Poetrastos es una antología a cargo de Ángel Muñoz publicada en este 2011 por La Vida Rima. Os muestro algunos versos escogidos a mi gusto. Método científico donde los haya.
Las deudas
(Chema Barredo)
Le deberás al tiempo alguna excusa,
favores, acaso cierta huella,
varios años perdidos desde luego
y el sabor de las copas
en noches que fueron llamarada
con luces de carbón, en días
sin reflejo de otros días
que se han ido entre las manos.
Si lo piensas, el hueco del vacío
será tu compañero que te advierte
de la última huida, de las sombras
que aguardan en la esquina
donde el tiempo exige su peaje.
Ese tiempo feliz, esa comedia
de la estación dorada se termina
y nadie te rescatará del tiempo
que espera cobrarse lo que debes.
De 'R-Evolución'
(Mayte Sánchez Sempere)
Patrias mullidas, seguras jaulas
con su bebedero siempre lleno,
su poquito de alpiste
y su columpio,
patrias donde esconder tanta miseria,
carcasas huecas
de pollos sin ojos y sin patas
que duermen si no hay luz
y si hay
velan
producen
crecen
engordan
follan
matan
se devoran los unos a los otros
entre cuatro paredes
en recintos privados,
patrias tan exclusivas
como letrinas,
patrias podridas sin sueños
sin principios
patrias llenas de loros desplumados
en que gobierna el que pia más fuerte
y los demás
se hacen su propia jaula.
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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lunes, 22 de agosto de 2011
jueves, 5 de mayo de 2011
Epílogo de 'Marea', poemario de Chema Barredo Viudés (fin del libro, pues)
Sólo artificio
Un dibujo de partida, sólo unos trazos
que se transforman, rectas y curvas,
apenas el boceto, apuntes
de un decorado simple,
figuras del jardín que el tiempo oculta,
o la calle vacía,
quizás viajeros anónimos
que pueblan andenes,
una estación, salones de un aeropuerto
que no son nada, posos de soledad
que a nadie inspiran.
O los últimos noctámbulos
que se protegen del frío,
del viento que arrasa una tarde sin luz,
o sombras que vagan
de allí a ninguna parte
y una orilla del mar,
un engaño en azul que lame el cielo.
Días sin horas, vuelo sin aire,
un sueño entre líneas, un cuadro,
nada es lo que parece,
un lugar sin el sitio, el tiempo fútil,
como letras sin música, sólo renglones
que tejen la fábula.
Ruido del viento sin destino.
Adornos, sólo artificio.
Un dibujo de partida, sólo unos trazos
que se transforman, rectas y curvas,
apenas el boceto, apuntes
de un decorado simple,
figuras del jardín que el tiempo oculta,
o la calle vacía,
quizás viajeros anónimos
que pueblan andenes,
una estación, salones de un aeropuerto
que no son nada, posos de soledad
que a nadie inspiran.
O los últimos noctámbulos
que se protegen del frío,
del viento que arrasa una tarde sin luz,
o sombras que vagan
de allí a ninguna parte
y una orilla del mar,
un engaño en azul que lame el cielo.
Días sin horas, vuelo sin aire,
un sueño entre líneas, un cuadro,
nada es lo que parece,
un lugar sin el sitio, el tiempo fútil,
como letras sin música, sólo renglones
que tejen la fábula.
Ruido del viento sin destino.
Adornos, sólo artificio.
jueves, 28 de abril de 2011
Tres nuevos poemas de Chema Barredo Viudés en 'Marea'
Perfiles
Apenas un suspiro entre corazas,
hierba que se agita
al conjuro del viento,
norte sin destino, bandera
que declina en la batalla.
Somos los hijos del tiempo inútil.
Nada más.
Perfiles de una sombra.
Vuelo corto
El tiempo del silencio
es línea impenetrable,
frontera de una noche sin oro,
espacio que muestra otra geografía,
la sombra de los muros
que enturbian los sueños
y no prometen nada.
Tiempo del gesto sin voz,
de calma que late temerosa,
de palabras que son nuestras
y no reconocemos.
Horas sin plazo que vuelan
y el día es un secreto,
humo en la palma de la mano.
Tiempo de vuelo corto para descubrir
del silencio los rasgos,
graves y negros.
Balsas de aceite
Escaleras del metro de una en una
bajo el cielo que dibuja mil tonos de color,
la distancia entre el día y la noche.
Después la calle nos espera
entre nudos de palabras
que nunca desatamos
en las horas del invierno,
frío y sucio,
con luces que simulan agujeros,
en la niebla y el eco
tan osado, monótono, implacable
de ciudad que te nombra.
Que numera el turno de las pisadas grises,
del papel de periódico
con fotos que sonríen pero nunca a nosotros,
ni a la sombra equivocada de un vecino
que devuelve los lunes con la mano
¿y ahora qué?.
Sólo tiempo que atraviesa la tormenta
y no nos pertenece,
tiempo frágil, sin memoria de días,
como suerte que siempre merodea
y nunca nos señala.
Entretanto damos vueltas a la noria
donde nadie se detiene,
los ojos en el suelo,
uncidos a la cuerda.
Balsas de aceite donde nos vamos a ahogar.
Donde se impone la calma.
Apenas un suspiro entre corazas,
hierba que se agita
al conjuro del viento,
norte sin destino, bandera
que declina en la batalla.
Somos los hijos del tiempo inútil.
Nada más.
Perfiles de una sombra.
Vuelo corto
El tiempo del silencio
es línea impenetrable,
frontera de una noche sin oro,
espacio que muestra otra geografía,
la sombra de los muros
que enturbian los sueños
y no prometen nada.
Tiempo del gesto sin voz,
de calma que late temerosa,
de palabras que son nuestras
y no reconocemos.
Horas sin plazo que vuelan
y el día es un secreto,
humo en la palma de la mano.
Tiempo de vuelo corto para descubrir
del silencio los rasgos,
graves y negros.
Balsas de aceite
Escaleras del metro de una en una
bajo el cielo que dibuja mil tonos de color,
la distancia entre el día y la noche.
Después la calle nos espera
entre nudos de palabras
que nunca desatamos
en las horas del invierno,
frío y sucio,
con luces que simulan agujeros,
en la niebla y el eco
tan osado, monótono, implacable
de ciudad que te nombra.
Que numera el turno de las pisadas grises,
del papel de periódico
con fotos que sonríen pero nunca a nosotros,
ni a la sombra equivocada de un vecino
que devuelve los lunes con la mano
¿y ahora qué?.
Sólo tiempo que atraviesa la tormenta
y no nos pertenece,
tiempo frágil, sin memoria de días,
como suerte que siempre merodea
y nunca nos señala.
Entretanto damos vueltas a la noria
donde nadie se detiene,
los ojos en el suelo,
uncidos a la cuerda.
Balsas de aceite donde nos vamos a ahogar.
Donde se impone la calma.
jueves, 21 de abril de 2011
Tres nuevos poemas de Chema Barredo Viudés en 'Marea'
Dimensiones
Qué difícil medir la impertinencia del sol,
el agua y sus teoremas,
el muro de la noche.
La nada no permite su medida.
Tampoco el secreto viaje del tacto
debajo de la piel que se adormece
y asombra la certeza de los números,
su orden, el ingenio del reptil,
los volúmenes del cielo,
su causa y su coraje.
De nada sirven reglas, los tratados,
los límites de las palabras,
la extraña perspectiva de los astros
nos conmueve, contornos sin sentido
cuando hablamos de ellos.
No es posible calibrar el tamaño del silencio
que vuela con su magnitud absurda.
Fechorías
Cuando se tensa el arco
la flecha desconoce su objetivo,
la duración del viaje,
las consecuencias.
Las voces que habrán de jalearle
aún permanecen mudas,
el aire renunciará a ser muro
si la cuerda se templa
y el brazo impulsa el dardo.
Después madera, cuerda,
flecha y aire unirán su destino.
El pájaro no sabe
que ayer ejecutó su último vuelo.
Dibujo de postal
Creí que las flores de Diciembre
eran como alabastro,
la nieve dibujo de postal,
el campo de ceniza
pero es el tiempo de la niebla,
de magos que cocinan
las hierbas del invierno
con perfiles del lobo
y crean relatos en la noche,
junto al oro del fuego,
sobre el azul del frío.
Los libros no añaden nuevos datos
al metal y los colores grises
que bailan con la música del viento.
El poderoso efecto de cobijo
que ofrecen las paredes
no aleja la distancia del agua.
El cielo en la ventana
es la foto del tiempo detenido.
Diciembre, grave y taciturno,
cuando la lluvia
es una ciencia exacta.
