El egoísmo es la fuerza de la vida. Sin egoísmo no se podría vivir. Lo que se llama egoísmo es un sentimiento de todo ser vivo y de todo ser humano. Considerarlo como algo especial de unos pocos es una candidez. El egoísmo es un común denominador de la Humanidad o, más exactamente, de todo lo vivo. Casi se puede asegurar que entre el que pasa por egoísta y el que pasa por no serlo no hay más que cuestión de estilo.
El hombre es un animal egoísta y rapaz como todos. No puede ser de otra manera, vida y egoísmo son paralelos. El hombre vela su egoísmo. Es natural.
La cortesía es la hoja de la parra del egoísmo, sin la presión del Estado y de la justicia, más de un individuo sería capaz de matar a su semejante y sacarle después la grasa y utilizarla para impermeabilizar sus botas.
Se ha filosofeado mucho sobre el egoísmo, pero todos los alegatos contra él no valen nada. El hombre es egoísta porque la preocupación por sí mismo es el principio de la vida. Si el hombre y el animal no fueran egoístas, desaparecerían del planeta. Si no tuviera el hombre inconscientemente, como tiene, una super-estimación de sí mismo, ya no quedaría rastro de él. ¿Quién se haría un retrato? Nadie. Uno de los orgullos del hombre es suponer que al lado de unas letras que forman su nombre y su apellido, que son tan suyos como de cualquiera, hay una cabeza pintada por un artista más o menos experto y que en el porvenir una masa de gente que no sabe quién era aquel hombre representado en el lienzo, ni qué hizo en la vida, ni quién lo representó en el cuadro, va a pasar por delante de él y a hacer un comentario más o menos serio o más o menos irónico.
¡Qué pobre ilusión!
Egoísmo es no aceptar el bien que nos ofrecen, acaso porque no estamos seguros de poder corresponder con nuestra gratitud.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
sábado, 30 de mayo de 2009
viernes, 29 de mayo de 2009
'Viaje redondo', un poemario de Rosario Castellanos
PASAPORTE
¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una.
Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas).
¿Mujer de acción? Tampoco.
Basta mirar la talla de mis pies y mis manos.
Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no.
Pero sí de palabras,
muchas, contradictorias, ay, insignificantes,
sonido puro, vacuo cernido de arabescos,
jugo de salón, chisme, espuma, olvido.
Pero si es necesaria una definición
para el papel de identidad, apunte
que soy mujer de buenas intenciones
y que he pavimentado
un camino directo y fácil al infierno.
MIRANDO A LA GIOCONDA
(En el museo del Louvre, naturalmente)
¿Te ríes de mí? Haces bien.
Si yo fuera sor Juana
o la Malinche o, para no salirse del folclor,
alguna encarnación de la Güera Rodríguez
(como ves, los extremos, igual que a Gide, me tocan)
me verías, quizá, como se ve
al espécimen representativo
de algún sector social de un país del tercer mundo.
Pero soy solamente una imbécil turista de a cuartilla,
de las que acuden a la agencia de viajes para que
les inventen un tour. Y monolingüe
¡para colmo! que viene a contemplarte.
Y tú sonríes, misteriosamente
como es tu obligación. Pero yo te interpreto.
Esa sonrisa es burla. Burla de mí y de todos
los que creemos que creemos que
la cultura e sun líquido que se bebe en su fuente,
un síntoma especial que se contrae
en ciertos sitios contagiosos, algo
que se adquiere por ósmosis.
LA VICTORIA DE SAMOTRACIA
Avanza como avanzan los felices:
ingrávida, ligera, no tanto por las alas
cuanto porque es acéfala.
Una cabeza es siempre algo que tiene un peso:
la estructura del cráneo que es ósea y el propósito
siempre de mantenerla erguida, alerta.
Y lo que adentro guarda.
COMENTARIO AL ESCULTOR
El que se lamentaba
de hacer su propia estatua con arcilla,
que pruebe las materias que nosotros usamos.
Nosotros, es decir, los marginales:
memoria, ensueños, humo, sueño, esperanza. Nada.
CONVERSACIÓN ENTRE VIAJEROS
A una mujer, ya vieja, que entreduerme
mientras el tren avanza
pero que corre a la excursión con una
avidez que le quita la nobleza a sus años
(como si todavía creyera o si esperara)
le pregunto: Su historia ¿tiene alguna coherencia?
¿El mosaico de días y de acciones
formó algun afigura que pueda contemplarse?
¿Se escribirá un libro co su vida?
¿Se pintará un cuadro con su cara?
Me ve con reprensión, como a una impertinente
que no alcanza a turbarla auqnue esté adjudicándole
un pasado que niega, una memoria
que renunció a tener, y me responde
que posee un a cuenta bancaria como para
comprarse galerías, bibliotecas,
todo lo que los otros han ordenado y hecho.
