TEOREMA DEL SOLITARIO
Tomemos una cifra imaginaria
cero
y un hombre imaginario
uno
el cero no existe
pero él cree que sí
el dos se queda siempre
en
uno
el uno existe
pero nadie le cree.
Leopoldo Castilla
ARS POÉTICA
estupefacto acto
teorema oh poema
artefacto exacto
exacto artefacto
poema oh teorema
acto estupefacto
ESPEJO DEL NO
nunca nada nadie
nadie nunca nada
nada nadie nunca
nunca nadie nada
nada nunca nadie
nadie nada nunca
Bernardo Schiavetta
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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jueves, 17 de enero de 2013
jueves, 10 de mayo de 2012
miércoles, 23 de junio de 2010
Leopoldo Castilla ha escrito 'Línea de Fuga'(y 2)
XIV
Algo de tenue salvación
tiene la imagen
el hombre que bebe del arroyo
como de la piel de una mujer
no podrá regresar nunca.
El agua dice que se va.
Y vuelve.
El agua sabe que el hombre es agua oculta
se parece
se parece
ella lo toca
y él que la llovizna
ella lo lleva
y él que la marea.
La imprecisión
ama.
Van a deshacerse.
Ocurre
cuando
la semejanza
se desea.
XVII
Al fondo del espejo,
en una luz aciaga,
en un día muy quieto
hace sus últimas señas.
No te apartes de esa luna
donde el presente
se extiende
todo lo que tarda
en vaciarse el mundo
desde el ojo en peligro
mirado
por su propio recuerdo.
XVIII
Una última luz
y bajo su relieve
desaparece la montaña.
Una última luz
y esa línea
se hunde en el observador
como un rayo
en un pantano.
Todo nace y desnace para él
para su mendiga
potencia
para el hombre
también mínimo
padre
del relámpago
para cuando sea él
la última luz.
FUGA DE LA PIEDRA
La piedra se acumula
se suma a sí misma
-cree que suma-
asciende
y luego se desmorona
se resta a sí misma
-cree que resta-
cae
y es la misma
en el polvo
y más allá del polvo
ya vacía
en el viento que vuela
persiguiéndola.
Así se fuga. Y todo sería invisible
si no fuera
que el espacio tarda en comenzar
donde estuvo una piedra.
Algo de tenue salvación
tiene la imagen
el hombre que bebe del arroyo
como de la piel de una mujer
no podrá regresar nunca.
El agua dice que se va.
Y vuelve.
El agua sabe que el hombre es agua oculta
se parece
se parece
ella lo toca
y él que la llovizna
ella lo lleva
y él que la marea.
La imprecisión
ama.
Van a deshacerse.
Ocurre
cuando
la semejanza
se desea.
XVII
Al fondo del espejo,
en una luz aciaga,
en un día muy quieto
hace sus últimas señas.
No te apartes de esa luna
donde el presente
se extiende
todo lo que tarda
en vaciarse el mundo
desde el ojo en peligro
mirado
por su propio recuerdo.
XVIII
Una última luz
y bajo su relieve
desaparece la montaña.
Una última luz
y esa línea
se hunde en el observador
como un rayo
en un pantano.
Todo nace y desnace para él
para su mendiga
potencia
para el hombre
también mínimo
padre
del relámpago
para cuando sea él
la última luz.
FUGA DE LA PIEDRA
La piedra se acumula
se suma a sí misma
-cree que suma-
asciende
y luego se desmorona
se resta a sí misma
-cree que resta-
cae
y es la misma
en el polvo
y más allá del polvo
ya vacía
en el viento que vuela
persiguiéndola.
Así se fuga. Y todo sería invisible
si no fuera
que el espacio tarda en comenzar
donde estuvo una piedra.
miércoles, 16 de junio de 2010
Leopoldo Castilla ha escrito 'Línea de Fuga'(1)
III
¿Y la línea
que no tiene sombra
y arma este cuerpo
que no tiene cuerpo?
El mundo está atravesado
por ciertos elementos
que nunca estuvieron en el mundo
de ellos nos viene
la tentación de desaparecer.
Tal vez seamos
también grafía.
Sin sombra y sin persona
por una línea puede
fugarse un muerto.
VI
La imagen peregrina.
