martes, 7 de mayo de 2013

Poemas de José Almendros en "Nostálgicas", publicado en 1898. Hoy [Astros serenos...] y [Ya lo sé...]

[ASTROS SERENOS...]

Astros serenos del ancho espacio
mudos viajeros del cielo azul,
pálidos faros siempre encendidos
que vuestro rumbo llenáis de luz.

Quizá en vosotros de nuevos seres
fugaz materia gimiendo va;
quizá otras almas frente a la mía
a lo infinito se asomarán...

Acaso alguna con la que lejos
vive ignorada, sueña a su vez,
y en vuestras luces, como la mía,
su huella en vano busca también.

Si un inconsciente funesto crimen
sufrir les hizo castigo tal,
¡oh!, ¿cuándo libres en los espacios,
de amor un beso las unirá!...

[YA LO SÉ...]

Yo lo sé; en los sueños
en que el alma flota
una voz lejana
me lo dijo a solas...

Confundiendo el hombre
siempre luz y sombra,
ve en venir la una,
ve en partir la otra.

Yo lo sé... en las dudas
en que el alma ahonda,
una voz extraña
me lo dijo a solas...

Hay mirando a espacios
que lo humano ignora
un ángel que ríe
sobre cada fosa.

Y mirando al alma
que al venir custodia
sobre cada cuna
la alba frente dobla,
la invisible imagen
de un ángel que llora...

"Obras de Garcilaso de la Vega ilustradas con notas", por José Nicolás de Azara

En el año 1765, José Nicolás de Azara, mecenas de las artes y diplomático (hombre culto y conocedor de lenguas), publica la presente obra de Garcilaso, en la que buscaré sonetos que ofreceros cada martes, entre otras cosas. Pero, obligado y gustoso, no puedo más que hacer una pausa para compartir, actualizando la ortografía, y en muy poco la puntuación, el texto en que a modo de prólogo reflexiona sobre Garcilaso y la lengua castellana. Espero que sepas apreciar las palabras de Azara.

Ah, el libro lo tienes en la Biblioteca Virtual Cervantes.

Prólogo del editor (José Nicolás de Azara)

La propiedad y elegancia de nuestra lengua ha padecido tanto en las infelices manos de ruines escritores, y ha llegado por culpa de ellos a tal decadencia; que es preciso cause lástima a todo buen español. Muchos grandes hombres han observado que la excelencia de las lenguas, su permanencia y extensión, crece y mengua al paso que la pujanza de los imperios, y que la habla de los pueblos se perfecciona y derrama al abrigo de sus victorias. Esta observacion es muy verdadera; y la serie de los progresos de la lengua castellana hasta nuestros días demuestra más su certeza.

Desembarazose España en el siglo XV de las guerras interiores que la fatigaron tanto tiempo; y a proporción que fue afirmándose su imperio, nacieron la suavidad de costumbres, y la cultura de la lengua. En el Reinado de Don Juan II se dejó ver el crepúsculo de esta moral revolución. Entraron a gobernar Fernando V e Isabel, y con su admirable talento, no solo ensancharon los límites de esta Monarquía con tantas conquistas interiores y ultramarinas, sino que con aquella gracia, solo dada a los ingenios que por privilegio coloca la naturaleza sabre el trono, formaron un número de hombres eminentes en todas clases: crearon los espíritus: les comunicaron un modo de pensar más elevado : suavizaron sus modales: y de esta semilla vino la copiosa cosecha de héroes que vio después la edad de Carlos V. Sostúvose hasta principios del reinado de Felipe III; pero a guisa de aquellos terrenos que recién abiertos dan colmados frutos, y si les falta el empezado cultivo producen en fuerza de la bondad de su suelo, disminuyéndose cada año los tesoros que al fin niegan totalmente: así se vio que la fecundidad de los ánimos españoles fue produciendo en fuerza de las labores primeras, y disminuyéndose en razón de lo que se apartaba de su origen, hasta que a últimos del siglo XVII quedó enteramente estéril. Los mismos pasos fue siguiendo nuestra lengua: nació, creció y envejeció por los mismos grados; notándose también que los progresos hacia la perfección fueron rápidos, y la decadencia lenta y perezosa como la del imperio. ¿Qué tropel de escritores no produjo España al tiempo mismo que Carlos V traía asustada toda la Europa con sus armas? Bajo Felipe II hubo muchos más, pero estos eran fruto de las labores de su padre y bisabuelos.