Qué difícil medir la impertinencia del sol,
el agua y sus teoremas,
el muro de la noche.
La nada no permite su medida.
Tampoco el secreto viaje del tacto
debajo de la piel que se adormece
y asombra la certeza de los números,
su orden, el ingenio del reptil,
los volúmenes del cielo,
su causa y su coraje.
De nada sirven reglas, los tratados,
los límites de las palabras,
la extraña perspectiva de los astros
nos conmueve, contornos sin sentido
cuando hablamos de ellos.
No es posible calibrar el tamaño del silencio
que vuela con su magnitud absurda.
Fechorías
Cuando se tensa el arco
la flecha desconoce su objetivo,
la duración del viaje,
las consecuencias.
Las voces que habrán de jalearle
aún permanecen mudas,
el aire renunciará a ser muro
si la cuerda se templa
y el brazo impulsa el dardo.
Después madera, cuerda,
flecha y aire unirán su destino.
El pájaro no sabe
que ayer ejecutó su último vuelo.
Dibujo de postal
Creí que las flores de Diciembre
eran como alabastro,
la nieve dibujo de postal,
el campo de ceniza
pero es el tiempo de la niebla,
de magos que cocinan
las hierbas del invierno
con perfiles del lobo
y crean relatos en la noche,
junto al oro del fuego,
sobre el azul del frío.
Los libros no añaden nuevos datos
al metal y los colores grises
que bailan con la música del viento.
El poderoso efecto de cobijo
que ofrecen las paredes
no aleja la distancia del agua.
El cielo en la ventana
es la foto del tiempo detenido.
Diciembre, grave y taciturno,
cuando la lluvia
es una ciencia exacta.
jueves, 14 de abril de 2011
Tres nuevos poemas de Chema Barredo Viudés en 'Marea'
Círculos
Confía la mirada en que sucedan
las horas que propone el calendario,
no juegue con mentiras,
nos muestre su destino de números en orden.
Y nada es cierto,
los sueños se predican en febrero
bajo el rumor de nieve,
la sombra del tiempo que nos guía
de frío sin mordaza.
Después inventaremos
señales, el nombre del paisaje,
los círculos sin forma.
Se trata de aferrarse a la promesa
aunque entreguemos vida.
Hallar el tiempo en que seremos
dueños de nuestra suerte.
Nunca es el silencio
Siempre llegan sonidos
que se clavan como hierros
en la esfera que envuelve los cristales
y la casa está vacía
a la espera del signo,
de señales precisas.
Alguien escucha una voz,
una mirada
y nunca es el silencio,
pero todos callamos
con sombras del olvido.
Después hablarán los espejos,
la noche y su evidencia,
los rasgos del futuro
con voz inexorable
del que lo sabe todo.
Desde el aire
No reconozco la palabra
que desdeña la voz del viento,
ni soy mirada de otros ojos,
tacto de manos que someten
las caricias al dictado de otro dios.
Admiro la impaciencia
del día por alcanzar la noche,
la llaga que quiere ser herida
la honda por despedir la piedra
y busco las rutas del amor
entre la carne.
Soy guardián de las mañanas que ciegan
las puertas al invierno
y avientan las cenizas
en el cuerpo de la historia.
Soy de vivir cada día
en el filo del aire.
Confía la mirada en que sucedan
las horas que propone el calendario,
no juegue con mentiras,
nos muestre su destino de números en orden.
Y nada es cierto,
los sueños se predican en febrero
bajo el rumor de nieve,
la sombra del tiempo que nos guía
de frío sin mordaza.
Después inventaremos
señales, el nombre del paisaje,
los círculos sin forma.
Se trata de aferrarse a la promesa
aunque entreguemos vida.
Hallar el tiempo en que seremos
dueños de nuestra suerte.
Nunca es el silencio
Siempre llegan sonidos
que se clavan como hierros
en la esfera que envuelve los cristales
y la casa está vacía
a la espera del signo,
de señales precisas.
Alguien escucha una voz,
una mirada
y nunca es el silencio,
pero todos callamos
con sombras del olvido.
Después hablarán los espejos,
la noche y su evidencia,
los rasgos del futuro
con voz inexorable
del que lo sabe todo.
Desde el aire
No reconozco la palabra
que desdeña la voz del viento,
ni soy mirada de otros ojos,
tacto de manos que someten
las caricias al dictado de otro dios.
Admiro la impaciencia
del día por alcanzar la noche,
la llaga que quiere ser herida
la honda por despedir la piedra
y busco las rutas del amor
entre la carne.
Soy guardián de las mañanas que ciegan
las puertas al invierno
y avientan las cenizas
en el cuerpo de la historia.
Soy de vivir cada día
en el filo del aire.
jueves, 7 de abril de 2011
Tres nuevos poemas de Chema Barredo Viudés en 'Marea'
Ciudades nocturnas
Despierta la ciudad, se despereza
y la noche agota el tiempo,
se deshace entre cuerpos y neón,
los restos de la fiesta
o los pasos de algún borracho anónimo,
grupos de adolescentes que vuelven de la noche
en el primer autobús, tipos sin hora
que buscan el amor de las mujeres
con la sonrisa en desgastados labios.
La noche esconde
los cuerpos en la ciudad nocturna,
sólo impostura de la nada
que pierde todo el brillo con la luz.
Hay sombras que se desvanecen solas.
Hay calles que no entregan su tesoro fácilmente,
guardan secretos de ciudad que ampara
preguntas sin respuestas
¿dónde la felicidad?
no en esa apariencia de alegría
que se prodiga en varias formas,
monedas de la farsa que intercambian entre todos,
palabras, cuerpos, lentejuelas
se confunden con luces
y con sombras entre el humo
que desprenden las alcantarillas,
y alguna rata que cruza sin mirar
en la noche, mapas del amanecer,
los restos de mentiras compasivas.
No hay respuesta a las preguntas,
el brillo de la noche no es eterno,
no hay secretos en las calles, todos saben
que es la hora, no su hora, todos mienten
en las rutas de geometría fugaz
y se pierden en portales
donde se ama una pareja antes de que salga el sol,
en las plazas sin consuelo y en cualquier
banco del parque se desarman las madejas
que se enredan cada noche donde nadie
es casi nada sin el brillo de una copa,
en la nocturna ciudad que nos ampara
a todos. Sin preguntar por qué.
En la sombra se disuelve la razón,
canción de amor, sólo canción que envuelve
las calles de ciudad oscurecida.
Extraño tono de misericordia.
Poderosa influencia de los astros
Últimos días, pronto serán recuerdo
del verano que se consume,
el sopor de la tarde y esa extraña sensación,
indolencia, que no alivian las horas
ni esa luz, que se agota poco a poco,
de un septiembre al que no le queda vida.
Salir al sol, recorrer el camino
y sentarme en una roca,
frente a la valla de piedra que traza
una línea uniforme,
las sombras de unos fresnos
dibujan geometrías y el sueño
me ronda algún instante,
como bebida que gratifica y me dejo vencer,
acunado por la dulce somnolencia
de una brisa que aún es cálida.
Que empuja el avance de las nubes.
Anuncian la inminencia de otro tiempo,
sombrío, fiel a la cita.
Estaciones que se renuevan,
noventa días estériles, nada más
o quizás sólo es
la poderosa influencia de los astros.
Sombras en la piedra
Los nombres escritos en la piedra
aguardan su momento,
el día en que alguien les pronuncie
y entone la voz grave,
recite esos nombres que ya nada proponen
a la vida y el viento escarba entre las letras
con áspera caricia.
Son nombres escritos, rendijas en la roca,
cenizas del tiempo y su lenguaje.
Nombres grises de piel descolorida,
sombras sin fechas ni señales
que no han permanecido
indemnes a la luz y que golpea la lluvia
con monótono repique de salmodia,
con el vago silencio del olvido.
Despierta la ciudad, se despereza
y la noche agota el tiempo,
se deshace entre cuerpos y neón,
los restos de la fiesta
o los pasos de algún borracho anónimo,
grupos de adolescentes que vuelven de la noche
en el primer autobús, tipos sin hora
que buscan el amor de las mujeres
con la sonrisa en desgastados labios.
La noche esconde
los cuerpos en la ciudad nocturna,
sólo impostura de la nada
que pierde todo el brillo con la luz.
Hay sombras que se desvanecen solas.
Hay calles que no entregan su tesoro fácilmente,
guardan secretos de ciudad que ampara
preguntas sin respuestas
¿dónde la felicidad?
no en esa apariencia de alegría
que se prodiga en varias formas,
monedas de la farsa que intercambian entre todos,
palabras, cuerpos, lentejuelas
se confunden con luces
y con sombras entre el humo
que desprenden las alcantarillas,
y alguna rata que cruza sin mirar
en la noche, mapas del amanecer,
los restos de mentiras compasivas.
