¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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martes, 18 de marzo de 2014
"Topología de una página en blanco" al completo aquí
Topología de una página en blanco, de Alejandro Céspedes, tuvo una primera vida en la red; luego tuvimos la suerte de publicarlo en la Colección pi de poesía, aportándole a modo de epílogo unas referencias que pueden ser útiles al lector. Ahora la misma versión salida en papel la tienes completamente disponible también en archivo electrónico.
A ti que no puedes elegir, pues no tienes fácil conseguir la edición impresa, va esta edición electrónica que Alejandro Céspedes recoge en su web junto al resto de su obra.
A ti otro que aún no te decides a adquirir un ejemplar, te facilitamos que lo conozcas, convencidos de que al hacerlo buscarás nuestro volumen en librerías o a través de la página web de Amargord, con lo que contribuirás a que podamos mantener esta bendita locura de ayudar a difundir exquisitas rarezas.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Una nueva lectura de Topología de una página en blanco
Ariadna García sobre Topología de una página en blanco, de Alejandro Céspedes, editado en la Colección Pi de Poesía, en Radio 21.
miércoles, 30 de octubre de 2013
Cierto que ya pasó el verano, pero...
Deliberadamente he dejado para el final, en esta deleitosa repesca de estío, un libro como ‘Topología de una página en blanco’ (Amargord Ediciones), del asturiano Alejandro Céspedes, un poeta que no se cansa de indagar, una y otra vez, en los caminos más difíciles y menos transitados de la poesía, rompiendo y recomponiendo su verso un libro detrás de otro, pero siempre con esa búsqueda de la revelación que, en su fondo más íntimo, constituye una de las esencias mayores de la poesía. «Nos seguimos creyendo necesarios para que cuanto / existe reclame nuestros ojos / pero el problema de la revelación seguirá intacto», nos dice este poeta de altos vuelos en su última entrega literaria. Una buena receta para leer mucha y buena poesía contemporánea en este verano que acabamos de estrenar.
Recomendación de Carlos Aganzo en el Norte de Castilla. Aquí el artículo completo.
Recomendación de Carlos Aganzo en el Norte de Castilla. Aquí el artículo completo.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Más y mejor de Francisco Gálvez sobre "Topología de una página en blanco"
La imaginación sin hilos
Francisco Gálvez 29/06/2013
Es un libro sin rostro y sin manos. Aunque algún tipo de sujeto camina por sus páginas, pero invisible, ese que conocemos convencional no se encuentra en este libro. La escritura, o mejor la forma de la escritura, es discontinua, excéntrica, no sigue una pauta de márgenes establecidos, sin apenas puntos ni comas y muchos espacios en blanco. En poesía los espacios en blanco nunca son gratuitos, y en este poemario mucho menos. Y algunos poemas visuales. Un prólogo en verso del mismo autor, que es parte del libro, no es discordante ni es lo que parece al uso, pero no tanto por su coherencia, y un epílogo de Jesús Malia. Esta es su imagen a primera vista.
Y entre el prólogo y el epílogo los versos, las líneas, las palabras de hoy mismo, las imágenes, la negación y la defensa de nuestro mundo diario, cotidiano, acertado, de fracaso, de blanco y negro. Mientras en poesía el riesgo puede ser el nombre de una amante que deberíamos buscar siempre, y así parece que lo entiende de manera extrema Alejandro Céspedes.
Un libro que hay que leer despacio, a pesar de su gran pantalla donde imaginar no las formas que ya las vemos, sino cosas invisibles, sentidos y emociones, que también la hay, no como estamos habituados, pero la hay. Es otro tiempo y, desde luego, otra poesía. Y por ello no deja indiferente su lectura, porque al final nos impregna de lo inconcreto y desprovisto, nombrados así, tal vez, porque no estamos acostumbrados a salir de los caminos señalados, redondeados y sin perfilar. En estas páginas hay un espacio nuevo, no el mejor ni único, pero otro.
Varios son los poemas visuales. Un caligrama en forma de pozo, otro con sólo tres versos formando un rectángulo con la apertura derecha abierta. Las páginas 53 y 54 son una lámina suelta transparente y en brillo, totalmente vacía, la página en blanco da la sensación de espejo ¿metáfora? Otras con sólo un verso, dos o tres. Por retratar algunos. Espacios por doquier abiertos que dicen mucho de las intenciones de su autor y son significativos con la lectura de los textos. La 94 en el margen inferior "yo soy yo soy yo soy-" Las 101 y 103, la primera con puntos negros dispersos guardados por dos versos arriba y abajo, y la segunda de fondo negro y las palabras en blanco, como hueco grabado. Le sigue el Epílogo de Jesús Malia, titulado Scribendi Nullus Finis , seguido a la vuelta de la página con los versos "es tan cierto que nada es lo que parece/como que todo es lo que parece", y aparentemente fragmentados. Hasta aquí es la descripción fría y simple de un libro, su estructura, la forma, la distribución de los versos, o mejor la puesta en escena de la poesía en una página en blanco.
Y dentro de todo esto ¿dónde está la poesía? Se dice que en todo hay desde una pizca de poesía hasta la espuma, y puede ser cierto, pero todas las formas y temas no son poesía. ¿O sí? ¿Las matemáticas son poesía? Para este autor, evidentemente sí, y le sirven para hacer poesía, no otra poesía, es o no es, la poesía es siempre una, no única, con muchos rostros, pero ¿cuándo es más ecuánime y de perfil reconocible?, ¿existe eso?, ¿tiene que ser la misma de siempre y conocemos? Indudablemente que no. También la tradición está ahí. Hay varias tradiciones en este libro. Aquí pueden estar los caligramas de Apollinaire, los futuristas, poesía visual, podemos hallar formas y fórmulas diversas de lecturas y hacer poesía. Abre puertas y ventanas, como un ensayo, una hipostasis. Ensayo de la poesía. Teoría de nuestras vidas y tiempo. Ni siquiera el poeta puede negar la poesía, sólo sus formas y escenas limitadas siempre y también sus interminables paisajes. En el final, eso nos parece, desde un ciclo social y económico, otra manera de decir y nombrar, nuestras cosas y diario sentir.
Por otra parte, visibles o invisibles, en gran medida y en menos, están presentes las causas y problemáticas del mundo que nos toca, final de un período y comienzo de otro, de una filosofía de vida agotada y terminal. Tal vez el futuro de la literatura, y de otras muchas cosas, ya no será ir con las etiquetas del mundo antiguo, moderno o postmoderno, sino sobrepasar las teorías y ópticas sobre el último conocido, será la necesidad de lo diario con distinta función, desde el consumo, ecología, hábitat y condiciones de vida, ciudades y campo para vivir o visitable. Y este libro trata algo de eso, de decirnos, de explicarnos, de romper lo que tenemos como único y perfecto, para seguir tocando cosas que nos deberían de importar mucho más, y el lector roza casi otro horizonte. Es más lo que deja de decir, y es más lo que dice entre los espacios en blanco. Finalmente, por qué no, cuando las frases alcanzan ese hilo más directo de las cosas y su entendimiento medio. Tal vez sea un libro de nuestro propio futuro, aunque nos parezca --hoy mismo-- extraño y excesivamente abierto si lo miramos dentro de un vaso poético de donde llevamos siglos bebiendo la misma agua.
Sin desperdicio el Epílogo de Malia, sólo señalaré las partes o subtítulos: ¿Qué nos pasa, qué necesitamos?; Alejandro Céspedes salta al vacío , con citas de Bretón, Eluard y Aragón; Topología de una página en blanco , que da título al libro; Hacia atrás en la poesía y ¡Que aquí hay topología! , con una inesperada y significativa cita de Clara Janés. En cierta manera o mucha en un nexo y forma parte del libro.
"Queda un hilo..." en cualquier página de este libro o de otro, siempre un hilo, donde la poesía está instalada de nuevo, también en nuestros calles y gestos, y tampoco muchas veces la vemos, como parece que el poeta quiere escribir sobre las cosas de nuestro mundo, desde ese hilo de poesía que todo lo toca, si miras, si dejas en blanco tus espacios aprendidos y acostumbrados. "Todos los que ya no es buscan su sitio / ni siquiera con su propia piel los reconoce / ya no es más que un cuerpo que se hereda a sí mismo".
'Topología de una página en blanco'. Autor: Alejandro Céspedes. Edita: Amargord Ediciones. Madrid, 2012
miércoles, 5 de junio de 2013
lunes, 27 de mayo de 2013
Agustín Calvo Galán sobre "Topología de una página en blanco" en Quimera
POESÍA EXPANDIDA
“Topología de una página en blanco”
de Alejandro Céspedes (Amargord, 2012)
QUIMERA, nº 354, mayo 2013
Agustín Calvo Galán
Con Topología de una página en blanco, Alejandro Céspedes recorre varios espacios simbólicos, físicos y mentales del lenguaje poético, y piensa la poesía transitando por encima de esa finísima línea que en la creación escrita divide lo tangible de lo intangible. El reto consiste en mantenerse en un equilibrio inestable entre significados y significantes, entre la poesía como materia formada y la conciencia creativa libre que se asoma al nihilismo de no dar nada por cierto. Este recorrido se realiza de una forma vinculada e intertextual, con referencias constantes al propio libro y a otras obras poéticas ajenas -explicitadas al final del mismo-. Transita también por el espacio físico de la página, por su dimensión topológica, dando lugar a poemas con formas figurativas, reconocibles, a la manera de caligramas. Todo ello aderezado con una estética expresiva y densa que no evita la invención de normas gramaticales sin jerarquías para conseguir, por ejemplo, efectos rizomáticos o fractales. Uno de los iconos del libro es, en este sentido, el vertiginoso pozo creado con los círculos del verso: “cualquier página podría ser un pozo en el que ahogarse”. Poesía textual y poesía visual que confluyen, pues, para crear una obra total, completa.
Alejandro Céspedes arriesga en este libro, se expone al atravesar el vacío sin red que supone tratar de explicar lo inefable a través de los múltiples recursos del lenguaje poético, y al subrayar la distancia consciente entre el creador y su creación. El poeta asturiano camina perfectamente por todo tipo de innovaciones temáticas como ya demostró en sus anteriores libros, en los que expandía igualmente el campo de acción de la poesía tradicional, al tiempo que complementaba sus creaciones con compromiso personal, emoción, coherencia y una reinvención constante. Cualquier página en blanco permite asumir riesgos, pero sólo en manos de un gran creador puede convertirse en una extensa y extraordinaria representación del mundo; por ello esta Topología es una obra capaz de crecer día a día en el imaginario de sus lectores.
