martes, 3 de noviembre de 2015

Poemas de José Antonio Pamies en "Diario nómada" (2, y fin)



En los pliegues del poema
jeroglíficos de luna,
paloma en la cornisa,
nostalgia de azahar.


Cierva que te inclinas sobre el agua,
tu pan de lágrimas forma láminas de fuego
contra mi corazón.


Algunos muertos escriben poemas,
sus huesos de ceniza sempiterna
forman una constelación celeste
en el hipotálammo del verso,
donde arranca esa chispa
que no prende jamás.

La improvisada ensoñación,
raíz contenida, cadáver que habla,
perfume marchito con sabor a piel,
manzana podrida en la memoria.

Bajo estos pasos
arranco cicatrices a la noche.
Noche herida de estivales cabellos
bañados en satélites de luz,
noche que deseas el amor y no cuerpos
a ti te ofrezco el más solitario de mis cantos,
noche que mata hasta tornarse bandada
de pájaros que pían.

Con la certeza ciega de un muchacho
avanzo sin rumbo en esta constelación
de dulces remiendos sin sentido.

Como animal errante
hundo mis pies descalzos en la hierba
y me vuelvo raíz mojada, escritura difusa,
muerte que dicta versos hacia atrás,
vigilia y sueño, amor de árbol.


La lluvia oblicua dice:
olvida al maestro, derriba el cauce.
La lluvia oblicua sabe,
inhóspitos senderos
abre el aire crujiente del otoño.


Soportar el vacío,
palabra detenida en el poema.