora
aún luce tintes malvas,
canta el cuclillo.

Cantä el cuco
para traer el día,
cerrar la noche.

JA
Tu canto triste,
cuclillo de la montaña,
me deja solo.

JT
Tristeza en el corazón.
Cuando te oigo, cucú,
mi soledad es más profunda...

FRI
En mi tristeza,
¡canta, y haz que me sienta
solo, cuclillo!

JA
Flores de invierno,
¿qué hace un cuco en la nieve?
¿Quién canta lejos?

FV
Zumbidos de estorninos
del loto caen frutos
tormenta matinal

FRI
Caen bayas del almezo;
aleteo de estorninos.
Tormenta al alba.

Fiesta de pájaros:
los frutos que cayeron
con la tormenta.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

¿Qué han hecho con Basho! (6)

No vuelvo a explicar qué significan las iniciales que encabezan cada haiku de Basho, te remito a la primera entrada de la serie para aclararlo.


JA
Ya es primavera.
Las colinas se adornan
con blanca niebla.

FV
El sonido de la campana
se expande en la bruma
del alba

FRI
Va amaneciendo.
Y asoma -un par de dedos-
el boquerón su albor.

Asoma_el alba.
Un boquerón se_encumbra
albo_a las ondas.

JA
Las aves chillan.
Partir en primavera.
Los peces lloran.

FV
La primavera pasa
lloran los pájaros y
son lágrimas los ojos de los peces

RB
Pasa la primavera, lloran los pájaros
y los ojos de los peces
se llenan de lágrimas.

OP
Se va la primavera,
quejas de pájaros, lágrimas
en los ojos de los peces.

FRI
La primavera pasa:
lloran los pájaros
y son lágrimas los ojos de los peces.

AC
Se va la primavera.
Lloran las aves, son lágrimas
los ojos de los peces.

JT
Los segadores han pasado.
Los pájaros pían.
Campo desnudo.

Pían los pájaros
mientras los segadores
siegan los campos.

RB
La alondra canta todo el día,
pero la luz
pronto se extingue.

JT
¡Cómo canta la alondra
sin cesar...
No obstante el día es tan largo!

AM
Durante todo el día,
Aunque no lo bastante largo para la alondra,
Cantando, cantando.

Todö el día,
y se le_hace tan corto,
canta la_alondra.

JA
En esta cumbre,
más alto que la alondra,
casi asfixiado.

FV
Más alto que las alondras
descanso en pleno cielo
en la garganta de la montaña

FRI
A más altura
que la alondra, descanso
en paso de montaña.

A pie llegué
más alto_y más sereno
que lä alondra.

FV
En medio de la llanura
canta la alondra
de todo libre

Vicente Haya
En medio del campo,
sin apego de ningún tipo,
canta la alondra.

AM
En medio del llano
Canta la alondra,
Libre de todo.

FRI
En campo abierto,
sin tocar cosa alguna
canta la alondra.

En campo_abierto,
libre de_apego, vuela,
canta la_alondra.

JA
Canta un chorlito.
Las estrellas me ayudan
a dar con él.

FV
En la noche oscura
buscando su nido
llora el chorlito

JT
Noche sombría:
la cerceta llora
buscando el nido.

RB
Noche oscura-
el chorlito triste
busca su nido.

FRI
Noche en tinieblas.
Acaso no halla el nido,
y clama el chorlito.

Nueva selección de poemas de Clara Janés (4), "El cielo ha borrado sus indicios..." y "No hay hilo que descifre..."



El cielo ha borrado sus indicios.
En blanco firmamento,
entre rosáceas nubes,
la luna blanca asciende.
Ni un vencejo distrae
el incesante dar y recibir
en el vacío de la luz,
túnica que desnuda
de lastre los sentidos.
El alma que la acoge
se eleva en su envoltura
a la espera de las rosas de fuego
que arranca el alba
al corazón del astro,
para en ellas arder sin consumirse.

[Rosas de fuego]


No hay hilo que descifre
el laberinto del mar,
que no es trayecto el mar;
que esbozo es de lo invisible el mar,
condensaciones, tendencias;
que siempre es pasado el mar,
origen, materia madre,
sin forma, sin sombra, el mar;
que es deseo puro el mar,
pura posibilidad.