“Topología de una página en blanco”
de Alejandro Céspedes (Amargord, 2012)
QUIMERA, nº 354, mayo 2013
Agustín Calvo Galán
Con Topología de una página en blanco, Alejandro Céspedes recorre varios espacios simbólicos, físicos y mentales del lenguaje poético, y piensa la poesía transitando por encima de esa finísima línea que en la creación escrita divide lo tangible de lo intangible. El reto consiste en mantenerse en un equilibrio inestable entre significados y significantes, entre la poesía como materia formada y la conciencia creativa libre que se asoma al nihilismo de no dar nada por cierto. Este recorrido se realiza de una forma vinculada e intertextual, con referencias constantes al propio libro y a otras obras poéticas ajenas -explicitadas al final del mismo-. Transita también por el espacio físico de la página, por su dimensión topológica, dando lugar a poemas con formas figurativas, reconocibles, a la manera de caligramas. Todo ello aderezado con una estética expresiva y densa que no evita la invención de normas gramaticales sin jerarquías para conseguir, por ejemplo, efectos rizomáticos o fractales. Uno de los iconos del libro es, en este sentido, el vertiginoso pozo creado con los círculos del verso: “cualquier página podría ser un pozo en el que ahogarse”. Poesía textual y poesía visual que confluyen, pues, para crear una obra total, completa.
Alejandro Céspedes arriesga en este libro, se expone al atravesar el vacío sin red que supone tratar de explicar lo inefable a través de los múltiples recursos del lenguaje poético, y al subrayar la distancia consciente entre el creador y su creación. El poeta asturiano camina perfectamente por todo tipo de innovaciones temáticas como ya demostró en sus anteriores libros, en los que expandía igualmente el campo de acción de la poesía tradicional, al tiempo que complementaba sus creaciones con compromiso personal, emoción, coherencia y una reinvención constante. Cualquier página en blanco permite asumir riesgos, pero sólo en manos de un gran creador puede convertirse en una extensa y extraordinaria representación del mundo; por ello esta Topología es una obra capaz de crecer día a día en el imaginario de sus lectores.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Idoia Arbillaga sobre la "Topología de una página en blanco" de Alejandro Céspedes
Ni la deliberada simplicidad metafórica de algunos autores es garante poético de que el texto sea una representación estético-literaria de la Verdad, ni el exaltado oropel o las intrincadas metáforas de otros avalan siempre la revelación poética. Nos hallamos en cambio aquí ante un elevado texto de Alejandro Céspedes de difícil clasificación dentro del sistema global de géneros, y que verdaderamente alcanza la tan perseguida revelación poética, la renovación de las verdades de siempre, a través de un proceder textual y metaforológico distinto. La urdimbre de su dispositio revela un elaborado sistema de coexistencia textual en donde igualmente confluyen aspectos retóricos tan propios de los géneros artístico-literarios como de los géneros ensayísticos e, incluso, se dan cabida a referentes propios del discurso científico-técnico; todo ello sin embargo figura mediante una impecable cohesión interna, a propósito de una de las poesías más reveladoras de la década. El libro de Céspedes sin duda merece una particular atención crítica que exceda el molde de la reseña en tono familiar y coloquial, que tanto abunda; si bien por cuestiones de espacio únicamente ofreceremos unas anotaciones críticas acerca de la notable relevancia retórica y poética de este libro.
No debe el lector quedarse únicamente en los referentes culturales y poéticos más obvios y que funcionan como molde socio-cultural más evidente de la obra: Mallarmé, Huidobro, Eliot, en ocasiones cierta fijación textual caligramática o entreverada de espacios, la aparición de eventuales materiales plásticos en imitación del azogue, en coexistencia con la celulosa, etc. Todos esos elementos de la disposición material y los citados referentes literarios figuran en la obra, pero no determinan. Existen en cambio otros referentes filosóficos, literarios y culturales que nos permiten entender la obra como lo que es, un análisis metafísico acerca de los mecanismos gnósticos del ser, de la memoria, la percepción del Arte, la relación entre Sujeto y Objeto literario o lo que aquí se transfiere, aun de forma incipiente, como el Hombre y la Realidad.
En tiempos en donde la poesía en lengua española se desenvuelve por cauces expresivos de tan débil alcance, sorprende y adquiere total preminencia el poemario de Céspedes, sin duda una de las obras poéticas europeas más relevantes de principios del siglo XXI. ¿De qué manera se nos revela la Verdad del Ser –y su relación con la palabra- en la dispositio textual? Sorprende, como advertía, la afluencia de aspectos retóricos y de textos de distinta naturaleza discursiva: la metaforología lírica no está reñida con el discurso ensayístico propio de la Filosofía ni con el texto explicativo más propio de la Exposición –y que tantos poemas de otros autores ha arruinado-; se apuntan incluso entimemas propios del discurso argumentativo, todo ello manteniendo un decoro poético y un rigor discursivo de equilibrada perspicuitas para el lector culto.
Aparece así, muy acertadamente, la Hibridación tan del gusto del Arte Contemporáneo; pero mientras en otros es forzada búsqueda de originalidad poética, que no deriva más que en ajado pastiche, en Céspedes posee entidad artística y altura poética plenas. El autor se desenvuelve literariamente con una naturalidad, que cautivará al lector buen conocedor del pensamiento occidental y la historia de su literatura, realiza una mención directa del objeto filosófico-poético que nos recuerda la señalada relación zambriana entre Poesía y Filosofía. Del mismo modo subraya la predominancia del Sujeto ante el Arte, consecuentemente asumida tras el proceso de subjetivización del pensamiento moderno, y que Alejandro Céspedes asume y proyecta en la constitución del texto mediante distintos procedimientos (el juego entre 3ª, 2ª y 1ª persona, entre otros) que aluden al lector, y lo involucran y provocan en tanto que Sujeto que recibe y a la vez construye el objeto estético-literario, esto es, el texto poético que se nos presenta (qué posible interesantísimo estudio, sobre la obra, se pierden los devotos de la Teoría de la Recepción). De otro lado, despuntan muy sutilmente conceptos propios de las filosofías asiáticas, como el tan revelador concepto del Vacío –notoriamente fundamentado en el Taoísmo-, la oquedad y el Ser, etc.
Todo el cuestionamiento de la realidad y la percepción del Sujeto se llevan, no obstante, hacia la palabra, la relación entre Lenguaje y Pensamiento, los límites de la Poesía en su forma meramente textual, la capacidad de aprehensión de la Verdad a través de la Lírica y la Literatura en general (“El resultado de la ecuación es siempre el mismo:/ las palabras heredan la orfandad de las ideas” p.66). La capacidad del autor a la hora de ahondar en la Verdad poética es notoria, y nos lleva a preguntarnos si acaso será éste un poemario que preceda a una indagación del Ser disociado de la Literatura, lo que sería de esperar. Aquí el Ser ante la Palabra, la Palabra ante el Ser, la relación entre Lenguaje y Pensamiento; quizá en el subsiguiente poemario la indagación pura del Ser. Con un texto de tanto alcance poético no puede menos que esperarse otro, a continuación, que lo supere, y ya ansiamos su lectura. “La Verdad sigue ocurriendo en ambos lados” reitera en varios lugares de la obra Céspedes, sin duda un poeta de sobresaliente lucidez que nos lleva con su Topología a ese otro lado de la Luz, que otros ni siquiera atisban.
Artículo de Idoia Arbillaga originalmente publicado aquí, en Culturamas.
No debe el lector quedarse únicamente en los referentes culturales y poéticos más obvios y que funcionan como molde socio-cultural más evidente de la obra: Mallarmé, Huidobro, Eliot, en ocasiones cierta fijación textual caligramática o entreverada de espacios, la aparición de eventuales materiales plásticos en imitación del azogue, en coexistencia con la celulosa, etc. Todos esos elementos de la disposición material y los citados referentes literarios figuran en la obra, pero no determinan. Existen en cambio otros referentes filosóficos, literarios y culturales que nos permiten entender la obra como lo que es, un análisis metafísico acerca de los mecanismos gnósticos del ser, de la memoria, la percepción del Arte, la relación entre Sujeto y Objeto literario o lo que aquí se transfiere, aun de forma incipiente, como el Hombre y la Realidad.
En tiempos en donde la poesía en lengua española se desenvuelve por cauces expresivos de tan débil alcance, sorprende y adquiere total preminencia el poemario de Céspedes, sin duda una de las obras poéticas europeas más relevantes de principios del siglo XXI. ¿De qué manera se nos revela la Verdad del Ser –y su relación con la palabra- en la dispositio textual? Sorprende, como advertía, la afluencia de aspectos retóricos y de textos de distinta naturaleza discursiva: la metaforología lírica no está reñida con el discurso ensayístico propio de la Filosofía ni con el texto explicativo más propio de la Exposición –y que tantos poemas de otros autores ha arruinado-; se apuntan incluso entimemas propios del discurso argumentativo, todo ello manteniendo un decoro poético y un rigor discursivo de equilibrada perspicuitas para el lector culto.
Aparece así, muy acertadamente, la Hibridación tan del gusto del Arte Contemporáneo; pero mientras en otros es forzada búsqueda de originalidad poética, que no deriva más que en ajado pastiche, en Céspedes posee entidad artística y altura poética plenas. El autor se desenvuelve literariamente con una naturalidad, que cautivará al lector buen conocedor del pensamiento occidental y la historia de su literatura, realiza una mención directa del objeto filosófico-poético que nos recuerda la señalada relación zambriana entre Poesía y Filosofía. Del mismo modo subraya la predominancia del Sujeto ante el Arte, consecuentemente asumida tras el proceso de subjetivización del pensamiento moderno, y que Alejandro Céspedes asume y proyecta en la constitución del texto mediante distintos procedimientos (el juego entre 3ª, 2ª y 1ª persona, entre otros) que aluden al lector, y lo involucran y provocan en tanto que Sujeto que recibe y a la vez construye el objeto estético-literario, esto es, el texto poético que se nos presenta (qué posible interesantísimo estudio, sobre la obra, se pierden los devotos de la Teoría de la Recepción). De otro lado, despuntan muy sutilmente conceptos propios de las filosofías asiáticas, como el tan revelador concepto del Vacío –notoriamente fundamentado en el Taoísmo-, la oquedad y el Ser, etc.
