¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
lunes, 1 de marzo de 2010
Rosario Castellanos dialoga con...Federico García Lorca
EN EL INSTITUTO Y EN LA UNIVERSIDAD
La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.
Dime
si el aire te lo dice.
Mañanita fría
yo me puse triste,
y luego me entraron
ganas de reírme.
No te conocí.
Sí me conociste.
Sí te conocí.
No me conociste.
Ahora entre los dos
se alarga impasible,
un mes, como un
biombo de días grises.
La primera vez
no te conocí.
La segunda, sí.
lunes, 22 de febrero de 2010
Rosario Castellanos dialoga con...Antonio Machado
¿Por qué, decisme, hacia los altos llanos,
huye mi corazón de esta ribera,
y en tierra labradora y marinera
suspiro por los yermos castellanos?
Nadie elige su amor. Llevome un día
mi destino a los grises calvijares
donde ahuyenta al caer la nieve fría
las sombras de los muertos encinares.
De aquel trozo de España, alto y roquero,
hoy traigo a ti, Guadalquivir florido,
una mata del áspero romero.
Mi corazón está donde ha nacido,
no a la vida, al amor, cerca del Duero...
¡El muro blanco y el ciprés erguido!
lunes, 15 de febrero de 2010
Rosario Castellanos dialoga con... Rubén Darío y Octavio Paz
Filosofía
Saluda al sol, araña, no seas rencorosa,
da tus gracias a Dios, oh sapo, pues que eres.
El peludo cangrejo tiene espinas de rosa
y los moluscos reminiscencias de mujeres.
Sabed ser lo que sois, enigmas, siendo formas;
dejad la responsabilidad a las Normas,
que a su vez la enviarán al Todopoderoso...
(toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso.)
Aunque después de Rubén llegó Octavio Paz para escribir este versito:
Elegía interrumpida
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda
alzar la cara, ver la
y enterarse: las ocho y cuarto.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.
Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
—saluda al sol, araña, no seas rencorosa...—
Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío
lunes, 8 de febrero de 2010
Rosario Castellanos dialoga con... Ramón López Velarde
LA ÚLTIMA ODALISCA
Mi carne pesa, y se intimida
porque su peso fabuloso
es la cadena estremecida
de los cuerpos universales
que se han unido con mi vida.
Ámbar, canela, harina y nube
que en mi carne al tejer sus mimos,
se eslabonan con el efluvio
que ata los náufragos racimos
sobre las crestas del Diluvio.
Mi alma pesa, y se acongoja
porque su peso es el arcano
sinsabor de haber conocido
la Cruz y la floresta roja
y el cuchillo del cirujano.
Y aunque todo mi ser gravita
cual un orbe vaciado en plomo,
que en la sombra paró su rueda,
estoy colgado en la infinita
agilidad del éter, como
de un hilo escuálido de seda.
Gozo… Padezco… Y mi balanza
vuela rauda con el beleño
de las esencias del rosal:
soy un harén y un hospital
colgados juntos de un ensueño.
Voluptuosa Melancolía:
en tu talle mórbido enrosca
el Placer su caligrafía
y la Muerte su garabato,
y en un clima de ala de mosca
la Lujuria toca a rebato.
Mas luego las samaritanas,
que para mí estuvieron prestas
y por mí dejaron sus fiestas,
se irán de largo al ver mis canas,
y en su alborozo, rumbo a Sión,
buscarán el torrente endrino
de los cabellos de Absalón.
¡Lumbre divina, en cuyas lenguas
cada mañana me despierto:
un día, al entreabrir los ojos,
antes que muera estaré muerto!
Cuando la última odalisca,
ya descastado mi vergel,
se fugue en pos de una nueva miel
¿qué salmodia del pecho mío
será digna de suspirar
a través del harén vacío?
Si las victorias opulentas
se han de volver impedimentas,
si la eficaz y viva rosa
queda superflua y estorbosa,
¡oh, Tierra ingrata, poseída
a toda hora de la vida:
en esa fecha de ese mal,
hazme humilde como un pelele
a cuya mecánica duele
ser solamente un hospital!
lunes, 25 de enero de 2010
Rosario Castellanos dialoga con... Simón Bolívar y Luis de Góngora
A UNA ROSA.
Ayer naciste, y morirás mañana.Para tan breve ser, ¿quién te dio vida?
¿Para vivir tan poco estás lucida?
Y, ¿para no ser nada estás lozana?
Si te engañó su hermosura vana,
bien presto la verás desvanecida,
porque en tu hermosura está escondida
la ocasión de morir muerte temprana.
Cuando te corte la robusta mano,
ley de la agricultura permitida,
grosero aliento acabará tu suerte.
