¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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jueves, 5 de junio de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (8)
LOS HOMBRES y mujeres no somos recursos humanos
Los árboles no son capital natural
Los animales no son biomaterial
y las palabras no son solamente
cuchillos que estrangulan
cuerdas que degüellan
bombas que irradian.
INCONDICIONALMENTE
fiel
a nada
—salvo los cuerpos vulnerables
uno a uno.
Para todo lo demás
criterios
salvedades
condiciones.
DESEAR
que siga existiendo el mundo para que siga existiendo
toda la belleza del mundo
es una ingenuidad
a la que no renunciamos.
NO CONSTRUYÁIS estatuas:
sembrad jardines.
PIEDAD, PIEDAD, médulas del invierno.
Piedad, marcas borradas, inscripciones furiosas.
jueves, 29 de mayo de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (7)
¿Pero tú qué te crees, niño?
Desandar lo andado es dar un quiebro, es deslizarse por la cortadura, no con la insensata ilusión de llegar a coincidir consigo mismo —¿quién hay ahí?—, sino con la idea menos mercurial de sopesar las encrucijadas donde ya se estuvo —quizá sin llegar siquiera en aquel entonces a percibirlas como encrucijadas.
Yo estaba destinado a tal desasosiego. El tiempo transcurría lento como el aceite: abracé una encina previa a toda reconstrucción. Mesetas, mesetas verecundas, láminas de sigilo desde donde organizar un retorno. Una reconstrucción.
ESTÁ AHÍ, está ahí, nosotros sólo
escribimos lo que estaba ahí, los nombres
como huellas
sin fatiga pronunciadas por las cosas.
VIVIR ES pasar
de una prisa a una urgencia
de un terror a un naufragio
de un golpe a otro
pero sólo vives
si en medio de ese tránsito
sabes construir un nido.
lunes, 19 de mayo de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (6)
27 maneras de responder a un golpe
8
Renuncia al centro.
El sol succiona la sangre de los muertos; la acuña
en monedas de luz con que engaña a los vivos.
La gran ciudad diluye tanto el sueño
que este deja de reparar fuerzas y purificar el sudor;
en la gran ciudad el pan supura arena;
los ojos de las mujeres se vidrian de mudez.
Renuncia al centro.
Un punto que no existe imanta todas las miradas:
mientras tanto se siegan cuerpos
los árboles pierden la memoria
las parturientas mastican cristal.
Renuncia al centro.
Puedes buscar las manos fértiles de los ancianos
las manos inventoras de los niños
el gozoso misterio en las manos de tus hermanos y hermanas:
renuncia al centro.
25
De repente el olor de las mimosas
como una antorcha que respira o como
una ola inmemorial que besa
la desnudez expectante de la playa.
No es más que la puerta
que se abre, pero pone en movimiento
un aire donde cuaja
toda la dulzura de este precario otoño.
8
Renuncia al centro.
El sol succiona la sangre de los muertos; la acuña
en monedas de luz con que engaña a los vivos.
La gran ciudad diluye tanto el sueño
que este deja de reparar fuerzas y purificar el sudor;
en la gran ciudad el pan supura arena;
los ojos de las mujeres se vidrian de mudez.
Renuncia al centro.
Un punto que no existe imanta todas las miradas:
mientras tanto se siegan cuerpos
los árboles pierden la memoria
las parturientas mastican cristal.
Renuncia al centro.
Puedes buscar las manos fértiles de los ancianos
las manos inventoras de los niños
el gozoso misterio en las manos de tus hermanos y hermanas:
renuncia al centro.
25
De repente el olor de las mimosas
como una antorcha que respira o como
una ola inmemorial que besa
la desnudez expectante de la playa.
No es más que la puerta
que se abre, pero pone en movimiento
un aire donde cuaja
toda la dulzura de este precario otoño.
lunes, 12 de mayo de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (5)
Amores imaginarios
2
Tu voz está aquí, pero tú no estás aquí.
Están tus ojos, pero tú no estás.