No hay respuesta a las preguntas,
el brillo de la noche no es eterno,
no hay secretos en las calles, todos saben
que es la hora, no su hora, todos mienten
en las rutas de geometría fugaz
y se pierden en portales
donde se ama una pareja antes de que salga el sol,
en las plazas sin consuelo y en cualquier
banco del parque se desarman las madejas
que se enredan cada noche donde nadie
es casi nada sin el brillo de una copa,
en la nocturna ciudad que nos ampara
a todos. Sin preguntar por qué.
En la sombra se disuelve la razón,
canción de amor, sólo canción que envuelve
las calles de ciudad oscurecida.
Extraño tono de misericordia.
Poderosa influencia de los astros
Últimos días, pronto serán recuerdo
del verano que se consume,
el sopor de la tarde y esa extraña sensación,
indolencia, que no alivian las horas
ni esa luz, que se agota poco a poco,
de un septiembre al que no le queda vida.
Salir al sol, recorrer el camino
y sentarme en una roca,
frente a la valla de piedra que traza
una línea uniforme,
las sombras de unos fresnos
dibujan geometrías y el sueño
me ronda algún instante,
como bebida que gratifica y me dejo vencer,
acunado por la dulce somnolencia
de una brisa que aún es cálida.
Que empuja el avance de las nubes.
Anuncian la inminencia de otro tiempo,
sombrío, fiel a la cita.
Estaciones que se renuevan,
noventa días estériles, nada más
o quizás sólo es
la poderosa influencia de los astros.
Sombras en la piedra
Los nombres escritos en la piedra
aguardan su momento,
el día en que alguien les pronuncie
y entone la voz grave,
recite esos nombres que ya nada proponen
a la vida y el viento escarba entre las letras
con áspera caricia.
Son nombres escritos, rendijas en la roca,
cenizas del tiempo y su lenguaje.
Nombres grises de piel descolorida,
sombras sin fechas ni señales
que no han permanecido
indemnes a la luz y que golpea la lluvia
con monótono repique de salmodia,
con el vago silencio del olvido.
jueves, 31 de marzo de 2011
Tres nuevos poemas de Chema Barredo Viudés en 'Marea'
Ensayo de ceguera
A salvo de cualquier significado,
sin límites, sin un lugar concreto,
lejos del aire cotidiano
que habita la razón
soy huella que olvida la memoria.
Renuncio a todas las palabras
que me aten, a la voz
y vuelo como pájaro en invierno,
confuso sin la luz,
sin rastro de senderos
ni surcos que dejan
un rastro imperceptible.
El leve movimiento
de la hoja en la rama,
el sonido del agua que renueva
su curso, el tiempo y su destino
no se detienen.
Señales que persisten.
Procuro ensayos de ceguera
más allá de los nombres.
Tan lentamente
Todo transcurre lentamente,
la última gota que se desprende de una rama
haciendo de un momento eternidad,
el brote de las hojas
que se anuncian bajo el sol.
El hilo del aliento en el invierno
y el miedo de las sombras en la noche.
Con que parsimonioso avance cruza el mundo
ante los ojos y apenas marca su trayecto,
placidez que dibuja la vida.
Todo es demora en el camino
y nada sale a nuestro encuentro,
somos cautivos de los días,
no cabe resistencia,
pausados días
que resuelven las horas sin premura.
Certezas
Te cuento, hay tres lunas,
los prodigios revelan
el secreto más incierto
y el diamante puede dividirse en dos.
¿acaso es imposible
prescindir del invierno?
Tampoco hay calendarios
que muestren un viaje al infinito,
cuaderno donde escribir la historia,
no hay signos y las horas de lluvia
desafían al tiempo,
sin embargo abres las ventanas,
dispones la partida.
Te amparan las luces,
no son más que promesas
que intentas dar un nombre
y el vuelo,
el vuelo es una trampa
sin mapas ni resumen
pero te mueve el olor del viaje.
Hunde los remos en el agua,
divisamos Icaria.
A salvo de cualquier significado,
sin límites, sin un lugar concreto,
lejos del aire cotidiano
que habita la razón
soy huella que olvida la memoria.
Renuncio a todas las palabras
que me aten, a la voz
y vuelo como pájaro en invierno,
confuso sin la luz,
sin rastro de senderos
ni surcos que dejan
un rastro imperceptible.
El leve movimiento
de la hoja en la rama,
el sonido del agua que renueva
su curso, el tiempo y su destino
no se detienen.
Señales que persisten.
Procuro ensayos de ceguera
más allá de los nombres.
Tan lentamente
Todo transcurre lentamente,
la última gota que se desprende de una rama
haciendo de un momento eternidad,
el brote de las hojas
que se anuncian bajo el sol.
El hilo del aliento en el invierno
y el miedo de las sombras en la noche.
Con que parsimonioso avance cruza el mundo
ante los ojos y apenas marca su trayecto,
placidez que dibuja la vida.
Todo es demora en el camino
y nada sale a nuestro encuentro,
somos cautivos de los días,
no cabe resistencia,
pausados días
que resuelven las horas sin premura.
Certezas
Te cuento, hay tres lunas,
los prodigios revelan
el secreto más incierto
y el diamante puede dividirse en dos.
¿acaso es imposible
prescindir del invierno?
Tampoco hay calendarios
que muestren un viaje al infinito,
cuaderno donde escribir la historia,
no hay signos y las horas de lluvia
desafían al tiempo,
sin embargo abres las ventanas,
dispones la partida.
Te amparan las luces,
no son más que promesas
que intentas dar un nombre
y el vuelo,
el vuelo es una trampa
sin mapas ni resumen
pero te mueve el olor del viaje.
Hunde los remos en el agua,
divisamos Icaria.
jueves, 24 de marzo de 2011
Tres nuevos poemas de Chema Barredo Viudés en 'Marea'
Tacto en invierno
La lógica del tiempo clausurada,
las fotos en la mano,
el álbum es sólo una disculpa,
luego hablamos de nosotros
en diez minutos breves,
o en una tarde entera
como un pulso. Un mal combate
entre dos nombres sin ceñirse
al argumento que está escrito.
El fuego se agita
cuando esquivas el guión.
Vuela el jersey sobre la calma,
un viaje con destino sospechado
y miras a las llamas de reojo.
En eso consiste una velada,
dos vasos de vino en el invierno.
Después la armonía se refugia
entre el calor de una manta,
plenitud sin murallas
que ofrece la bandeja de sabores,
que avisa campanadas de silencio
y el tacto se hace cuerpo
en el viaje hacia el sur.
El cuadro se dibuja,
lo único tangible los dedos en la piel.
Tu piel a fuego lento.
Cuando la niebla
Cuando la niebla deje de ser niebla
seré catedral estrecha y alta,
perfume de oriente
si hallo la fórmula, secretos
de alquimia sin la niebla,
las huellas del coloso, la rabia seré
y la niebla sea lluvia,
pero lluvia no tormenta de azufre
ni hoguera del infierno,
espejo de tres luces y tres caras
seré sin niebla, azul de fuego,
semilla de amaranto,
diluvio sin fin cuando la niebla
sea sólo lluvia.
El tiempo de la lluvia
El tiempo de la lluvia es la mirada
y se adorna con secretos,
huellas del agua, sólo huellas
que disfrazan la ciudad.
La luz se pierde en laberintos,
señales que dibuja el día
pese al desdén de la calle
que vive prendida en los balcones,
porque la tarde es cielo adusto,
sin memoria y muere sin nostalgia,
porque los charcos brillan
y retienen su misterio
de balsas fugaces que nos asombran.
Porque la vida no es un viaje apresurado
que huye de las gotas
y alguien encuentra su momento
cuando mide la ciudad y su asfalto de charol.
El tiempo de la lluvia nos acoge
y los últimos pasos apenas dejan huecos.
Sólo rumores.
Gotean las paredes y acude la noche
que ahora finge silencio
mientras todos se abrazan, o duermen
entre sueños de lluvia
y es otro tiempo que nos muestra su presencia.
La lógica del tiempo clausurada,
las fotos en la mano,
el álbum es sólo una disculpa,
luego hablamos de nosotros
en diez minutos breves,
o en una tarde entera
como un pulso. Un mal combate
entre dos nombres sin ceñirse
al argumento que está escrito.
El fuego se agita
cuando esquivas el guión.
Vuela el jersey sobre la calma,
un viaje con destino sospechado
y miras a las llamas de reojo.