No la retiene la naturaleza.
Su pie descalzo
nos toca
y envejece.
Cae
una hoja en el otoño
y divide
el sol sin día de tu imagen
de la vida que parece
sólo parece que se mueve.
X
No te alcanzará la vida para ver
cómo ese hombre
mira la tarde.
El que contempla dura más.
XI
Un hombre
cae
hasta perder su nombre
el futuro no alcanza
la velocidad de la sangre.
En el salto
sólo el salto es alguien.
XIII
¿Lleva cada pájaro
un segmento
o todo el dibujo de la bandada?
¿O no saben
y lo que vuela
es la línea que los atraviesa
y emigra
emplumada
sin final?
Siempre se va en leyenda
una bandada
Nunca vuelve en sí
no tiene dónde
no es la misma la línea
cuando canta.
¿Y la línea
que no tiene sombra
y arma este cuerpo
que no tiene cuerpo?
El mundo está atravesado
por ciertos elementos
que nunca estuvieron en el mundo
de ellos nos viene
la tentación de desaparecer.
Tal vez seamos
también grafía.
Sin sombra y sin persona
por una línea puede
fugarse un muerto.
VI
La imagen peregrina.
No la retiene la naturaleza.
Su pie descalzo
nos toca
y envejece.
Cae
una hoja en el otoño
y divide
el sol sin día de tu imagen
de la vida que parece
sólo parece que se mueve.
X
No te alcanzará la vida para ver
cómo ese hombre
mira la tarde.
El que contempla dura más.
XI
Un hombre
cae
hasta perder su nombre
el futuro no alcanza
la velocidad de la sangre.
En el salto
sólo el salto es alguien.
XIII
¿Lleva cada pájaro
un segmento
o todo el dibujo de la bandada?
¿O no saben
y lo que vuela
es la línea que los atraviesa
y emigra
emplumada
sin final?
Siempre se va en leyenda
una bandada
Nunca vuelve en sí
no tiene dónde
no es la misma la línea
cuando canta.
miércoles, 9 de junio de 2010
Leopoldo Castilla , 'Libro de Egipto'(y 2)

La segunda parte de el 'Libro de Egipto' de Leopoldo Castilla lleva por título 'El libro de los muertos'. Aquí la motivación del título y algunos poemas que lo componen:
Existe en El Cairo un vasto cementerio, donde los más pobres se fueron a vivir. Lo llaman La Ciudad de los Muertos.
IV
Egipto, para agrandar la tierra,
aumentó sus muertos.
Sacrificamos corderos
para que coma el dios,
después matamos dioses
para que coma el tiempo.
Hasta que el desierto destruyó el espacio.
Al final, destruimos el tiempo
al ocupar
el sitio de los muertos.
VI
Su mujer hace pan
zurea
como una paloma entre las tumbas
a veces un golpe de viento
hace volar la harina
elpolvo
y las cenizas
ella los recoge y hace el pan
y hablamos de las cosas del día
sin poder recordar nada
mientras comemos en la media sombra
el pan
calienta todo el cementerio.
IX
El que nace aquí no llora
no comienza
no tiene la hora
de su nacimiento.
XIV
Hemos tomado por asalto sus mansiones
hicimos de sus lechos
patios indefensos bajo el sol,
de su laberinto
calles tenues
de venir y venir.
Han dejado caer
el mudo
tardío
rayo de sus nombres,
que son, como los dioses,
óvulos
de la nada.
Clarean a dos metros de este mundo
sin poder llegar
aturdidos
como las mariposas
son cielos
fuera del cielo,
luz desamparada.
XVI
A veces por la televisión
entran al mausoleo
mares naciendo,
lluvias en lejanas selvas,
hombres que no nos ven,
ciudades.
Mis hijos,
con las raíces al aire,
no creen en ese mundo
se duermen sin sentir
como esas mariposas negras, sordomudas,
pegados
a estos muros mentales.
Jardines de cal
su infancia.
Nadie aquí se sueña en otra parte.
XVIII
No sabe irse. Se asientan
sobre el desequilibrio
como libélulas
o caen
con su lentos instantes
igual que los vilanos.
Astillan la luz,
hieren
como pueden este mundo,
hablan humano
en la boca de los pájaros,
ahogan, con sus lanas, las habitaciones.
