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lunes, 12 de noviembre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (48, y fin)

VERDAD Y MENTIRA

Decir la verdad en prosa es muy difícil, pero decirla en verso es casi imposible; la verdad en verso suena como un ripio.

La verdad se distingue de la mentira en que la verdad siempre parece una tontería, y la mentira solo lo parece cuando lo es.

La única ventaja de decir siempre la verdad sería que los hombres hablarían menos.

YO

Yo no doy malos ejemplos, pero los sigo.

Yo necesito a los demás y ellos me necesitan a mí, pero ellos son muchos y yo uno solo; o sea, que el equilibrio de mi vida de relación exige de mí una labor abrumadora.

Siempre repito las frases ajenas que me han gustado, por si algún día encuentro quien me las explique.

Sé muy bien lo que debería hacer si una vecina guapa me diera una cita a escondidas de mi santa mujer; pero no sé lo que haría.

Mi cultura personal consiste en saber más medicina que un profesor de idiomas y más historia que un jefe de estación.

O yo soy tonto o lo son los demás; desde el punto de vista humano me consuela más pensar que lo soy yo.

Creo que hay mujeres inteligentes y sanas y espero casarme con una de ellas; la que lo sea bastante para descubrirme.

Tengo buena opinión de la mujer, y si una mujer me abandona por otro hombre, creo que le prefiere y me resisto a creer que disimula.

Hago todo lo posible para no querer a las mujeres que me gustan y casi nunca lo consigo.

Me dicen que no he hecho nada en toda mi vida. ¡Claro! He tenido que deshacer tanto de lo que han hecho los otros, que no me ha quedado tiempo.

Cuando uno ha tenido la suerte de nacer inteligente, como yo, ha de procurar hablar siempre sin pensar lo que dice. Ya basta.

Yo sostengo siempre con firmeza mis propias convicciones y me molesta mucho tropezar con estos testarudos insoportables que sostienen las suyas.

Supongo que estoy dotado de buenos sentimientos porque quiero bien a muchos hombres a los que conozco a fondo.

Basta con observar a los otros para estar contento de uno mismo.

No oigo que los demás hablen mal de mí, y yo me veo con frecuencia obligado a hablar mal de ellos; suponiendo que todos somos sinceros, queda probada mi superioridad.

En mi casa soporto a mi mujer, y, en público, si no habla, también; pero cuando le oigo decir disparates preferiría que fuera la mujer de otro.

Nunca quiero ir a otra parte porque en donde estoy siempre tengo alguna misión que cumplir; la gente que tanto desea viajar nada tiene que hacer, naturalmente, en ninguna parte.

Debo a tres cosas mi posición económica independiente. Primero: a que nunca me he fiado de nadie. Segundo: a que no he sido vicioso ni jugador. Tercero: a que he tenido siempre presente que es mucho más difícil guardar el dinero que ganarlo. Tal vez hay una cuarta causa que he de tener en cuenta: mi padre, al morir, ya me dejó una posición económica independiente.

lunes, 5 de noviembre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (47)

TONTOS Y SABIOS

Hay dos clases de tontos: lo que hablan y los que callan; los segundos son más molestos, pero los primeros son más peligrosos porque uno tarda más en darse cuenta de su tontería.

De los tontos se puede hablar siempre porque nadie se da por aludido, y de los sabios también porque ellos no hacen caso de nuestras tonterías. ¡Benditos sean los tontos pues ellos son los únicos seres felices sobre la tierra! ¿QUé les importa ser tontos, si por lo mismo que lo son, jamás se darán cuenta?

La gracia de la sabiduría consiste en que toda sentencia, dicha con los términos invertidos, sea también verdad.

Para convencerse de que el número de los tontos es infinito, como dice el Eclesiastés, nada mejor que tratar a los hombres.

Los que llegados a una cierta edad confiesan que han sido unos tontos toda la vida tienen, en general, razón.

Ningún tonto se queja de serlo; no les debe de ir tan mal.

En los libros se arremete a menudo contra la tontería humana. Pero los libros los escriben los inteligentes y su ánimo contrario a los tontos es pura envidia; los inteligentes saben muy bien que solo los tontos son felices.

La inteligencia está mal repartida. Si se repartiera por un igual entre los hombre los hombres, algunos se verían libres de un gran peso, y lo poco que se añadiría a los otros no les perjudicaría.

La inteligencia de los hombres solo se conoce cuando hablan de lo que no entienden; hasta el más torpe sabe hablar de lo que ha aprendido bien.

Hay gente tan tonta que no entiende ni las tonterías.

TRABAJO

A todos nos gusta el trabajo cuando ya está hecho.

El trabajo no es el peor substitutivo de la vida; pero embrutece como si lo fuera.

La ociosidad es tan productiva como el trabajo porque los trabajadores rinden el doble cuando un ocioso les contempla.

Solo el trabajo consuela de no tener nada que hacer, y solo el estar sin hacer nada consuela de la obligación de trabajar. Pero hay que reconocer que saber estar sin hacer nada es una prueba de madurez y de perfección. ¿Quién es capaz de hacer estar a un niño sin hacer nada?

