¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
martes, 16 de septiembre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
Poemas de Javier Lostalé en "Jimmy, Jimmy" y en "La rosa inclinada"
Poemas de "Jimmy, Jimmy"
Con el alba…
Con el alba…
Los pájaros se ciegan con tanta luz
y estrellan su frágil cabeza contra
una roca.
Allí quedan sus alas tronchadas bajo
un cielo ceniciento.
Allí, donde el puro silencio, su pecho
se hará olvido.
Con la noche los árboles habrán
enterrado su último canto
y una gota de sangre todavía señalará
el lugar del amor.
Un coro de manos elevó al cielo una
llama
con la forma de su corazón
y su vuelo desde entonces se hizo
triste.
Sobre la llanura débiles pulsos
agonizan
mientras los hombres encienden sus
cuerpos
en el aire tibio de la tarde.
Son apenas brillos que en su tímida
pureza
hiriesen, con alguna pluma o recuerdo,
la frente humana.
Algunos, en un último intento de
salvarse
buscan la engañosa claridad del agua
que un día, con su espuma, les abrió
los ojos.
Y allí mueren, arrasados, oscuros;
sus cuellos flexibles, bellos como una
rama inclinada,
desciendan ante el olvido de los peces.
El universo permanece mudo
y lentas hogueras atraviesan el
horizonte.
Con el alba, un pájaro romperá los
cristales de la mañana
y encontrará sólo sombra.
Consumación
En el resplandor del mediodía
hay una tensión de pájaros
carbonizados
mientras un aire en brasas
abre heridas en tus ojos.
La soledad es una transparencia sin
memoria
y es fácil perderse en un aroma, o en
esa gota de agua
que, como chispa, llega a tu rostro.
Una lluvia de luz trae
hasta tu pecho el dolor más hondo;
aquél que no tiene límites,
que es ave, deseo, extensión,
oscuro placer a veces
consumación serena en la impotencia.
¿Hasta esta música desdibujada —tan
reconocible ahora—
qué cuerpos llegan y te condenan
o cómo se salvan al recordarlos?
Sin rostro llegan y algunos, como tú,
un día también en el dolor se
descubrieron;
mas no puedes verles, porque hay un
girar de puertas,
una agitada respiración, una
confabulación de espejos
que los borra siempre.
Sus manos extienden, alzan, buscando
en la fragilidad del aire
hundir todavía sus dedos en el
resplandor enfermo
que precede a la sombra total.
Pero tú ya no estabas. Tu paso se hizo
olvido
con las últimas luces de la tarde
mientras alguien, desde no sabes dónde,
dejaba en tus ojos una suave tristeza
que hacía más imperceptible tu
partida.
La luna entretanto descendía su pálida
tormenta
y navegaba el sueño de los aún puros
adolescentes.
El mar
El mar no se explica.
Está para que lleguemos
y desnudos sintamos un frío a lo
lejos,
como si estuviésemos a punto de morir
o nacer.
No es hora de preguntar por nada o por
nadie.
Es hora de quedarse quietos,
de anclar en el fondo de los cuerpos
y comprobar el desamparo de unos ojos
casi tranquilos,
flotantes en la luz mojada.
El amor era como una grieta en el
silencio abierta
que fuese lentamente destruyéndonos
mientras un pez en su salto
poblaba el espacio de soledad.
El tiempo se hizo entonces comba de
dolor
y una palabra se dirigió al pecho para
rematarle.
Sobre las rocas hombres yacían,
la memoria enterrada en algún astro,
y un viento de poniente arrastraba
ese último deseo que, como un débil
destello,
agoniza en un agua indiferente.
La luz era un prolongado estertor
que en su belleza nos asumiera
y así nos condenase.
Y una noria de cuerpos
furiosamente se amaba
bajo un cielo calcinado.
El mar, el mar. Ese hondo miedo
ese grito solo, acabado en sí mismo,
que no nos comprende.
No siempre la luz nos acerca a
la verdad de un rostro,
pues, soberana, desconoce esas manchas
humanas que dolorosas se contraen
bajo su foco inclemente.
No siempre la palabra nos acerca a la
verdad de un labio,
pues unas burbujas sonando nunca
alcanzan un corazón.
No siempre una mirada nos acerca a la
verdad de unos ojos,
pues unas ruinas recorrieron y desde
entonces una flor no puede romper
con su claridad la turbia tela de aire
que los unifica indiferentes.