No salgas, que te aguarda algún tirano;
dilata tu nacer para la vida,
que anticipas tu ser para tu muerte.
lunes, 18 de enero de 2010
Rosario Castellanos dialoga con... Juan Ramón Jiménez
¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
-¡Oh corazón falaz, mente indecisa!-
¿Era como el pasaje de la brisa?
¿Como la huida de la primavera?
Tan leve, tan voluble, tan ligera
cual estival vilano... ¡Sí! Imprecisa
como sonrisa que se pierde en risa...
¡Vana en el aire, igual que una bandera!
¡Bandera, sonreír, vilano, alada
primavera de junio, brisa pura...!
¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste!
Todo tu cambiar trocóse en nada
-¡memoria, ciega abeja de amargura!-
¡No sé cómo eras, yo que sé qué fuiste!
lunes, 11 de enero de 2010
Rosario Castellanos dialoga con... Miguel Hernández
Égloga
despacio consolarme.
Garcilaso.
Un claro caballero de rocío,
un pastor, un guerrero de relente,
eterno es bajo el Tajo; bajo el río
de bronce decidido y transparente.
Como un trozo de puro escalofrío
resplandece su cuello, fluye y yace,
y un cernido sudor sobre su frente
le hace corona y tornasol le hace.
El tiempo ni lo ofende ni lo ultraja,
el agua lo preserva del gusano,
lo defiende del polvo, y lo amortaja
y lo alhaja de arena grano a grano.
Un silencio de aliento toledano
lo cubre y lo corteja,
y sólo va un silencio a su persona
y en el silencio sólo hay una abeja.
Sobre su cuerpo el agua se emociona
y bate su cencerro circulante
lleno de hondas gargantas doloridas.
Hay en su sangre fértil y distante
un enjambre de heridas:
diez de soldado y las demás de amante.
Dulce y varón, parece desarmado
un dormido martillo de diamante,
su corazón un pez maravillado
y su cabeza rota
una granada de oro apedreado
con un dulce cerebro en cada gota.
Una efusiva y amorosa cota
de mujeres de vidrio avaricioso,
sobre el alrededor de su cintura
con un cedazo gris de nada pura
garbilla el agua, selecciona y tañe,
para que no se enturbie ni se empañe
tan diáfano reposo
con ninguna porción de especie oscura.
El coro de sus manos merodea
en torno al caballero de hermosura
sin un dolor ni un arma,
y él de sus bocas de humedad rodea
su boca que aún parece que se alarma.
En vano quiere el fuego hacer ceniza
tus descansadamente fríos huesos
que ha vuelto el agua juncos militares.
Se riza ilastimable y se desriza
el corazón aquel donde los besos
tantas lástimas fueron y pesares.
Diáfano y querencioso caballero,
me siento atravesado del cuchillo
de tu dolor, y si lo considero
fue tu dolor tan grande y tan sencillo.
Antes de que la voz se me concluya,
pido a mi lengua el alma de la tuya
para descarriar entre las hojas
este dolor de recomida grama
que llevo, estas congojas
de puñal a mi silla y a mi cama.
Me ofende el tiempo, no me da la vida
al paladar ni un breve refrigerio
de afectuosa miel bien concedida,
y hasta el amor me sabe a cementerio.
Me quiero distraer de tanta herida.
Me da cada mañana
con decisión más firme
la desolada gana
de cantar, de llorar y de morirme.
Me quiero despedir de tanta pena,
cultivar los barbechos del olvido
y si no hacerme polvo, hacerme arena:
de mi cuerpo y su estruendo,
de mis ojos al fin desentendido,
sesteando, olvidando, sonriendo,
lejos del sentimiento y del sentido.
A la orilla leal del leal Tajo
viene la primavera en este día
a cumplir su trabajo
de primavera afable, pero fría.
Abunda en galanía
y en párpados de nata
el madruguero almendro que comprende
tan susceptible flor que un soplo mata
y una mirada ofende.
Nace la lana en paz y con cautela
sobre el paciente cuello del ganado,
hace la rosa su quehacer y vuela
y el lirio nace serio y desganado.
Nada de cuanto miro y considero
mi desaliento anima,
si tú no eres, claro caballero.
Como un loco acendrado te persigo:
me cansa el sol, el viento me lastima
y quiero ahogarme por vivir contigo.
viernes, 8 de enero de 2010
'Diálogos con los hombre más honrados' es un poemario de Rosario Castellanos. Ahí va al completo:
Hombre ingenuo, Porfirio con cara de caballo,
¿no alcanzaste a saber
que la vida no tiene ni aquí ni allá ni antes
ni después ni sonrisa?
_______________
'Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.'
Ay, Neruda, Neruda.
¿Con qué vara mediste lo continuo?
¿Qué espesor de cabello te sirvió de frontera?
