Me desdigo
Me desdigo
y donde dije digo
digo julio
Alberto.
Yo no tuve culpa.
A mí me dijeron que escribiera esto.
Fue mi mujer.
Apiádese de mí.
Fue por mi educación.
No pusieron el suficiente esmero.
Y es que sin dinero...
Será mejor que nos llevemos bien.
Así que no me venga ahora
a pedir explicaciones
porque yo las vendo.
Vaya usted con Dios. Pero antes
hágame un último favor
y abróchese la bragueta.
¡Caballero!
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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martes, 12 de octubre de 2010
martes, 5 de octubre de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
Manuel y el romanticismo
He caminado por las mismas calles
que otros muchos recorrieron.
He cantado a la misma luna
que tantos poetas muertos.
He nadado en las aguas del río
que alimentó a mis abuelos.
He entrado en los mismos bares
y he salido igual de ciego.
He oído en tus ojos tristes
el eterno no te quiero.
He alimentado con versos baratos
mi amor. ¡Vaya un invento!
Al fin lejos he marchado
como tantos a un destierro
buscando a tientas esperanzas
que arrastra un viento perpetuo.
Todo lo que ahora te digo
es la huella de un silencio.
Todo lo que ahora escriba
fue escrito hace mucho tiempo.
Lamento no ser un poeta.
Reinventar el universo
para ti. Qué nada quede por decir
sobre el amor. Lamento
que basten cuatro palabras
para decir lo que siento.
Pero bastan y es así:
Eres todo cuanto quiero.
El resto es gente y es nada.
De nada me sirve el resto.
Ahora mismo digo
lo que he oído decir a otros
con la expresión de sus ojos
vueltos.
Antonio Cillóniz
lo que he oído decir a otros
con la expresión de sus ojos
vueltos.
Antonio Cillóniz
He caminado por las mismas calles
que otros muchos recorrieron.
He cantado a la misma luna
que tantos poetas muertos.
He nadado en las aguas del río
que alimentó a mis abuelos.
He entrado en los mismos bares
y he salido igual de ciego.
He oído en tus ojos tristes
el eterno no te quiero.
He alimentado con versos baratos
mi amor. ¡Vaya un invento!
Al fin lejos he marchado
como tantos a un destierro
buscando a tientas esperanzas
que arrastra un viento perpetuo.
Todo lo que ahora te digo
es la huella de un silencio.
Todo lo que ahora escriba
fue escrito hace mucho tiempo.
Lamento no ser un poeta.
Reinventar el universo
para ti. Qué nada quede por decir
sobre el amor. Lamento
que basten cuatro palabras
para decir lo que siento.
Pero bastan y es así:
Eres todo cuanto quiero.
El resto es gente y es nada.
De nada me sirve el resto.
martes, 28 de septiembre de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
Zacarías y el socialismo
Zacarías.
Rey
de las monsergas
y las cacharrerías.
Padre de todo lo mal rematado.
Señor de los derrumbes.
Zacarías.
El de la copa de ginebra a primera hora
y el error en la medida.
Equilibrista en el andamio. Inventor
de todas las virguerías
con un palillo de dientes
piropeando a las tías.
Zacarías.
Expresionismo ancestral
dice que son
las manchas de la cocina.
Y esas grietas en el techo
señora
mía
y esa puerta que no cierra
pura poesía.
Zacarías.
Mil quinientas
más transporte
y comida
en el bar que hay
en todas las esquinas.
Zacarías.
Rey
de las monsergas
y las cacharrerías.
Padre de todo lo mal rematado.
Señor de los derrumbes.
Zacarías.
El de la copa de ginebra a primera hora
y el error en la medida.
Equilibrista en el andamio. Inventor
de todas las virguerías
con un palillo de dientes
piropeando a las tías.
Zacarías.
Expresionismo ancestral
dice que son
las manchas de la cocina.
Y esas grietas en el techo
señora
mía
y esa puerta que no cierra
pura poesía.
Zacarías.
Mil quinientas
más transporte
y comida
en el bar que hay
en todas las esquinas.
martes, 21 de septiembre de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
Autorretrato de veras
Empieza ahora por las pequeñas cosas.
Uno es un niño
por un momento.
Y entonces es la tierra encendida
y los monos dan saltos en las copas
y luce el sol y dice buenos días.
Pero de pronto uno crece
y un día se levanta con el gesto torcido
para ir a trabajar a una oficina de veras
y es que uno está cansado
y se monta en el coche
y dan ganas de estrellarse contra las farolas.
