jueves, 23 de abril de 2015

Rebeca del Casal, "Permanecer" (2), "Super Glue", "Vértigo" y "Ese pececito tricolor"



SUPER GLUE

Pegamos la porcelana.
Te mostré mis muñecas:
-Mira,
yo también me rompo.

Los fragmentos
no supieron recomponer la superficie.

Quedó reducido a mapa lo que fue lugar.


VÉRTIGO

¿A qué decimos que no al decir adiós?
Tan fácil pronunciarlo, tan difícil
acontecerlo, hacer
de la despedida un verbo.

Desanudarse mutilando el abrazo,
deconstruir
esa articulación.

A menudo, olvidamos la caducidad del invierno
y lo confundimos con la muerte.


ESE PECECITO TRICOLOR

El cristal
preserva al entorno del pez, milagro
del agua esféricaen mitad del salón, conteniendo
una naturaleza distinta, incapaz
de aburrimiento.
Cuán extraño y habitual resulta
un pez nadando sobre la mesa del comedor. Giran
sobre sí mismos, a veces
aparecen suicidados sobre el tapete de ganchillo.
Generalmente mueren de hipotermia
por un cambio brusco de su entorno -todo- bajo el grifo.
(Entonces parque, palita y caja de cerillas;
o la pragmática cisterna).
O quizá mueran de angustia o de nostalgia;
quizá el pez,
que da vida al salón y alecciona
a los niños sobre el duelo,
sí sea capaz de aburrimiento.

Publicado por Tigres de papel, en papel y en digital. Consíguelo en su web.

martes, 21 de abril de 2015

Ángel Guinda, "Libro de huellas" (2)

Se inventa lo que se conoce, como se fotografía lo que ya se ha visto.

Ya sé lo que debo hacer en el futuro: hoy.

Deseo verte. Mejor antes que después, después mejor que nunca.

Lo ideal sería encontrar el ser con quien flotar hundiéndose.

Depresión: una larguísima suma que da cero. La suma de todo lo vivido y es la muerte.

Después de ti más tú.

Para hacer ciudadanos el Estado deshace individuos.

La vuelta me da mundos.

En este país, en el que se lee con las orejas, lo mejor es escribir a dentelladas.

Ser ángel para un vuelo subterráneo.

La belleza es poder, pero el Poder no es bello.

No pocas cosas destinadas a iluminar han sido creadas en la oscuridad.

¿Para qué sirve la poesía? La poesía no sirve, la poesía es.

¿Cómo apuntalar la luz con vigas de tiniebla?

La adversidad mayor del rebelde es llegar a encontrarse en contra de sí mismo.

La vida es corta; pero la Historia, larga.

Como un atardecer tras la tormenta en los últimos días del verano. Mi vida ha sido así.

No abandona sólo quien se va, abandona también quien quedándose no acompaña suficientemente.

Yo soy yo sin mis circunstancias.

No hay tantos poetas en el mundo, pero cuántos mundos hay en un poeta.

Inventamos el amor para inventarnos.

La diferencia consiste en la máxima identidad consigo mismo.

Nada nos sabe de cuanto sabemos.

Democracia no es libertad, exige libertad.

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jueves, 16 de abril de 2015

Rebeca del Casal, "Permanecer" (1), "Cómplice" y "Selección natural"



CÓMPLICE

Al final del verano nace la oruga del pino,
pero es en mitad del invierno cuando se produce
su verdadera floración.
El comienzo del frío lo pasan en nidos colectivos,
sin apenas espacio.
Varias camadas en la misma cama.

Al final del invierno
árboles y suelo bullen de orugas,
en hileras.
La ceguera es la causa de la procesión.
La estupidez, ese delito.

Miedo a construir
una casa demasiado cerca de un pinar enfermo
y que retoños y guardianes, tan a ras de tierra,
pierdan la lengua por necrosis.

Abandonar el banquillo de los mansos.


SELECCIÓN NATURAL

Los hombres, descendientes de Yahvé,
les engendraban hijos a las mujeres (descendientes
de los hombres). Y entonces ellas
les parían los hijos a ellos.
¡Fecundos receptáculos!

Y así,
a través de longevas vidas
y reiterados incestos,
se pobló el mundo.
Pero es posible que algún cálculo fallara
porque el Ingeniero
no estuvo conforme con el resultado.

Hubo entonces un Noé, un Diluvio y un Arca
(y un Genocidio Mundial).

Después todo
volvió a empezar,
como si nada.

Publicado por Tigres de papel, en papel y en digital. Consíguelo en su web.

martes, 14 de abril de 2015

Ángel Guinda, "Libro de huellas" (1)

El aforismo es una gota de la destilación del pensamiento.

Pensar cuesta lo impensable.

No mires lo que ves sino lo que te ciega.

Palabra con palabra machaco la realidad. Y rajo el cielo con la punta agresiva de los sueños.

La palabra poética es el eco de un monólogo. El silencio, la corporeidad de la palabra en soledad.

Estoy atando mi vida para que no se me escape la tormenta.

Mi corazón es ya una taberna cerrada.

Ya ni siquiera creo que no creo. Creo que soy agnóstico. Creo que dudo.

Lo que más me interesa de la vida -ya que no vivirla- es dejar que me mate.

Ejercitado en la neurosis, vehiculado por la paranoia, me parece estar ante una poesía enferma y productora de enfermedades. Es como si, más que tener conciencia de que el escritor hace una obra, estuviera poseído por la sospecha de que hay obras que deshacen a su autor.

Realidad es lo posible e imposible corpóreos.

Pues crear es creer ya sé por qué destruyo.

Uno se mata de querer vivir, de neutralizar todo lo que le va muriendo contra su deseo.

Un muro de aire nos separa. Su transparencia permite vernos, su espesor impide unirnos, respirarlo nos asfixia.

No me olvidarás mientras yo te recuerde.

Cada día nos deja algo, aunque sólo sea su noche.

Todo es yo. Demasiado humo para tan poco fuego.

Lejos de hacer de la cultura una obsesión, el creador debe convertir sus obsesiones en cultura.

No te olvidaré mientras tú me recuerdes.

No me preocupa demasiado no saber cuánto durará nuestro amor. Tampoco sé cuánto durará mi vida, y sin embargo vivo.

El exceso de equilibrio me desequilibra.

Se canta con la exaltación del silencio interior.

Dios no ha muerto, pero hay que matarlo.

Todo gran obra de creación acaba siendo un reto demente al vacío, a la nada, porque fue antes un rapto de la mente.