Y que no necesita de ninguna otra cosa.
PROPOSICIÓN DE LA BOA
(A las puertas de la tour d´Argent)
No comas nunca nada
que no seas capaz de digerir,
que no seas capaz de vomitar.
NINGUNEO
En la tierra de Descartes, junto a la estufa
-ya que nieva y tirito-,
no pienso, pues pensar no es mi fuerte; ni siento,
pues mi especialidad no es sentir sino sólo
mirar, así que digo
(pues la palabra es la mirada fija):
¿Qué diablos hago aquí en la Ciudad Lux,
presumiendo de culta y de viajada
sino aplazar la ejecución de una
sentencia que ha caído sobre mí?
La sentencia que dicta: 'No existes'. Y la firman
los que para firmar usan el Nos
mayestático: el Único que es Todos;
los magistrados, las cancillerías,
las altas partes contratantes, los
trece emperadores aztecas, los poderes
legislativo y judicial, la lista
de virreyes, la Comisión de Box,
los institutos descentralizados,
el Sindicato Único de Voceadores y...
...y, solidariamente, mis demás compatriotas.
NAZARETH
Descendiendo a la cueva en que el Arcángel
hizo su anuncio, pienso
en María, ese vaso de elección.
Como todos los vasos, quebradizo.
Como todos los vasos, demasiado pequeño
para el destino que se vierte en él.
EL RETORNO
Piso la tierra del Anáhuac, que es
la tierra de mis muertos.
Pues bien: como su nombre lo indica-y otros signos-,
están muertos. No hablan.
Algunos, los recientes, con el mentón atado
todavía al último pañuelo.
Otros con la mandíbula intacta, calcio vuelto
a su existencia mineral, que es muda.
Así, pues, no me piden
que yo viva por ellos,
que mire el mundo que no ven, que lleve
adelante un destino que no alcanzó a cumplirse.
Si necesito justificaciones
para estar, para hacer
y, sobre todo, para no borrarme
(que sería lo lógico suguiendo las premisas)
habrá que conseguirlas de otro modo.
¿Con los vivientes, que me dan la espalda,
que no me ven pero que si me vieran
sería con el rechazo del que sabe
que, por ley natural, a menos cuerpos
mayor espacio y aire y esperanza?
¿Con los que llegan ya con la granada lista
para hacerla explotar entre sus manos?
¿Con los que ven en mí el estrobo, la ruina,
el esperpento
que hay que destruir para construir de nuevo?
No. La respuesta no han
de darla únicamente los humanos.
Quizá hacer una obra...
¿Obra?¿Cambiar la faz de la naturaleza?
¿Añadir algún libro a las listas bibliográficas?
¿Hacer variar el rumbo de la historia?
Pero si éste es asunto- otra vez- de hombres
y del tiempo medido al modo de los hombres
y según los criterios
con los que ellos aceptan o rechazan.
¿Entonces, qué?¿Dios?¿Su mandato?
Es demasiado tarde para inventar ahora
o para regresar a la infancia dorada.
Acepta nada más los hechos: has venido
y es igual que te hubieras quedado o que si nunca
te hubieras ido. Igual. Para ti. Para todos.
Superflua aquí. Superflua allá. Superflua
exactamente igual a cada uno
de los que ves y de los que no ves.
Ninguno es necesario
ni aun para ti que, por definición,
eres menesterosa.
Lo he extraído de 'Poesía no eres tú', en el Fondo de Cultura Económica. Tienen librería ne Madrid en la zona de Moncloa: librería Juan Rulfo.
¿Mujer de ideas? No, nunca he tenido una.
Jamás repetí otras (por pudor o por fallas nemotécnicas).
¿Mujer de acción? Tampoco.
Basta mirar la talla de mis pies y mis manos.
Mujer, pues, de palabra. No, de palabra no.
Pero sí de palabras,
muchas, contradictorias, ay, insignificantes,
sonido puro, vacuo cernido de arabescos,
jugo de salón, chisme, espuma, olvido.
Pero si es necesaria una definición
para el papel de identidad, apunte
que soy mujer de buenas intenciones
y que he pavimentado
un camino directo y fácil al infierno.
MIRANDO A LA GIOCONDA
(En el museo del Louvre, naturalmente)
¿Te ríes de mí? Haces bien.
Si yo fuera sor Juana
o la Malinche o, para no salirse del folclor,
alguna encarnación de la Güera Rodríguez
(como ves, los extremos, igual que a Gide, me tocan)
me verías, quizá, como se ve
al espécimen representativo
de algún sector social de un país del tercer mundo.
