lunes, 6 de junio de 2011

'Inventario galante', poema de Antonio Machado en 'Canciones'

Inventario galante

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,
negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.

Tu hermana es clara y débil
como los juncos lánguidos,
como los sauces tristes,
como los linos glaucos.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano...
Y es alba y aura fría
sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
del río humilde y manso.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano.

De tu morena gracia,
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.

Para tu linda hermana
arrancaré los ramos
de florecillas nuevas
a los almendros blancos,
en un tranquilo y triste
alborear de marzo.
Los regaré con agua
de los arroyos claros,
los ataré con verdes
junquillos del remanso...
Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.

Un soneto de Gutierre de Cetina, el último

Con mal sabor de boca acabaremos el repaso a los sonetos Gutierre de Cetina. Un verso pésimo, de un grado de huera retórica que asocio al soneto pero en un extremo que consideraba inalcanzable: llevado a la inhumanidad. No he encontrado más bajo ejemplo de infamia en la literatura. Si la conclusión no es brillante, sí hace justicia a su autor: los versos nunca nos traicionan, nos dicen fielmente.

A un lacayo muerto debajo de un carro en el cual iba Lucía Hariela

Si puede honrar una famosa muerte
la más infame y deshonrada vida,
si la muerte con honra recibida
en gloria del que muere se convierte,

venturoso lacayo, a quien la suerte
concedió tanto bien, tal homicida,
duélate que haya sido en su venida,
presurosa al pasar, pero no fuerte.

¡Morir debajo un peso tan hermoso,
que hace feo al que sostuvo Atlante!
¿Cuál vida debe ser tan estimada?

¡Ójala fuera yo tan venturoso!
Tan dulce muerte en un mísero amante
fuera con más razón bien empleada.

viernes, 3 de junio de 2011

Poemas visuales de Alfredo Espinosa, a veces jugando con Escher, y siempre con las Matemáticas


'Al pie de la letra', poemario de Rosario Castellanos

AL PIE DE LA LETRA

La enemistad, que preside todas nuestras relaciones, no nos impedirá amar.
SAINT-JOHN PERSE

AL PIE DE LA LETRA

Desde hace años, lectura,
tu lento arado se hunde en mis entrañas,
remueve la escondida fertilidad, penetra
hasta donde lo oscuro -esto es lo oscuro: roca-
rechaza los metales con un chispazo lívido.

Plantel de la palabra me volviste.
No sabe la semilla de qué mano ha caído.
Allá donde se pudre
nada recuerda y no presiente nada.

La humedad germinal se escribe, sin embargo,
en la celeste página de las constelaciones.
Pero el que nace ignora, pues nacer es difícil
y no es ciencia, es dolor, la vida a los vivientes.

Lo que soñó la tierra
es visible en el árbol.
La armazón bien trabada del tronco, la hermosura
sostenida en la rama
y el rumor del espíritu en libertad: la hoja.

He aquí la obra, el libro.

Duerma mi día último a su sombra.

jueves, 2 de junio de 2011

Poemas de Daniel Aldaya en 'Poema York' (3)

CONVERSACIONES DE NIEBLA

Hablábamos de la vida, de Odoacro, de la vieja Roma.
Rómulo Augústulo atravesaba el páramo
sin detenerse, sin escucharme, no eran nada sus palabras.
-Hay una ciudad donde los vivos lo ignoran todo.
Y después no me miraba, ni asentía, ni refutaba mis observaciones.
-Y el dolor llega a nuestros días.
Su cuerpo trazaba las preguntas sin respuestas,
se erguía el amanecer sobre nosotros como una llave
que se introduce en la cerradura equivocada.
De repente se cumplieron los plazos.
El velo de la noche se empezó a rasgar y desapareció la niebla.
Desapareció Rómulo Augústulo, desaparecieron los que tanto quise,
desaparecieron ellos, los de ayer, los de siempre,
desaparecieron las ascuas para sanar mis frías manos.

Lo comprendí todo en este Nueva York de tanto nadie,
en este Nueva York de muerte,
de tanto dolerme cada amanecer incierto,
de tanto verme yacer en el espejo de mi propia ausencia.

EL MISMO QUE NO SOY

Hay una sombra de hombre cerca de mí
y un hombre sin sombra que se me parece.
Hace tiempo que sospecho que son la misma persona
y hace tiempo que dejé de buscarme
en su unión imposible.

