sábado 28 de enero de 2012
viernes 27 de enero de 2012
'Al pie de la letra', poemario de Rosario Castellanos, al completo
La enemistad, que preside todas nuestras relaciones, no nos impedirá amar.
SAINT-JOHN PERSE
AL PIE DE LA LETRA
Desde hace años, lectura,
tu lento arado se hunde en mis entrañas,
remueve la escondida fertilidad, penetra
hasta donde lo oscuro -esto es lo oscuro: roca-
rechaza los metales con un chispazo lívido.
Plantel de la palabra me volviste.
No sabe la semilla de qué mano ha caído.
Allá donde se pudre
nada recuerda y no presiente nada.
La humedad germinal se escribe, sin embargo,
en la celeste página de las constelaciones.
Pero el que nace ignora, pues nacer es difícil
y no es ciencia, es dolor, la vida a los vivientes.
Lo que soñó la tierra
es visible en el árbol.
La armazón bien trabada del tronco, la hermosura
sostenida en la rama
y el rumor del espíritu en libertad: la hoja.
He aquí la obra, el libro.
Duerma mi día último a su sombra.
CRÓNICA FINAL
I
Lo dijimos entonces.
Cuando los años de la cobardía,
cuando toda la tierra hedió de las entrañas
podridas del augur y enormes animales
mugieron en los páramos nocturnos.
Lo dijimos entonces. Cuando quedamos huérfanos
y la mentira se hizo madrastra nuestra y fue
dispensadora del pan amargo, escanciadora del agrio vino,
dueña, en fin, de la celda y de la triste lámpara.
Como la enfermedad
tiñe de su color al ictérico, así
la mentira sudaba en nuestros poros.
Vendimos la memoria y por befa trocamos
la alegría, por sarcasmo la esperanza.
Fraude era la palabra en nuestra boca.
II
Dijimos soledad entonces. Lo que dice
la rama cuando cae desgajada,
lo que dicen las tapias cuando se vuelven sordas.
Y mentimos. No era soledad. Era miedo
y, locos ya, girábamos dentro de la prisión
como la rata que oye
primero que el marino los ruidos del naufragio.
III
No estábamos aparte. Parentesco
estableció entre todos la desgracia,
y la cautividad
une más que la leche y que la sangre.
Criaturas padecían a nuestro alrededor
y volvían, suplicantes, la mirada a nosotros
desde su desamparo.
¿Qué les dimos? ¿La voz que no tenían,
los ojos que faltaban a sus lágrimas,
un corazón que fuera la casa de su angustia?
No, sino la respuesta de Caín,
la espalda del que niega, del que huye.
IV
¿Es lícito que el árbol
diga que no al invierno?
¿Puede acaso romper
su órbita la estrella tributaria?
Y nosotros, menores todavía,
quisimos traicionar nuestro destino,
convertirnos en perros del festín,
en fimbria de la capa
que va lamiendo el paso de los reyes.
O en el arma que empuña el poderoso.
V
He aquí que llegamos
a los días de la consumación.
En las manos del viento
la antorcha del placer flameó hasta extinguirse
y sus pies pisotearon la corona del triunfo,
y arrancó su violencia
a los rostros la máscara de la desigualdad:
sólo víctimas yacen bajo de los escombros.
Un gran demonio mudo anudó en nuestra lengua
el nudo del silencio.
Nuestra historia la escribe
reptando entre cenizas la serpiente.
IMAGEN
I
Mundo como la ola, frecuente, repentino
en sus apariciones;
centelleante como ella,
como ella coronado de lo perecedero.
II
La ola que levanta
con ademán de capitán invicto
cien y mil y mil veces el escudo
vencedor del que ama y aun del que contempla.
El que contempla, ése soy yo: el ímpetu
detenido en la orilla como el pájaro
de los acantilados.
Garra sobre la roca
y nada más. La órbita del ojo.
El puro alrededor de la mirada.
III
El que contempla, pájaro de las emigraciones.
Porque la ola exhala
una densa humareda de exterminio.
Alzo el vuelo. Allá voy. Y llevo entre los párpados
una imagen que tiembla
en su hermosura como en una lágrima.
APORÍA DEL BAILARÍN
A Rodolfo Reyes Cortés
Agilísimo héroe:
tu cerviz no conoce este yugo de buey
con que la gravedad unce a los cuerpos.
En ti, exento, nacen,
surgen alas posibles.
Narciso adolescente.
La juventud se ha derramado en ti
cual generoso aceite
y te unge los muslos
y abrillanta el volumen de tu torso.
