Desde siempre, mis relaciones con mi país han sido puramente negativas, es decir, que lo considero responsable de todas mis debilidades y todos mis fracasos. Me ha ayudado a no realizarme, ha favorecido mis defectos, es la causa de mi hundimiento. Seguramente soy injusto al pensar así, pero esa forma de pensar también se la debo a mi país...
El mayor placer que puedo experimentar es el de renunciar, el de negarme a asociarme con quien sea. Podría dar mi vida por una causa, a condición de no tener que defenderla. En cuanto alguien me pide que me adhiera y que suscriba una empresa que lleva a cabo, filosófica o de otra índole, prefiero romper mis relaciones con él antes que satisfacerlo. Que me exija cualquier cosa, salvo esa capitulación espiritual que consiste en entrar en un grupo y caminar con él, prietas las filas. Ya solo tengo en común con los hombres el hecho de ser hombre...
Al contrario de lo que se cree, las conversaciones interesantes, en las que se abordan los grandes problemas, no son fecundas, porque en ellas decimos todo y después ya no deseamos volver a abordar con tranquilidad los mismos temas y dilucidarlos. Un gran diálogo nos vacía para mucho tiempo, porque nos impide explotar por escrito.
Alguien a quien estimamos en particular nos resulta más próximo cuando comete algún acto indigno de él. Con ello nos dispensa del calvario de la veneración. Y a partir de ese momento experimentamos auténtico afecto por él.
Lo peor que hay en el mundo es el adulador. Podemos estar seguros de que, a la primera oportunidad, nos asestará un golpe, se vengará de haberse rebajado ante nosotros. Y como se rebaja ante todo el mundo...
Los aduladores son traidores, sin excepción. Siempre los he despreciado, pero no he desconfiado lo suficiente de ellos.
Para desgracia nuestra, soportamos mejor a un cumplimentero que a alguien que nos dice cosas verdaderas y, por tanto, desagradables sobre nosotros. Así, somos nosotros mismos los que favorecemos, los que alentamos, a nuestros peores enemigos.
El hombre al que podríamos matar sin pena: un "amigo" que nos haya adulado siempre y nos haya dejado sin que sepamos por qué.
Sin la idea de un universo fracasado, el espectáculo de la injusticia bajo todos los regímenes conduciría a la camisa de fuerza incluso a un indiferente.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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martes, 18 de febrero de 2014
martes, 11 de febrero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (6)
Anoche, velada con los Beckett. Sam estaba en forma, locuaz incluso. Me contó que había pasado al teatro por azar, porque necesitaba un solaz, después de haber escrito novelas. No pensaba que lo que era una simple distracción o un ensayo fuese a cobrar semejante importancia. Ahora bien, añadió que escribir una obra dramática representa muchas dificultades, porque hay que limitarse y eso le intrigaba y le tentaba, después de la gran libertad, la arbitarriedad y la auténtica falta de límites de la novela. En una palabra, el teatro entraña convenciones: la novela ya no supone casi ninguna.
Repartimos nuestros libros entre nuestros amigos, ponemos dedicatorias afectuosas en ellos, creemos que van a leernos, que se apiadarán de nosotros o nos admirarán. Son errores. Lo único que habremos hecho es excitar su mal humor. En una palabra, ejemplares sacrificados.
... No obstante, en alguna parte un desconocido nos leerá religiosamente y esperará años antes de dirigirse a nosotros.
Si tuviera que elegir entre la ascesis y el desnfreno, me inclinaría por este último.
Por lo demás, también el desenfreno es una lucha contra la "carne"; abusa de ella, la extenúa y la empobrece. Además, llega a los mismos resultados que la ascesis por métodos diametralmente opuestos.
El dios cristiano no cesa de defraudarnos: promete lo que no puede cumplir, mientras que Zeus y sus comparsas, al no prometer nada, no podían defraudar. Eran a la vez protectores y enemigos, que tan solo toleraban en el hombre una forma de desmesura: en la desdicha. En todo lo demás, eran envidiosos, y una felicidad insolente de sus esclavos suscitaba inmediatamente su envidia salvaje. Todo esto resulta verosímil, concide con lo "real"... mientras que en el cristianismo estamos en la mentira, sublime seguramente, pero mentira igual.
