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jueves, 11 de octubre de 2007

Poema de 'Luna-Hiena' de Alonso Cordel

La genética absurda de los ecos
no define al poeta, ni dá caza al gorila,

no resuelve el problema de la muerte,

ni dice nada nuevo: no incorpora
los últimos avances de la técnica

para hablar de los celos.
Tampoco sustituye o elimina
a los cajeros electrónicos
que me retienen cada tarde
pegado a la clepsidra del inodoro blanco,

o a la entrada del túnel sin retorno

de las imágenes televisivas.
—No le han dado más frutos al cerezo

los catódicos rayos, ni evitaron
que aquel tumor maligno
me dejara tan triste a Guillermina—.

Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Poema de 'Luna-Hiena' de Alonso Cordel

VIII

No es tiempo de silencio,

es tiempo de algaradas

y esperpénticas voces,

de sirenas y alarmas.

No es tiempo de silencio,

es tiempo de explosiones

y bombas nucleares por el cielo,

como si fueran globos
o bengalas.
No es tiempo de silencio,

es tiempo de miseria.

Es tiempo de tinieblas,

palos de ciego y sombras

por España.

Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Poema de 'Luna-Hiena' de Alonso Cordel

I

Doramos la herrumbre.
Plateamos la miseria.
Niquelamos serretas y bocados.
Plastificamos las cloacas.
Magnificamos los burdeles
y damos carta de naturaleza

en nuestro corazón

a la pobreza de espíritu,
a la sumisión institucionalizada,
al fraude encubierto,
a la justicia fundamentada
en poderosos argumentos,
arraigados por principios establecidos

en brutales batallas,
donde inhumanas aberraciones

dejaron marcas,
una lluvia de radiaciones
y un complot

contra toda nostalgia.

Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.


martes, 21 de agosto de 2007

Poemas de 'Luna-Hiena' de Alonso Cordel

Escondimos los limos
las conchas anacaradas

y los bolsos de terciopelo.

Eliminamos todo recuerdo de pérgolas y parterres
y abandonamos proyectos

de exóticos viajes.

Incluso prescindimos

de las amplias bañeras

que despilfarraban nuestro tiempo cronometrado.

Así, sin sobremesas con parchís,

olvidadas las señas del mus

entramos en la nueva era

del colectivismo gregario.
El dolor nos invoca al tránsito,
el placer nos reclama la muerte.
El amor nos adormece

pero en su ausencia vomitamos.


Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.

jueves, 16 de agosto de 2007

Poemas de 'Luna-Hiena' de Alonso Cordel

I

Evitamos peligros y desarmamos trampas,

sumamos noches y desmontamos sueños;

tristemente evocamos el pasado,

imaginando antídotos perfectos.

Negamos lo posible y nos lloramos

con la esperanza inútil de entendernos.

II

¿Quién soy? ¡Cómo me pierden

tus buenas intenciones!

Me emborracho de éter

y partimos

por el espejo sucio del pasado,

donde crecen respuestas para todo.

Tupidas esperanzas de perderse

en la desolación y el desengaño.

Arriba todo es angélico e inútil,

aquí falla el paisaje.
Allí serás un dios volando en el vacío,

como una hoja seca que el viento arrebatase.

Aquí la duda nos cuelga como cerdos

que a otro dios más cruel se sacrifican.

III

Gocemos mientras tanto alegremente

la presencia fantasma de Bilitis,
la llegada del atleta griego,
o un nuevo amor nacido de la espuma

bulliciosa del Cantábrico.
Hagamos cada encuentro

regalo de los dioses,

misteriosas ofrendas envueltas en caricias

y lazos de cariño

que mueren si desvelan

su frágil contenido.

IV

Adiós a los pinares apenas recorridos
y a la llanura gélida del páramo,
a la cuadriculada armonía de Herrera
y al absurdo suicidio

de algunos conocidos.

Porque no aguanto más

las sombras callejeras,

ni el silencio mortífero de tanta despedida,

me hago yo mismo eco de mi propia agonía

y digo adiós a todos, prolongando mi ausencia.

V

No voy a suicidarme tan temprano,
porque deseo aún aquellas lilas
que cortaba mi madre,

el sol de mayo

y quedarme dormido entre tus brazos

a veces homicidas.


Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.

lunes, 13 de agosto de 2007

Poema de 'Luna-Hiena' de Alonso Cordel

Álamos, hayas, olmos, aureolas.

El poeta recorre la ciudad,

apenas duerme,
busca infidelidades a su sombra.

Comienza a amanecer y sus fantasmas

se desvanecen como una pesadilla.

El eco de su voz es tan efímero

como las nubes de la pirotecnia.

Quiere volar —quisiera—, pero ahora

el corazón es una roca inmensa.

Quiere nadar y se hunde en un pantano

de recuerdos inútiles.

Quiere quedarse estático, inmutable,

y le desplaza el viento del instinto,

las olas del amor y las ardientes

lavas destructoras.

del volcán de la noche.

Se quisiera dormir algunos siglos

y despertar cuando lo hiciera el Verbo.

Abrir los ojos cuando las palabras

sean tan exactas que abandonen credos,

autos de fe o simplemente actas

con testigos y jueces y notarios.

Que se escriba con peces y con árboles;

dijera sol y viéramos destellos.

Telémaco tal vez no encuentre a Ulises

en este siglo XX,
ni las nuevas agencias de viaje

nos ofrezcan paisajes del futuro.

El poeta descubre que su mundo,

que su bastón de fresno
no ha existido
—ni siquiera los olmos son reales—,

que no hay garzas, ni pérgolas,

que en la ciudad no viven
las hiedras trepadoras,
ni deja el mar su espuma por las calles.

Y decide no ser; no estar.
¡Qué triste decisión en los mortales!

Y, sin embargo, inútil al poeta,
que, sin quererlo, a veces, sobrevive.


Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.

lunes, 6 de agosto de 2007

Comparativa(Alonso Cordel-José Hierro)

La vida es un fracaso y una fuga,

una lamentación y una locura.

La vida ¡casi nada! y, con cordura,

es eso solamente: casi nada.

La vida es una mano enamorada,

un corazón que late por no verte.

La vida es empezar a conocerte

y recorrer la selva aún ignorada.

La vida es evitar la iluminada

voz que nos destruye, la carcoma

que mata lentamente, la vida

es empezar sencillamente en paz cada jornada,

o tal vez —sin regreso— es una ida.

La vida: ¡casi nada! y casi nada.

Alonso Cordel, en Luna-Hiena, Colección Juan Alcaide, Ediciones del Excelentísmo Ayuntamiento de Valdepeñas, 1988.


VIDA
A Paula Romero
Después de todo, todo ha sido nada,

a pesar de que un día lo fue todo.

Después de nada, o después de todo

supe que todo no era más que nada.

Grito “¡Todo!”, y el eco dice “¡Nada!”.

Grito “¡Nada!”, y el eco dice “¡Todo!”.

Ahora sé que la nada lo era todo,

y todo era ceniza de la nada.

No queda nada de lo que fue nada.

(Era ilusión lo que creía todo

y que, en definitiva, era la nada.)

Qué más da que la nada fuera nada

si más nada será, después de todo,

después de tanto todo para nada.

José Hierro, Cuaderno de Nueva York, Hiperión, 1998.