lunes, 15 de febrero de 2010

Rosario Castellanos dialoga con... Rubén Darío y Octavio Paz

'Saluda al sol, araña, no seas rencorosa', cita Rosario Castellanos a Rubén Darío en sus Diálogos con los hombres más honrados. Ahí va el poema de Rubén:

Filosofía


Saluda al sol, araña, no seas rencorosa,
da tus gracias a Dios, oh sapo, pues que eres.
El peludo cangrejo tiene espinas de rosa
y los moluscos reminiscencias de mujeres.
Sabed ser lo que sois, enigmas, siendo formas;
dejad la responsabilidad a las Normas,
que a su vez la enviarán al Todopoderoso...
(toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso.)

Aunque después de Rubén llegó Octavio Paz para escribir este versito:

Elegía interrumpida


Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
saluda al sol, araña, no seas rencorosa...

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío

Por Tabaré, extraído de http://www.tabareonline.com/

jueves, 11 de febrero de 2010

Contrapoesía de poetas reversados, es una publicación de Ya lo dijo Casimiro Parker


Casimiro ha tenido la feliz ocurrencia, y la suerte, de publicar unos inéditos de Pedro Casariego Córdoba, amén de algunos textos de repaso de la obra conocida de Pe Cas Cor.
No contento con esto, ha incluido en el atrevido libro textos de Scala, y de los jóvenes Arturo Martínez y Gonzalo Escarpa, no menos atrevidos.
Pero sin lugar a dudas, siendo todos ellos tan intrépidos y audaces en su escritura, no lo es menos la propia edición. Debes tener el libro en las manos para apreciarlo, una joya. En próximas fechas te mostraré parte del contenido.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Poemas de Javier Villafañe en 'Hay que regar antes que llueva'

Dios con frecuencia
se provoca un sueño.
Sueña
que es hombre

es su sueñodeseo
ser hombre y sufrir
amar, morir
y tocar su esqueleto

y como su anhelo
es realidad soluble
espejo fiel del sueño

a veces despierta muerto
buscando entre las nubes
elpolvo de sus huesos.

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En qué pensaba Dios cuando hizo la mosca
sus malolientes dleites relajados
el suicidio en un plato de sopa
su infaltable presencia en excusados

transitados
por caballeros que sin llegar aflojan
damas menstruosas
y niños con diarreas de verano

y soreteando por plazas y caminos
entre estiércol y charcos
imprevistos

se pregunta la mosca mientras va volando
¿y yo, en qué estaba pensando
cuando Dios me hizo?

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Las uvas sostienen parrales y racimos
engolosinando gorriones y abejas
mientras La Tierra
gira en el abismo

y la sombraluz de las tinieblas.
Primero fue la uva, antes el vino
cuando la sed hostigaba la lengua
y el agua inauguraba el andar de los ríos.

El agua
delirio en el desierto
último recuerdo

de los náufragos. El agua
que no es nada
más que agua.

Bárbara Butragueño está en Poesía Capital, aquí dos poemas suyos en la antología


I
La luz redondea mi vientre;
yacen a sus costados,
mis manos abiertas,
casi violadas,
rezumando la triste ternura
de quien no entiende.
Yo nací muda.
No viví guerras ni catástrofes,
y mis manos no han tocado
los huesos tristes de los muertos.
Todo cuanto sé
habita el vacío
que cubre la distancia de las cosas,
pues sólo conozco la violencia
de las flores,
la lava fría y soterrada
del lenguaje.
Soy ceniza en el viento abrasado que no soy.
Mi voz es yema del poema,
espacio intermedio entre la palabra y yo,
sin vocación de fuego.
sin cualidad de nada.
Cómo explicarle a mis manos
que nunca curarán la carne de los hombres.
Cómo decirlas que el único elemento
que les es propio
es sólo el magma de la nada,
eje del aire
que nada salva.

VI
Los días impares
me gusta perderme en diagonal.
Las calles
se vuelven piezas necesarias
de un tablero que invento
con haces de luz y hojas.
Lo diurno descansa
en un milímetro de noche,
aletea
riéndose grave
y de pronto comprendo
la urgencia del viento,
las manos escarchadas
de las plazas.
Comienza a granizar bajito
como si algo se hubiera roto
y hubiese que sonreír.
Los tejados húmedos se apilan a mi alrededor
como lomos de libros viejos y el silencio
sabe a madera
y la gente camina de lado,
encogida,
tratando de no romper
el discurso de las hojas.

martes, 9 de febrero de 2010

Presentación de Avanti en el ateneo de Madrid, 10 de febrero

Terminamos el comentario de 'Todo en la tarde', poema del 'Cántico' de Jorge Guillén

(Para leer el poema y los antecedentes del comentario, sigue la etiqueta Sobre Cántico'.)