¿Qué buscas más allá
del movimiento puro y calculado,
del frenesí que agita el tirso de los números?
¿Qué convulsión orgiástica se enmascara en el orden?
Velocidad y ritmo
son deleitoso tránsito y no anhelado término.
Elevas la actitud,
el gesto, el ademán,
hasta el más alto punto de la congelación.
Y la danza se cumple en el reposo.
Pues el oculto nombre
de la deidad que sirves, oh bailarín, es éste:
voluntad estatuaria.
EPITAFIO DEL HIPÓCRITA
Quería y no quería.
Quería con su piel y con sus uñas,
con lo que cambia y cae; negaba con sus vísceras,
con lo que de sus vísceras no era aserrín, con todo
lo que latía y sangraba en sus entrañas.
Quería ser él y el otro.
Siamés partido a la mitad, buscaba
la columna de hueso para asirse, colgar
su cartilaginosa consistencia de hiedra.
Mesón desocupado,
actor, daba hospedaje al agonista.
Gesticulaba viendo su sombra en las paredes,
deglutía palabras sin sabor, eructaba
resonando en su vasta oquedad de tambor.
Ensayaba ademanes
-heroico, noble, prócer-
para que al desbordarse la lava del elogio
lo cubriera cuajando después en una estatua.
No a solas ¡nunca a solas!
dijo el brindis final,
alzó la copa amarga de cicuta.
(Mas no bebió su muerte sino la del espejo.)
DIÁLOGO DEL SABIO Y SU DISCÍPULO
-Cuando decimos "yo"
nos atamos al cuello una vocal redonda,
una cuerda de ahorcar; nos taladramos
la nariz con un aro como el que rige al buey;
nos ceñimos grillete de prisionero.
Círculo de exclusión, rómpelo, sáltalo.
Tus ojos son poliédricos como los de la avispa.
Cuando lo miras tú se quiebra el mundo.
Pero los cielos narran lo que saben:
"El tiempo no es la tenia que añade día a los días.
Su transcurrir continuo, su historia, es la de un río".
Y los del coro cantan:
"Aquí y allá; los cuatro
puntos; las dieciséis atmósferas; los siete
mares, los veinte climas,
lo numerable, en fin, es uno y único".
No estás solo y aparte.
Tú le dueles a Dios; el universo
se hace pequeño en ti; se hace ciego, borracho.
Y loco.
Algo te roban si una estrella cae.
Tu furia tiene hocico de tigre, tu memoria
cabeza de elefante y tu curiosidad
pescuezo de jirafa.
¿Dónde, para apuntar la flecha, está tu centro?
¿En quién te va a matar la muerte?
-En los que amo.
PIEDRA
La piedra no se mueve.
En su lugar exacto
permanece.
Su fealdad está allí, en medio del camino,
donde todos tropiecen
y es, como el corazón que no se entrega,
volumen de la muerte.
Sólo el que ve se goza con el orden
que la piedra sostiene.
Sólo en el ojo puro del que ve
su ser se justifica y resplandece.
Sólo la boca del que ve la alaba.
Ella no entiende nada. Y obedece.
DOS MEDITACIONES
I
Considera, alma mía, esta textura
áspera al tacto, a la que llaman vida.
Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
y en el color, sombrío pero noble,
firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.
Piensa en la tejedora; en su paciencia
para recomenzar
una tarea inacabada.
Y odia después, si puedes.
II
Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?
¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?
¿Castrar al potro Dios?
Pero dios rompe el freno y continúa engendrando
magníficas criaturas,
seres salvajes cuyos alaridos
rompen esta campana de cristal.
LINAJE
Hay cierta raza de hombres
(ahora ya conozco a mis hermanos)
que llevan en el pecho como un agua desnuda
temblando.
Que tienen manos torpes
y todo se les quiebra entre las manos;
que no quieren mirar para no herir
y levantan sus actos
como una estatua de ángel amoroso
y repentinamente degollado.
Raza de la ternura funesta, de Abel
resucitado.
EL OTRO
¿Por qué decir nombres de dioses, astros,
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.
FALSA ELEGÍA
Compartimos solo un desastre lento.
Me veo morir en ti, en otro, en todo,
y todavía bostezo o me distraigo
como ante el espectáculo aburrido.
Se destejen los días,
las noches se consumen antes de darnos cuenta;
así nos acabamos.
Nada es. Nada está
entre el alzarse y el caer del párpado.
Pero si alguno va a nacer (su anuncio,
la posibilidad de su inminencia
y su peso de sílaba en el aire),
trastrna lo existente,
puede más que lo real
y desaloja el cuerpo de los vivos.
