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lunes, 30 de septiembre de 2013

Poesía ultraísta, "Cuando dan las seis" y "Madrugada", poemas de Eduardo de Ontañón (2, y fin)

CUANDO DAN LAS SEIS

Cuando dan las seis
despiden las campanas
a la tarde.
    -Pero la tarde
    no quiere irse
    y se agarra a los árboles-
   Cuando dan las seis
tocan las pianolas
de los bares.
    -Pero la tarde
    no quiere irse
    y se agarra a los árboles-
Cuando dan las seis
se encienden los focos
de todas las calles.
    -Y la tarde
    -la pobre!-
    tiene que irse
    sin que la defienda nadie-.


MADRUGADA

Ha alborozado la calle
el primer tranvía de la mañana
        Las palabras de la noche
        se van como palomas
asustadas

(Pero la noche se ha quedado
en los escaparates encendidos)

Las ventanas
tendrán ojeras
hasta que no entre la mañana.

Madrugada
urbana
rociada de anís!
madrugada
con golfas escarchadas!

lunes, 23 de septiembre de 2013

Poesía ultraísta, "Ventana iluminada", "Taberna en el muelle" y "Alborada", poemas de Eduardo de Ontañón (1)

VENTANA ILUMINADA

La ventana
se ha clavado
en la noche urbana
                        -Los faroles la miran asustados-

¡Ventana,
palomar para miradas
noctivagas!
                (Ventana,
                 puñalada
                 de la noche provinciana).

Estaré pensando en ti
toda la noche.
                    -Tu obsesión quedará en mí
                    clavada
                    hasta la mañana...
                                            "Anoche
                                             me dio una puñalada
                                             una ventana iluminada".


TABERNA EN EL MUELLE
Saltan
palabras cosmopolitas
entre los vasos de vino
y las canciones dormidas.

Por una ventana el mar
con su sonrisa
fingida.
    -El mar me llena los ojos-.
En mis pupilas
un sueño nauta
suspira.
        ...Habrá un sol de primavera
        en una ciudad perdida...


ALBORADA

Tejas sonrosadas
Olor de la amanecida.
             (Los caminos de la noche
              me trajeron tus sonrisas).

Se abren al sol las ventanas
con sonrisitas
de niña.

La veleta de la iglesia
espantó a las estrellitas.