¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
miércoles, 6 de mayo de 2015
Algunos poemas de Miriam Reyes
Algo que se te clava
como un gancho de carnicero.
Por su belleza soy un costillar colgado para la venta.
Roja es mi carne cuando le miro, vean
cómo me abro de garganta a sexo.
Podría pasar horas goteando
contemplando
la forma de su espalda sobre el colchón.
MI CUERPO DESNUDO ESTÁ AQUÍ
y no en otra parte.
Pasa y verás lo que hay
tras el esmalte de dientes.
Pasa y verás.
Mi cara no es mi cara.
La pequeña señorita sin nombre
la muñeca con lágrima.
Por favor por favor por favor
llévame a casa.
Por favor por favor
juega conmigo.
La autómata me protege
con su cuerpo de niña bonita de goma homologada.
Qué dulce, qué ducle y perfecto
en su vientre vacío suena el mar.
A la gente le encanta.
Le encanta la concha bajo la que el cangrejo ermitaño sobrevive.
La gente prefiere las conchas, las lleva a su casa
se las acerca al oído
las escucha.
DEJAMOS UN RASTRO DE HUMEDAD
en las paredes
en los marcos de las ventanas
dejamos los fregaderos atascados
papeles tapando los cristales
ratones muertos en el horno
dejamos cal en los espejos del baño
zanahorias podridas en la cocina
un sudor enfermo en los cerrojos de las puertas
ecos de horror rebotando en los techos
un olor a pesadilla por todas partes
un olor a gritos y a lágrimas derramados
sobre las quemaduras de la alfombra
sobre la grasa de los hornillos, la funda del colchón y
sobre los marcos astillados de las puertas.
Dejamos nuestro amor aspirado vuelto pellejos
-nuestro amor de un mes de vida
con toda su muerte por delante-
flotando en una palangana blanca
en el lugar donde perdí el sentido.
SOY LO QUE NO ENTIENDES
y simplificas.
Lo que no puedes cambiar
y limitas.
Lo que necesitas
y humillas.
Por más que te obedezca
no hago lo que deseas.
Por más que me anules
te lastimo.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Un poema de Miriam Reyes
-como un velo de novia-
y he caminado hasta el centro del corro
-como camino al altar-.
La gallinita ciega, la gallinita loca.
Ellos están ahí, pero sólo son fragmentos:
un par de brazos, un ojo abierto, un mentón...
Los voy acumulando.
Quiero hacer un montoncito con todos ellos
para construir mi castillo de arena
y sentarme a esperar la gran ola.
Tan pancha, tan loca
-como una reina-.
viernes, 16 de abril de 2010
Centro Permanente de Poesía Crítica en Madrid, mañana Miriam Reyes, Laura Casielles y Pedro del Pozo
CPPC - CENTRO PERMANENTE DE POESÍA CRÍTICA
Poesía que no cede a la hipnosis
Librería Asociativa Traficantes de Sueños
c/ Embajadores, 35
Madrid
(XII): Sábado 17 ABRIL - 19 h.
Miriam Reyes, Laura Casielles y Pedro del Pozo
Miriam Reyes (Orense, 1974) ha publicado los poemarios Espejo negro, Bella Durmiente (finalista del XIX Premio Hiperión) y Desalojos. Ha sido traducida al italiano y al portugués, y ha sido recogida en antologías como Feroces o 23 Pandoras. Poesía alternativa española. Actualmente combina el trabajo con la palabras con el de la imagen, y está llevando la poesía a otros formatos como el vídeo o la película flash.
Laura Casielles (Pola de Siero, Asturias, 1986), es licenciada en periodismo y en la actualidad vive en Rabat (Marruecos), a donde la ha llevado una beca para trabajar en la corresponsalía de la Agencia Efe. Ha publicado el poemario Soldado que huye. Sendos relatos suyos han sido recogidos en las antologías Dos orillas, un mismo mar y La Edad del Óxido. Realiza traducciones del inglés y francés para distintas publicaciones. En 2007 fue premio La Voz + Joven de la Obra Social Caja Madrid.
Pedro del Pozo (Sevilla, 1971) es autor de Todas las puertas abiertas (selección de poemas) y Distancias (Poemas de los océanos zigzagueantes). Ha participado en libros colectivos como Voces del extremo: poesía y utopía, Sevilla 24 poetas 24 artistas, Poesía viva de Andalucía, El árbol talado que retoña (Homenaje a Marcos Ana) o Lo que ha quedado del naranjo. Palestina en el corazón. Forma parte del colectivo La Palabra Itinerante.
No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.
Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.
(Miriam Reyes)
Ocupados en atarnos los zapatos
permanecemos quietos en el incendio–
las paredes caen
las puertas hinchadas bloquean la salida
las ventanas ennegrecen sus cristales–
oímos gritos
observamos escenas de pánico y salvamento–
(estos complicados nudos de cordón de zapato)–
(Pedro del Pozo)
Encontrar las palabras
elementales. Aprender
cómo decir perdón en el idioma del que irrumpe,
y buenos días, y toma,
y he venido a conocerte, aprender
cómo decir gracias en el idioma
de los que también rasgan
y también
se desgarran,
cómo decir
café, cariño, patria,
shalom, salam aalaikum, aprender
cómo se dice pasa, entra, esta es mi casa
en un país al sur del que apenas
quedan ruinas, aprender
obrigada, spasiba, aprender
qué colores no existen en las lenguas de África.
