martes 20 de marzo de 2012

Eventos en Córdoba y Madrid, para el 21 y el 22


Y también:

Día Mundial de la Poesía

Lectura Poética abierta

Verónica Aranda, Laura Cancho , Marwan y Ariadna García en Callao

y Carmen Garrido, Arantxa Oteo, María Zaragoza, Carmen Moreno e Iñaki Echarte en Castellana

Librerías de Fnac Callao y Fnac Castellana. Miércoles 21 de marzo a las 19:00h


La Unesco propuso en 2001 celebrar el Día Mundial de la Poesía el 21 de marzo y nosotros queremos sumarnos a esta iniciativa ya convertida en tradición, porque consideramos imprescindible la voz de los poetas en un tiempo como este, revuelto y necesitado de palabras que calmen las heridas o las abran en canal. Todo es necesario.

Con semejante objetivo, la poeta gaditana Carmen Moreno, reciente antóloga de ‘Mujeres que aman a mujeres’, nos ha ayudado a contactar con algunas de las voces jóvenes más importantes del panorama poético actual; y las tenemos no sólo para que las escuches, también para que, si te apetece, te sumes a ellas con la lectura de tus poemas o rescatando versos de tus autores favoritos.

Hazte oír con nosotros el próximo miércoles 21, cuando simultáneamente, desde Fnac Callao y Fnac Castellana, vamos a recitar bien alto.

Te esperamos en nuestras librerias a partir de las 19:00 horas… versos como granitos de arena. Haremos una montaña.

Un poema de Alejandro Céspedes en "Flores en la Cuneta"

Conduce donde el interior te lleve


Es de letras,
                          ignora
el área del círculo
que enmarca las agujas
                                        de la vida,
el radio del futuro,
el volumen que ocupa,
la ecuación que resuelve el volumen que deja,
                             su perímetro,
                                 el peso
                               de los días
que acabarán volcando la balanza,
                                el número
de granos de arena que le faltan al

                                                         cuenco de cristal
                                                                    que
                                                          está        debajo

para acabar llenándose.

Tampoco sabe despejar la incógnita
vida es igual a equis más, paréntesis,
velocidad al  cubo más tres cuartos
de gramo de farlopa
entre dos,
cierra paréntesis,
por cero coma nueve
miligramos de alcohol
por litro de aire,
partido todo ello por Y griega
más la lluvia por cuatro
neumáticos gastados,
menos la visibilidad
de la raíz cuadrada de la noche;
                                  donde Y griega
es el producto de toda su inconsciencia
                                             y Equis
el cociente de los días
que fueron y que ya no serán suyos.


Poema del libro “Flores en la cuneta”, Hiperión 2009, de Alejandro Céspedes

Luis Flores y la fala

La fala (A fala) es una lengua romance del subgrupo galaico-portugués hablada en los municipios de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, en el Valle de Jálama, al noroeste de la provincia de Cáceres (en la frontera con Portugal y Salamanca).

Contando a todos los habitantes de los tres pueblos se estiman unos 6000 hablantes, aunque otras fuentes elevan la cifra hasta los 10 000, por los nativos que trabajan fuera de la localidad.

Luis Flores, profesor de filosofía en enseñanza secundaria que vive en Madrid es uno de ellos, uno de los que aprendió el español en la escuela. Os comparto (espero que no se moleste) un poema suyo.

U VALLI

Pus tamén tú as vistu in abrís quel
mortas as úrtimas follas du sei otoñu…

Dend´as cuartás ineluctabris
cun-as que creemus fel levi
u relatu in nos da morti, muy lon´xi
sintimus a vedis tó norti,
tan lon´xi de nos -nómadas du sel-
melcadiandu nu inutil u oiru dus dias...
Tan lon´xi du que fomus nu vértigu
cun que as pedras soportan u hogal vadíu.
Muy lon´xi…

Dend´as cuartás cun-as que inyectamus un dia
crariai nu bosqui de sombras da infancia
u fomus siducíus pur-a oceánica densidai de us azulis
que guiorin tantas udiseas.
Interrás nu brancu
y negru das futugrafías inda siguin
latendu as suas puras estaciós.


