El campo santo
«No se engañe nadie, no,
Pensando que ha de durar
Lo que espera,
Más que duró lo que vio,
Porque todo ha de pasar
Por tal manera».
JORGE MANRIQUE.
Muy pocos serán (hablo sólo de aquellos seres dotados de sensibilidad y reflexión) los que no hayan experimentado la verdad del dicho de que la tristeza tiene su voluptuosidad . Con efecto ¿quién no conoce aquella dulce melancolía, aquella abnegación de uno mismo que nos inclina en ocasiones a hacernos saborear nuestras mismas penas, midiendo grado por grado toda su extensión, y como deteniéndonos en cada uno para mejor contemplar su inmensidad? ¡Cuán extraño es en aquel momento el hombre a todo lo que le rodea! ¡cuál busca en su imaginación la sola compañía que necesita! ¡y cuál, en fin, elevando al cielo su alma, encuentra en él el único consuelo a sus desventuras! Huyendo entonces el bullicio del mundo, quiere los campos, y su triste soledad le halaga más que la agitación y la alegría.
Tal era el estado de mi espíritu una mañana en que tristes pensamientos me habían obligado a dejar el lecho. Acompañado de mi sola imaginación, me dirigí fuera de la villa, adonde más libremente pudiese entregar al viento mis suspiros; una doble fila de árboles que seguí corto rato desde la puerta de los Pozos me condujo al sitio en que se divide el camino en varias direcciones, y habiendo herido mi vista la modesta cúpula de la capilla que preside al recinto de la muerte, torcí maquinalmente el paso por la vereda que conduce a aquél.
A medida que me alejaba del camino real iba dejando de oír el confuso ruido de los carros y caminantes que hasta allí habían interrumpido mis reflexiones, y un profundo silencio sucedía a aquella animación. Sin embargo, un impulso irresistible me hacía continuar el camino, deteniéndome sólo un instante para saludar a la cruz que vi delante de la puerta; pero ésta se hallaba cerrada, y nadie parecía alrededor; fuertes eran mis deseos de llamar; mas ¿cómo osar llamar en la morada de los muertos?...
Desistía ya de mi proyecto, apoyado sobre la puerta, cuando una pequeña inclinación de ésta me dio a conocer que no estaba cerrada; continué entonces el impulso, y girando sobre sus goznes me dejó ver el Campo Santo.
Entré, no sin pavor, en aquella terrible morada: atravesé el primer patio, y me dirigí a la iglesia que veía en frente, mirando a todas partes por si descubría alguno de los encargados del cementerio; pero a nadie vi, y mientras hice mi breve oración tuve lugar para cerciorarme de que nadie sino yo respiraba en aquel sitio. Volví a salir de la iglesia a uno de los seis grandes patios de que consta el cementerio, y siguiendo a lo largo de sus paredes, iba leyendo las lápidas e inscripciones colocadas sobre los nichos, al mismo tiempo que mis pies pisaban la arena que cubre las sepulturas de la multitud.
Esta consideración, la soledad absoluta del lugar, y el ruido de mis suspiros, que repetía el eco en los otros patios, me llenaban de pavor, que subía de todo punto cuando leía entre los epitafios el nombre de alguno de mis amigos, o de aquellas personas a quienes vi brillar en el mundo.
-¡Y qué! -decía yo-; ¿será posible que aquí, donde al parecer estoy solo, me encuentre rodeado de un pueblo numeroso, de magnates distinguidos, de hombres virtuosos, de criminales y desgraciados, de las gracias de la juventud, de los encantos de la belleza y la gloria de saber?
-« Aquí yace el excelentísimo señor Duque de ...». ¿Será verdad?
«Al que de un pueblo ante sus pies rendido
Vi aclamado, en la casa de la muerte
Le hallo ya entre sus siervos confundido».
