martes, 21 de diciembre de 2010

Felicitación navideña. Fragmento de las 'Cartas persas' de Montesquieu

Había en Arabia un pequeño pueblo llamado troglodita, descendiente de los antiguos trogloditas que, si creemos a los historiadores, se parecían más a animales que a hombres. Aquellos no eran peludos como osos, no silbaban, tenían dos ojos; pero eran tan malos y feroces, que no existía entre ellos ningún principio de equidad ni de justicia.
Tenían un rey de origen extranjero que, queriendo corregir la maldad de su naturaleza, los trataba severamente; pero ellos conjuraron contra él, lo mataron y exterminaron a toda la familia real.

Terminado esto, se reunieron para elegir un gobierno; y después de muchas disensiones, crearon los magistrados. Pero en cuanto los eligieron, se les hicieron insoportables, y los masacraron también.

Este pueblo, libre del nuevo yugo, ya no consultó más que su naturaleza salvaje. Todos los particulares acordaron que no obedecerían ya a nadie, que cada uno velaría únicamente por sus intereses sin consultar los de los otros.

Esta resolución unánime agradó extremadamente a todos. Se decían para sus adentros: "¿Por qué tendría yo que matarme trabajando por gente que no me importa? Pensaré sólamente en mí. Viviré feliz sin preocuparme por que los demás lo sean. Yo mismo me procuraré todas mis necesidades; y con tal de tenerlas, no me molesta que los demás trogloditas sean miserables".

Estaban el mes en que se siembran las tierras; cada uno se dijo: "No labraré mi campo más que para que me dé el trigo que necesito a fin de alimentarme; una cantidad mayor me resultaría inútil, y no voy a trabajar por nada".

Las tierras de ese pequeño reino no eran todas de la misma naturaleza: las habçia áridas y montañosas, y otras que, en terrenos bajos, regadas por varios arroyos. Ese año, la sequía fue muy grande, de manera tal que las tierras elevadas se quedaron absolutamente sin agua, mientras que las que pudieron ser regadas fueron muy fértiles; de tal modo, los pueblos de las montañas perecieron casi todos de hambre, por la dureza de los otros, que se negaron a compartir la cosecha.

El año siguiente fue muy lluvioso; los lugares elevados resultaron de extraordinaria fertilidad, y las tierras bajas quedaron sumergidas. Por segunda vez, la mitad del pueblo sufrió hambruna, pero esos miserables encontraron gentes tan duras como lo habían sido ellos mismos.

Uno de lo shabotantes prinicpales tenía una mujer muy bellas; su vecino se enamoró de ella y la raptó. Se siguió una gran querellas, y después de muchas injurias y golpes, convinieron remitirse a la decisión de un troglodita, que mientras subsistía la república, había tenido cierto crédito. Se presentaron ante él y pretendieron exponerle sus razones.

-¿Qué me importa -dijo ese hombre- que esta mujer sea del uno o del otro? Yo tengo que arar mi campo; no voy a emplear mi tiempo en terminar sus diferendos y trabajar en sus asuntos mientras descuido los míos. Les ruego que me dejen tranquilo y no me importunen con sus querellas.

Y con esto los dejó y se fue a trabajar su tierra. El raptor, que era el más fuerte, juró que moriría antes que devolver la mujer; y el otro, penetrado de la injusticia de su vecino y de la dureza del juez, ya se volvía desesperado cuando encontró en su camino una mujer joven y bella, que regresaba de la fuente; él no tení amujer, esta le gustó; y le gustó mucho más cuando se enteró de que era la mujer del que había querido tomar como juez y que había sido tan poco sensible a su desgracia. La raptó y la llevó a su casa.

Había un hombre que poseía un campo bastante fértil que cultivaba con gran cuidado; dos de sus vecinos se unieron, lo echaron de su casa, ocuparon su campo e hicieron una alianza para defenderlo contra todos los que quisieran usurparlo; y efectivamente se sostuvieron en él durante varios meses. Pero uno de los dos, fastidiado por tener que compartir lo que podía tener sólo para él, mató al otro y quedó único dueño del campo. Su imperio no fue largo: otros dos trogloditas fueron a atacarlo; él resultó muy débil para defenderse, y lo masacraron también.

Un troglodita casi desnudo vio una lana que estaba en venta; preguntó el precio, y el vendedor le dijo:

-Naturalmente, no debía esperar de mi lana sino bastante como para comprar dos medidas de trigo; pero voy a venderla a cuatro veces más, a fin de tener ocho medidas.

El otro tuvo que aceptar y pagar el precio pedido.

-Estoy contento -dijo el vendedor-, ahora tendré trigo.
-¿Qué dices? -replicó el comprador- ¿Necesitas trigo? Yo tengo para vender, sólo que tal vez el precio te asombre, ya que sabrás que el trigo está muy caro, y hay hambruna en casi todas partes. Pero devuélveme mi dinero, y te daré una medida de trigo, ya que no quiero venderlo de otro modo, aunque revientes de hambre.

Entretanto, una cruel enfermedad asolaba la comarca. Desde un país vecino llegó un médico hábil, y dio remedios tan adecuados que curó a todos lo que se pusieron en sus manos. Cuando terminó la enfermedad, fue a casa de los que había tratado para pedir su salario, pero solo encontró rechazos. Se volvió a su país, donde llegó agobiado de las fatigas de un viaje tan largo. Pero poco tiempo después, se enteró de que la misma enfermedad se hacía sentir de nuevo, y afligía más que nunca esa tierra ingrata. Esta vez fueron a pedirle, sin esperar que él acudiera.

-Idos, hombres injustos -les dijo- llevaís en el alma un veneno más mortal que aquel del que queréis curaros; no merecéis ocupar un lugar sobre la tierra, porque no tenéis humanidad y las reglas de la equidad os son desconocidad; yo creería ofender a los dioses que os castigan si me opusiera a la justicia de su cólera.

3 comentarios:

NARCISASANCHEZ dijo...

ESTA OBRA ME RECUERDA MUCHO LO QUE ESTA PASANDO EN MEXICO.
LOS MEDIOS TELEVISIVOS, LA PUBLICIDAD Y LA CLASE EN EL PODER HAN PROMOVIDO CON EXITO ESTA CONDUCTA EN LA POBLACIÓN QUE IGNORANTE E INCIVILIZADA HA CONVERTIDO A ESTE PAÍS, HEREDERO DE CULTURAS MILENARIAS, EN UN ATAJO DE TROGLODITAS. ¡QUÉ PENA!

Antonella1306 dijo...

Estoy de acuerdo contigo Narcisa, estamos sumergidos en la cultura de "me importas madre" y creo sin temor a equivocarme que es cuestión de educación. Tenemos que educar a nuestros hijos para enseñarles a respetar los derechos de los demás.
Supuestamente somos un país en vias de democratización, pero la verdad no la veo por ningún lado, la mayoría de la gente aplica: "que se haga la voluntad de Dios, pero en las mulas de mi compadre". Es horrible estar cuidándose de todo el mundo.
Como bien dijiste somos de "pena ajena"

Jesús Malia Gandiaga dijo...

No sólo es México. Ojalá fuera cosa de un único país.