No hay destino más trágico que saberse forzado a ir detrás de aquello que nos persigue.

Publicado por Tigres de papel. Disponible en papel y en edición digital a través de la web.

lunes, 13 de abril de 2015

"Declaración patrimonial de bienes usurpados" de Jesús Malia en "Deriva"



Amigo lector, a continuación te ofrezco lo que refiere el título, la cuarta parte, la prosa, de mi poemario Deriva.

Es un apartado que considero esencial de mi poemario, por eso la incluí. Una parte que puede que no esté exenta de polémica, y tal vez por eso algunos no se aventuran/atreven a comentar o reseñar mi poemario. Prefiero no hacer más comentarios al respecto.

La parte que sin duda resulta más desconcertante y que pone en un brete al crítico, es la que le conmina a decir qué hay de mí y qué hay de Basho en mis haikus. No asumen el reto, eso sucede. Pero tal vez eso que pueden tomarse por provocación y que requeriría de muy sesudas lecturas de apenas ocho libros no sea más que una humorada, una invitación al lector a sumergirse en Basho, en particular, en los orígenes, en general, y siempre en la poesía.

Lo vieres como lo vieres, a continuación el texto íntegro, que lo escribí para que se leyera, y en las presentaciones del poemario lo primero y único es el verso. Esto que va es para el debate. Gracias a Paco Moral, uno de mis editores, por animarme a sacar este texto en mi blog y acercarlo a más lectores de los que llegan al libro. Salud. Va.

Deriva se consigue a través de la web de la editorial, Tigres de Papel, en edición de papel o en edición digital.

Declaración patrimonial de bienes usurpados

¿Por qué Basho?

¿Tan importante es Basho en este libro como para dedicarle unos breves apuntes y algunas consideraciones mías? Sin duda, por muchas razones. Sin entrar en excesivos detalles personales, les contaré que la parte de este libro que llamo “Camino en soledad”
la compuse en el año 2008, durante la realización del Camino de Santiago (por lo que encontrarán ustedes la versión primigenia y algunas modificaciones en mi blog, Poesía Abierta, bajo el título “Camino a Santiago”); la segunda, en el año 2009, durante mi estancia en Buenos Aires en el mes de julio (podrán encontrar rastro bajo el título “Glaciar Buenos Aires”), y la primera, “Camino junto a Basho”, es la más reciente, del
verano del año 2014. Han sido la lectura y el estudio de Basho lo que ha inspirado la composición de mis haikus y la reunión de estas tres secciones bajo un mismo título. A sabiendas de esto, juzguen ustedes la pertinencia de dedicarle un espacio tan especial a
Basho en este libro.

Otro motivo no menos importante que me permito señalar, a riesgo de entrar en detalles que justifiquen mi poemario, que lo expliquen (pero que la lectura atenta de todo lo que antecede y sucede de José Cereijo me obliga a señalar), es que la conexión que he buscado con el haiku es principalmente la espiritual, que es la que alumbra las otras partes de este conjunto. Por eso Basho, por ser el más espiritual de los haijines. Él que, además, hizo el haiku. De ahora en adelante, pues, cuando hable del haiku y cuando hable de Basho, entiéndase que hablo del haiku que tomo por espiritual de Basho. El haiku japonés mismo ha pasado por diferentes convulsiones que lo han transformado.
Y nada digo del haiku en español, que vida distinta tiene desde que Juan José Tablada nos trajo esta delicia poética tras una corta estancia en Japón. De Tablada y nuestra propia tradición se nutrieron el coplista Antonio Machado y el greguerista Ramón
Gómez de la Serna de modo tan diverso.

Y más, poeta, tomemos los poetas la palabra para hablar de los poetas y la poesía. No asuman otros menos aptos e implicados esta tarea esencial que a nosotros nos toca por derecho y por responsabilidad. Y de hacerlo, dónde mejor que en nuestros propios poemarios, aquí, donde nos entregamos, donde somos, poetas. Hombres de papel. Tigres de papel.

Lecturas

El haiku japonés (Fundación Juan March, 1972; Hiperión, 1994) Fernando Rodríguez-Izquierdo, del japonés. Estudio esencial del haiku, los orígenes, sensibilidad y traducción.

Por sendas de montaña, Matsuo Basho (Satori, 2013), Fernando Rodríguez-Izquierdo, del japonés.

Senda hacia tierras hondas (Senda de Oku), Matsuo Basho (Hiperión, 1993), Antonio Cabezas, del japonés.

Haiku de las estaciones, antología de la poesía zen (Visión libros, 1985), Alberto Manzano y Tsutomu Takagi, del japonés.

Sendas de Oku, Matsúo Basho (Atalanta, 2014), Octavio Paz y Eikichi Hayashiya, del japonés. Esta edición incorpora el texto japonés caligrafiado e ilustrado por Buson.

Haiku de las cuatro estaciones, Matsuo Basho (Miraguano Ediciones, 1983), Francisco F. Villalba, del japonés, inglés, francés y español.

La mirada del peregrino, Matsuo Basho (Endymion, 2010), Rosa Burillo, del inglés.

Jaikais de Basho y de sus discípulos (Editorial Librería Voluntad, 1941), Jaime Tello, del francés.

De camino a Oku y otros diarios de viaje (DVD, 2011), Jesús Aguado, del inglés, francés, italiano y español.

¿Traducción de Basho?

Si no conoces el significado de las palabras
no puedes conocer a los hombres.
Confucio

Dice Seidensticker que “las nuevas traducciones de los clásicos no necesitan justificación ninguna”, y, en fin, creo necesario añadir un matiz al concepto ‘traducción’;
porque ocurre el disparate, por ejemplo, de que un autor que no sabe japonés se atreva a discutir (y pretenda superar) las traducciones directas dadas por estudiosos del Japón y su lengua. Y lo peor no es que esto suceda, sino que haya editoriales dispuestas a dar cobertura a estas atrocidades.

Estas traducciones (si así se las puede llamar) indirectas son de agradecer cuando nos acercan por primera vez a un texto inédito en nuestra lengua, pero no cuando pasan por encima de auténticas traducciones, entonces su único mérito es el de aumentar la confusión.