¿Pero qué miro? ¿Tú también, bella Matilde, robada a la sociedad a los quince años, cuando formabas sus mayores esperanzas? ¿Y tú, desgraciado Anselmo, a quien el mundo pagó tan mal tus nobles trabajos y fatigas por su bienestar?... ¿Mas de qué sirven todos esos títulos y honores que ostenta esa lápida, para quien ya es un montón de tierra?... ¡Adulación, adulación por todas partes!... « Aquí yace don ... arrebatado por una enfermedad a los 87 años ...». ¡Lisonjeros! escuchad a Montaigne, y él os dirá que a cierta edad no se muere más que de la muerte ... Pero allí, sobre una lápida, un genio apagando una antorcha; sin duda uno de nuestros hombres grandes... ¡Insensato! un hombre oscuro; ¿ni cómo podía ser otra cosa? El cementerio es moderno, y en el día escasean mucho los hombres verdaderamente ilustres, o no se entierran en su patria... Y si no ¿dónde se hallan Isla, Cienfuegos, Meléndez, Moratín?... Si acaso nos queda alguno, busquémosle en el suelo, en las sepulturas de la multitud.
Pero entremos a otro patio, por ver si se encuentra alguien... Nadie... La misma soledad, la misma monotonía; ni un solo árbol que sombree los sepulcros, ni un solo epitafio que exprese un concepto profundo; el nombre, la patria, la edad y el día de la muerte, y nada más... y de este otro lado aún no está lleno... Multitud de nichos abiertos que parecen amenazar a la generosidad actual... ¡Cielos! acaso yo... en este... pero ¿qué miro? ¿aquel bulto que diviso en el ángulo del patio no es un hombre que iguala la tierra con su azada?... Sí, corro a hablarle.
-Buenos días, amigo.
-«Buenos días» -me contestó el mozo como sorprendido de ver allí a un viviente-. «¿Qué quería usted?» -añadió con el aire de un hombre acostumbrado a no hacer tal pregunta.
-Nada, buen amigo; quería visitar el cementerio.
-Si no es más que eso, véalo V.; pero algo más será.
-No, nada más: ¿acaso tiene algo de particular esta visita?
-Y tanto como tiene. ¡Ay señor! nuestros difuntos no pueden quejarse de que el llanto de sus parientes venga a turbar su reposo.
Esta expresión natural, salida de la boca de un sepulturero, me hizo reflexionar seriamente sobre esta indiferencia que tanto choca en nuestras costumbres.
-¡Qué quiere V.! -contesté al sepulturero-, todavía no se ha desterrado la preocupación general contra los cementerios.
-A la verdad que es sin razón, pues ya conoce usted, caballero, cuánto mejor están aquí los cuerpos que en las iglesias; esta ventilación, esta limpieza, este orden... Recorra V. todos los patios,
no encontrará ni una mala yerba, pues Francisco y yo tenemos cuidado de arrancarlas, no verá una lápida ni letrero que no esté muy cuidado; ni en fin, nada que pueda repugnar a la vista; mas por lo que hace a las gentes, esto no lo ven sino una vez al año, y es en el primer día de noviembre; pero entonces, como dice el señor cura, valía más que no lo vieran, pues la mayor parte vienen más por paseo que por devoción, y más preparados a los banquetes y algazara de aquel día, que a implorar al cielo por el alma de los suyos.
Admirado estaba yo del lenguaje del buen José, que así se llamaba el sepulturero; y así fue que le rogué me enseñase lo que hubiese de curioso en el cementerio; seguimos, pues, por todos los patios, haciendo alto de tiempo en tiempo para contemplar tal o cual nicho más notable; después llegamos a un sitio donde había varias zanjas abiertas, y en una de ellas...
-«¡Qué lástima! -me dijo José-: yo nunca reparo en los que vienen; hoy he sepultado seis, y apenas podré decir si eran mujeres u hombres; pero esta pobrecita..., ¡qué buena moza!...»; y hurgando con su azada me dejó ver una mujer como de veinte años, joven, hermosa, y atravesado el pecho con un puñal por su bárbaro amante... Volví horrorizado la vista, y mientras tanto José repetía:
-«¡Ay Dios mío! ¡líbreme Dios de un mal pensamiento!».
Esta exclamación enérgica me hizo reparar en mis cadenas y reloj, y por primera vez temblé por mí al encontrarme en aquel sitio y soledad, al borde de una zanja y un sepulturero al lado con el azadón sobre el hombro.
Sin embargo, la probidad de José estaba a prueba de tentaciones, y asegurado por ella, me atreví a declararle un deseo que me instaba fuertemente desde que entré en el cementerio: este deseo era el encontrar la sepultura de mi padre...
-¿Cómo se llamaba?
-Don...
-¿En qué año murió?
-En 1820.
-¿Ha pagado V. renuevo?
-No; ni nadie me lo ha pedido.
-Pues entonces es de temer que haya sido sacado del nicho para pasar al depósito general.
