miércoles, 31 de agosto de 2011

Poesía en Lavapiés



Más poesía científica

Hasta ahora he venido mostrándote una selección de versos matemáticos(de otros autores, los míos ya sabes dónde localizarlos). Seamos humildes y reconozcamos que existen otras ciencias, aunque ninguna exacta, pero no por ello desmerecen el verso. Quia.

A partir de ahora, pues, recogeré versos con contenido científico (poesía científica) y bajo esa misma etiqueta incluyo los versos matemáticos.

¿Qué hallaremos? Sobre todo odas a las invenciones técnicas, manuales universitarios o escolares, críticas a la deshumanización (¡humanistas inquisidores!: los recogeré como gracieta y huella de esta España cateta y cerril por culpa de la religión que dos milenios después de que Eratóstenes midiera el radio de la Tierra seguía afirmando que la tierra era plana).... un sin fin de rimas. Al rayo, a la electricidad, a la geología... y para mí lo más sorprendente: el manual de Hipócrates, el médico, el del juramento hipocrático, puesto en verso por Ricardo López Arcilla.

Todos esos autores (de textos seguiré proveyéndome, no te quepa duda alguna) los hallo en 'La ciencia en la poesía (antología de la poesía científica española del siglo XIX)', Nivola, José María Núñez Espallargas.

Con esta entrada creo que ya canso bastante (realmente es que tengo que ponerme a cocinar algo, que quiero comer), así que hasta el próximo día, 7 de septiembre, miércoles, a las 9 de la mañana hora española.

martes, 30 de agosto de 2011

Otro doblete insospechado, qué preciosidad

De término latino particŭla, según el DRAE, se derivan partija y partícula. Ahí van las entradas en la versión electrónica del DRAE.

partícula
.

(Del lat. particŭla).

1. f. Parte pequeña de materia.

2. f. Gram. Parte invariable de la oración, que sirve para expresar las relaciones que se establecen entre frases o vocablos.

3. f. Gram. Elemento que entra en la formación de ciertos vocablos; p. ej., ab (abjurar); abs (abstraer); di (disentir).

~ alfa.

1. f. Fís. Núcleo de helio procedente de alguna desintegración o reacción nuclear.

~ compositiva.

1. f. Gram. En el uso de algunos autores, prefijo (afijo antepuesto).

~ elemental.

1. f. Fís. partícula que se considera que no puede descomponerse en otras más simples; p. ej., el electrón.

~ prepositiva.

1. f. Gram. En el uso de algunos autores, prefijo (afijo antepuesto).



partija
.

(Del lat. particŭla).

1. f. Partición o repartimiento, especialmente el de una herencia.



Noticia de Augusto Ferrán. Su poesía (La pereza, 1)

La pereza (1870)

Hay una pereza activa
que mientras descansa piensa,
que calla porque se vence,
que duerme pero que sueña.

Es como un leve reflejo
de la majestad suprema,
que eternamente tranquila,
sobre el universo reina.

¡Oh asilo del pensamiento
errante, dulce pereza;
mil veces feliz el hombre
que de ti goza en la tierra!

I

Es tanta la confusión
que oculto dentro del pecho,
que ya no sé mis pesares
distinguir de los ajenos.

Por eso cuando te pones
a contarme tus fatigas,
digo para mis adentros:
«¿pues no son esas las mías?»

II

Voy como si fuera preso:
detrás camina mi sombra,
delante mis pensamientos.

III

Es una historia sencilla:
ella quería de veras,
y él de veras no quería.

IV

Mira si estoy ya cansado,
que por el día me acuesto
y de noche me levanto.

V

Para ver si se dormían,
encerré en mi corazón
de mis penas las mejores,
y mal la prueba salió.

Mal la prueba me salió,
porque al continuo latir
del corazón, no pudieron
mis pobres penas dormir.

VI

Desde la mañana
hasta la alta noche,
¡siempre luchando el cuerpo ya viejo
con el alma aún joven!

VII

Pesar como el mío
yo no lo conozco:
entre las gentes no digo palabra,
y hablo si estoy solo.

VIII

Ya ha venido Mayo
con lluvias y vientos;
llega tan triste, porque mis pesares
le contó el invierno.

IX

No son siempre tan humildes
las vïoletas que ocultas
entre la maleza viven.

Ellas tienen su perfume,
y desde lejos te llaman,
por más que siempre se oculten.

X

¡Jesús, qué bonita eres!
si Dios te hizo, ¿cómo pudo
dejarte después de hacerte?

XI

Vida y muerte, tierra y cielo,
triste noche, alegre sol;
cuanto en el mundo contemplas
con alegría o dolor;

Todo, si me quieres bien,
me atrevo a dártelo yo...
pues de todo llevo un poco
dentro de mi corazón.

XII

En la casita de enfrente
y en la casita de al lado,
viven mi novia y mi madre,
mi perdición y mi amparo.

XIII

Mira que todos conocen
que no viéndonos de día,
nos hemos de ver de noche.