En eso consiste una velada,
dos vasos de vino en el invierno.
Después la armonía se refugia
entre el calor de una manta,
plenitud sin murallas
que ofrece la bandeja de sabores,
que avisa campanadas de silencio
y el tacto se hace cuerpo
en el viaje hacia el sur.
El cuadro se dibuja,
lo único tangible los dedos en la piel.
Tu piel a fuego lento.
Cuando la niebla
Cuando la niebla deje de ser niebla
seré catedral estrecha y alta,
perfume de oriente
si hallo la fórmula, secretos
de alquimia sin la niebla,
las huellas del coloso, la rabia seré
y la niebla sea lluvia,
pero lluvia no tormenta de azufre
ni hoguera del infierno,
espejo de tres luces y tres caras
seré sin niebla, azul de fuego,
semilla de amaranto,
diluvio sin fin cuando la niebla
sea sólo lluvia.
El tiempo de la lluvia
El tiempo de la lluvia es la mirada
y se adorna con secretos,
huellas del agua, sólo huellas
que disfrazan la ciudad.
La luz se pierde en laberintos,
señales que dibuja el día
pese al desdén de la calle
que vive prendida en los balcones,
porque la tarde es cielo adusto,
sin memoria y muere sin nostalgia,
porque los charcos brillan
y retienen su misterio
de balsas fugaces que nos asombran.
Porque la vida no es un viaje apresurado
que huye de las gotas
y alguien encuentra su momento
cuando mide la ciudad y su asfalto de charol.
El tiempo de la lluvia nos acoge
y los últimos pasos apenas dejan huecos.
Sólo rumores.
Gotean las paredes y acude la noche
que ahora finge silencio
mientras todos se abrazan, o duermen
entre sueños de lluvia
y es otro tiempo que nos muestra su presencia.
martes, 8 de marzo de 2011
Tres poemas más de la 'Marea' de Chema Barredo Viudés
Hojas secas
Sospecho cuando el tiempo se detiene
entre nosotros, sospecho de tus ojos
porque mido las palabras
y un salto en el vacío
no es peor que urdir otra mentira.
Las horas son paisaje
que se escapa y ya no duelen,
es sólo tiempo
que mide el aire de un adiós
aunque la piel dibuje primaveras
en surcos del otoño.
Las manos no saben la verdad,
amores de ida y vuelta, desencanto
y supongo que no nos queda nada
más que el miedo de pronunciar un nombre
que ya nos sabe a poco.
Amor que no atraviesa
las puertas que cerramos cada día.
Las calles de la noche
Todas las calles de la noche
convergerán en una
cuando surjas del fondo
y caigan las murallas.
Eres la copa imprevisible.
Después aguardaremos a las horas suspendidas
que duran un segundo,
amores de fortuna,
labios de frenesí
que azuzan las manos, o la mirada.
Hay que beber sin prisa,
la calle es sólo nuestra.
Sabremos que la luz de las farolas
será una mecha verde,
los árboles cobijo
en el desierto,
el beso una linterna
y el grito de noctámbulos
canción de madrugada.
Posiblemente
Posiblemente es tarde,
a qué dudarlo,
posiblemente el vino no fue el mejor,
yo tampoco estuve brillante,
tú, con las prisas, estropeaste
la noche que prometía otra cosa,
algo para recordar, un domingo
memorable de sabor a piel.
Posiblemente el traje,
la luz seguro, la música,
esa canción no le iba nada
a ese momento,
ni las palabras que cruzamos.
Entonces quise mostrarme canalla
pero no me dejaste avanzar,
no hay culpables, sólo explotó la tormenta
aunque llovía sobre mojado.
Inmóviles los cuerpos,
los labios ayer no respondieron.
Posiblemente es tarde para seguir
con una historia que nace muerta
hablar de amor, posiblemente,
ya no merece la pena.
Posiblemente ayer fue lunes,
domingo no, seguramente.
Sospecho cuando el tiempo se detiene
entre nosotros, sospecho de tus ojos
porque mido las palabras
y un salto en el vacío
no es peor que urdir otra mentira.
Las horas son paisaje
que se escapa y ya no duelen,
es sólo tiempo
que mide el aire de un adiós
aunque la piel dibuje primaveras
en surcos del otoño.
Las manos no saben la verdad,
amores de ida y vuelta, desencanto
y supongo que no nos queda nada
más que el miedo de pronunciar un nombre
que ya nos sabe a poco.
Amor que no atraviesa
las puertas que cerramos cada día.
Las calles de la noche
Todas las calles de la noche
convergerán en una
cuando surjas del fondo
y caigan las murallas.
Eres la copa imprevisible.
Después aguardaremos a las horas suspendidas
que duran un segundo,
amores de fortuna,
labios de frenesí
que azuzan las manos, o la mirada.
Hay que beber sin prisa,
la calle es sólo nuestra.
Sabremos que la luz de las farolas
será una mecha verde,
los árboles cobijo
en el desierto,
el beso una linterna
y el grito de noctámbulos
canción de madrugada.
Posiblemente
Posiblemente es tarde,
a qué dudarlo,
posiblemente el vino no fue el mejor,
yo tampoco estuve brillante,
tú, con las prisas, estropeaste
la noche que prometía otra cosa,
algo para recordar, un domingo
memorable de sabor a piel.
Posiblemente el traje,
la luz seguro, la música,
esa canción no le iba nada
a ese momento,
ni las palabras que cruzamos.
Entonces quise mostrarme canalla
pero no me dejaste avanzar,
no hay culpables, sólo explotó la tormenta
aunque llovía sobre mojado.
Inmóviles los cuerpos,
los labios ayer no respondieron.
Posiblemente es tarde para seguir
con una historia que nace muerta
hablar de amor, posiblemente,
ya no merece la pena.
Posiblemente ayer fue lunes,
domingo no, seguramente.
martes, 22 de febrero de 2011
Poemas de Chema Barredo en 'Marea'
El pozo amable
El final del teorema,
por fin tu boca
cuando el milagro nos sorprende,
apoteosis en sombra, piel sobre piel.
La mano avanza entre la tela,
zona de sueños profanada
y el misterio se hace luz,
los sueños exploran la hondura
del pozo más secreto.
Todo el enigma entre las rocas
de unas piernas, medianoche con sol
y no amanece.
Horas furtivas, de amor las horas,
algarabía del metal
frente a la carne de metal
que cruje. Chirrían los costados
de dos locomotoras
que chocan sin hacerse un arañazo.
En el nocturno cuadrilátero,
libar del pozo más amable.
Es demasiado tarde
Es demasiado tarde
para que vuelva el sol de medianoche,
o descubrir la cara oculta
del deseo. Tarde para medir
el precio del amor y las rutas de la carne,
la distancia que separa dos voces,
el color de la vida sin esquinas.
Para extender la cuerda de tus brazos
ya es tarde. En otros he dormido
con ecos del insomnio,
sin dejar huellas.
Y busco disfraces como piel
cuando leo tu nombre escrito
en la pared del laberinto.
Es demasiado tarde
para volver a casa
si el sueño es un suspiro,
si el tiempo es una hora,
si sólo nos empuja algún recuerdo.
Futuro
Mañana es la hora que amanece
en tu boca sin remedio, luego buscas
el alivio de la farsa, inventas
la disculpa que ya me sabe a miedo
y vuelves por la noche
cuando el cielo más se asombra
de las horas y duerme.
Mañana es la palabra que mejor conozco,
la pronuncias despacio,
siempre tuya,
siempre ajena
de mi, de nosotros, en el aire.
Futuro sin rumbo en los días que me roban
el sueño, si es que hubo, del tiempo
que no nos pertenece.
Mañana es el silbido de las balas
en batalla de invierno prematuro,
el prólogo de nunca
y puntos suspensivos,
lluvia en suelo mojado
y destino de todas las promesas.
El final del teorema,
por fin tu boca
cuando el milagro nos sorprende,
apoteosis en sombra, piel sobre piel.
La mano avanza entre la tela,
zona de sueños profanada
y el misterio se hace luz,
los sueños exploran la hondura
del pozo más secreto.
Todo el enigma entre las rocas
de unas piernas, medianoche con sol
y no amanece.
Horas furtivas, de amor las horas,
algarabía del metal
frente a la carne de metal
que cruje. Chirrían los costados
de dos locomotoras
que chocan sin hacerse un arañazo.
En el nocturno cuadrilátero,
libar del pozo más amable.
Es demasiado tarde
Es demasiado tarde
para que vuelva el sol de medianoche,
o descubrir la cara oculta
del deseo. Tarde para medir
el precio del amor y las rutas de la carne,
la distancia que separa dos voces,
el color de la vida sin esquinas.