-¿Cómo?
-Sí señor, porque no pagando el renuevo del nicho cada cuatro años, se saca el cuerpo.
-¿Y por qué no se me ha informado de ello?
-Sin embargo, no se lleva con gran rigor, y acaso puede que..., pero entremos en la capilla y veremos los registros.
En efecto, así lo hicimos, pasamos a la pieza de sacristía, sacó el libro de entradas del cementerio, abrió al año de 20 y leyó: «Día 5 de enero; don... número 261».
Un temblor involuntario me sobrecogió en este momento; salimos precipitados con el libro en la mano, buscamos el número del nicho... ¡Oh Dios! ¡oh padre mío! Ya no estabas allí... otro cuerpo había sustituido el tuyo; ¡y tu hijo, a quien tú legaste tus bienes y tu buen nombre, se veía privado, por una ignorancia reprensible, del consuelo de derramar sus lágrimas sobre tu tumba!...
Entonces José, llevándome a otro patio bajo de cuyo suelo está el osario o depósito general, puso el pie sobre la piedra que le cubre diciendo: «aquí está» ; a cuya voz caí sobre mis rodillas como herido de un rayo.
Largo tiempo permanecí en este estado de abatimiento y de estupor, hasta que levantándome José y marchando delante de mí, seguile con paso trémulo y entramos por una puertecilla a la escalera que conduce sobre el cubierto de la capilla; luego que hubimos llegado arriba hizo alto, y tendiendo su azada con aire satisfecho: -Vea usted desde aquí -me dijo-, todo el cementerio... ¡qué hermoso, qué aseado, y bien dispuesto!... -y parecía complacerse en mirarle...- Yo tendí la vista por los seis uniformes patios, y después sobre otro recinto adjunto, en medio del cual vi un elegante mausoleo que la piedad filial ha elevado al defensor de Madrid no lejos del sitio en que inmortalizó su valor*. Después, salvando las murallas, fijé los ojos en la populosa corte, cuyo lejano rumor y agitación llegaba hasta mí... -¡Qué de pasiones encontradas, qué de intrigas, qué movimiento! y todo ¿para qué?... para venir a hundirse en este sitio...
Bajamos silenciosamente la escalera; atravesamos los patios; yo me despedí de José, agradeciéndole y pagándole su bondad, y al estrechar en mi mano aquella que tal vez ha de cubrirme con la tierra,
«Mihi frigidus horror
Membra quatit gelidusque coit formidine sanguis».
Abrimos la puerta a tiempo que el compañero Francisco, guiando a cuatro mozos que traían un ataúd, nos saludó con extrañeza, como admirado de que un mortal se atreviese a salir de allí. Preguntele de quién era el cadáver que conducía, y me dijo que de un poderoso a quien yo conocí servido y obsequiado de toda la corte... ¡Infeliz! ¡y no había un amigo que le acompañase a su última morada!...
Seguí lentamente la vereda que me conducía a las puertas de la villa, y al atravesar sus calles, al mirar la animación del pueblo parecíame ver una tropa que había hecho allí un ligero alto para ir a pasar la noche a la posada que yo por una combinación extraña acababa de dejar.
(Noviembre de 1832)
*El sepulcro del Marqués de San Simón, erigido por su hija en un sitio cercado e independiente del Cementerio. Napoleón condenó a muerte a aquel benemérito general por el tesón que manifestó en la defensa de la puerta de Fuencarral en los primeros días de diciembre de 1808, y su hija alcanzó del Emperador la conmutación de esta pena por la del encierro perpetuo en Francia. (N. del A.)
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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jueves, 9 de agosto de 2012
martes, 17 de marzo de 2009
Más Manrique, y descansamos ya de su retórica
CANCIÓN
No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.
Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida,
qu’eres tú sola remedio.
Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo.
ESPARZA
Hallo que ningún poder
ni libertad en mí tengo,
pues ni’stó ni vo ni vengo
donde quiere mi querer:
que si’stó, vos me tenéis;
y si vo, vos me lleváis;
si vengo, vos me traéis;
assí que no me dexáis,
señora, ni me queréis.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.
Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida,
qu’eres tú sola remedio.
Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
e con tu venida espero
no tener vida conmigo.