Tu cuerpo está, tú no.
Como un árbol arrancado,
como una oreja arrancada,
como un barquito tallado en corteza de pino
que se pierde en el arroyo de la infancia.
27 maneras de responder a un golpe
1
He vivido en la superficie de las cosas.
Mas viví también por fortuna
en las palabras. Ellas iban
incorporándome a la lentitud
penetrando las estaciones de mi piel
dilatando la malla amarga de los días
rastreando el frío y el calor en los seres
zambulléndose en el amor hasta salir al tedio
en el tedio hasta dar en la esperanza
en la esperanza hasta emerger en el asombro
sin yo quererlo o porque lo quería.
Las palabras
maravillosamente
incapaces de compromiso.
No soy un juglar de la descomposición. Acaso
amo sobre todas las cosas
el lugar del canto del pinzón
la aérea ebriedad de las mimosas
y el minuto con memoria del beso de los amantes.
Pero hay que ir hasta el fondo
correr el riesgo
de abrasarse en la resistencia de las cosas
—para sacar acaso la cabeza
al otro lado del espejo
o en el frescor de un nuevo meridiano.
2
Tu voz está aquí, pero tú no estás aquí.
Están tus ojos, pero tú no estás.
Tu cuerpo está, tú no.
Como un árbol arrancado,
como una oreja arrancada,
como un barquito tallado en corteza de pino
que se pierde en el arroyo de la infancia.
27 maneras de responder a un golpe
1
He vivido en la superficie de las cosas.
Mas viví también por fortuna
en las palabras. Ellas iban
incorporándome a la lentitud
penetrando las estaciones de mi piel
dilatando la malla amarga de los días
rastreando el frío y el calor en los seres
zambulléndose en el amor hasta salir al tedio
en el tedio hasta dar en la esperanza
en la esperanza hasta emerger en el asombro
sin yo quererlo o porque lo quería.
Las palabras
maravillosamente
incapaces de compromiso.
No soy un juglar de la descomposición. Acaso
amo sobre todas las cosas
el lugar del canto del pinzón
la aérea ebriedad de las mimosas
y el minuto con memoria del beso de los amantes.
Pero hay que ir hasta el fondo
correr el riesgo
de abrasarse en la resistencia de las cosas
—para sacar acaso la cabeza
al otro lado del espejo
o en el frescor de un nuevo meridiano.
lunes, 5 de mayo de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (4)
Arquitectura interior
Excavaste en ti mismo
alcobas, escaleras, alacenas. Dispusiste
cierto complejo equilibrio entre las cavidades.
Las comunicaste
mediante los pasadizos adecuados.
Decoraste con gusto y sobriedad
los interiores, y colocaste una buena cerradura
en la puerta que daba al exterior.
Luego has tirado la llave.
Y hoy afirmas
que eres un ser de una pieza, macizo, irreversible,
enteramente libre de oquedades.
Toco el mundo solamente en tu piel
14
Ahora es hace mucho.
Jugamos a inventar
la senda más precaria entre la lluvia.
Te has parado un momento.
Hojas lanceoladas
y largos tallos, hilos verdes que cosen
la sangre a un sueño de estrellas
mojadas, infantiles,
leves alfabetos dispuestos por el viento
sobre el capó blanco de un coche.
Qué hermoso, dices.
(Y la palabra se anonada
ante la belleza que tus palabras conjuran).
Y se abre la noche, el asombroso nido,
aquella noche antigua o la inmensa noche actual.
Excavaste en ti mismo
alcobas, escaleras, alacenas. Dispusiste
cierto complejo equilibrio entre las cavidades.
Las comunicaste
mediante los pasadizos adecuados.
Decoraste con gusto y sobriedad
los interiores, y colocaste una buena cerradura
en la puerta que daba al exterior.
Luego has tirado la llave.
Y hoy afirmas
que eres un ser de una pieza, macizo, irreversible,
enteramente libre de oquedades.
