Desgraciaito de aquel
que come de mano ajena,
siempre mirando a la cara,
si la ponen mala o buena.
_______________________
A la tierra sólamente
le cuento lo que me pasa
porque no encuentro en el mundo
persona de confianza.
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Dejo mi puerta entorná
por si alguna vez te diera
la tentación de empujar.
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El que quiera que me siga
y el que no con Dios se quede,
al que me siga fatigas,
que otra cosita no espere.
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Tiro piedras por la calle,
al que le dé que perdone:
tengo la cabeza loca
de tantas cavilaciones.
_________________
No canto pa que me escuchen,
ni pa sentirme la voz,
canto pa que no se junten
la pena con el dolor.
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Quise cambiarle y no quiso
su pañuelo de lunares
por otro de fondo liso.
___________________
Dos vereítas iguales,
¿cuál de las dos voy a coger?
Si cojo la de mi gusto
mi perdición ha de ser.
____________________
Acuérdate cuando entonces
bajabas descalza a abrirme,
y ahora tú no me conoces.
___________________
Fui piedra y perdí mi centro
y me arrojaron al mar,
y al cabo de mucho tiempo
mi centro vine a encontrar.
___________________
Que nadie tenga fatigas,
que todas las tengo yo,
yo tengo una losa negra
metida en el corazón.
_________________
Cada vez que considero
que me tengo que morir
tiro una manta en el suelo
y me harto de dormir.
__________________
Abuelos, padres y tíos,
de los buenos manantiales
se forman lo buenos ríos.
___________________
Te quisiera preguntar
su cuando me ves te alegras
o te sirve de pesar.
___________________
Anda y díselo a tu gente
y si te dicen que no
coge la ropita y vente.
_________________
Dicen que he robao un cáliz,
¡ozú, qué mentira es eso!,
desde que me bautizaron
no he vuelto a entrar en un templo.
________________________
Yo no sé lo que le dió
a la yerbabuena, mare,
que era verde y se secó.
_________________
Por donde quieras que ibas
vas diciendo que soy tuya,
¿qué cadena me has echao
que me tienes tan segura?
___________________
La noche del aguacero
dime dónde te metiste
que no te mojaste el pelo.
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Al pie de un árbol sin fruto
me puse a considerar
qué pocos amigos tiene
el que no tiene qué dar.
___________________
A to el que tiene duquelas
se le conoce en la cara,
a mí me estaban ahogando
y nadie me lo notaba.
___________________
Nadie hable mal del día
hasta que la noche llegue,
yo he visto mañanas tristes
tener las tardes alegres.
___________________
Yo me quito la camisa
y la tiro en tu corral,
a ver si viéndome en cueros
me tienes más voluntad.
___________________
Tu ventana es una cárcel
con el carcelero dentro
y el prisionero en la calle.
Coplas anónimas. Antólogo: José María Rubio.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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miércoles, 8 de junio de 2011
miércoles, 1 de junio de 2011
'Cien coplas por soleá', Ediciones Árdora, 2000 (1)
Selección y prólogo de José María Rubio.
Lo encuentras aquí.
¡Viva el kaiku! Qué duda cabe. Pero en nuestra tradición poética (la española, quiero decir, o la de lengua española) hemos cultivado formas similares, por sentenciosas y plásticas. En el haiku el objeto es la naturaleza, en esta tradición de la que hablo, el quejío y la cotidianidad. Decir quejío es decir flamenco, hoy indisolublemente ligado a la música, inseparable de la guitarra, por más que se estudien otras combinaciones (en las que Camarón fue un innovador absoluto en confabulación con Kiko Veneno. Ay 'La leyenda del tiempo'); pero en su origen, las coplas flamencas (copla, del latín copula, unión o enlace de letra y música), eran tonás que se cantaban en la intimidad, expresión cierta poetizada de las propias vivencias.
Algunas de estas cosas, y más, nos cuenta José María Rubio del flamenco y sus orígenes en un librito que registra 100 soleares. La soleá, pues, como registro más original del cante jondo.
Volviendo a marcar diferencias con el haiku, en la soleá se emplean tres versos o cuatro, todos ellos octosílabos. El romance es nuestra lengua.
Pues ahí va la muestra, en dos entradas, de esta colección de soleares anónimas (salvo una).
Los vientos llevan mentiras,
el que diga que no miente
que diga que no respira.
___________________
Yo no quiero na de nadie
que sólo quiero lo mío,
quiero lo que me quitaron
antes de yo haber nacío.
___________________
Fatigas pero no tantas,
que a fuerza de martillazos
hasta el hierro se quebranta,
____________________
Tengo más poder que Dios
porque él no te perdona
lo que te perdono yo.
___________________
Qué cuidao se me da a mí
que haya tan buenos doctores
si me tengo que morir.
_____________________
Que te quiero bien lo sabes,
pero no lo comunico
ni contigo, ni con nadie.
___________________
Te quise sin darme cuenta
y ahora que quiero olvidarte
qué trabajito me cuesta,
____________________
Voy como si fuera preso,
detrás camina mi sombra,
delante mi pensamiento.
Augusto Ferrán
__________________
Me pides que te perdone
y no te miro a la cara,
si no te quisiera tanto
tal vez yo te perdonara.
__________________
Dices que no me pues ver
y en la cara te ha salido
la raíz de mi querer.
Lo encuentras aquí.¡Viva el kaiku! Qué duda cabe. Pero en nuestra tradición poética (la española, quiero decir, o la de lengua española) hemos cultivado formas similares, por sentenciosas y plásticas. En el haiku el objeto es la naturaleza, en esta tradición de la que hablo, el quejío y la cotidianidad. Decir quejío es decir flamenco, hoy indisolublemente ligado a la música, inseparable de la guitarra, por más que se estudien otras combinaciones (en las que Camarón fue un innovador absoluto en confabulación con Kiko Veneno. Ay 'La leyenda del tiempo'); pero en su origen, las coplas flamencas (copla, del latín copula, unión o enlace de letra y música), eran tonás que se cantaban en la intimidad, expresión cierta poetizada de las propias vivencias.
Algunas de estas cosas, y más, nos cuenta José María Rubio del flamenco y sus orígenes en un librito que registra 100 soleares. La soleá, pues, como registro más original del cante jondo.
Volviendo a marcar diferencias con el haiku, en la soleá se emplean tres versos o cuatro, todos ellos octosílabos. El romance es nuestra lengua.
Pues ahí va la muestra, en dos entradas, de esta colección de soleares anónimas (salvo una).
Los vientos llevan mentiras,
el que diga que no miente
que diga que no respira.
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Yo no quiero na de nadie
que sólo quiero lo mío,
quiero lo que me quitaron
antes de yo haber nacío.
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Fatigas pero no tantas,
que a fuerza de martillazos
hasta el hierro se quebranta,
____________________
Tengo más poder que Dios
porque él no te perdona
lo que te perdono yo.
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Qué cuidao se me da a mí
que haya tan buenos doctores
si me tengo que morir.
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Que te quiero bien lo sabes,
pero no lo comunico
ni contigo, ni con nadie.
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Te quise sin darme cuenta
y ahora que quiero olvidarte
qué trabajito me cuesta,
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Voy como si fuera preso,
detrás camina mi sombra,
delante mi pensamiento.
Augusto Ferrán
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Me pides que te perdone
y no te miro a la cara,
si no te quisiera tanto
tal vez yo te perdonara.
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Dices que no me pues ver
y en la cara te ha salido
la raíz de mi querer.
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