ESPARZA
Hallo que ningún poder
ni libertad en mí tengo,
pues ni’stó ni vo ni vengo
donde quiere mi querer:
que si’stó, vos me tenéis;
y si vo, vos me lleváis;
si vengo, vos me traéis;
assí que no me dexáis,
señora, ni me queréis.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
martes, 10 de marzo de 2009
Jorge Manrique es realmente retórico
CANCIÓN
No sé por qué me fatigo,
pues con razón me vencí,
no siendo nadie conmigo
y vos y yo contra mí.
Vos por m’haber desamado,
yo por haberos querido,
con vuestra fuerça y mi grado
habemos a mí vencido;
pues yo fui mi enemigo
en darme como me dí,
¿quién osará ser amigo
del enemigo de sí?
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
No sé por qué me fatigo,
pues con razón me vencí,
no siendo nadie conmigo
y vos y yo contra mí.
Vos por m’haber desamado,
yo por haberos querido,
con vuestra fuerça y mi grado
habemos a mí vencido;
pues yo fui mi enemigo
en darme como me dí,
¿quién osará ser amigo
del enemigo de sí?
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Otros ejemplos de retórica en Jorge Manrique
CANCIÓN
Quien no’stuviere en presencia
no tenga fe en confiança
pues son olvido y mudança
las condiciones d’ausencia.
Quien quisiere ser amado
trabaje por ser presente,
que cuan presto fuere ausente,
tan presto será olvidado;
y pierda toda esperança
quien no’stuviere en presencia,
pues son olvido y mudança
las condiciones d’ausencia.
CANCIÓN
Con tantos males guerreo,
en tantos bienes me ví,
que de verme cual me veo
ya no sé qué fue de mí.
Mis glorias murieron luego,
mis males resucitaron,
fortuna encendió tal huego
do mis glorias se quemaron.
Dexó tan vivo el deseo,
memoria de lo que ví,
que de verme cual me veo
ya no sé qué fue de mí.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
Quien no’stuviere en presencia
no tenga fe en confiança
pues son olvido y mudança
las condiciones d’ausencia.
Quien quisiere ser amado
trabaje por ser presente,
que cuan presto fuere ausente,
tan presto será olvidado;
y pierda toda esperança
quien no’stuviere en presencia,
pues son olvido y mudança
las condiciones d’ausencia.
CANCIÓN
Con tantos males guerreo,
en tantos bienes me ví,
que de verme cual me veo
ya no sé qué fue de mí.
Mis glorias murieron luego,
mis males resucitaron,
fortuna encendió tal huego
do mis glorias se quemaron.
Dexó tan vivo el deseo,
memoria de lo que ví,
que de verme cual me veo
ya no sé qué fue de mí.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Más Manrique, más amor. ¡Atención!
OTRA OBRA SUYA EN QUE PUSO EL NOMBRE DE SU ESPOSA, Y ASSIMISMO NOMBRADOS LOS LINAJES DE LOS CUATRO COSTADOS DELLA, QUE SON: CASTAÑEDA, AYALA, SILVA, MENESES
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
Interesante este poema por varios motivos.
Uno: al pene le deja la última palabra (si se mensuran bien y se me nota la broma, por duplicado).
Dos: ¿te atreves a intentarlo con tu propio nombre y apellidos o los de un ser amado?
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.Interesante este poema por varios motivos.
Uno: al pene le deja la última palabra (si se mensuran bien y se me nota la broma, por duplicado).
Dos: ¿te atreves a intentarlo con tu propio nombre y apellidos o los de un ser amado?
miércoles, 18 de febrero de 2009
jueves, 12 de febrero de 2009
miércoles, 4 de febrero de 2009
jueves, 29 de enero de 2009
jueves, 22 de enero de 2009
Ejemplos de retórica en Jorge Manrique
DIZIENDO QUÉ COSA ES AMOR
Es amor fuerça tan fuerte,
que fuerça toda razón;
una fuerça de tal suerte,
que todo seso convierte
en su fuerça y afición;
una porfía forçosa
que no se puede vencer,
cuya fuerça porfiosa
hazemos más poderosa
queriéndonos defender.
Es plazer en c’ay dolores,
dolor en c’ay alegría,
un pesar en c’ay dulçores,
un esfuerço en c’ay temores,
temor en c’ay osadía;
un plazer en c’ay enojos,
una gloria en c’ay passión,
una fe en c’ay antojos,
fuerça que hazen los ojos
al seso y al coraçón.