En el caso del haiku de Basho, consulten ustedes los trabajos de Fernando Rodríguez-Izquierdo. Ofrece los ideogramas originales, su transcripción en alfabeto latino (las consonantes se leen como en inglés y las vocales como en español), la traducción del haiku, comentarios más extensos sobre la significación del original e incluso la discusión de la elección de una palabra cuando hay alternativa. ¿Se puede dar más? Sí, se puede dar que, en el caso del verso, el traductor sea poeta o, en su defecto, que trabaje mano a mano con un poeta, como Eikichi Hayashiya junto a Octavio Paz, primeros en traducir Sendas de Oku (como ellos lo llamaron). Aunque claro, la versión de Paz tampoco está exenta de polémica. Antonio Cabezas enfatiza algunos descuidos y la libertad creativa de
Octavio Paz.

Pero el mismo Cabezas nos dirá: “Tranquilícese el lector que sienta de verdad la poesía y no se preocupe por no saber japonés. El entendimiento de Basho, la apreciación de su belleza y profundidad no dependen tanto del traductor como de la sensibilidad poética
del lector”. Con lo que no creemos que pretenda negar la importancia que antes dio a la mala traducción de los nombres de plantas en el libro de Paz, por ejemplo.

¿Importa que se nombre grillo o cigarra; abeja o libélula; ciruelo o manzano; cucú, cuco o cuclillo; cascada o agua saltarina? ¿Es un narciso o una peonía quien se inclina a las gotas de lluvia; un narciso o un gladiolo quien se dobla o inclina con la nieve? ¿Duerme
o no duerme la luna bajo techado? Todas esas contradicciones, y muchas más, se dan entre las diferentes obras citadas. E incluso el exceso de introducir una vulgarización del término latino que designa una planta en vez del nombre de otra parecida o un genérico,
aumentando la confusión del lector. Importa, claro que importan los nombres. La sensibilidad poética del lector, de la que habla Cabezas, responde distintamente a cada término. Así se da que la sensibilidad poética del lector está menos unida a la sensibilidad poética del autor que a la sensibilidad poética, capacidad, inteligencia y conciencia del traductor o falsificador.

Más humildad, más amor y más responsabilidad nos son necesarios. Más humildad, a los traductores, que deberían contar en su labor con un poeta consumado que vertiera en verso la obra. Más amor, a los poetas, que deberían sujetarse al espíritu y la letra del original. Más responsabilidad, a los editores, que debieran contener sus ansias de novedad y sujetarlas al rigor. Un país que demuestra tal flaccidez editorial al acercarse
a otras lenguas y tradiciones, demuestra su sordera, y por tanto su necesaria mudez en el concierto internacional, que es el de la cultura.

En este libro no espere encontrar prueba irrefutable de todos los desmanes detectados. No soy capaz, ni le ofrezco otra cosa que un libro de poesía. Los escasos apuntes anteriores son espontánea y sentida reacción ante la desfachatez, el descaro y la inconsciencia.

Para mi blog, Poesía Abierta, fui haciendo una selección de haikus de cada uno de los libros citados. En ocasiones sucedió que incluí la versión de un autor y no la de otro. Fue el estímulo recibido durante la lectura el que me movió o no a seleccionar ese texto. Luego clasifiqué los textos intentando juntar las coincidencias. Que en algún caso los falsificadores tomaran por rocío la nieve no fue obstáculo, pero seguro que algunos otros se me escaparon. En Poesía Abierta pueden encontrar la muestra completa.

El japonés y el haiku

Según Francisco F. Villalba, lo que en traducción literal
del japonés sería

Luna llena otoño
rodeando lago
noche toda;

al traducirlo a nuestra lengua sería

Luna llena de otoño
he vagado toda la noche
alrededor del lago.

Así, pensamos, en el original japonés podemos tomar por sujeto que rodea al lago al poeta, a la luna y a la noche, a cada uno y a todos ellos, y el sujeto y el objeto quedan confundidos, representación de un estado no dual.

Aquí otro testimonio recogido por Octavio Paz: “En un ensayo reciente Donald Keene señala que esta indeterminación es un rasgo constante del arte japonés e ilustra su afirmación con el conocido haikú de Basho:

La rama seca
Un cuervo
Otoño-anochecer.

El original no dice si sobre la rama se ha posado un cuervo o varios; por otra parte, la palabra anochecer puede referirse al fin de un día de otoño o a un anochecer a fines de otoño. Al lector le toca escoger entre las diversas posibilidades que le ofrece el texto pero, y esto es esencial, su decisión no puede ser arbitraria. La Capilla Sixtina, dice Keene, se presenta como algo acabado y perfecto: al reclamar nuestra admiración, nos mantiene a distancia; el jardín de Ryoan-ji, hecho de piedras irregulares sobre un espacio monocromo, nos invita a rehacerlo y nos abre las puertas de la participación. Poemas, cuadros: objetos verbales o visuales que simultáneamente se ofrecen a la contemplación y a la acción imaginativa del lector o del espectador. Se ha dicho que en el arte japonés hay una suerte de exageración de los valores estéticos que, con frecuencia, degenera en esa enfermedad de la imaginación y de los sentidos llamada ‘buen gusto’, un implacable gusto que colinda en un extremo con un rigor monótono y en el otro con un alambicamiento no menos aburrido. Lo contrario también es cierto y los poetas y pintores japoneses podrían decir con Yves Bonnefoy: ‘la imperfección es la cima’. Esa imperfección, como se ha visto, no es realmente imperfecta: es voluntario inacabamiento. Su verdadero nombre es conciencia de la fragilidad y precariedad de la existencia, conciencia de aquel que se sabe suspendido entre un abismo y otro. El arte japonés, en sus momentos más tensos y transparentes, nos revela esos instantes –porque
no sólo un instante– de equilibrio entre la vida y la muerte. Vivacidad: mortalidad”.

Villalba y Paz, pues, enfatizan la dificultad de traducir la lengua japonesa y, especialmente, arte y haikus japoneses, ya que hay una voluntad de imperfección,
inacabamiento y confusión de objeto y sujeto.

