incineración
luz
lo que se dice luz
hace rato
que abandonó el escenario
date cuenta
de que cabalgamos
por Diciembre
y en esta época
al sol
le importa un pijo salir
y calentar los cuerpos
helados
que el horno incinerador
es incapaz de entonar
en los minutos
que la vida
te otorga
como descuento
alone with the rain
llovía
afuera
muy fuerte
la puerta del bar
no encajaba
a la perfección
en su sitio
dando paso
a bocanadas
de frío
que en mi posición
me helaban las costillas
poca gente
muy poca
si acaso la camarera
un tipo solitario al fondo
enfrascado
en la lectura
de un periódico
y alguien
que a mis espaldas
abandonaba el lugar
jugándosela en la calle
con el frío
y el torrente de agua
queriendo parecer interesante
pedí un martini
rojo
he de reconocer
que también lo hice
porque la botella
pillaba
en la otra punta de la barra
y así
al girarse
podría verle el culo
a la camarera
el cual
ofrecía mejor cara
que su pronunciada nariz
el lector
realizó
la misma operación
que su antecesor
abrir bien la puerta
dejar que un ejército
de gotas de agua
atacasen el local
y permitir
que el frío
las escoltase
decidí seguir
contemplando el trasero
hasta que girándose
me espetó
si podía cerrar la puerta
creo que me pilló
pero no debió molestarle
es más
sonrió
ante la posibilidad
de que alguien se fijase
en ella
esa noche
y si te soy honesto
capté aquello y mucho más
porqué
no me interrogué
cerrar una puerta
que anda medio podrida
para abrir otra
dándome una tregua
pequeña
en la que no tenga
que empaparme
como últimamente
más por fuera
que por dentro
con razón
de tan pequeño
y frágil
la ternura
no tuvo otro remedio
que apoderarse de mí
y sí
lo reconozco
quise hacerlo mío
cuidarlo
protegerlo
limpiarle los mocos
ser
si no su padre
al menos
un referente
al que agarrarse
pero con seis años
y tanta crudeza
barnizando su piel
sabía
de sobra
lo que tenía
que decirme
ante el cuerpo
del que había sido
hasta hace dos horas
su taita
mi papá se pinchaba
pero era mi papá
y la verdad
es que el viento
en las mugrientas persianas
azotaba
atendiendo
sin excusas
a esas razones
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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lunes, 25 de octubre de 2010
lunes, 18 de octubre de 2010
Poemas de Ángel Muñoz en 'Como Ulises en una cacharrería'
diferencias
tenía dos abuelos
como pocos
uno
luchó en el bando nacional
sin serlo
le tocó
como te puede tocar
la lotería
y eso que intentó
un par de veces
huir
para cambiarse de frente
jugándose el tipo
y sobreviviendo
a dos fusilamientos torpes
en las tapias
del cementerio
en Puertollano
el otro
con apenas dieciocho años
estuvo del lado republicano
sin serlo
tampoco era nacionalista
era minero
a esa edad
importa más
el hambre de tu casa
que empuñar un fusil
pero no intentó huir
la herencia de ambos
un millar de muertos
en los ojos
centenares de tiros pegados
y heridas de metralla
en la espalda
o una pierna
volviendo a casa
con las manos vacías
mientras otros
no podían cerrarlas
por tanto botín atrapado
pañuelo
tenía la cara
llena de tiznajos
su madre
quiso frotársela
con el agua de la fuente
mientras yo
me impacientaba
por la sed
sudando
tras hacer deporte
la criaturita
con seis años
le dijo a su vieja
que él era mayorcito
y que le daba asco
que las manos de ella
le enjuagasen la cara
no te digo nada
si a este piltrafilla
le hubiesen limpiado
la mierda del rostro
con un pañuelo
empapado en saliva materna
acompañado
de un fuerte frote
como nos hacían antes
igual que las perras
lamen a sus cachorros
pero ya te digo
que eso era antes
cuando los pañuelos
eran de tela
y no de papel
tenía dos abuelos
como pocos
uno
luchó en el bando nacional
sin serlo
le tocó
como te puede tocar
la lotería
y eso que intentó
un par de veces
huir
para cambiarse de frente
jugándose el tipo
y sobreviviendo
a dos fusilamientos torpes
en las tapias
del cementerio
en Puertollano
el otro
con apenas dieciocho años
estuvo del lado republicano
sin serlo
tampoco era nacionalista
era minero
a esa edad
importa más
el hambre de tu casa
que empuñar un fusil
pero no intentó huir
la herencia de ambos
un millar de muertos
en los ojos
centenares de tiros pegados
y heridas de metralla
en la espalda
o una pierna
volviendo a casa
con las manos vacías
mientras otros
no podían cerrarlas
por tanto botín atrapado
pañuelo
tenía la cara