LA VELADA DEL SAPO
Sentadito en la sombra
-solemne con tu bocio exoftálmico; cruel
(en apariencia, al menos, debido a la hinchazón
de los parpados); frío,
frío de repulsiva sangre fría.
Sentadito en la sombra miras arder la lámpara.
En torno de la luz hablamos y quizá
uno dice tu nombre.
(Es septiembre. Ha llovido.)
Como por el resorte de la sorpresa, saltas
y aquí estás ya, en medio de la conversación,
en el centro del grito.
¡Con qué miedo sentimos palpitar
el corazón desnudo
de la noche en el campo!
CIUDAD BAJO EL RELÁMPAGO
A medianoche corre su caballo
(Jobel, zacatonal, valle para el galope).
Buen jinete, el espanto
espolea -hasta el relincho- la bestia ante la casa
donde yace dormida la memoria.
Hora de recordar lo smuertos. Ven,
busca tu hijo, soltera.
Viudo, tienta la almohada aún tibia. Y tú, asesino,
remeda el estertor violento de tu hermano.
Zigzaguea en el cielo un resplandor de espada.
A esta lívida luz
¡qué honda es la cicatriz del ceño trágico!
NOCTURNO
Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.
Y fui una noche entera
ámbito de su furia y su lamento.
Ah, ¿quién conoce esclavitud igual
ni más terrible dueño?
En mi aridez, aquí, llevo la marca
de su pie sin regreso.
NOSTALGIA
Ahora estoy de regreso.
Llevé lo que la ola, para romperse, lleva
-sal, espuma y estruendo-,
y toqué con mis manos una criatura viva:
el silencio.
Heme aquí suspirando
como el que ama y se acuerda y está lejos.
MONÓLOGO DE LA EXTRANJERA
Vine de lejos. Olvidé mi patria.
Ya no entiendo el idioma
que allá usan de moneda o de herramienta.
Alcancé la mudez mineral de la estatua.
Pues la pereza y el desprecio y algo
que no sé discernir me han defendido
de este lenguaje, de este terciopelo
pesado, recamado de joyas, con que el pueblo
donde vivo recubre sus harapos.
Esta tierra, lo mismo que la otra de mi infancia,
tiene aún en su rostro,
marcada a fuego y a injusticia y crimen,
su cicatriz de esclava.
Ay, de niña dormía bajo el arrullo ronco
de una paloma negra: una raza vencida.
Me escondía entre las sábanas
porque un gran animal
acechaba en la sombra, hambriento, y sin embargo
con la paciencia dura de la piedra.
Junto a él ¿qué es el mar o la desgracia?
o el rayo del amor
o la alegría que nos aniquila?
Quiero decir, entonces,
que me fue necesario crecer pronto
(antes de que el terror me devorase)
y partir y poner la mano firme
sobre el timón y gobernar la vida.
Demasiado temprano
escupí en los lugares
que la plebe consagra para la reverencia.
Y entre la mutitud yo era como el perro
que ofende con su sarna y su forncación
y su ladrido inoportuno, en medio
del rito y la importante ceremonia.
Y bien. La juventud,
aunque grave, no fue mortal del todo.
Convalecí. Sané. Con pulso hábil
aprendí a sopesar el éxito, el prestigio,
el honor, la riqueza.
Tuve lo que el mediocre envidia, lo que los
triunfadores disputan y uno solo arrebata.
Lo tuve y fue como comer espuma,
como pasar la mano sobre el lomo del viento.
El orgullo supremo es la suprema
renunciación. No quise
ser el astro difunto
que absorbe luz prestada para vivificarse.
Sin nombre, sin recuerdos,
con una desnudez espectral, giro
en una breve órbita doméstica.
Pero aún así fermento
en la imaginación espesa de los otros.
Mi presencia ha traído
hasta esta soñolienta ciudad de tierra adentro
un aliento salino de aventura.
Mirándome, los hombres recuerdan que el destino
es el gran huracán que parte ramas
y abate firmes árboles
y establece ensu imperio
-sobre la mezquindad de lo humano- la ley
despiadada del cosmos.
Me olfatean desde lejos las mujeres y sueñan
lo que las bestias de labor sí huelen
la ráfaga brutal de la tormenta.
Cumplo también, delante del anciano,
un oficio pasivo:
el de suscitadora de leyendas.
Y cuando, a medianoche,
abro de par en par las ventanas, es para
que el desvelado, el que medita a muerte,
y el que padece el hecho de sus remordimientos
y hasta el adolescente
(bajo de cuya sien arde la almohada)
interroguen lo oscuro en mi persona.