Un texto cargado de citas, ¿qué prueba? ¿Modestia? ¿CObardía? ¿O competencia? Más que todo eso, un deseo de indicar que el tema no te concierne directamente.
Solo deberíamos salir de una lengua en raras ocasiones. Siempre que leo en francés o en alemán, siento que mi francés se tambalea. Hay que atenerse a un solo idioma y ahondar en su conocimiento de la mañana a la noche. Para un escritor francés, una conversación en su lengua con una portera es más provechosa que una plática con un gran sabio en una lengua extranjera.
Repartimos nuestros libros entre nuestros amigos, ponemos dedicatorias afectuosas en ellos, creemos que van a leernos, que se apiadarán de nosotros o nos admirarán. Son errores. Lo único que habremos hecho es excitar su mal humor. En una palabra, ejemplares sacrificados.
... No obstante, en alguna parte un desconocido nos leerá religiosamente y esperará años antes de dirigirse a nosotros.
Si tuviera que elegir entre la ascesis y el desnfreno, me inclinaría por este último.
Por lo demás, también el desenfreno es una lucha contra la "carne"; abusa de ella, la extenúa y la empobrece. Además, llega a los mismos resultados que la ascesis por métodos diametralmente opuestos.
El dios cristiano no cesa de defraudarnos: promete lo que no puede cumplir, mientras que Zeus y sus comparsas, al no prometer nada, no podían defraudar. Eran a la vez protectores y enemigos, que tan solo toleraban en el hombre una forma de desmesura: en la desdicha. En todo lo demás, eran envidiosos, y una felicidad insolente de sus esclavos suscitaba inmediatamente su envidia salvaje. Todo esto resulta verosímil, concide con lo "real"... mientras que en el cristianismo estamos en la mentira, sublime seguramente, pero mentira igual.
Un texto cargado de citas, ¿qué prueba? ¿Modestia? ¿CObardía? ¿O competencia? Más que todo eso, un deseo de indicar que el tema no te concierne directamente.
Solo deberíamos salir de una lengua en raras ocasiones. Siempre que leo en francés o en alemán, siento que mi francés se tambalea. Hay que atenerse a un solo idioma y ahondar en su conocimiento de la mañana a la noche. Para un escritor francés, una conversación en su lengua con una portera es más provechosa que una plática con un gran sabio en una lengua extranjera.
martes, 4 de febrero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (5)
Los momentos superficiales en mi vida, los momentos histéricos, fueron aquellos en que la Historia contó más que nada... fue la época de mis extravíos.
Solo hay un problema: el de la muerte. Debatir sobre otra cosa es perder el tiempo, es dar muestras de una futilidad increíble.
... Eso es lo que las religiones han comprendido perfectamente. A eso se debe su superioridad sobre la filosofía.
Lo que no funciona en la Historia es que está escrito por profesores, personas pacíficas que describen vidas tumultuosas. Por un aparte, cuando personas de mentalidad activa, militante, se transforman en historiadores, son incapaces de respetar la verdad o simplemente de encaminarse hacia ella.
La sociedad es un sistema, un cuerpo de envidias.
No es fácil saber quién nos envidia. En principio, somos envidiados siempre que hacemos algo que a otro, conocido o amigo, le habría gustado realizar. Un desconocido no nos envidia o raras veces; la condición esencial para la envidia es que conozcan nuestra cara. Por eso, el que no se muestra, el que se esconde, no es objeto de ese sentimiento eminentemente natural y bajo.
La duda es el comienzo y tal vez el fin de la filosofía. Carnéades, en su célebre embajada a Roma, habló una primera vez en pro de la idea de justicia... y el día siguiente contra ella. Aquel día hizo su aparición la filosofía, hasta entonces inexistente en aquel país de costrumbres rudas y sanas. ¿Cuál es esa filosofía? El gusano en la fruta.
La filosofía, al menos en sus intenciones, no socava las virtudes, quiere preservarlas incluso, pero, en realidad, las debilita; más aún: solo puede nacer, si empiezan a vacilar. Y la filosofía les asesta, a su pesar, un golpe fatal a la larga.