Mais nun son ya prome´xa de filiciai,
Sinon pre´xenti in vórticis de tempu.
Ú sei corazón chegan pa fundilsi pasaus y futurus,
vidas vivías i´xuntu a surdidé cumu distinu,
afundías pá dentru u pá fora in torrenti
de nos mismus, liberás de sí contra u sei sel memoria,
ispandías de tó nu senu de tó,
vidas contás na vó du mitu, narraus filus
in humirdis ventáns zarandiás du´nvelnu,
nu idioma inaccisibri da etelniai
que tó urigin cuntuvu.

Ha d´abel pa estis camiñus du valli,
pa estas sendas de montaña nas que u sudol foi
tamén sintiu cumu regalu da vida
ús pasus sempris
que nun se deteñan
cuandu a belleza y a prinitú du mundu
rispiri pur-us seis días y as suas noitis un istanti,
cumu si fora u soñau ilixsil du camiñanti que somus,
cumu si fora u úrtimu
ilixil du homi
nu sei acetau le´xu viay´xi pur-a Terra…

Pus tamén tú has vistu in abrís quel
mortas as úrtimas follas du sei otoñu…,
tamén ahí,
a nosa vida ahí -pastu
fértil du afora-
narrá istará sendu …


EL VALLE

Pues también tú has visto en abriles caer
muertas las últimas hojas de su otoño...

Desde las coartadas ineluctables
con las que creemos hacer leve
el relato en nosotros de la muerte, muy lejos
sentimos a veces todo norte,
tan lejos de nosotros -nómadas del ser-
mercadeando en lo inútil el oro de los días…
Tan lejos de lo que fuimos en el vértigo
con que las rocas soportan el hogar vacío.
Muy lejos...

Desde las coartadas con las que inyectamos un día
claridad en el bosque de sombras de la infancia,
o fuimos seducidos por la oceánica densidad de unos azules
que guiaran tantas odiseas.
Enterradas en el blanco
y negro de las fotografías aún siguen
latiendo sus puras estaciones.

Mas no son ya promesa de felicidad,
sino presente en vórtices de tiempo.
A su corazón llegan para fundirse pasados y futuros,
vidas vividas junto a la sordidez como destino,
hundidas hacia dentro o hacia fuera en torrente
de nosotros mismos, liberadas de sí contra su ser memoria,
expandidas del todo en el seno de todo,
vidas contadas en la voz del mito, narrados hilos
en humildes ventanas zarandeadas del invierno,
en el idioma inaccesible de la eternidad
que todo origen contuvo.

Ha de haber para estos caminos del valle,
para estas sendas de montaña en las que el sudor fue
también sentido como regalo de la vida,
unos pasos siempre
que no se detengan
cuando la belleza y la plenitud del mundo
respire por sus días y sus noches un instante,
como si fuera el soñado elixir del caminante que somos,
como si fuera el último
elixir del hombre
en su aceptado leso viaje por la Tierra...

Pues también tú has visto en abriles caer
muertas las últimas hojas de su otoño...,
también ahí,
nuestra vida ahí -pasto
fértil del afuera-
narrada estará siendo...

lunes 19 de marzo de 2012

"El otro petrarquismo", la voz de ellas

M.ª Cinta Montagut Sancho
El otro petrarquismo
www.minobitia.com
info@minobitia.com

Hasta no hace mucho en la literatura, y en el arte en general, la mujer era más objeto
que sujeto, y siempre desde la perspectiva masculina, hasta el punto de que se puede decir que no hay mujer en
la lírica que escribían los hombres porque lo que reflejan en realidad es más un arquetipo, una entelequia, que
la mujer real. Por eso es importante la obra de las poetas renacentistas que invierten el paradigma de las ideas
neoplatónicas y petrarquistas pasando a escribir con su propia voz y a transgredir, ya desde ese momento, el
modelo común a la lírica de su tiempo. El siglo xvi en Italia es el siglo en el que las mujeres poetas destacan
por su calidad y cantidad.