Pocas veces Roma ha canonizado a un trabajador; la mayoría de los santos han sido contemplativos.

El que trabaja con las manos es un obrero; el que trabaja con las manos y la cabeza es un artesano; el que trabaja también con el corazón es un poeta; y si además trabaja con los pies es un deportista. Más lejos no se puede ir.

lunes, 29 de octubre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (46)

PADRES E HIJOS

Los padres, al tratar de los niños mal educados, tienen siempre la atención de referirse a los ajenos.

un niño siempre es más inteligente de lo que creen sus vecinos y menos inteligente de lo que creen sus padres.

En el conflicto de las generaciones siempre, a la larga, ganan los jóvenes; porque los viejos se mueren antes.

Cuando los niños piden una cosa solo hay dos soluciones: dársela o no dársela; con ambas soluciones se llega al mismo resultado, que los niños, a los diez minutos, piden otra cosa.

Dos padres bastan para encauzar a doce hijos; y un hijo basta para desencauzar a dos padres.

Los hijos tienen porvenir, pero no tienen pasado; esta feliz circunstancia facilita mucho el trabajo de educarlos.

Los niños son un bien para sus padres; y con ellos se aprende a no desear los bienes ajenos.

Hasta a los padres feos les halaga más que sus hijos se les parezcan a ellos, que no que se parezcan a otro.

Cada uno de los padres se da cuenta de la razón que tiene el hijo cuando el conflicto es entre el hijo y el otro padre.

PERROS

No tener perro no es en ningún caso una defensa contra los perros; porque siempre son los perros ajenos los que nos molestan.

Los perros que ladran, no muerden; pero para nuestra seguridad hace falta que tampoco muerdan los perros que no ladran.

Un hombre vagabundo suele tener perro y un perro vagabundo nunca tiene hombre; en esto se diferencian.

Nadie se enfada con su perro si molesta a otra persona; pero todos se enfadan con la otra persona si no sabe aguantar las impertinencias del perro.

Nadie aguantaría de un amigo lo que le parece natural que los amigos aguanten de su perro.

El perro es tal vez despreciado por los otros animales, precisamente por culpa de su amistad con el hombre.

Los hombres alaban la destreza de sus perros que les devuelven una piedra que ellos tiran lejos; lo raro sería que se la comieran.

La naturaleza del hombre es más adaptable que la del perro; el perro nunca consigue parecerse a su dueño, y el hombre acaba muchas veces por parecerse a su perro.

Si el perro de tu amigo te muerde y te quieres vengar, muerde a tu amigo; los perros están muy duros.

lunes, 22 de octubre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (45)

HUÉSPEDES

Los huéspedes nos proporcionan siempre, por lo menos, una satisfacción: la de irse.

El huésped que ha sido invitado es un hombre tímido que no ha sabido decir que no; solo el huésped que se ha invitado a sí mismo es un héroe.

Si es cierto que el hombre solo se divierte fastidiando al prójimo, el huésped en casa ajena es el ser más feliz de la creación.

MÚSICA

La música siempre merece capítulo aparte porque hace más ruido que cualquiera otra de las bellas artes. Mil cuadros en el interior de un museo no influyen en el hombre de la calle, pero un solo piano puede molestar a todos los vecinos del inmueble.

Oír música no es molesto; lo único molesto es que la música nos impida oír otra cosa al mismo tiempo.

No puede ser más clara la diferencia entre el ruido y la música; el ruido despierta a los que duermen, y la música duerme a los que están despiertos.

Hablar durante un concierto es inútil porque se lleva la de perder; siempre es la música la que suena más fuerte.

Por mucho que se hable de la música nunca se hará tanto ruido como los que la tocan.

¿Qué pensarían de nosotros si hiciéramos sin música lo que, al bailar, hacemos a su compás?

Los que se quejan, en los conciertos, de que los otros hablan en voz alta, no tienen en cuenta que si hablaran en voz baja con el ruido de la música no se oirían.

Hablar durante los conciertos es completamente inútil siempre que no se grite lo bastante para ahogar la música.

lunes, 15 de octubre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (44)

ENFERMEDAD

Todas las enfermedades atacan un poco la cabeza y por esto los enfermos se empeñan en saber exactamente lo que tienen, sin contar que, mientras no lo saben, pueden consolarse pensando que tienen otra cosa que les guste más.

Las enfermedades del corazón siempre son mortales, a la larga; se ha demostrado que todos los enfermos del corazón, aunque vivan cien años, mueren porque se les ha parado el corazón.

La medicina, como ciencia, será siempre tan moderna que nunca dirá la última palabra. La medicina, como arte, es muy antigua, y, como en todas las artes, el éxito depende siempre de la naturaleza del modelo.

En las clínicas las cosas van al revés: son los médicos los que deberían pagar a los enfermos para que se dejaran operar. Preguntaríais: ¿Cómo se ganarían entonces la vida los médicos? Y yo pregunto: ¿Cómo se la ganan ahora los enfermos?

Yo soy médico y, aunque apenas ejerzo mi carrera, sospecho por la experiencia que ya tengo que, si en vez de tratar siempre con enfermos, tratáramos con personas sanas, tendríamos mucho más éxito.