Entrando más en detalle a la composición del haiku, señala Francisco F. Villalba: “El haiku apunta directamente a la esencia pre-simbólica, por eso su forma es generalmente un sintagma nominal, sumamente breve; y si incluye algún verbo, este aparece desposeído de flexiones temporales y personales. La forma lingüística original del haiku en japonés aún permite expresar la no dualidad entre sujeto y objeto. La experiencia del haiku es total y absoluta, aquí y ahora”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo se detiene un poco más sobre los intereses del haijin: “aislar un núcleo mínimo de poesía, desposeyéndolo de todo lo que le es accidental […] prescindir de todo artificio retórico, de toda circunstancia histórica concreta, de toda
verbosidad, e incluso de todo sentimiento adyacente a la intuición poética misma. […] intuición que aflora definitivamente al cristalizar en un mensaje lingüístico. […] un sintagma breve, tal vez puramente nominal; o en el caso de que estuviera presente algún
verbo, aparecería desprovisto de flexiones temporales o personales. […] La experiencia germinal de tal poesía está en lo concreto, por supuesto, pero por el efecto depurador de la intuición poética expresada en palabras se ve descargada de su lastre material. […]
Este ideal es inalcanzable en un grado límite […] pero sí cabe un avance indefinidamente progresivo en esta línea”.

Admitamos, entonces, que el verso del haiku es un sintagma nominal, y que si aparece un verbo es en forma impersonal e intemporal. Fernando Rodríguez-Izquierdo: “Los verbos frecuentemente aparecen dotados de flexiones comparables a las de nuestro infinitivo, que simplemente significan acción presente o futura o intemporal (generalizada)”. En lo tocante a lo accidental, retórico, circunstancial, verbosidad,
sentimentalismo, anotemos la opinión un grado más embriagada de Alberto Manzano: “La actitud del poeta haiku es una captación directa e instantánea en la acción. Todo ocurre dentro de un estado de iluminación mental. La imagen recibida impacta y se
refleja en el espejo del alma, para ser devuelta sin asimilación, libre del filtro del ego, de tal forma que el poeta haiku evita siempre una reconstrucción estética de la imagen captada, eludiendo técnicas lingüísticas, sentimentalismo, lirismo, para ganar dirección, transparencia y objetividad”. Y para remachar pone como ejemplo el siguiente verso de Onitsura:

En el jardín,
la camelia florece
blanca.

Pero si Manzano afirma la objetividad, cosa del todo inalcanzable, nos suena mejor la canción de Paz, que concilia intelectualidad y sentimentalidad. Peguemos la oreja: “Ni antes ni ahora el Japón ha sido para nosotros una escuela de doctrinas, sistemas o filosofías sino una sensibilidad. Lo contrario de la India: no nos ha enseñado a pensar sino a sentir. Cierto, en este caso no debemos reducir la palabra sentir al sentimiento
o a la sensación; tampoco la segunda acepción del vocablo (dictamen, parecer) conviene enteramente a lo que quiero expresar. Es algo que está entre el pensamiento y la sensación, el sentimiento y la idea. Los japoneses usan la palabra kokoro: ‘corazón’. Pero ya en su tiempo Juan José Tablada advertía que era una traducción engañosa:
kokoro es más, es el corazón y la mente, la sensación
y el pensamiento y las mismas entrañas, como si a los
japoneses no les bastase sentir con sólo el corazón.

Las vacilaciones que experimentamos al intentar traducir ese término, la forma en que los dos sentidos, el afectivo y el intelectual, se funden en él sin fundirse completamente, como si estuviese en perpetuo vaivén entre uno y otro, constituyen precisamente el sentido (los sentidos) de sentir”.

Y también supera la pretensión de objetividad Francisco F. Villalba: “No creo que la composición del haiku sea posterior a la experiencia. El hecho de escribir un haiku forma parte de la experiencia del Despertar de la conciencia a una Realidad presimbólica
o trans-simbólica –SATORI en el budismo Zen–. Es simplemente algo que sucede”.

Y da nuevo alcance Fernando Rodríguez-Izquierdo: “El haiku en su brevedad expresiva es enteramente imagen, impacto de un momento sentido en profundidad […] El haiku llega a ser así símbolo de una visión intuitiva de la realidad, que en ocasiones comporta valoraciones religiosas o éticas. Tal es, por ejemplo, el caso de Basho, el mayor poeta de haiku, con respecto al budismo del Zen”.

Si intentamos hallar un consenso entre los autores, podemos decir que el instante captado no es un instante cualquiera, es un instante sentido, intelectual y emocionalmente, y reflejado en el momento, en caso de poder afirmar que la escritura, por más que ideogramática, sea reflejo. Observación presimbólica o simbólica o trans-simbólica, creemos que el término que mejor expresa su doble faceta intelectual-emocional es el de iluminación, satori en japonés. Iluminación, al menos en nuestra lengua, expresa luz y entendimiento, pero también chispazo de emoción. Y, en efecto, vemos que todos estos elementos están representados fielmente en la escritura original en japonés del haiku, según nos dicen, con la breve, impersonal, intemporal, no retórica
y simbólica captación del instante, y la confusión o simbiosis del sujeto con el objeto. La propia estructura del idioma nipón lo permite; la traslación del texto a una lengua retórica como la nuestra lo impide.

Basho y el haiku

AC
Un viejo estanque.
Se zambulle una rana,
ruido del agua.
FV
Un viejo estanque
salta una rana
¡plof!
OP
Un viejo estanque:
salta una rana ¡zas!
chapaleteo.
AM
El viejo estanque.
Una rana salta dentro.
El sonido del agua.
JT
¡Ah! ¡El viejo estanque
y el ruido que hace el agua
cuando se hunde una rana!
FRI
Un viejo estanque;
al zambullirse una rana,
ruido del agua.

Yo mismo
En el estanque
se zambulle una rana,
responde el agua.

Sobre este poema, tan significativo y significado de Basho, versa una anécdota, tampoco falta de versiones. Cuenta que Basho compuso este haiku en respuesta a Butcho, su maestro de zen, en una ocasión en que le visitó en compañía de algunos poetas y le
instó a responder cuál era el camino de Buda. Basho encontró la respuesta en una rana que en ese momento se sumergía en el estanque.

En palabras de Alberto Manzano: “Un día, mientras Basho estaba absorto en la contemplación, sentado en el jardín de un templo, fue interrogado por su maestro: ‘¿Cómo te encuentras hoy?’ La respuesta de Basho fue: ‘Ha llovido. El musgo ha crecido sobre la roca’. Entonces, el maestro, movido por la responsabilidad de profundizar en el nivel de meditación de su discípulo, formuló una nueva pregunta: ‘Antes de que creciera el musgo, ¿qué era lo que veías?’ Basho respondió: ‘El viejo estanque. Una rana salta dentro. El sonido del agua’. Desde ese momento, en la suprema experiencia individual de un hombre, el estanque permanece en un lugar sin presente, sin
pasado, sin futuro, donde no existe la medida del subconsciente, donde nada crece y nada muere, más allá del mundo de la distinción del mundo del fenómeno, en el preciso lugar en que Todo es Uno”.