Esta antología quiere dar a conocer los nombres y la obra de estas creadoras que ocuparon en realidad un lugar
preeminente en la cultura de su tiempo y que merecen recuperar el prestigio olvidado; como el lector del siglo
xxi merece conocer una visión diferente de lo que fue el petrarquismo y la poesía renacentista.
Veronica Gambara, Vittoria Colonna, Tullia D’Aragona, Chiara Matraini, Isabella Di Morra, Gaspara Stampa,
Veronica Franco y Maddalena Campiglia, son las poetas seleccionadas y traducidas por la también poeta María
Cinta Montagut Sancho.

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (15)

TRANSIGENCIAS

Una mujer me preguntó: "¿Sabe usted cómo se hace para imprimir los libros sin cortarlos?". A mí no me gusta invadir el terreno ajeno y le contesté: "No; soy médico".

No se puede ser célebre sin que los demás se enteren.

Hay tres cosas que alejan al hombre de su hogar: los gritos de los niños, el humo de las cocinas que no tiran y los días de limpieza general; si las mujeres las evitan y el hombre no sucumbe a las tentaciones de fuera, el éxito será sorprendente.

La desconfianza es una virtud cuyos resultados prácticos desconocen los que practican el vicio contrario, o sea, la confianza.

El café es menos nocivo que cualquiera de sus substitutos; este es el secreto de los grandes trastornos que causa el café.

En una comida íntima, si se come bien, siempre se resuelve un problema.

Los disparates que se dicen antes de comer parecen mucho más gordos que los que se dicen de sobremesa; pero la gente que los dice, no.

He descubierto una nueva clase de alergia producida por los seres humanos; hay algunos cuya sola presencia me pone enfermo.

En tiempos de nuestros padres había mucha gente de buenas costumbres; pero nosotros hemos tenido la mala suerte de nacer en tiempos de los hijos de nuestros padres.

La lluvia y el viento molestan a casi todo el mundo; pero uno se consuela pensando que la lluvia es buena para los agricultores y que el viento es bueno para los molinos de viento.

No me gusta leer libros escritos por mujeres; sé que ellas pueden decir cosas muy interesantes, pero yo tengo la mala costumbre de pedirles otras que lo son menos.

Un hombre solo, sea como sea, no hace reír. Dos hombres iguales, sean como sean, hacen reír. Esto prueba que si todos los hombres fueran iguales el mundo sería muy divertido, o quizá que Dios nos ha hecho a todos distintos para que nos lo tomemos en serio.

viernes 16 de marzo de 2012

Audios de la presentación de "πoetas" en el Ateneo de Madrid el día 10 de febrero de 2012

Alena Collar vino a la presentación con su amigo Carlos Feral, y a resultas de ello nos han hecho el doble regalo de una reseña y los audios. Al final pongo los audios, pero estos como la nota de Carlos se pueden hallar aquí, en Alenarte. Gracias a ambos.

En 'Versiones' de Rosario Castellanos el poema de Paul Claudel 'Oda segunda, el espíritu y el agua' (3)

