Llega la noche
los pájaros delegan
en las estrellas.
del poema PRIMAVERA
Abandonada
queda la rosa roja
sobre la escarcha.
Nieves tardías
han helado las flores
recién abiertas.
del poema INVIERNO
LLEGAR a esta calma
lúcida y febril,
no fue nada fácil.
Tras sortear tempestades
y ruinas, la vida se abrió
como rosa temprana.
Se han ido alargando los años,
la dura pervivencia
entre la desazón y la quimera.
Este peso que abre las heridas,
me impulsa a contemplar mi sueño
sin ese aroma a derrota
que acompaña mi soledad.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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viernes, 13 de agosto de 2010
viernes, 6 de agosto de 2010
Dos poemas del Ricardo Fernández Moyano
INSPIRACIÓN
Tampoco hoy hay luz.
Se sienta incansable
al borde de una idea,
y su mente se pierde
navegando diáfanas sombras.
Quisiera encontrar esa palabra
que resuma
la fragancia de un momento
y sus ojos sólo encuentran
espesura.
Así permanece en la espera
y cuando algún ángel remoto
roce su rostro
con ágiles alas,
estallará frenética en la noche
la pálida luz de sus versos.
NADA ES INÚTIL
La ciudad estaba sola,
la lluvia había dejado un olor triste
en los tejados
y la noche,
sembrada de semáforos,
invadía las aceras de un dolor
cada vez más gris.
Caminamos unos pasos silenciosos,
infinitos,
hasta que una luz cegadora
despertó nuestro letargo
y comprendimos
que toda la vida no es invierno,
ni toda angustia es inevitable.
Tampoco hoy hay luz.
Se sienta incansable
al borde de una idea,
y su mente se pierde
navegando diáfanas sombras.
Quisiera encontrar esa palabra
que resuma
la fragancia de un momento
y sus ojos sólo encuentran
espesura.
Así permanece en la espera
y cuando algún ángel remoto
roce su rostro
con ágiles alas,
estallará frenética en la noche
la pálida luz de sus versos.
NADA ES INÚTIL
La ciudad estaba sola,
la lluvia había dejado un olor triste
en los tejados
y la noche,
sembrada de semáforos,
invadía las aceras de un dolor
cada vez más gris.
Caminamos unos pasos silenciosos,
infinitos,
hasta que una luz cegadora
despertó nuestro letargo
y comprendimos
que toda la vida no es invierno,
ni toda angustia es inevitable.
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