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jueves, 30 de abril de 2015

Rebeca del Casal, "Permanecer" (3, y fin), "Piedra"



PIEDRA

Tú también serás polvo, junto a nuestras cenizas.

Ensangrentado altar que nos sirvió de almohada,
te pintamos, esculpimos y arrojamos
contra el enemigo.
Tú, inerte, no nos juzgaste,
mientras en nuestras manos afilabas guadañas.

Testigo mudo y ciego y quieto
de nuestras vidas reducidas a instante.
Caminamos sobre ti y tú
no dices nada.
Hacemos de ti muros,
iglesias, corazones,
hasta llegar a hundir
en ti nuestras raíces.

Eterna montaña reducida a guijarros.

El viento, el agua, el hombre,
te dinamitarán
y tú
te harás pedazos.
Serás escombro
y lápida,
y sellarás la tumba que encierre nuestros huesos.

Mientras, podré sentarme a descansar sobre una piedra,
al borde del camino, al margen de la Historia.

Publicado por Tigres de papel, en papel y en digital. Consíguelo en su web.

jueves, 23 de abril de 2015

Rebeca del Casal, "Permanecer" (2), "Super Glue", "Vértigo" y "Ese pececito tricolor"



SUPER GLUE

Pegamos la porcelana.
Te mostré mis muñecas:
-Mira,
yo también me rompo.

Los fragmentos
no supieron recomponer la superficie.

Quedó reducido a mapa lo que fue lugar.


VÉRTIGO

¿A qué decimos que no al decir adiós?
Tan fácil pronunciarlo, tan difícil
acontecerlo, hacer
de la despedida un verbo.

Desanudarse mutilando el abrazo,
deconstruir
esa articulación.

A menudo, olvidamos la caducidad del invierno
y lo confundimos con la muerte.


ESE PECECITO TRICOLOR

El cristal
preserva al entorno del pez, milagro
del agua esféricaen mitad del salón, conteniendo
una naturaleza distinta, incapaz
de aburrimiento.
Cuán extraño y habitual resulta
un pez nadando sobre la mesa del comedor. Giran
sobre sí mismos, a veces
aparecen suicidados sobre el tapete de ganchillo.
Generalmente mueren de hipotermia
por un cambio brusco de su entorno -todo- bajo el grifo.
(Entonces parque, palita y caja de cerillas;
o la pragmática cisterna).
O quizá mueran de angustia o de nostalgia;
quizá el pez,
que da vida al salón y alecciona
a los niños sobre el duelo,
sí sea capaz de aburrimiento.

Publicado por Tigres de papel, en papel y en digital. Consíguelo en su web.

jueves, 16 de abril de 2015

Rebeca del Casal, "Permanecer" (1), "Cómplice" y "Selección natural"



CÓMPLICE

Al final del verano nace la oruga del pino,
pero es en mitad del invierno cuando se produce
su verdadera floración.
El comienzo del frío lo pasan en nidos colectivos,
sin apenas espacio.
Varias camadas en la misma cama.

Al final del invierno
árboles y suelo bullen de orugas,
en hileras.
La ceguera es la causa de la procesión.
La estupidez, ese delito.

Miedo a construir
una casa demasiado cerca de un pinar enfermo
y que retoños y guardianes, tan a ras de tierra,
pierdan la lengua por necrosis.

Abandonar el banquillo de los mansos.


SELECCIÓN NATURAL

Los hombres, descendientes de Yahvé,
les engendraban hijos a las mujeres (descendientes
de los hombres). Y entonces ellas
les parían los hijos a ellos.
¡Fecundos receptáculos!

Y así,
a través de longevas vidas
y reiterados incestos,
se pobló el mundo.
Pero es posible que algún cálculo fallara
porque el Ingeniero
no estuvo conforme con el resultado.

Hubo entonces un Noé, un Diluvio y un Arca
(y un Genocidio Mundial).

Después todo
volvió a empezar,
como si nada.

Publicado por Tigres de papel, en papel y en digital. Consíguelo en su web.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Algunos poemas de 'Poetrastos' (3)

(Rebeca Álvarez Casal del Rey)

No quiero ser
fémina–venado, me niego
a enfocar la cuestión desde el punto de vista de la presa.
Tampoco mujer–ostra
a la que pedir permiso,
con pudorosos bombones y florales ofrendas. Muchos
––pase usted delante, señorita.
La traigo, la llevo y la voy a buscar
y, por supuesto, la invito.

Taxista–monedero, abridor
sistemático de puertas,
a la espera de que el molusco condescienda
a ceder su perlita;
y entreabra las valvas, oferente,
toda ella
entrega y triunfo…
(ajeno).

He de añadir
que el papel de hembra–depredadora
tampoco me atrae, pura
tensión magnética,
toda enroscadas curvas y tacones;
afilados los dientes,
arrodillada se relame. Devota mantis...

¡No! jamás seré trofeo ni
taxidermista.