Y como en los días de llovizna se ve, a lo largo de las costas, el faro y las agujas de roca, todas envueltas de bruma y de espuma pulverizada, es así que en el viejo viento de la Tierra, la ciudad cuadrada se reviste de sus atrincheramientos y de sus puertas, escalona sus puertas colosales en el viento amarillo, tres veces tres puertas, en el viento de ceniza y de hollín, en el gran viento gris de la polvareda que fue Sodoma y los imperios de Egipto y de los persas y París y Tadmor y Babilonia. Pero ¡qué me importan hoy vuestros imperios y todo lo que muere y vosotros, a quienes he abandonado a vuestros caminos odiosos, allá abajo! Puesto que soy libre, ¿qué me importan vuestros compromisos crueles? ¡Puesto que yo, al menos, soy libre! ¡Puesto que yo he encontrado! ¡Puesto que yo, al menos, estoy fuera! ¡Puesto que yo no tengo mi lugar entre las cosas creadas, sino mi parte con quien las creó, el espíritu líquido y oleoso! ¿Es que se palea el mar? ¿Es que vosotros lo ponéis a ahumar como una escudilla de guisantes? ¿Es que le escogéis su rotación, o la de la zanahoria o la del trigo, o la de los betabeles o de las remolachas amarillas y púrpuras? Pues él es la vida misma sin la cual todo está muerto. ¡Ah, yo quiero la vida misma sin la cual todo está muerto! La vida misma y todo lo demás me mata porque es mortal. ¡Ah, y no es bastante! ¡Yo miro el mar! Y esto me colma hasta el fin. Pero yo vuelvo el rostro aquí y allá y hacia este otro lado y no lo encuentro y es así siempre y aún más que siempre. ¡Siempre, corazón querido! ¡No temas que mis ojos se sacien de él! Ah, estoy harto de las aguas que vosotros bebéis. Yo no quiero más vuestras aguas compuestas, segadas por el sol, pasadas por el filtro y el alambique, distribuidas por el ingeniero de montes, corruptibles, escurridizas. Vuestras fuentes que no son fuentes. ¡El elemento mismo! ¡La materia primera! Es mi madre, digo, mi madre la que necesito. ¡Poseamos el mar eterno y salado, la gran rosa gris! ¡Yo levanto un brazo hacia el paraíso! ¡Avanzo hacia el mar de entrañas de uva! ¡Me he embarcado para siempre! Y soy como el viejo marino que no conoce la tierra más que por sus fuegos, los sistemas estelares verdes o rojos enseñados por el mapa y el portulano, un momento sobre el muelle, entre la carga y los toneles, los documentos ante el cónsul, un apretón de manos al estibador; y otra vez de nuevo las amarras largadas, el silbato de las máquinas y, bajo mis pies, ¡de nuevo la dilatación de la ola!

jueves 15 de marzo de 2012

Un par de chistes con matemáticas



Poemas de Alberto Lista

Alberto Lista (1775-1848) ejerció de matemático, periodista y crítico literario, además de ser poeta. Lo que he podido rastrear de su poesía no apunta a que incluyera nociones, conceptos, imágenes matemáticas en su verso. Me he limitado para mi selección a unos archivos, que ahora no soy capaz de volver a localizar, con epigramas, sonetos e idilios, respectivamente. De los idilios prescindo por completo, ni siquiera he podido aguantar la lectura de la primera estrofa de cada uno de ellos.

Así que siendo hoy jueves seguimos con sonetos, aunque esta vez no del siglo de oro, a los que volveremos. Aunque he de confesarte que lo que prefiero de Lista son sus epigramas, a pesar de que no alcanzan la pretendida e inherente brevedad, motivo por el cual he tenido que prescindir (en los casos en que señalo amputación) de una estrofa de 3 versos. Si quieres leerlos completos será en otro lugar.

El despedido
(Primera estrofa)

Me amaba ayer con furor,
según dijo, mi querida,;
hoy en carta muy cumplida
se despide de mi amor.

La fácil

¿Al primer asalto mía?
Por Dios que esto va, señora,
más pronto que yo quería.
Si ha de durar más de un día
resistid siquiera una hora.

___

(Primera estrofa de otro poema, acaba en ':' en vez de punto.)

Me agraviaste y pretendes,
que yo me rinda:
tú, que el puñal clavaste,
sana la herida.

___

(Caso igual al anterior)

Nunca esperes, ingrata,
paces conmigo:
desengañado amante
no es buen amigo.

___

Yo desdeñé celoso
su tierno halago;
y ella los dulces ojos
volvió llorando:
y juez los celos,
ella fue la inocente,
y yo fui el reo.

___

(Fragmento)

Si me niegan la dicha
de poseerte,
la gloria de adorarte,
mi bien, no pueden.

___

Borrar del pecho quise,
fiera, tu imagen;
y ya casi me alegro
de no olvidarte:

que es tu recuerdo
el más seguro aviso
del escarmiento.