En cualquiera de los casos, sin embargo, el maestro y el discípulo de zen. El hombre que se sumerge en la naturaleza, mantenga o no durante tiempo suficiente húmeda su piel para que, como sobre la roca, crezca musgo.

La forma, el porqué, el cómo

Formas precedentes del verso japonés:

Tanka o waka: cinco versos divididos en dos estrofas, una de 3 líneas y otra de dos. 5-7-5 y 7-7

Renga: sucesión de tankas, generalmente escrita por varios poetas.

Haikai no renga: modalidad satírica y coloquial del renga. Paso de una estética severa y aristocrática a una forma popular y humorística. El primer poema de la secuencia se llama hokku.

Haiku: cuando el renga haikai se dividió en unidades sueltas, la nueva unidad poética se llamó haiku, compuesto de haikai y de hokku.

En el aspecto formal, el haiku debe contener una referencia obligatoria a una estación del año. A esta condición se la llama kigo. El mu-kigo lo constituyen los elementos que no refieren a la estación del año. Fernando Rodríguez-Izquierdo: “El hombre es en sí mismo parte de la naturaleza, y actualiza su contacto con ella a través de un sentido de estación […] El hombre aparece así ante la naturaleza desnudo de sí mismo, entregado a la ley del universo […] El haiku ha de surgir de la interminable fricción o batalla entre estas dos características: el elemento temporal de su forma poética y el elemento antitemporal de su naturaleza íntima. Por todo esto afirma Kenchiki Yamamoto que el haiku es la forma poética basada en una contradicción”.

Basho: “Aprende de los pinos, aprende de los bambúes. Aprender quiere decir unirse a las cosas y sentir la íntima naturaleza de esas cosas. Esto es haikai”.

Según la atrevida definición de Emile Steinilber-Oberlin, el haiku es la notación poética y sincera de un instante selecto. Y decimos que esta definición es atrevida porque no todos los instantes seleccionados por el haiku son precisamente selectos. La iluminación
se produce tanto al contemplar un narciso nevado o al comer bajo el cerezo como al sestear en un establo junto a la pesada compañía de unas moscas o al presentarse en el mercado dispuesto a vender un sombrero nevado.

¿Y quién dio el paso del haikai al haiku? En palabras de Octavio Paz: “Basho no rompe con la tradición sino que la continúa de una manera inesperada; o como él mismo dice: ‘No sigo el camino de los antiguos: busco lo que ellos buscaron’. Basho aspira a expresar, con medios nuevos, el mismo sentimiento concentrado de la gran poesía clásica. Así, transforma las formas populares de su época (el haikai no renga) en vehículos de la más alta poesía […] Basho no inventó estas formas; tampoco las alteró:
simplemente transformó su sentido. Cuando empezó a escribir, la poesía se había convertido en un pasatiempo: poema quería decir poesía cómica, epigrama o juego de sociedad. Basho recoge este nuevo lenguaje coloquial, libre y desenfadado, y con él
busca lo mismo que los antiguos: el instante poético. El haikú se transforma y se convierte en la anotación rápida –verdadera recreación– de un momento privilegiado: exclamación poética, caligrafía, pintura y meditación, todo junto. El haikú de Basho es ejercicio espiritual”.

Además, escribe Paz, “[La poesía de Basho] se convierte en una réplica al tumulto mundano. Ante ese mundo vertiginoso y lleno de colorido, el haikú de Basho es un círculo de silencio y recogimiento: manantial, pozo de agua oscura y secreta”.

¿Cuál es la finalidad del haiku?

Francisco F. Villalba: “Lo más importante en el haiku no es ‘comunicar un concepto a través de unos símbolos’, sino despertar en su autor la conciencia de la Nodualidad primordial”, la indistinción del hombre de su medio, si se quiere.

Alberto Manzano: “[El haiku] no expresa ningún pensamiento o idea, lejos de toda sigilosa maniobra intelectual, sino la misma realidad de las cosas, su esencia basada en la intuición y la simplicidad”.

Francisco F. Villalba: “Lo que comunica en el haiku no es lo que se dice sino lo que no se dice. Su comunicación es invisible, inatrapable. Pero la fuerza del haiku no reside solamente en lo que no dice, sino en la intensa relación que mantiene lo dicho con lo nodicho, lo expresado con lo no-expresado, lo visible con lo invisible. Ambos factores son esenciales”.

Octavio Paz, refiriéndose al cuaderno de viaje Sendas de Oku: “Con inmensa cortesía Basho no nos dice todo. El libro no ofrece asidero alguno. Breve cuaderno hecho de veloces dibujos verbales. La poesía se mezcla a la reflexión, el humor a la melancolía, la
anécdota a la contemplación. En este libro no pasa nada salvo el sol, la lluvia, los árboles, una niña... No pasa nada, excepto la vida y la muerte”.

Antonio Cabezas: “Basho decía que un buen haiku debe revelar sólo el setenta u ochenta por ciento del objeto, y si sólo revela el cincuenta o sesenta por ciento será inmortal”.

¿Cuál es el presupuesto de partida del haijin?

Dijo Basho que “haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar en este momento”, no quiso darnos más detalles. Leamos en quienes han estudiado la obra de Basho qué significa “lo que está sucediendo en este lugar en este momento”, no tan simple como Basho nos invita a creer.

Así se expresa Blyth en A history of haiku: “la falta de intensidad, concentración, concreción, es la otra mitad de la poesía que el haiku se esfuerza por incorporar a sí mismo. Ser objetivo, sin dejar de ser subjetivo; específico, pero sin perder la amplitud; sensitivo y con todo espiritual..., ésta es la meta del haiku”.

1) Exponer, no comentar.

Octavio Paz: “La actitud zen ha influido en todas las artes, desde la pintura y la poesía hasta el teatro y la música. Zen es alusivo y elusivo, Chikamatsu nos ha dejado una excelente definición de esta estética: ‘El arte vive en las delgadas fronteras que separan lo real de lo irreal’. Y en otra parte expresa: ‘El poeta no dice: esto es triste sino que hace que el objeto mismo sea triste, sin necesidad de subrayarlo’. El artista muestra; el propagandista y el moralista demuestran”.

Zeami: “Un maestro del arte no moverá el corazón de su auditorio sino cuando ha eliminado todo: danza, canto, gesticulaciones y las palabras mismas. Entonces, la emoción brota de la quietud. Esto se llama: la danza congelada”.