XIV

¡No me quieres dar un beso,
y me das el corazón
como si valiera menos!

XV

¡Qué a gusto sería
sombra de tu cuerpo!
todas las horas del día, de cerca
te iría siguiendo.

Y mientras la noche
reinara en silencio,
toda la noche tu sombra estaría,
pegada a tu cuerpo.

Y cuando la muerte
llegara a vencerlo,
sólo una sombra por siempre serían
tu sombra y tu cuerpo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Algunos poemas de 'Poetrastos' (2)

Cosas para reciclar
(Esteban Gutiérrez Gómez)

He construido
un mundo
un laberinto
una nube.

He escrito
versos cuentos
testamentos
cartas al futuro.

He plantado
árboles
mujeres
y amigos.
Y he tenido
un hijo
una amante
y cientos de botellas
de las que libar.

Soy, se puede decir así,
un hombre pleno:
son los rastros
de mi paso
por la vida.

Ya sabéis,
todo junto
al contenedor verde.

Ojos
(José Naveiras)

Le han sacado los ojos
como si se fuera un cajero automático.

Ahora sangra, obvio.
Ahora sangra, como las alcantarillas
en los días de tormenta.
Ahora sangra, y no para
sólo sangra para ser, sólo ser.

Y sus cuencas se iluminan
de marchitos musgos que
cabalgan contra las calmas,
contra los olvidos impuestos,
contra los intereses a la vida por ciento,
contra los golpes a las sonrisas concéntricas,
contra los depósitos de corto plazo,
contra las penas y capitales,
contra las sangres.

Le han sacado los ojos
para evitar que cree bastiones
desde los que programar
fermentaciones proscritas,
borracheras molestas,
descontroladas fugas,
que no puedan ser soportadas
por los ciegos de caducas éticas.

Asco de cegueras bien vistas.

viernes, 26 de agosto de 2011

'Al pie de la letra', poemario de Rosario Castellanos: Epitafio del hipócrita

EPITAFIO DEL HIPÓCRITA

Quería y no quería.
Quería con su piel y con sus uñas,
con lo que cambia y cae; negaba con sus vísceras,
con lo que de sus vísceras no era aserrín, con todo
lo que latía y sangraba en sus entrañas.

Quería ser él y el otro.
Siamés partido a la mitad, buscaba
la columna de hueso para asirse, colgar
su cartilaginosa consistencia de hiedra.
Mesón desocupado,
actor, daba hospedaje al agonista.
Gesticulaba viendo su sombra en las paredes,
deglutía palabras sin sabor, eructaba
resonando en su vasta oquedad de tambor.

Ensayaba ademanes
-heroico, noble, prócer-
para que al desbordarse la lava del elogio
lo cubriera cuajando después en una estatua.

No a solas ¡nunca a solas!
dijo el brindis final,
alzó la copa amarga de cicuta.

(Mas no bebió su muerte sino la del espejo.)

jueves, 25 de agosto de 2011

Poesía en Huertas para la noche del viernes. Por cierto, el mojito a 3 €



Ramón G. del Pomar publica 'Memorias de un PegaPlatos' con Amargord. Selección (3)

35
A Hipólito García, Bolo.
Lo más extraño es
que no me venga la sensación
de tener sola mi casa.
Desde hace tiempo no duermo en ella.
Noche aquí...
Cena allí...
Duermo en una selección de camas
y no me pierdo.
Camas de mantas y patas...
De futones y edredón...
De agua... De cielo.
Tengo grabadas conversaciones
de todo antojo
entre velas apagadas por jadeos.
O consumidas con la voracidad de varios días
que son sólo un instante.
Las tengo de recuerdos
de sueños
de presentes
de silencios.
Nos hemos dado o quitado tanto...
Pero es que todos estamos en alguna parte haciéndola
nuestra.
Ya sea por volver
o alejar
miramos con ojos de conveniencia.

40
No es muy honesto decirle a uno
que es bienvenido
si lleva odio en las manos,
ni se puede tener en casa una máquina
de liposucción
y escuchar canciones tristes a bordo de un palacio
que navegue por el mar.
En cualquier caso
siempre será el instinto haciéndonos creer que
vela
por nuestra seguridad.
Yo soy director de un centro de arte
¿o tal vez sea un dios para los árboles cuando
los meo?
A lo mejor tuve falta de cariño en la infancia
o me quisieron más de lo deseado.
Lo cierto es que sé valerme sin ver en mis manos
heridas ajenas.
Es una verdadera lata gobernarse a uno mismo
con mano de hierro,
quién mejor que yo para saberlo.
Cualquier día de estos comenzaré a cobrar
las fantasmadas ajenas.

44
Hubiera cambiado los halagos por silencios
tardé toda una vida en abrirme camino
entre la multitud.

46
¿Sabes de lo sencilla que es la ternura?
Pues una pizca de duda te la arrebata.

73
¿Alguien ha perdido la corteza moral?

miércoles, 24 de agosto de 2011

En la poesía, hay quien ha dado accidentalmente en las Matemáticas, por ejemplo...