Hasta la gente que no cree en los médicos, cuando está enferma sigue sus consejos al pie de la letra; tal vez es para convencerse de que los médicos se equivocan siempre.

Es bueno comprar todo lo que recetan los médicos y es bueno no tomarlo; todos hemos de vivir.

FELICIDAD

En este mundo hay dos cosas igualmente importantes para la felicidad: no proponernos nunca una cosa determinada y hacer siempre aquello que nos hemos propuesto.

La felicidad es una cosa de la que se habla mucho, como el tiempo; y por mucho que se hable no se cambia nada, también como el tiempo.

La felicidad existe, desde el momento que tanto se habla de ella, y casi todo el mundo le conoce la cara; lo malo es que casi todo el mundo le conoce también la espalda.

La felicidad no existe, es cierto, pero hay tantos substitutivos que no vale la pena romperse la cabeza buscando la delicidad.

lunes, 8 de octubre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (43)

DEPORTE

Correr los cien metros en un segundo menos de tiempo que los demás mortales solo es realmente útil cuando al final de los cien metros hay algo que se puede gozar en un segundo, o sea, antes que lleguen los otros.

Saltar dos metros de altura solo tendría una utilidad práctica si uno pudiera quedarse a esta altura después del salto. Pero saltar para caer otra vez, es un esfuerzo inútil.

El golf es un deporte muy divertido con tal de que uno no se proponga meter la pelota en los agujeros.

Me parece que lo más difícil del rugby fue inventar la forma de la pelota; lo demás vendría solo.

Existen dos clases de deportes: los peligrosos para los jugadores y los peligrosos para los espectadores. Es raro que no se invente un deporte que sea peligroso para todos a la vez; sería más emocionante.

Para que dos boxeadores ganen mucho dinero pegándose es necesario que mucha gente pague para verles cómo se pegan.

Los boxeadores malos difícilmente se mejoran porque no se pueden entrenar sin grave quebranto para sus personas.

El público del boxeo tiene derecho a gritar; el de los conciertos, no, y a veces paga más. No se explica.

El salto más lento que dan las mujeres es para pasar de los treinta y nueve a los cuarenta; a veces están muchos años en el aire.

El atleta que llega el último a la meta corre, sin embargo, mucho mejor que todos los del público que le silban.

Hay dos clases de deportes: los que no sirven para nada y los que no sirven para nada; entre los dos hay otro tipo intermedio que tampoco sirve para nada.

lunes, 1 de octubre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (42)

DINERO

El dinero no da la felicidad, pero calma los nervios. La felicidad tampoco da dinero, pero también calma los nervios. O sea, que hay tres cosas difíciles de conseguir: el dinero, la felicidad y la calma de los nervios.

El dinero es lo único que compensa de no ser feliz: pero no sé si la felicidad también compensa de no tener dinero.

Si juegas, destina al juego una cantidad al sentarte a la mesa y procura perderla en seguida; esto no te impedirá ganar, si tienes la suerte de cara.

La pobreza es una virtud; pero nadie parece darse cuenta.

Ser pobre tiene sus ventajas; se acaba el dinero antes que el mes y se pasan algunos días sin gastar nada.

A los avaros no se les puede sacar dinero, pero se les hereda como a los otros; son como las huchas de barro que solo sueltan el dinero cuando se rompen.

Dar dinero es más barato que prestar dinero; pero lo más barato es recibirlo en cualquiera de las dos formas.

Sin dinero por una de las partes, por lo menos, no hay jamás una auténtica aventura de amor.

Los sueldos están bien; pero los meses son demasiado largos.

Es mejor prestar dinero a un hombre que dárselo a una mujer; el dinero está perdido en ambos casos, pero el hombre, en general, se contenta con el dinero.

lunes, 24 de septiembre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (41)

CRÍTICA DE LA VIDA

"Las cosas hay que pensarlas antes de hacerlas" dicen los viejos, y se equivocan porque, si se piensan antes, no se hacen; y si se piensan después uno se arrepiente de haberlas hecho. Las cosas no hay que pensarlas nunca. El pensar y el hacer han de ir, para ir bien, cada uno por su lado.

No digas a nadie "me han contado una cosa fea de ti" sin decirle cuál; le recordarás demasiadas cosas a la vez.

Procura decir a los hombres lo que ellos piensan aunque no sea lo que piensas tú; así nadie te llamará estúpido.

Todos estamos expuestos a cometer errores. La gravedad empieza cuando nos damos cuenta de haberlos cometido y los queremos enmendar. Y lo peor de todo es confiar el arreglo a otra persona.

Las entrevistas solo se resuelven bien a solas, porque ante la otra persona nunca se dice lo que se tenía pensado ni suceden las cosas como uno esperaba.

Muchos fracasos provienen de haber olvidado que las cosas solo se arreglan cuando están estropeadas del todo.

Es prudente hacer lo que a uno le gusta, mientras las consecuencias no le perjudiquen demasiado.