Pero, si ‘Atrevida un estrella/ luce a solas’ entre la multitud ‘¿Entonces?’…Si la ciudad invita al aislamiento del ser, ¿entonces? ‘Entonces se ensordecen/ Las sombras por los muros, / De su destino henchidos: / Muros en el crepúsculo’. Si el hombre se aisla en busca de su propia salvación, el hombre se emsombrece, a tal extremo queda degradado, y, por más, queda sordo en la prisión que por sí y para sí construye. ¡Ah!, entonces los muros son ciertamente muros, barerras que levantamos para separarnos de los demás. El momento en que se alcanza en plenitud el destino del muro es el crepúsculo, al fin de la jornada. Claro, ¿verdad? Si todos buscamos el aislamiento, el propio provecho, qué sostiene a la sociedad. Bueno, no sé si Jorge es tan político, jejeje, pero a esto apunta. Así es, por tanto, que al final, cuando los amarillos rayos del sol declinan y se acercan al rojo, cuando la luz que a todos nos alumbra tiende a apagarse y quedamos cada cual sumido en su propia sangre, que ‘Cristal no dejan ver/ Los balcones al sol’. Es otro modo de señalar el ocultamiento y el distanciamiento que imponen los muros. Por mejor decir, el ocultamineto y distanciamiento buscados, para los que nos servimos de los muros. En estas circunstancias, sordos nosotros, los rayos del sol no penetran en nos, no hay inteligencia que nos escrute. Y a vueltas con la perspectuva del cristal de balcón que hemos señalado ya en tantos momentos de Cántico, en esta oportunidad la visión es desde el exterior, de nuevo, pero esta vez el fulgor del cristal hace que no se vea hacia adentro y que desde afuera sólo veamos hacia fuera, hacía arriba, hacia el cielo: ‘Que inicia en los balcones/ La actualidad del cielo’, pero no para ver en esa gloria que prorrumpe otra cosa que los carmines en los que estallamos (cantan, dice, este Jorge que a todo da vuelta) y nubes, las mismas nubes que en la primera parte de este poema decíamos que nos limitaban.

En resumen, dice el poema que el hombre es un pobre bicho, un ser social al que la sociedad limita. Y que, entonces, él huye, busca mirar desde afuera y construirse su propia isla artificial de dicha, pero esta búsqueda del yo es una búsqueda que sólo nos conduce a volver a tropezar con las nubes, ¡cómo un hombre puede hallarse a sí mismo tan lejos de los demás hombres! He dicho.

Inodoro Pereyra en 'País de vacas', con un final apoteósico

Tiras extraídas de www.negrofontanarrosa.com. Mira allí para consultar toda la obra de Fontanarrosa.

lunes, 8 de febrero de 2010

Rosario Castellanos dialoga con... Ramón López Velarde

"Soy un harén y un hospital/ colgados juntos de un ensueño", cita Rosario Castellanos a Ramón López Velarde en 'Diálogos con los hombres más honrados'. El poema de Ramón:

LA ÚLTIMA ODALISCA

Mi carne pesa, y se intimida
porque su peso fabuloso
es la cadena estremecida
de los cuerpos universales
que se han unido con mi vida.

Ámbar, canela, harina y nube
que en mi carne al tejer sus mimos,
se eslabonan con el efluvio
que ata los náufragos racimos
sobre las crestas del Diluvio.

Mi alma pesa, y se acongoja
porque su peso es el arcano
sinsabor de haber conocido
la Cruz y la floresta roja
y el cuchillo del cirujano.

Y aunque todo mi ser gravita
cual un orbe vaciado en plomo,
que en la sombra paró su rueda,
estoy colgado en la infinita
agilidad del éter, como
de un hilo escuálido de seda.

Gozo… Padezco… Y mi balanza
vuela rauda con el beleño
de las esencias del rosal:
soy un harén y un hospital
colgados juntos de un ensueño.

Voluptuosa Melancolía:
en tu talle mórbido enrosca
el Placer su caligrafía
y la Muerte su garabato,
y en un clima de ala de mosca
la Lujuria toca a rebato.

Mas luego las samaritanas,
que para mí estuvieron prestas
y por mí dejaron sus fiestas,
se irán de largo al ver mis canas,
y en su alborozo, rumbo a Sión,
buscarán el torrente endrino
de los cabellos de Absalón.

¡Lumbre divina, en cuyas lenguas
cada mañana me despierto:
un día, al entreabrir los ojos,
antes que muera estaré muerto!

Cuando la última odalisca,
ya descastado mi vergel,
se fugue en pos de una nueva miel
¿qué salmodia del pecho mío
será digna de suspirar
a través del harén vacío?

Si las victorias opulentas
se han de volver impedimentas,
si la eficaz y viva rosa
queda superflua y estorbosa,
¡oh, Tierra ingrata, poseída
a toda hora de la vida:
en esa fecha de ese mal,
hazme humilde como un pelele
a cuya mecánica duele
ser solamente un hospital!

Por Tabaré, extraído de http://www.tabareonline.com/