Basta. He callado más de lo que he dicho.
Tostó mi mano el sol de las alturas
y en el dedo que dicen aquí "del corazón"
tengo un anillo de oro con un sello grabado.
El anillo que sirve
para identificar a los cadáveres.
UNA PALABRA PARA EL HEREDERO
Heme aquí, el heredero con su haber: apellido
que empurpuró la fama
y una mansión en ruinas.
Aquí la planta del jardín, que antaño
era lujo y adorno,
hoy medra devorando lo construido.
¡Ah, me asfixio entre muros!
¡Dejad sus reinos a la lagartija
y a la araña el rincón en donde teje
el sudario para mi antepasado!
¡Al pozo los fantasmas! Y para el aire (el aire
en el que se difunden un aroma y un eco
que niguno exhaló y nadie reconoce)
¡condenad las ventanas y las puertas,
cerrad con triple llave los candados!
Pues ¿quién soy yo, paseante de una ciudad que duerme?
A ratos me detengo
reclinado en el tronco del monólogo.
Soy menos que mi nombre:
mi voluntad ya no es heraldo de mi sangre.
Hago lo que no hicieron los que vivían: sueño.
A veces rememoro y se encabrita en mí
el potro del heroísmo y la rapacidad,
el ulular del rapto.
Y las figuras cruzan
con esa libertad magnífica y triunfante
de los hechos pretéritos.
No, no escuchéis mi pulso. Su latido es tan débil
como el del grillo oculto en la hojarasca.
¿Qué riendas podría asir mi puño? ¿Qué ambición
no pierde lozanía si soy quien la sustenta?
Ay, me hice bachiller en minuciosidades.
He aprendido la ciencia de lo furtivo y
de lo que se agazapa.
Ciencia del usurero y del cobarde.
Ved mi botín después de la pelea:
no es más que una perdiz de torpe vuelo.
¿Quién me castró de mi posteridad?
¿Quién me puso esta giba monstruosa del pasado?
Quedaré donde estoy, como esos recipientes
a los que se obstruyó el desaguadero.
Se va empozando en mí, por centurias, el tiempo.
Se mueve y no transcurre. Se agita y permanece.
Su pura transparencia no se turba jamás
con la piedra violenta de los actos.
RELATO DEL AUGUR
I
Antes que amaneciera nos encontramos juntos.
Como quien sale de un sopor nos vimos
y a oscuras nos buscamos las caras y los nombres.
Y dijimos: hermanos seremos de una misma
memoria, de unos mismos trabajos y esperanzas.
El principio fue así. La niebla, último aliento
de la noche, jugaba a enloquecernos.
Nos mostraba figuras de monstruos, nos hacía
tropezar siempre con la misma piedra
y partir y volver, después de mucho andar,
al sitio del que habíamos partido.
Fueron estos los años de peregrinación
y uno fue dicho "el del jadear penoso"
y otro "el del sobresalto" y "el del rastro falaz".
El muerto se moría y su muerte nos era
afrenta, deserción, pacto incumplido
y juramento roto.
Lo abandonábamos a la intemperie,
al buitre, al que devora carroña, al exterminio.
Pues aun este misterio no nos era sagrado.
Íbamos en manada como los animales;
nuestros caciques eran Hambre y Miedo
y el freno que tascábamos se llamaba Peligro.
Pero alguno sentía ya dentro de su entraña
el espasmo del dios,
la quemadura de la profecía.
Al fin prevaleció sobre sus adversarios.
Pasamos a ser hombres que llevan a su espalda
un cargamento, un peso, un ídolo, un destino.
A veces nos hablaba la ceniza,
nos hacía señales el viento, nos dictaba
mandatos la hojarasca.
Y muy pronto quisimos saber más,
hurgar la voluntad a la que obedecíamos,
arrancar su secreto a la mudez del mundo.
Así fue como abrimos corazones,
como despedazamos materias, como hicimos
de toda cosa augurio, y del destazador,
del cuchillo, su intérprete.
Empezamos entonces a atesorar palabras.
El sabidor, el dueño, llegó a ser poderoso.
Estaba aparte, solo. Un día ya no quiso
continuar por su pie. Y otros, los hombrecillos
que no entienden y tiemblan,
se pusieron las andas sobre el hombro.
De tal modo, la marcha
se hizo lenta y difícil para muchos.