Nuestro allegados son los menos propensos a reconocer nuestros méritos. Los santos siempre han sido "puestos en entredicho" por sus amigos y sus vecinos. No olvidemos que Buda tuvo los más temibles: su primo y solo después el diablo.
Solo contamos para quienes ignoran nuestros antecedentes.
Mi destino es el de acabar como un perro, me he dicho esta mañana al despertar. Como no tenía fuerzas para levantarme, he dejado vagabundear mi memoria y me he visto de niño trepando por las montañas de Rasinari. Un día me encontré con un perro que seguramente llevaba mucho tiempo atado a un árbol y que estaba tan flaco, tan transparente, tan vaciado de toda vida, que no pudo ladrar ni alegrarse de mi presencia. Solo tuvo fuerzas para mirarme sin moverse... sin embargo, estaba de pie. ¿Desde cuándo estaría allí? ¿No habría sido más caritativo matarlo a condenarlo a morir de hambre? Lo contemplé unos instantes y después, presa del miedo, huí.
Durante los últimos años de su alienación mental, Nietzsche, mudo, postrado, se pasaba horas mirándose fijamente las manos.
Como Macbeth después del crimen.
Carlos V era un culo de mal asiento, Felipe II, su hijo, se enclaustró en El Escorial.
Se hereda una tendencia a la exageración, pero no una forma de exageración.
Ayer, elección de Eugène para la Academia. Me dijo, aterrado, "Es para siempre, para la eternidad". Lo tranquilicé: "Qué va, piensa en Pétain, en Maurras, en Abel Hermant y algunos otros. Los expulsaron. Tú tal vez tengas también la ocasión de cometer algún acto de traición". Me contestó: "Entonces hay esperanza".
Solo hay un problema: el de la muerte. Debatir sobre otra cosa es perder el tiempo, es dar muestras de una futilidad increíble.
... Eso es lo que las religiones han comprendido perfectamente. A eso se debe su superioridad sobre la filosofía.
Lo que no funciona en la Historia es que está escrito por profesores, personas pacíficas que describen vidas tumultuosas. Por un aparte, cuando personas de mentalidad activa, militante, se transforman en historiadores, son incapaces de respetar la verdad o simplemente de encaminarse hacia ella.
La sociedad es un sistema, un cuerpo de envidias.
No es fácil saber quién nos envidia. En principio, somos envidiados siempre que hacemos algo que a otro, conocido o amigo, le habría gustado realizar. Un desconocido no nos envidia o raras veces; la condición esencial para la envidia es que conozcan nuestra cara. Por eso, el que no se muestra, el que se esconde, no es objeto de ese sentimiento eminentemente natural y bajo.
La duda es el comienzo y tal vez el fin de la filosofía. Carnéades, en su célebre embajada a Roma, habló una primera vez en pro de la idea de justicia... y el día siguiente contra ella. Aquel día hizo su aparición la filosofía, hasta entonces inexistente en aquel país de costrumbres rudas y sanas. ¿Cuál es esa filosofía? El gusano en la fruta.
La filosofía, al menos en sus intenciones, no socava las virtudes, quiere preservarlas incluso, pero, en realidad, las debilita; más aún: solo puede nacer, si empiezan a vacilar. Y la filosofía les asesta, a su pesar, un golpe fatal a la larga.
Nuestro allegados son los menos propensos a reconocer nuestros méritos. Los santos siempre han sido "puestos en entredicho" por sus amigos y sus vecinos. No olvidemos que Buda tuvo los más temibles: su primo y solo después el diablo.
Solo contamos para quienes ignoran nuestros antecedentes.
Mi destino es el de acabar como un perro, me he dicho esta mañana al despertar. Como no tenía fuerzas para levantarme, he dejado vagabundear mi memoria y me he visto de niño trepando por las montañas de Rasinari. Un día me encontré con un perro que seguramente llevaba mucho tiempo atado a un árbol y que estaba tan flaco, tan transparente, tan vaciado de toda vida, que no pudo ladrar ni alegrarse de mi presencia. Solo tuvo fuerzas para mirarme sin moverse... sin embargo, estaba de pie. ¿Desde cuándo estaría allí? ¿No habría sido más caritativo matarlo a condenarlo a morir de hambre? Lo contemplé unos instantes y después, presa del miedo, huí.