[La indetenible quietud]

martes, 23 de septiembre de 2014

Algunos poemas de José Cereijo en “Límites”, Colección Melibea, 1994 (3)



Magia de un instante

¿Qué pides al amor que no sea tan sólo

La magia de un instante? Igual que el ambicioso a quien devora

Una sed insaciable, condenado por ella a deshacer en polvo

Cuanto alcanzan sus dedos, ¿no sabrás conformarte con su breve destello, dulce por imprevisto

Y más precioso aún por su rareza? Olvidas a menudo estas sabias palabras: un solo goce cierto vale el mundo;

Un don puro, la vida.


La verdad

No sé si es la verdad lo que quisiera que hubiese entre nosotros.

La verdad es cruel, y no nos pertenece: pertenece a las cosas.

Pero un hombre que miente, -lo sabemos ahora-,

Se revela a sí mismo.


Vínculos

Quise que nos unieran, como todos lo quieren, los goces y los sueños.

Ahora he llegado a verlos, sin embargo, como abismos sin puentes: ser hombre es estar solo.

Pero no he renunciado todavía: quizás la soledad, y el desengaño,

Sean vínculos más fuertes.


Fe quebrada

No hay luz que no se quiebre, día que no descubra, cuando pasa, una noche

En que fuera mejor no haber amado. Tanto afán destruido revela amarga el alma, y es acaso también una proposición,

Pero para un instinto hecho al revés del nuestro. Quién tuviera la fe, o un dios al que rezar que pudiese otorgarla,

Para poder amar sin interés, como un fin en sí mismo,

Esa limitación y esa amargura.

Chistes de Máximo de sus últimos años en EL PAÍS




Poemas de Gelu Vlasin traducidos por Joaquín Garrigós



bandung
la muerte viene / como una
arpía negra con los colmillos
clavados en mi cerebro /
la muerte viene a la chita callando
con su hocico / afilado /
entre palabras / donde
el animal de presa /
se ha hecho una yacija con
mis huesos / esparcidos
anteayer / en el asfalto
de enfrente del poema
torre / y el día de mi santo se lo
regalé para la cena / entre
los despojos de la carne /
enroscados / en
mi cuerpo aturdido /
como un pensamiento virgen
que se ha ido
de caza

suryana
fue ayer el día en que
pude haber sido tu
muerte / fue ayer / el día en
que pudimos habernos
desnudado de nosotros mismos /
fue ayer el día en que /
te pregunté / con
ojeras en el pensamiento / fue
ayer / la noche en que
crecí diez pisos
de alto / fue ayer la noche
en que / pude haber sido /
tu cuerpo / fue ayer
la noche / en que habría
podido / fue ayer / al
principio / un día
cualquiera / hubo ayer en
tus pasos / un silencio / fue /
la noche en que /
habría podido ser tu muerto /
mi muerte

ogoh I
mi mente / rompiéndote
la camisa con la que / tú /
has revestido tu pensamiento /
negro / como una mancha de
sangre / extendida / en
el pavimento de los muertos /

ogoh III
en mi sueño / anidó /
la muerte / con
su frío / abrazo /
como si / el
sueño / se hubiese
hundido / en la cavidad
del tiempo /

sabilulungan
quizá la nada / sea
un estado / en el cual
la muerte se haya edificado
una pirámide invertida /
quizá el amor /
sea una ilusión / en la cual
se baña la desdicha /
como en una piscina termal
/ quizá tu imagen /
como una gueisha en la retina /
libere mi mente /
y te abrace /
hasta después de la muerte
/ quizá tu sonrisa
/ no fuese para mí /
pero este día / como una
guillotina / me ha cercenado
al alma transformándola
en polvo / con
el aroma de las noches en
que / tú ya no estarás

desa
enfermo de café y
gotas de saliva
enrojecida / blasfemas como un
carretero con plumas / flu flu
flu / alquilen / un mosquito
me arranca la voluntad /
por todos los poros /
desposeyéndome / de
ti / serpiente / dices
tonterías / oliendo a
tilo y a suicidas /
solo ella / desentierra
el hacha de guerra / para
partirme el alma /
blanca de indiferencia

bandong III
le tendí la mano /
le toqué la mano / no
eres de mi agrado / déjame
la dirección / el teléfono /
el interfono / el correo-e /
y el nombre de la telenovela /
dónde te vas ahora / tómate
otro vodka / y vamos a
hablar del
monopatín / y de los
compañeros de Facultad /
haciendo striptease encima de los
caños del radiador /
ea dame la mano / y
dime que me quieres /
en eslovaquia - el premio
bulle en los vasos
rebosantes de ceniza / quizá
no quiera más / o
quizá algún otro
haya hecho una señal / con
la que de pronto se ha cerrado
el bar / como una cárcel
federal de máxima
seguridad

Traducción de Joaquín Garrigós

¿Qué han hecho con Basho! (5)

No vuelvo a explicar qué significan las iniciales que encabezan cada haiku de Basho, te remito a la primera entrada de la serie para aclararlo.