Pero soy solamente una imbécil turista de a cuartilla,
de las que acuden a la agencia de viajes para que
les inventen un tour. Y monolingüe
¡para colmo! que viene a contemplarte.
Y tú sonríes, misteriosamente
como es tu obligación. Pero yo te interpreto.
Esa sonrisa es burla. Burla de mí y de todos
los que creemos que creemos que
la cultura e sun líquido que se bebe en su fuente,
un síntoma especial que se contrae
en ciertos sitios contagiosos, algo
que se adquiere por ósmosis.
LA VICTORIA DE SAMOTRACIA
Avanza como avanzan los felices:
ingrávida, ligera, no tanto por las alas
cuanto porque es acéfala.
Una cabeza es siempre algo que tiene un peso:
la estructura del cráneo que es ósea y el propósito
siempre de mantenerla erguida, alerta.
Y lo que adentro guarda.
COMENTARIO AL ESCULTOR
El que se lamentaba
de hacer su propia estatua con arcilla,
que pruebe las materias que nosotros usamos.
Nosotros, es decir, los marginales:
memoria, ensueños, humo, sueño, esperanza. Nada.
CONVERSACIÓN ENTRE VIAJEROS
A una mujer, ya vieja, que entreduerme
mientras el tren avanza
pero que corre a la excursión con una
avidez que le quita la nobleza a sus años
(como si todavía creyera o si esperara)
le pregunto: Su historia ¿tiene alguna coherencia?
¿El mosaico de días y de acciones
formó algun afigura que pueda contemplarse?
¿Se escribirá un libro co su vida?
¿Se pintará un cuadro con su cara?
Me ve con reprensión, como a una impertinente
que no alcanza a turbarla auqnue esté adjudicándole
un pasado que niega, una memoria
que renunció a tener, y me responde
que posee un a cuenta bancaria como para
comprarse galerías, bibliotecas,
todo lo que los otros han ordenado y hecho.
Y que no necesita de ninguna otra cosa.
PROPOSICIÓN DE LA BOA
(A las puertas de la tour d´Argent)
No comas nunca nada
que no seas capaz de digerir,
que no seas capaz de vomitar.
NINGUNEO
En la tierra de Descartes, junto a la estufa
-ya que nieva y tirito-,
no pienso, pues pensar no es mi fuerte; ni siento,
pues mi especialidad no es sentir sino sólo
mirar, así que digo
(pues la palabra es la mirada fija):
¿Qué diablos hago aquí en la Ciudad Lux,
presumiendo de culta y de viajada
sino aplazar la ejecución de una
sentencia que ha caído sobre mí?
La sentencia que dicta: 'No existes'. Y la firman
los que para firmar usan el Nos
mayestático: el Único que es Todos;
los magistrados, las cancillerías,
las altas partes contratantes, los
trece emperadores aztecas, los poderes
legislativo y judicial, la lista
de virreyes, la Comisión de Box,
los institutos descentralizados,
el Sindicato Único de Voceadores y...
...y, solidariamente, mis demás compatriotas.
NAZARETH
Descendiendo a la cueva en que el Arcángel
hizo su anuncio, pienso
en María, ese vaso de elección.
Como todos los vasos, quebradizo.
Como todos los vasos, demasiado pequeño
para el destino que se vierte en él.
EL RETORNO
Piso la tierra del Anáhuac, que es
la tierra de mis muertos.
Pues bien: como su nombre lo indica-y otros signos-,
están muertos. No hablan.
Algunos, los recientes, con el mentón atado
todavía al último pañuelo.
Otros con la mandíbula intacta, calcio vuelto
a su existencia mineral, que es muda.
Así, pues, no me piden
que yo viva por ellos,
que mire el mundo que no ven, que lleve
adelante un destino que no alcanzó a cumplirse.
Si necesito justificaciones
para estar, para hacer
y, sobre todo, para no borrarme
(que sería lo lógico suguiendo las premisas)
habrá que conseguirlas de otro modo.
¿Con los vivientes, que me dan la espalda,
que no me ven pero que si me vieran
sería con el rechazo del que sabe
que, por ley natural, a menos cuerpos
mayor espacio y aire y esperanza?
¿Con los que llegan ya con la granada lista
para hacerla explotar entre sus manos?
¿Con los que ven en mí el estrobo, la ruina,
el esperpento
que hay que destruir para construir de nuevo?
No. La respuesta no han
de darla únicamente los humanos.
Quizá hacer una obra...
¿Obra?¿Cambiar la faz de la naturaleza?
¿Añadir algún libro a las listas bibliográficas?
¿Hacer variar el rumbo de la historia?