No es mi ánimo hacer aquí el catálogo de nuestros escritores de aquel tiempo, ni necesitan más elogios que los de sus Obras: y baste saber que a la época del Concilio de Trento no había en toda Europa Nación más instruida que la nuestra. Cuanto nuestras armas eran conocidas y respetadas, tanto progreso iba haciendo el lenguaje español. Era el más apreciado en las cortes de Alemania, Italia y Flandes. Los Franceses lo aprendían con la misma aplicación que nosotros nos dedicamos hoy al suyo; y era vergonzoso a los hombres de letras el ignorarlo. Iba por fin nuestro idioma a hacerse casi universal por los mismos términos que lo consiguió el francés en el siguiente siglo, y que quizá antes del fin de este lo logrará el inglés; pero faltole la fortuna de las armas, y sin su apoyo fue retirándose otra vez a los límites de su primera cuna.

Las demás naciones se han dedicado a las ciencias después acá con un empeño y una aplicación tan seguida y constante, que parece han llegado con sus descubrimientos a tocar los límites adonde puede llegar el entendimiento humano. Nosotros solo hemos retrocedido. En nuestras Universidades se ven hoy los mismos Estatutos, y las mismas lecciones que se oían dos siglos hace; pero hay la diferencia de que los que las cursan ahora estudian menos, y que sus catedráticos en muchas partes no enseñan nada.

Las causas de esta decadencia son muchas; pero ni este es su lugar ni yo instrumento a propósito para referirlas. Baste decir, que en lo que los españoles han trabajado con ahínco hasta nuestros tiempos, exceden con inmensa ventaja a todas las naciones: y si no que me citen ¿cuál de ellas ha dado a luz tantos y tan pesados volúmenes sobre Aristóteles como nosotros; tantos escritores eminentes en teología escolástica; tantos y tan sutiles casuistas de moral; y tantos profundos comentadores del código, y pandectas?

Casi todos estos hombrones han tenido la precaución de no vulgarizar las ciencias tratándolas en la lengua que se hablaba en su patria, lo contrario hubiera sido en su sentir una profanación: y con esto han logrado que donde peor se habla castellano es donde se enseñan las ciencias, y allí tal vez es donde se sabe menos latín. Neorixa, Francisco Sánchez, Antonio Agustín, Luis Vives, Arias Montano, Mariana, y otros infinitos podrán decidir la cuestion, comparados con los que posteriormente han enseñado y escrito.

De este abandono que ha padecido nuestra habla castellana se siguió que tratándose las ciencias en latín, aunque bárbaro, la han privado de la copia y propiedad que hubieran podido darle las voces científicas que ninguna lengua puede tener originariamente: y por esto los autores que en nuestros dias han tratado de Física o de Matemáticas se han visto en la necesidad de formarse vocablos a su modo y recurriendo al griego, al latín, o a otros arbitrios.

Despreciada pues por nuestros catedráticos su lengua nativa, se le cortaron las alas para su perfección. Raro español ha gastado seis meses para aprenderla por reglas y principios al modo que aprendían la suya los griegos y romanos; siendo infinitos los que han gastado otros tantos años en aprender un mal latín, que en tiempo de Simón Abril y de nuestros buenos preceptores se adquiría en cuatro meses.