Todo el cuestionamiento de la realidad y la percepción del Sujeto se llevan, no obstante, hacia la palabra, la relación entre Lenguaje y Pensamiento, los límites de la Poesía en su forma meramente textual, la capacidad de aprehensión de la Verdad a través de la Lírica y la Literatura en general (“El resultado de la ecuación es siempre el mismo:/ las palabras heredan la orfandad de las ideas” p.66). La capacidad del autor a la hora de ahondar en la Verdad poética es notoria, y nos lleva a preguntarnos si acaso será éste un poemario que preceda a una indagación del Ser disociado de la Literatura, lo que sería de esperar. Aquí el Ser ante la Palabra, la Palabra ante el Ser, la relación entre Lenguaje y Pensamiento; quizá en el subsiguiente poemario la indagación pura del Ser. Con un texto de tanto alcance poético no puede menos que esperarse otro, a continuación, que lo supere, y ya ansiamos su lectura. “La Verdad sigue ocurriendo en ambos lados” reitera en varios lugares de la obra Céspedes, sin duda un poeta de sobresaliente lucidez que nos lleva con su Topología a ese otro lado de la Luz, que otros ni siquiera atisban.
Artículo de Idoia Arbillaga originalmente publicado aquí, en Culturamas.
miércoles, 17 de abril de 2013
Amparo Andrés Machí sobre "Topología de una página en blanco"
Con Topología de una página en blanco, nos adentramos en el universo de la filosofía del lenguaje como motivación poética. El lenguaje poético se cuestiona a sí mismo, indagando en el corazón de la página, entre una semántica metafísica del lenguaje que se sustenta en simbologías, creando un espacio poético dentro de su propio espacio.
Versos que por su naturaleza narrativa se desmarcan de la poesía convencional, Alejandro va experimentando el suceso de la escritura que vierte sus formas en la página, conformando sus relieves y sus hondonadas, sus traiciones de significados y metasignificados a través del lenguaje, de las simbologías. Así, dice “extraída de su contexto, cualquier frase funciona como símbolo”.
Los símbolos se crean a través de la composición sintáctica, el contexto se relega para dar prioridad al texto en cada una de sus frases, adquiriendo valores que trascienden lo poético para adentrarse en el terreno de la filosofía lingüística y el problema de la palabra. Un recorrido repleto de reminiscencias filosóficas y lingüísticas que podemos observar en algunos párrafos como cuando nos dice el poeta
(...)Cada palabra se cree irrefutable preñada de certeza
sus signos en la realidad no existen
cuerpos huecos
todo tendrá que ser imaginado y habrá que trabajar
sobre la ausencia
aun así qué difícil fabricar sintaxis
que no tenga el don de predecirse (...)
Siguiendo la estela de los lingüistas como Saussure, que se cuestionaron la significación de las palabras en esa dualidad del signo lingüístico, o de filósofos como Wittgenstein, quien puso en duda el valor del lenguaje como representación de la realidad. Con todo ello, nos va desgranando a través de su poética esa duda razonable que se esconde en cada palabra, en cada frase, en cada párrafo, deconstruyendo el estructuralismo poético desde una óptica innovadora que implica también el auténtico sentido de la idea y que pretende ser a la vez crítica del aparato lingüístico.
Alejandro es consciente de los peligros embaucadores de la palabra, de sus traiciones y su irrealidad. La arbitrariedad que impregna todo lenguaje es a la vez lo que nos induce a un caleidoscopio interpretativo que se hace relevante en los ojos lectores, en esa percepción única que se fragua en cada lector “¿no eres tú también un artificio un disfraz una desfiguración de las posibilidades del lenguaje? la última posibilidad del lenguaje ¿la última?” escribe.
Sin el lector no existe el poema, se advierte aquí un acercamiento a las teorías semióticas de Eco, en particular a su ensayo Lector in fábula, cuando entiende la interpretación como el auténtico acto literario en el que el lenguaje textual cobra un sentido individual superando la universalidad, pero partiendo de ella como referencia. La idea de la multiplicidad se hace evidente, pero también los peligros que lleva implícito el lenguaje, la traición de la palabra en sus engalanados vericuetos: “la cáscara de un nombre” “el hueco que la nombra” o cuando afirma
la verdad no resiste
el abrazo fraternal de la firmeza
la idea busca apoyo sobre su capacidad embaucadora
y desde esa inconsistencia tratará de saltar
La incapacidad del lenguaje para expresar realidades se hace patente, y avanza el libro explorando caminos de expresión diferentes, que unen imagen y palabra, llegando a la expresión visual del poema, siguiendo el rastro de Apollinaire en el caligrama que representa un pozo que va estrechándose hasta el su completo ahogo “cualquier página podría ser un pozo en el que ahogarse” y se ahoga en esa inconsistencia ineficaz que deslumbra, pero no contiene. Elementos simbólicos confirman esta crítica, como el poema escrito al revés o la hoja oscura entre las páginas blancas, quedando patente así su visión crítica del lenguaje.
El lenguaje poético se hace consciente de sí mismo, el poeta se recrea en la multiplicidad de las expresiones variadas que adopta la estructura del texto, conjugando distintas versiones combinatorias que no dejan de plantearse ese cuestionamiento filosófico que bien podríamos llamar wittgensteiniano, porque parte de sus planteamientos, pero se va alejando hacia el mundo de las simbologías como manera de mostrar otras formas de comunicar su poesía.
Topología de una página en blanco no es un poemario al uso, no contiene tintes emocionales y se desprende de la inmediatez característica del poema para conformarse en un “continuum” indagador, un poemario de corte reflexivo y rompedor, que crea un espacio distinto, experimental y, a la vez, pleno de certezas que se clavan directamente en la herida del pensador que busca y bucea en los mundos del lenguaje y sus significados desde una perspectiva no exenta de crítica. Una excelente y particular visión lúcida sobre la semiosis poética desde su propia entraña.
Alejandro Céspedes (Gijón, Asturias) es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo. Desde 1985 reside en Madrid. Ha publicado varios libros y obtenido varios premios literarios, entre los que destacan el "Blas de Otero" en 2008, "Premio de la Crítica de Asturias" en 2008, "Hiperión" en 1994. Más información en su web www.alejandrocespedes.com.
[Publicado originalmente aquí.]
Versos que por su naturaleza narrativa se desmarcan de la poesía convencional, Alejandro va experimentando el suceso de la escritura que vierte sus formas en la página, conformando sus relieves y sus hondonadas, sus traiciones de significados y metasignificados a través del lenguaje, de las simbologías. Así, dice “extraída de su contexto, cualquier frase funciona como símbolo”.
Los símbolos se crean a través de la composición sintáctica, el contexto se relega para dar prioridad al texto en cada una de sus frases, adquiriendo valores que trascienden lo poético para adentrarse en el terreno de la filosofía lingüística y el problema de la palabra. Un recorrido repleto de reminiscencias filosóficas y lingüísticas que podemos observar en algunos párrafos como cuando nos dice el poeta
(...)Cada palabra se cree irrefutable preñada de certeza
sus signos en la realidad no existen
cuerpos huecos
todo tendrá que ser imaginado y habrá que trabajar
sobre la ausencia
aun así qué difícil fabricar sintaxis
que no tenga el don de predecirse (...)
Siguiendo la estela de los lingüistas como Saussure, que se cuestionaron la significación de las palabras en esa dualidad del signo lingüístico, o de filósofos como Wittgenstein, quien puso en duda el valor del lenguaje como representación de la realidad. Con todo ello, nos va desgranando a través de su poética esa duda razonable que se esconde en cada palabra, en cada frase, en cada párrafo, deconstruyendo el estructuralismo poético desde una óptica innovadora que implica también el auténtico sentido de la idea y que pretende ser a la vez crítica del aparato lingüístico.
Alejandro es consciente de los peligros embaucadores de la palabra, de sus traiciones y su irrealidad. La arbitrariedad que impregna todo lenguaje es a la vez lo que nos induce a un caleidoscopio interpretativo que se hace relevante en los ojos lectores, en esa percepción única que se fragua en cada lector “¿no eres tú también un artificio un disfraz una desfiguración de las posibilidades del lenguaje? la última posibilidad del lenguaje ¿la última?” escribe.
Sin el lector no existe el poema, se advierte aquí un acercamiento a las teorías semióticas de Eco, en particular a su ensayo Lector in fábula, cuando entiende la interpretación como el auténtico acto literario en el que el lenguaje textual cobra un sentido individual superando la universalidad, pero partiendo de ella como referencia. La idea de la multiplicidad se hace evidente, pero también los peligros que lleva implícito el lenguaje, la traición de la palabra en sus engalanados vericuetos: “la cáscara de un nombre” “el hueco que la nombra” o cuando afirma
la verdad no resiste
el abrazo fraternal de la firmeza
la idea busca apoyo sobre su capacidad embaucadora
y desde esa inconsistencia tratará de saltar
La incapacidad del lenguaje para expresar realidades se hace patente, y avanza el libro explorando caminos de expresión diferentes, que unen imagen y palabra, llegando a la expresión visual del poema, siguiendo el rastro de Apollinaire en el caligrama que representa un pozo que va estrechándose hasta el su completo ahogo “cualquier página podría ser un pozo en el que ahogarse” y se ahoga en esa inconsistencia ineficaz que deslumbra, pero no contiene. Elementos simbólicos confirman esta crítica, como el poema escrito al revés o la hoja oscura entre las páginas blancas, quedando patente así su visión crítica del lenguaje.
El lenguaje poético se hace consciente de sí mismo, el poeta se recrea en la multiplicidad de las expresiones variadas que adopta la estructura del texto, conjugando distintas versiones combinatorias que no dejan de plantearse ese cuestionamiento filosófico que bien podríamos llamar wittgensteiniano, porque parte de sus planteamientos, pero se va alejando hacia el mundo de las simbologías como manera de mostrar otras formas de comunicar su poesía.
Topología de una página en blanco no es un poemario al uso, no contiene tintes emocionales y se desprende de la inmediatez característica del poema para conformarse en un “continuum” indagador, un poemario de corte reflexivo y rompedor, que crea un espacio distinto, experimental y, a la vez, pleno de certezas que se clavan directamente en la herida del pensador que busca y bucea en los mundos del lenguaje y sus significados desde una perspectiva no exenta de crítica. Una excelente y particular visión lúcida sobre la semiosis poética desde su propia entraña.
Alejandro Céspedes (Gijón, Asturias) es licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Oviedo. Desde 1985 reside en Madrid. Ha publicado varios libros y obtenido varios premios literarios, entre los que destacan el "Blas de Otero" en 2008, "Premio de la Crítica de Asturias" en 2008, "Hiperión" en 1994. Más información en su web www.alejandrocespedes.com.
[Publicado originalmente aquí.]
miércoles, 10 de abril de 2013
Francisco Gálvez sobre "Topología de una página en blanco", de Alejandro Céspedes
Es posible, como dice cierta crítica, que Topología de una página en blanco,
de Alejandro Céspedes, sea uno de los mejores libros del año, pero no
el mejor ni en solitario. Puede ser que sea el más reseñado, el más
sorprendente. También es cierto que estos textos abren puertas y
muchas, y es el mismo lenguaje quien las abre, o mejor el propio lector
que tiene que hacer de sujeto, pues no existe entre estos versos.
