De noche y de día
(una antología familiar)
Coge el coche, recoge el coche de la calle
a las ocho y cuarenta y cinco minutos
de la mañana, con una noche por
detrás de no haber dormido nada,
para llevar algunas maletas y a tu padre
hacia el aeropuerto para volver a ver,
después de más de treinta años, la tierra
a la que se mudó mi abuelo para
criarle.
—Papá, mañana ya nos vemos
en Frankfurt.
Y después piensa por qué
diablos escribo, por qué dioses escribo.
Piensa, Sergio, que Blanca no desea
que creas en Dios, piensa en fumarte
otro pitillo mientras conduces
a las nueve y cuarenta y cinco minutos
de la mañana.
Piensa, luego, en Rober
con sus cosas, en Chapa con sus cosas,
en mamá con sus cosas y piensa
qué trabajo estarán haciendo mientras
tú conduces cansado y con triples ladrillos
en el cuerpo de vuelta a tu piso, expectante.
Límite generacional
No es el mío, este tiempo
Jaime Gil de Biedma
Mi noche que es de Dios, mi voz que es
diaria. Esta ventana, este andamio
y el mundo. La mañana ya cansada
se come los pellejos de sus dedos,
y luego escupe en tierra de nadie la carne transpa
rente, la carne transparente. Y otra
vez la noche cansada, urbana, horror
de los hombres cansados y la noche,
cansada. Otra parodia y este drama.
Este drama, mujer. Este drama.
Porque se lee menos, mujer, porque somos,
dicen que somos una generación
perdida. Perdidos, en efecto, por la
vida.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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jueves, 20 de diciembre de 2012
domingo, 16 de septiembre de 2012
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