Si uno acepta el combate se expone a dos peligros: a salir malparado o a dejar malparado a otro. No, no; no hay que ser cobarde.

Para que nos den la razón basta sostener lo contrario de lo que pensamos y no advertirlo hasta que el otro nos dice: no, estás equivocado.

El que dice las verdades pierde las amistades, pero oye muchas verdades que le ayudan a conocerse a sí mismo.

El que pega primero pega dos veces, si pega bien; si ha pegado mal se expone a deslucir el refrán.

lunes, 17 de septiembre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (40)

MATRIMONIO (2, y fin)

Sobre el matrimonio no hay más experiencia que la propia; los solteros lo desconocen y los casados nunca dicen la verdad.

El matrimonio solo tiene quince días felices: los quince últimos días antes de casarse.

Solo el matrimonio con una persona determinada es la base de la felicidad; esta persona determinada no existe en ningún caso particular.

La única ventaja real de los solteros sobre los casados es que los solteros celebran las fiestas de familia en casa de otro.

El hombre se casa soñando en fundar un nido de amor en donde él y su mujer reinarán a la par hasta la muerte. A los pocos años los pajaritos invaden el nido y el hombre se hace socio de un casino.

La mujer tiene un sistema heroico para estar segura de que su marido no la engaña: engañarle ella y que él se entere. Entonces él provoca una escena y ella dice: "Tú también me engañas". Si él contesta con consideraciones filosóficas acerca de la distinta importancia de la infidelidad en el hombre y en la mujer, prueba que ha sido infiel. Si pone cara de inocente y pregunta: "¿yo?", prueba que la cara responde a la verdad y que es inocente. Después, que lo arregle el diablo.

Hay mujeres tan desagradables que uno desearía estar comprometido con ellas para serles infiel.

Solo puede ser feliz la mujer que quiere a su marido, porque la mujer solo es feliz atormentando al hombre y solo le gusta atormentar al hombre que ama.

Las mujeres se empeñan en tener un marido fiel, como si de esto dependiera su felicidad; y no se dan cuenta de que los maridos infieles se manejan mucho mejor.

El hombre que se casa con su amiga se puede consolar pensando que algunos se han casado con la amiga de otro y no les ha ido mal.

Comprendo que el hombre tarde unos veinticinco años en aprender a estar casado; pero no me explico cómo soporta durante tanto tiempo la presencia de una mujer incomodada por su torpeza de aprendiz.

lunes, 10 de septiembre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (39)

MATRIMONIO (1)

El matrimonio es el único gran disparate que se puede hacer en púbico con el beneplácito de dos familias.

Es lógico que el hombre casado hable mal del matrimonio; el matrimonio es la más alta escuela de educación espiritual y todos los niños, cuando se escapan un momento de la escuela, hablan mal del profesor.

El éxito en el matrimonio depende muchas veces del acierto que ha tenido el otro cónyuge en la elección.

Para quererse no hace falta hablar; para pelearse, sí. Por lo mismo, al decir que marido y mujer no tienen de qué hablar, se les calumnia.

A priori, no se puede decir que sea mejor casarse con una mujer joven. Si la cosa va bien, es mejor, porque así dura más. Pero si la cosa va mal, es mejor casarse con una mujer vieja, porque así dura menos.

Se puede ser feliz y aburrirse al mismo tiempo; hay muchos matrimonios felices y casi todos se aburren.

Nadie tan ingenioso para tergiversar las cosas como un marido y mujer dispuestos a reconciliarse; a excepción, desde luego, de un marido y mujer dispuestos a provocar una ruptura.

Aconsejar a un hombre que se case con una mujer guapa es como aconsejarle que se ahorque de un árbol; pero si la mujer es fea, vale más que se deje de comparaciones y se ahorque de verdad.

Casarse es como comprar dos butacas para el espectáculo de la vida; si los novios no prestan atención y se las dan separadas ya no tienen manera de juntarse hasta que ha caído el telón.

El matrimonio es una lotería en la que si uno gana le pagan con moneda falsa.

Para resolver con buen éxito un conflicto matrimonial ajeno, no basta ponerse de acuerdo con el marido y con la mujer. Hace falta que ellos dos, entre sí, se pongan de acuerdo.

El matrimonio es un naufragio en el que, a última hora, solo se salva el barco.

lunes, 3 de septiembre de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (38)

LA MUJER (3, y fin)

Las mujeres que fuman se diferencian de los hombres en esto y en todo lo demás.

La mujer que nos tiene intimidad nos confiesa que no sabe cuál es el peinado que le va mejor; creo que esta es una de las verdades que dice la mujer.

Hasta las mujeres que tienen muy desarrolado el instinto maternal se sienten halagadas si se les dice que parecen hermanas de sus hijas.

Las orquídeas son las flores que las mujeres agradecen más porque, aunque no entiendan en botánica, saben que son las más caras.

La principal emoción de una mujer pesada consiste en descubrir a otras que aun pesen más.

La personalidad de una mujer depende más del vestido que lleva que de las cosas que dice. Y es natural; todo el mundo la ve, pero son pocos los que la escuchan.