Pero si éste es asunto- otra vez- de hombres
y del tiempo medido al modo de los hombres
y según los criterios
con los que ellos aceptan o rechazan.
¿Entonces, qué?¿Dios?¿Su mandato?
Es demasiado tarde para inventar ahora
o para regresar a la infancia dorada.
Acepta nada más los hechos: has venido
y es igual que te hubieras quedado o que si nunca
te hubieras ido. Igual. Para ti. Para todos.
Superflua aquí. Superflua allá. Superflua
exactamente igual a cada uno
de los que ves y de los que no ves.
Ninguno es necesario
ni aun para ti que, por definición,
eres menesterosa.
Lo he extraído de 'Poesía no eres tú', en el Fondo de Cultura Económica. Tienen librería ne Madrid en la zona de Moncloa: librería Juan Rulfo.
jueves, 28 de mayo de 2009
Nicolás Valencia Redondo, póstumo 'Sala para fumadores'

Un libro se anuncia:
SALA PARA FUMADORES
Cuando muere alguien como Nicolás Valencia, a los amigos se nos vacían un poco las calles del pueblo. En la Fuentehonda sopla un viento helado que anhela su presencia y por la calle Madrid ya no se va a ninguna parte. Y su madre enfila el camino del cementerio, pero allí tampoco está. Si acaso, nos sorprende algunas veces su aliento caliente en la nuca al doblar una esquina o su abrazo tan deseado bajo la marquesina del bus. Por ahí sigue Nicolás, entre nuestros recuerdos y sus palabras, y no queremos que se nos vaya. Por eso que los amigos vamos a editar, con la ayuda y el permiso de su familia, lo que de su poesía hemos conseguido salvar a pesar suyo. Con sus versos aprendíamos a vivir, pues Nicolás dibujaba la vida con la misma energía que lo consumió, tan joven.
Los de Patrañas os esperamos en lo de Mario el día 29 de Mayo, viernes, a las 22 h.
Andrés Mencía
'Derecho de pasión', Gloria Fuertes
Al pan, pan.
Y al queso...
¡tetilla!
_______________
Los ángeles se ríen
por la gracia de Dios.
Yo me río porque me haces gracia.
Los eruditos académicos
se ríen sin gracia.
¡Vaya desgracia!
_______________
Soy feliz con lo que soy,
no necesito tener nada.
_______________
Amo a las personas que me gustan.
Mis amantes no tienen sexo.
Amar por sexo y no por amor
es un atraso y un exceso.
_______________
Sea cóncavo,
llano o convexo,
un beso de amor
es un beso.
'Derecho de pasión' recoge textos inéditos de Gloria Fuertes en edición de Julio Santiago (Cuadernos del laberinto, nº 4).
Y al queso...
¡tetilla!
_______________
Los ángeles se ríen
por la gracia de Dios.
Yo me río porque me haces gracia.
Los eruditos académicos
se ríen sin gracia.
¡Vaya desgracia!
_______________
Soy feliz con lo que soy,
no necesito tener nada.
_______________
Amo a las personas que me gustan.
Mis amantes no tienen sexo.
Amar por sexo y no por amor
es un atraso y un exceso.
_______________
Sea cóncavo,
llano o convexo,
un beso de amor
es un beso.
'Derecho de pasión' recoge textos inéditos de Gloria Fuertes en edición de Julio Santiago (Cuadernos del laberinto, nº 4).
miércoles, 27 de mayo de 2009
'Querida Quiela'
13
“Como fruto maduro y acabado,
yermo y suspendido de la rama,
ave, yo, soy Eva,
la que vuela buscando germinar
en la entraña perpetua de la vida.
Qué importa el ser frutal en este cuerpo
saciado de sí mismo sólamente.
Y vuela Eva.”
“Como fruto maduro y acabado,
yermo y suspendido de la rama,
ave, yo, soy Eva,
la que vuela buscando germinar
en la entraña perpetua de la vida.
Qué importa el ser frutal en este cuerpo
saciado de sí mismo sólamente.
Y vuela Eva.”
martes, 26 de mayo de 2009
Javier Vázquez Losada en 'Casi sin querer'
No es más
La hormiga se pasea confiada
por el balcón de la estación
hasta que la embisten,
le da tiempo a recordar
toda su vida
que no es más que un paseo
por algún balcón florido o no
de alguna estación.
Un poema de Javier Vázquez Losada en 'Casi sin querer', editado por Baile de Sol.
La hormiga se pasea confiada
por el balcón de la estación
hasta que la embisten,
le da tiempo a recordar
toda su vida
que no es más que un paseo
por algún balcón florido o no
de alguna estación.
Un poema de Javier Vázquez Losada en 'Casi sin querer', editado por Baile de Sol.
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