miércoles, 25 de julio de 2012

Joaquín María Bartrina

Bartrina (1850-1880) se burla de la poesía, a la que sabe completamente insuficiente para decirle. Pero como es su medio, con ella se expresa, le aporta un léxico novedoso, el científico. Algún ejemplo ya di en πoetas, y alguno más encontraréis en Wikipedia. Pero si realmente queréis leer mejor a este hombre tan singular, contad conmigo.


Comenzamos por su "arabescos".


Arabescos (1)

(1ª serie)

En vano lloran las nubes
sus aguas sobre la mar,
que no han de endulzar sus olas,
ni han de aumentar su caudal.

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¿Qué es el deseo? ¿Anhelo que convida
a apetecer un no sé qué vedado?
¿Recuerdo de algún goce ya pasado
tal vez en otra vida?

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Sale un hombre a la calle y, no os asombre,
una piedra sobre él cae y le arredra:
¿cae la piedra cuando pasa el hombre?
¿o pasa el hombre cuando cae la piedra?

Resolvedme problema tan profundo,
y creeré, os lo aseguro muy sincero,
en la casualidad, si es lo primero,
en la fatalidad, si es lo segundo.

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Tal vez aquello en lo que más pensamos
ni tan siquiera exista...
¿quién sabe si la luna que admiramos
es tan solo un defecto de la vista?

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En las rosas purpurinas
(y lo mismo en otras cosas)
el feliz solo ve rosas
y el triste solo ve espinas.

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Dice la Biblia que al crear el hombre
hízole Dios de polvo;
mas, de seguro que antes llovería
y Dios en vez de polvo cogió lodo.

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Desde el tiempo del diluvio,
si habrá llovido en el mar...
¿de qué ha servido? de nada;
ni se ha llegado a endulzar.

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Más, mucho más, gusta siempre
lo bonito que lo bello,
lo monstruoso que lo grande,
lo ingenioso que lo cierto.

2 comentarios:

Íntimo fárrago dijo...

Traes cosas muy curiosas, se aprende mucho contigo.

Nená

Jesús Malia dijo...

Teniendo a ti, no necesito abuela que me eche flores. ¡Muchas gracias!