Las historias de las mujeres que no tienen historia pero tienen imaginación son exactamente iguales a las de las mujeres que tienen historia y no tienen imaginación. Y si tienen historia e imaginación a la vez y , además, son guapas y elegantes y se consigue que no hablen demasiado, su compañía es uno de los mejores encantos de la vida.

La mujer desea tener novio por impulso del corazón, y desea casarse para que los otros sepan que el novio no se ha burlado de ella.

El que pretende comprender a las mujeres, pierde el tiempo; se atreven a todo por uno y a última hora se casan con otro. Pero aún no he descubierto cuál de los dos se arrepiente más de no haberlas comprendido.

La mujer es como un libro que el que lo está leyendo no se atreve a recomendar para que no se lo pidan prestado; y cuando lo ha leído tampoco se atreve a ofrecerlo para que los otros no se den cuenta de que se ha equivocado en la elección.

Las mujeres, cuanto más nos imitan, menos se nos parecen. Una mujer vestida de hombre parece mucho más mujer. Pero un hombre vestido de mujer no parece más hombre. Sé que es así, pero ignoro la causa.

lunes, 27 de agosto de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (37)

LA MUJER (2)

Una señora, es un arrebato de sinceridad, me dijo: "Me apasiona todo lo que no entiendo". La traté y me pareció una mujer muy apasionada.

Todo lo que se dice del hombre se entiende siempre dicho de la mujer, pero todo lo que se dice de la mujer se entiende únicamente dicho de la mujer. Y es que la palabra "mujer" es verbo (acabado en er como los de la segunda conjugación). Verbo es palabra y la mujer, en honor de su nombre, no solo habla, sino que para evitar que los otros se lo critiquen, no les deja hablar a ellos.

La mujer, cuya naturaleza está hecha para el amor, no está hecha para comprender la naturaleza del amor.

Dijo un filósofo que la mujer ha de ser pequeña y fina, porque de las cosas malas cuanto menos mejor. La frase es ingeniosa, a pesar de su incorrección, y es posible que el filósofo estuviera casado con una mujer alta y gorda y se la dedicara.

La mujer, en general, es dura de pelar, y si se consigue pelarla, por dentro también suele estar dura.

Las mujeres de las que un amigo está profundamente enamorado ofrecen más garantía de bondad que otra; son como piezas de cerámica con la firma auténtica.

Una mujer fatal, si es guapa, tiene mucho ganado para cumplir con su deber.

Las mujeres fatales, si se enamoran, reservan toda su fatalidad para un solo hombre.

Las mujeres fatales no nos quieren, pero si nos toleran nos hacen mucha propaganda.

Muchas mujeres serían excelentes madres y esposas, si sus hijos y sus maridos se lo permitieran.

El ideal es una mujer callada; pero en la vida práctica se gana tiempo buscando una que tenga la voz bonita.

La mujer, en posición vertical inquieta; sentada inspira más confianza. Y así sucesivamente.

lunes, 20 de agosto de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (36)

LA MUJER (1)

[Nota del Editor: Al comienzo de cada sección hay un previo que he ido obviando, en este caso, a modo de justificación del autor, extraigo únicamente esta frase de Blas: "De las mujeres se ha de hablar, sea como sea. Lo único que ellas no perdonan es que se las olvide".]

El hecho de que una mujer bonita y sin compromiso se vea muy solicitada, demuestra dos cosas: que las mujeres, en general, son feas y que es cierta la conocida sentencia: "Las mujeres guapas y los perros de raza siempre tienen dueño".

El hombre necesita a la mujer, y la máxima sabiduría consiste en saberse contentar con la que buenamente encuentre.

Una mujer perfecta es aquella que ayuda con abnegación a su marido a soportar las calamidades que no habría conocido jamás de quedarse soltero.

Las mujeres son incomprensibles como lo es el álgebra para un gorila; que solo se la puede meter dentro si se come el libro.

Ninguna mujer se ha encontrado jamás a sí misma; aun en este caso tienen la mala costumbre de llegar tarde a la cita.

Las mujeres siempre tienen razón cuando hablan de otras mujeres; en eso son más inteligentes que nosotros.

Se adelanta más en el conocimiento del alma femenina leyendo novelas que tratando mujeres. Y lo raro es que tratando a los novelistas no se adelanta nada.

Las mujeres se parecen a las veletas; solo el moho las fija.

Todas las mujeres solteras tienen una época mala, que a veces dura desde que empiezan a no casarse hasta que acaban no casándose.

No conviene que la mujer sea más hermosa que tonta ni más tonta que hermosa; en el equilibrio está la perfección.

Si llamamos tonta a una mujer se enfada, naturalmente; pero si le citamos la frase de Walter Scott: "la mujer es un animal con los cabellos largos y las ideas cortas" solo protesta, en un alarde de cultura, para decir que nos hemos equivocado en el autor de la frase.

Las viudas jóvenes y bonitas solo tienen el inconveniente de haber estado casadas antes; pero esto no es nada comparado con los inconvenientes de las viudas viejas y feas.

lunes, 13 de agosto de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (35)

EL HOMBRE Y LA MUJER (3, y fin)

Me parece que los dos sexos están de acuerdo en una cosa: ambos desconfían de las mujeres.