Durante los últimos años de su alienación mental, Nietzsche, mudo, postrado, se pasaba horas mirándose fijamente las manos.
Como Macbeth después del crimen.
Carlos V era un culo de mal asiento, Felipe II, su hijo, se enclaustró en El Escorial.
Se hereda una tendencia a la exageración, pero no una forma de exageración.
Ayer, elección de Eugène para la Academia. Me dijo, aterrado, "Es para siempre, para la eternidad". Lo tranquilicé: "Qué va, piensa en Pétain, en Maurras, en Abel Hermant y algunos otros. Los expulsaron. Tú tal vez tengas también la ocasión de cometer algún acto de traición". Me contestó: "Entonces hay esperanza".
martes, 28 de enero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (4)
Solo hay que escribir y sobre todo publicar cosas que hagan daño, es decir, que recordemos. Un libro debe hurgar en llagas, suscitarlas incluso. Debe ser la causa de un desasosiego fecundo, pero, por encima de todo, un libro debe constituir un peligro.
Lo que se escribe sin pasión acaba aburriendo, aunque sea profundo. Pero, a decir verdad, nada puede ser profundo sin una pasión visible o secreta. Preferentemente, secreta. Cuando leemos un libro, sentimos perfectamente dónde ha padecido el autor, dónde se ha empeñado y ha inventado; nos aburrimos con él, pero en cuanto se anima, aunque se trate de un crimen, se adueña de nosotros un calor benéfico. Habría que escribir solo en estado de efervescencia. Lamentablemente, el culto del trabajo lo ha arruinado todo, en particular en el arte. De él, de ese culto, procede la superproducción, auténtico azote, que es funesta para la obra, para el autor, para el propio lector. Un escritor debería, en el mejor de los casos, publicar solo la tercera parte de lo que ha escrito.
Todo lo bueno o malo que tengo, todo lo que soy, se lo debo a mi madre. Heredé sus males, su melancolía, sus contradicciones, todo. Físicamente, me parezco a ella punto por punto. Todo lo que ella era se agravó y exasperó en mí. Soy su éxito y su fracaso.
La muerte de una persona querida se siente como un insulto personal, como una humillación que se agrava porque no sabemos contra quién arremeter: la naturaleza, Dios o el propio difunto. Es cierto que sentimos rencor por este último, que no le perdonamos fácilemnte que haya elegido esa opción. Podría haber esperado aún, consultarnos... Solo de él dependía que siguiera viviendo. ¿Por qué esa precipitación, ese apresuramiento, esa impaciencia? Seguiría vivo, si no se hubiera apresurado tanto hacia la muerte, si no hubiese dado su consentimiento con tanta ligereza.
Me horroriza ejercer influencia alguna; sin embargo, me gustaría ser alguien... por mi ineficacia. Turbar a las mentes, sí; dirigirlas, no.
Un escritor no debe expresar ideas, sino su ser, su naturaleza, lo que es y no lo que piensa. Solo podemos hacer una obra verdadera, si sabemos ser nosotros mismos.
Toda literatura comienza con himnos y acaba con ejercicios.
"Toda la filosofía no vale una hora de dolor." Desde mi época de insomnios he hecho inconscientemente esta afirmación de Pascal, siempre que he leído o releído a un filósofo.
Habría que atacar solo a Dios. Solo Él vale la pena.
Nada hay tan desmoralizador como el ideal realizado.
Lo que se escribe sin pasión acaba aburriendo, aunque sea profundo. Pero, a decir verdad, nada puede ser profundo sin una pasión visible o secreta. Preferentemente, secreta. Cuando leemos un libro, sentimos perfectamente dónde ha padecido el autor, dónde se ha empeñado y ha inventado; nos aburrimos con él, pero en cuanto se anima, aunque se trate de un crimen, se adueña de nosotros un calor benéfico. Habría que escribir solo en estado de efervescencia. Lamentablemente, el culto del trabajo lo ha arruinado todo, en particular en el arte. De él, de ese culto, procede la superproducción, auténtico azote, que es funesta para la obra, para el autor, para el propio lector. Un escritor debería, en el mejor de los casos, publicar solo la tercera parte de lo que ha escrito.