FV
Esta jornada ardiente
la arroja al mar
el río Mogami

JA
Un sol ardiente
vertiéndose en el mar:
río Mogami.

OP
Río Mogami:
tomas al sol y al mar
lo precipitas.

AM
El río Mogami
Ha arrastrado al ardiente Sol
Hasta el océano.

RB
Aguaceros de junio,
crecidas del río
Mogami.

OP
Junta las lluvias
del Quinto Mes el río-
y al mar las lanza.

JA
Río Mogami.
Con las lluvias de mayo
corre feliz.

AC
Rápido corre
con las lluvias de mayo
el río Mogami.

Raudos surcamos
con las lluvias de mayo
el río Mogami.

JA
¿Podrá el rocío
limpiar también el polvo
del otro mundo?

RB
Gotas de rocío-
¿No lavarían mejor
la suciedad de este mundo?

FRI
Cae y cae el rocío;
¿qué tal si yo lo usara
para limpiar el mundo?

¡Cäe_el rocío
sobre_el hombre_y la flor!
No limpia_el mundo.

RB
Mercaderes de la ciudad,
vendo mi sombrero
blanqueado por el rocío invernal.

JT
El comprador de arroz
a guisa de saco, tiende su sombrero
cubierto de nieve.

JA
¡Venid, amigos!
¿Quién me compra un sombrero
para la nieve?

FRI
¡Público del mercado!
Os vendo este sombrero
con nieve encima.

¡A mí_el mercado!
Que vendö un sombrero
que_está nevado.

RB
Ni una gota de rocío
en el arbusto
que mueve el viento.

JT
La rama del lespedezo
ondula sin dejar caer
una sola gota de rocío...

JA
Borra el rocío
lo escrito en mi sombrero.
Separación.

OP1
Desde hoy el rocío
borrará tu nombre
de mi sombrero.

OP2
Hoy el rocío
borrará lo escrito
en mi sombrero

RB
El rocío
ha borrado tu nombre
de mi sombrero.

FV
No olvides nunca
el sabor solitario
del rocío blanco

AM
Nunca olvides
El gusto solitario
Del blanco rocío.

viernes, 19 de septiembre de 2014

José Bergamín, "Aforismos de la cabeza parlante" (3)


La guerra no es solamente una forma de la política, sino su fisonomía propia, su rostro desenmascarado, su faz desnuda o descarnada. Por eso la guerra, como la política, tiene dos caras: una se llama hipocresía, la otra cinismo. La guerra es -sigue siendo- la lucha de la hipocresía contra el cinismo.

El cinismo es todo lo contrario de la hipocresía porque es la máscara moral de la sinceridad. O dicho de otro modo: es la sinceridad moralmente desenmascarada. Ser cínico es la única manera moral de ser sincero. Tartufo en el antípoda de Don Juan.

¡Qué admirable fe la de esos desgraciados!, me decían ante el espectáculo doloroso de una muchedumbre implorante. Esos desdichados, con los brazos en cruz, arrastrándose de rodillas y lamiendo el polvo de los suelos, tocando y besando el trozo de madera idolatrado, con tan tremenda súplica sacrifican espantosamente en sí mismos la conciencia humana al destino. Su credulidad es la hermana cainita, fratricida, de la creencia. La credulidad mata la fe como Caín: por envidia divina.

La corrupción sacerdotal y política de las religiones explota la credulidad por conveniencia propia. El sacerdocio endemoniado se autodiviniza.

¿Para qué quemáis las iglesias?-preguntaba un católico político a un impolítico anarquista.
Y el anarquista respondía: -Quemamos las iglesias para libertar a Dios.
-¡Y nosotros que las habíamos construido -suspiraba el politicastro católico- para libertarnos de Dios!