Para extender la cuerda de tus brazos
ya es tarde. En otros he dormido
con ecos del insomnio,
sin dejar huellas.
Y busco disfraces como piel
cuando leo tu nombre escrito
en la pared del laberinto.
Es demasiado tarde
para volver a casa
si el sueño es un suspiro,
si el tiempo es una hora,
si sólo nos empuja algún recuerdo.
Futuro
Mañana es la hora que amanece
en tu boca sin remedio, luego buscas
el alivio de la farsa, inventas
la disculpa que ya me sabe a miedo
y vuelves por la noche
cuando el cielo más se asombra
de las horas y duerme.
Mañana es la palabra que mejor conozco,
la pronuncias despacio,
siempre tuya,
siempre ajena
de mi, de nosotros, en el aire.
Futuro sin rumbo en los días que me roban
el sueño, si es que hubo, del tiempo
que no nos pertenece.
Mañana es el silbido de las balas
en batalla de invierno prematuro,
el prólogo de nunca
y puntos suspensivos,
lluvia en suelo mojado
y destino de todas las promesas.
martes, 15 de febrero de 2011
'Marea', poemario de Chema Barredo Viudés
Restos de la hoguera
El ruido convoca los silencios
y el amor de madrugada despierta
a deshoras, orilla de los labios.
Renuncia el tiempo a la medida.
Las huellas que se pierden en la espalda
ya no son huellas, sólo desorden,
cadenas en las manos
que no aprisionan nada,
caminos cuesta arriba
en busca del tesoro prometido,
el olor del cabello, la piel.
Espacio para descubrir las horas.
La raya que traspasa la impaciencia
concede un hueco al arrebato.
La carne cuando choca con la carne
se deshace. Después sólo veremos
humo, los restos de la hoguera.
Urgencia
Sólo es urgencia del abrazo
que me lleva hasta tu cuerpo,
cuando la noche se hace brisa
y todo huele a calma.
Es la rutina de las horas
que dictan la costumbre.
Se guían las manos
en canal de la ruta sospechada
donde siempre vuela el tiempo
y la mirada es cómplice.
La luz no se detiene.
El norte, que todo rumbo olvida,
es sólo esfera
que gira como péndulo,
o como agua que fluye,
facultad de los amantes
cuando están alineados los planetas
sin tiempo definido.
Alas de plomo
No saben reír
a pesar de los felices cumpleaños,
o del tiempo que retrasa su carrera,
nunca sucede nada
sobre el cuerno de abundancia
de las horas que son rocas,
y no sucede nada
debajo de los besos de un domingo,
ni al lado de las fotos
que decoran el salón,
ni de cada mirada.
Ella, él, alas de plomo.
Nunca sucede nada
detrás del comentario satisfecho
en el sofá que les acoge,
la vida no molesta su rutina
de un norte puntual con los horarios,
sólo la eternidad como testigo
en la escena que nunca se alborota,
ni se conmueve, mecida en el silencio
y la distancia exacta de las manos.
Y no sucede nada en la quietud
de noches sin milagro,
de días que se agolpan
y encadenan, nada ocurre
en esa placidez que se prolonga,
de no ser, de nada ser
en una geografía que recorren
con los ojos cerrados.
Sin cielo que refleje cualquier nube.
El ruido convoca los silencios
y el amor de madrugada despierta
a deshoras, orilla de los labios.
Renuncia el tiempo a la medida.
Las huellas que se pierden en la espalda
ya no son huellas, sólo desorden,
cadenas en las manos
que no aprisionan nada,
caminos cuesta arriba
en busca del tesoro prometido,
el olor del cabello, la piel.
Espacio para descubrir las horas.
La raya que traspasa la impaciencia
concede un hueco al arrebato.
La carne cuando choca con la carne
se deshace. Después sólo veremos
humo, los restos de la hoguera.
Urgencia
Sólo es urgencia del abrazo
que me lleva hasta tu cuerpo,
cuando la noche se hace brisa
y todo huele a calma.
Es la rutina de las horas
que dictan la costumbre.
Se guían las manos
en canal de la ruta sospechada
donde siempre vuela el tiempo
y la mirada es cómplice.
La luz no se detiene.
El norte, que todo rumbo olvida,
es sólo esfera
que gira como péndulo,
o como agua que fluye,
facultad de los amantes
cuando están alineados los planetas
sin tiempo definido.
Alas de plomo
No saben reír
a pesar de los felices cumpleaños,
o del tiempo que retrasa su carrera,
nunca sucede nada
sobre el cuerno de abundancia
de las horas que son rocas,
y no sucede nada
debajo de los besos de un domingo,
ni al lado de las fotos
que decoran el salón,
ni de cada mirada.
Ella, él, alas de plomo.
Nunca sucede nada
detrás del comentario satisfecho
en el sofá que les acoge,
la vida no molesta su rutina
de un norte puntual con los horarios,
sólo la eternidad como testigo
en la escena que nunca se alborota,
ni se conmueve, mecida en el silencio
y la distancia exacta de las manos.
Y no sucede nada en la quietud
de noches sin milagro,
de días que se agolpan
y encadenan, nada ocurre
en esa placidez que se prolonga,
de no ser, de nada ser
en una geografía que recorren
con los ojos cerrados.
Sin cielo que refleje cualquier nube.
martes, 8 de febrero de 2011
'Marea', poemario de Chema Barredo Viudés
Cuando vuelva, vuele, viaje
Será desde ese instante,
más lejos que la luz y su renuncia
a la memoria,
al otro lado de ese tiempo
que a veces nos separa,
que a veces nos propone otro disfraz
cuando busque la sombra de unos labios
que retienen mi nombre,
cuando vuelva,
o vuele,
o viaje
sobre el rito impetuoso
y las horas se hagan plenitud.
Indicios
Por qué ese lunes con sabor
de madrugada fría,
las horas que son nada
y el roce de miradas como niebla.
Por qué callamos?.
Y ese cielo de plomo
que sólo tiene dudas,
o la distancia entre los cuerpos
y los días sin fin,
sin apariencia.
A qué fingir con las manos
el juego de los ciegos,
de las trampas.
Por qué esa mentira de más,
o llegar tarde al tiempo
de puertas que se cierran,
de no subirnos
al último viaje que se inicia.
Me aguarda
La mujer que me aguarda
cada día, con la cesta de cerezas
apoyada en su regazo
urde horas en el telar del tiempo,
cubre el hueco de la ausencia
sin que medie la noche,
gira el cuerpo con el vuelo de los pájaros
y mira desde el fondo de los ojos
porque me aguarda.
Me aguarda y yo sólo lo sé.
Será desde ese instante,
más lejos que la luz y su renuncia
a la memoria,
al otro lado de ese tiempo
que a veces nos separa,
que a veces nos propone otro disfraz
cuando busque la sombra de unos labios
que retienen mi nombre,
cuando vuelva,
o vuele,
o viaje
sobre el rito impetuoso
y las horas se hagan plenitud.
Indicios
Por qué ese lunes con sabor
de madrugada fría,
las horas que son nada
y el roce de miradas como niebla.
Por qué callamos?.
Y ese cielo de plomo
que sólo tiene dudas,
o la distancia entre los cuerpos
y los días sin fin,
sin apariencia.
A qué fingir con las manos
el juego de los ciegos,
de las trampas.
Por qué esa mentira de más,
o llegar tarde al tiempo
de puertas que se cierran,
de no subirnos
al último viaje que se inicia.
Me aguarda
La mujer que me aguarda
cada día, con la cesta de cerezas
apoyada en su regazo
urde horas en el telar del tiempo,
cubre el hueco de la ausencia
sin que medie la noche,
gira el cuerpo con el vuelo de los pájaros
y mira desde el fondo de los ojos
porque me aguarda.
Me aguarda y yo sólo lo sé.
martes, 1 de febrero de 2011
Poemas de Chema Barredo pertenecientes a 'Marea'
El sol avanza
Aleteo de caricias en la carne,
ceremonias de sabor en el abrazo
que mueren en los labios.
Hierve la piel bajo el vestido,
hierven las manos.
Juegan las partes a buscarse,
se encuentran detrás de la mirada
el punto que sospechan.
Cruzan de norte a sur,
con la respiración del alborozo.
Sabor de luz entre tinieblas
en las cuevas del tesoro.
Manos de ciego sobre pliegues
de la luna, no dejan resquicio
a la medida de las sombras.
Cadencia de sabores que se arquean
en el aire iluminado.
Después, el sol avanza.
Me llegará el veneno
Me llegará el veneno
de tardes que han perdido su misterio
y no son nada.