No siempre el abandono nos trae una
respuesta, ni el silencio
nos corta como aspas entreabriéndonos
un paisaje.
No siempre. No nunca. Por eso todavía
nos engañamos.
Y cogemos una cuartilla. Y vamos
uniendo palabras.
Aunque sabemos que la verdad tampoco es
ésta. Fuera
o dentro: soledad siempre: he aquí el
poema.
Poemas de "La rosa inclinada"
Poemas de "La rosa inclinada"
Confesión
Escribo porque me
salva, porque es lo único que me queda, porque fija un sonido, unas
luces, el final de un acto de amor, el escenario de unas horas de
deseo. Escribo porque están conmigo los que ya nunca estarán,
porque bajo al mar desde la mesa donde apoyo la cuartilla y me quedo
quieto en la memoria de un cuerpo, y prolongo unas voces hasta perder
la noción del tiempo (días y años juntos, apretados en un instante
que me deja sin defensa). Escribo porque al abrir el seno de una
palabra encuentro la iluminación última del beso, porque pronuncio
a solas mi única verdad: ésa que después desmiento con mi vida.
Escribo porque hay un llanto íntimo que me purifica desde que
comienzo a hacer signos en el papel, porque poseo las cosas desde su
respiración humana y puedo habitar aquello de lo que fui desterrado.
Escribo para ser joven y alimentar una espe- ranza radical, para
tener lo que no tengo y escuchar lo que nunca me dijeron. Escribo
porque nunca fue más bello el engaño.
La verdad de una
hoja es un reino,
niebla clara su
territorio
donde seres quietos
te anegan
sin alterar el alma
de la luz.
En honda compañía
vas,
pues sólo
perteneces a un nombre
como estela escrito
en tu corazón.
Tus ojos trazan el
espacio
de un pulso de
imágenes
que difuso te
invade
concertando un
tiempo sin herida o presencia.
Una rosa respirada
late en el seno del
aire
y su perfume son
tus sentidos.
Cada pensamiento
es una delgada
espina
que cruza tu cuerpo
y lo deja suspenso
en vida sólo tuya,
mientras traspasa
el paisaje
el alto oscilar del
mar.
Pincel de luz
difunde íntimo un aliento
en el que vibras
sin paréntesis de respuesta.
Palabra de silencio
dice
la memoria
ingrávida de tu paso.
Hay un silencio
de cada uno
que tampoco es
nuestro
en el que un
instante podemos tocar
la frágil flor del
amor.
Hay un enfermo
girar de todos sin nadie
donde cada triunfo
es soledad,
una armonía de
estrella solitaria
que de otro cuerpo
bebe la luz
sabiendo que en su
cielo nunca brillará.
En el blando núcleo
del sueño
alguien ha entrado;
sus pasos son el
mundo.
Llega la
muchacha
con sus piernas de
junco de ganso
y empieza a bailar
mi vida
con su estrella.
Llega sin desvelo
solitario que avise
en la hora siempre
última del pecho.
Llega con su luz de
cristal y sin sueño
para que no la
perdamos
en la memoria con
lágrima de otro paisaje.
Ni siquiera la
muchacha sostiene con su mirada
el rubio sol de
humo que en nuestra vida resucita.
Permanece sólo,
permanece entre sus rayos de luna fría
flotando sin busto
en la corriente dorada de sus piernas.
Mirarla ya no es
posible, porque para mirar
hay que hacerlo
desde algo que nos pertenezca
y ella troncha
nuestra pequeña imagen dormida
y nos coloca en un
ancho azul sin bordes
donde siempre un
pájaro asfixia su canto.
Mirarla ya no es
posible…
pero llega la
muchacha
con sus piernas de
junco de ganso
y empieza a bailar
mi vida
con su estrella,
mientras lenta se
desvanece
en la música de
una máquina tragaperras.
viernes, 12 de septiembre de 2014
José Bergamín, "Aforismos de la cabeza parlante" (2)
Hay muy pocos hombres que cumplan un siglo. Pero tampoco hay muchos siglos que cumplan a un hombre... Un siglo es raro para un hombre. Un hombre -lo que se dice un hombre- es raro para un siglo.
Una creencia que no deja lugar a dudas, no es una creencia, sino, más bien, una supersticiosa credulidad.