Pero por ejemplo hay enunciados matemáticos divertidos dados al verso. Te pongo éste, anónimo, último de valor que he econtrado. Lo próximo...¿'El romance de la evaluación'?

TIRO AL BLANCO


Por presumir de certero
un tirador atrevido
se encontró comprometido
en el lance que os refiero:
Y fue, que ante una caseta
de la feria del lugar
presumió de no fallar
ni un tiro con la escopeta,
y el feriante alzando el gallo
un duro ofreció pagarle
por cada acierto y cobrarle
a tres pesetas el fallo.

Dieciséis veces tiró
el tirador afamado
y al fin dijo, despechado
por los tiros que falló:
Mala escopeta fue el cebo
y la causa de mi afrenta,
pero ajustada la cuenta
Nl ME DEBES Nl TE DEBO.

Y todo el que atentamente
este relato siguió
podrá decir fácilmente
cuántos tiros acertó.

martes, 23 de agosto de 2011

Noticia de Augusto Ferrán. Su poesía (12, y fin de La Soledad))

La soledad (1860)

CXXI

Negro está el cielo allá arriba
negros tus ojos, muy negros,
y mi corazón, morena,
como tus ojos lo tengo.

CXXII

Fuego sale de mi pecho,
fuego brota de mis ojos,
al ver que tú eres de nieve
cuando la mano te cojo.

CXXIII

Te quería con el alma,
y por eso tengo celos
al pensar que os enterraron
juntos en el cementerio.

CXXIV

Me quieres echar del mundo,
lo cual no me importa nada,
porque me da el corazón
que este mundo no es mi casa.

CXXV

A la luz de las estrellas
yo te vi, cara de cielo;
por eso cuando te miro,
de las estrellas me acuerdo.

CXXVI

Que te compren no me extraña,
que te vendas... ¡eso sí!
y lo que menos comprendo
es que no te extrañe a ti.

CXXVII

Tenía los labios rojos,
tan rojos como la grana;
labios ¡ay! que fueron hechos
para que alguien los besara.

Yo un día quise... la niña
al pie de un ciprés descansa:
un beso eterno la muerte
puso en sus labios de grana.

CXXVIII

Por fuerza me he vuelto loco
sin saber cómo ni cuándo,
puesto que estoy tan perdido
que me busco y no me hallo.

CXXIX

Vivir, cuando justamente
naciste para morir...
¿cómo vivir, cuando llevas
la muerte dentro de ti?

CXXX

Me hieres con un puñal,
yo con mi pluma te hiero;
mi pecho queda encarnado,
y el tuyo se queda negro.

CXXXI

Si yo pudiera arrancar
una estrellita del cielo,
te la pondría en la frente
para verte desde lejos.

CXXXII

¿Quién eres? -Ya ni me acuerdo.
¿De dónde vienes? -No sé.
¿A dónde vas? -Qué sé yo.
¿Qué haces aquí? -¡Qué he de hacer!

CXXXIII

¡Ay de mí! Por más que busco
la soledad, no la encuentro;
mientras yo la voy buscando,
mi sombra me va siguiendo.

CXXXIV

Dos amantes se juraron
guardar por siempre un secreto;
y por guardarlo mejor,
dicen que ambos se murieron.

CXXXV

Lo que tuve ya se fue;
lo que tengo está perdido;
si lo que espero no llega,
¡pobre de ti, cuerpo mío!

CXXXVI

Es tanto lo que te quiero,
que hasta quiero tener penas,
si, cuando yo te las cuente,
te has de divertir con ellas.

CXXXVII

Allá arriba el sol brillante,
las estrellas allá arriba;
aquí abajo los reflejos
de lo que tan lejos brilla.

Allá lo que nunca acaba,
aquí lo que al fin termina;
¡y el hombre atado aquí abajo
mirando siempre hacia arriba!

CXXXVIII

Guárdate del agua mansa,
y guárdate de los hombres
que, sin conocerte a ti,
a todo el mundo conocen.

CXXXIX

Eres de lo ajeno avara,
y pródiga de lo tuyo,
cosas que no se comprenden
porque son cosas del mundo.

CXL

Caminando hacia la muerte
me encontré con tu querer,
y por morir más a gusto
seguí el camino con él.

CXLI

Hay víboras en la tierra,
manchas negras en el sol;
centellas hay en el cielo,
y envidia en el corazón.

CXLII

Todo hombre que viene al mundo
trae un letrero en la frente,
con letras de fuego escrito,
que dice: ¡reo de muerte!

CXLIII

Me mata poquito a poco
el querer que yo te tengo:
no te asustes, compañera,
pues por lo mismo te quiero.

CXLIV

Los que quedan en el puerto
cuando la nave se va,
dicen, al ver que se aleja:
¡quién sabe si volverá!

Y los que van en la nave
dicen, mirando hacia atrás:
¡Quién sabe, cuando volvamos,
si se habrán marchado ya!