llena de tiznajos
su madre
quiso frotársela
con el agua de la fuente
mientras yo
me impacientaba
por la sed
sudando
tras hacer deporte
la criaturita
con seis años
le dijo a su vieja
que él era mayorcito
y que le daba asco
que las manos de ella
le enjuagasen la cara
no te digo nada
si a este piltrafilla
le hubiesen limpiado
la mierda del rostro
con un pañuelo
empapado en saliva materna
acompañado
de un fuerte frote
como nos hacían antes
igual que las perras
lamen a sus cachorros
pero ya te digo
que eso era antes
cuando los pañuelos
eran de tela
y no de papel
lunes, 11 de octubre de 2010
Poemas de Ángel Muñoz en 'Como Ulises en una cacharrería'
pelotas
de canijo
jugaba al frontenis
con otros chavales
machacando la tapia
de un almacén de fruta
contiguo
a mi viejo cole
raro era el día
que no una
ni dos
ni tres
hasta cinco o seis pelotas
de tenis
perdíamos en el tejado
entonces
jorge y yo
los dos voluntarios
obligados
por los más mayores
éramos elegidos
para saltar la verja del cole
y subir al tejado
de chapa
del almacén
a unos doce metros de altura
a recuperar pelotas
cuando bajábamos
entre los vítores
de los mayores
los aplausos
y algún que otro chicle
de regalo
nos sentíamos grandes
por nuestra hazaña
hazañas que fueron
locuras
para enanos
de nueve años
cagados
y de eso
precisamente
se aprovechaban los mayores
de nuestra inocencia
para ir a recoger
lo que ellos
eran incapaces de hacer
pelotas
promesa
ahora
que voy camino
de la cuarentena
y he dejado atrás
baches llenos
de colillas sin extinguir
trato de recordar
al Chichas
a Binchu
el Barbas
al Rocha
Manzas
o Fer
cuyos rostros
después de tantas perrerías
se han ido desdibujando
como la cicatriz
que aún cruza
mi dedo corazón
provocada
el día que todos
trepamos a la tapia
coronada de cristales
para acordarnos de nosotros
cuando llegásemos a esta edad
en la que la niebla
me hace vacilar
si fue manzas
o yo
quién recibió
más hostias
por su madre
en la sala de urgencias
de canijo
jugaba al frontenis
con otros chavales
machacando la tapia
de un almacén de fruta
contiguo
a mi viejo cole
raro era el día
que no una
ni dos
ni tres
hasta cinco o seis pelotas
de tenis
perdíamos en el tejado
entonces
jorge y yo
los dos voluntarios
obligados
por los más mayores
éramos elegidos
para saltar la verja del cole
y subir al tejado
de chapa
del almacén
a unos doce metros de altura
a recuperar pelotas
cuando bajábamos
entre los vítores
de los mayores
los aplausos
y algún que otro chicle
de regalo
nos sentíamos grandes
por nuestra hazaña
hazañas que fueron
locuras
para enanos
de nueve años
cagados
y de eso
precisamente
se aprovechaban los mayores
de nuestra inocencia
para ir a recoger
lo que ellos
eran incapaces de hacer
pelotas
promesa
ahora
que voy camino
de la cuarentena
y he dejado atrás
baches llenos
de colillas sin extinguir
trato de recordar
al Chichas
a Binchu
el Barbas
al Rocha
Manzas
o Fer
cuyos rostros
después de tantas perrerías
se han ido desdibujando
como la cicatriz
que aún cruza
mi dedo corazón
provocada
el día que todos
trepamos a la tapia
coronada de cristales
para acordarnos de nosotros
cuando llegásemos a esta edad
en la que la niebla
me hace vacilar
si fue manzas
o yo
quién recibió
más hostias
por su madre
en la sala de urgencias
lunes, 4 de octubre de 2010
Ángel Muñoz acaba de publicar 'Como Ulises en una cacharrería'. Poemas del libro

ocupar tu lugar
partidos callejeros
era el modo
para demostrar
a los demás chavales
tu valía
apoyados en la pared
dándoles la espalda
esperábamos
a que los dos mejores futbolistas
hiciesen su equipo
echándolo
a pares y nones
yo
siempre era elegido
en último lugar
me hacían jugar
de delantero
donde menos molestaba
eso sí
cuando el portero contrario
en una salida kamikaze
me partió una muela
y me hizo sangrar la nariz
seguí jugando
todos los minutos
para demostrar mi valía
y no ser elegido
la próxima vez
en último lugar
chapas
jugaba a las chapas
igual que el resto de críos
carreras ciclistas de chapas
partidos de fútbol de chapas
mendigaba
con dos amigos
por los bares
chapas
mientras suplicábamos
los camareros
agobiados por la clientela
nos despachaban
haciendo que las buscásemos
entre cabezas de gamba
huesos de aceituna
o palillos mondadientes
y entonces
encontrar una
que no tuviésemos repe
era nuestro mayor tesoro
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