Ruptura, sí, con todo lo escrito anteriormente por este autor, y con
todo lo que está colgado de nuestra tradición tan reinventada. El vídeo
de promoción es excelente, un tráiler de la presentación del libro en
Madrid, titulado La libertad del títere. Todo muy bien
llevado, qué duda cabe. También de eso se trata. Sin límites. Lo que
rodea a la poesía también importa en el mundo de hoy, y hay que hacer
espectáculo, ya que la poesía no tiene público, sino lectores y pocos.
miércoles, 3 de abril de 2013
Antonio Rivero Tavadillo sobre "Topología de una página en blanco"
A través del espejo, por Antonio Rivero Taravillo
Un
poeta debe acostumbrarse a leer mucha y buena poesía, independientemente de que
el registro, el estilo, la temática coincidan o no con sus gustos personales.
Es la única manera de sacudirse la comodidad, la facilidad, esa gangrena que va
tomando posesión de su voz y que suele adoptar la forma de una tela o membrana
contra la que rebotan las palabras, un pañuelo en la boca que, si no permite el
contagio con su mascarilla, deforma el decir, lo distorsiona, deviniendo en
mordaza cuando no directamente en asfixia. Topología
de una página en blanco pertenece a un tipo de poesía inquisitiva y
filosófica que no es del gusto de la mayoría y, desde luego, difícilmente lo
será del lector común que identifica el género poético con el de la escritura
intimista, confesional, que apela a las emociones. Emocionar es una de las
funciones de la poesía, pero no la única.
A
la inteligencia apela este libro, en realidad un único poema en los diferentes
avatares de las páginas. Su autor, Alejandro
Céspedes (Gijón, 1958), ha recibido importantes galardones por su obra,
incluido el Premio Hiperión en 1994. Filósofo, en cierta ocasión declaró que se
acercaba a la escritura de un libro de poesía como si se tratara de una novela,
de un modo orgánico, en derredor de un tema. Esto se ve en obras suyas
anteriores y en esta de hoy.
La
página en blanco del título, el silencio, es la preocupación principal que
aborda Céspedes. Como él mismo escribe en su prólogo, el libro “es una poética que se efectúa desde dentro
de la misma poesía y una poesía que se piensa en el lenguaje mientras está produciéndolo.”
Aunque
no se menciona en ningún momento (y el autor ofrece una amplia lista de
reconocimientos) me ha recordado a Lewis
Carroll y su Alicia a través del
espejo. También a Mallarmé o, ya
que el Pisuerga pasa por Valladolid, a Francisco
Pino. Los blancos, los espacios que vulnera la palabra luchan con la tinta,
lo escrito sin puntuación. “¿Es posible
bañarse dos veces en la misma página?” se pregunta Céspedes en esta obra de
transformaciones en la que no falta el homenaje a Heráclito y a la combinatoria cabalística, como cuando hace reparar
al lector que las palabras diáspora y paradiso tienen las mismas letras. Juega
con la disposición tipográfica, manipula los caracteres en vertical, en forma
geométrica, apretándolos, espolvoreándolos de esa harina de tinta calamar, la
negrita. Incluso hace que una página solo sea legible con un espejo (una hoja
de acetato brillante insertada para ello). En cierto lugar escribe Céspedes: “Un hombre / resbala por el hielo y en el
reflejo cree / ser él mismo”.
Las
matemáticas tienen una presencia importante aquí, como en la página 66: “ésta es la fórmula: / ángulo de la mirada
oblicua por el cociente del exterior y el exterior más la raíz del límite entre
ambos (siendo el límite el índice de refracción de una mirada x) / es igual a
poema // el resultado de esta ecuación es siempre el mismo: / las palabras /
heredan la orfandad de las ideas”.
Y
también la paradoja, con Escher con
sus construcciones imposibles: “dos
escaleras se abrazan acoplan sus peldaños / ellas afirman que ahora ninguna
sube / ni desciende”. La cinta de Moebius, que en algún momento se cita,
hace que se relativice la noción del tiempo, como se nos recuerda brillantemente
en “arden viejas hogueras para cenizas
nuevas”.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Javier Lostalé sobre "Topología de una página en blanco"
SER EN EL POEMA
Pocas veces, si no ninguna, se nos ofrece a través de un libro de poemas el rostro absoluto de la poesía. Se necesita tener un profundo conocimiento del proceso creativo y una gran capacidad de desaparición dentro del texto. Ambas cosas las consigue Alejandro Céspedes en Topología de una página en blanco, título entrañado en las matemáticas, que nos habla de estructura, de rigor, de un espacio en el que va a suceder una intensa y tensa relación entre el poeta que alumbra, el lector que también crea y la página en blanco trepanada por palabras nunca inocentes ni quietas, generadoras tanto de lo visible como de lo invisible, así como de un mundo submarino y por tanto oculto, donde respira lo no dicho, donde están-escribe Céspedes-los manantiales del lenguaje. Palabras que, a veces, sólo son aire en el aire, asma de soledad. Folio que no es una naturaleza muerta sino que se abre y nos hunde en un vacío y una ausencia llena de rescoldos. Hoja de papel donde hay un silencio pleno de semillas. Alejandro Céspedes, una de las voces principales de la generación de los ochenta, con una obra amplia y reconocida, no ha dudado en realizar un acto de consumación poética escribiendo un libro extenso e intenso que, como bien señala Miguel Ángel Muñoz San Juan, “requiere del lector su máxima atención, tanto dialéctica como emocional”, en un formato donde lo espacial y lo visual se funden de tal modo que, durante la lectura, junto al pensamiento y el corazón actúan los ojos volcándose hacia dentro/para encontrar el símbolo. Topología de una página en blanco es según su autor, al que parafraseo, “una poética que se efectúa desde dentro de la misma poesía y una poesía que se piensa en el lenguaje mientras está produciéndolo, y la página es el territorio de encuentro de los tres vectores esenciales de lo literario: lo creado, el creador y el recreador. Es asimismo una metáfora absoluta, símbolo último de ese territorio movedizo al que intenta fijarse el lenguaje y en donde hallamos, enfrentados, entrelazados, atónitos o desdeñosos, los ojos del lector y del autor”.Nada más alejado, por tanto, de un discurso teórico, o de una investigación desde afuera, sino que el creador se transmuta en lo creado hasta escuchársele su propia respiración, y el lector-como afirma Ainhoa Sáenz de Zaitegui citando a Wallace Stevens, “ se convierte en el libro”. Reunión de ambos que en este poemario se visualiza mediante cuerdas en los márgenes de las páginas. Una atadura muy frágil, por eso las cuerdas se deshilachan; fragilidad determinante de todo el proceso de reflexión que encierra esta obra, en la que aparece- afirma Muñoz Sanjuan-“lo transitorio de la propia existencia poética”.Topología de una página en blanco debe leerse como un todo, pues existe una trabada unidad entre los diferentes elementos, humanos, lingüísticos y soporte que la integran, respetando, eso sí, su especificidad, y teniendo presente también el carácter fragmentario del libro, fundado en la permanente dificultad de construir una realidad entera. A partir de aquí la cita de algunos versos sin solución de continuidad, nos servirá para tomarle la temperatura a una libro encarnado en las raíces de la creación poética, en su oleaje de luces, sombras, hundimientos, ascensos, vacíos y ausencias: dentro/la indeterminación de la sintaxis/ un ojo cerrado/será una entrada/un ojo cerrado/ mirará por su ojo/ y verá soledad/ entonces la soledad será el objeto/de la mirada y la mirada/ en esa frase sin sujeto/ se mueve en el espacio de la pérdida/¿quién fingirá después que sabe como ahogarse?/ cada palabra se cree irrefutable preñada de certeza/ sus signos en la realidad no existen/cuerpos huecos/ todo tendrá que ser imaginado y habrá que trabajar/ sobre la ausencia/ aun así qué difícil fabricar sintaxis/ que no tenga el don de predecirse (…)¿es posible creer/en una realidad que es modificable /cada vez que se visita?¿siempre es la misma persona/la que vuelve?¿la que lee vuelve?/¿es posible bañarse dos veces en la misma página?/¿en qué categoría de realidad está la septicemia/ del lenguaje?(…) la lectura reclama que el esfuerzo de observar/sea siempre nuevo(…) es posible beber de un vaso hace tiempo vacío/y que la reverberación de lo que ya no existe/sea capaz de seguir emborrachando/las palabras pueden tener una existencia efímera/ o muy densa/ lo saben/ en el silencio donde aúlla su propio desamparo(…) que acabe todo/ cuanto antes/antes/ otra vez antes se coloca en el futuro/ para protagonizar espacios de miseria/ nada sabe volver no hay pertenencia nada/ocurre aquí sobre este folio nada/ un agüjero blanco/tragándose a sí mismo/ incapaz de tener ninguna reflexión trascendente(…)nunca hay revelación/sólo la idea que empaña los espejos para desconocerse(…)es necesario retroceder para encontrar la nada/ hay que volver a ser para dar nombre/a la que ya no es(…)la página es la metáfora inconclusa/de una construcción abandonada/dentro de un universo en construcción(…) desde el interior de nuestro tiempo somos/aves que tienen las dos alas cosidas(…) las palabras agiten sus muñones desdiciendo/la artrosis del lenguaje/veámoslas caer/mientras nos miran/ y crece la distancia/entre los dos/que ninguno se engañe/una ventana también mira hacia dentro. En esta breve antología de fragmentos no he respetado la disposición tipográfica que es parte esencial en la circulación sanguínea de este libro singular, en el que por cierto hay ideas y frases incorporadas a su tejido vital provenientes de un gran número de creadores españoles y extranjeros, entre los que citamos a Dante, Pavese, Damien Hirst, Foucault, Eliot, Eduardo Chillida, Wallace Stevens, Valéry, Paul Celan, Alberti, Chantal Maillard, Miguel ángel Muñoz San Juan y Juan Carlos Mestre. En resumen: no es posible leer Topología de una página en blanco sin que nos convirtamos en parte de un texto escrito en estado de concepción, donde los signos que se trazan abren surcos de ser; sin que, al lado del autor, emprendamos una aventura inagotable por las entrañas siempre movibles del poema, para de este modo recrear habitándonos todo lo que el poeta ilumina entregado hasta dejarse la piel a su tarea de buscar lo inefable, de nombrar la existencia tocando fondo, de luchar con las palabras instalándose en su propio territorio tan lleno de destierro e incertidumbre, tan pariente consanguíneo del silencio. Topología de una página en blanco que amaneció en la luz fría de un ordenador, se publica ahora por Amargord en su cuerpo y alma naturales: el papel. Hecho que aprovechamos para decirles que se trata de un verdadero acontecimiento literario, porque pocos libros como éste son engendradores de conciencia.