Toco el mundo solamente en tu piel
14
Ahora es hace mucho.
Jugamos a inventar
la senda más precaria entre la lluvia.
Te has parado un momento.
Hojas lanceoladas
y largos tallos, hilos verdes que cosen
la sangre a un sueño de estrellas
mojadas, infantiles,
leves alfabetos dispuestos por el viento
sobre el capó blanco de un coche.
Qué hermoso, dices.
(Y la palabra se anonada
ante la belleza que tus palabras conjuran).
Y se abre la noche, el asombroso nido,
aquella noche antigua o la inmensa noche actual.
lunes, 28 de abril de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (3)
Escena de infancia
De niño encendí hogueras
para quemar lombrices de tierra vivas.
Veraneaba entonces en el valle de Hecho.
La crueldad de quienes
torturaban sapos me asqueaba,
alguna vez llegamos a las manos.
Lombrices: carne
rosa hasta la indefensión, universales anillos
de sufrimiento mudo.
Se retorcían como seres humanos.
Yo celebro
Canto
mientras mi jardín se agosta.
Canto
mientras agonizan mis animales mis padres y mis hijos.
Canto
mientras mueren mares que no he navegado
selvas que no he hollado
ciudades que no he conocido.
Canto
con mi dulce cósmica expansiva
carraspera de cadáver más brillante.
Justificación de la poesía
La poesía es injustificable.
La tensión de las sílabas no es ni con mucho tan alta
como la de las zumbantes torres eléctricas hincadas en el lomo de la tierra.
La energía represada en los versos resulta ridícula
en comparación con la embalsada por la presa.
La canción y el cirujano prestan ayuda a la vida
—¿quién preferiría la de la canción?
La poesía tiene manos de nieve,
tiene manos de cebolla, tiene manos de arena.
Su respuesta al último para qué
es un silencio
ensimismado de angustia y de esperanza.
La respuesta del ser humano
al último para qué
es también un silencio
ensimismado de angustia y de esperanza.
El ser humano es injustificable.
De niño encendí hogueras
para quemar lombrices de tierra vivas.
Veraneaba entonces en el valle de Hecho.
La crueldad de quienes
torturaban sapos me asqueaba,
alguna vez llegamos a las manos.
Lombrices: carne
rosa hasta la indefensión, universales anillos
de sufrimiento mudo.
Se retorcían como seres humanos.
Yo celebro
Canto
mientras mi jardín se agosta.
Canto
mientras agonizan mis animales mis padres y mis hijos.
Canto
mientras mueren mares que no he navegado
selvas que no he hollado
ciudades que no he conocido.
Canto
con mi dulce cósmica expansiva
carraspera de cadáver más brillante.
Justificación de la poesía
La poesía es injustificable.
La tensión de las sílabas no es ni con mucho tan alta
como la de las zumbantes torres eléctricas hincadas en el lomo de la tierra.
La energía represada en los versos resulta ridícula
en comparación con la embalsada por la presa.
La canción y el cirujano prestan ayuda a la vida
—¿quién preferiría la de la canción?
La poesía tiene manos de nieve,
tiene manos de cebolla, tiene manos de arena.
Su respuesta al último para qué
es un silencio
ensimismado de angustia y de esperanza.
La respuesta del ser humano
al último para qué
es también un silencio
ensimismado de angustia y de esperanza.
El ser humano es injustificable.
lunes, 21 de abril de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (2)
Posiciones
Me recojo en la intimidad de una fragua. En voz baja transcribo las derrotas del fuelle, el estupor del martillo, la vacilación del fuego. Vivo la hora en que toda afirmación no puede ser sino desesperada; toda solidaridad, sino elegíaca.
La poesía, rejuveneciendo mientras a contracorriente avanza por el río atroz del tiempo, toca ya el manantial de su desnacimiento.
Nace del amor y del terror con que pueblos ágrafos cautivaban a la palabra viva. Muere en el desdén por la palabra de pueblos de nuevo ágrafos, trivialmente tiranizados a través de sus ojos intestinales. Subsiste como aliento.