Del silencio de las horas
me llegará el sonido,
la memoria de tu piel,
el tacto del frío entre las manos
y el cielo en soledad
que apunta directo al corazón.
Me llegarán los ecos
de los pájaros que huyen,
y ahora que no estás
del sabor de caricias.
Del ruido de oleaje que se anuncia.
Cenizas
Ofreces el perfil más invisible,
los ángulos, las sombras,
apenas las aristas
que anidan en tu rostro como letra
de canción que nace muerta.
Amargo sabor de madrugada.
Te vistes poco a poco,
la noche se rebela
y llueven
cenizas en el cielo de noviembre.
Hay manos que no encuentran su camino
cuando cierras la mirada,
sin luz en la escena ya no quedan momentos
y el nombre,
tu nombre, se hace intolerable,
telón de hierro, sonrisa de madera
que pronto arderá en el corazón.
Aleteo de caricias en la carne,
ceremonias de sabor en el abrazo
que mueren en los labios.
Hierve la piel bajo el vestido,
hierven las manos.
Juegan las partes a buscarse,
se encuentran detrás de la mirada
el punto que sospechan.
Cruzan de norte a sur,
con la respiración del alborozo.
Sabor de luz entre tinieblas
en las cuevas del tesoro.
Manos de ciego sobre pliegues
de la luna, no dejan resquicio
a la medida de las sombras.
Cadencia de sabores que se arquean
en el aire iluminado.
Después, el sol avanza.
Me llegará el veneno
Me llegará el veneno
de tardes que han perdido su misterio
y no son nada.
Del silencio de las horas
me llegará el sonido,
la memoria de tu piel,
el tacto del frío entre las manos
y el cielo en soledad
que apunta directo al corazón.
Me llegarán los ecos
de los pájaros que huyen,
y ahora que no estás
del sabor de caricias.
Del ruido de oleaje que se anuncia.
Cenizas
Ofreces el perfil más invisible,
los ángulos, las sombras,
apenas las aristas
que anidan en tu rostro como letra
de canción que nace muerta.
Amargo sabor de madrugada.
Te vistes poco a poco,
la noche se rebela
y llueven
cenizas en el cielo de noviembre.
Hay manos que no encuentran su camino
cuando cierras la mirada,
sin luz en la escena ya no quedan momentos
y el nombre,
tu nombre, se hace intolerable,
telón de hierro, sonrisa de madera
que pronto arderá en el corazón.
martes, 25 de enero de 2011
Más poemas de Chema Barredo de su poemario 'Marea'
Fronteras
Sabes que alguien llega cada día
a lugares que están fuera de los mapas,
que ya son el pasado
y otro alguien sin motivo lo abandona,
sin rastro, ni recuerdo
de lugares que no son más que humo.
Tú siempre permaneces como roca inamovible,
como poste que marca la frontera
y no quieres jugar con el destino
ni apuestas al futuro que no existe,
ni acudes a tu cita con la suerte.
Eliges la belleza de los signos
inmóvil a la puerta
de lugares ocultos, el hueco de la nada
que no figura en mapas
ni donde el tiempo dicta su sentencia.
Animal herido
Has cerrado las puertas de la noche
porque se termina y en la casa,
sumergida en la sombra,
sólo quedan rescoldos del calor,
ojos que ya son aire,
fotos de ayer y un violento deseo
que recoge tu aliento,
tabaco, vino, alguna miseria
de la que te despojas.
También de la ropa
y al laberinto oscuro de los sueños
te entregas,
incontenible avaricia de carne
que no es tuya,
dudas que son mentiras
porque mañana ya es hoy.
Apenas unas horas y amanece
pero a la noche, otra más,
no le has robado ninguna promesa
y son diez, son cien noches
las que llevas midiendo
rutas equivocadas.
Y volverán de nuevo,
horas de soledad, silencio,
cada noche renueva su presencia,
la casa está vacía y lo sabes
por eso te refugias en ti mismo.
Como un animal herido.
Sabes que alguien llega cada día
a lugares que están fuera de los mapas,
que ya son el pasado
y otro alguien sin motivo lo abandona,
sin rastro, ni recuerdo
de lugares que no son más que humo.
Tú siempre permaneces como roca inamovible,
como poste que marca la frontera
y no quieres jugar con el destino
ni apuestas al futuro que no existe,
ni acudes a tu cita con la suerte.
Eliges la belleza de los signos
inmóvil a la puerta
de lugares ocultos, el hueco de la nada
que no figura en mapas
ni donde el tiempo dicta su sentencia.
Animal herido
Has cerrado las puertas de la noche
porque se termina y en la casa,
sumergida en la sombra,
sólo quedan rescoldos del calor,
ojos que ya son aire,
fotos de ayer y un violento deseo
que recoge tu aliento,
tabaco, vino, alguna miseria
de la que te despojas.
También de la ropa
y al laberinto oscuro de los sueños
te entregas,
incontenible avaricia de carne
que no es tuya,
dudas que son mentiras
porque mañana ya es hoy.
Apenas unas horas y amanece
pero a la noche, otra más,
no le has robado ninguna promesa
y son diez, son cien noches
las que llevas midiendo
rutas equivocadas.
Y volverán de nuevo,
horas de soledad, silencio,
cada noche renueva su presencia,
la casa está vacía y lo sabes
por eso te refugias en ti mismo.
Como un animal herido.
martes, 18 de enero de 2011
Nuevos poemas de Chema Barredo pertenecientes a 'Marea'
Las horas quietas
El tiempo equivocado
son horas quietas,
polvo y tu tiempo es sólo miedo,
lluvia de acero
entre alas que baten sin un norte.
¿qué buscan las aves en invierno
si el tiempo es de papel?
los días olvidan la memoria
si buscas tu destino
en el tiempo equivocado,
la nada sin respuesta a tus preguntas,
humo que se deshace
porque vuelas sin luz.
El tiempo interrumpido
olvida los colores,
no sabe de ti.
En febrero los pájaros no vuelan.
Flores de plástico
En la mañana de un noviembre sin luz,
casi sin cielo sobre un cortejo breve
te acompañamos al viaje de regreso.
Apenas tres amigos,
un luto apresurado.
Te has ido sin querer,
la suerte te mostró su gesto amargo
y al jugar, las noches de insomnio,
encontraste tu nombre
escrito en la ruleta.
Y tú no lo sabías,
jamás sembraste tiempo
ni supiste elegir entre caminos,
te daban miedo y has buscado el más breve.
La vida siempre te pareció muy larga.
No quedará ni el mito.
Después te olvidaremos,
serás tan sólo nube
o foto que reposa en un estante,
más tarde un eco de la niebla
porque ya estás al otro lado
y junto a ti, sujetas a tu nombre,
a unas fechas crecerán
flores de plástico.
La mirada de los gatos
No esquives la mirada de los gatos,
las sombras que se cruzan
sin destino, la lluvia intermitente
detrás de los cristales.
Tampoco rehúses
las horas de la noche.
Será tu hogar un día.
Será miel en la calle,
el faro sin hoguera
que puede buscar en cualquier tiempo,
caminos que se adentren
más lejos que el futuro.
Pregunta a los planetas,
antes de que se acaben
los años del mercurio.
Confía en los astros,
no estás sólo.
Acecha los pasos del gato,
se mueve con pereza
pero es sabiduría.
Atiende a las señales de la nube.
El tiempo equivocado
son horas quietas,
polvo y tu tiempo es sólo miedo,
lluvia de acero
entre alas que baten sin un norte.
¿qué buscan las aves en invierno
si el tiempo es de papel?
los días olvidan la memoria
si buscas tu destino
en el tiempo equivocado,
la nada sin respuesta a tus preguntas,
humo que se deshace
porque vuelas sin luz.
El tiempo interrumpido
olvida los colores,
no sabe de ti.
En febrero los pájaros no vuelan.
Flores de plástico
En la mañana de un noviembre sin luz,
casi sin cielo sobre un cortejo breve
te acompañamos al viaje de regreso.
Apenas tres amigos,
un luto apresurado.
Te has ido sin querer,
la suerte te mostró su gesto amargo
y al jugar, las noches de insomnio,
encontraste tu nombre
escrito en la ruleta.
Y tú no lo sabías,
jamás sembraste tiempo
ni supiste elegir entre caminos,
te daban miedo y has buscado el más breve.
La vida siempre te pareció muy larga.
No quedará ni el mito.
Después te olvidaremos,
serás tan sólo nube
o foto que reposa en un estante,
más tarde un eco de la niebla
porque ya estás al otro lado
y junto a ti, sujetas a tu nombre,
a unas fechas crecerán
flores de plástico.
