RAFAEL ALBERTI VUELVE A CÁDIZ
Se han roto hasta el cielo y el río.
Es Rafael Alberti llorando
delante de los álamos.
Es el poeta imaginando
el mapa de España en una nube,
soñando en patio vacío,
escuchando fuentes de fantasía.
Su nostalgia pasea en pastos amargos.
Su esperanza dice
que brotarán laureles en los senderos.
Vienen los marineros
y las salinas relucen.
Se llenan de palomas los olivares.
Ya está el poeta en sus naranjales.
Cantan cigüeñas en los campanarios.
Piedras encendidas.
Mar abierto en campos de largos horizontes.
Finos aires en la pradera de la mañana.
Rafael Alberti vuelve a las calles del mar.
Viene en las olas del mar de Cádiz.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
Poemas de Marcio Catunda en "Paisajes y leyendas de España" (3)
SALOMÓN BEN GABIROL
Salomón Ben Gabirol bebe en Plotino altos caminos.
Alaba a Dios, bálsamo de heridas.
Desdeña el alma atada a la carne.
Se cebaron los alfaquíes
en la saña de separar el grano de la paja.
El visir Samuel lo acoge en Granada.
Oscuros eran los días de eternos alambres.
Sogas tenebrosas el corazón le oprimían.
No pudo ya en su casa comer el pan de centeno.
Añoraba, de las esferas celestiales,
el adorable tiempo sin espacio,
la absoluta nada que se ha hecho todo.
IBN ARABI MEDITA SOBRE EL AMOR
Al Ser sin figura, permanezco unido
por el cariño que la sombra tiene por la luz.
Al que todo oye y todo ve,
entrego mi ilusión de tiempo.
Al indefinible, al compasivo,
al que deposita medida y equilibrio en mí,
suplico preservarme del pavor.
Al que despierta la voluntad de contemplarlo
y se deja ver en la nube,
exuberante y velado en formas infinitas.
Al que suscita la esperanza del que se enamora
y sobrepasa a toda concepción humana.
Al que a nada se asemeja.
Al que enseña que no hay otra cosa sino Dios.
Al que se revela Único
y exhorta a los hijos de Adán a adorarlo.
A él le reverencio
cual amante gratificado que suspira.
Salomón Ben Gabirol bebe en Plotino altos caminos.
Alaba a Dios, bálsamo de heridas.
Desdeña el alma atada a la carne.
Se cebaron los alfaquíes
en la saña de separar el grano de la paja.
El visir Samuel lo acoge en Granada.
Oscuros eran los días de eternos alambres.
Sogas tenebrosas el corazón le oprimían.
No pudo ya en su casa comer el pan de centeno.
Añoraba, de las esferas celestiales,
el adorable tiempo sin espacio,
la absoluta nada que se ha hecho todo.
IBN ARABI MEDITA SOBRE EL AMOR
Al Ser sin figura, permanezco unido
por el cariño que la sombra tiene por la luz.
Al que todo oye y todo ve,
entrego mi ilusión de tiempo.
Al indefinible, al compasivo,
al que deposita medida y equilibrio en mí,
suplico preservarme del pavor.
Al que despierta la voluntad de contemplarlo
y se deja ver en la nube,
exuberante y velado en formas infinitas.
Al que suscita la esperanza del que se enamora
y sobrepasa a toda concepción humana.
Al que a nada se asemeja.
Al que enseña que no hay otra cosa sino Dios.
Al que se revela Único
y exhorta a los hijos de Adán a adorarlo.
A él le reverencio
cual amante gratificado que suspira.
jueves, 25 de abril de 2013
Poemas de Marcio Catunda en "Paisajes y leyendas de España" (2)
LOS BÁLASAMOS DE GUADARRAMA
He aquí la fuente que hace brotar la vida
y pone en cada cosa un átomo germinante.
Cada pétalo refleja los colores del cielo.
Ahí está el valle soleado
donde niebla, nieve y arena
se mezclan en la alquimia crepuscular.
Mi corazón quiere traducir el código celestial,
pero la visión y el pensamiento flotan...
¡El soplo de la tarde en los gorjeos!
Nos sentamos en la piedra de terciopelo:
todo es perfecto en la pradera de las esencias.
De una montaña a otra hay un arco de nubes.
EL REAL MONATERIO DE LAS HUELGAS
En pilares, púlpitos, clausuras y capillas de luz,
para ser testigo de tumbas
que se asoman entre misterios,
florecen las Huelgas
de los pastos de Alfonso VIII,
regalos de Bernardo de Claraval.
Sarcófagos de la historia de los tronos.
Escudos albergados en cada nave.
De todo quedan motivos de piedra y cal.
Ser testigo de la impronta del tiempo.
De todo quedan
los estigmas de la intemperie
en los encumbrados capiteles.
Y el ajuar, legado de perdida indumentaria.
He aquí la fuente que hace brotar la vida
y pone en cada cosa un átomo germinante.
Cada pétalo refleja los colores del cielo.
Ahí está el valle soleado
donde niebla, nieve y arena
se mezclan en la alquimia crepuscular.
Mi corazón quiere traducir el código celestial,
pero la visión y el pensamiento flotan...
¡El soplo de la tarde en los gorjeos!
Nos sentamos en la piedra de terciopelo:
todo es perfecto en la pradera de las esencias.
