miércoles, 10 de febrero de 2010

Bárbara Butragueño está en Poesía Capital, aquí dos poemas suyos en la antología


I
La luz redondea mi vientre;
yacen a sus costados,
mis manos abiertas,
casi violadas,
rezumando la triste ternura
de quien no entiende.
Yo nací muda.
No viví guerras ni catástrofes,
y mis manos no han tocado
los huesos tristes de los muertos.
Todo cuanto sé
habita el vacío
que cubre la distancia de las cosas,
pues sólo conozco la violencia
de las flores,
la lava fría y soterrada
del lenguaje.
Soy ceniza en el viento abrasado que no soy.
Mi voz es yema del poema,
espacio intermedio entre la palabra y yo,
sin vocación de fuego.
sin cualidad de nada.
Cómo explicarle a mis manos
que nunca curarán la carne de los hombres.
Cómo decirlas que el único elemento
que les es propio
es sólo el magma de la nada,
eje del aire
que nada salva.

VI
Los días impares
me gusta perderme en diagonal.
Las calles
se vuelven piezas necesarias
de un tablero que invento
con haces de luz y hojas.
Lo diurno descansa
en un milímetro de noche,
aletea
riéndose grave
y de pronto comprendo
la urgencia del viento,
las manos escarchadas
de las plazas.
Comienza a granizar bajito
como si algo se hubiera roto
y hubiese que sonreír.
Los tejados húmedos se apilan a mi alrededor
como lomos de libros viejos y el silencio
sabe a madera
y la gente camina de lado,
encogida,
tratando de no romper
el discurso de las hojas.

2 comentarios:

alf ölson dijo...

Es muy grande, muy grande...

Jesús Malia Gandiaga dijo...

¡Cómo te pone su verso, Alfonso! Je,je. Me alegro de haberte propiciado un ratito agradable.