___

(Fragmento)

Deja siempre una parte
libre del pecho,
y no, Filis incauta,
lo des entero.

___

(Fragmento, terminado en ";)

Un desdén agradable,
Filis, no daña,
cuando de ser vencido
deja esperanza.

LA ENVIDIA

Dulce es a la codicia, cuando alcanza
doblar el oro inútil, que ha escondido;
dulce al amor, feliz o desvalido,
meditar ya el placer, ya la esperanza.

Dulce es también a la feroz venganza,
que no obedece al tiempo ni al olvido,
los sedientos rencores, que ha sufrido,
apagar entre el fuego y la matanza.

A un bien aspira todo vicio humano:
teñida en sangre la ambición impía
sueña en el mando y el laurel glorioso.

Sola tú, envidia horrenda, monstruo insano
ni conoces ni esperas la alegría:
que ¿dónde irás, que no haya un venturoso?


LA ESPERANZA

Dulce esperanza, del prestigio amado
pródiga siempre, que el mortal adora,
ven, disipa piadosa y bienhechora
las penas de mi pecho acongojado.

Vuelve a mi mano el plectro ya olvidado,
y al seno la amistad consoladora;
y tu voz, oh divina encantadora,
mitigue o venza la crueldad del hado.

Mas ¡ay! no me presentes lisonjera
aquellas flores, que cogiste en Gnido,
cuyo jugo es mortal, aunque es sabroso.

Pasó el delirio de la edad primera,
y ya temo el placer, y cauto pido,
no la felicidad, sino el reposo.

LA RAZÓN INÚTIL

Es tarde ya para que amor me prenda
en su lazo halagüeño y fementido:
que aunque tal vez de la razón olvido,
el hielo de la edad ¿quién hay que encienda?

Es tiempo, ¡ay triste!, que a su voz atienda,
mi juvenil esfuerzo ya perdido,
después de haberla insano desoído,
cuando ser pudo de mi esfuerzo rienda.

Así va: los humanos corazones
sufren en la verdad y en el engaño;
y sin gozar de sí nu un solo día,

venden la juventud a las pasiones,
la edad madura al triste desengaño,
y la vejez a la razón tardía.

miércoles 14 de marzo de 2012

"El hombre pone y Dios dispone, o de lo que ha de ser el periodista", un artículo de Mariano José de Larra para Poesía Abierta

Perdonad que anteponga mi palabra a la de Mariano, pero el caso lo requiere.

¿A cuento de qué traemos aquí este artículo? A propósito de nuestro propio interés. No porque Larra sea un autor del que gocemos dichosa y fervientemente, ni porque este texto nos parezca el más digno de celebración de Mariano, sino porque es fuente continua de precopuación e indignación (en lo personal, para nos, y creo que no menos en lo social, para vos) la casta periodística y el uso que hace de su virtud.

Mariano José, con las palabras que seguidamente anoto, no aligera nuestra carga, sino que más bien la acrece con sus consideraciones y encomio de naturalezas del periodista que nos (no sé si solo a mí) parecen viciosas actitudes.

Muy bonito, Mariano, muy bonito, pero cuán obsceno e hiriente en algunos puntos. Cada quien juzgue a su gusto y para su solaz  y consuelo, o para mayor enojo.