Rendidos de fatiga
dormíamos oyendo murmullos: bestezuelas
que palpitan y medran en la sombra;
cuchicheos de mujeres, suspiros sofocados,
el llanto del que nace
y el gemido angustioso del que sueña.
Alguno, antes que nadie
escrutó la tiniebla.
Miró hacia el firmamento nocturno (para ti,
para mí -desatentos-,
imagen de mazorca desgranada)
y halló la ley y el número.
¿Quién de los caminantes
dijo: hasta aquí llegamos?
¿La preñada de huella doble? ¿El cojo?
¿El anciano reumático? ¿El hombre que medita?
¿O el pájaro que iba delante de nosotros?
Pero la tribu unánime
se detuvo y hundió
su cayado, con fuerza de raíz, en la tierra.
Sobrevino la hora
del constructor y de los fundadores.
Cada uno, como el árbol,
era él y el contorno que amparaba su sombra.
Y por primera vez sembramos nuestros muertos.
II
He aquí la heredad: el valle, el valle.
Cerros donde los dioses se quebraron las manos,
lava de las catástrofes antiguas.
La luz húmeda, siempre recién manada; el breve
espejo y el relámpago del agua.
Y sobre la extensión del aletazo
del águila y el pico
curvo y la uña rapaz.
III
Merodeamos en los alrededores
del pueblo establecido y las ciudades prósperas.
Comimos alimañas,
hojas inmundas,
moscos.
Acechador, ladrón, tal era nuestro mote.
(Y en silencio pulíamos la punta de la flecha.)
IV
Aguardamos el turno,
la hora de nutrir las potencias famélicas.
He aquí que el sol nos exigió tributo,
que la noche bramaba buscando su alimento.
Y fuimos laboriosos:
sacerdotes, artífices, guerreros.
¡Qué esfuerzo el de la piedra
cuando por su vagina transitaba
la arista ruda de la geometría!
¡Qué clamor el del tronco, cuando talado y hueco,
resonaba invocando a los divino!
En fiesta, en embriaguez, en frenesí,
dimos lo que teníamos: la riqueza y la sangre.
Y nos aproximamos
a la fija crueldad de la obsidiana
con el rostro cubierto por la piel
del enemigo muerto.
V
Lejos ondea el penacho
del capitán y hasta el confín de alarga
nuestro puño feroz y autoritario.
Las deidades descansan en nostros.
Mas ¿por qué este sabor caduco en nuestros cantos?
¿Por qué nuestros adornos se marchitan?
¿Por qué aun lo duradero nos predice
el fin de nuestro siglo?
Se multiplican voces:
del mar vendrá la tempestad. Del mar.
Ay, todo lo que vemos
tiene un temblor funesto de presagio.
¡Del mar vendrá la tempestad!¡Del mar!
No es mentira. No invento lo que digo.
Solo estoy recordando.
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jueves 26 de enero de 2012
Elegancia, chistes de Omar Janaan (6)
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'πoetas' para el Carnaval de Matemáticas
'πoetas', que se lee poetas, es la primera antología de poesía con matemáticas. Por primera vez se hace repaso a cómo las matemáticas han entrado hasta hoy en el verso y cómo desde las matemáticas se ha utilizado la poesía.
Tras la introducción, πoesía en 10 autores literarios importantes de nuestro tiempo. Valgan como ejemplo de qué versωs buscábamos estos de Javier Moreno:
El heroinómano en un portal que bajo una manta se asoma al espejo de papel de plata donde se arroja Narciso y
entre estas cuatro paredes
el deseo
tendiendo un horizonte
mientras añado desorden
al desorden de tu entraña y
en la tele: el 2-el 6-el 0-el 1-el 2-el 9...
En un espacio hiperbólico por un punto
exterior a una recta discurren
infinitas paralelas
y estos de Jesús Malia:
no me quieras mentir zenon amigo
la flecha horadara mi corazon
por mas infinitud de infimos trayectos que ha de cubrir
Sed bienvenidos y alegraos conmigo (espero), 'πoetas' es el libro que poesía que merecen las matemáticas, el libro de matemáticas que merece la poesía.
'πoetas' está editado por Amargord, en la naciente Colección pi de poesía que dirijo, con ISBN: 978-84
Casa del libro
Librería Moncloa
(Nota: no creo necesario explicar por qué 'πoetas'. En cuanto a 'versω', recordar que 'ω' es cómo nombramos en matemáticas al primer ordinal trasfinito, el correspondiente a los naturales y los enteros.)
Contribución con la Edición 2.X del Carnaval de Matemáticas.
Anfitrión de la edición actual Resistencia numantina.