2) Expresión de la iluminación sin revelarla. Invitación a recorrer el camino. Espontaneidad.

Basho: “me lancé a las nubes y nieblas, hollando el hielo y la nieve, ocho leguas de recorrido, tanto que dudaba si era o no aquello el paso de las nubes que une al sol con la luna, hasta que, sin aliento ya y todo tiritando, llegué a la cumbre cuando ya el sol se había puesto y la luna se mostraba”.

Octavio Paz: “El haikú no sólo es poesía escrita –o, más exactamente, dibujada– sino poesía vivida, experiencia poética recreada. Con inmensa cortesía, Basho no nos dice todo: se limita a entregarnos unos cuantos elementos, los suficientes para encender la chispa. Es una invitación al viaje pero a un viaje que debemos hacer con nuestras propias piernas; como él mismo dice: ‘No hay que viajar a lomos de otro. Piensa en el que te sirve como si fuese otra y más débil pierna tuya’. Y en otro pasaje agrega: ‘No duermas dos veces en el mismo sitio; desea siempre una estera que no hayas calentado aún’”. Y por qué no dormir dos veces en el mismo sitio. Acaso porque el río nunca es idéntico a sí mismo. Según Antonio Cabezas, una de las premisas fundamentales del budismo es que todo en el universo es impermanente.

Aunque, ¿a qué nos conduce la iluminación, a nuestro plano divino, a nuestro plano humano? A ambos.

Del plano divino nos habla Emile Steinilber-Oberlin: “El silencio y la meditación nos recrean sobre nuestro plano divino”. Y según Antonio Cabezas, la idea específica del zen es que la única vía al nirvana es la meditación.

Y del plano humano, Octavio Paz: “En una forma voluntariamente antiheroica la poesía de Basho nos llama a una aventura de veras importante: la de perdernos en lo cotidiano para encontrar lo maravilloso. Viaje inmóvil, al término del cual nos encontramos con nosotros mismos: lo maravilloso es nuestra verdad humana”.

Como decíamos, pues, la iluminación es la conciliación de nuestras identidades divina y humana. Esta iluminación es, así mismo, un hecho súbito, por lo que (Fernando Rodríguez-Izquierdo) “lo autoconsciente está lejos de la verdad, mientras que lo despreocupado está cerca. El corazón ha de hacerse uno con la naturaleza, y la mente ha de estar vacía y desasida”. (Obsérvese lo exagerado de esta expresión de Rodríguez-Izquierdo, opuesto a su misma visión del carácter alegórico del haiku, en algún momento, antes o después, recogida. Si hay completo desasimiento, no hay alegoría posible ni iluminación).

3) Concreción.

Octavio Paz: “El haiku fue una crítica de la explicación y la reiteración, esas enfermedades de la poesía; el renga es una crítica del autor y la propiedad privada intelectual, esas enfermedades de la sociedad”.

Emile Steinilber-Oberlin: “una palabra es siempre una máscara. Las menos palabras posibles y el silencio: es lo que salvaguardia la virginidad del corazón y la calidad de la emoción”.

4) Del lado de la vida. Auto-reconocimiento del hombre en/con la naturaleza.

Brevemente expresa Antonio Cabezas que para el budismo todo en el universo está interrelacionado.

Basho: “La pena del que se va y la nostalgia del que se queda son como dos ánsares que se separan y se pierden en las nubes”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “Cierto día, Basho y Kikaku iban paseando por el campo y se quedaron mirando las libélulas que revoloteaban por el aire. En ese momento, el discípulo compuso este haiku:

¡Libélulas rojas!
Quítales las alas
y serán vainas de pimienta.

El Maestro respondió: ‘No. De ese modo has matado a las libélulas. Di más bien:

¡Vainas de pimienta!
Añádeles alas
y serán libélulas’”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “El haiku se ocupa sólo de la vida. Es como la flor de la existencia, y se despreocupa del más allá, pero desvela en las cosas una naturaleza divina inmanente a ellas. Las cosas son dios como resultado de nuestra inmediatez de percepción, de nuestra unión intuitiva con ellas”.

Kitamura Tookoku: “Esta unidad ha de verse; y después, todas las diferencias. Tal es la misión del poeta”.

5) Expresión del yo exclusivamente a través de elementos externos.

Otro principio del budismo, según Cabezas, es que la salvación consiste en entrar en el nirvana o iluminación, que no es saber la verdad, sino estar en ella.

Basho: “tan claro es como la luna que la negación conduce al conocimiento”.

Octavio Paz: “El arte es una forma del conocimiento. Y este conocer, con todas nuestras potencias y sentidos, sí, pero también sin ellos, suspendidos en arrobo inmóvil y vertiginoso, culmina en un instante de comunión: ya no hay nada que contemplar porque
nosotros mismos nos hemos fundido con aquello que contemplamos. [...] La cima del estado contemplativo es un estado paradójico: es un no ser en el que, de alguna manera, se da el pleno ser. Plenitud del vacío”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “La personalidad del poeta tampoco pesa en el haiku, al menos reduplicativamente considerada. El poeta no trata de comunicarnos su personalidad a través del haiku, sino sólo su sensación sublimada y depurada […] La poesía pura es definida por George Moore como ‘algo que el poeta crea fuera de su propia personalidad’. Todo lo que es plenamente subjetivo debe quedar velado”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “El poeta identifica así su crecimiento y su vida con el movimiento de las cosas exteriores a él mismo. Su intimidad responde a un flujo exterior de realidad con el que él trata de identificarse plenamente. Su poesía es, por lo tanto, suprapersonal y extrapersonal. Es el poeta hablando por la humanidad”.

6) Simbolismo.

Octavio Paz: “La poesía de Basho no es simbólica: la noche es la noche y nada más. Al mismo tiempo, sí es algo más pero es un algo que, rebelde a la definición, se rehúsa a ser nombrado. Si el poeta lo nombrase, se evaporaría. No es la cara escondida de la realidad, al contrario, es su cara de todos los días... y es aquello que no está en cara alguna”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “Era frecuente por entonces [s. xvii] aplicar el término ‘gugen’ (alegoría) indistintamente al pensamiento de Sooshi y al haikai […] En cierta ocasión Basho tomó el nombre de Kukasai, de un célebre pasaje de Sooshi”. Y ahonda Rodríguez-Izquierdo en las motivaciones del simbolismo: “El zen, rama espiritual y contemplativa del budismo, y el haiku, comparten el amor por el símbolo, la confusión de sujeto y objeto, la visión de este mundo como un mundo de incertidumbre y misterio,
la pobreza amada y vivida”.