Todo lo bueno o malo que tengo, todo lo que soy, se lo debo a mi madre. Heredé sus males, su melancolía, sus contradicciones, todo. Físicamente, me parezco a ella punto por punto. Todo lo que ella era se agravó y exasperó en mí. Soy su éxito y su fracaso.
La muerte de una persona querida se siente como un insulto personal, como una humillación que se agrava porque no sabemos contra quién arremeter: la naturaleza, Dios o el propio difunto. Es cierto que sentimos rencor por este último, que no le perdonamos fácilemnte que haya elegido esa opción. Podría haber esperado aún, consultarnos... Solo de él dependía que siguiera viviendo. ¿Por qué esa precipitación, ese apresuramiento, esa impaciencia? Seguiría vivo, si no se hubiera apresurado tanto hacia la muerte, si no hubiese dado su consentimiento con tanta ligereza.
Me horroriza ejercer influencia alguna; sin embargo, me gustaría ser alguien... por mi ineficacia. Turbar a las mentes, sí; dirigirlas, no.
Un escritor no debe expresar ideas, sino su ser, su naturaleza, lo que es y no lo que piensa. Solo podemos hacer una obra verdadera, si sabemos ser nosotros mismos.
Toda literatura comienza con himnos y acaba con ejercicios.
"Toda la filosofía no vale una hora de dolor." Desde mi época de insomnios he hecho inconscientemente esta afirmación de Pascal, siempre que he leído o releído a un filósofo.
Habría que atacar solo a Dios. Solo Él vale la pena.
Nada hay tan desmoralizador como el ideal realizado.
martes, 21 de enero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (3)
Todo cambia en una persona a lo largo de los años, salvo la voz. Solo ella asegura la identidad de un individuo. Habría que tomar las huellas vocales.
Para poder trabajar, hace falta un aguijón, una obligación contraída con alguien, necesito también tener un plazo, pues por mí mismo me abandono o me hundo en mi falta de curiosidad.
Una obra de algún peso no procede de investigaciones verbales, sino del sentimiento absoluto de una realidad. Ni Saint-Simon ni Tácito hicieron literatura. Un gran escritor vive en su lenguaje; no se preocupa del exterior. No medita sobre el estilo; tiene su estilo propio. Ha nacido con su estilo.
El hombre es indiscutiblemente una aparición extraordinaria, pero no es un logro.
Lo que cada vez comprendo menos son los caracteres fuertes, generosos, fecundos, en perpetua emanación, siempre satisfechos de producir, de manifestarse, de ser. Su energía me supera, pero no los envidio. No saben lo que hacen...
Heidegger habla de Hölderlin como si se tratara de un presocrático. Aplicar el mismo trato a un poeta y a un pensador me parece una herejía. Hay autores a los que los filósofos no deberían tocar. Desarticular un poema como se hace con un sistema es un crimen contra la poesía.
Cosa curiosa: a los poetas les satisface que se hagan consideraciones sobre su obra. Los halaga, se hacen la ilusión de que es un ascenso. ¡Qué lamentabe!
Solo el amante sincero de poesía sufre por esa intromisión sacrílega de los filósofos en un ámbito que debería estarles vedado, que les está vedado naturalmente. ¡No hay un solo filósofo (¿NIetzsche?) que haya hecho un solo poema aceptable! (Hay -cierto es- sistemas con tendencia poética -Platón, Schopenhauer-, pero se trata de la visión o de una obra marcada por la frecuentación de los poetas: Schopenhauer.)