El novio cree siempre que su novia gusta mucho más a los otros de lo que les gusta de verdad; el marido cree siempre que su mujer gusta mucho menos a los otros de lo que les gusta de verdad.

Los hombres, en materia de amor, difícilmente se entienden entre ellos; pero con la mujer no se entienden nunca.

Las mujeres feas son más peligrosas que las guapas; uno las teme menos, se confía más, cae en lo mismo y después se encuentra con una mujer fea dentro de su casa.

Las mujeres enamoradas descubren las cualidades de los hombres tontos; las que ya no lo están descubren los defectos de los sabios.

Encerrad a un hombre enamorado y solo lograréis exasperarlo; encerradle con la mujer que ama y, a la larga, se exasperarán los dos.

La falta de amistad entre el hombre y la mujer es condición indispensable para llegar a una separación amistosa.

Saber amar solo consiste, a la larga, en saber soportar con grandeza de ánimo las molestias que nos causa la presencia del ser amado.

El amor del hombre es un episodio más o menos pasajero en su vida; el amor de la mujer es su vida toda. Esto hace que el hombre y la mujer no estén de acuerdo en la sola cosa en la que han sido hechos el uno para el otro.

Lo primero que hace la mujer que amamos en silencio, si se entera, es romperlo.

Una mujer caída se levanta con más facilidad que un hombre caído; será porque pesa menos.

La unión de una mujer inteligente con un hombre tonto conduce al triunfo de la tontería; el hombre, para consolarse de su mujer, busca a una amiga tonta; y la mujer encuentra, para consolarse de su marido, otro hombre tan tonto como él.

En tres sitios deberían estar siempre separados los hombres y las mujeres: en el juego, en la bebida y en la ducha.

lunes, 6 de agosto de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (34)

EL HOMBRE Y LA MUJER (2)

Si un hombre pudiera cambiar la mujer con la amiga y esta con aquella, sería bastante feliz, por lo menos fuera de casa, con la mujer propia.

Soñar con una mujer hermosa es el consuelo de muchos hombres casados con una mujer hermosa.

Muchas mujeres intelectuales han fracasado como compañeras del hombre, porque cuando el hombre está cansado y necesita reposo, prefiere siempre un colchón a una enciclopedia.

Una mirada de inteligencia entre un hombre y una mujer puede ser una prueba de amor, pero no es siempre una prueba de inteligencia.

La bigamia y la monogamia se distinguen en una cosa esencial, pero coinciden en otra: en ambas instituciones sobra una mujer.

Cuando dos hombres hablan de una mujer de la que uno solo está enamorado, no pueden entenderse.

La única manera de conseguir que una mujer nos ame es inspirarle amor.

El hombre da la razón a la mujer cuando ella repite una frase que él ha dicho antes; y la mujer da la razón al marido cuando le duele la cabeza y no tiene ganas de discutir.

El hombre que a los veinte años no cree en la mujer, no tiene corazón; y el que sigue creyendo en ella a los cuarenta, no tiene entendimiento.

No es de extrañar que algunos enamorados, cuando están en el cine con la novia, olvidando sus deberes, miren el cine en vez de mirar a la novia; sobre todo si aún no han visto la película, porque a la novia, en general, ya la han visto otras veces.

A veces el hombre no puede dormir pensando en una mujer; pero siempre duerme perfectamente después de amarla y hasta procura soñar en otras cosas para olvidarla un poco.

A las mujeres que hemos amado una vez de cerca, las otras veces solo deberíamos verlas de lejos; y las que nos han gustado de lejos, no deberíamos verlas nunca de cerca.

Una mujer inteligente se aleja del marido el tiempo necesario para que él la eche de menos, pero no tanto como para que busque consuelo; lo difícil está en saber medir el tiempo sin error de menos ni de más.

lunes, 30 de julio de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (33)

EL HOMBRE Y LA MUJER (1)

Las mujeres se dividen en dos grupos: la propia y las ajenas. Si se sabe prescindir del segundo grupo, el problema de la mujer queda reducido a límites muy razonables.

Los hombres se consuelan con facilidad de todas las tonterías que dicen las mujeres bonitas, al pensar en las tonterías que dicen las mujeres feas.

La mujer nos acepta tal como somos siempre que nuestra manera de ser consista en aceptarlas a ellas tal como son.

Cuando un hombre está enamorado de una mujer, lo mejor que puede hacer es decírselo; y si quiere conservar todas sus ilusiones, no enterarse en ningún caso de lo que ella le conteste.

El ideal del hombre sería tener dos mujeres: una dentro de casa y otra fuera. Pero este ideal es difícil de realizar porque a él se oponen encarnizadamente dos mujeres: la de dentro y la de fuera.

Los hombres y las mujeres han nacido para quererse; pero no han nacido para vivir juntos.

A la larga, para defraudar a las mujeres basta, en general, con ser de cualquier manera.

Los hombres creen que las mujeres son peores que ellos, y ellas creen que son peores los hombres; pero ambos se equivocan.