Con carácter más literario, Octavio Paz también ahonda en las motivaciones del simbolismo: “El lenguaje tiende a dar sentido a todo lo que decimos y una de las misiones del poeta es hacer la crítica del sentido. Si decimos que la vida es corta como el relámpago no sólo repetimos un lugar común sino que atentamos contra la originalidad de la vida, contra aquello que efectivamente la hace única. La verdad original de la vida es su vivacidad y esa vivacidad es consecuencia de ser vida mortal, finita: la vida está tejida de muerte. Pero al decirlo convertimos en dos conceptos, vida y muerte, la vivaz y fúnebre unidad vida-muerte. ¿Hay un lenguaje que diga, sin decirla, esa unidad? Sí, el haikú: una palabra que es la crítica de la realidad, un lenguaje que es la burla oblicua de
su significación. El haikú de Basho nos abre las puertas de satori: el sentido y la falta de sentido, vida y muerte, coexisten”.

Desde la perspectiva espiritual, de nuevo Fernando Rodríguez-Izquierdo (refiriéndose al haiku, tal vez al zen, tal vez a ambos): “es una fuerza cohesiva que funde objeto y sujeto en la unidad indisoluble de la sensación. La sensación, así desmaterializada y trascendida de espíritu humano, se eleva a un rango simbólico […] El valor de dicha experiencia no está fuera del objeto, no consiste en una emoción. El poeta no puede interponer nada de sus necesidades personales o egoísticas entre él mismo y la experiencia. A lo largo de la experiencia el observador no tiene conciencia de sí mismo como separado de lo que ve u oye. Tiene que sumergirse en el objeto”.

Principalmente en la imagen hay que buscar el valor simbólico del haiku. Fernando Rodríguez-Izquierdo: “La totalidad del haiku es la imagen […] El haiku no es el retrato de una imagen, sino su esbozo […] Tanto sentido estético hay en lo expresado como en lo silenciado. El pintor japonés traza el bambú en negro porque sabe que no es simplemente verde. Queda a la sensibilidad y poder captativo del lector interpretar cuál es el verdadero color evocado. Paralelamente, un buen haiku en su parquedad expresiva está lleno de matices, y su lectura supone un verdadero arte y una gran finura espiritual”.

Raíz primera: cultura japonesa, el budismo, el zen, satori (iluminación)

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “La espiritualidad india, el espíritu práctico chino y la simplicidad japonesa sustentan a una la flor del haiku”.

Según el cuadro de influencias de Blyth, el budismo indio, el taoísmo (del que se nutren el zen chino y el arte chino) y la poesía china son los antecedentes remotos del budismo japonés, el zen japonés, la pintura japonesa y el waka, respectivamente, que, junto al confucianismo, cristalizan en el haiku. Luego, y por último, conformémonos con unas brevísimas notas a estos respectos que nos ayudarán a conocer mejor el haiku.

La paradoja, el absurdo, el contrasentido

Octavio Paz: “Por su misma naturaleza el momento de iluminación es indecible. Como el taoísmo, a quien sin duda debe mucho, zen es una ‘doctrina sin palabras’. Para provocar dentro del discípulo el estado propicio a la iluminación, los maestros acuden a las paradojas, al absurdo, al contrasentido y, en suma, a todas aquellas formas que tienden a destruir nuestra lógica y la perspectiva normal y limitada de las cosas. Pero la destrucción de la lógica no tiene por objeto remitirnos al caos y al absurdo sino, a través de la experiencia de lo sin sentido, descubrir un nuevo sentido. Sólo que este sentido es incomunicable por las palabras. Apenas el humor, la poesía o la imagen pueden hacernos vislumbrar en qué consiste la nueva visión”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “El haiku, por ejemplo, ama la paradoja, canta el crecimiento natural de las cosas, se compenetra con la naturaleza y es prácticamente una poesía de las estaciones, alaba el proceder natural y detesta el amaneramiento; habla del
conocimiento integral, y no sólo intelectual, de la naturaleza...”.

Simplicidad, brevedad, reserva, culto al mundo natural

Octavio Paz: “Gracias al budismo zen la religiosidad japonesa se ahonda y tiene conciencia de sí misma. Se acentúa el lado interior de las cosas: el refinamiento es simplicidad; la simplicidad, comunión con la naturaleza. Las almas se afinan y templan. El culto al mundo natural, presente desde la época más remota, se transforma en una suerte de mística. […] Pero nada más lejos del quietismo furibundo y contraído de los místicos occidentales, desgarrados por la oposición inconciliable entre este mundo y el otro, entre el creador y la criatura, que el de los adeptos de zen. La ausencia de la noción de un Dios creador, por una parte, y la de la idea cristiana de una naturaleza caída, por la otra, explican la diferencia de actitudes. Buda dijo que todos, hasta los árboles y las yerbas, algún día alcanzarían el Nirvana. El estado búdico es un trascender la naturaleza pero también un volver a ella. El culto a lo irregular y a la armonía asimétrica brota de esta idea de la naturaleza como arquetipo de todo lo existente”.

Fernando Rodríguez-Izquierdo: “Confucio era amante de la poesía y de la música. Consideró verdadero lo poético de la religión. Quería en la poesía brevedad, sobriedad, reserva, ausencia de hipérbole y de extravagancia, cierto sabor moral”.

¿Qué de lo mío?

De traductores y falsificadores tomo los textos de Basho. ¿Soy yo otro falsificador?

No tengo la (necia) pretensión de traducir a Basho, no leo japonés. Así que mi trabajo no puede ser considerado traducción. ¿Falsificación? En ocasiones he sido fiel a la traducción, y en menos a una falsificación, interviniendo únicamente en darle al texto la
forma que nos dicen que tiene el haiku. En otras, me he tomado la libertad de decir otra cosa o contradecir lo leído. ¿Pero puede considerarse un trabajo original cuando se inspira tan directamente en lo que otros atribuyen a Basho? Algunos de mis haikus están
próximos a alguna de esas versiones, otros se alejan. En ellos me inspiro, sí, yo los escribo.

De esta manera les pongo a ustedes en la tesitura de decidir si son falsificaciones de la obra de Basho o poemas originales inspirados en los de Basho y sus traductores y falsificadores. También pueden tomar por la vía de en medio de Basarab Nicolescu y decir que mis haikus son ambas cosas, falsificaciones originales y originales falsificados.