Elie Wiesel, judío de Sighet, en el norte de Transilvania, me cuenta que hace dos años volvió a su ciudad natal. Nada había cambiado, salvo que ya no quedaban judíos. Antes de ser deportados por los nazis, habían ocultado joyas y todo en la tierra. Él mismo había enterrado un reloj de oro. Después de llegar a Sighet, se fue a buscarlo en plena noche. Volvió a encontrarlo, lo contempló, pero no pudo llevárselo. Tenía la sensación de cometer un robo. En la ciudad fantasma, su ciudad, no encontró a ningún conocido, él es el único superviviente de la matanza.
Desde el exterior, todo clan, toda secta, todo partido, parecen homogéneos; desde el interior, la diversidad es en ellos máxima. Los conflictos en un convento son tan reales y frecuentes como en cualquier sociedad. Incluso en la soledad, los hombres se agrupan tan solo para huir de la paz.
El "Oráculo manual" de Baltasar Gracián se parece en el tono al "Tao Te king". Pero podría ser que hubiera entre esos dos libritos analogías más profundas, correspondencias misteriosas. ¿Será una ilusión por mi parte? ¿O se tratará de una impresión legítima? Tengo que comprobar todo eso.
Mi maldición: me gusta tomar un libro en las manos y siempre siento gozo al abrir uno, sea cual fuere. Pero no tengo una biblioteca: es mi salvación.
Para poder trabajar, hace falta un aguijón, una obligación contraída con alguien, necesito también tener un plazo, pues por mí mismo me abandono o me hundo en mi falta de curiosidad.
Una obra de algún peso no procede de investigaciones verbales, sino del sentimiento absoluto de una realidad. Ni Saint-Simon ni Tácito hicieron literatura. Un gran escritor vive en su lenguaje; no se preocupa del exterior. No medita sobre el estilo; tiene su estilo propio. Ha nacido con su estilo.
El hombre es indiscutiblemente una aparición extraordinaria, pero no es un logro.
Lo que cada vez comprendo menos son los caracteres fuertes, generosos, fecundos, en perpetua emanación, siempre satisfechos de producir, de manifestarse, de ser. Su energía me supera, pero no los envidio. No saben lo que hacen...
Heidegger habla de Hölderlin como si se tratara de un presocrático. Aplicar el mismo trato a un poeta y a un pensador me parece una herejía. Hay autores a los que los filósofos no deberían tocar. Desarticular un poema como se hace con un sistema es un crimen contra la poesía.
Cosa curiosa: a los poetas les satisface que se hagan consideraciones sobre su obra. Los halaga, se hacen la ilusión de que es un ascenso. ¡Qué lamentabe!
Solo el amante sincero de poesía sufre por esa intromisión sacrílega de los filósofos en un ámbito que debería estarles vedado, que les está vedado naturalmente. ¡No hay un solo filósofo (¿NIetzsche?) que haya hecho un solo poema aceptable! (Hay -cierto es- sistemas con tendencia poética -Platón, Schopenhauer-, pero se trata de la visión o de una obra marcada por la frecuentación de los poetas: Schopenhauer.)
Elie Wiesel, judío de Sighet, en el norte de Transilvania, me cuenta que hace dos años volvió a su ciudad natal. Nada había cambiado, salvo que ya no quedaban judíos. Antes de ser deportados por los nazis, habían ocultado joyas y todo en la tierra. Él mismo había enterrado un reloj de oro. Después de llegar a Sighet, se fue a buscarlo en plena noche. Volvió a encontrarlo, lo contempló, pero no pudo llevárselo. Tenía la sensación de cometer un robo. En la ciudad fantasma, su ciudad, no encontró a ningún conocido, él es el único superviviente de la matanza.
Desde el exterior, todo clan, toda secta, todo partido, parecen homogéneos; desde el interior, la diversidad es en ellos máxima. Los conflictos en un convento son tan reales y frecuentes como en cualquier sociedad. Incluso en la soledad, los hombres se agrupan tan solo para huir de la paz.
El "Oráculo manual" de Baltasar Gracián se parece en el tono al "Tao Te king". Pero podría ser que hubiera entre esos dos libritos analogías más profundas, correspondencias misteriosas. ¿Será una ilusión por mi parte? ¿O se tratará de una impresión legítima? Tengo que comprobar todo eso.