Javier Lostalé
Pocas veces, si no ninguna, se nos ofrece a través de un libro de poemas el rostro absoluto de la poesía. Se necesita tener un profundo conocimiento del proceso creativo y una gran capacidad de desaparición dentro del texto. Ambas cosas las consigue Alejandro Céspedes en Topología de una página en blanco, título entrañado en las matemáticas, que nos habla de estructura, de rigor, de un espacio en el que va a suceder una intensa y tensa relación entre el poeta que alumbra, el lector que también crea y la página en blanco trepanada por palabras nunca inocentes ni quietas, generadoras tanto de lo visible como de lo invisible, así como de un mundo submarino y por tanto oculto, donde respira lo no dicho, donde están-escribe Céspedes-los manantiales del lenguaje. Palabras que, a veces, sólo son aire en el aire, asma de soledad. Folio que no es una naturaleza muerta sino que se abre y nos hunde en un vacío y una ausencia llena de rescoldos. Hoja de papel donde hay un silencio pleno de semillas. Alejandro Céspedes, una de las voces principales de la generación de los ochenta, con una obra amplia y reconocida, no ha dudado en realizar un acto de consumación poética escribiendo un libro extenso e intenso que, como bien señala Miguel Ángel Muñoz San Juan, “requiere del lector su máxima atención, tanto dialéctica como emocional”, en un formato donde lo espacial y lo visual se funden de tal modo que, durante la lectura, junto al pensamiento y el corazón actúan los ojos volcándose hacia dentro/para encontrar el símbolo. Topología de una página en blanco es según su autor, al que parafraseo, “una poética que se efectúa desde dentro de la misma poesía y una poesía que se piensa en el lenguaje mientras está produciéndolo, y la página es el territorio de encuentro de los tres vectores esenciales de lo literario: lo creado, el creador y el recreador. Es asimismo una metáfora absoluta, símbolo último de ese territorio movedizo al que intenta fijarse el lenguaje y en donde hallamos, enfrentados, entrelazados, atónitos o desdeñosos, los ojos del lector y del autor”.Nada más alejado, por tanto, de un discurso teórico, o de una investigación desde afuera, sino que el creador se transmuta en lo creado hasta escuchársele su propia respiración, y el lector-como afirma Ainhoa Sáenz de Zaitegui citando a Wallace Stevens, “ se convierte en el libro”. Reunión de ambos que en este poemario se visualiza mediante cuerdas en los márgenes de las páginas. Una atadura muy frágil, por eso las cuerdas se deshilachan; fragilidad determinante de todo el proceso de reflexión que encierra esta obra, en la que aparece- afirma Muñoz Sanjuan-“lo transitorio de la propia existencia poética”.Topología de una página en blanco debe leerse como un todo, pues existe una trabada unidad entre los diferentes elementos, humanos, lingüísticos y soporte que la integran, respetando, eso sí, su especificidad, y teniendo presente también el carácter fragmentario del libro, fundado en la permanente dificultad de construir una realidad entera. A partir de aquí la cita de algunos versos sin solución de continuidad, nos servirá para tomarle la temperatura a una libro encarnado en las raíces de la creación poética, en su oleaje de luces, sombras, hundimientos, ascensos, vacíos y ausencias: dentro/la indeterminación de la sintaxis/ un ojo cerrado/será una entrada/un ojo cerrado/ mirará por su ojo/ y verá soledad/ entonces la soledad será el objeto/de la mirada y la mirada/ en esa frase sin sujeto/ se mueve en el espacio de la pérdida/¿quién fingirá después que sabe como ahogarse?/ cada palabra se cree irrefutable preñada de certeza/ sus signos en la realidad no existen/cuerpos huecos/ todo tendrá que ser imaginado y habrá que trabajar/ sobre la ausencia/ aun así qué difícil fabricar sintaxis/ que no tenga el don de predecirse (…)¿es posible creer/en una realidad que es modificable /cada vez que se visita?¿siempre es la misma persona/la que vuelve?¿la que lee vuelve?/¿es posible bañarse dos veces en la misma página?/¿en qué categoría de realidad está la septicemia/ del lenguaje?(…) la lectura reclama que el esfuerzo de observar/sea siempre nuevo(…) es posible beber de un vaso hace tiempo vacío/y que la reverberación de lo que ya no existe/sea capaz de seguir emborrachando/las palabras pueden tener una existencia efímera/ o muy densa/ lo saben/ en el silencio donde aúlla su propio desamparo(…) que acabe todo/ cuanto antes/antes/ otra vez antes se coloca en el futuro/ para protagonizar espacios de miseria/ nada sabe volver no hay pertenencia nada/ocurre aquí sobre este folio nada/ un agüjero blanco/tragándose a sí mismo/ incapaz de tener ninguna reflexión trascendente(…)nunca hay revelación/sólo la idea que empaña los espejos para desconocerse(…)es necesario retroceder para encontrar la nada/ hay que volver a ser para dar nombre/a la que ya no es(…)la página es la metáfora inconclusa/de una construcción abandonada/dentro de un universo en construcción(…) desde el interior de nuestro tiempo somos/aves que tienen las dos alas cosidas(…) las palabras agiten sus muñones desdiciendo/la artrosis del lenguaje/veámoslas caer/mientras nos miran/ y crece la distancia/entre los dos/que ninguno se engañe/una ventana también mira hacia dentro. En esta breve antología de fragmentos no he respetado la disposición tipográfica que es parte esencial en la circulación sanguínea de este libro singular, en el que por cierto hay ideas y frases incorporadas a su tejido vital provenientes de un gran número de creadores españoles y extranjeros, entre los que citamos a Dante, Pavese, Damien Hirst, Foucault, Eliot, Eduardo Chillida, Wallace Stevens, Valéry, Paul Celan, Alberti, Chantal Maillard, Miguel ángel Muñoz San Juan y Juan Carlos Mestre. En resumen: no es posible leer Topología de una página en blanco sin que nos convirtamos en parte de un texto escrito en estado de concepción, donde los signos que se trazan abren surcos de ser; sin que, al lado del autor, emprendamos una aventura inagotable por las entrañas siempre movibles del poema, para de este modo recrear habitándonos todo lo que el poeta ilumina entregado hasta dejarse la piel a su tarea de buscar lo inefable, de nombrar la existencia tocando fondo, de luchar con las palabras instalándose en su propio territorio tan lleno de destierro e incertidumbre, tan pariente consanguíneo del silencio. Topología de una página en blanco que amaneció en la luz fría de un ordenador, se publica ahora por Amargord en su cuerpo y alma naturales: el papel. Hecho que aprovechamos para decirles que se trata de un verdadero acontecimiento literario, porque pocos libros como éste son engendradores de conciencia.
Javier Lostalé
miércoles, 13 de marzo de 2013
Alejandro Cano Sanz experimenta "Topología de una página en blanco", de Alejandro Céspedes
Caen por fin entre mis manos las páginas,
campos blancos expuestos al nerviosismo
de una virgen imaginación ardiente.
Los aireo entre mis dedos,
aspiro su olor a papel reciente,
me detengo en un espejo y miro…
mi mirada en un rostro enjuto,
rápidamente desplazado por un poema.
¿Un poema?
El reflejo legible en un territorio voluble
donde mis ojos acuden al grito silencioso,
resbalan, se sumergen, se pierden
entre los contornos inmóviles de palabras traviesas
quieren perderse en un juego…
¿Un juego?
un juego sin márgenes,
delimitado por un parpadeo,
un movimiento del índice.
Página 55. Otro campo minado
la mirada del ausente,
su risa es una explosión quieta,
palabras de tinta impresa, un paisaje de escombro
que secuestra y ofrece siempre de nuevo…
de nuevo…
este rescate es un atrevimiento…
Alejandro Cano Sanz
Entrada original en el blog de Alejandro Cano Sanz.
campos blancos expuestos al nerviosismo
de una virgen imaginación ardiente.
Los aireo entre mis dedos,
aspiro su olor a papel reciente,
me detengo en un espejo y miro…
mi mirada en un rostro enjuto,
rápidamente desplazado por un poema.
¿Un poema?
El reflejo legible en un territorio voluble
donde mis ojos acuden al grito silencioso,
resbalan, se sumergen, se pierden
entre los contornos inmóviles de palabras traviesas
quieren perderse en un juego…
¿Un juego?
un juego sin márgenes,
delimitado por un parpadeo,
un movimiento del índice.
Página 55. Otro campo minado
la mirada del ausente,
su risa es una explosión quieta,
palabras de tinta impresa, un paisaje de escombro
que secuestra y ofrece siempre de nuevo…
de nuevo…
este rescate es un atrevimiento…
Alejandro Cano Sanz
Entrada original en el blog de Alejandro Cano Sanz.
sábado, 16 de febrero de 2013
Convocatoria de Alejandro Céspedes a la presentación de "Topología de una página en blanco"
Queridos amigos, queridos conocidos, queridos...
El
día 19 de febrero haré en Madrid un acto titulado “La libertad
del títere” a modo de itinerario por los suburbios de Topología
de una página en blanco.
Estas
cosas, ya sabes, funcionan mejor cuando hay gente escuchando, así
que esto es una petición para que, consultando con tu ánimo y tu
agenda, acudas.
He
preparado algo a mi manera. En este enlace (dura 2 minutos y medio)
http://vimeo.com/58979643
puedes ver un avance de por dónde irán las cosas.
INFORMACIÓN
DEL ACTO:
- Fecha: martes 19 de febrero de 2013 a las 20 h
- Lugar: TEATRO FERNÁN GÓMEZ, Sala II Plaza. de Colón s/n, Madrid
- Duración: 45 minutos y 57 segundos
- Puntualidad: EXTREMASi decides venir quiero decirte unas cosas:
- No me gusta que me convoquen a presentaciones de libros que se anuncian a una hora y comienza media hora más tarde, cuando las cosas van bien. Empezaré tras los cinco minutos de cortesía sin esperar a ver si llega el autobús lleno de gente en el último momento.
- Esto parece una regañina pero es pura información. Es posible -insisto en que es un teatro público- que cuando comience el acto no se permita la entrada.
- Y último, coda publicitaria de medio pelo al estilo de La Tienda en Casa: hace 30 años que publico y no ha llegado a 30 el número de lecturas que he hecho de mi obra en este tiempo. A ver si te vas a perder también esta.