La música nos engaña siempre porque no puede nunca cumplir una palabra que no tiene.

Esa poesía, esa pintura, esa música... lo son de tan buen gusto y tan buen tono, me decía un chusco, que parecen fórmulas leucocitarias del pensamiento.

El buen tono, pasa. El buen gusto, queda. [...]

"El pensamiento no delinque", dijo un político. Y le contestaba un filósofo: "ni el delincuente piensa".

"Aprende a ser el que eres", afirmó Píndaro. Y nuestro Calderón, al paño: aprende a ser el que sueñas. A ser el que sueñas y no a soñar el que eres, como hacen todos [...]

Diversos, con Javier Lostalé, lunes 22 de septiembre, 20 horas



jueves, 18 de septiembre de 2014

Dos poemas más de Miguel d'Ors

Insisto

Mi vida: tantos días
que no estuve en El Cuzco
ni en Siena ni en Grenoble,
tantos aviones rubricando el cielo
en los que yo no iba, tantas voces
cuyo calor jamás
tocó mi corazón.
Sólo el tiempo, vacío,
sólo el tiempo, esta estepa
desesperada, sólo
ver los martes, los miércoles, los jueves,
ver cómo se suceden, implacables,
los tubos de Colgate.

Raro asunto

Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.

Vivir en el centro e ir al centro de salud, por Moderna de Pueblo




miércoles, 17 de septiembre de 2014

Un par de poemas de Javier Lostalé en "La estación azul" y en "Figura en el paseo marítimo"



Poemas de "La estación azul"

La frontera

Todos vivimos en la frontera, a un paso de la felicidad y a otro del abandono y el desamparo. Somos unos refugiados sin territorio que estamos pendientes de que alguien nos nombre para sentirnos habitantes de algún lugar. Nos ves- timos cada día sin saber cuántos grados de soledad seremos capaces de alcanzar, o si, por el contrario, nos sucederán tantas cosas que hasta nuestra chaqueta se sentirá extraña. Y al arribar la noche no sabremos dónde estamos, cuánto nos queda para llegar a la maravilla o al precipicio. Libramos una batalla con nosotros mismos en la que somos reyes y mendigos. Mientras nos ponemos la corona del triunfo y del dinero, nuestro corazón despojado muestra sus harapos. Todos vivimos en la frontera, en la invisible línea que separa palabra y silencio. Hablamos y no hacemos sino callar lo que realmente queremos decir. Guardamos silencio y nos desnudamos de tanto contar. Abrimos una puerta y cerramos un sueño. Tapiamos una ventana y los ojos se queman con un paisaje. Recibimos una carta y el tiempo pasado borra sus letras. Entre lo claro y lo oscuro navega nuestro pensamiento, y arde cuando sólo quedan las cenizas. Toca la verdad pero se ve deslumbrado por la mentira. Su alma es la razón y, sin embargo, a veces delira. Nada es como es y todo es como nunca fue. Así, instalados en esta frontera del desconcierto, transcurrimos. Nuestros labios mueven el aire del beso y una piel se estremece mientras huye. Nuestras manos se tienden sobre un cuerpo y se vuelven sordas. Queremos hacer algo y nos llaman de otra parte. Nos quedamos quietos y giramos veloces empujados por deseos y presencias. Perseguimos lo imposible y pasamos de largo ante lo que nos ofrece su compañía. Afirmamos estar enamorados y nunca medimos el amor por la calma de lo días. Decimos «sí», y sólo pensamos en nosotros. Escribimos «no», y entre las dos letras tiembla la duda. Plantamos una rosa y crece sólo la herida hecha por sus espinas. Todos vivimos en la frontera, anudados a la paradoja, sirvientes del dolor en la alegría y de la ignorancia en el saber. Todos vivimos con una lágrima dentro de la felicidad. Todos tenemos lo que perdemos y escuchamos lo que no nos dicen. Todos habitamos aquello de lo que fuimos desterrados. Todos pregonamos unos principios des- mentidos luego por nuestros actos. Y al cruzar a la otra orilla nos ahogamos arrastrados por las voces que ya no oímos. ¡Qué delgada frontera abre y cierra nuestra vida!