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Más sonetos de Quevedo
Embarazada el alma y el sentido
con un sueño burlón, aunque dichoso,
aumentando reposo a mi reposo
me hallé toda una noche entretenido.
Tu rostro vi en mis llamas encendido,
que dora lo cruel con lo hermoso,
enlazando tu cuello presuroso
con nudo de los brazos bien tejido.
Túvele por verdad el bien pequeño;
llegué luego a soñar que te gozaba,
hecho de tanta gentileza dueño.
Y en esto conocí que me engañaba,
y que todo mi bien fue breve sueño,
pues yo, tan sin ventura, le alcanzaba.
___
Osar, temer, amar y aborrecerse,
alegre con la gloria atormentarse;
de olvidar los trabajos olvidarse;
entre llamas arder, sin encenderse;
con soledad entre las gentes verse,
y de la soledad acompañarse;
morir continuamente; no acabarse;
perderse, por hallar con qué perderse;
ser fúcar de esperanza sin ventura,
gastar todo el caudal en sufrimientos,
con cera conquistar la piedra dura,
son efectos de Amor en mis lamentos;
nadie le llame dios, que es gran locura:
que más son de verdugo sus tormentos.
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miércoles 25 de enero de 2012
Selección de poemas de "Algo me habita cuando el mundo calla", poemario de Eva R. Picazo en Bubok
(imperfecciones)
no me ve el mundo
como yo me veo,
una mancha, diminuta,
de horas perdidas por el suelo
la lluvia,
como una mano
borrándome la boca,
el instinto animal,
del vómito que provocan
tus ganas, sin noches,
como único resultado posible
no me ve el mundo,
como lo hago yo,
con la importancia
que tiene, el café de las tres,
o la cita del médico.
___
no siempre el ojo mira para ver,
se entretiene en los detalles más simples,
y se olvida del camino, muchas veces
___
de mañana no pasa,
que me siente en esta silla
a esperar
___
(lentamente sucede)
siento brotar
lenguas de viento,
yace el invierno amargo
en cada grieta
amanece,
y van colgando los días,
del cordón de tus zapatos;
es primavera.
___
era tan profunda la noche,
que pintaba luciérnagas al paso,
para que no se perdiera
___
(cuando hagas la maleta
invéntate un lenguaje)
el miedo que aún
te habita en los bolsillos,
se hace nudo,
va asomando el cabo
en los espejos
se burla en esos días
que buscándote,
no me llegan las palabras
a la boca
y ya se que está de más,
ir pintando,
corazones en un árbol.
http://www.bubok.es/libros/209509/algo-me-habita-cuando-el-mundo-calla
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Jesús Malia
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Poesía científica: Ricardo López Arcilla, 'Pronósticos de Hipócrates'. De la supuración (3, y fin)
DE LA SUPURACIÓN
62
Sabrás claramente si al fin el abceso
Muy pronto o muy tarde se tiene que abrir,
Por todas aquestas razones de peso
Que voy a decir. .
Si ya en un principio dolor hay muy fuerte,
Si hay tos, y es difícil la respiracion,
Y si es por desgracia quizás de igual suerte
La expectoracion,
Entonces no hay duda, la vómica impía
La túnica rasga que envuelve su ser,
Dentro del aciago vigésimo día
De tanto doler.
Empero no habiendo dolor muy terrible,
Ni síntoma alguno de agüero cruel,
Se rompe más tarde la vómica horrible
Del término aquel.
Y entonces mas fácil respira el doliente,
Y ya no es tan vivo ni fuerte el dolor
Que lleno de pena tristísimo siente
Allá en su interior.
Mas antes que salga del cóncavo pecho
Por fácil camino la supuración ,
Se aumenta primero con grande provecho
La expectoración.
63
Por eso están libres de un triste suceso
Aquellos en quienes se ve con placer
Que ya desde el día que el mórbido absceso
Se llega a romper,
Se calma la fiebre y estado sediento,
Fastidio no causa tener que comer,
Y asaz figurado y escaso excremento
Se llega a expeler.
Que el pus que se arroja ligero y sin moco
Es blanco, sencillo, de simple color,
Y sale del pecho tosiendo muy poco
Sin que haya dolor.
Pues todas aquestas señales morbosas
Indican a veces con gran prontitud
Salvar al enfermo, tornando piadosas
A darle salud.
Y aquellas que tienen mayor semejanza
Con éstas no hay duda ninguna que son
Las que nos presentan mayor confianza
En dicha casión.
Mas grande peligro denotan por cierto
Sino disminuyen la fiebre fatal.