De una montaña a otra hay un arco de nubes.
EL REAL MONATERIO DE LAS HUELGAS
En pilares, púlpitos, clausuras y capillas de luz,
para ser testigo de tumbas
que se asoman entre misterios,
florecen las Huelgas
de los pastos de Alfonso VIII,
regalos de Bernardo de Claraval.
Sarcófagos de la historia de los tronos.
Escudos albergados en cada nave.
De todo quedan motivos de piedra y cal.
Ser testigo de la impronta del tiempo.
De todo quedan
los estigmas de la intemperie
en los encumbrados capiteles.
Y el ajuar, legado de perdida indumentaria.
jueves, 18 de abril de 2013
Poemas de Marcio Catunda en "Paisajes y leyendas de España" (1)
SORIA
A orillas del Duero de álamos yertos
centellea el cristal del día.
Respiro hierbas olorosas en el bosque de la peña.
En la superficie límpida y deslizante
el Sol se deja ver como piedra de hielo
y abre el nebuloso espectro.
Tras las murallas viejas,
sigo ebrio del aroma de los ramajes.
Sobre los verdes pinos trina un ruiseñor.
La campana de la Audiencia
anuncia la paz de las alamedas.
A lo largo del camino
espumas sonoras embelesan
el piadoso aire de la mañana.
Soria austera inspira tristeza de amor
y filtra sombras de quietud.
Soria duerme bajo fina luz de clara niebla.
En su regazo los árboles parecen meditar
y el manso fluir del agua
refleja esmaltes vegetales.
En sus campanas reposan nidos de cigüeñas.
Por las laderas oreadas de un sueño alegre
deambulo hacia las simetrías de San Saturio,
que se alza como talismán de certeza sobre la roca,
enarbolando sus cumbres y hermosas paredes.
Desde el silencio de su monumentalidad,
sobre el rocoso pedestal de la cueva del santo,
diviso los grises alcores.
La suave placidez discurre por los caminos místicos.
Llevo conmigo la benevolencia que la sierra destila.
El brumoso encanto desvela maravillas.
Orillas del Duero donde ensueña el viajero
entre armonías luminosas.
Serena claridad que enseña consuelo
y me redime de la noche del pesar.
ZAMORA
Zamora es un otero amurallado.
Tiene a los pies de sus paredes
el Duero de limos dorados.
Con su vieja muralla fragmentada,
sobre sillares romanos el bien cerrado recinto.
Desde el puente de piedras
un rumor de agua me llena los oídos.
Y un rosario de templos discurre
entre adarves y almenas,
con capiteles de baluarte.
El castillo frente a la catedral
y el jardín entre ambos.
Zamora asoma en laderas,
por las que Bellido Dolfos,
tras dar muerte al rey Sancho,
escapó del cuchillo del Cid.
Puertas antiguas del ámbito claustral se alejan.
Tramos de muros guardan
portadas con rosetones
y vela de armas para caballeros.
Santiago del Burgo, de piedras claras.
San Vicente, de aguja gótica sobre torre arcaica.
A orillas del Duero de álamos yertos
centellea el cristal del día.
Respiro hierbas olorosas en el bosque de la peña.
En la superficie límpida y deslizante
el Sol se deja ver como piedra de hielo
y abre el nebuloso espectro.
Tras las murallas viejas,
sigo ebrio del aroma de los ramajes.
Sobre los verdes pinos trina un ruiseñor.
La campana de la Audiencia
anuncia la paz de las alamedas.
A lo largo del camino
espumas sonoras embelesan
el piadoso aire de la mañana.
Soria austera inspira tristeza de amor
y filtra sombras de quietud.
Soria duerme bajo fina luz de clara niebla.
En su regazo los árboles parecen meditar
y el manso fluir del agua
refleja esmaltes vegetales.
En sus campanas reposan nidos de cigüeñas.
Por las laderas oreadas de un sueño alegre
deambulo hacia las simetrías de San Saturio,
que se alza como talismán de certeza sobre la roca,
enarbolando sus cumbres y hermosas paredes.
Desde el silencio de su monumentalidad,
sobre el rocoso pedestal de la cueva del santo,
diviso los grises alcores.
La suave placidez discurre por los caminos místicos.
Llevo conmigo la benevolencia que la sierra destila.
El brumoso encanto desvela maravillas.
Orillas del Duero donde ensueña el viajero
entre armonías luminosas.
Serena claridad que enseña consuelo
y me redime de la noche del pesar.
ZAMORA
Zamora es un otero amurallado.
Tiene a los pies de sus paredes
el Duero de limos dorados.
Con su vieja muralla fragmentada,
sobre sillares romanos el bien cerrado recinto.
Desde el puente de piedras
un rumor de agua me llena los oídos.
Y un rosario de templos discurre
entre adarves y almenas,
con capiteles de baluarte.
El castillo frente a la catedral
y el jardín entre ambos.
Zamora asoma en laderas,
por las que Bellido Dolfos,
tras dar muerte al rey Sancho,
escapó del cuchillo del Cid.
Puertas antiguas del ámbito claustral se alejan.
Tramos de muros guardan
portadas con rosetones
y vela de armas para caballeros.
Santiago del Burgo, de piedras claras.
San Vicente, de aguja gótica sobre torre arcaica.
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