La sustancia viva del arte, como la del espejo, está siempre fuera de sí misma. Tanto valdría pensar que la realidad de la forma artística -en poesía, pintura, música, escultura, arquitectura...- no existe por sí propia. Es decir, que es una realidad exclusivamente humana. ¿Un arte que se deshumaniza, se suicida?
La obra de arte como la criatura humana nace de irracionalidad y muere de intelectualismo. La muerte es lo más intelectual, exclusivamente racional, de todo. Por eso es la razón de ser de la vida.
La música de Beethoven al descubrirse románticamente a sí misma, sin empelucados postizos, dejó volar su cabellera al viento: o se la peinó, cuidadosamente descuidada, conforme a la moda romántica del "coup de vent". Este golpe de viento corre por la música beethoveniana, jugando sus luces y sus sombras sobre la frente más genial que ha tenido la música.
La peluca, todo lo contrario que la máscara o el antifaz, al enmascarar el rostro humano lo transforma para no ocultarlo, dándole una nueva revelación, que por su redundancia enmarcadora, es como si lo desnudase más de sí mismo para ponerlo en evidencia.
Nos parece curiosa la coincidencia histórica del racionalismo filosófico y científico con el uso y la moda de las pelucas y su consiguiente culminación con el invento racional, tan filosófico como científico, de la guillotina. Su simultáneo desenvolvimiento paralelo durante siglo y medio. Desde la decadencia de la preponderancia española en el mundo (otra coincidencia) hacia la mitad del XVII, hasta la Revolución francesa y los primeros años del romanticismo.
El crimen no lo comete sólo el criminal -dice Séneca- sino el que se aprovecha de él; o de ellos, del criminal y de su crimen. Parecería entonces que el policía, el fiscal, el juez, el carcelero y el verdugo... Y hasta el abogado y el médico. Y, ni que decir tiene, el periodista. Todos los que ganan su vida de levantar muertos. En una palabra, que quien lo comete, porque lo aprovecha del todo, es la sociedad que lo organiza.
Se juega como se va a la iglesia o al teatro: sin creer. Y, por si acaso... Pero sin pensar en ese "acaso" al que, como dijo el poeta, ninguna jugada de dados abolirá jamás.
Las verdades de la razón no son las razones de la verdad. [...]
Una paradoja es como un paracaídas. Sirve para no romperse la cabeza. La paradoja es el paracaídas del pensamiento. Si, al arrojarnos al vacío, no se nos abre oportunamente para sostenernos en el aire, estamos definitivamente perdidos.
jueves, 11 de septiembre de 2014
Poemas de Miguel d'Ors
Vista de Roma
Esto es vivir:
resquebrajados muros,
fustes truncados, torsos abatidos
dioses que no respeta
ni el cardo ni la ortiga, pulcros trazos
piadosos ofendidos
por la lata herrumbrosa, la suela calcinada,
la camada de galgos polvorientos,
consuetudinaria prostituta...
Y la tarde que pasa sobre todas las cosas
indiferentemente, como el carro
del vencedor hollando los despojos.
Estos es vivir: un porvenir de polvo,
la chispa que sucumbe en el oscuro
reino de la ceniza.
As time goes by
Decir pestes de él tiene, sin duda,
un sólido prestigio literario
-tacharlo de asesino, por ejemplo,
o compararlo con
uno de esos ciclones con nombre de corista
que pasan y que dejan en los telediarios
un paisaje de grandes palmeras derrocadas
y uralitas errantes,
o simplemente lamentarlo a base
de tardes y de otoños en pálidos jardines-,
pero ahora, con la mano en el poema,
os lo confieso: he sido siempre yo
el que salió ganando de todos nuestros tratos.
A cambio de esta luz sabia y serena
con la que la experiencia ilumina las cosas
a mí se me ha llevado
sólo la juventud, ese divino
tesoro que no sirve para nada
-ya lo dijo Mark Twain- puesto en las manos
insensatas de un joven.
Decir pestes de él tiene, sin duda,
un sólido prestigio literario
-tacharlo de asesino, por ejemplo,
o compararlo con
uno de esos ciclones con nombre de corista
que pasan y que dejan en los telediarios
un paisaje de grandes palmeras derrocadas
y uralitas errantes,
o simplemente lamentarlo a base
de tardes y de otoños en pálidos jardines-,
pero ahora, con la mano en el poema,
os lo confieso: he sido siempre yo
el que salió ganando de todos nuestros tratos.
