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viernes, 2 de enero de 2009

Verso de Mallarmé

S O N E T O
Domina la pesada nube, base de basalto y de lavas, lo mismo que los ecos esclavos, por una hocina sin virtud.

Y en el sepulcral naufragio (bien lo sabes, espuma, pero allí te derramas), suprema y única entre los restos, derribas el mástil sin velas;

Todo lo que se sumerge en una perdicián divina, en el vano abismo abierto,

Y en el blanco cabello pendiente, sumerge ansioso el muslo infantil de una sirena.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Un poema de Mallarmé

SES PURS ONGLES TRES HAUT DEDIANT LEUR ONYX
El de sus puras uñas ónix, alto en ofrenda,
La Angustia, es medianoche, levanta, lampadóforo,
Mucho vesperal sueño quemado por el Fénix
Que ninguna recoge ánfora cineraria:

Salón sin nadie ni en las credencias conca alguna,
Espiral espirada de inanidad sonora.
(El Maestro se ha ido, llanto en la Estigia capta
Con ese solo objeto nobleza de la Nada.)

Mas cerca la ventana vacante al norte, un oro
Agoniza según tal vez rijosa fábula
De ninfa alanceada por llamas de unicornios

Y ella apenas difunta desnuda en el espejo
Que ya en las nulidades que clausura el marco
Del centellar se fija súbito el septimino.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Stephane Mallarmé en un poema

EL VIRGEN, EL VIVAZ, EL HERMOSO PRESENTE
El virgen, el vivaz, el hermoso presente
con sus ebrios zarpazos pretende destrozarnos
duro lago olvidado que la escarcha somete
transparente glaciar de vuelos que no huyeron.

Algún cisne de antaño ignora que es él mismo
quien, magnífico y vano, ya logra liberarse
por no haber ensalzado la región de la vida
cuando en torno al hastío resplandece el invierno.

Se agitará su cuello en la blanca agonía
transmitida en el aire al ave que la niega
más no el horror del suelo en que el plumaje yace.

Es un fantasma a quien su resplandor gobierna
y el desprecio, frío sueño, lo inmoviliza al punto
y hasta su exilio inútil llega para cubrirlo.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Verso de Mallarmé

BRISA MARINA
La carne es triste, ¡ay!, y todo lo he leído.
¡Huir! ¡Huir! Presiento que en lo desconocido
de espuma y cielo, ebrios los pájaros se alejan.
Nada, ni los jardines que los ojos reflejan
sujetará este pecho, náufrago en mar abierta
¡oh, noches!, ni en mi lámpara la claridad desierta
sobre la virgen página que esconde su blancura,
y ni la fresca esposa con el hijo en el seno.
¡He de partir al fin! Zarpe el barco, y sereno
meza en busca de exóticos climas su arboladura.
Un hastío reseco ya de crueles anhelos
aún sueña en el último adiós de los pañuelos.
¡Quién sabe si los mástiles, tempestades buscando,
se doblarán al viento sobre el naufragio, cuando
perdidos floten sin islotes ni derroteros!...
¡Mas oye, oh corazón, cantar los marineros!

viernes, 5 de diciembre de 2008

Mallarmé en un verso

EL AZUR
Del azur que es eterno, la serena ironía
con indolencia bella, abruma cual las flores
al poeta importante que en su genio no fía
al través de un desierto, estéril, de dolores.

Con los ojos cerrados huyo, pero me mira
como un remordimiento de intensidad punzante.
¿Adónde huiré? ¿Qué noche, arrojaré, con ira
tan horrible y glacial, que su desdén espante?

¡Subid niebla! Verted nuestras cenizas mustias
con jirones de brumas en el cielo radioso
que del lívido otoño aumente las angustias
y edificad un techo, gigante y silencioso.

Y tú sal del Leteo y el limo miserable
Y en las pálidas cañas que en sus márgenes nacen
Recoge amado Tedio, con tu mano incansable,
y tapa los destrozos, que los pájaros hacen.

Y más aún, que sin tregua las tristes chimeneas
fumen, y de hollín, una cárcel errante
extinga en el horror de sus negras presas
a1 sol que en el ocaso, se pone agonizante.

Murió el cielo... Oh, materia! Derrama tú en mi pecho
el olvido del ideal cruel, y del pecado,
pues mártir soy, que viene a compartir el lecho
donde el rebaño humano, se revuelca extasiado.