Mi maldición: me gusta tomar un libro en las manos y siempre siento gozo al abrir uno, sea cual fuere. Pero no tengo una biblioteca: es mi salvación.
martes, 14 de enero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (2)
Unos buscan la gloria; otros, la verdad. Yo me atrevo a situarme entre los segundos. Una tarea irrealizable ofrece más seducción que un objetivo asequible. ¡Qué humillación proponerse la aprobación de los hombres como objetivo!
Solo hay una nostalgia: la del Paraíso. Y tal vez la de España.
El apego a las personas es la causa de todos nuestros sufrimientos, pero está tan anclado en nosotros, que, si cede, toda la economía de nuestro ser resulta desequilibrada.
La fidelidad es encomiable, pero tiene algo malo, nos ensucia. Ese deseo de revisar nuestras amistades y todas nuestras admiraciones, de cambiar de ídolos, de ir a rezar a otra parte, es lo que demuestra que aún tenemos recursos, ilusiones, en reserva.
Lo que temo no es la muerte, sino la vida. Por mucho que me remonte en la memoria, siempre me ha parecido insondable y aterradora. Mi incapacidad para insertarme en ella. Miedo, además, de los hombres, como si perteneciera a otra especie. Siempre el sentimiento de que en ningún punto concidían mis intereses con los suyos.
Tengo que escribir un texto sobre el dolor. Veo claro lo que he de decir al respecto... pero, ¿por qué decirlo? ¿Por qué no sufrir en silencio como los animales?
En un artículo sobre Lorca, Jorge Guillén habla de la efervescencia intelectual en España hacia el año 1933. Tres años después, la catástrofe. Todas las épocas intelectualmente fecundas anuncian desastres históricos. Nunca el conflicto de las ideas, las discusiones apasionadas que comprometen a una generación se limitan al ámbito del espíritu: ese hervidero no presagia nada bueno. Las revoluciones y las guerras son el espíritu en marcha, es decir, el triunfo y la degradación final del espíritu.
He pasado dos horas maravillosas con una familia rusa. ¡Esa gente ha cambiado tan poco desde sus grandes novelas! Su inadaptación es hermosa. Por lo demás, la adaptabilidad es señal de falta de carácter y de vaciedad interior.
Una religión solo está viva antes de la elaboración de los dogmas. Tan solo creemos de verdad mientras ignoramos lo que debemos creer exactamente.
Los pesimistas no tienen razón: vista desde lejos, la vida nada tiene de trágica, solo lo es de cerca, observada en detalle. La vista de conjunto la vuelve inútil y cómica. Y eso es aplicable a nuestra experiencia íntima.
Solo hay una nostalgia: la del Paraíso. Y tal vez la de España.
El apego a las personas es la causa de todos nuestros sufrimientos, pero está tan anclado en nosotros, que, si cede, toda la economía de nuestro ser resulta desequilibrada.
La fidelidad es encomiable, pero tiene algo malo, nos ensucia. Ese deseo de revisar nuestras amistades y todas nuestras admiraciones, de cambiar de ídolos, de ir a rezar a otra parte, es lo que demuestra que aún tenemos recursos, ilusiones, en reserva.
Lo que temo no es la muerte, sino la vida. Por mucho que me remonte en la memoria, siempre me ha parecido insondable y aterradora. Mi incapacidad para insertarme en ella. Miedo, además, de los hombres, como si perteneciera a otra especie. Siempre el sentimiento de que en ningún punto concidían mis intereses con los suyos.
Tengo que escribir un texto sobre el dolor. Veo claro lo que he de decir al respecto... pero, ¿por qué decirlo? ¿Por qué no sufrir en silencio como los animales?
En un artículo sobre Lorca, Jorge Guillén habla de la efervescencia intelectual en España hacia el año 1933. Tres años después, la catástrofe. Todas las épocas intelectualmente fecundas anuncian desastres históricos. Nunca el conflicto de las ideas, las discusiones apasionadas que comprometen a una generación se limitan al ámbito del espíritu: ese hervidero no presagia nada bueno. Las revoluciones y las guerras son el espíritu en marcha, es decir, el triunfo y la degradación final del espíritu.