El hombre busca consuelo en la mujer, pero no en lo que ella dice, sino en poder hacer de ello lo que bien le parece.

A todos nos desagrada que una mujer haga más caso de otro que de nosotros; pero nos consolamos bastante si la mujer se casa con el otro.

El hombre y la mujer se estorban más de día que de noche; sobre todo si de noche duermen.

Hay muchas soluciones de noche entre un hombre y una mujer; una de ellas es dormir.

Algún día creí que lo más difícil, al hablar con una mujer, era adivinar lo que ella quiere decir a través de lo que dice. Ahora sé que lo único difícil al hablar con una mujer es esto: hablar.

lunes, 16 de julio de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (32)

MANERA DE SER DEL HOMBRE EN GENERAL (4, y fin)

Cuando hemos dicho una cosa mala de otra persona, lo peor que puede sucedernos es que nos demuestren que nos hemos equivocado.

Los hombres cultos, en teniendo una tontería enrevesada que les llene la boca, ya no quieren más.

Los que no se quieren se dejan de querer más a gusto de cerca que de lejos.

Nos parece generoso que los demás se aprovechen de nuestra vida; pero a todos nos duele que los demás de aprovechen de nuestra muerte.

El que ne la madurez se arrepiente de todo lo que hizo en la juventud es, en general, más interesante que el que se arrepiente de lo que no hizo.

El hombre hace bien lo que hace solo (aunque esta no sea una regla general), pero los conjuntos, si no se ensayan antes, salen mal. Por lo mismo, la vida social suele ser un continuo fracaso. Si toda reunión fuese cuidadosamente ensayada bajo las órdenes de un buen director, la vida social progresaría rápidamente.

Si estuviéramos seguros de la impunidad cometeríamos muchos pecados; y si estuviéramos seguros de no aparecer ridículos cometeríamos muchas buenas acciones.

El hombre es un ser absurdo; ha nacido para hacer reír a sus semejantes y se divierte molestándolos.

A los espíritus independientes les humilla mucho saber que sus reacciones ya estaban previstas en el orden universal de la creación.

Estoy viendo que la personalidad consiste en conducirse, en cada caso, de una manera distinta de los otros; o sea, que en eso de tener personalidad hay que estar muy atento siempre. Es muy cansado.

A todos nos molesta, a veces, ser tal como somos; pero nos consolamos pensando que peor sería ser como otro cualquiera.

Lo malo de mucha gente no es su falta de ideas, sino su exceso de confianza en las pocas que tienen.

Muchos son los que dicen levantando el índice: "En el mundo hay una sola verdad". Y después sueltan una majadería cualquiera. De la verdad y de la mentira se habla con demasiada ligereza y pocos se dan cuenta de los verdaderos placeres espirituales que proporciona el depurado culto de la verdad, si se sabe alternar con el depurado culto de la mentira.

Hay quien no se queja nunca, quien se queja algunas veces y quien se queja siempre. En general todos tienen la misma opinión de los actos ajenos y de la desapacibilidad de las cosas. Pero los primeros cultivan la hipocresía, aunque sea en honor de la belleza de la forma; los segundos no saben a qué carta quedarse, y los últimos cultivan la sinceridad. Lo mismo hacen los campesinos: aunque la tierra y el estiércol sean los mismos, unos cultivan cebollas, otros berzas y otros remolacha.

Si uno dice: "Hace dos noches que no duermo", los otros exclaman: "¡Ah!" Si uno dice: "He dormido veinticuatro horas seguidas", los otros exclaman: "¡Ah!" Si uno dice: "Duermo nueve horas todas las noches", los otros exclaman: "¡Ah!" La única manera para hacer que los otros cambien de vocal es decir: "Tribo sibau enteli plis quiró". Entonces los otros preguntan: "¿Qué?"

lunes, 9 de julio de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (31)

MANERA DE SER DEL HOMBRE EN GENERAL (3)

Creemos que todo lo que nos dicen es mentira; pero basta que nos repitan una cosa para hacernos dudar; y que nos la repitan doce veces para que nos dejemos matar por ella.

No es cierto que nos molesten los defectos ajenos. Si no existieran, ¿de qué nos reiríamos?

Todos los hombres se parecen en su deseo de no parecerse a los otros.

La condición de los hombres no es mala; pero es un conjunto de falta de condiciones buenas.

El hombre es capaz de todo, hasta de ser tan inteligente y humilde como para confesar que ignora en absoluto las razones de sus actos.

Hay dos clases de sabios: los que demuestran que lo son y los que no lo demuestran; los segundos no tienen competencia.

El hombre que tiene un sentido equitativo de la distriubución de los bienes espirituales, desea la felicidad para sí mismo y la generosidad para los otros.

Hay dos clases de personas que inspiran una confianza natural: los desconocidos y aquellos a los que aún no se ha confiado nada.

A todos les gusta, cuando son felices, disponer de alguien de quien burlarse; si son desgraciados les gusta disponer de quien escuche sus penas. El hombre siempre necesita una víctima.

Solo un buen amigo es capaz de comprender que su presencia puede llegar a molestarnos.