La mirada de los gatos
No esquives la mirada de los gatos,
las sombras que se cruzan
sin destino, la lluvia intermitente
detrás de los cristales.
Tampoco rehúses
las horas de la noche.
Será tu hogar un día.
Será miel en la calle,
el faro sin hoguera
que puede buscar en cualquier tiempo,
caminos que se adentren
más lejos que el futuro.
Pregunta a los planetas,
antes de que se acaben
los años del mercurio.
Confía en los astros,
no estás sólo.
Acecha los pasos del gato,
se mueve con pereza
pero es sabiduría.
Atiende a las señales de la nube.
martes, 11 de enero de 2011
Nuevos poemas de Chema Barredo en su libro 'Marea', el editor nos perdone
Duerme a los pies de los caballos
Duerme a los pies de los caballos,
en el sueño de la nube
y guarda la mirada
al abrigo de las sombras,
en el rastro lento del tiempo
que deja algún desconocido.
Cierra los surcos que señalan
los pájaros,
su vuelo es el desorden.
Condena la memoria
y busca el oro de la ausencia.
Recita los nombres escritos
en la vana geometría del espacio
y espera que la piedra se doblegue.
Enemigo en casa
Prometes que abrirás ventanas
a la luz, que expulsarás
las sombras del último rincón
y de vuelta al paraíso buscas
tu cita con la suerte,
pero tienes enemigos en tu alcoba
que duermen junto a ti
todos los días,
te silban la canción del guerrero derrotado
y tú escuchas los rumores de la noche,
al reloj que los mece y te advierte
en esa habitación oscura.
Tienes el tiempo en la cabeza
y duerme junto a ti, se abraza
con la áspera caricia del invierno,
tienes el miedo que lo sabe
y disfraza tu cuerpo cada día.
Llámalo muerte
Lo que llamas el final
te digo que es la muerte,
te digo que es la huella, los dientes en la piel
y avisa del futuro.
Si huyes el viaje será corto,
los pájaros lo saben
y vuelan en círculos,
lo saben los astros, el fuego,
la diagonal que cruza nuestra vida.
Todos presumen que su tiempo
son granos de arena entre los dedos.
Descubre el epitafio.
La música sospecha
y cierra la función con una nota breve
que deja vacío el escenario
y sólo nos queda un epílogo imposible,
gritar en la memoria, en el pasado.
No existe el infinito,
ni luces que no se apaguen nunca,
ni pactos con las sombras,
todos los libros, las palabras
traducidlas en signos.
Lo que llaman la paz definitiva
te digo que es la muerte.
Duerme a los pies de los caballos,
en el sueño de la nube
y guarda la mirada
al abrigo de las sombras,
en el rastro lento del tiempo
que deja algún desconocido.
Cierra los surcos que señalan
los pájaros,
su vuelo es el desorden.
Condena la memoria
y busca el oro de la ausencia.
Recita los nombres escritos
en la vana geometría del espacio
y espera que la piedra se doblegue.
Enemigo en casa
Prometes que abrirás ventanas
a la luz, que expulsarás
las sombras del último rincón
y de vuelta al paraíso buscas
tu cita con la suerte,
pero tienes enemigos en tu alcoba
que duermen junto a ti
todos los días,
te silban la canción del guerrero derrotado
y tú escuchas los rumores de la noche,
al reloj que los mece y te advierte
en esa habitación oscura.
Tienes el tiempo en la cabeza
y duerme junto a ti, se abraza
con la áspera caricia del invierno,
tienes el miedo que lo sabe
y disfraza tu cuerpo cada día.
Llámalo muerte
Lo que llamas el final
te digo que es la muerte,
te digo que es la huella, los dientes en la piel
y avisa del futuro.
Si huyes el viaje será corto,
los pájaros lo saben
y vuelan en círculos,
lo saben los astros, el fuego,
la diagonal que cruza nuestra vida.
Todos presumen que su tiempo
son granos de arena entre los dedos.
Descubre el epitafio.
La música sospecha
y cierra la función con una nota breve
que deja vacío el escenario
y sólo nos queda un epílogo imposible,
gritar en la memoria, en el pasado.
No existe el infinito,
ni luces que no se apaguen nunca,
ni pactos con las sombras,
todos los libros, las palabras
traducidlas en signos.
Lo que llaman la paz definitiva
te digo que es la muerte.
martes, 28 de diciembre de 2010
Poemas de 'Marea', libro de Chema Barredo Viudés
Hombre pájaro
Con alas de hombre pájaro
te cubres, los sueños de madera
y el equipaje breve,
con sombras del viento que no vuela contigo.
Extraño dios en los altares
con alas de hombre pájaro
a quién entregarás tu suerte.
El mismo que desarma
las nubes, los flecos del sol,
el dueño de la luz que te ilumina
los viajes que ocultan su destino.
No te desprendas de unas alas.
La fosa más profunda
jamás te hará invisible a su tutela,
por más que te escondas,
por más que huyas hacia el norte
el hombre pájaro te aguarda
y cuando seas aire,
se elevará a tu altura.
El que se llama niebla
El que se llama niebla
y memoria y la luz, el dueño
del poema ciego que habla de ti,
de llaves y de puertas,
del viento y su mensaje en el filo
de la vida a la que algunos se asoman.
El que te ofrece tiempo
por si lo necesitas.
El que pasea gatos persas a lomos
de unicornios, busca en las nubes
y canta en una esquina
la canción de los viejos derrotados
y en las fiestas que duran siete noches,
el que no admite preguntas
ni adora ningún dios, ni revisa las cartas
que predicen el futuro.
El que poda los brotes en el mármol
de los escaparates,
el hombre murciélago en el reino
de los peces, la sombra
del sabor a pecado,
la foto de ti mismo si no quieres verte,
el que guía cuando falta la luz,
el más audaz que sobrevuela
la delgada línea roja.
No es un sueño, existe. Le esperas.
Después de la batalla
Descansa bajo el puente
donde construyen nidos
los pájaros del norte,
donde has encontrado tu casa
después de la batalla
y crecen las sombras y la voz
en la orilla secreta del invierno.
Duerme en los días breves
que protege la piedra,
la urgencia ya no es tuya.
Hazlo en el suelo de bronce
que olvida la derrota,
al abrigo del cauce
donde el agua se vierte sin medida
ni la edad incalculable del futuro.
Con alas de hombre pájaro
te cubres, los sueños de madera
y el equipaje breve,
con sombras del viento que no vuela contigo.
Extraño dios en los altares
con alas de hombre pájaro
a quién entregarás tu suerte.
El mismo que desarma
las nubes, los flecos del sol,
el dueño de la luz que te ilumina
los viajes que ocultan su destino.
No te desprendas de unas alas.
La fosa más profunda
jamás te hará invisible a su tutela,
por más que te escondas,
por más que huyas hacia el norte
el hombre pájaro te aguarda
y cuando seas aire,
se elevará a tu altura.
El que se llama niebla
El que se llama niebla
y memoria y la luz, el dueño
del poema ciego que habla de ti,
de llaves y de puertas,
del viento y su mensaje en el filo
de la vida a la que algunos se asoman.
El que te ofrece tiempo
por si lo necesitas.
El que pasea gatos persas a lomos
de unicornios, busca en las nubes
y canta en una esquina
la canción de los viejos derrotados
y en las fiestas que duran siete noches,
el que no admite preguntas
ni adora ningún dios, ni revisa las cartas
que predicen el futuro.
El que poda los brotes en el mármol
de los escaparates,
el hombre murciélago en el reino
de los peces, la sombra
del sabor a pecado,
la foto de ti mismo si no quieres verte,
el que guía cuando falta la luz,
el más audaz que sobrevuela
la delgada línea roja.
No es un sueño, existe. Le esperas.
Después de la batalla
Descansa bajo el puente
donde construyen nidos
los pájaros del norte,
donde has encontrado tu casa
después de la batalla
y crecen las sombras y la voz
en la orilla secreta del invierno.
Duerme en los días breves
que protege la piedra,
la urgencia ya no es tuya.
Hazlo en el suelo de bronce
que olvida la derrota,
al abrigo del cauce
donde el agua se vierte sin medida
ni la edad incalculable del futuro.
martes, 21 de diciembre de 2010
Chema Barredo publicó 'Marea'
Octubre cerrará la última puertaLas hojas en el suelo de la calle
son testigos de un traspiés, dos,
alguno más delataría que vacila
nuestro paso. Las sillas en el bar
quedaron boca arriba.
Y entonces advertimos
que Octubre cerrará la última puerta.