Postula la perfección de un cristal de nieve en el interior del corazón humano. Transmite la memoria de lo no sido.
Se reconoce en la luz encrespada, magnífica, violenta, del chaparrón estival mientras sigue luciendo el sol. Aguamiel imprevisto que autentifica el pus de las heridas.
La herida, el aliento, la erosión. Imposible ya recogerse en el jardín, pero todavía cabe hacerlo en el risco, en el torrente, en el despeñadero.
Erosión. Parentesco de los fenómenos que destruyen la fertilidad de las tierras, la vitalidad social y mi propia identidad de persona libre.
Condenados a la abrasión y al despojamiento, no hagamos al menos de la necesidad virtud. Que los ojos abiertos —duras lunas erectas de piedad y herrumbre— vayan lentamente llenándose de arena.
Aunque apenas osemos ya pronunciar la palabra realidad.
La ciudad blanca
Ahí donde veis flores
amarillas encima del tejado,
ahí es mi casa.
Amarillas y azules.
Y la canción purísima del musgo.
No ha sido edificada.
Ahí es mi casa.
Consejos para extranjeros
En la ciudad donde no puedas
decir la verdad,
decirla.
En la ciudad donde puedas
decir la verdad, trabajar
para convertirla en mentira.
Me recojo en la intimidad de una fragua. En voz baja transcribo las derrotas del fuelle, el estupor del martillo, la vacilación del fuego. Vivo la hora en que toda afirmación no puede ser sino desesperada; toda solidaridad, sino elegíaca.
La poesía, rejuveneciendo mientras a contracorriente avanza por el río atroz del tiempo, toca ya el manantial de su desnacimiento.
Nace del amor y del terror con que pueblos ágrafos cautivaban a la palabra viva. Muere en el desdén por la palabra de pueblos de nuevo ágrafos, trivialmente tiranizados a través de sus ojos intestinales. Subsiste como aliento.
Postula la perfección de un cristal de nieve en el interior del corazón humano. Transmite la memoria de lo no sido.
Se reconoce en la luz encrespada, magnífica, violenta, del chaparrón estival mientras sigue luciendo el sol. Aguamiel imprevisto que autentifica el pus de las heridas.
La herida, el aliento, la erosión. Imposible ya recogerse en el jardín, pero todavía cabe hacerlo en el risco, en el torrente, en el despeñadero.
Erosión. Parentesco de los fenómenos que destruyen la fertilidad de las tierras, la vitalidad social y mi propia identidad de persona libre.
Condenados a la abrasión y al despojamiento, no hagamos al menos de la necesidad virtud. Que los ojos abiertos —duras lunas erectas de piedad y herrumbre— vayan lentamente llenándose de arena.
Aunque apenas osemos ya pronunciar la palabra realidad.
La ciudad blanca
Ahí donde veis flores
amarillas encima del tejado,
ahí es mi casa.
Amarillas y azules.
Y la canción purísima del musgo.
No ha sido edificada.
Ahí es mi casa.
Consejos para extranjeros
En la ciudad donde no puedas
decir la verdad,
decirla.
En la ciudad donde puedas
decir la verdad, trabajar
para convertirla en mentira.
lunes, 14 de abril de 2014
Selección de versos de Jorge Riechmann (1)
Permíteme que diga que Jorge Riechman es licenciado en matemáticas, y si lo digo es porque no se le nota. Va.
La más profunda noche
Entonces me buscaste
para asestarme un puñetazo helado
para ofrecerme lucidez y miseria
para engañarme con la verdad
para cumplir metamorfosis mortales
para explorar las trampas del deseo
para enseñarme el desprecio
para romper lo irremplazable
para engendrar vacío en el vacío
para amarme quizá y que yo te amase
Con estas palabras hago duda de ti
borro el perfil exacto de tu rostro
insoportablemente vivo hoy
doloroso ángel
inalcanzable en mí bajo mi cuerpo.