No saben apagarse. De noche sueltan fuegos fatuos
quieren quemar todo:
el cementerio, el mundo;
hasta que se calman
y ocultos en su pequeño precipicio
envejecen
en la luz que había.
miércoles, 2 de junio de 2010
Leopoldo Castilla , 'Libro de Egipto'(1)

Leopoldo "Teuco" Castilla nació en Salta en 1947. En 1976 se exilió por razones políticas. Actualmente vive en Argentina. Publicó numerosos libros de poesía y narrativa. Entre otras convocatorias, fue invitado por la Unón Soviética para escribir un libro que la Editorial Progreso de Moscú publicó en 1990 con el título Diario en la Perestroika. También es autor de Nueva poesía argentina (Madrid, Editorial Hiperión, 1987); Poesía argentina actual(Estocolmo, Editorial Siesta, 1988).
Fue distinguido con premios nacionales e internacionales. Su poesía fue traducida al inglés, francés, italiano, sueco, portugués y ruso. Sobre su cuento La redada se filmó el largometraje del mismo nombre, realizado por Rolando Pardo.
Por su libro Nunca recibió el Primer Premio de Poesía del Régimen de Fomento a la Producción Literaria Nacional y Estímulo a la Industria Editoral Año 2000 del Fondo Nacional de las Artes.
Empezaré por compartirte algunos poemas de Leopoldo Castilla en el 'Libro de Egipto'. De su primera parte, 'Libro de Egipto':
EL ARQUITECTO
Con un pliegue del abismo
él alza la pirámide
y el aluvión del sol;
un trazo
y acobarda a la luz
y aparece el palacio
alunado
por el ocio de la reina
y la columna que sostiene
el peso dle hombre
en el vacío de dios.
El arquitecto hizo que el desierto creyera.
Y ahora, en su estatua,
rodeado
por las ruinas de su mente,
la corrosión lo ha desencadenado
eternamente anhela, escribe, borra
y devora con su forma
formas
igual que el arenal.
RESURRECCIÓN
Ya viene el pájaro
que devuelve el alma,
ya viene la resurrección
su hélice de polvo
trayendo
los lentos animales
de sus cinco sentidos
y entra
a la tormenta seca del ambalsamado
Y el faraón vuelve a nacer
en la misma comarca
ungido por su pueblo
junto al mismo río
sin saber que ha muerto
sólo pasa el espacio
en el desierto
el presente es antiguo.
ESCENA EN IBFÚ
Aquí todo ocurre en el horizonte
en una sola recta mortal
de vacío a vacío.
En Ibfú acaban de sepultar a un hombre.
Esas tres mujeres de negro
que en el mercado aúllan
y ruedan
bajo el espanto de un caballo,
ese borbotón de trapos
que maldice al destino
quiere destruir
esta línea sin sonido.
Sólo puede lo injusto.
Y el dolor
que es vertical.
HOMBRE SOLO EN EL DESIERTO
Van con él su mujer desnuda,
los hijos que vendrán,
una incierta tarde de su aldea,
un bastón de caña
y, como un sortilegio,
la sonrisa de su madre muerta.
Se detiene. Mira en derredor:
hasta el confín,
arenas.
No hay dentro ni fuera en esa inmensidad.
El desiérto es él
y va a matarlo.
ADIÓS AL NILO
Así debe ser irse del mundo,
igual que el río cuando se alaguna,
uno bebiéndose los cielos
y lo sniños
veleidando
al agua
y la huida de los pájaros,
mientras el polvo y el viento
apagan las aldeas,
las palmeras sofocadas por el sol
que se hunde en nosotros
y en ese instante volvemos a ser
no más que un golpe
de pétalo en el aire:
la misma lentitud que nos sostiene
nos demsorona.
No nos ven los pastores
que van de nacimiento a nacimiento,
ni los que hilan
las huertas que el Nilo secretea,
ni el pescador que en su red
alzaba el día
brillante
de agua de resurrección.
También el río entra a la muerte,
con sus bueyes bebiendo gravedad,
con peces que vuelven
a la melodía del humo
y mujeres que lavan
telas inconsolables.
Y al final, una faluca:
la medialuna
que viene por nosotros.
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