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jueves, 5 de agosto de 2010

'Leyendo a Óscar Oliva': 'Trabajo ilegal'

Repasando la antología de la poesía mexicana denominada 'Poesía en Movimiento', que realizaron alalimón Octavio Paz, Homero Aridjis y José Emilio Pacheco, mostré aquí versos de Óscar Oliva allí recogidos. A resultas de esto, Óscar Oliva (quien en 1971 fue premiado en su país con el Premio Nacional de Poesía por 'Estado de sitio') me ha facilitado el acceso a su obra, enviándome en pdf su 'Trabajo ilegal'. 'Trabajo ilegal' ha sido publicado en dos ocasiones (1985 y 1994) pero, el hecho de que Oliva me lo comparta 25 años después de su primera edición, demuestra que sigue fiel al espíritu que lo inspiró . Muchas gracias, Óscar.

Óscar Oliva se dio a conocer en 1960 en la antología 'La espiga amotinada', que compartió con Jaime Labastida, Eraclio Zepeda, Juan Bañuelos y Jaime Augusto Shelley, en la búsqueda común de una poesía de denuncia que volverían a plasmar en 'La ocupación de la palabra' (1965).

Para comenzar la noticia de 'Trabajo ilegal', pongo el que fue el broche de su edición de 1994 en Papeles Privados, un poema dedicado a Oliva por José Revueltas.

jueves, 7 de mayo de 2009

José Emilio Pacheco gana el Reina Sofía

Pacheco se ha impuesto a la uruguaya Cristina Peri Rossi, el nicaragüense Ernesto Cardenal y el español Francisco Brines; además de a ti, querido lector, y a mí mismo. Otra vez será. Al menos ha ganado alguien que merecía los 42 000 eurazos del 'galardón'.

jueves, 26 de marzo de 2009

Un poema de José Emilio Pacheco

En José Emilio Pacheco es difícil quedarse sólo con un poema, así que el primero:

De algún tiempo a esta parte
I
Aquí está el sol con su único ojo, la boca escupefuego que no se hastía de calcinar la eternidad. Aquí está como un rey derrotado que mira desde el trono la dispersión de sus vasallos.
Algunas veces, el pobre sol, el heraldo del día qu ete afrenta y vulnera, se posaba en su cuerpo, decorando de luz todo lo que fue amado.
Hoy se limita a entrar por la ventana y te avisa que ya han dado las siete y tienes por delante la expiación de tu condena: los papeles que sobrwnadan en la oficina, las sonrisas que los otros te escupen, la esperanza, el recuerdo...y la palabra: tu enemiga, tu muerte, tus raíces.

Extraído de 'Poesía en movimiento (México 1915-1966)'

lunes, 16 de febrero de 2009

Marco Antonio Montes de Oca

El sábado 7 de Febrero, Marco Antonio Montes de Oca murió en México sin haber tenido el merecido privilegio de haber publicado en vida en Poesía Abierta. En La Jornada, 11 de Febrero, encontrarás la luctuosa nota.
El pasado domingo volvía yo a su poesía en la antología 'Poesía en Movimiento', de Octavio Paz, Alí Chumacero, José Emilio Pacheco y Homero Aridjis (siglo veintiuno editores, en su trigésima edición de 2003), y me da este impulso (es domingo cuando escribo) de sacar uno de sus poemas de 'Delante de la luz cantan los pájaros' y buscarle en internet. Mala noticia. Vaya su poesía:

LA LUZ EN RISTRE

La creación está de pie,
su espíritu surge entre las blancas dunas
y salpica con hisopos inagotables
los huertos oprimidos por la bota de pedernal
o la fría insolencia de la noche.
Los colores celestes, firmemente posados en los vitrales,
esponjan siluetas de santos;
un resorte de yeso alza sobre el piso miserable
sombras que bracean con angustioso denuedo.
Y llama el cuerno mágico a las creaturas gastadas en el dolor
para que el vértigo maravilloso instaure su hora de resarcimiento
y la ceniza despierte animada en grises borbotones.

La única, espléndida, irresistible creación
está de pie como una osamenta enardecida
y sobrepasa todas las esclusas, toca en cada llama la puerta del incendio
y ensilla galaxias que un gran mago ha de montar,
cuando el espíritu patrulle por el alba
hasta encontrar los pilares del tiempo vivo.

Marco Antonio Montes de Oca en Delante de la luz cantan los pájaros'

lunes, 15 de octubre de 2007

José Emilio Pacheco y yo

Nada

Éste es un poco de humo,
una columna de humo,
una expedición
que se interna en el aire,
asciende
y desaparece,
se reintegra en silencio al todo,
o bien, es la nada,
la nada que en el humo
se hace visible.

José Emilio Pacheco en 'La arena errante', Ediciones Era, febrero de 2000.


Abre surcos en el aire,
grietas apenas perceptibles,
venas que se desvanecen,
un río de recodos que muere
en la cumbre
del vacío.

Y después, ceniza,
una piedra de ceniza
que se estampa contra el alma
y la hiela y la hila
y se acaba sumiendo
por las cloacas,
como agua
que beben
las ratas.

Jesús Malia, inédito.