Es una catividad
sin parescer las prisiones;
un robo de libertad,
un forzar de voluntad
donde no valen razones;
una sospecha celosa
causada por el querer,
una rabia desseosa
que no sabe qu’es la cosa
que dessea tanto ver.
Es un modo de locura
con las mudanças que haze:
una vez pone tristura,
otra vez causa holgura:
como lo quiere y le plaze.
Un deseo que al ausente
trabaja, pena y fatiga;
un recelo que al presente
haze callar lo que siente,
temiendo pena que diga.
FIN
Todas estas propiedades
tiene el verdadero amor.
El falso, mil falsedades,
mil mentiras, mil maldades,
como fengido traidor.
El toque para tocar
cuál amor es bien forjado,
es sofrir el desamar,
que no puede comportar
el falso sobredorado.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
Es amor fuerça tan fuerte,
que fuerça toda razón;
una fuerça de tal suerte,
que todo seso convierte
en su fuerça y afición;
una porfía forçosa
que no se puede vencer,
cuya fuerça porfiosa
hazemos más poderosa
queriéndonos defender.
Es plazer en c’ay dolores,
dolor en c’ay alegría,
un pesar en c’ay dulçores,
un esfuerço en c’ay temores,
temor en c’ay osadía;
un plazer en c’ay enojos,
una gloria en c’ay passión,
una fe en c’ay antojos,
fuerça que hazen los ojos
al seso y al coraçón.
Es una catividad
sin parescer las prisiones;
un robo de libertad,
un forzar de voluntad
donde no valen razones;
una sospecha celosa
causada por el querer,
una rabia desseosa
que no sabe qu’es la cosa
que dessea tanto ver.
Es un modo de locura
con las mudanças que haze:
una vez pone tristura,
otra vez causa holgura:
como lo quiere y le plaze.
Un deseo que al ausente
trabaja, pena y fatiga;
un recelo que al presente
haze callar lo que siente,
temiendo pena que diga.
FIN
Todas estas propiedades
tiene el verdadero amor.
El falso, mil falsedades,
mil mentiras, mil maldades,
como fengido traidor.
El toque para tocar
cuál amor es bien forjado,
es sofrir el desamar,
que no puede comportar
el falso sobredorado.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
miércoles, 14 de enero de 2009
Ejemplos de retórica de Jorge Manrique
A SU MOTE QUE DICE: «NI MIENTO NI M’ARREPIENTO»
Ni miento ni m’arrepiento
ni digo ni me desdigo,
ni estó triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venço ni porfío,
ni espero ni desespero.
FIN
Conmigo sólo contiendo
en una fuerte contienda,
y no hallo quien m’entienda,
ni yo tampoco m’entiendo.
Entiendo y só lo que quiero,
mas no entiendo lo que quiera
quien quiere siempre que muera
sin querer creer que muero.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
Mantenemos la crítica a la anterior edición citada de la obra de Manrique.
Ni miento ni m’arrepiento
ni digo ni me desdigo,
ni estó triste ni contento,
ni reclamo ni consiento,
ni fío ni desconfío;
ni bien vivo ni bien muero,
ni soy ajeno ni mío,
ni me venço ni porfío,
ni espero ni desespero.
FIN
Conmigo sólo contiendo
en una fuerte contienda,
y no hallo quien m’entienda,
ni yo tampoco m’entiendo.
Entiendo y só lo que quiero,
mas no entiendo lo que quiera
quien quiere siempre que muera
sin querer creer que muero.
Del volumen ‘Poesía’, edición de Jesús Manuel Alda Tesán, en Cátedra Letras Hispánicas.
Mantenemos la crítica a la anterior edición citada de la obra de Manrique.
lunes, 22 de diciembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
17
¿Qué fue de aquellas damas,
sus tocados y vestidos,
sus esencias?
¿Qué fue de aquellas llamas
de los fuegos encendidos
y querencias?
¿Qué fue de aquel trovar
y las músicas perladas
que tañían?
¿Qué fue de aquel danzar
y las vestes tan preciadas
que traían?
23
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y barones
que viéramos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y sus preclaras hazañas,
las que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando, tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza das a tierra
y deshaces.
Y fin de la serie.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
¿Qué fue de aquellas damas,
sus tocados y vestidos,
sus esencias?
¿Qué fue de aquellas llamas
de los fuegos encendidos
y querencias?
