Andrés Mencía, 'Y vuelves una y otra vez a detenerte'(y fin)
Odiaba a mi madre algunas veces, sobre todo los domingos que me vestía de payaso y me prohibía manchar los pantalones, pero también la odiaba si pasaba Casasola delante de la puerta con el burro colmado de manzanas y ella no me dejaba aligerar la carga, nunca podré entender que ella fuera a prohibirme la exploración de las fiestas y de los mandamientos, o que me amenazara con mi padre cada vez que me asomaba a los pozos, pero ha pasado el tiempo y ya me cuesta menos perdonar su ortopedia y sus engaños porque cada día que pasa aprecio más que me enseñara con ahínco a volver a sus brazos cuando tenía miedo. Las amapolas brotan multitud y son cohibidas y tan rojas por miedo, las hormigas son muchas y trabajan por la misma razón, su miedo es su tamaño, demasiado ostentoso para esconderse siempre del gorrión y demasiado pequeño para hacerle frente, la multitud sin embargo protege el hormiguero, y lo mismo sucede con la abeja y los ñus y las sardinas y los enebros y las margaritas, el miedo ...