Tienes 2 días para pensarlo.
Un
abrazo de este refunfuñón sin remedio.
miércoles, 13 de febrero de 2013
Entrevista a Céspedes en Las personas del verbo (ORM)
Aprovechamos para recordarte que el próxima día 19 de febrero, a las 20 H, en el Teatro Fernán Gómez, sala II, se presentará Topología de una página en blanco.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Jorge de Arco sobre "Topología de una página en blanco" y Alejandro Céspedes
La trayectoria lírica de Alejandro Céspedes (Gijón, 1958), se ve ahora renovada con “Topología de una página en blanco” (Amargord Ediciones. Madrid, 2012). Es esta una “reflexión realizada en términos simbólicos sobre el proceso creativo” y en la que “una profunda desolación conceptual nada condescendiente recorre cada página”.
Con estas premisas, tan singular topología -que tal y como define el D.R.A.E, es una rama de las matemáticas que estudia las propiedades de las figuras con independencia de su tamaño o forma-, se adentra en el terreno del ser humano y de su compleja naturaleza, para desvelar una creíble teoría de la realidad. O lo que es lo mismo, la forma de entender cómo la sociedad ha roto su antigua unidad y su ruptura ha derivado en una crisis de identidad: “Es necesario hablar otra vez de la fragilidad/ de las uniones”.
En una época crítica como es ésta, acaso sea necesaria una voz como la de Alejandro Céspedes, que recuerda la máxima defendida tiempo atrás por Pedro Salinas: “No sé si la literatura y el arte deben mantenerse al margen de las inquietudes sociales. Lo que creo es que no pueden”. Por ello, el autor asturiano, busca respuestas a esta manifiesta desorganización vital, y consciente de que la convivencia y el rigor social pueden combatir la negativa divergencia del espíritu humano, apuesta por “traspasar el vacío los límites lo audible lo visible”.
Libro, al cabo, que marca un antes y un después en su quehacer y que tiene su principal virtud en separar -de forma consciente- el idealismo del materialismo, y pretender la superación de la anarquía individualista a través de una personalidadque ya no sea azar, sino común conciencia.
Artículo completo, también sobre otros autores y libros.
Con estas premisas, tan singular topología -que tal y como define el D.R.A.E, es una rama de las matemáticas que estudia las propiedades de las figuras con independencia de su tamaño o forma-, se adentra en el terreno del ser humano y de su compleja naturaleza, para desvelar una creíble teoría de la realidad. O lo que es lo mismo, la forma de entender cómo la sociedad ha roto su antigua unidad y su ruptura ha derivado en una crisis de identidad: “Es necesario hablar otra vez de la fragilidad/ de las uniones”.
En una época crítica como es ésta, acaso sea necesaria una voz como la de Alejandro Céspedes, que recuerda la máxima defendida tiempo atrás por Pedro Salinas: “No sé si la literatura y el arte deben mantenerse al margen de las inquietudes sociales. Lo que creo es que no pueden”. Por ello, el autor asturiano, busca respuestas a esta manifiesta desorganización vital, y consciente de que la convivencia y el rigor social pueden combatir la negativa divergencia del espíritu humano, apuesta por “traspasar el vacío los límites lo audible lo visible”.
Libro, al cabo, que marca un antes y un después en su quehacer y que tiene su principal virtud en separar -de forma consciente- el idealismo del materialismo, y pretender la superación de la anarquía individualista a través de una personalidadque ya no sea azar, sino común conciencia.
Artículo completo, también sobre otros autores y libros.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
Topología de una página en blanco", de Alejandro Céspedes, en la Colección pi de poesía, entre los mejores libros del año (y nueva reseña)
La lista del crítico Ángel Luis Prieto de Paula para el diario El País de los libros de poesía del año la configuran Juan Gelman, Caballero Bonald, Raúl Zurita Juan Carlos Mestre y Alejandro Céspedes con los siguientes títulos:Entreguerras. José Manuel Caballero Bonald (Seix Barral)
La bicicleta del panadero. Juan Carlos Mestre (Calambur)
Poesía reunida. Juan Gelman (Seix Barral)
Topología de una página en blanco. Alejandro Céspedes (Amargord)
Zurita. Raúl Zurita (Delirio)
Gran noticia para Alejandro Céspedes y para la Colección pi de poesía.
Van unos versos del libro para celebrarlo.
¿dónde estás tú? ¿qué decisión te elige?
el papel sólo puede crear iguales pero hay cosas
que ocurren más allá del envés
de estas mismas palabras crece la división
el plano se duplica con la simplicidad y la complicidad
de tus dos ojos
escenografía vida que se parece a la vida irrealidad
símbolo y certidumbre
se aparearán en este mismo espacio y cuando ocurran
simultáneamente será posible habitar en las palabras
en la figuración de lo real somos inconstatables
a veces lo que no es y lo que es decide confundirse
nos confunde
pero tampoco en la confusión habrá cobijo
volando
un cisne resbala sobre el hielo y en su reflejo cree estar
volando
Y bueno, que no deja de dar de qué hablar el libro de Céspedes. Aquí otra reseña.
domingo, 9 de diciembre de 2012
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Nota acerca de "Topología de una página en blanco"
La Colección pi de poesía sigue su, para mí, sorprente marcha con la aparición del tercer número: "Topología de una página en
blanco", de Alejandro Céspedes.
De
larga trayectoria, Alejandro Céspedes, uno de los principales autores
de los 80, según Javier Lostalé, da con "Topología" un salto al vacío.
Salto al vacío por lo que tiene de riesgo para un autor consagrado
cambiar de registro y salto al vacío porque viene a un lugar que hasta
el nacimiento de esta colección nos resultaba ignoto e inimaginable.
"Topología"
es un libro con dos vidas, la primera fuera virtual, la segunda, esta
que os ofrezco,la emprende en un nuevo cuerpo y una nueva alma, con
nuevos detalles literarios y de edición, como la incorporación de un
espejo.
Pero dejemos que sean los críticos quienes se expresen:
Experimental y visualmente impactante.
Ainhoa Sáenz de Zaitegui
La poesía nos muestra su rostro absoluto a través del bisturí de uno de los principales poetas de los ochenta, Alejandro Céspedes. Su rostro absoluto desde la Topología de una página en blanco, un intento, no abordado hasta hora con “ la intensidad tanto dialéctica como emocional”, en palabras de otro poeta Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, un intento digo, de sentir todo el pulso del vacío, del exilio, del límite, de la invisibilidad de lo profundamente existente, de la revelación, de las lianas con el pensamiento filosófico, de las posibilidades del lenguaje tanto para crear como para borrar, de la extrañeza y conocimiento albergados en el proceso de creación poética, y de hacerlo sobre la página en blanco en estado de concepción donde los signos que se trazan abren surcos de ser.
Javier Lostalé
Topología de una página en blanco representa un quiebro estético de gran altura que rompe con muchos de los estándares de la poesía española no sólo contemporánea, sino de siempre, e incorpora un reto formal cuya propuesta se halla mucho más allá del encuentro armónico con la palabra dicha; está, por el contrario, inmersa en la hipótesis del feliz encuentro con la palabra por decir.
Inés Ramón
Una reflexión exigente sobre los límites de la poesía desde dentro del poema, desde el centro vertiginoso de la página en blanco, desde la oscuridad en la que el poeta enciende el fuego primordial con pedernales y yesca. Porque la misión de la poesía no es proponer respuestas, sino plantear preguntas...
Santos Domínguez Ramos
Atesora llamaradas de cultura, materia conmovida, versos a fuego lento. Poesía sin artificios, de calidad indiscutible y llena de preguntas, luces y sombras que se persiguen a sí mismas.
José María González Ortega
Ainhoa Sáenz de Zaitegui
La poesía nos muestra su rostro absoluto a través del bisturí de uno de los principales poetas de los ochenta, Alejandro Céspedes. Su rostro absoluto desde la Topología de una página en blanco, un intento, no abordado hasta hora con “ la intensidad tanto dialéctica como emocional”, en palabras de otro poeta Miguel Ángel Muñoz Sanjuán, un intento digo, de sentir todo el pulso del vacío, del exilio, del límite, de la invisibilidad de lo profundamente existente, de la revelación, de las lianas con el pensamiento filosófico, de las posibilidades del lenguaje tanto para crear como para borrar, de la extrañeza y conocimiento albergados en el proceso de creación poética, y de hacerlo sobre la página en blanco en estado de concepción donde los signos que se trazan abren surcos de ser.
Javier Lostalé
Topología de una página en blanco representa un quiebro estético de gran altura que rompe con muchos de los estándares de la poesía española no sólo contemporánea, sino de siempre, e incorpora un reto formal cuya propuesta se halla mucho más allá del encuentro armónico con la palabra dicha; está, por el contrario, inmersa en la hipótesis del feliz encuentro con la palabra por decir.
Inés Ramón
Una reflexión exigente sobre los límites de la poesía desde dentro del poema, desde el centro vertiginoso de la página en blanco, desde la oscuridad en la que el poeta enciende el fuego primordial con pedernales y yesca. Porque la misión de la poesía no es proponer respuestas, sino plantear preguntas...
Santos Domínguez Ramos
Atesora llamaradas de cultura, materia conmovida, versos a fuego lento. Poesía sin artificios, de calidad indiscutible y llena de preguntas, luces y sombras que se persiguen a sí mismas.
José María González Ortega
Tal
y como lo expresa, este poemario es una ruptura total y absoluta, casi
como si su poética anterior hubiera sido destruida por una explosión
nuclear…, o como si hubiera sido arrojado en lo más profundo del mar.
No es de extrañar que le importen relativamente poco el número de premios, galardones y distinciones que su obra poética previa ha cosechado en los últimos veinte años, ni menos aún es de extrañar la frase con la que termina la entrevista, esos versos que Pessoa pone en boca de uno de sus heterónimos, Ricardo Reis: “sea mi ser idéntico a mí mismo”.
Amando Carabias, en referencia a "Topología de una página en blanco" y una entrevista de Paloma Corrales a Alejandro Céspedes
No es de extrañar que le importen relativamente poco el número de premios, galardones y distinciones que su obra poética previa ha cosechado en los últimos veinte años, ni menos aún es de extrañar la frase con la que termina la entrevista, esos versos que Pessoa pone en boca de uno de sus heterónimos, Ricardo Reis: “sea mi ser idéntico a mí mismo”.