El espíritu de la luna

El espíritu de la luna no vaga por el espacio sideral sordo y ciego al crepitar humano, sino que invierte el sentido del tiempo, altera el ritmo de los seres con sus tormentas invisibles, prende la bóveda de los sueños. El espíritu de la luna habita entre nosotros hasta el punto de crearnos mareas íntimas, de abrirnos los ojos a un estuario de imágenes aún no holladas. Todos tenemos un lado mágico bañado por la luna. Cuando pasa un tren y su sombra retumba infancia, es luna. Cuando pesan las horas y todo parece ser lo mismo, y de pronto unas voces, o una luz transparente, nos inundan por dentro, y no sabemos porqué, es luna. Cuando en una conversación alguien pronuncia unas palabras y sen- timos entonces enormes ganas de viajar, o de llamar a alguien, es luna. Cuando subimos a la terraza y miramos los tejados como si fuera el mar, es luna. Cuando lo que nunca dijimos empieza una tarde cualquiera a arder y nos transfiguramos escuchando lo que tampoco nadie nos respondió, es luna. Si sentimos cómo las altas torres del orgullo caen y nos despojamos hasta la claridad del perdón, es luna. Si nuestro corazón sufre taquicardia de un nombre y se abandona a su dulce enfermedad, es que ha subido la temperatura de la luna. Si desde la puerta miramos la cama en la que murió nuestra madre y la vida es un remordimiento que nos purifica, hay luna en la habitación. Si el triunfo de los demás nos alza como un abrazo, y así, alegres, casi suspendidos, lo celebramos, es que la luna ha quemado los labios mudos de la envidia. Las lágrimas sin gafas para ocultarse, el llanto espontáneo como el que ante un amigo se desnuda, la cabeza en un hombro abandonada, todo, todo es culpa de la luna. Y cuando no hay nadie y nos vol- vemos locos de tanto ver en las sombras, es que la luna ha descendido de su reino y se ha hecho carne. Entre el nacimiento y la muerte, la luna arrasa los engañosos espejos y nos devuelve nuestra imagen verdadera. Somos tiempo en lunación. Astros de luz y sombra, como la luna. Un fuego inextinguible que no cesa, que como la luna navega un cielo siempre inalcanzable para los ojos humanos.


Poemas de "Figura en el paseo marítimo"

El margen de su espuma
desmiente un mar sin fisuras
y tiende una silenciosa escala
por la que unos ojos puros descienden
y reciben sin imagen
mientras una ola proclama
la completa mirada humana.
Todo el horizonte es signo
de lo que alguien escucha.
Sin sombra avanza un cuerpo,
anuncio sólo en la transparente luz.
Y unos labios lo nombran.


El ahogado

La luz era un himno
y todos esperaban el rescate del ahogado,
la aurora de su sangre.
Iban llegando envueltos en un vapor de ramos
por la mirada imaginados
que alejaban el terror oculto
y empujaban todo el ser hacia las ondas quietas
donde una respiración de labios florecía.
Nosotros, desde la altura, nos sumábamos en silencio
mientras por el fondo triste de mis ojos
pasabas la destilada sombra de tu vida.
Una honda nube de quietud
deslumbraba el paisaje y lo suspendía.
Cada vez más claros y lejanos
los que llegaban contenían en su espera
el halo azul del agua,
frágil red tejida por una respiración común
que unas tijeras de humo pudieran quebrar
amaneciendo el dolor más puro.
Nosotros, desde la altura, recibíamos en silencio
la verdad sin nombre que al origen devuelve
y como un beso último descubre el engaño,
pues cielo y no muro temblando siempre vivirá.
La luz era un himno
y alguno adelantaba su sueño hasta tocar el rostro del ahogado
sin que nadie lo siguiera: cada sueño tiene su reino y su lágrima.
Cada felicidad su condena: pronunciabas sin abrazo.
Y todavía en la pausa me quedaba,
torpe, perdido, limpio ahogo de ternura.
Un ave lenta, iluminada memoria,
el paisaje hacía sumo
y un instante lo amado devolvía
a los que inclinados sobre el agua
la imagen del ahogado despertaban
como una obsesión hermosa.
Todos entonces se precipitaban en el retraso mágico del recuerdo
borrando sus nombres en la íntima reunión.
El aire entretanto se consumaba en alta transparencia
y su estelar seno mostraba un pecho en reposo.
Solo, desde la altura, mi corazón escuchaba
la pena fija del ahogado
sus ojos de enfriada estela,
mientras una mano
en su soledad trazaba la pasión última del olvido.

