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"Anagke", Rubén Darío, en "Azul". Con este poema completamos los versos de Rubén Darío en "Azul"

ANAGKE Y dijo la paloma: -Yo soy feliz. Bajo el inmenso cielo, en el árbol en flor, junto a la poma llena de miel, junto al retoño suave y húmedo por las gotas del rocío, tengo mi hogar. Y vuelo con mis anhelos de ave, del amado árbol mío hasta el bosque lejano, cuando al himno jocundo del despertar de Oriente, sale el alba desnuda, y muestra al mundo el pudor de la luz sobre su frente. Mi ala es blanca y sedosa; la luz la dora y baña, y céfiro la peina; son mis pies como pétalos de rosa. Yo soy la dulce reina que arrulla a su paloma en la montaña. En el fondo del bosque pintoresco está el alerce en que formé mi nido: y tengo allí, bajo el follaje fresco un polluelo sin par, recién nacido. Soy la promesa alada, el juramento vivo; soy quien lleva el recuerdo de la amada para el enamorado pensativo; yo soy la mensajera de los tristes y ardientes soñadores, que va a revolotear diciendo amores junto a una perfumada cabellera. Soy el lirio del viento. Bajo el azul del hondo firmamento muest...

"A un poeta", Rubén Darío en "Azul"

A UN POETA Nada más triste que un titán que llora, hombre-montaña encadenado a un lirio, que gime, fuerte, que pujante implora: víctima propia en su fatal martirio. Hércules loco que a los pies de Onfalia la clava deja y el luchar rehusa, héroe que calza femenil sandalia, Vate que olvida a la vibrante musa. ¡Quién desquijara los robustos leones, hilando esclavo con la débil rueca; sin labor, sin empuje, sin acciones; puños de fierro y áspera muñeca! No es tal poeta para hollar alfombras por donde triunfan femeniles danzas: que vibre rayos para herir las sombras, que escriba versos que parezcan lanzas. Relampagueando la soberbia estrofa su surco deje de esplendente lumbre, y el pantano de escándalo y de mofa que no lo vea el águila en su cumbre. Bravo soldado con su casco de oro lance el dardo que quema y que desgarra, que embiste rudo como embiste el toro, que clave firme, como el león, la garra. Cante valiente y al cantar trabaje; que ofrezca robles si se juzga monte; que su idea, en ...

"Pensamientos de otoño", de Rubén Darío, en "Azul"

PENSAMIENTOS DE OTOÑO                                   De Armand Silvestre Huye el año a su término como arroyo que pasa, llevando del poniente luz fugitiva y pálida. Y así como el del pájaro que triste tiende el ala, el vuelo del recuerdo que al espacio se lanza languidece en lo inmenso del azul por do vaga. Huye el año a su término como arroyo que pasa. Un algo de alma aUn yerra por loS cálices muertos de las tardas volúbiles y los rosales trémulos. Y de luces lejanas al hondo firmamento, en las alas del perfume aún se remonta un sueño. Un algo de alma aun yerra por los cálices muertos. Canción de despedida fingen las fuentes túrbias. Si te place, amor mío, volvamos a la ruta, que allá en la primavera ambos, las mano juntas, seguimos; embriagados de amor y de ternura, por los gratos senderos do sus ramas columpian olientes avenidas...

"Invernal", de Rubén Darío, en "Azul"

INVERNAL Noche. Este viento vagabundo lleva las alas entumidas y heladas. El gran Andes yergue al inmenso azul su blanca cima. La nieve cae en copos, sus rosas trasparentes cristaliza; en la ciudad, los delicados hombros y gargantas se abrigan; ruedan y van los coches, suenan alegres pianos, el gas brilla; y, si no hay un fogón que le caliente, el que es pobre tirita. Yo estoy con mis radiantes ilusiones y mis nostalgias íntimas, junto a la chimenea bien harta de tizones que crepitan. Y me pongo a pensar: ¡Oh! ¡Si estuviese ella, la de mis ansias infinitas, la de mis sueños locos, y mis azules noches pensativas! ¿Cómo? Mirad:           De la apacible estancia en la extensión tranquila, vertería la lámpara reflejos de luces opalinas. Dentro, el amor que abrasa; fuera, la noche fría; el golpe de la lluvia en los cristales, y el vendedor que grita su monótona y triste melopeya a las glaciales brisas. Dentro, la ronda de mis mil delirios, las cancione...

Rubén Darío, "Autumnal", en "Azul"

AUTUMNAL                               Eros, Vita, Lumen En las pálidas tardes yerran nubes tranquilas en el azul; en las ardientes manos se posan las cabezas pensativas. ¡Ah los suspiros! ¡Ah los dulces sueños! ¡Ah las tristezas íntimas! ¡Ah el polvo de oro que en el aire flota, tras cuyas ondas trémulas se miran los ojos tiernos y húmedos, las bocas inundadas de sonrisas, las crespas cabelleras y los dedos de rosa que acarician! En las pálidas tardes me cuenta un hada amiga las historias secretas llenas de poesía; lo que cantan los pájaros, lo que llevan las brisas, lo que vaga en las nieblas, lo que sueñan las niñas. Una vez sentí el ansia de una sed infinita. Dije al hada amorosa: -Quiero en el alma mía tener la inspiración honda, profunda, inmensa: luz, calor, aroma, vida. Ella me dijo: -¡Ven!- con el acento con que hablaría un arpa. En él...