Prefiero, si acaso, callar,
medir nuestros resortes ante
una taza de té; hablando, si acaso, del tiempo,
de alguna noticia del telediario
y de las últimas cien páginas
de uno de los Trópicos.

Toda conversación
será segundo plano de ríos subterráneos.

Prefiero
el silencio y la cascada.
O un animal en celo
(basta con que lo sea
cualquiera de los dos).
Disfrutar
de la caza como de un caleidoscopio,
ser ojo, bala y desgarro; amasijo de
puntos de vista
a ambos lados de la escopeta.

Nunca otorgar
la satisfacción de la conquista (tan
berlusconiana, ella, tan
implacentera).
No permitir
que me claven banderas en las nalgas
(por el mero hecho de mostrarlas).

Pero a veces se adivina al hombre–hombre,
que sabe que no hay mayor placer que gozar
mientras su compañera de cama
se retuerce de gusto. Que no se siente
alimaña ni niño,
jugando a ser Napoleón en las pastelerías.

Pero a veces
se adivina al animal y merece la pena
(aunque sea un rato)
activar el resorte que cruza las piernas,
afila los oídos
y enciende los ojos.

Mientras se habla de política
o del circo, disfrutando
de los torrentes subterráneos y el deshielo
de una taza de té.
––Te dejo que me invites
con una condición,
la próxima vez
invito yo.

jueves, 3 de marzo de 2011

Cristina Morano acaba de publicar poemario con Amargord


Me permito compartiros los 3 siguientes poemas pertenecientes al libro:

03. Ana: miembro del personal de limpieza de una sala de cine

He visto a los mejores cerebros
de vuestra generación, vomitando
las palomitas que sus padres les pagan,
limpiándose la regla con las manos
y luego las manos en la pared.
He limpiado trozos de mierda
depositados deliberadamente
sobre la taza de cada uno
de los dieciséis urinarios de este cine
por dos evanescentes muchachas
a las que no consentí fumar
en el pasillo. Sé cuántos y quiénes
de vosotros se mean en los vasos
de cocacola mientras la sala está a oscuras
–luego salís del cine tan serios,
con el gesto de un pájaro fascinador
y el comentario erguido sobre el labio:
“no ha estado mal”–.
A mí, normalmente, no me veis
Yo
no existe.
Soy la que limpia.
El testigo de la fisiología
vuestra; testigo de la carne.
Y sin embargo, en los aseos,
al lado del excremento,
a veces, la Palabra: “el amor es tal
que cuando tú tienes algo
el otro necesita una cosa distinta”.

06. Orlan: artista francesa multimedia y performativa

Yo es lo que añado.
El plástico en la carne o la línea
del río en el crepúsculo
cuando en París se abren los mejores
clubs de baile de toda la galaxia.
Yo ha sido el arlequín
y el cirujano. No evoluciono
sino que realizo, decoro,
controlo. Añado zapatos de tacón
a mi estatura para medir el mundo;
porque la santa es su hábito,
la modelo su maquillaje,
pero la mujer no es su vagina, sino sus tacones.
Yo es el vestido,
pues hemos dado al tejido
poder sobre nuestra alma:
el vestido decide
quién es yo.
A mi lado parecen aburridos
la Belleza, la Salvación y el Riesgo;
no tienen un yo inalterable
que les demande.

Yo es otra
especie de ternura.

10. Ripley: la gata de la autora

Les concedo la puerta blanca,
no la transpongo nunca. Pero mi hogar
es mucho mayor que eso:
su horizonte sónico comprende
desde los semáforos de Gran Vía
hasta el pobre río con sus árboles
y esas flechas de pájaros
que cruzan de súbito el paisaje.

Porque no entienden la casa
me encuentran Misterio.
Porque me ajeno calculando
la trayectoria del mirlo
después de la ventana,
o en la medianoche alcanzo la polilla.
Porque sus ojos necesitan luz
me llaman Arcano.

Como si fuera uno de sus dioses
–el Divino Cazador del Insecto–
me alimentan.
Me dan
sueño. Y el sueño es también la casa,
sus medidas comprenden mis fauces,
la musculatura exacta y las vibrisas
por donde reverberan ellos
a través del asfalto y de los parques.
Porque tengo mi sueño en mis manos
me suponen Sensualidad.

jueves, 20 de mayo de 2010

Tres poemas más del poemario de Rebeca Álvarez Casal del Rey

La claustrofobia de la oruga
Días de encierro en su alcoba,
clavándose al colchón, reblandecida y cada vez
más blancuzca. Su resaca esconde
agresividad, pornografía y declaraciones
amorosas, sumergidas en lagunas
de vino tinto.

Charcos, lagunas, océanos carmín
de alcohol desmemoriado
y gritar sin voz (y a nadie) ––¡Imposible
soportar el asco por los anillos de mi cuerpo!