Un par de chistes de Runtime-Error, uno con las Matemáticas


Extraídos de www.runtimecomics.com

Un par de poemas de Alfredo Poyo

ANSIEDAD

retumba la noche oscura
por las vertientes en niebla de tu cuerpo
mientras las farolas delatan en tus labios
la inseguridad que se esconde
tras el brillo de un piercing

las calles llevan casi todas
a locales pachangueros
santuarios del olvido
donde jóvenes y belleza son de humo
nuestros gestos aullidos

a las palabras las persigue el minotauro
buscan en el reflejo de un cristal de botella
la luz necesaria que ahuyente la negrura
pero el cristal empalidece
cuando me rozas la entrepierna
y el ron nos sumerge en bocanadas de dolor
el pedo y el baile como máscaras
la eyaculación unos voltios de lágrimas
una arqueta en la que se ahogan
los cuerpos y la noche
tus ojos y la tierra
las caricias sin amor

qué asco da la vida desde el vacío de las tripas
cuándo acertarás a sacar punta al del espejo
estoy cansado de perderme entre la noche
de sentirme débil por sus calles
decidme
si alguno de vosotros lo sabe
decidle cómo sentirse a gusto
con los días con las noches
con uno mismo cuando no está dormido


REENCUENTRO

los pasos no se atreven a correr
el corazón contiene un inminente alboroto
la sonrisa se va estirando
las manos tiemblan
la plaza enmudece
desaparece la tarde
el universo se reduce a tu presencia

y tú como yo
como dos niños ante un juguete nuevo
después de tantos años sin vernos
y justo antes de que estalle la alegría

miércoles, 1 de junio de 2011

Anamarek, tiras con números


Extraídos de http://comecomecocos.es/.

Un poema de Alfonso López

Entre lo blanco se mueve
¿ángel sin pájaro,
sonido?

Entre lo blanco se agita, celeste,
como un vibrar de cielo, se acerca,
¿agua en silencio?

Entre lo blanco respira
y nada a su vera queda,
¿espacio sin alma?

Entre lo blanco
que nadie lo presiente
y lo habla,
y se quiebra en esquinas
de luz y tan sencillas.

'Cien coplas por soleá', Ediciones Árdora, 2000 (1)

Selección y prólogo de José María Rubio.

Lo encuentras aquí.

¡Viva el kaiku! Qué duda cabe. Pero en nuestra tradición poética (la española, quiero decir, o la de lengua española) hemos cultivado formas similares, por sentenciosas y plásticas. En el haiku el objeto es la naturaleza, en esta tradición de la que hablo, el quejío y la cotidianidad. Decir quejío es decir flamenco, hoy indisolublemente ligado a la música, inseparable de la guitarra, por más que se estudien otras combinaciones (en las que Camarón fue un innovador absoluto en confabulación con Kiko Veneno. Ay 'La leyenda del tiempo'); pero en su origen, las coplas flamencas (copla, del latín copula, unión o enlace de letra y música), eran tonás que se cantaban en la intimidad, expresión cierta poetizada de las propias vivencias.
Algunas de estas cosas, y más, nos cuenta José María Rubio del flamenco y sus orígenes en un librito que registra 100 soleares. La soleá, pues, como registro más original del cante jondo.
Volviendo a marcar diferencias con el haiku, en la soleá se emplean tres versos o cuatro, todos ellos octosílabos. El romance es nuestra lengua.
Pues ahí va la muestra, en dos entradas, de esta colección de soleares anónimas (salvo una).

Los vientos llevan mentiras,
el que diga que no miente
que diga que no respira.

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Yo no quiero na de nadie
que sólo quiero lo mío,
quiero lo que me quitaron
antes de yo haber nacío.

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Fatigas pero no tantas,
que a fuerza de martillazos
hasta el hierro se quebranta,

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Tengo más poder que Dios
porque él no te perdona
lo que te perdono yo.

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Qué cuidao se me da a mí
que haya tan buenos doctores
si me tengo que morir.

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Que te quiero bien lo sabes,
pero no lo comunico
ni contigo, ni con nadie.

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Te quise sin darme cuenta
y ahora que quiero olvidarte
qué trabajito me cuesta,

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Voy como si fuera preso,
detrás camina mi sombra,
delante mi pensamiento.
Augusto Ferrán

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Me pides que te perdone
y no te miro a la cara,
si no te quisiera tanto
tal vez yo te perdonara.

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Dices que no me pues ver
y en la cara te ha salido
la raíz de mi querer.