No pienses que estoy loco.
No sé explicarme bien.
Pero hay momentos
(y son los imborrables)
donde todo es una misma cosa.
Lo grande y lo pequeño se confunden.
Y nada es nunca lo que dice ser.
Algunas veces.
Empieza ahora por las pequeñas cosas.
Empieza ahora por las pequeñas cosas.
Uno es un niño
por un momento.
Y entonces es la tierra encendida
y los monos dan saltos en las copas
y luce el sol y dice buenos días.
Pero de pronto uno crece
y un día se levanta con el gesto torcido
para ir a trabajar a una oficina de veras
y es que uno está cansado
y se monta en el coche
y dan ganas de estrellarse contra las farolas.
No pienses que estoy loco.
No sé explicarme bien.
Pero hay momentos
(y son los imborrables)
donde todo es una misma cosa.
Lo grande y lo pequeño se confunden.
Y nada es nunca lo que dice ser.
Algunas veces.
Empieza ahora por las pequeñas cosas.
martes, 14 de septiembre de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
Los cabrones
1998, en el centenario del poeta
Qué hambre de belleza tiene el mundo.
Qué garras afiladas. Qué incisivos.
Te acosan desde que eres un chiquillo
cubiertos de abalorios y de humo.
Qué muerto está el poeta. Qué desnudo
y huérfano aquel verso nunca escrito.
Su nombre hace que lloren los gatillos.
Su sangre hace dibujos contra el muro.
Qué loca estupidez de los humanos
ahoga al ruiseñor y luego aclama
sus versos sin saber lo que nombraron.
Qué hambre de poetas tiene el hombre.
Qué flaca la memoria. Pobrecitos
si olvidan que los versos no se comen.
Qué hambre de venganza y de palabras
dejaron al llevarse tus canciones.
Los mismos que hoy te citan, Federico,
con voces engoladas. Qué cabrones.
Qué garras afiladas. Qué incisivos.
Te acosan desde que eres un chiquillo
cubiertos de abalorios y de humo.
Qué muerto está el poeta. Qué desnudo
y huérfano aquel verso nunca escrito.
Su nombre hace que lloren los gatillos.
Su sangre hace dibujos contra el muro.
Qué loca estupidez de los humanos
ahoga al ruiseñor y luego aclama
sus versos sin saber lo que nombraron.
Qué hambre de poetas tiene el hombre.
Qué flaca la memoria. Pobrecitos
si olvidan que los versos no se comen.
Qué hambre de venganza y de palabras
dejaron al llevarse tus canciones.
Los mismos que hoy te citan, Federico,
con voces engoladas. Qué cabrones.
martes, 7 de septiembre de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
La nana del lobo blanco
Un lobo blanco
con una loba
van caminando
cola con cola
el lobo corre
corre la loba
saltan y juegan
sobre las lomas
dos hombres vienen
largas pistolas
por la ladera
entre las sombras
el lobo corre
corre la loba
suena un disparo
vuelan palomas...
el lobo ha muerto
la pobre loba
lame la herida
llora que llora
llora que llora
En una fiesta
una señora
casi marquesa
y otra señora
dueña de un yate
en Fuengirola
ríen y brindan
y así dialogan:
mira qué abrigo
pelo de loba
todos me dicen
que está de moda
es un regalo
de Maspalomas
y es que este hombre
tiene unas cosas...
en una jaula
vive una loba
y los turistas
tomas y tomas
tomas y tomas
Un lobo blanco
con una loba
van caminando
cola con cola
el lobo corre
corre la loba
saltan y juegan
sobre las lomas
dos hombres vienen
largas pistolas
por la ladera
entre las sombras
el lobo corre
corre la loba
suena un disparo
vuelan palomas...
el lobo ha muerto
la pobre loba
lame la herida
llora que llora
llora que llora
En una fiesta
una señora
casi marquesa
y otra señora
dueña de un yate
en Fuengirola
ríen y brindan
y así dialogan:
mira qué abrigo
pelo de loba
todos me dicen
que está de moda
es un regalo
de Maspalomas
y es que este hombre
tiene unas cosas...
en una jaula
vive una loba
y los turistas
tomas y tomas
tomas y tomas
martes, 31 de agosto de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
Romance de las hojas locas
Hay un viento en la ciudad
que arrastra a las hojas secas
despacito hacia un destino
de escombros y calaveras.
Enredado en los andamios
en el hilo de una antena
un viento del sur maldito
un viento que nunca encuentra:
Un radio de aurora y nube.
Un cuarto de luna en vela.