¿Qué fue de aquel trovar
y las músicas perladas
que tañían?
¿Qué fue de aquel danzar
y las vestes tan preciadas
que traían?
23
Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y barones
que viéramos tan potentes,
di, Muerte, ¿dó los escondes
y traspones?
Y sus preclaras hazañas,
las que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando, tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza das a tierra
y deshaces.
Y fin de la serie.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
jueves, 18 de diciembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
13
El deleite y maravilla
en esta vida esforzada
que tenemos,
desdichada avanzadilla,
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
luego vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.
15
Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos,
ni sus glorias,
dejemos a los romanos,
aunque oíomos y leímos
sus historias;
no nos importe saber
en aquel siglo pasado
nada de ellos;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquellos.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
El deleite y maravilla
en esta vida esforzada
que tenemos,
desdichada avanzadilla,
y la muerte, la celada
en que caemos.
No mirando nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
luego vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.
15
Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos,
ni sus glorias,
dejemos a los romanos,
aunque oíomos y leímos
sus historias;
no nos importe saber
en aquel siglo pasado
nada de ellos;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquellos.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
martes, 16 de diciembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
11
El poder y la riqueza,
que se pierden, vaya cosa,
¿quién lo duda?
No les pidamos firmeza
que son dones de una diosa,
la más cruda:
bienes son de la Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
y es que no puede ser una,
ni ser estable ni queda
en una cosa.
12
Aun dándose que acompañen
y lleguen hasta la fosa
con su dueño;
atiende que no te dañen,
que esta vida es engañosa
como sueño;
y los placeres de acá
en los que nos deleitamos,
agotables;
y los tormentos de allá,
si en la vida no cuidamos,
perdurables.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
El poder y la riqueza,
que se pierden, vaya cosa,
¿quién lo duda?
No les pidamos firmeza
que son dones de una diosa,
la más cruda:
bienes son de la Fortuna
que revuelve con su rueda
presurosa,
y es que no puede ser una,
ni ser estable ni queda
en una cosa.
12
Aun dándose que acompañen
y lleguen hasta la fosa
con su dueño;
atiende que no te dañen,
que esta vida es engañosa
como sueño;
y los placeres de acá
en los que nos deleitamos,
agotables;
y los tormentos de allá,
si en la vida no cuidamos,
perdurables.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
martes, 9 de diciembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
7
Si estuviese en nuestra mano
ponernos la cara hermosa,
angelical,
como se puede en el fano
ganar un alma gloriosa
y cabal,
¡qué diligencia tan viva
nos diéramos cada hora,
sin igual,
en hacer más atractiva
la caduca a la tutora
e inmortal!
8
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun ya antes que muramos,
las perdemos.
O las deshace la edad
o sucesos desgraciados
que acaecen,
ellas, por su calidad,
en los más altos estados
languidecen.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
Si estuviese en nuestra mano
ponernos la cara hermosa,
angelical,
como se puede en el fano
ganar un alma gloriosa
y cabal,
¡qué diligencia tan viva
nos diéramos cada hora,
sin igual,
en hacer más atractiva
la caduca a la tutora
e inmortal!
8
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun ya antes que muramos,
las perdemos.
O las deshace la edad
o sucesos desgraciados
que acaecen,
ellas, por su calidad,
en los más altos estados
languidecen.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
jueves, 4 de diciembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
3
Nuestra vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos,
directos, a caducar
y concluir;
allí los ríos principales,
allí los ríos medianos
y los chicos;
allegados son, iguales,
los que viven por sus manos
y los ricos.
5
Este mundo es el camino
para el otro, la morada
sin pesar;
más vale tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar;
partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que perecemos;
así que cuando morimos,
descansamos.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
Nuestra vidas son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos,
directos, a caducar
y concluir;
allí los ríos principales,
allí los ríos medianos
y los chicos;
allegados son, iguales,
los que viven por sus manos
y los ricos.
5
Este mundo es el camino
para el otro, la morada
sin pesar;
más vale tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar;
partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que perecemos;
así que cuando morimos,
descansamos.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
miércoles, 26 de noviembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
1
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después, recordado,
da dolor;
y nos hace parecer
que cualquier tiempo pasado
fue mejor.
2
Pues si vemos lo presente
cuán fugazmente es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
Qué nadie se engañe, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
de tal manera.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después, recordado,
da dolor;
y nos hace parecer
que cualquier tiempo pasado
fue mejor.