¿Qué han hecho con Basho! (4)

No vuelvo a explicar qué significan las iniciales que encabezan cada haiku de Basho, te remito a la primera entrada de la serie para aclararlo.


AM
La primera nevada:
Las hojas de los narcisos
Se doblan.

JT
Primer nevada.
Un copo es tan pesado
que inclina un gladiolo.

JA
La Vía Láctea
cruza el salvaje mar:
isla de Sado.

AC
Un mar bravío.
Y, tensa sobre Sado,
la Vía Láctea.

JT
Mar tormentosa.
A lo lejos, Sado.
Diagonal en el cielo: la Vía Láctea.

OP1
Mar brava.
Hacia la isla de Sado
se tiende la Vía Láctea.

OP2
Tendido fluye
del mar bravo a la isla:
río de estrellas.

José María Bermejo
Un mar revuelto:
sobre la isla de Sado,
la Vía Láctea.

La Vía Láctea
se_ofrece_inalcanzable
al mar más bravo.

José María Bermejo
llega el otoño:
el mar y el campo tienen
el mismo verde

Llega el otoño
y_al mar y_al campo tiñe
del mismo verde.

JA
Golpe de remos.
Me retuerzo de frío.
Noche de lágrimas.

FV
El sonido del remo contra el agua
entrañas heladas
en la noche lágrimas

AM
Una helada noche de lágrimas:
El sonido del remo
Golpeando la ola.

RB
Los remos baten las olas-
oscura la noche,
frío en las entrañas.

FRI1
La voz del remo batiendo la ola,
y la noche que hiela las entrañas;
lágrimas.

FRI2
Se oye el remo en las olas:
un helor por mi cuerpo.
Lloro esta noche.

Hablä el remo
y_un frío me recorre
hasta las lágrimas.


Nueva selección de poemas de Clara Janés (3), poemas inéditos hasta su inclusión en Poética y Poesía (algunos con matemáticas), "Aerovoros", "El árbol" y "Viento laberintia"



Ola-Viento
esculturas de Martín Chirino

Aerovoros

Cuanto absorbe
lo adelgaza, lo adelgaza
lo hace nudo
entre dos extremos
que se alargan
cautelosos
desde la nada a la nada.


El árbol (serie raíz) 1985

Podría seguir.
Aquí me bifurco en dos
y os digo:
el dos es uno
y el uno es dos
y el dos no se detiene.
Es el aquí y el allí,
el tú y el yo,
la luz y la oscuridad,
el lugar de lo animado
y aquél que no conocemos.
Pero ahora
mira el gesto,
quietud y movimiento,
acaso la curva recta,
el abrazo abierto.
No,
no me detengo.


Viento laberintia (1978)

Evadía la inmovilidad
de la perfección
y entró en la fuga
de la elíptica.
Los números se deslizaron,
se hicieron sutiles
en el trayecto
hasta incorporarse
al juego de la gravedad.
Al llegar a la puerta de salida
entregaron el cero
como prenda
y el espacio aguardó la quietud
en la caja de las mareas.

martes, 16 de septiembre de 2014

Algunos poemas de José Cereijo en “Límites”, Colección Melibea, 1994 (2)



Epílogo

Cuando, la representación ya terminada y caído el telón, hayas vuelto al silencio,

Y la luz de la escena, que por un instante, con su extraña verdad, definió tu figura, se atenúe,

Habrá aún un personaje, al modo del Epílogo, que resuma y valore, quién sabe con qué acierto;

La última palabra -es igual para todos- no te está reservada: escrita del azar, la dirá el viento.

Reducido a ti mismo, di tu papel entonces como si a cada instante te importara de veras,

E imagina que allí, en el oscuro patio de butacas, tu propia alma implacable juzga severamente;

O, si eso no te basta, que entre los muchos ojos invisibles están también los suyos:

Están, y son los tuyos.


La espera

No sé muy bien si lo que espero tiene un nombre o una forma: ni siquiera si existe.

Fe absurda, desde luego, y que no necesita epifanías o imágenes, ni se nutre de ellas.

Y no ignoro que hay algo profundamente triste en este no saber acomodarse

A las cosas reales, en no poder amarlas sino a través del sueño.