Donde el aire se hace el río
cuando el río se hace arena.
Las hojas buscan los campos
y los campos las esperan.
Las hojas dicen que hay
en el centro de la Tierra
un ansia que busca un cielo
bordado de luces buenas.
Que alimentan fuego exacto.
Que en las sombras se recrean.
Como el Cristo en una nube
crucificando azucenas.
¿Qué se ríen de los pobres?
¿Qué se acuestan (dicen ellas)
con los pantalones largos
y la cornisa entreabierta?
La luna busca los ojos.
Respeta a las hojas viejas.
La muerte por los tejados
cuando sale de la escuela.
¿Qué es del cielo?¿Sol y mar?
¿Qué del sur?¿La primavera?
Hay un viento en la ciudad
que arrastra a las hojas secas
despacito hacia un destino
de escombros y calaveras.
Enredado en los andamios
en el hilo de una antena
un viento del sur maldito
un viento que nunca encuentra:
Un radio de aurora y nube.
Un cuarto de luna en vela.
Donde el aire se hace el río
cuando el río se hace arena.
Las hojas buscan los campos
y los campos las esperan.
Las hojas dicen que hay
en el centro de la Tierra
un ansia que busca un cielo
bordado de luces buenas.
Que alimentan fuego exacto.
Que en las sombras se recrean.
Como el Cristo en una nube
crucificando azucenas.
¿Qué se ríen de los pobres?
¿Qué se acuestan (dicen ellas)
con los pantalones largos
y la cornisa entreabierta?
La luna busca los ojos.
Respeta a las hojas viejas.
La muerte por los tejados
cuando sale de la escuela.
¿Qué es del cielo?¿Sol y mar?
¿Qué del sur?¿La primavera?
martes, 24 de agosto de 2010
Unos versos de Javier Rico Suardiaz
Que somos muchos, quién lo duda. Y a veces se da el azar de que alguno hace alguna cosa bien.
Personalmente saludé a Javier Rico Suardiaz en su lectura en La Buena Vida ¿de 2008? (yo pienso que es anterior, pero no sé la fecha), aunque su escritura ya había llegado a mí mucho antes: su hermano David, con quien compartí mucho en nuestro periodo conjunto en México, me dió a conocer sus textos en 2004 o 2005. Pero no fue a través de David que supe del evento antedicho, sino a través del propio Javier, lector de Poesía Abierta.
En todo este tiempo, a Javier Rico no le he visto en los ambientes de la poesía en que me muevo en Madrid, sólo para aquella presentación en La Buena Vida de 'El resplandor' se dejó ver. Ayer (cuando escribo no es cuando publico) retomé su librito tanto tiempo abandonado y con gusto os reproduzco algunos versos que me agradan. Van.
Dios
a veces soy el astro
a veces soy la estela
a veces busco el aire
y a veces sombras negras
a veces soy un viento
que a veces se me lleva
colgado de una nube
del filo de una estrella
a veces no me explico
(o a veces no te enteras)
que a veces soy el marco
y a veces soy la escena
a veces mar adentro
adentro de un poema
¿a veces creo al hombre
o a veces él me crea?
a veces soy milagro
a veces soy blasfemia
a veces creo en mí
y a veces no hay quien crea.
Personalmente saludé a Javier Rico Suardiaz en su lectura en La Buena Vida ¿de 2008? (yo pienso que es anterior, pero no sé la fecha), aunque su escritura ya había llegado a mí mucho antes: su hermano David, con quien compartí mucho en nuestro periodo conjunto en México, me dió a conocer sus textos en 2004 o 2005. Pero no fue a través de David que supe del evento antedicho, sino a través del propio Javier, lector de Poesía Abierta.
En todo este tiempo, a Javier Rico no le he visto en los ambientes de la poesía en que me muevo en Madrid, sólo para aquella presentación en La Buena Vida de 'El resplandor' se dejó ver. Ayer (cuando escribo no es cuando publico) retomé su librito tanto tiempo abandonado y con gusto os reproduzco algunos versos que me agradan. Van.
Dios
a veces soy el astro
a veces soy la estela
a veces busco el aire
y a veces sombras negras
a veces soy un viento
que a veces se me lleva
colgado de una nube
del filo de una estrella
a veces no me explico
(o a veces no te enteras)
que a veces soy el marco
y a veces soy la escena
a veces mar adentro
adentro de un poema
¿a veces creo al hombre
o a veces él me crea?
a veces soy milagro
a veces soy blasfemia
a veces creo en mí
y a veces no hay quien crea.
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