Y cómo responder que sí en Pekín.
Poder hacer el amor
gritando a cada cual en su lengua.
Llegar a las ciudades y descubrir
los entresijos del mercado,
entender ,
aprender
cuál es en cada tierra
la etimología de alma, y de qué modo
saludaban al miedo mis bisabuelos.
Encontrar las palabras elementales.
Y luego hablar.
(Laura Casielles)
miércoles, 2 de mayo de 2007
De 'Bella durmiente'(Miriam Reyes, Hiperión, 2004)
Todo cambia aunque yo me paralice
el mundo de afuera y el mundo de adentro
independientes de mis deseos
están en movimiento.
Luz y sangre viajan
a pesar de mí
y me sobreviven.
Los chopos
pelados esqueletos de peces plantados en la tierra
me traen recuerdos:
dedos, bocas, milagros.
No sé dónde estoy
pero sé que voy
camino a casa.
El cielo azul enmarcado por los huecos que abrieron las bombas
las hierbas cubriendo los arcos derruidos
el sendero de escombros y piedras.
Camino reconociendo todas las señales
de la vida que queda y de lo muerto.
Por dentro yo
soy como estas ruinas.
No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.
Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese deierto negro que tanto te asusta.
Si me lo pide me pongo en cuatro patas
en dos, en una
meneo la cola
doy vueltas
me hago la muerta
salto por una galleta
le lamo los pies.
Y es que me muero de gusto cuando me rasca panza arriba.
Soy la perra más perra
que jamás nadie haya abandonado.
martes, 24 de abril de 2007
De sopletes y matrices
A leer un poemario, nadie enseña. Y a escribirlo, tampoco. Esos son modos que se aprenden, o que se intuyen, o que, estrictamente, se practican desde una posición muy personal, y única.
Dicho lo cual y hablando de memoria, para que no se pierda…
Maravillosos Bella Durmiente, de Miriam Reyes; Nostalgia del acero, de Lucía Fraga; Invención de gato de Vanesa Pérez Sauquillo… Maravillosas. No voy a ser yo quién las descubra ni quién las explique. Las conocéis de sobra. Si no es así, os las recomiendo.
A los jóvenes poetas, estas chicas y otras, son las que han venido a iluminarnos. Son ellas. Los demás, por ahora, les hacemos los coros.
Y ellas, queridos amigos, no se permiten deslices al construir un poemario. O se les cuelan pocos. Parten de una idea central que es la que desarrollan, sin perderla de vista.
No vale coleccionar poemas que no guardan relación y pretender empalmarlos con el soplete del título. No. Cada poema es esencialmente idéntico y distinto al resto. Pues todos son concebidos en la matriz del título.
Se trata de mirar las distintas vertientes, las distintas aristas, las distintas caras del poliedro que observan.Y el problema, lo que marca que el libro esté acabado o no, es si alguna de las caras queda por descubrir. Vamos, la técnica de exhausción que tan útil nos resulta a los matemáticos.
No nos engañemos, la metáfora no es un instrumento para esconder al poeta, es un recurso poliexpresivo. Como un poliedro es un poemario cuyo nombre es dado al nombrar la obra.
Volviendo al comienzo, me decía Miguel Pastrana hace unas cañas, que esta forma de contemplar la escritura de un poemario “no deja de ser una opción estética”. De acuerdo, opción estética, seguro. ¿Encierra algo más la poesía?
Pero detrás de la estética hay inteligencia. Dijo Federico:“soy poeta por la gracia de la técnica”. Éste es Lorca, claro.
Y estas chicas, como Federico, si en algo abundan con esa opción estética e intelectual, es en la emoción. En la emoción pura. Trigo limpio, vamos. En el grano, o la semilla, es en la que habitan.
Quiero decir, que no son sus libros aquel amigo pesado que nos invita a su casa a tomar una copa y nos pone una canción y remarca un verso y sin dejarnos escucharla por nosotros mismos, ni terminarla, nos pone otra o nos trae un libro que no podemos mirar mientras saca unas fotos y todo el rato nos dice: “oye esto”, “calla ahora”, “mira aquí”, “no te pierdas”…Y pasa del flamenco al folk sin la menor compasión y después toca tango, cumbia, bachata, merengue y términa en un réquiem. ¿Por qué cuento mi vida?
O sea, las emociones, amigo, hay que medirlas. Anthony Hopkins, Lo que queda del día (perdonad el que que, pero así se llama la criatura). Un mayordomo de su clase no se puede permitir perder el tiempo en cerrar los ojos al cadáver de su padre cuando su señor le necesita para atender a la multitud de honorables y destacados invitados que hospeda en su casa.
Pues eso, chicas, gracias por centraros. Nos ponéis un disco a un volumen bajo, que no disturbe la conversación… y a relajarnos. Si es que podemos.
Continuará.