Poemas de Marcos Ana en “Poemas de la prisión y la vida”, Tabla Rasa, 2011 (6)
Ya tengo quieta la sangre , mis ojos tibios y en calma, sentado y solo en la tarde sin nadie cerca del alma. ¡Qué triste es ver los caminos sin una huella dejada! Ni nombre en árbol escrito, ni un amor. No dejo nada. La vejez más miserable de un corazón arrugado. Una almendra vana y grande bajo la piel de un penado. Ya tengo quieta mi sangre, los ojos tibios, en calma, llorando y sólo. Sin nadie sentado cerca del alma. Valientes Valientes... ¡hala! El árbol ha caído. Arrancad vuestra rama. Hacedlo astillas. No cese el hacha aguda de rencillas. Ni el cuervo de graznar. Ya está abatido. ¡Oh árbol generoso! ¡Si aún tendido, tu costado es más alto que otras copas, si más sombra y cobijo dan tus hojas, tus ramas más consuelo dan al nido!... No hubo viento capaz de desasirte, ni rayo que rasgase tu firmeza, ni otoño que lograra desflorarte. Sólo tu corazón pudo abatirte. Tu corazón desnudo de corteza. ¡Apriéta...