Hasta los locos con inconsecuentes y de esto se valen para disimular su locura.

Cuando los hombres hablan y no tienen un tema de conversación determinado, se ponen siempre de acuerdo sobre la tontería ajena.

La principal ocupación de algunas buenas gentes consiste en buscar las faltas ajenas, y su principal placer es encontrarlas.

Encontrar una persona que esté enterada de algo es siempre una sorpresa.

lunes, 2 de julio de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (30)

MANERA DE SER DEL HOMBRE EN GENERAL (2)

El hombre generoso se desvela para perjudicar al prójimo y así tiene la impresión de que algún día el prójimo le dará ocasión de emplear a chorro su generosidad.

Los que tienen la manía de discutirlo todo, no siempre hablan por hablar; a veces sostienen lo contrario del que habló primero.

Muchos hombres que discuten acaloradamente, no llegan a un acuerdo porque el acaloramiento les impide darse cuenta de que todos sostienen la misma idea.

Los hombres son casi siempre lo que parecen. Esta observación no es original; alguien lo dijo al revés, así: los hombres parecen casi siempre lo que son. Le he dado la vuelta y ha ganado mucho. Creo que el que sabe dar la vuelta a una sentencia no es menos sabio que el que la inventó.

Los hombres sinceros solo mienten cuando hablan.

Solo el hombre que considera la soledad como el bien mayor, sabe tratar a los demás con sinceridad.

Una cosa satisface al hombre ante el espejo: que el espejo reproduzca su verdadera imagen. Y otra cosa le perturba: que el espejo reproduzca su verdadera imagen.

No nos gusta ver sufrir a los demás; nos basta con saber que se fastidian.

Hay dos clases de gente cuyo trato es un poco aburrido. Los que solo saben cosas que no entendemos y los que no saben nada de lo que entendemos nosotros.

Existen algunas personas a las que deberíamos subvencionar para que no hicieran nada, porque desde el momento que intentan hacer algo, otro se ha de tomar el trabajo de deshacerlo.

A los hombres les gusta hablar de sí mismos, pero como no tienen nada que decir se contentan con cumunicarnos que se han levantado a las nueve.

El instinto de fidelidad es innato en los hombres; y todos ellos sufren terriblemente de no poder satisfacer este instinto.

Mucha gente es sensible a los encantos de la naturaleza en verano, cuando uno de los principales encantos consiste en andar sin calcetines y sin corbata.

Los hombres que hacen las frases al derecho son tan propensos como otros a hacer las cosas al revés.

lunes, 25 de junio de 2012

'Observaciones y máximas de Blas', de Noel Clarasó (29)

MANERA DE SER DEL HOMBRE EN GENERAL

El hombre suele tener un gran corazón y una pequeña inteligencia, al revés de lo que él supone; y en vez de seguir los impulsos del corazón se confía a su miseria intelectual.

Los hombres civilizados y los que no lo son, se imitan mutuamente; pero ninguno consigue copiar la perfección del otro.

Cuando se conoce la existencia de una noticia y se teme que puede ser mala, se tiene tanta prisa por saberla como si se teme que pueda ser buena. No es seguro que el hombre se incline más al bien que al mal.

El hombre solo se ríe de los otros hombres y ese es el secreto de la sociabilidad. A todos nos gusta divertirnos.

Hay mucha gente que cuando ha de hacer algo, hace algo; aunque no sea exactamente lo que ha de hacer.

Cada uno tiene su carácter, aunque no lo ejerza.

A ningún hombre le extraña que las mujeres no se enamoren de otro hombre determinado, porque los hombres, entre ellos, se conocen muy bien.

Los hombres siempre son más tontos de lo que parecen.

Hay hombres que nunca dicen lo que quieren decir; no es difícil entender lo que dicen, pero es difícil entenderlos a ellos.

Los borrachos o los obcecados son los que se matan; los herederos son lo que desean la muerte de otro; los enemigos mortales son los que se desean mutuamente una larga vida para poderse seguir fastidiando.

Si todos fuéramos sabios, no se llegaría nunca, en las relaciones entre los hombres, a una situación dramática. Los protagonistas de los dramas, tanto en la vida real como en el teatro, siempre son tontos. Hay gente tan especializada en la tontería dramática, que llegan a dramatizar los más mimios incidentes; una piedra en el zapato, la muerte de un deudo, la pérdida de una fortuna o una gota de lluvia sobre un vestido nuevo.

Hay seres molestos y seres agradables; esto es cierto. Pero nuestros amigos no pertenecen todos a los últimos, ni nuestros enemigos a los primeros. Esto quiere decir que las razones de la amistad son independientes de la manera de ser la gente. Para ser amigo de otro basta con quererlo ser y considerarle como tal. Uno puede pelearse con sus amigos sin menoscabo de la amistad. El amigo no se puede definir y en esta imposibilidad estriba su profundo significado.

Todos sentimos el deseo ardiente de hacer algo para los demás, mientras no nos pidan nada.

Las personas que saben guardar un secreto son decepcionantes. Uno les confía una parte de sus fondos reservados a la caridad privada, y ellos los guardan en la caja fuerte de un banco.