2
Pues si vemos lo presente
cuán fugazmente es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
Qué nadie se engañe, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
de tal manera.
Jorge Manrique, en las 'Coplas a la muerte de su padre', en versión de Jesús Malia. Consúltese acerca del original a través de la etiqueta Manrique, en este mismo blog.
martes, 18 de noviembre de 2008
Aprendiz de poeta con Jorge Manrique
Jorge Manrique, 'Coplas a la muerte de su padre', Castalia didáctica(1993), edición a cargo de Carmen Díaz Castaños.Comenzar por la crítica a la edición. Defecto gravísimo, es, que en cada página nos encontremos con tan gravosa colección de notas al pie y definiciones de palabras que a juicio del editor serán desconocidas por el lector. Defecto gravísimo porque también se hace una introducción, una nota previa y se presentan documentos y juicios críticos, bien antes o depués de la exposición del texto.
¿No cabían allí?
Tan abrumadora colección de notas al pie, no hace más que entorpecer la lectura, pues la facilidad de acudir a ellas es una tentación inevitable incluso cuando no nos resulta necesario. En cualquier caso, responde a lo que algunos ignorantes creemos que es la filología en este exiguo rincón del mundo que es España: importan más el comentario y la crítica que la lectura de la obra original, el comentario que el objeto, el comentarista que el autor.
Esta publicación de la que hablamos se supone dirigida a estudiantes, y es de suponer que de secundaria, por lo excesivo en la comentario al pie. Mal ejemplo para ellos. Estamos tan prontos a resolver sus dudas, que ni tan siquiera dejamos que aparezcan. Pretendemos mantenerles con papillas hasta la edad adulta. ¡Ptú! Por favor, las notas, al final del libro, no a la par de la obra. Las acotaciones del crítico, al final, no a la par, que junto a ella desmerecen y le resta valor, por desviarnos y desconectarnos de su lectura. Porque, quién es el protagonista. Déjennos disfrutar libremente del texto, no nos amarguen con su maniqueísmo. Más tarde nos ocuparemos de opinar y de conocer, incluídas otras opiniones, si es que nos interesa.
Dicho todo lo cual...las coplas que aquí se presentarán no son sólo una selección, se hace versión de ellas. Quién quiera conocer la edición en la que se inspiran, que acuda a la mencionada,
la numeración se corresponde con la allí indicada.
Éstas que expondré, son 'Las coplas a la muerte de su padre' de Jorge Manrique, en selección y versión libre de Jesús Malia.¿Por qué?
En primer lugar porque estoy ocioso y me apetece: me resulta placentero jugar con esta obra de hace seis siglos y hacerla mía. Porque en ella me busco, antes de penetrar en su valor original y en lo que otros tengan que decirme de sí y de ella.
En segundo lugar, porque al remontarnos en nuestra lengua se demuestra su inutilidad. Si se mueve, si cambia, si gana y pierde vocablos y formas, es porque no vale, es insuficiente. Nos resultaría muy complicado entendernos hoy con alguien que empleó nuestro idioma hace 6 siglos. Es de mi gusto decir esto, como digo que, viniéndonos a nuestros días, un poema sigue siendo tan inútil, porque hay una multitud tal de lenguas, que nace siendo inaccesible a la mayor parte de los hombres y las mujeres. ¡Ah!, qué envidia del hombre de Atapuerca. ¿En qué rincón del mundo que se observan sus pinturas no se entiende su significado? Ayer, hoy, mañana. Así, que, actualizo las coplas según mi gusto para que sigan muertas. ¿Qué importa que el cuerpo de un cadáver yazga seis siglos en igual posición o se lo mueva?
En tercer lugar, porque soy aprendiz de poeta, y qué mejor para aprender que ir a las fuentes, y para avanzar, que criticarlas.
En cualquier caso, y no os aburro más, lo principal es que me gustan y tengo el ocio necesario para prácticar coplas, cosa que nunca, hasta anteayer, pasó por mi cabeza.
En la mayoría de los casos, los cambios son nimios. Tanto, que me dará vergüenza escribir, como haré, que son de Jorge Manrique en versión de Jesús Malia. Por favor, amigo lector, vea el original. La obra es de Jorge Manrique, no mía. Lo mío es un juego con la forma, en la mayoría de los casos, sin pervertir el sentido. Serio, pero un juego.
Próximamente.
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