O si ésta aparece después de haber muerto
Su fuego letal.
Si hay sed, anorexia, diarria copiosa,
Si el pus es verdoso, si lívido el tal,
O bien pituita se arroja espumosa,
Es mala señal.
Y así los enfermos que están en tal caso
No pueden ya nunca la muerte evitar,
Y el sol de su vida allá en el ocaso
Se va a sepultar.
Y aquellos que juntas aquestas señales
No ofrecen, los unos se mueren también,
Los otros padecen larguísimos males
Y al fin curan bien.
De todo lo dicho por tanto conviene
Los signos morbosos saber deducir .
De todas las otras dolencias que tiene
O pueda el doliente tal vez adquirir.
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Jesús Malia
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martes 24 de enero de 2012
Sobre "πoetas"
Agustín Fernández Mallo muestra en su blog uno de sus textos que seleccioné para la antología, aprovechando para dar noticia y algunos pareceres.
Copio y pego el texto y te remito a la entrada que refiero.
Resulta absurdo pensar que la muerte se halla más cerca de un anciano que de un niño. La muerte es equidistante respecto a cualquier punto; su velocidad es infinita. Un hombre permanece sentado ante la ventana de la habitación que le muestra la calle, mira el reloj, las cinco en punto, alza la vista, y se muere a las cinco y un segundo, un segundo que dio cabida al infinito: todo el polvo levantado en ese intervalo por el giro de la tierra, y el no levantado [lo no ocurrido también ocurrió, pero como ausencia]. Deduzco que existe la muerte porque existe en cada instante un universo inconmesurable que la iguala en cifra. En este sentido [en infinitud] la muerte se parece al nacimiento. Por eso, el hombre que yacía muerto frente a la ventana, resucita, pero permanecerá para siempre con los ojos cerrados porque ahora sabe que todas las cosas imaginables se hallan a su alcance, equidistantes, encerradas en un segundo, y tal abundancia lo paraliza.[38]
http://blogs.alfaguara.com/fernandezmallo/2012/01/11/poesia-y-matematicas/
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Jesús Malia
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'Canon de humildad' y 'Patria', sonetos de Leopoldo Díaz (4)
CANON DE HUMILDAD
Es hilo de agua pura brotando de la roca
La inspiración. No tuerzas su curso espiritual.
Enturbiarás su linfa, si tu mano la toca,
Queriendo hacer torrente del claro manantial.
Con pincelada breve, vasto paisaje evoca;
Naturaleza tiene pudores de cristal...
Bridas de blanca seda unce a la rima loca.
Haz de tu verso un canto de alondra matinal.
Pide a la flor su aroma y a la vida sus sueños;
Alza enormes Alhambras de arabescos pequeños;
Arranca el oro virgen de tu mundo interior;
Ilumina los antros de tu vana miseria;
Despierta el alma oscura dormida en la materia.
Y en todo abismo enciende sereno resplandor.
PATRIA
Patria es la tierra donde se ha sufrido,
Patria es la tierra donde se ha soñado,
Patria es la tierra donde se ha luchado,
Patria es la tierra donde se ha vencido.
Patria, es la selva, es el oscuro nido,
La cruz del cementerio abandonado,
La voz de los clarines, que ha rasgado
Con su flecha de bronce nuestro oído.
Patria es la errante barca del marino,
Que en el enorme piélago sonoro
Deja una blanca estela en su camino.
Y patria es el airón de la bandera
Que ciñe con relámpago de oro
El sol, como una virgen cabellera.
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Jesús Malia
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lunes 23 de enero de 2012
Ofek Kehila Mosches nos comparte algunos poemas (en hebreo y traducción)
Cinco poemas traducidos del ciclo “Sarah”
1.
Acasoy una mujer. Acaso una niña, tan pequeniña es la cuerda. Acaso todos mis parpadeos están buscando la mirada, son mariposas plateardas en este bosque ojón que en parejas se muebaila al ritmo de la milonga.
אוּלַי אַנִי אִישָה. אוּלַי יָלְדַה קְטָנַה, יָלְדַק הַחֶבֶל. אוּלַי כֹּל רִיסְרוּסַי מֶחָפְּשִׂים אֶת הַמָּבַּט, הֶם פָּרְפָּרֶי נֶכוֹסֶף בַּיָעַר הַעֶינִי הַזֶה שֶבֶּזוּגוֹת מִתְרָקֶד לֶצְלִילֶי הַמִילוֹנְגַה
4.