A cambio de esta luz sabia y serena
con la que la experiencia ilumina las cosas
a mí se me ha llevado
sólo la juventud, ese divino
tesoro que no sirve para nada
-ya lo dijo Mark Twain- puesto en las manos
insensatas de un joven.
Como el agua
Como el agua
se afana
callada
bajo el trigo,
como la tierra,
humilde,
elabora
metales
y eleva
hasta la rosa
la hermosura,
así, de esa manera,
escribirás
tus versos:
sólo en hondo
silencio
germinan
las palabras
luminosas.
Como el agua
se afana
callada
bajo el trigo,
como la tierra,
humilde,
elabora
metales
y eleva
hasta la rosa
la hermosura,
así, de esa manera,
escribirás
tus versos:
sólo en hondo
silencio
germinan
las palabras
luminosas.
miércoles, 10 de septiembre de 2014
Versos de Ana Martín Puigpelat en "El descanso del viento" (Polibea, 2014). Ana Martín Puigpelat es nuestra siguiente poeta invitada en Diversos
Hoy el viento ha
manchado/
el aroma de una higuera.// Cómo contemplar su paso decidido/ entre
las ramas o el silencio.// Cómo comprobar/ si el ritmo de una
respiración/ es sólo su labor de siembra.// Hoy el viento se
disfraza/ con las cosas diminutas.
La noche es el
reducto/
de un idioma./ Preciso e inconstante/ transita el proceso/ de
fermentar la harina/ para el pan de la mañana.// La noche es el
reinado de unos dientes/ y después, muy a menudo,/ amanece en
Portugal.
Agarro el viento
por su parte más tierna,/ o quizás es él quien me sorprende/ con
los labios abiertos/ y una vocal colgada por la esfera,/ entre las
siete y las ocho/ cuando sudo,/ cuando la voz de un silbo/ me
recuerda los gestos de las nubes.// No transcurren los días estos
días,/ son sólo el devenir de una promesa/ escrita ya en la biblia/
de mis manos.
Tu infancia es sólo
un
río detenido/
a la sombra de todos los naranjos.
En el corazón de la
almendra/
dormitan razones prehistóricas/ que invitan al aceite a madurar.
En el centro del
centro de la flor/
se duerme el perfil de la mirada,/ un fonema entre los dientes/ y el
roce estremecido del deseo.// La lluvia arranca en su trabajo la
corola/ y en su triste desnudo/ la flor ofrece una estructura/ de
corazón abierto en la retina.// El viento que parece distraído/
solloza a la llegada del otoño.
El frío es sólo un
faro intermitente/
que anuncia el nacimiento del metal,/ por eso busco a tientas/ para
recuperar la savia en el presente/ el sueño de la lana.// Nada tiene
sentido si mis ojos/ no transitan a ratos la seda y el mordisco.
Cuando se hace abril
entre mis dedos,/
el horizonte tiene/ una colección de soluciones/ para aquellas
recetas imposibles.// Abril es un simple suspiro que se sucede a la
derrota.// Y el viento no sospecha/ que en su trayecto arrastra/
resistencias y vocablos.// Abril no nos conocía,/ por eso vino en
septiembre.
Me someto al capricho del viento
y procuro no confundirme con las semillas, diminuto insecto volador,
dios enamorado de abdomen y alas de encaje, igual que este palpitar
de seda por el tacto, acaricio el vértice externo de la hierba.
La solución a tanta miseria es rendirse al dictado de
los sueños.
Si extiendo el corazón e
intento rotular el mapa de su tiempo, encuentro zonas vertebradas de
alfabeto que indican el camino hacia la vida.
Mi corazón que ya no tiene trampas ni riesgo de
naufragio.
Este otoño que deshecha las horas caídas,
sucias por el barro de la ausencia con el azul perdido y sin
mordiente, las horas que se olvidan de mí.
Este otoño de nube y escarcha de aeropuerto, noviembre
de metal sin sinestesia que me ofrece los restos de la noche cuando
apago la voz en la ventana.
Este otoño de mí y ya tan lejos.
He decidido ser
salvaje,
la claridad de un rostro mientras duerme, la raíz de un verso.
Hoy
la lluvia ha brincado entre las ramas.
La
música que suena sin excusas
y da cuerda al sentido.
Justo
antes de la luz están los párpados
prólogo
de la noche
en el
paisaje de un beso
justo antes de la vida.
Un
nombre brota de mis labios
como el
murmullo del rocío
por la flor.