Conozco todo esto, pero sigo esperando.

Y esa consoladora lucidez que viene con los años, me dice que no importa, si al final no llegara;

Que la espera es acaso bastante, por sí sola,

Para justificar, o merecer, la vida.


Desnudez

No soy lo que esperabas, ya lo sé. La luz de la imaginación es demasiado viva: despiadada.

No me sometas a ella, por favor: revelaría todos mis defectos. Mira, estas manos no tienen

Poderes taumatúrgicos. No pueden inventar para ti ese universo, maravilloso y frágil,

Que sé que deseabas; no pueden hacer más que acariciar lentamente tu pelo, meditando,

Tal vez desconcertadas. Cómo explicarte, a ti que lo mereces, que mi amor no es un premio,

Que no puede ser más que una desesperada llamada de socorro. Yo sé que hay algo en mí..., no, no debo dejarme llevar a decir eso:

La mano que te ofrezco está vacía, y así tiene que ser. Sólo una cosa puede prometerte, desde el más abismal fondo de mí:

Es amor quien la tiende, y hace daño.

Chistes de Máximo de sus últimos años en EL PAÍS




lunes, 15 de septiembre de 2014

Poemas de Javier Lostalé en "Jimmy, Jimmy" y en "La rosa inclinada"


Poemas de "Jimmy, Jimmy"

Con el alba…

Los pájaros se ciegan con tanta luz
y estrellan su frágil cabeza contra una roca.
Allí quedan sus alas tronchadas bajo un cielo ceniciento.
Allí, donde el puro silencio, su pecho se hará olvido.
Con la noche los árboles habrán enterrado su último canto
y una gota de sangre todavía señalará el lugar del amor.
Un coro de manos elevó al cielo una llama
con la forma de su corazón
y su vuelo desde entonces se hizo triste.
Sobre la llanura débiles pulsos agonizan
mientras los hombres encienden sus cuerpos
en el aire tibio de la tarde.
Son apenas brillos que en su tímida pureza
hiriesen, con alguna pluma o recuerdo, la frente humana.
Algunos, en un último intento de salvarse
buscan la engañosa claridad del agua
que un día, con su espuma, les abrió los ojos.
Y allí mueren, arrasados, oscuros;
sus cuellos flexibles, bellos como una rama inclinada,
desciendan ante el olvido de los peces.
El universo permanece mudo
y lentas hogueras atraviesan el horizonte.
Con el alba, un pájaro romperá los cristales de la mañana
y encontrará sólo sombra.


Consumación

En el resplandor del mediodía
hay una tensión de pájaros carbonizados
mientras un aire en brasas
abre heridas en tus ojos.
La soledad es una transparencia sin memoria
y es fácil perderse en un aroma, o en esa gota de agua
que, como chispa, llega a tu rostro.
Una lluvia de luz trae
hasta tu pecho el dolor más hondo;
aquél que no tiene límites,
que es ave, deseo, extensión,
oscuro placer a veces
consumación serena en la impotencia.
¿Hasta esta música desdibujada —tan reconocible ahora—
qué cuerpos llegan y te condenan
o cómo se salvan al recordarlos?
Sin rostro llegan y algunos, como tú,
un día también en el dolor se descubrieron;
mas no puedes verles, porque hay un girar de puertas,
una agitada respiración, una confabulación de espejos
que los borra siempre.
Sus manos extienden, alzan, buscando
en la fragilidad del aire
hundir todavía sus dedos en el resplandor enfermo
que precede a la sombra total.
Pero tú ya no estabas. Tu paso se hizo olvido
con las últimas luces de la tarde
mientras alguien, desde no sabes dónde,
dejaba en tus ojos una suave tristeza
que hacía más imperceptible tu partida.
La luna entretanto descendía su pálida tormenta
y navegaba el sueño de los aún puros adolescentes.