Los poetas del siglo antecedente mantuvieron en cierto modo la reputación de nuestro idioma durante algún tiempo, con particularidad, los cómicos; pero, como a la propiedad con que lo usaron, y al ingenio, juntaban una crasa ignorancia, luego que las otras naciones supieron más, los abandonaron del todo. Entre los mismos poetas hubo muchos que con lo que llamaban cultura, y con sus insípidos equívocos, contribuyeron no poco a corromper la frase castellana. Como en el fondo nada sabían, se afanaban por parecer la que no eran: y así hasta en las voces y en el modo de usarlas afectaron su mezquina erudición. Los primeros padres de la Lengua, aunque la formaron y pulieron con las gracias de la latina, como habían hecho poco antes los italianos, no se sujetaron tanto a esta que en toda mostrasen las señales de su servidumbre. Sus sucesores al contrario, por ostentar su saber ponían en todo la marca de la latinidad. Los primeros, por ejemplo decían afeto, escuro, contino, repunar, espirtu, coluna, perfeto, ecelente; y los segundos afecto, obscuro, columna, excelente, &c sin más fin, a mi entender, que el de manifestar sabían el origen de estas voces; sacrificando la suavidad a su presunción. El mismo fin tuvieron en despreciar otros vocablos muy propios, como el empero, entorno, aína, sendos, magüer, asaz, largueza, consuno, por ende, y otros, que sobre ser mil veces más significativos y elegantes que los que sustituyeron, daban cierta majestad y pulidez a la conversación.

Estas y otras muchas causas que omito ha tenido la decadencia de la lengua castellana hasta el principio de este siglo. El reinado de Felipe V hubiera restablecido las cosas a su primer lustre, si el daño no hubiera echado tan altas raíces, y si otra nueva casta de corrompedores no se hubiera opuesto a las ideas de aquel monarca. Hablo de los traductores: esta plaga se nos hizo principalmente necesaria para el comercio de la literatura francesa. Hasta la venida de Felipe V eran muy pocos los españoles que supiesen el francés. Muchos de nuestros sabios lo miraban con desprecio: otros como inútil; y algunos con odio. Rellenos de su Aristóteles, y pomposos con las borlas de Salamanca y Alcalá, no creían que en el mundo hubiese más que saber, ni que una nación enemiga pudiese tener buena instrucción. Desengañolos el trato: vieron gran copia de libros franceses; y con una rapidez increíble se aplicaron a traducirlos al castellano; pero como los más no calaban bien la fuerza de uno ni otro Idioma, hicieron un batiburrillo miserable de los dos. Lo menos ha sido la introducción de infinitas voces francesas con que han inundado nuestra habla sin necesidad: han desfigurado además su carácter, formando una construcción Francesa con voces españolas y mestizas. Confieso, sin embargo , que no han faltado en nuestros días algunos escritores y Traductores libres de esta falta que han manejado su lengua con felicidad y pureza; pero su ejemplo no ha podido prevalecer contra el número mayor.

Todas estas consideraciones me han hecho discurir sobre los medios de atajar los progresos del mal; y a este fin me ha parecido lo más oportuno renovar los escritos de los patriarcas y fundadores de la lengua castellana. Su lectura sola puede acordar los ejemplos dignos de seguirse, y restituir la pureza y elegancia de maestra plática. Varios sabios han predicado la necesidad de fijarla, en el modo que puede hacerse con una lengua viva: y a mi parecer tienen razón. El asunto está en la época que se debe elegir. Los que escogen la de la corrupción no siguen buen camino: y al contrario debemos trabajar y afanar con la persuasion y el ejemplo para que se tomen por modelo los autores que escribieron en el siglo del buen gusto.

Garcilaso de la Vega ha sido siempre reputado por uno de nuestros escritores más elegantes. Él y Boscán fueron los que nás contribuyeron a pulir la lengua, y los que en la versificación introdujeron el número y medida de los italianos, sustituyendo los endecasílabos a las antiguas coplas españolas de 16, 14 y 12 silabas que usaron Berceo, el Arcipreste de Hita, Juan de Mena y otros poetas de aquellos tiempos. Garcilaso no conoció los asonantes; y en la novedad que quiso hacer en la Égloga segunda de colocar el consonante en medio del verso al modo de los árabes, fue poco feliz y menos imitado.