La
lengua
como
el viento
atraviesa
mis límites
general de todos los ejércitos.
Hoy
la niebla ocupa
el
lugar de los pájaros
igual que una boca abarca el corazón.
Abarcar
una nube sin silueta
intento
convencer a la piel
desnudarla
de luz
al roce
sin fin de la realidad.
El viento es sólo un verso inacabable.
Una
fuente pequeña
el
resplandor de un precipicio
el
despertar ansioso de las ganas
la
libertad del sueño
la lengua que me busca por el aire.
Como
si fuesen flechas
los
pájaros en su mirada
vuelan
siempre a la altura de la luz.
Tienen
alas sus ojos
para guardar silencio.
El
silencio se impregna del ruido de las gotas
y todo
es ya sereno:
la
altura de los adjetivos
el peso
de las dudas
la
libertad en los números
y el
rumor de las hormigas
como si
de un momento a otro
su cuerpo me habitase.
Entre
un suspiro y mi voz
como si
el viento
hubiese aprendido a descansar.
¿Qué han hecho con Basho! (3)
No vuelvo a explicar qué significan las iniciales que encabezan cada haiku de Basho, te remito a la primera entrada de la serie para aclararlo.
RB
Aran los campos
para la siembra,
nubes de tormenta.
FRI
Rotundo y cruel,
en mi sombrero de hojas
suena el granizo.
No_es fortüito.
Buscabas al granizo
que ahora te_encuentra.
FRI
¡Escuchad, niños!:
¡marchamos ya, corriendo
bajo el granizo!
Dejadme, niños,
correr junto_a vosotros
bajo_el granizo.
FRI
Es pleno otoño:
aguaceros cayendo,
luna afilada.
¡Lluvias de_otoño!
La luna_en el ocaso
dice que vienen.
FRI
Nubes y niebla
cambian pronto el paisaje
en cien matices.
FV
Las patas de la grulla
se han hecho más cortas
en las lluvias de mayo
JT
Todas mojadas,
inclinadas...
Peonías bajo la lluvia.
JA
Bajo la lluvia.
Ese perro que ladra,
¿también se moja?
FV
La primera nieve
qué felicidad
visita mi ermita
FV
Y ahora
vamos a contemplar la nieve
hasta caer agotados
FV
¿La nieve que cae
es otra
este año?
RB
¿Ha regresado
la nieve
que contemplamos juntos?
AM
Después de fundirse la nieve,
La aldea
Se llena de niños.
Tras la nevada.
En la nieve fundida
crecen los niños.
Seguimos con Diversos. Lunes 15 de septiembre a las 8 con Ana Martín Puigpelat
Segundo encuentro
15 de septiembre a las 8
Kohelet (C/Huerta del Bayo, 3; Madrid)
Metro: Embajadores, Lavapiés, La Latina
Sigue la etiqueta 'Ana Martín Puigpelat' para leer algunos de sus versos.
Nueva selección de poemas de Clara Janés (2), poemas inéditos hasta su inclusión en Poética y Poesía (alguno con matemáticas), "Escaleras de agua", "Márgenes" y "Pórtico"
Escaleras de agua
I
En las simas abisales de la noche,
un ángel blanco
deposita el dolor
y, alas de luz,
asciende deslumbrante.
Enmudece el oscuro clamor del oleaje.
Márgenes
Lee el libro de las escaleras,
verás como los márgenes
confluyen con el centro,
verás que espacio y tiempo
son sólo ejes de aire,
que el aquí no es aquí,
es un punto sin punto
y que el mapa agitado de vida,
esa imagen cambiante
que alberga toda forma,
no es la vida,
que carece de imagen
y se ensarta inasible al infinito.
Zuang Zi lo sabía:
sin decir nada, dice,
mas si dice no dice...
Avanza, pues,
por tan sutiles páginas:
siéntate en el olvido.
Pórtico
Desde el umbral de luz,
invierto la postura,
y pongo el pie
en lo alto del arco,
y boca abajo...
Así era la oración
en el brocal del pozo,
mas con los pies atados
y el cuerpo suspendido
sobre un fondo
de aguas silenciosas.
Aquí no hay ataduras,
y el fondo,
que es un centro,
callado
como las aguas mudas,
no se insinúa.
Y yo avanzo
por la espiral escalonada,
de giro en giro,
hasta entrar
en la danza
del laberinto.
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