El mar

El mar no se explica.
Está para que lleguemos
y desnudos sintamos un frío a lo lejos,
como si estuviésemos a punto de morir o nacer.
No es hora de preguntar por nada o por nadie.
Es hora de quedarse quietos,
de anclar en el fondo de los cuerpos
y comprobar el desamparo de unos ojos casi tranquilos,
flotantes en la luz mojada.
El amor era como una grieta en el silencio abierta
que fuese lentamente destruyéndonos
mientras un pez en su salto
poblaba el espacio de soledad.
El tiempo se hizo entonces comba de dolor
y una palabra se dirigió al pecho para rematarle.
Sobre las rocas hombres yacían,
la memoria enterrada en algún astro,
y un viento de poniente arrastraba
ese último deseo que, como un débil destello,
agoniza en un agua indiferente.
La luz era un prolongado estertor
que en su belleza nos asumiera
y así nos condenase.
Y una noria de cuerpos
furiosamente se amaba
bajo un cielo calcinado.
El mar, el mar. Ese hondo miedo
ese grito solo, acabado en sí mismo,
que no nos comprende.


No siempre la luz nos acerca a la verdad de un rostro,
pues, soberana, desconoce esas manchas humanas que dolorosas se contraen
bajo su foco inclemente.
No siempre la palabra nos acerca a la verdad de un labio,
pues unas burbujas sonando nunca alcanzan un corazón.
No siempre una mirada nos acerca a la verdad de unos ojos,
pues unas ruinas recorrieron y desde entonces una flor no puede romper
con su claridad la turbia tela de aire que los unifica indiferentes.
No siempre el abandono nos trae una respuesta, ni el silencio
nos corta como aspas entreabriéndonos un paisaje.
No siempre. No nunca. Por eso todavía nos engañamos.
Y cogemos una cuartilla. Y vamos uniendo palabras.
Aunque sabemos que la verdad tampoco es ésta. Fuera
o dentro: soledad siempre: he aquí el poema.


Poemas de "La rosa inclinada"

Confesión

Escribo porque me salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de deseo. Escribo porque están conmigo los que ya nunca estarán, porque bajo al mar desde la mesa donde apoyo la cuartilla y me quedo quieto en la memoria de un cuerpo, y prolongo unas voces hasta perder la noción del tiempo (días y años juntos, apretados en un instante que me deja sin defensa). Escribo porque al abrir el seno de una palabra encuentro la iluminación última del beso, porque pronuncio a solas mi única verdad: ésa que después desmiento con mi vida. Escribo porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado. Escribo para ser joven y alimentar una espe- ranza radical, para tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo porque nunca fue más bello el engaño.


La verdad de una hoja es un reino,
niebla clara su territorio
donde seres quietos te anegan
sin alterar el alma de la luz.
En honda compañía vas,
pues sólo perteneces a un nombre
como estela escrito en tu corazón.
Tus ojos trazan el espacio
de un pulso de imágenes
que difuso te invade
concertando un tiempo sin herida o presencia.
Una rosa respirada
late en el seno del aire
y su perfume son tus sentidos.
Cada pensamiento
es una delgada espina
que cruza tu cuerpo
y lo deja suspenso
en vida sólo tuya,
mientras traspasa el paisaje
el alto oscilar del mar.
Pincel de luz difunde íntimo un aliento
en el que vibras sin paréntesis de respuesta.
Palabra de silencio dice
la memoria ingrávida de tu paso.


Hay un silencio de cada uno
que tampoco es nuestro
en el que un instante podemos tocar
la frágil flor del amor.
Hay un enfermo girar de todos sin nadie
donde cada triunfo es soledad,
una armonía de estrella solitaria
que de otro cuerpo bebe la luz
sabiendo que en su cielo nunca brillará.
En el blando núcleo del sueño
alguien ha entrado;
sus pasos son el mundo.


Llega la muchacha
con sus piernas de junco de ganso
y empieza a bailar mi vida
con su estrella.
Llega sin desvelo solitario que avise
en la hora siempre última del pecho.
Llega con su luz de cristal y sin sueño
para que no la perdamos
en la memoria con lágrima de otro paisaje.
Ni siquiera la muchacha sostiene con su mirada
el rubio sol de humo que en nuestra vida resucita.
Permanece sólo, permanece entre sus rayos de luna fría
flotando sin busto en la corriente dorada de sus piernas.
Mirarla ya no es posible, porque para mirar
hay que hacerlo desde algo que nos pertenezca
y ella troncha nuestra pequeña imagen dormida
y nos coloca en un ancho azul sin bordes
donde siempre un pájaro asfixia su canto.
Mirarla ya no es posible…
pero llega la muchacha
con sus piernas de junco de ganso
y empieza a bailar mi vida
con su estrella,
mientras lenta se desvanece
en la música de una máquina tragaperras.