Quiero, pues mi cerebro estéril no flamea
como candil de aceite dejado al pie de un muro,
y no sabe atraer la sollozante ídea,
marchar lúgubremente, hacia un final oscuro.

En vano el azur triunfa; yo presencio su gloria
en las campanas. Mi alma, también con ellas canta
para no amedrentarnos, con su inicua victoria
y los ángelus brotan de su humana garganta.

Y vibra entre la bruma que la luz no dispersa
tu nativa agonía, como aguda segur.
¿Dónde huir, en la revuelta inútil y perversa?
En todas partes veo, ¡Azur! ¡Azur! ¡Azur!

viernes, 28 de noviembre de 2008

Un poema de Mallarmé

CANSADO DEL REPOSO
Cansado del reposo cuya pereza ofende
La gloria por la cual huyera de la infancia
Adorable de bosques de rosas bajo el cielo
Natural, y cansado más aún del duro pacto
De cavar cada víspera nuevas fosas amargas
En e1 terreno avaro y frío del cerebro,
Torvo sepulturero de mi esterilidad,
—¿Qué decir a esta Aurora, oh Sueños, visitada
Por las rosas, si el miedo de sus rosas sombrías
Rellenará los ojos del vasto cementerio? —

Yo quiero abandonar el cruel y voraz Arte
De mi pueblo; y sonriendo a los viejos reproches
Que me hacen el pasado, mis amigos, el genio
Y hasta la misma lámpara que sabe mi agonía,
Imitar al buen Chino de paz límpida y fina
Que goza éxtasis puros mientras pinta la muerte,
Sobre tasas de nieve arrobadas de luna,
De una flor singular que perfuma su vida
Trasparente, la flor que sintió, siendo niño,
Injertarse en la azul filigrana del alma.
Para una muerte así que es ensueño de sabio

Yo he elegido, sereno, un paisaje lozano
Que también sobre tasas pintaré distraído.
Una línea de azul será un lago sumiso,
Bajo la desnudez de un cielo porcelana,
Y una luna creciente perdida entre las nubes
Remojará su cuerpo en el cristal del agua
No lejos tres bambúes, pestañas de esmeralda.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Un poema de Stephane Mallarmé

LAS VENTANAS
Del hospital cansado y del fétido incienso
que asciende en la blancura vulgar de las cortinas,
al Santo Cristo magro de un gran clavo suspenso
el moribundo vuelve las espaldas en ruinas;

se arrastra y anda, y, menos para escaldar su podre
que para ver el sol sobre las piedras, pega
sus pelos blancos y su pelleja de odre
a las ventanas que una luz clara anega.

Y la boca febril y del azul voraz
—como cuando, de joven, aspiró su tesoro,
una piel virginal, de otro tiempo— el agraz
de un largo beso amargo pone en los vidrios de oro.

Ebrio vive; olvidando la cruz, los óleos santos,
el reloj, las tisanas, el lecho obligatorio,
la tos... y cuando sangra la tarde, en amarantos
sus ojos de los cielos en el rojo cimborio,

ven galeras doradas, como cisnes esbeltas,
dormir sobre unas rías de púrpura y de armiños,
meciendo el iris de sus líneas desenvueltas
en un gran abandono cargado de cariños.

Así, con asco de los hombres de alma dura,
hundidos en el goce, donde sus apetitos
se sacian, y que amasan esta horrible basura
para darla a sus hembras y a sus hijos ahítos

me escapo, y voy buscando todos los ventanales
desde donde la espalda se da al mundo y, bendito
en su vidrio, que lavan rocíos eternales,
que dora la mañana casta del Infinito,

nc contemplo, y me veo íngel, y muero, y quiero
—sea el arte aquel vidrio o sea el misticismo—
renacer coronado del sueño de mí mismo,
al cielo anterior, de Belleza manadero.

Pero ¡ay! que el Aquí-abajo es dueño; su crueldad
en los propios umbrales del azul me atosiga,
y el vómito hediondo de la Bestialidad
a taparme allí mismo las narices me obliga.

¿No habrá manera —;Oh Yo, que en dolor te consumes! —
de romper el cristal que aumenta mi ansiedad,
y de escaparme con mis dos alas implumes,
a riesgo de caer toda la eternidad?