Juzgo que el público amante de nuestra lengua no despreciará el regalo de una edición de Garcilaso la más corregida que hasta ahora se ha hecho. Todas las impresiones antecedentes están llenas de errores, muchos versos faltos, e infinitas palabras equivocadas que tuercen y trabucan el sentido. Todas estas faltas se han enmendado cotejando el texto de las distintas impresiones de Medina del Campo, Estella, Salamanca, Sevilla, Madrid y Lisboa, y de un MS. de cosa de 150 años de antigüedad.

El incomparable Francisco Sánchez El Brocense, Hernando de Herrera y Don Tomás Tamayo de Vargas hicieron notas a las Obras de Garcilaso. Al primero debe mucho nuestro autor, pues sobre haber corregido cuanto pudo sus versos, anotó los pasajes de los poetas que imitó. El segundo compuso un difuso comentario, en que conforme al gusto de los comentadores de su tiempo dijo cuanto sabía: y el tercero, no obstante el ejemplo de los dos anteriores, hizo de sus notas el mejor dechado de los despropósitos.

Para no caer en los mismos inconvenientes, me he propuesto estampar unas anotaciones que aclaren las oscuridades del texto y hagan ver la habilidad y juicio con que Garcilaso supo imitar, y muchas veces mejorar, los pasajes más bellos de los poetas antiguos.

Cuando El Brocense dio a conocer estas imitaciones de nuestro autor, hubo gentes tan insensatas que lo reheprendieron; porque, según ellos, oscurecía la gloria del poeta declarando sus hurtos. Creo que ahora no faltará quien discurra como entonces; pero yo, sin embargo, juzgo que en estas imitaciones colocó Garcilaso su mayor mérito. Son muchas las razones en que me fundo; mas por ser breve me contentaré con acordar lo que dice el gran crítico Boileau, y mucho antes había notado El Brocense: Que el poeta que no haya imitado a los antiguos, no será imitado de nadie.

Esta regla convendría que tuviesen siempre presente los que se ponen a hacer versos. Por no haberla observado nos hallamos ahora con tantas coplas castellanas, y tan poquísimas dignas de leerse. Garcilaso se hizo poeta estudiando la docta antigüedad: las notas lo prueban, y este es el modelo que presento a mis paisanos.

Omito referir aquí los hechos militares y civiles de nuestro autor. Quien quisiere saber su vida la encontrará en lo que de él han escrito Fernando de Herrera, Luis Briceño, Don Nicolás Antonio y otros. Para la poca luz que esto puede dar a sus escritos, basta saber que Garcilaso nació en Toledo, año 1503, de Garcilaso de la Vega, comendador mayor de León, y embajador de los reyes católicos en Roma, y de Doña Sancha de Guzmán, señora de Batres. Luego que, por su edad, pudo tomar las armas, siguió al emperador Carlos V acompañándole en las jornadas de Viena y Túnez, y, últimamente, en la de Marsella: donde al retirarse de Italia mandando once compañías de infantería, le ordenó el emperador escalar una torre defendida por unos arcabuceros paisanos. Subía Garcilaso delante con intrepidez cuando recibió una pedrada en la cabeza, de que murió de allí a pocos días en Niza, año 1536, a los 33 de su edad.

Si este mi trabajo fuere agradable al lector, en breve le daré reimpresas las Eróticas de D. Esteban Manuel de Villegas; y a continuación las Obras escogidas de muchos poetas castellanos antiguos y que aunque no son tan comunes como las de otros que en estos últimos tiempos han conseguido aplauso, serán seguramente mejor recibídas de la posteridad.

lunes, 6 de mayo de 2013

"Postales al viento" (2). Hoy, poemas de El Cable Azul ( y la foto que acompaña a su texto) y Toño Benavides

LAIKA (El Cable Azul)

Si las estrellas están lejos
telescopios, cohetes y naves espaciales
to boldly go where no man has gone before
aunque no haya nadie esperando
como monos del espacio
o perritas rusas
ladrándole a la luna de cerca,
aullándole al oído
sin ir clavando banderitas
sin saber si volveremos
y si volvemos
chapuzón en la estratosfera
caída en el calor, fricción
y al final
el mar azul, la sal
y el improbable rescate
que poco importa
a quien ha visto ponerse
y salir por Antequera
a todo el condenado planeta.