Si la milonga se violinea estoy en la noche, si una mano seadora deja la muñeca y señala hacia una silla, si el bosque de los ojos víboratoréa en mi redor, estoy en la noche
אִם הַמִילוֹנְגַה מִתְכָּנֶרֶת אַנִי בֶּתוֹך הַעֶרֶב, אִם יָד צִבְתִית יוֹרֶדֶת מֶהַפֶּרֶק ומָצְבִּיעַה עַל כִּיסֶא, אִם יָעַר הַעֶינַיים מִתְנָכְשֶף סְבִיבוֹנִי, אַנִי בֶּתוֹך הַעֶרֶב
7.
Ya sé, a partir de dos minutos, respirar y esparir dos palabras, soy una mujer al señal del enmagiante soñido. Viente segundos parapadear por la pista al sector de los hombres, las maripostañas plateardas alazotean las caras de los sentados, van y vienen, buscandos la mirada
אַנִי יוֹדָעַת, בֶּסוּפָן שֶל שְתֶי דָקוֹת, לִנְשוֹם ולֶהָמְלֶט מִילוֹתָיים, אַנִי אִישָה לֶאוֹת הַצְלִיל הַמִתְכָּשֶף. עֶשְׂרִים שְנִיוֹת לֶרָסְרֶס דֶרֶך הַרָחָבַה לֶשוּרַת הַגְבָרִים, פָּרְפָּרִיסֶי הַנֶכוֹשֶף כּוֹנְפִים עַל פְּנֶיהֶם שֶל הַיוֹשְבִים, עוֹבְרִים ושְבָבִים, בֶּחִיפּוּש אָחַר הַמָבַּט
17.
Una vez que un pie se clava en la pista, y otro relojea las doce y viente, se alza del piso perturbellino desnudante, soy yo, rodeada y girdada por bailombres. Tan y uno más, golopeándo cuerdamón, y la mirada se va paratrás, el cadeneo de viñedos en Bologna, en la niebla, veredangelo en las calles de Roma, no olvidar, sólo, no, ol, vida, r, la noche ante el vuelo en Tortoni, y ya empezaron a valsear. Smoking negro azul amarijo, turquoizahár, vuelta naranjiza, velzosa e spumosa, vuel, de, ma, no, ama, no, más.
מִשֶרֶגֶל נִנְעָצַצִירִית בֶּרָחְבַת הַעִיקוּדִים, ורֶגֶל שְנִיה מֶשָעֶנֶת חָצוֹת ועֶשְׂרִים, גוֹאָה מֶהַרִצְפָּה מָעַרְטוֹלֶת אִיפָפוֹן, זֹאת אַנִי, סְבוּבַה ומֶסוּחְבֶבֶת בֶּין רָקְגְבַרִים. טָנ ועוֹד אֶחָד, גוֹלְאֶש מֶיתִירְתָרִי, והַמָבַּט נִזְרָץ אָחוֹרַה, שִרְשוּר הַכְּרָמִים בֶּבּוֹלוֹנִיה, בַּעָרָפְלֶח, מִדְרָכַנְגֶ'לוֹ בֶּרְחוֹבוֹת רוֹמָא, לֹא לִשְכּוֹח, רַק, לֹא, לִש, כּוֹח, הַלָילָה לִפְנֶי הַטִיסָה בֶּטוֹרְטוֹנִי, וכְּבַר הֶתְחִילוּ לֶוַלְסֶס. סְמוֹקִינְג שָחוֹר כָּחוֹל צָדוֹם כְּתוּמְקִיז, צִיבוּב כְּתִימוּמִי, וַלוּס וקִצְפִי, סוּב, מִי, יָד, לֶ, יָד, כְּרוּך, עָד
20.
Acasoy una mujer. Acaso una niña, tan pequeniña es la cuerda. Acaso en la proxima semana tengo un vuelo a São Paulo. Acaso todos mis tobillagas no desaparezcan hasta mañana, pero, ahora, andar sombraro en la pista, se destalza una milonga. ahora, voy a bailar
אוּלַי אַנִי אִישָה. אוּלַי יָלְדַה קְטָנַה, יָלְדַק הַחֶבֶל. אוּלַי בַּשָבוּע הַבָּא יֶש לִי טִיסָה לֶסָאוּ פָּאוּלוֹ. אוּלַי כֹּל קִרְסוּלַי לֹא יַפוּגוּ עַד מָחַר, אָבַל, עָכְשַיו, הִילוּך צִילִי בַּרָחָבַה, מִתְפָּצָחַת לַה מִילוֹנְגַה. עָכְשַיו, אַנִי אֶרְקוֹד
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Jesús Malia
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