Amando Carabias, en referencia a "Topología de una página en blanco" y una entrevista de Paloma Corrales a Alejandro Céspedes
De la colección en que se integra "Topología" también se ha dicho:
Realmente
fue una reunión excepcional. De las mejores cosas que recuerdo en mi
paso por el salón de actos de la Asociación de Escritores y Artistas
Españoles. Los libros, las presentaciones, el ambiente. No fue un acto
más... fue casi un acto fundacional de escritores que sienten que la
poesía es, fundamentalmente, lenguaje y conocimiento. Que la filosofía,
las matemáticas, la Literatura, las ciencias nacieron unidas y vuelven a
estarlo, después de tantos años de intento de separar el saber. Ayer
hubo más que la presentación de la espléndida antología realizada por
Jesús Malia, con ser mucho. Hubo un clima especial. Y el comienzo de un
camino
que espero que podamos seguir. Un camino de profundización en la
cultura y de armonización de códigos que, estoy seguro, Jesús y todos
los poetas incluidos en el libro van a seguir desarrollando.
Emilio Porta en referencia al acto del día 25 de octubre de 2012 de presentación de la Colección pi de poesía en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Hasta entonces, "πoetas" y "Codex Mundi".
Emilio Porta en referencia al acto del día 25 de octubre de 2012 de presentación de la Colección pi de poesía en la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Hasta entonces, "πoetas" y "Codex Mundi".
¿dónde estás tú? ¿qué decisión te elige?
el papel sólo puede crear iguales pero hay cosas
que ocurren más allá del envés
de estas mismas palabras crece la división
el plano se duplica con la simplicidad y la complicidad
de tus dos ojos
escenografía vida que se parece a la vida irrealidad
símbolo y certidumbre
se aparearán en este mismo espacio y cuando ocurran
simultáneamente será posible habitar en las palabras
en la figuración de lo real somos inconstatables
a veces lo que no es y lo que es decide confundirse
nos confunde
pero tampoco en la confusión habrá cobijo
volando
un cisne resbala sobre el hielo y en su reflejo cree estar
volando
el papel sólo puede crear iguales pero hay cosas
que ocurren más allá del envés
de estas mismas palabras crece la división
el plano se duplica con la simplicidad y la complicidad
de tus dos ojos
escenografía vida que se parece a la vida irrealidad
símbolo y certidumbre
se aparearán en este mismo espacio y cuando ocurran
simultáneamente será posible habitar en las palabras
en la figuración de lo real somos inconstatables
a veces lo que no es y lo que es decide confundirse
pero tampoco en la confusión habrá cobijo
un cisne resbala sobre el hielo y en su reflejo cree estar
Y aunque aquí no se vean y para el ojo despabercibido no se sientan, siempre las matemáticas. En el epílogo se da extensa muestra de ello.
Jesús Malia Gandiaga
Director de la Colección pi de poesía de la editorial Amargord
jueves, 29 de noviembre de 2012
Inés Ramón y Santos Domínguez Ramos sobre "Topología de una página en blanco"
TOPOLOGÍA DE UNA PÁGINA EN BLANCO, de Alejandro Céspedes, Amargord (Colección pi de poesía)
UN VIAJE HACIA LA LUDICEZ
Topología de una página en blanco constituye una ruptura con toda la obra anterior de Alejandro Céspedes. Rompe con la retórica, con la métrica, con los temas, con la tradición en la que estuvo instalado el autor y, sobre todo, se observa el definitivo abandono de la utilización de un yo confesional como vehículo para el texto poético que ya había comenzado en sus dos títulos anteriores.
Si en Los círculos concéntricos la voz del yo aparece trascendida, prestada a un personaje femenino, y en Flores en la cuneta se diluye hasta desaparecer en un conjunto coral y amoral que prescinde del sujeto poético y ahonda en su objetividad, en Topología de una página en blanco “el sujeto no importa” porque “todo permanece inconcluso entre el sujeto que actúa de sujeto y el personaje que actúa de testigo”.
Y es cierto; en este libro se configura un texto en donde la ausencia del sujeto es asfixiante. Estamos ante un libro sin acción. Incluso cuando se utiliza la primera o la segunda persona del verbo no se tiene la certeza de quién o a quién se habla. A veces, como en el poema de la página 57, creador y recreador (usando los términos de Céspedes) no se distinguen. El lector, necesariamente convertido en coautor, ha sido succionado hacia la página: “unos ojos enhebran su hilo por el hueco de tus ojos / minuciosas puntadas confunden las costuras / las aprietan / con ese microscopio verifican / que la distancia que hay entre los dos / no tiene límites / ya ven / lo que tú ves” para terminar con estas desasosegantes frases: “¿qué será ser tú? ¿qué será no ser tú?
Céspedes nos muestra la existencia de un “yo” absolutamente impersonal y diluido que encuentra su forma en un “tú” al que de inmediato vuelve a hacer dudar de su existencia porque en ese instante ya ha sido transformado de nuevo en primera persona. Esta reversibilidad que convierte al lector en autor o que iguala e identifica a ambos sobre el espacio de la página es, tal vez, el principal mérito del libro. El texto de la página 69 nos cuenta asombrosamente de qué forma se produce este acontecimiento: “nos cruzamos, sabemos de repente que en ninguno de los dos quedan orillas”. Otras veces es el mismo espacio/página quien habla, no tanto como sujeto ―que también― sino como manifestación de una presencia inevitable. La virtud de Céspedes es no hablar de la página (eso sería muy fácil) sino hacer que la página sea quien demuestre su existencia.
El autor nos anuncia en un breve texto preliminar que el libro reflexiona sobre los tres elementos esenciales de todo hecho literario: el espacio, el sujeto y el testigo. Y los trata no como partes divididas, sino completamente interdependientes entre sí, interrelacionadas constantemente mediante términos e ideas que funcionan como los enlaces de la red y hacen que el lector pueda moverse en todas direcciones; no sólo hacia atrás o hacia delante, sino hacia abismos o cúspides donde “aúlla su propio desamparo”. Cada uno de esos tres planos (página/soporte, autor y recreador) funciona simultánea y sucesivamente como espacio (espacio topológico) en donde los otros dos se desarrollan como materia reflexiva. Estos tres territorios de conocimiento y reflexión se suceden en el libro en ese mismo orden: primero, aquello que tiene que ver con el soporte; a continuación, lo que tiene que ver con el sujeto y la creación del texto mismo; y, por último, lo que hace al lector más radicalmente consciente de su papel en el poema. Pero ―como hemos dicho― mediante textos interconectados a través de modos de conciencia que se mueven hacia múltiples direcciones.
Porque en Topología de una página en blanco la palabra poética, despojada de todo artificio retórico, se pronuncia como pensamiento en torno a las propias posibilidades y límites de representación. El autor investiga intensa y extensamente las posibilidades de un lenguaje vivo, mutante, a través de un complejo entramado conceptual y simbólico que posee la virtud de ser y producir pensamiento en el acto de creación. Si en algún libro se cumple la máxima expresada por Vicente Huidobro “Cuanto miren los ojos creado sea”, ése es Topología de una página en blanco, porque de los múltiples niveles de lectura que coexisten en este libro singularísimo el más llamativo es el que ofrece al lector la capacidad de participar de manera activa e inédita en la construcción del texto.
Esto acontece en el espacio simbólico de esa página en blanco, “donde todo lo imaginado converge conecta continúa”. El poema se presenta bajo la forma de lo súbitamente inédito en cada nueva lectura e interpela al lector de un modo sorprendente e infrecuente. El poema posee la cualidad de convocarle, de abrir espacios para que éste pueda acceder y habitar el texto, y lo hace apelando e interrogando a su subjetividad. Topología de una página en blanco reclama en el lector la consciencia inequívoca de su propia presencia transitando por el texto. El autor cede su propia capacidad creadora, que se consumará en la mirada del lector: “y de todo tu cuerpo sólo quiere los ojos / para entrar / para verse.” Esa mirada no será una, sino que el texto se manifestará diferente en cada lectura. Su incesante renovación en diversos niveles perceptivos será proporcional al vínculo que el creador ha establecido entre el lector y el texto.
Durante la lectura y, en especial, después de cerrar el libro, el lector podrá asegurar que el poema le ha transfigurado. Será alguien revelado a sí mismo, alguien a quien el texto ha permitido explorar un amplio repertorio de emociones que le impulsará, necesariamente, a crear. No comprende, quizás, en un primer momento, que el poeta le ha invitado a correr el riesgo de ser un pensamiento que busca su propia revelación en el transcurso mismo de la lectura. El texto, por lo tanto, le ha restituido (en su sentido aristotélico) el ser: un ser “en acto”, aunque plenamente consciente de su propio vacío.
En medio de esta compleja profundidad simbólica y conceptual, el poema, como una “frase sin sujeto, se mueve en el espacio de la pérdida”; en ese espacio abierto, en ese vacío, el autor invita al lector a “reformular la ecuación de los regresos” eliminando palabras: “quédate con los versos mutilado / y por esa ventana que has abierto / accede”, porque sólo “en lo in omp eto podemos encontrarnos / lo que falta nos nombra”, versos que nos remiten a lo esencialmente indiscernible, puesto que lo fundamental no es conocer, sino volver a desconocer. Es entonces cuando se vislumbra lo inaccesible, lo que carece de forma y fondo, pero cuya realidad emerge de manera contundente, de modo que es lo indecible lo que se presenta como lo más insinuante y revelador.
Topología de una página en blanco representa un quiebro estético de gran altura que rompe con muchos de los estándares de la poesía española no sólo contemporánea, sino de siempre, e incorpora un reto formal cuya propuesta se halla mucho más allá del encuentro armónico con la palabra dicha; está, por el contrario, inmersa en la hipótesis del feliz encuentro con la palabra por decir. Ésta es su competencia, pero —como lectores— exige que sea también la nuestra. Llevando hasta el extremo las palabras de Ángel González, “la poesía no admite lectores complacientes”, Céspedes pide más: “te exijo tener fe a ti que ya no crees”.
En esta comunión que el poeta reclama al lector éste tiene que desaparecer, desprenderse de lo que se supone es su papel para hacerse él mismo un poeta con el texto; de ahí lo inabarcable de un libro que siempre está en permanente concreción: “un ojo será una entrada...”; y lo inacabable de un libro porque no tiene fondo. Es el propio lector ―en función su propia capacidad y voluntad― quien dispone el último sustrato. El autor va dándole las llaves para seguir descendiendo, para abrir cada nuevo texto ―textos que a veces usa únicamente como recordatorio de lo dicho (“en cada nuevo estrato surgen...”)― para que no se olvide cuál es el papel de su lector.