QUIERO LEERTE POR DENTRO (Toño Benavides)

Quiero leer lo que escribas
cuando eches las cuentas a oscuras
cuando se descuelguen tus muros, cuando caigas.
Cuando te aniden serpientes en el hígado y la memoria,
cuando ladren mutilados los perros de tu infancia.
Quiero leerte por dentro
cuando bebas en el charco de tus ojos,
cuando rieguen tus zapatos descosidos
los fatigados camiones del alba.
Cuando te abracen tus hermanos
en el humo de la ruina, cuando duermas
borracho de quimeras, vacío de esperanzas.
Cuando vayas dando tumbos, coronado
por los golpes del combate con tu sombra.
Cuando vuelvas a tu casa
flanqueado de silencios, escoltado por extraños
y sirenas de ambulancia.

Publicación de las "Escenas Matritenses" de Mesonero Romanos en 1862. Advertencia de Mesonero

Advertencia

Para esta segunda serie

«Nunca segundas partes fueron buenas», decía, algo ligeramente, el Príncipe de los ingenios españoles, al mismo tiempo que se contradecía en la segunda parte del Quijote , infinitamente superior a la primera.

El autor de las Escenas , que desde principios de 1832 venía ensayándose en un nuevo género literario con el corto candal de fuerzas intelectuales y escasa instrucción que le permitía su edad juvenil, y cohibido también por la censura suspicaz y meticulosa que por entonces cortaba las alas del ingenio, no pudo hacer más que iniciar, digámoslo así, su pensamiento en la primera serie de estos artículos, que tituló Panorama Matritense y que comprenden los publicados desde 1832 a 1835.

Animado por la inesperada benevolencia de un público indulgente, aleccionado por la edad, con mayor observación moral y estudio literario, y desembarazado por completo de los rigores de la previa censura, emprendió desde los principios de 1836 la segunda serie de las Escenas Matritenses, creando para ello una publicación propia, indígena y popular, el Semanario Pintoresco Español, primer periódico literario ilustrado (como ahora se dice), con grabados tipográficos y que sostuvo bajo su exclusiva dirección los siete años, desde 1836 a 1842. -En este semanario, pues, y alternando con las diversas materias que exigía su combinación, emprendió y siguió el autor constantemente en dicho período la segunda serie de las ESCENAS MATRITENSES, que es la comprendida en el presente tomo, desde el artículo El Día de toros hasta el de La Guía de Forasteros.

Siguiendo su propósito de describir festivamente, corrigiendo, nuestras costumbres sociales, aunque en muy diverso teatro y con más ventajosas condiciones que en la época anterior, comprendida en su Panorama, trató, en cuanto estuvo a su alcance, de hacerse digno de la benevolencia del público, que había conquistado sin merecerla en su primero y débil ensayo; procuró dar mayor importancia o intención a su pensamiento, diversa forma a su expresión, y más originalidad y corrección a su estilo. -Trabajó para ello en emanciparse de los modelos extraños, que no pudo menos de tener presentes en la primera parte; quiso penetrar más hondamente en el seno de la vida íntima de nuestra sociedad, sin limitarse, como en aquélla, a los usos populares, a la vida exterior, digámoslo así; renunció muchas veces en la exposición de sus cuadros al recurso monótono de colocarse en ellos en primer término, como lo acostumbraba en la época anterior, y procuró formar una narración independiente, dramática y que recordase (cuando no alcanzase a imitar) el giro, la intención y hasta el estilo de nuestros buenos escritores: Cervantes, Quevedo, Mendoza, Guevara, Alemán, Espinel y Moratín. -Si llegó o no a conseguirlo es lo que el público sólo tiene derecho a juzgar. Al autor le basta confesar su patriótico intento, si ya no lo revelara claramente en todas sus líneas, y más especialmente en los artículos o cuadros de El Día de toros, Madre Claudia, o De tejas arriba; El Recién venido, El Entierro de la sardina, La Posada, o España en Madrid; Los Románticos, La Junta de cofradía, Las Sillas del Prado, y otros varios.