He pasado dos horas maravillosas con una familia rusa. ¡Esa gente ha cambiado tan poco desde sus grandes novelas! Su inadaptación es hermosa. Por lo demás, la adaptabilidad es señal de falta de carácter y de vaciedad interior.
Una religión solo está viva antes de la elaboración de los dogmas. Tan solo creemos de verdad mientras ignoramos lo que debemos creer exactamente.
Los pesimistas no tienen razón: vista desde lejos, la vida nada tiene de trágica, solo lo es de cerca, observada en detalle. La vista de conjunto la vuelve inútil y cómica. Y eso es aplicable a nuestra experiencia íntima.
martes, 7 de enero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (1)
Cuadernos (1957-1972), Cioran
Traducción de Carlos Manzano de la selección de Verena von der Heyden-Rynsch
Tusquets, 2004
Soy un filósofo aullador. Mis ideas -si ideas son- ladran, no explican nada, estallan.
Si hubiera llevado a cabo la décima parte de mis proyectos, sería con mucho el autor más fecundo que haya existido jamás. Por suerte o por desgracia, siempre me ha atraído más lo posible que la realidad y nada es más extraño a mi carácter que la realización. He profundizado hasta el menor detalle todo lo que nunca habré hecho. He ido hasta el fondo de lo virtual.
He buscado mi salvación en la utopía y solo he encontrado un poco de consuelo en el Apocalipsis.
El fondo de la desesperación es la duda sobre uno mismo.
Si el español sale de lo sublime, resulta ridículo.
He leído demasiado... La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de "hacer" algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso... un hombre inútil e inutilizable.
El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada fecuencia el Bien haraganea.
Y, en efecto, la amplitud y la profundidad de una inteligencia se calibran por los sufrimientos que ha aceptado para adquirir la sabiduría. Nadie sabe sin haber pasado por duras pruebas. Una inteligencia sutil puede ser perfectamente superficial. Hay que pagar por el menor paso encaminado a la sabiduría. (Utilizar esto para distinguir a los moralistas: Pascal, por un lado; Montaigne, por el otro.)
Nada puede echar a perder a alguien, salvo el éxito. La gloria es la peor forma de maldición que puede caer sobre una persona.
No pierdas el tiempo criticando a los otros, censurando sus obras; haz la tuya, dedícale todas tus horas. El resto es fárrago o infamia. Sé solidario con lo que es verdad en ti e incluso eterno.
Traducción de Carlos Manzano de la selección de Verena von der Heyden-Rynsch
Tusquets, 2004
Soy un filósofo aullador. Mis ideas -si ideas son- ladran, no explican nada, estallan.
Si hubiera llevado a cabo la décima parte de mis proyectos, sería con mucho el autor más fecundo que haya existido jamás. Por suerte o por desgracia, siempre me ha atraído más lo posible que la realidad y nada es más extraño a mi carácter que la realización. He profundizado hasta el menor detalle todo lo que nunca habré hecho. He ido hasta el fondo de lo virtual.
He buscado mi salvación en la utopía y solo he encontrado un poco de consuelo en el Apocalipsis.
El fondo de la desesperación es la duda sobre uno mismo.
Si el español sale de lo sublime, resulta ridículo.
He leído demasiado... La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de "hacer" algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso... un hombre inútil e inutilizable.
El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada fecuencia el Bien haraganea.
Y, en efecto, la amplitud y la profundidad de una inteligencia se calibran por los sufrimientos que ha aceptado para adquirir la sabiduría. Nadie sabe sin haber pasado por duras pruebas. Una inteligencia sutil puede ser perfectamente superficial. Hay que pagar por el menor paso encaminado a la sabiduría. (Utilizar esto para distinguir a los moralistas: Pascal, por un lado; Montaigne, por el otro.)
Nada puede echar a perder a alguien, salvo el éxito. La gloria es la peor forma de maldición que puede caer sobre una persona.
No pierdas el tiempo criticando a los otros, censurando sus obras; haz la tuya, dedícale todas tus horas. El resto es fárrago o infamia. Sé solidario con lo que es verdad en ti e incluso eterno.
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