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jueves, 30 de enero de 2014

Recorrido por "Sombra del Paraíso" de Vicente Aleixandre. Hoy "El cuerpo y el alma" y "Casi me amabas"

EL CUERPO Y EL ALMA

Pero es más triste todavía, mucho más triste.
Triste como la rama que deja caer su fruto para nadie.
Más triste, más. Como ese vaho
que de la tierra exhala depués la pulpa muerta.
Como esa mano que del cuerpo tendido
se eleva y quiere solamente acariciar las luces,
la sonrisa doliente, la noche aterciopelada y muda.
Luz de la noche sobre el cuerpo tendido sin alma.
Alma fuera, alma fuera del cuerpo, planeando
tan delicadamente sobre la triste forma abandonada.
Alma de niebla dulce, suspendida
sobre su ayer amante, cuerpo inerme
que pálido se enfría con las nocturnas horas
y queda quieto, solo, dulcemente vacío.

Alma de amor que vela y se separa
vacilando, y al fin se aleja tiernamente fría.


CASI ME AMABAS

                               Alma celeste para amar nacida.
                               ESPRONCEDA
Casi me amabas.
Sonreías, con tu gran pelo rubio donde la luz resbala hermosamente.
Ante tus manos el resplandor del día se aplacaba continuo,
dando distancia a tu cuerpo perfecto.
La transparencia alegre de la luz no ofendía,
pero doraba dulce tu claridad indemne.
Casi…, casi me amabas.
Yo llegaba de allí, de más allá, de esa oscura conciencia
de tierra, de un verdear sombrío de selvas fatigadas,
donde el viento caducó para las rojas músicas;
donde las flores no se abrían cada mañana celestemente
ni donde el vuelo de las aves hallaba al amanecer virgen el día.

Un fondo marino te rodeaba.
Una concha de nácar intacta bajo tu pie, te ofrece
a ti como la última gota de una espuma marina.
Casi…, casi me amabas.
¿Por qué viraste los ojos, virgen de las entrañas del mundo
que esta tarde de primavera
pones frialdad de luna sobre la luz del día
y como un disco de castidad sin noche,
huyes rosada por un azul virgíneo?

Tu escorzo dulce de pensativa rosa sin destino
mira hacia el mar. ¿Por qué, por qué ensordeces
y ondeante al viento tu cabellera, intentas
mentir los rayos de tu lunar belleza?
¡Si tú me amabas como la luz!… No escapes,
mate, insensible, crepuscular, sellada.
Casi, casi me amaste. Sobre las ondas puras
del mar sentí tu cuerpo como estelar espuma,
caliente, vivo, propagador. El beso
no, no, no fue de luz: palabras
nobles sonaron: me prometiste el mundo
recóndito, besé tu aliento, mientras la crespa ola
quebró en mis labios, y como playa tuve
todo el calor de tu hermosura en brazos.

Sí, sí, me amaste sobre los brillos, fija,
final, extática. El mar inmóvil
detuvo entonces su permanente aliento,
y vi en los cielos resplandecer la luna,
feliz, besada, y revelarme el mundo.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Poesía Científica: Carolina Coronado


La hermosa mujer de la foto es Carolina Coronado, nuestra protagonista de hoy. Mujer de letras en el siglo XIX, no fue de las que reivindicó para la mujer el mismo sitio que los hombres: tradicionalista, ella, la mujer no puede estar a la altura del hombre.
Así no creo que le disguste a Carolina Coronado que comience por poner un verso de Espronceda loando su belleza, la de Coronado. Van el verso de Espronceda y un soneto de Coronado al submarino español; o sea, de Peral (que de los éxitos de nuestros científicos y laureles de nuestros poetas toda la sociedad se celebra, pero de sus miserias, nadie se ocupa). En este caso, pues, el poema como recurso para la loa y enaltecimiento patriótico.

José de Espronceda a Carolina Coronado

Dicen que tienes trece primaveras
y eres portento de hermosura ya,
y que en tus grandes ojos reverberas
la lumbre de los astros inmortal.

Juro a tus plantas que insensato he sido
de placer en placer corriendo en pos,
cuando en el mismo valle hemos nacido,
niña gentil, para adorarnos, dos.

Torrentes brota de armonía el alma;
huyamos a los bosques a cantar.
Dénos la sombra tu inocente palma,
y reposo tu virgen soledad.

Mas ¡ay! perdona virginal capullo,
cierra tu cáliz a mi loco amor.
Que nacimos de un aura al mismo arrullo,
para ser, yo el insecto, tú la flor.


AL TRIUNFO DEL SUBMARINO ESPAÑOL (Carolina Coronado)

Deescubríos, señores de los mares.
Bajad la frente saludando a España,
que la gloria de nuevo la acompaña
con su corte de genios seculares.

Alumbrado por sacros luminares,
lleve Colón sobre la mar su hazaña;
hoy de la mar bajo la misma entraña
navegan nuestros dioses titulares.

Guardad las flotas, hijos de la nieve,
bárbaros de los grandes océanos;
no vengáis en el siglo diez y nueve

a luchar con marinos castellanos:
¡qué no fue sólo conquistar un mundo:
han hecho la conquista del profundo!