En lo que no cambió un punto de su primer propósito fue en procurar conservar o guardar siempre la distancia conveniente de las ocurrencias políticas, de las circunstancias, entonces extraordinarias, del país. Proponiéndose pintar a éste bajo su aspecto tranquilo y normal, y aun sabiendo muy bien que al renunciar al interés palpitante del momento arriesgaba el inconveniente de no ser leído ni estimado por las personas competentes, no pudo dominar la invencible repugnancia con que, por carácter y por convicción, continuaba mirando el para otros tan fecundo campo de la política; y confió siempre en que, conservándose ajeno a aquellas ambiciones, vuelta la espalda a las discordias y agitaciones momentáneas del país, hallaría acaso entre la masa del pueblo una porción más o menos numerosa dispuesta a apreciar su tarea moral. Y que si ésta, por su corta influencia o escaso número, no le recompensaba con aplauso sonoro ni expresiva popularidad, acaso le brindaba para lo sucesivo con una simpatía más sólida y duradera, una vida más larga, tranquila y exenta de remordimiento y sinsabor.

Por fortuna, puede decir que acertó en su raciocinio. Las circunstancias febriles de aquella época pasaron ya: con ellas desaparecieron los escritos que les fueron consagrados y las palmas tempestuosas que produjeron a sus autores. Los hombres pasaron; pero el hombre queda siempre, y el pintor de la sociedad sustituye al retratista de la historia. La favorable acogida que el público español continúa dispensando, después de medio siglo, a esta obrilla, y las repetidas ediciones hechas de ella en este período, prueban, no un mérito que realmente no tiene, sino la solidez del raciocinio y la precisón del cálculo del que en circunstancias excepcionales tuvo la suficiente abnegación para prescindir del aplauso del momento, y se propuso pintar el estado normal, las condiciones esenciales de nuestra sociedad, procurando en su cuadro acercarse, en cuanto le fue posible, a las cualidades que aseguran la permanencia a las obras literarias. La moral y la verdad en el fondo, la amenidad en la forma, y la pureza y el decoro en el estilo.

Poesía ultraísta, "Poema rascacielos" (Alfredo Marqueríe) y "A caballo, río, martín pescador" (Fernando María de Milícua)

POEMA RASCACIELOS

(1

Sobre el cielo en derribo
testuz de la ciudad a quien serraron
cuernos de chimeneas
Monstruo postdiluviano
de la línea y el plano.

(2

Acerico de luces:
rascacielos.

(3

Fichero de bombillas y cristales,
estante de oficinas,
y tabla pitagórica de pisos
donde topan al fin los ascensores
en los multiplicandos.

(4

Tatuaje eléctrico,
-rojo arañazo del letrero-
vena rota de anuncio
se desangra el chaflán en vías públicas
donde pastan rebaños de bocinas.

(5

Entretejido de ventanas,
geometría de estrellas,
teorema iluminado.
Dominó de la cuarta dimensión,
(Solo manos de Dios lo jugarían).

(6
Raíz cúbica de astros.

A CABALLO, RÍO Y MARTÍN PESCADOR

    ton , ti , que ,
    ton , ti , que ,
    ton , ti , que ,
tíquete - tíquete - tíqueteton
tíquete - tíquete - tíqueteton
tíquete - tíquete - tíqueteton
    ¡ flac ! . . .
    boriboro boribora
    boriboro boribora
         boriboro
    ¡ tulip ! ¡ tulip !
bori bi , bi , bi , bi , bi , bi , bi , ...

viernes, 3 de mayo de 2013

"El día inútil" y "Destino", poemas de Rosario Castellanos en su poemario "Lívida luz"

EL DÍA INÚTIL

Me han traspasado el agua nocturna, los silencios
originarios, las primeras formas
de la vida, la lucha,
la escama destrozada, la sangre y el horror.
Y yo, que he sido red en las profundidades,
vuelvo a la superficie sin un pez.