Topología de una página en blanco es más que una poética, es una autopsia de cómo se producen las ideas poéticas, y digo autopsia sabiendo lo inapropiado de este término porque pocos textos hay más permanentemente vivos que este libro. Ello es así porque describe una “topografía” del territorio de la idea y de cómo ésta intenta cimentarse en la palabra. Y, sin embargo, también es más que eso porque el autor nos advierte de continuo que la palabra “no funciona como material de construcción estable”. El libro se construye como un pavimento de losas movedizas, como un puzzle que va cambiando a medida que se pisa para que no pueda darse ninguna condición de certeza. O sí: la de que la única certeza a la que podemos abrazarnos es la permanente incertidumbre. Y todo ello haciendo poesía mientras se reflexiona sobre su esencia.
Topología exige tal nivel de implicación en el lector que acaso el mayor aspecto negativo de este libro sea, utilizando la antigua calificación de las películas, que “no es apto para todos lo públicos”.
Topología de una página en blanco es un viaje hacia la lucidez; es “leer sin gafas / sin aletas sin oxígeno / hasta que se acaba el aire / y quien lee se da cuenta de que se le ha olvidado / en qué dirección está la superficie”. Lucidez que, como bien nos advierte el propio autor, es “un lugar del que jamás se vuelve”. Le faltó añadir indemne.
Tal vez por esa razón, como otro juego simbólico más o como un guiño a la virtualidad del eBook, haya querido el autor dejar grabadas sus huellas dactilares en las páginas 53 y 54 de todos los ejemplares de esta edición en papel.
Inés Ramón
Noviembre de 2012
La reseña de Santos Domínguez Ramos la puedes leer directamente en su blog. Aquí.
UN VIAJE HACIA LA LUDICEZ
Topología de una página en blanco constituye una ruptura con toda la obra anterior de Alejandro Céspedes. Rompe con la retórica, con la métrica, con los temas, con la tradición en la que estuvo instalado el autor y, sobre todo, se observa el definitivo abandono de la utilización de un yo confesional como vehículo para el texto poético que ya había comenzado en sus dos títulos anteriores.
Si en Los círculos concéntricos la voz del yo aparece trascendida, prestada a un personaje femenino, y en Flores en la cuneta se diluye hasta desaparecer en un conjunto coral y amoral que prescinde del sujeto poético y ahonda en su objetividad, en Topología de una página en blanco “el sujeto no importa” porque “todo permanece inconcluso entre el sujeto que actúa de sujeto y el personaje que actúa de testigo”.
Y es cierto; en este libro se configura un texto en donde la ausencia del sujeto es asfixiante. Estamos ante un libro sin acción. Incluso cuando se utiliza la primera o la segunda persona del verbo no se tiene la certeza de quién o a quién se habla. A veces, como en el poema de la página 57, creador y recreador (usando los términos de Céspedes) no se distinguen. El lector, necesariamente convertido en coautor, ha sido succionado hacia la página: “unos ojos enhebran su hilo por el hueco de tus ojos / minuciosas puntadas confunden las costuras / las aprietan / con ese microscopio verifican / que la distancia que hay entre los dos / no tiene límites / ya ven / lo que tú ves” para terminar con estas desasosegantes frases: “¿qué será ser tú? ¿qué será no ser tú?
Céspedes nos muestra la existencia de un “yo” absolutamente impersonal y diluido que encuentra su forma en un “tú” al que de inmediato vuelve a hacer dudar de su existencia porque en ese instante ya ha sido transformado de nuevo en primera persona. Esta reversibilidad que convierte al lector en autor o que iguala e identifica a ambos sobre el espacio de la página es, tal vez, el principal mérito del libro. El texto de la página 69 nos cuenta asombrosamente de qué forma se produce este acontecimiento: “nos cruzamos, sabemos de repente que en ninguno de los dos quedan orillas”. Otras veces es el mismo espacio/página quien habla, no tanto como sujeto ―que también― sino como manifestación de una presencia inevitable. La virtud de Céspedes es no hablar de la página (eso sería muy fácil) sino hacer que la página sea quien demuestre su existencia.
El autor nos anuncia en un breve texto preliminar que el libro reflexiona sobre los tres elementos esenciales de todo hecho literario: el espacio, el sujeto y el testigo. Y los trata no como partes divididas, sino completamente interdependientes entre sí, interrelacionadas constantemente mediante términos e ideas que funcionan como los enlaces de la red y hacen que el lector pueda moverse en todas direcciones; no sólo hacia atrás o hacia delante, sino hacia abismos o cúspides donde “aúlla su propio desamparo”. Cada uno de esos tres planos (página/soporte, autor y recreador) funciona simultánea y sucesivamente como espacio (espacio topológico) en donde los otros dos se desarrollan como materia reflexiva. Estos tres territorios de conocimiento y reflexión se suceden en el libro en ese mismo orden: primero, aquello que tiene que ver con el soporte; a continuación, lo que tiene que ver con el sujeto y la creación del texto mismo; y, por último, lo que hace al lector más radicalmente consciente de su papel en el poema. Pero ―como hemos dicho― mediante textos interconectados a través de modos de conciencia que se mueven hacia múltiples direcciones.
Porque en Topología de una página en blanco la palabra poética, despojada de todo artificio retórico, se pronuncia como pensamiento en torno a las propias posibilidades y límites de representación. El autor investiga intensa y extensamente las posibilidades de un lenguaje vivo, mutante, a través de un complejo entramado conceptual y simbólico que posee la virtud de ser y producir pensamiento en el acto de creación. Si en algún libro se cumple la máxima expresada por Vicente Huidobro “Cuanto miren los ojos creado sea”, ése es Topología de una página en blanco, porque de los múltiples niveles de lectura que coexisten en este libro singularísimo el más llamativo es el que ofrece al lector la capacidad de participar de manera activa e inédita en la construcción del texto.
Esto acontece en el espacio simbólico de esa página en blanco, “donde todo lo imaginado converge conecta continúa”. El poema se presenta bajo la forma de lo súbitamente inédito en cada nueva lectura e interpela al lector de un modo sorprendente e infrecuente. El poema posee la cualidad de convocarle, de abrir espacios para que éste pueda acceder y habitar el texto, y lo hace apelando e interrogando a su subjetividad. Topología de una página en blanco reclama en el lector la consciencia inequívoca de su propia presencia transitando por el texto. El autor cede su propia capacidad creadora, que se consumará en la mirada del lector: “y de todo tu cuerpo sólo quiere los ojos / para entrar / para verse.” Esa mirada no será una, sino que el texto se manifestará diferente en cada lectura. Su incesante renovación en diversos niveles perceptivos será proporcional al vínculo que el creador ha establecido entre el lector y el texto.
Durante la lectura y, en especial, después de cerrar el libro, el lector podrá asegurar que el poema le ha transfigurado. Será alguien revelado a sí mismo, alguien a quien el texto ha permitido explorar un amplio repertorio de emociones que le impulsará, necesariamente, a crear. No comprende, quizás, en un primer momento, que el poeta le ha invitado a correr el riesgo de ser un pensamiento que busca su propia revelación en el transcurso mismo de la lectura. El texto, por lo tanto, le ha restituido (en su sentido aristotélico) el ser: un ser “en acto”, aunque plenamente consciente de su propio vacío.
En medio de esta compleja profundidad simbólica y conceptual, el poema, como una “frase sin sujeto, se mueve en el espacio de la pérdida”; en ese espacio abierto, en ese vacío, el autor invita al lector a “reformular la ecuación de los regresos” eliminando palabras: “quédate con los versos mutilado / y por esa ventana que has abierto / accede”, porque sólo “en lo in omp eto podemos encontrarnos / lo que falta nos nombra”, versos que nos remiten a lo esencialmente indiscernible, puesto que lo fundamental no es conocer, sino volver a desconocer. Es entonces cuando se vislumbra lo inaccesible, lo que carece de forma y fondo, pero cuya realidad emerge de manera contundente, de modo que es lo indecible lo que se presenta como lo más insinuante y revelador.
Topología de una página en blanco representa un quiebro estético de gran altura que rompe con muchos de los estándares de la poesía española no sólo contemporánea, sino de siempre, e incorpora un reto formal cuya propuesta se halla mucho más allá del encuentro armónico con la palabra dicha; está, por el contrario, inmersa en la hipótesis del feliz encuentro con la palabra por decir. Ésta es su competencia, pero —como lectores— exige que sea también la nuestra. Llevando hasta el extremo las palabras de Ángel González, “la poesía no admite lectores complacientes”, Céspedes pide más: “te exijo tener fe a ti que ya no crees”.
En esta comunión que el poeta reclama al lector éste tiene que desaparecer, desprenderse de lo que se supone es su papel para hacerse él mismo un poeta con el texto; de ahí lo inabarcable de un libro que siempre está en permanente concreción: “un ojo será una entrada...”; y lo inacabable de un libro porque no tiene fondo. Es el propio lector ―en función su propia capacidad y voluntad― quien dispone el último sustrato. El autor va dándole las llaves para seguir descendiendo, para abrir cada nuevo texto ―textos que a veces usa únicamente como recordatorio de lo dicho (“en cada nuevo estrato surgen...”)― para que no se olvide cuál es el papel de su lector.
Topología de una página en blanco es más que una poética, es una autopsia de cómo se producen las ideas poéticas, y digo autopsia sabiendo lo inapropiado de este término porque pocos textos hay más permanentemente vivos que este libro. Ello es así porque describe una “topografía” del territorio de la idea y de cómo ésta intenta cimentarse en la palabra. Y, sin embargo, también es más que eso porque el autor nos advierte de continuo que la palabra “no funciona como material de construcción estable”. El libro se construye como un pavimento de losas movedizas, como un puzzle que va cambiando a medida que se pisa para que no pueda darse ninguna condición de certeza. O sí: la de que la única certeza a la que podemos abrazarnos es la permanente incertidumbre. Y todo ello haciendo poesía mientras se reflexiona sobre su esencia.
Topología exige tal nivel de implicación en el lector que acaso el mayor aspecto negativo de este libro sea, utilizando la antigua calificación de las películas, que “no es apto para todos lo públicos”.
Topología de una página en blanco es un viaje hacia la lucidez; es “leer sin gafas / sin aletas sin oxígeno / hasta que se acaba el aire / y quien lee se da cuenta de que se le ha olvidado / en qué dirección está la superficie”. Lucidez que, como bien nos advierte el propio autor, es “un lugar del que jamás se vuelve”. Le faltó añadir indemne.
Tal vez por esa razón, como otro juego simbólico más o como un guiño a la virtualidad del eBook, haya querido el autor dejar grabadas sus huellas dactilares en las páginas 53 y 54 de todos los ejemplares de esta edición en papel.
Inés Ramón
Noviembre de 2012
La reseña de Santos Domínguez Ramos la puedes leer directamente en su blog. Aquí.
jueves, 18 de octubre de 2012
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