Bombardeo de mensajes al teléfono escapan al olvido,
islas de frases eróticas, hirientes,
lúdico-terapéuticas,
dirigidas
a un largo gusano de mirada oscura,
eterno receptor
de ebriedad y obsesiones.
Eterno receptor de las palabras.

La crisálida enterrada
Las letras desencadenan los espectros
del extraño ejemplar de polilla sin alas;
crucifixión ebria
sobre el catre. Un alfiler
en el esternón.
A sus pies un nombre escrito en latín.

En la escafandra se extingue el oxígeno, pero te impide
salir al mundo algo inmostrable.
Desgarradora precisión,
esos casi cien kilos
de pútrida carne
y descompuestas vísceras
de un alma sin castigo.
En su reino de moscas,
en el calor de agosto,
bullendo de gusanos.
Encerrado en su espacio.
Encerrada en tu espacio,
retraída en ti misma, ahogándote
en un vítreo silencio,
que mudos alaridos de socorro no consiguen romper
(nadie escucha), en los alrededores
sólo hay sombras.
Sombras y fantasmas.

Vida deshilachada que no avanza,
pues un eje central obliga al círculo.

Epílogo
Al final sólo quedan
unas cenizas encerradas en un nicho,
ya para siempre oscuridad sin ojos.
Un nombre escrito en una lápida sella el espacio.
Ya para siempre sepultados
yacen juntos,
el monstruo con la bestia.

Amanece. Una mariposa extendiendo a secar
sus alas recién hechas.

Al final sólo quedan
flores rojas en una tumba,
son el comienzo del camino.

jueves, 13 de mayo de 2010

Rebeca Álvarez Casal del Rey ha publicado libro

'Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida' lo ha titulado, y lo ha publicado en la editorial Amargord. De ahí son estos dos poemas que siguen.

Suponiendo la ausencia
Mas las hormigas se dirigen hacia tus llagas y allí procrean sin descanso
Antonio Gamoneda
Las hormigas se dirigen hacia tus llagas y allí procrean sin descanso,
se dirigen hacia el lugar en que tu piel fue arrancada de la superficie de mi cuerpo.

Siameses hilvanados por el abdomen,
o tal vez por la frente,
o por los labios y las palabras sólo pueden ser pronunciadas dentro del otro.

Distancia habitada por insectos sin luz, frías carcasas,
devoran, aniquilan lo que a su paso encuentran,
suponiendo en nosotros
la existencia de algo tan vivo que pueda morir.
Afluentes de hormigas,
entramado de venas horadando la cara oculta de la tierra. Palpita,
cálida, fluye, se desborda de ti.

Bocas diminutas muerden gangrenando el adiós,
impidiendo al tiempo su función analgésica,
suponiendo la existencia del tiempo para lamer las llagas.

Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida.
Y suponiendo que la ausencia coagule rodeada de insectos.



El acto de escuchar
Sólo una pared separa
el grito del oído; una pared
fina, sucia, helada. A veces parece
que el grito sólo existe en el oído
y que nada lo produce más allá de la oreja y las manchas
de humedad. Atraviesa
ladrillos desde el centro del cerebro hasta llegar
al exterior, a este lado
de la pared, donde el grito no ocurre;
donde sólo acontece el oído. Ruidos, gritos, golpes, jauría.
Serpientes. Látigo sólo
de paredes adentro, al otro lado
del oído, junto a la palabra. La madeja.
El tapiz del recuerdo se remonta al gusano
(de seda).
El hilo, el uso y la durmiente
preciosidad.
Palabras encierran, delimitan; las palabras
(unívocas) desbifurcan
la realidad, el hoy. Todo ya ha ocurrido antes del sueño.
Los tabiques no tienen
que inventar. Definen. Digieren. Enfrentan. Revientan
los tímpanos, la pared,
ocurre entre las cejas.
Balas, recuerdos, alaridos, el roce
de la yema de los dedos
en la pared,
en el oído,
en el recuerdo,
quema.

martes, 4 de mayo de 2010

Rebeca Álvarez Casal del Rey lleva su primer poemario a Lavapiés


Miércoles 5 de Mayo, 21:00H
Tapas y Fotos
LAVAPIÉS, c/Doctor Piga, 7
Madrid

Cuervo

Hay un resto de noche junto al día que empieza.

Hay un resto de noche de perfil,
próximo a la piscina. Su ojo
es el punto de fuga del jardín,
su silueta forma sombras chinas sobre el muro,
enjaulada por verjas
que el reflejo del agua hace temblar.

Hay un resto de noche de perfil
despeinando muñecas
cerca del mediodía.
Y de pronto abanica
el aire que lo encierra
y callan las chicharras un instante.

También hay una niña,
está tumbada al sol, sobre la hierba.
Y hay un resto de noche de perfil,
tal vez (si le dejara) besaría sus ojos.
Pero la niña duerme,
de momento el cuervo no es más que un pájaro.

Poema de Rebeca Álvarez Casal del Rey en
'Suponiendo la cicatriz como posibilidad de la herida'.