DESTINO

Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

jueves, 2 de mayo de 2013

Ibáñez se inspira en André Franquin (4)



Seleeción de los 40 casos que se exponen en En Todo el Colodrillo.

Poemas de Marcio Catunda en "Paisajes y leyendas de España" (3)

SALOMÓN BEN GABIROL

Salomón Ben Gabirol bebe en Plotino altos caminos.
Alaba a Dios, bálsamo de heridas.
Desdeña el alma atada a la carne.
Se cebaron los alfaquíes
en la saña de separar el grano de la paja.
El visir Samuel lo acoge en Granada.
Oscuros eran los días de eternos alambres.
Sogas tenebrosas el corazón le oprimían.
No pudo ya en su casa comer el pan de centeno.
Añoraba, de las esferas celestiales,
el adorable tiempo sin espacio,
la absoluta nada que se ha hecho todo.


IBN ARABI MEDITA SOBRE EL AMOR

Al Ser sin figura, permanezco unido
por el cariño que la sombra tiene por la luz.
Al que todo oye y todo ve,
entrego mi ilusión de tiempo.
Al indefinible, al compasivo,
al que deposita medida y equilibrio en mí,
suplico preservarme del pavor.
Al que despierta la voluntad de contemplarlo
y se deja ver en la nube,
exuberante y velado en formas infinitas.
Al que suscita la esperanza del que se enamora
y sobrepasa a toda concepción humana.
Al que a nada se asemeja.
Al que enseña que no hay otra cosa sino Dios.
Al que se revela Único
y exhorta a los hijos de Adán a adorarlo.
A él le reverencio
cual amante gratificado que suspira.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Idoia Arbillaga sobre la "Topología de una página en blanco" de Alejandro Céspedes

Ni la deliberada simplicidad metafórica de algunos autores es garante poético de que el texto sea una representación estético-literaria de la Verdad, ni el exaltado oropel o las intrincadas metáforas de otros avalan siempre la revelación poética. Nos hallamos en cambio aquí ante un elevado texto de Alejandro Céspedes de difícil clasificación dentro del sistema global de géneros, y que verdaderamente alcanza la tan perseguida revelación poética, la renovación de las verdades de siempre, a través de un proceder textual y metaforológico distinto. La urdimbre de su dispositio revela un elaborado sistema de coexistencia textual en donde igualmente confluyen aspectos retóricos tan propios de los géneros artístico-literarios como de los géneros ensayísticos e, incluso, se dan cabida a referentes propios del discurso científico-técnico; todo ello sin embargo figura mediante una impecable cohesión interna, a propósito de una de las poesías más reveladoras de la década. El libro de Céspedes sin duda merece una particular atención crítica que exceda el molde de la reseña en tono familiar y coloquial, que tanto abunda; si bien por cuestiones de espacio únicamente ofreceremos unas anotaciones críticas acerca de la notable relevancia retórica y poética de este libro.

No debe el lector quedarse únicamente en los referentes culturales y poéticos más obvios y que funcionan como molde socio-cultural más evidente de la obra: Mallarmé, Huidobro,  Eliot, en ocasiones cierta fijación textual caligramática o entreverada de espacios, la aparición de eventuales materiales plásticos en imitación del azogue, en coexistencia con la celulosa, etc. Todos esos elementos de la disposición material y los citados referentes literarios figuran en la obra, pero no determinan. Existen en cambio otros referentes filosóficos, literarios y culturales que nos permiten entender la obra como lo que es, un análisis metafísico acerca de los mecanismos gnósticos del ser, de la memoria, la percepción del Arte, la relación entre Sujeto y Objeto literario o lo que aquí se transfiere,  aun de forma incipiente, como el Hombre y la Realidad.