"Estival", de Rubén Darío, en "Azul"

ESTIVAL I La tigre de Bengala, con su lustrosa piel manchada a trechos, está alegre y gentil, está de gala. Salta de los repechos de un ribazo, al tupido carrizal de un bambú; luego, a la roca que se yergue a la entrada de su gruta. Allí lanza un rugido, se agita como loca y eriza de placer su piel hirsuta. La fiera virgen ama. Es el mes del ardor. Parece el suelo rescoldo; y en el cielo el sol inmensa llama. Por el ramaje oscuro salta huyendo el canguro. El boa se infla, duerme, se calienta a la tórrida lumbre; el pájaro se sienta a reposar sobre la verde cumbre. Siéntense vahos de horno; y la selva indiana en alas del bochorno, lanza, bajo el sereno cielo, un soplo de sí. La tigre ufana respira a pulmón lleno, y al verse hermosa, altiva, soberana, le late el corazón, se le hincha el seno. Contempla su gran zarpa, en ella la uña de marfil; luego toca el filo de una roca, y prueba y lo rasguña. Mírase luego el flanco que azota con el rabo puntiagudo de color negro y blanco, y móvil y f...

"Azul"

Las prosas de Rubén Darío en Azul, por ameneidad y variedad de estilos, no son lo menor del libro. Pero nosotros, fundamentalistas del verso, nos ceñiremos a su fábulas en verso, que así creo que se puede llamar a sus poemas, y que tampoco son lo menor del libro. Tal vez este papel corresponda al prólogo de Juan Valera del 22 de octubre de 1898. Busco los poemas en internet, por comodidad, pero adopto la versión que tengo en papel, que es una edición que me inspira confianza, del año 2002, hecha en México por la Editorial Época . Va. PRIMAVERAL Mes de rosas. Van mis rimas en ronda, a la vasta selva, y recoger miel y aromas en las flores entreabiertas. Amada, ven. El gran bosque es nuestro templo: allí ondea y flota un santo perfume de amor. El pájaro vuela de un árbol a otro y saluda la frente rosada y bella como a un alba; y las encinas robustas, altas, soberbias, cuando tú pasas agitan sus hojas verdes y trémulas, y enarcan sus ramas como para que pase una rein...

19 de noviembre de 1898 (2), Madrid Cómico

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Otro modernista argentino, Enrique Larreta en sonetos y más(1)

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Enrique Larreta (1875-1961) por Ignacio Zuloaga; al fondo, la ciudad de Ávila. Los secretos de nuestra historia, o que uno es muy ignorante. Partiendo del libro del que ya te he hablado y del que he sacado poesía modernista argentina para Poesía Abierta ( La poesía modernista , Biblioteca Argentina Fundamental, 1968, Buenos Aires), encuentro un buen manojo de maravillosos sonetos de Enrique Larreta. Así pues, a buscar en Google esos mismos sonetos para ahorarrme su escritura, y algo más. ¡Y mucho más! En la Biblioteca Virtual Cervantes, Biblioteca del soneto. Autores: letra L , de Ramón García González, hallo una colección extensísima de sonetos de Larreta. No los he contado, pero según creo recoge los 88 que constituyen La calle de la vida y de la muerte , la totalidad de su obra poética, que compila en 1941. Su gusto por el Siglo de Oro y por una España que conoce y ama, se nota en esos versos, y no solo en ellos. Al parecer, Larreta (que fue miembro de la RAE ), amigo de...

Rosario Castellanos dialoga con... Rubén Darío y Octavio Paz

' Saluda al sol, araña, no seas rencorosa', cita Rosario Castellanos a Rubén Darío en sus Diálogos con los hombres más honrados. Ahí va el poema de Rubén: Filosofía Saluda al sol, araña, no seas rencorosa, da tus gracias a Dios, oh sapo, pues que eres. El peludo cangrejo tiene espinas de rosa y los moluscos reminiscencias de mujeres. Sabed ser lo que sois, enigmas, siendo formas; dejad la responsabilidad a las Normas, que a su vez la enviarán al Todopoderoso... (toca, grillo, a la luz de la luna; y dance el oso.) Aunque después de Rubén llegó Octavio Paz para escribir este versito: Elegía interrumpida Hoy recuerdo a los muertos de mi casa. Al primer muerto nunca lo olvidamos, aunque muera de rayo, tan aprisa que no alcance la cama ni los óleos. Oigo el bastón que duda en un peldaño, el cuerpo que se afianza en un suspiro, la puerta que se abre, el muerto que entra. De una puerta a morir hay poco espacio y apenas queda tiempo de sentarse, alzar la cara, ver la hora ...

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