Alguien sospecha que buscamos
imposibles, la foto de los años
que volaron, humo lejano,
el sol de cada día que es rutina,
palabras que nos mientan
y fingimos carreras
en un coche que no es nuestro,
vivir la vida en un instante,
restar algún año en el carné.
Pero sabemos bien
que sólo nos queda la risa
que descorcha la tercera botella,
después nada,
no queremos una noche
en que la verdad incomode
porque nos espera la calle
y prometí pagar la última,
o dos más aunque Octubre acelere, sí.
Mañana es veinte,
no pises las hojas en el suelo.
Octubre cerrará la última puerta.
El río
He vuelto a leer tu libro.
Dicen que se parece a un buen tratado
de geografía humana.
El río lo atraviesa, sin fronteras,
fluye entre las hojas como un protagonista
y modela las tierras, la gente
que habita sus orillas,
el tiempo detenido. Se ve muy claro.
Quizás te inspiraste en aquel viaje
de no hace tantos años,
el gran canal varado entre la historia
royendo la piedra con el agua.
A un lado los turistas y el bullicio, al otro
los vecinos, inmersos en su vida cotidiana,
dos mundos diferentes y en medio nosotros,
tercos con la foto de ángulo imposible
en uno de los puentes,
el más famoso, nunca recuerdo el nombre.
Isla sin oficio
Te vas y antes de irte
ya sueñas con hacerlo,
la vida siempre busca su aire
más allá de distancias
que son humo y enfrentas el camino
sin mirar el asfalto.
Ser isla sin oficio,
sin causa,
torrente, viento libre y te vas
en busca del tiempo que fue tuyo,
de la promesa sutil,
con hambre de selva,
con el vuelo bajo
y sin medir el norte
de un nuevo septiembre
que muestre
donde habitan los viajes.
No hace demasiado, fue el 7 de junio que Chema me envió su poemario por email. Pero al descubrir su libro en el escritorio de mi PC, como tantas tareas y placeres que uno guarda en los lugares más dispares de su disco duro, me ha parecido que hacía siglos que debía abordar su lectura. Comprende, Chema, que el final del curso, que las oposiciones que menos mal que no aprobé (con lo mal que está la enseñanza...), que las lecturas de los mestros (como Ortega y Platón) que uno se debe, que la vuelta al cole, que proyectos nuevos, que, que, que... Finalmente, hoy, anteayer para el lector (como si importara este detalle), aquí he llegado, y con gusto Chema. Tanto, que aquí comienzo a mostrar tu poemario por estricto orden sin intención de saltarme ni un sólo verso. Si no estás de acuerdo, házmelo saber. Mientras tanto, las 21 horas (de España) de los miércoles son tuyas. Gracias.
domingo, 6 de junio de 2010
Gracias por vuestro verso, y por el retorno
Supone para mí un reconocimiento a mi labor con Poesía Abierta y un reconocimiento del valor de Poesía Abierta, el hecho de que cada vez (y con mayor frecuencia) son más los poetas que por iniciativa propia o a petición mía me comparten su obra (libros completos) para mi lectura y difusión en Poesía Abierta. En formato informático, por supuesto. Word o pdf. Gracias a todos.
Hace poquitas fechas el poeta mexicano Óscar Oliva (recogido en la antología 'Poesía en movimiento' a cargo de Homero Aridjis, José Emilio Pacheco y Octavio Paz), me escribió agradeciéndome que haya acogido su verso, y a la espera estoy de que me comparta su último libro. Por el momento se ha tomado la molestia de leer 'la cinta de moebius' y mencionar con agrado mi poema a Zenón de Elea, los respiraderos y la propia intención del poemario. Muchas gracias, Óscar. Ésta reciprocidad es un aliento muy importante a mi tarea.
Mi amigo Bruno di Benedetto, del que publiqué completo 'Country' en Poesía Abierta, y aquí lo sigues encontrando, tuvo la generosidad de compartirme de inmediato, allá por el mes de enero de este 2010, la noticia de su galardón (por 'Crónica de muertes dudosas') en el premio de la Casa de las Américas de La Habana. También el libro, por supuesto, del que en breve te compartiré contenido. Gracias, Bruno, por tu confianza.
Ha recuperado actualidad Bruno di Benedetto (después de que por tantos meses haya tenido ahí, en un cajón-carpeta su libro, perdona Bruno, pero sabes que así son las cosas, aún tengo lecturas pendientes de las que traje de Buenos Aires el pasado mes de julio) al internarme en la poesía panameña. ¿Por qué? Entre los jóvenes poetas panameños está Javier Alvarado, que en esta misma edición del premio Casa de las Américas de La Habana ha recibido una mención por su poemario 'Carta natal al país de los locos (poeta en Escocia)'. Javier ha accedido a a enviarme su libro, en el que ya estoy enfrascado, y mañana mismo empiezo a mostrarte su verso. Gracias, Javier.
Chema Barredo, antiguo lector de Poesía Abierta que recientemente ha sacado libro que ha estado firmando en la feria del libro de Madrid, ha quedado también en hacerme llegar en formato electrónico su obra. Gracias, Chema, la espero con ganas. Y gracias también por ayudarme con mi próxima mudanza (los libros me ocupan demasiado espacio, en formato electrónico me caben perfectamente en un disco duro externo de 500 gigas).
Otro amigo, Aarón García Peña, que tiempo ha que me compartió su 'Dios y sus cómplices'. Gracias, Aarón.
Otros desconocidos: Fernando Sáenz, editor de Libros del Aire, Óscar Saavedra, poeta chileno. Hasta un libro en francés he recibido, que en fin, lamentándolo mucho no puedo compartir: si alguien tuviera el gusto de traducirlo, podría hacer una selección y publicar algunos originales junto a sus versiones en español.
En fin, que gracias a todos. Daré cumplida cuenta de vuestro verso en el momento oportuno. Por ahora no vivo de esto, así que mi tiempo es limitado, pero estáis en mi afán.
Hace poquitas fechas el poeta mexicano Óscar Oliva (recogido en la antología 'Poesía en movimiento' a cargo de Homero Aridjis, José Emilio Pacheco y Octavio Paz), me escribió agradeciéndome que haya acogido su verso, y a la espera estoy de que me comparta su último libro. Por el momento se ha tomado la molestia de leer 'la cinta de moebius' y mencionar con agrado mi poema a Zenón de Elea, los respiraderos y la propia intención del poemario. Muchas gracias, Óscar. Ésta reciprocidad es un aliento muy importante a mi tarea.
Mi amigo Bruno di Benedetto, del que publiqué completo 'Country' en Poesía Abierta, y aquí lo sigues encontrando, tuvo la generosidad de compartirme de inmediato, allá por el mes de enero de este 2010, la noticia de su galardón (por 'Crónica de muertes dudosas') en el premio de la Casa de las Américas de La Habana. También el libro, por supuesto, del que en breve te compartiré contenido. Gracias, Bruno, por tu confianza.
Ha recuperado actualidad Bruno di Benedetto (después de que por tantos meses haya tenido ahí, en un cajón-carpeta su libro, perdona Bruno, pero sabes que así son las cosas, aún tengo lecturas pendientes de las que traje de Buenos Aires el pasado mes de julio) al internarme en la poesía panameña. ¿Por qué? Entre los jóvenes poetas panameños está Javier Alvarado, que en esta misma edición del premio Casa de las Américas de La Habana ha recibido una mención por su poemario 'Carta natal al país de los locos (poeta en Escocia)'. Javier ha accedido a a enviarme su libro, en el que ya estoy enfrascado, y mañana mismo empiezo a mostrarte su verso. Gracias, Javier.
Chema Barredo, antiguo lector de Poesía Abierta que recientemente ha sacado libro que ha estado firmando en la feria del libro de Madrid, ha quedado también en hacerme llegar en formato electrónico su obra. Gracias, Chema, la espero con ganas. Y gracias también por ayudarme con mi próxima mudanza (los libros me ocupan demasiado espacio, en formato electrónico me caben perfectamente en un disco duro externo de 500 gigas).
Otro amigo, Aarón García Peña, que tiempo ha que me compartió su 'Dios y sus cómplices'. Gracias, Aarón.
Otros desconocidos: Fernando Sáenz, editor de Libros del Aire, Óscar Saavedra, poeta chileno. Hasta un libro en francés he recibido, que en fin, lamentándolo mucho no puedo compartir: si alguien tuviera el gusto de traducirlo, podría hacer una selección y publicar algunos originales junto a sus versiones en español.
En fin, que gracias a todos. Daré cumplida cuenta de vuestro verso en el momento oportuno. Por ahora no vivo de esto, así que mi tiempo es limitado, pero estáis en mi afán.
miércoles, 5 de mayo de 2010
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