En tiempos en donde la poesía en lengua española se desenvuelve por cauces expresivos de tan débil alcance, sorprende y adquiere total preminencia el poemario de Céspedes, sin duda una de las obras poéticas europeas más relevantes de principios del siglo XXI. ¿De qué manera se  nos revela la Verdad del Ser –y su relación con la palabra- en la dispositio textual? Sorprende, como advertía, la afluencia de aspectos retóricos y de textos de distinta naturaleza discursiva: la metaforología lírica no está reñida con el discurso ensayístico propio de la Filosofía ni con el texto explicativo más propio de la Exposición –y que tantos poemas de otros autores ha arruinado-; se apuntan incluso entimemas propios del discurso argumentativo, todo ello manteniendo un decoro poético y un rigor discursivo de equilibrada perspicuitas para el lector culto.

Aparece así, muy acertadamente, la Hibridación tan del gusto del Arte Contemporáneo; pero mientras en otros es forzada búsqueda de originalidad poética, que no deriva más que en ajado pastiche, en Céspedes posee entidad artística y altura poética plenas. El autor se desenvuelve literariamente con una naturalidad, que cautivará al lector buen conocedor del pensamiento occidental y la historia de su literatura, realiza una mención directa del objeto filosófico-poético que nos recuerda la señalada relación zambriana entre Poesía y Filosofía. Del mismo modo subraya la predominancia del Sujeto ante el Arte, consecuentemente asumida tras el proceso de subjetivización del pensamiento moderno, y que Alejandro Céspedes asume y proyecta en la constitución del texto mediante distintos procedimientos (el juego entre 3ª, 2ª y 1ª persona, entre otros) que aluden al lector, y lo involucran y provocan en tanto que Sujeto que recibe y a la vez construye el objeto estético-literario, esto es, el texto poético que se nos presenta (qué posible interesantísimo estudio, sobre la obra, se pierden los devotos de la Teoría de la Recepción). De otro lado, despuntan muy sutilmente conceptos propios de las filosofías asiáticas, como el tan revelador concepto del Vacío –notoriamente fundamentado en el Taoísmo-, la oquedad y el Ser, etc.

Todo el cuestionamiento de la realidad y la percepción del Sujeto se llevan, no obstante, hacia la palabra, la relación entre Lenguaje y Pensamiento, los límites de la Poesía en su forma meramente textual, la capacidad de aprehensión de la Verdad a través de la Lírica y la Literatura en general (“El resultado de la ecuación es siempre el mismo:/ las palabras heredan la orfandad de las ideas” p.66). La capacidad del autor a la hora de ahondar en la Verdad poética es notoria, y nos lleva a preguntarnos si acaso será éste un poemario que preceda a una indagación del Ser disociado de la Literatura, lo que sería de esperar. Aquí el Ser ante la Palabra, la Palabra ante el Ser, la relación entre Lenguaje y Pensamiento; quizá en el subsiguiente poemario la indagación pura del Ser. Con un texto de tanto alcance poético no puede menos que esperarse otro, a continuación, que lo supere, y ya ansiamos su lectura. “La Verdad sigue ocurriendo en ambos lados” reitera en varios lugares de la obra Céspedes, sin duda un poeta de sobresaliente lucidez que nos lleva con su Topología a ese otro lado de la Luz, que otros ni siquiera atisban.

Artículo de Idoia Arbillaga originalmente publicado aquí, en Culturamas.

Chistes de Carlos Rueda (17)



Un poema de Emilio Pedro Gómez

Para esas tardes en que Nils y Elisa
desciendan de su nube de lápices
a la lluvia que escribo.


Temed a los que rezan
en voz alta:
tahúres de la felicidad.

Escuchad el murmullo
de lo inaminado,
la luz de ese lugar
desubicado de los rostros
en los óleos antiguos.

La primera alabanza de la tierra
fue el canto de un pájaro:
desconfiad de quienes
no lo han escuchado todavía.

Cuidad en su raíz
el agua clara.

Y al invencible tiempo
-al arte de la espera-
hacedlo amigo.