lunes, 18 de octubre de 2010

Aunque, desde luego, el Siglo de Oro es el de la picaresca

UN AMANTE SE HALLÓ EMPEÑADO CON DEZIR QUE QUERÍA A DOS DAMAS EN UN MISMO TIEMPO; Y LES EMBIÓ ESTE SONETO

Amar a dos, y a emtrambas con fineza,
amor es, y el amor más entendido;
que más firme será contra el olvido,
si en dos basas estriva su firmeza.

Niñas, si me cortáis pieza por pieza,
ay para emtrambas; y pues siempre ha sido
señal de sujeción darse a partido,
partidme, y no quebradme la cabeça.

Amor, y odio, ya en el campo estrecho
del coraçón, batallas han tenido,
juntos en él, aunque entre sí distantes.

Pues si a un tiempo tal vez dentro del pecho
dos afectos contrarios han cabido,
¿por qué no han de caber dos semejantes?

Movido de argumentos tan bastantes,
medio partirme entre vosotras quiero,
dndome a cada una por entero,
de suerte, que por mí pueda dezirse:
irse, y quedarse, y con quedar, partirse.

Antonio de Solís


Nunca d’amor estuve tan contento
qe’n su loor mis versos ocupasse
ni a nadie consejé que s’engañasse
buscando en el amor contentamiento.

Esto siempre juzgó mi entendimiento:
que d’este mal tod’hombre se guardasse,
y assí, porqu’esta ley se conservasse,
holgué de ser a todos escarmiento.

¡O! vosotros que andáys tras mis escritos
gustando de leer tormentos tristes,
según que por amar son infinitos,

mis versos son deziros: “¡O benditos
los que de Dios tan gran merced huvistes
que, del poder d’amor, fuéssedes quitos!”

Juan Boscán

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