Porque un río cambia el nombre
según el territorio que atraviesa
pero es siempre agua
-en la aridez y en el verdor-, impulso
hacia delante, fuga, estruendo, vórtice,
remanso, pero siempre agua, agua
y, por fin, el encuentro con el mar.
______________
Un milagro:'Alcanzar
no lo que habías pedido
sino lo que te dan'.
Porque hay entre el tiempo
de pedir y el de dar
un tiempo verdadero:
el de cambiar.
_____________
'Me quiero despedir de tanta pena'
igual que tú, Miguel, pero soy mexicana
y en mi país tenemos ritos, costumbres, modos.
Si la pena me dice que se va, me desvivo
por ser hospitalaria.
¿Se le ofrece un café?¿Una copita?
Que se quede otro rato.
Aún no es tarde y afuera hace mal tiempo
y no hay tanto de qué hablar todavía. Hablaremos.
Alguna vez se va a poner de pie,
a pesar de mis súplicas,
y llegaremos juntas a la puerta
y la abriremos y, a los cuatro vientos,
como aquí suele hacerse, seguiremos charlando.
Y temo que mi adiós -si es que hay adiós-
se confunda con una bienvenida:
lo que preparo ya para la muerte.
______________
'¿Cómo era Dios mío, cómo era?
¿Cómo era quién, don Juan Ramón? ¿O qué?
______________
'Aré en el mar.'
Simón, ¿hay otra parte
en que es posible o necesario arar?
'Ayer naciste y morirás mañana.'
¡Dios mío! ¿Y mientras tanto?
_______________
'Reconocer que el otro existe, ya es amar.'
Santa y sabia Simona, ¿qué sería
reconocer primero y después aceptar?
__________
El Libro de los Muertos dice del que se salva
que no causó temor nunca y a nadie.
Y el portador del Libro, en su viaje, no encuentra
a ningún dios, a ningún héroe, a un genio
ni a ningún animal, ni siquiera a una planta.
Encuentra sólo soledad y tiembla
de miedo y con su miedo se empavorece el mundo
recuperando así su ingrediente esencial.
__________
"Soy un harén y un hospital
colgados juntos de un ensueño."
Ramón, por tu virtud única de poeta
-que fue la de sentirte desollado-
machihembraste en un verso nuestra raza,
nuestra historia y los días que vivimos:
pródigo de sí el macho y la hembra vergonzante
de su sexo. Meciéndose los dos
como se mece el péndulo
entre el placer culpable y la culpa sin placer,
extremos ambos, polos de un ámbito vacío
al que, cuando soñamos, le decimos amor;
mas si admite su nombre verdadero,
se llama soledad.
__________
"Saluda al sol, araña, no seas rencorosa."
¿Por qué habrías de serlo si tienes un rincón
y una tela que hacer y el instinto seguro
del tejedor que teje sin preguntarse nunca
ni el motivo ni el fin?
__________
"Nadie elige su amor", don Antonio. De acuerdo.
Pero, al menos, habría que aceptar
que cada uno elige su manera
de amar. O de no amar.
__________
"La primera ez
no te conocí.
La segunda, sí."
Lo cual prueba, tan sólo, Federico,
que es el hombre el único animal
que tropieza dos veces contra la misma piedra.
CONSEJO DE CELESTINA
Desconfía del que ama: tiene hambre,
no quiere más que devorar.
Busca la compañía de los hartos.
Ésos son los que dan.
lunes, 4 de enero de 2010
Rosario Casterllanos dialoga con... Pablo Neruda
En el segundo poema de Diálogos con los hombres más honrados, Rosario Castellanos comienza: 'Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.', cita de Pablo Neruda. Ahí va el poema de Pablo al completo.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Escribir, por ejemplo "La noche está estrellada,
Y titilan, azules, los astros, a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
En noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.
Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
Eso no es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
De otro. Será de otro. Cómo antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
Y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
viernes, 1 de enero de 2010
Más poemas de 'Diálogos con los hombres más honrados' (y fin)
¿Por qué habrías de serlo si tienes un rincón
y una tela que hacer y el instinto seguro
del tejedor que teje sin preguntarse nunca
ni el motivo ni el fin?
__________
"Nadie elige su amor", don Antonio. De acuerdo.
Pero, al menos, habría que aceptar
que cada uno elige su manera
de amar. O de no amar.
__________
"La primera ez
no te conocí.
La segunda, sí."
Lo cual prueba, tan sólo, Federico,
que es el hombre el único animal
que tropieza dos veces contra la misma piedra.
CONSEJO DE CELESTINA
Desconfía del que ama: tiene hambre,
no quiere más que devorar.
Busca la compañía de los hartos.
Ésos son los que dan.
lunes, 28 de diciembre de 2009
Rosario Casterllanos dialoga con... Porfirio Barba Jacob
CANCIÓN DE LA VIDA PROFUNDA
Hay días en que somos tan móviles, tan móviles,
como las leves briznas al viento y al azar...
Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonría...
La vida es clara, undívaga y abierta como un mar...
Y hay días en que somos tan fértiles, tan fértiles,
como en Abril el campo, que tiembla de pasión;
bajo el influjo próvido de espirituales lluvias,
el alma está brotando florestas de ilusión.
Y hay días en que somos tan sórdidos, tan sórdidos,
como la entraña obscura de obscuro pedernal;
la noche nos sorprende, con sus profusas lámparas,
en rútilas monedas tasando el bien y el mal.
Y hay días en que somos tan plácidos, tan plácidos...
-¡niñez en el crepúsculo! ¡lagunas de zafir! -
que un verso, un trino, un monte, un pájaro que cruza,
¡y hasta las propias penas! nos hacen sonreír...
Y hay días en que somos tan lúbricos, tan lúbricos,
que nos depara en vano su carne la mujer;
tras de ceñir un talle y acariciar un seno,
la redondez de un fruto nos vuelve a estremecer.
Y hay días en que somos tan lúgubres, tan lúgubres,
como en las noches lúgubres el llanto del pinar:
el alma gime entonces bajo el dolor del mundo,
y acaso ni Dios mismo nos pueda consolar.
Mas hay también ¡oh Tierra! un día... un día... un día...
en que levamos anclas para jamás volver;
un día en que discurren vientos ineluctables...
¡Un día en que ya nadie nos puede retener!
Porfirio Barba-Jacob
viernes, 25 de diciembre de 2009
Continuamos desgranando 'Diálogos con los hombres más honrados' de Rosario Castellanos
que no causó temor nunca y a nadie.
Y el portador del Libro, en su viaje, no encuentra
a ningún dios, a ningún héroe, a un genio
ni a ningún animal, ni siquiera a una planta.
Encuentra sólo soledad y tiembla
de miedo y con su miedo se empavorece el mundo
recuperando así su ingrediente esencial.
__________
"Soy un harén y un hospital
colgados juntos de un ensueño."
Ramón, por tu virtud única de poeta
-que fue la de sentirte desollado-
machihembraste en un verso nuestra raza,
nuestra historia y los días que vivimos:
pródigo de sí el macho y la hembra vergonzante
de su sexo. Meciéndose los dos
como se mece el péndulo
entre el placer culpable y la culpa sin placer,
extremos ambos, polos de un ámbito vacío
al que, cuando soñamos, le decimos amor;
mas si admite su nombre verdadero,
se llama soledad.
viernes, 18 de diciembre de 2009
Poemas de Rosario Castellanos en Diálogos con los hombres más honrados
¿Cómo era quién. don Juan Ramón? ¿O qué?
______________
'Aré en el mar.'
Simón, ¿hay otra parte
en que es posible o necesario arar?
'Ayer naciste y morirás mañana.'
¡Dios mío! ¿Y mientras tanto?
_______________
'Reconocer que el otro existe, ya es amar.'
Santa y sabia Simona, ¿qué sería
reconocer primero y después aceptar?
viernes, 11 de diciembre de 2009
Poemas de Rosario Castellanos en Diálogos con los hombres más honrados
no lo que habías pedido
sino lo que te dan'.
Porque hay entre el tiempo
de pedir y el de dar
un tiempo verdadero:
el de cambiar.
_____
'Me quiero despedir de tanta pena'
igual que tú, Miguel, pero soy mexicana
y en mi país tenemos ritos, costumbres, modos.
Si la pena me dice que se va, me desvivo
por ser hospitalaria.
¿Se le ofrece un café?¿Una copita?
Que se quede otro rato.
Aún no es tarde y afuera hace mal tiempo
y no hay tanto de qué hablar todavía. Hablaremos.
Alguna vez se va a poner de pie,
a pesar de mis súplicas,
y llegaremos juntas a la puerta
y la abriremos y, a los cuatro vientos,
como aquí suele hacerse, seguiremos charlando.
Y temo que mi adiós -si es que hay adiós-
se confunda con una bienvenida:
lo que preparo ya para la muerte.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Poemas de Rosario Castellanos en Diálogos con los hombres más honrados
Hombre ingenuo, Porfirio con cara de caballo,
¿no alcanzaste a saber
que la vida no tiene ni aquí ni allá ni antes
ni después ni sonrisa?
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'Es tan corto el amor y es tan largo el olvido.'
Ay, Neruda, Neruda.
¿Con qué vara mediste lo continuo?
¿Qué espesor de cabello te sirvió de frontera?
Porque un río cambia el nombre
según el territorio que atraviesa
pero es siempre agua
-en la aridez y en el verdor-, impulso
hacia delante, fuga, estruendo, vórtice,
remanso, pero siempre agua, agua
y, por fin, el encuentro con el mar.