EL HOMBRE PONE Y DIOS DISPONE, o LO QUE HA DE SER EL PERIODISTA

Gran cosa dijo el primero que anunció este proverbio, hoy tan trillado. Si hay proverbios que envejecen y caducan, éste toma por el contrario más fuerza cada día. Yo, por mi parte, confieso que, a haber tenido la desgracia de nacer pagano, sería ese proverbio una de las cosas que más me retraerían de adoptar la existencia de muchos dioses; porque soy de mío tan indómito e independiente, que me asustaría la idea de proponer yo, y de que dispusiesen de mis propósitos millares de dioses, ya que desdichadamente ha de ser hombre un periodista, y lo que es peor, hombre débil y quebradizo. Ello no se puede negar que un periodista es un ser bien criado, si se atiende a que no tiene voluntad propia; pues sobre ser bien criado, debe participar también de calidades de los más de los seres existentes: ha menester, si se ha de ser bueno y de dura, la pasta del asno y su seguridad en el pisar, para caminar sin caer en un sendero estrecho, y como de esas veces fofo y mal seguro, y agachar como él las orejas cuando zumba en derredor de ellas el garrote. Necesita saberse pasar sin alimento semanas enteras como el camello, y caminar la frente erguida por medio del desierto. Ha de tener la velocidad del gamo en el huir para un apuro, para un día en que Dios disponga lo que él no haya puesto. Ha de tener del perro el olfato, para oler con tiempo dónde está la fiera, y el ladrar a los pobres; y ha de saber dónde hace presa, y dónde quiere Dios que hinque el diente. Le es indispensable la vista perspicaz del lince, para conocer en la cara del que ha de disponer, lo que él debe poner; el oído del jabalí para barruntar el runrún de la asonada; se ha de hacer, como el topo, el mortecino, mientras pasa la tormenta; ha de saber andar cuando va delante con el paso de la tortuga, tan menudo y lento que nadie se lo note, que no hay cosa que más espante que el ver andar al periodista; ha de saber, como el cangrejo, desandar lo andado, cuando lo ha andado demás, y como esas veces ha de irse sesgando por entre las matas a guisa de serpiente; ha de mudar de camisa en tiempo y lugar como la culebra; ha de tener cabeza fuerte como el buey, y cierta amable inconsecuencia con la mujer; ha de estar en contínua atalaya como el ciervo, y dispuesto como la sanguijuela a recibir el tijeretazo del mismo a quien salva la vida; ha de ser, como el músico, inteligente en las fugas, y no ha de cantar de contralto más que escriba con trabajo; y a todo, en fin, ha de poner cara de risa como la mona. Esto, con respecto al reino animal.

Can respecto al vegetal, parécese el periodista a las plantas en acabar con ellas un huracán sin servirles de mérito el fruto que hayan dado anteriormente: como la caña ha de doblar la cerviz al viento, pero sin murmurar como ella; ha de medrar como el junco y la espadaña en el pantano; ha de dejarse podar como y cuando Dios disponga, y tomar la dirección que le dé el jardinero; ha de pinchar como el espino y la zarza los pies de los caminantes desvalidos, dejándose hollar de la rueda del poderoso; en días obscuros ha de cerrar el cáliz y no dejar coger sus pistilos como la flor del azafrán; ha de tomar color según le den los rayos del sol; ha de hacer sombra, en ocasiones dañina, como el nogal; ha de volver la cara al astro que más calienta como el girasol, y es planta muerta si no; seméjase a las palmas en que mueren las compañeras empezando a morir una; así ha de servir para comer como para quemar, a guisa de piña; ha de oler a rosa para los altos, y a espliego para los bajos; ha de matar halagando como la hiedra.

Por lo que hace al mineral, parécese el periodista a la piedra en que no hay picapedrero que no le quite una esquirla y que no le dé un porrazo; ha de tener tantos colores como el jaspe, si ha de parecer bien a todos; ha de ser frío como el mármol debajo del pie del magnate; ha de ser dúctil como el oro: de plata no ha de tener ni aun el hablar en ella; ha de tener los pies de plomo; ha de servir como el bronce para inmortalizar hasta los dislates de los próceres; lo ha de soldar todo como el estaño; ha de tener más vetas que una mina, y más virtudes que un agua termal. Y después de tanto trabajo y de tantas calidades, ha de saltar, por fin, como el acero en dando en cosa dura.

En una palabra, ha de ser el periodista un imposible: no ha de contar sobre todo jamás con el día de mañana: ¡Dichoso el que puede contar con el de ayer! No debe, por consiguiente, decir nunca como El Universal: «Este periódico sale todos los días excepto los lunes»; sino decir: «De este periódico sólo se sabe de cierto que no sale los lunes». Porque el hombre pone y Dios dispone.

 
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