Borradores hacia una fidelidad. Una docena para René Char
1
Porque la madre no pudo
hacerlo, hemos tenido
que devorar nosotros
nuestra propia placenta.
Por ausencia y por luto
somos fuertes.
3
Para hablar y callar
con la resonancia justa,
desciende a un pozo.
Arrópate en el frío solamente.
Haz amistad con designios
que los demás despojan.
Haz conjuros infalibles
y no fíes en ellos.
Apiádate del sueño talado.
El amor
no ha de quedar al margen de estas tareas previas.
No concluyas.
La más profunda noche
Entonces me buscaste
para asestarme un puñetazo helado
para ofrecerme lucidez y miseria
para engañarme con la verdad
para cumplir metamorfosis mortales
para explorar las trampas del deseo
para enseñarme el desprecio
para romper lo irremplazable
para engendrar vacío en el vacío
para amarme quizá y que yo te amase
Con estas palabras hago duda de ti
borro el perfil exacto de tu rostro
insoportablemente vivo hoy
doloroso ángel
inalcanzable en mí bajo mi cuerpo.
Borradores hacia una fidelidad. Una docena para René Char
1
Porque la madre no pudo
hacerlo, hemos tenido
que devorar nosotros
nuestra propia placenta.
Por ausencia y por luto
somos fuertes.
3
Para hablar y callar
con la resonancia justa,
desciende a un pozo.
Arrópate en el frío solamente.
Haz amistad con designios
que los demás despojan.
Haz conjuros infalibles
y no fíes en ellos.
Apiádate del sueño talado.
El amor
no ha de quedar al margen de estas tareas previas.
No concluyas.
lunes, 4 de marzo de 2013
Un poema de Jorge Riechmann
aún es tarde
1
Cómo habitar la Tierra
era nuestro problema cuando hace 35.000 años
nos inclinábamos tratando de adivinar
las formas animales que la luz de la antorcha
convocaba poderosas sobre la pared de piedra
Cómo habitar la Tierra
sigue siendo nuestro problema hoy cuando convocamos
el altar de las apariciones en las páginas
de un libro de poemas o de física teórica
bajo la fría luz de la bombilla
alimentada en una quinta parte –watio más watio menos—
con electricidad nuclear
Tiempos tan largos y saber tan menguado
para habitar la Tierra
2
Sueñan
con extraer la última gota de petróleo del Ártico
y capturar el último atún en un rincón del Índico
y ágilmente repatriar después su capital
a una luna de Júpiter
Su sueño
destruye
nuestro mundo
3
Incluso
si de verdad estamos
temblando enrojecidos en el zaguán del apocalipsis
(¿aldabón blanco,
aldabón negro?
No vas a empuñar
ninguno de los dos)
incluso entonces
la temblorosa carne enamorada
la palabra poiesis con su sedoso roce de navaja
y la canción del grillo
1
Cómo habitar la Tierra
era nuestro problema cuando hace 35.000 años
nos inclinábamos tratando de adivinar
las formas animales que la luz de la antorcha
convocaba poderosas sobre la pared de piedra
Cómo habitar la Tierra
sigue siendo nuestro problema hoy cuando convocamos
el altar de las apariciones en las páginas
de un libro de poemas o de física teórica
bajo la fría luz de la bombilla
alimentada en una quinta parte –watio más watio menos—
con electricidad nuclear
Tiempos tan largos y saber tan menguado
para habitar la Tierra
2
Sueñan
con extraer la última gota de petróleo del Ártico
y capturar el último atún en un rincón del Índico
y ágilmente repatriar después su capital
a una luna de Júpiter
Su sueño
destruye
nuestro mundo
3
Incluso
si de verdad estamos
temblando enrojecidos en el zaguán del apocalipsis
(¿aldabón blanco,
aldabón negro?
No vas a empuñar
ninguno de los dos)
incluso entonces
la temblorosa carne enamorada
la palabra poiesis con su sedoso roce de navaja
y la canción del grillo
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