En cualquier caso, aunque no lo parezca por todo lo anteriormente expuesto, rindo homenaje a todos los que han cedido su trabajo para que sea publicado bajo la autoría de Basho. Les discuto, sí, pero hubiera sido mucho más fácil ignorarles que cederles tanto protagonismo en esta que es una obra exclusivamente creativa, de poeta.

A Basho, ya lo verán o lo han visto, no lo elegí caprichosamente, pues no lo he elegido. Tras haber escrito hace seis años “Camino a Santiago”, ha sido Basho quien me ha reclamado que explore su obra y sus motivaciones para entender mi verso y entenderme
a mí. Ningún verso nace de la nada, es vieja y universal la poesía. Y que yo no conociera a Basho en aquellos momentos no significa que Basho no estuviera presente en mí. Que hasta muy avanzado el trabajo de versionar los poemas de Basho y rastrearle no recordara mi trabajo anterior, tampoco le resta credibilidad a este punto. Recorrí el camino, y fue al atisbar/avistar el destino cuando supe cuál era. Exactamente lo mismo que me sucedió con los textos escritos durante el peregrinaje que realicé a Santiago de Compostela. Fueron notas del camino. Esos versos son piedras que fui recogiendo durante el trayecto, las que me encontré, las que me salieron al paso. ¡Cuánto debo a Samos!, a su río. Mi principal compañía en esos días fueron los ríos, arroyos, árboles, montes, campos... el inmortal Juan Ramón Jiménez y mi madre recién fallecida. Juan Ramón, materialmente, en un libro que apenas leí pero que cargué, mi madre... mi madre como recuerdo, promesa, destino, origen... compañía permanente e inmaterial.

Basho vació sus versos de sí para llenarse de ellos, yo llené mis versos de mí para vaciarme en ellos. Son muchas las diferencias que cabe encontrar, inconformables, pero este libro mío solo tiene sentido conteniendo a Basho, pues sus ojos ven hoy a través de los míos y a través de los suyos de usted.

¿Y?

El poeta hace versos pero el poeta no se hace solo de su verso. Y yo, Jesús Malia, que Basho no soy, resulto ser Basho y no Jesús Malia.

No pretendo la desfachatez de representar a Basho; ya él se representó a sí mismo, y hoy toca ese papel a la memoria que de él nos sobrevive y le inventamos.

Yo, como otro más, que hace versos; yo, como otro más, que se hace en versos; yo, como otro más, que ha notado que Basho vuela y canta aunque le arrastren en tristes y penosas traducciones desversadas.

A Jesús Malia, dice, lo ha elegido la palabra, pero no una cualquiera, sino esta castellana y española y americana y africana. Y a Jesús Malia, dice, lo ha elegido el verso, y este sí que no tiene fronteras. Quiero hermanarme con Basho porque Basho quiso hermanarse
conmigo y con usted. No creo en la poesía o el arte hecho para distanciarse de otros seres humanos, sino en la poesía o el arte que muestra la distancia con el mundo de su creador en un contexto asequible y asumible por el observador. Creo en la diferencia unificadora y no en la unificación divisoria.

Si a lo que creo lo llamo poesía es porque nace de los estímulos que me provoca algo a lo que conocemos por poesía. Como herederos que somos, cuidemos de administrar bien esos bienes recibidos y acrecentarlos. Defendamos la memoria de los nuestros y enluzcámosla, incluida la de Basho, que es nosotros.

La mayor parte de nuestra labor no es componer versos que sentimos como propios porque o no recordamos de dónde nos vienen o aspiramos a que no se reconozca ese origen y se cifre solo en nosotros su esplendor; la mayor parte de nuestro quehacer es
darnos a la poesía, a toda ella, y compartir y difundir aquello que creemos más selecto de nuestro arte y ciencia.

Así, poeta, tu obligación primera es con la poesía. Date a aquellos a los que admiras como te das a ti mismo. Cuida a aquellos a los que amas mejor que a ti mismo. Presume y luce a aquellos que son tu ser con más motivo y orgullo del que te envaneces de ti mismo. Date a aquellos en que te reconoces; fueron antes que tú, serán después.

Verso, etimológicamente, significa vuelta sobre lo ya dicho antes.

El poeta hace versos pero el poeta no se hace solo de su verso. Y yo, Jesús Malia, que Basho no soy, resulto ser Basho y no Jesús Malia. ¿Es usted Jesús Malia?

Jesús Malia
Madrid, 15 de noviembre de 2014.
Con Gottfried Leibniz y Johannes Kepler.

Wawawiwa







jueves, 2 de abril de 2015

"Tratados", de Julio Santiago


Julio Santiago es, y lo sabe y lo quiere y lo agradecemos, un raro. Por su humorismo, por su ironía, por su picardía... Pi cardía es lo mismo que 3,14 corazón, un múltiplo irracional, y por tanto indefinidamente irrepetible.
Con este libro que en 2015 le ha editado Cuadernos del Laberinto, ilustrado con sus dibujos de desnudos, Julio Santiago creo que ha dado una se sus mejores obras. He seleccionado para ti los versos de tono más reflexivo, llenos de vitalismo, ternura y amor. Solo un Julio Santiago doy en mostrarte en esta ocasión, y es que no es posible intentar agotar todos sin tener su libro entre las manos. Este y más. Muchas felicidades, Julio, y muchas gracias por darte al verso tal como eres. Que sea muy feliz el descanso el que te tomas. Y, por favor, que vuelvas. Seas entonces el que seas.

 



 


Me
invento
para
seguir
viviendo...


Mi
locura
no
con-cuerda.


Imagino
el
mundo
que
desconozco,
vivo
en
él.


No
me
pongo
límites...,
me
limito
a
ser
quien
soy.


Un
ser
no
puede
llegar
a
ser
si
no
se
refleja
en
otro
ser...


Somos
mar
mucho
antes
de
andar...


Crear
es
creer
en
el
deseo
y
cumplirlo.


La
BELLEZA
es
la
fortuna
de
existir
y
creérselo.


Miro
al
vacío
y
encuentro
todo
lo
que
necesito
para
llenarme.


Espero
que
tu
marcapáginas
interrumpa
mi
cordura...


Me
ocupas
tanto
por
lo
bueno
compartido...,
que
no
me
cabes
nada
más...


Todo
no
está
hecho...,

siempre
eres
diferente...