Mostrando entradas con la etiqueta patrañas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta patrañas. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de junio de 2011

Un par de poemas de Alfredo Poyo

ME QUEDO CON TU SILENCIO

la elipse que trazan las flores
cuando se desvanece la alegría
el interior de un buzón con letra bancaria
una plaza cercada de banderas
en la cima de mástiles erectos
toboganes del silencio
por los que se arrastran los días
como suelas de indigente

brilla el filo del silencio
sobre la tarjeta del inem
decorando tu despensa
sobre una estela de lágrima
sobre tres llagas de coca
en la palma de un espejo

el silencio
muro estucado de aguijones
hemorragia sin vendaje
estatuas constructoras de la historia

retumban por el sótano de mis oídos
las botas recias del silencio
me desgarran elintestino
alcanzan el corazón
en un naufragio de sangre
entonces cierro los ojos
para ver cantar tus manos
fulgor de inocencia
cuando recoges tu pelo
y la tierra se amamanta
en la pensión de tu cuello


EPITAFIO PARA UN POETA

cuando el día ya visitado
se adorne de silencio
el cuerpo exhalará las palabras escritas
hacia un viaje por el tiempo

nómadas
libres

como el aliento que al golpear el aire
las calles de invierno dibujan
navegará el hálito indestructible de los versos
ofreciendo compañía

jueves, 2 de junio de 2011

Un par de poemas de Alfredo Poyo

ANSIEDAD

retumba la noche oscura
por las vertientes en niebla de tu cuerpo
mientras las farolas delatan en tus labios
la inseguridad que se esconde
tras el brillo de un piercing

las calles llevan casi todas
a locales pachangueros
santuarios del olvido
donde jóvenes y belleza son de humo
nuestros gestos aullidos

a las palabras las persigue el minotauro
buscan en el reflejo de un cristal de botella
la luz necesaria que ahuyente la negrura
pero el cristal empalidece
cuando me rozas la entrepierna
y el ron nos sumerge en bocanadas de dolor
el pedo y el baile como máscaras
la eyaculación unos voltios de lágrimas
una arqueta en la que se ahogan
los cuerpos y la noche
tus ojos y la tierra
las caricias sin amor

qué asco da la vida desde el vacío de las tripas
cuándo acertarás a sacar punta al del espejo
estoy cansado de perderme entre la noche
de sentirme débil por sus calles
decidme
si alguno de vosotros lo sabe
decidle cómo sentirse a gusto
con los días con las noches
con uno mismo cuando no está dormido


REENCUENTRO

los pasos no se atreven a correr
el corazón contiene un inminente alboroto
la sonrisa se va estirando
las manos tiemblan
la plaza enmudece
desaparece la tarde
el universo se reduce a tu presencia

y tú como yo
como dos niños ante un juguete nuevo
después de tantos años sin vernos
y justo antes de que estalle la alegría

jueves, 26 de mayo de 2011

Un par de poemas de Alfredo Poyo

como cuando la sed sobre la fuente
cuando hiervo en tu aliento me revivo


FOTOMATÓN


me extirparon la juventud a golpes de destierro
soy de la tierra en que pisan mis pies
rueda en camión de reparto
sobre la que el asfalto en sus ranuras
riza sendas misteriosas
que llevan al corazón

he leído en los surcos del espejo
las lágrimas de un hombre
tras las risas de los chupachups
campos de adormideras por mi cara
un velero siempre orzando
etapa tras etapa
norte sur o plutón

el tiempo quiere ser mi dueño
me pone arrugas cómo no
pero soy canción autista
el vehemente quejido de una viola
latiendo por los límites del viento
inaudible sin el alma
casi tan libre como el pío de un vencejo
sus notas son de papel de lija
sin más rumbo que la aspereza de los días
los bolsillos llenos de mis manos
y entre las manos cuatro cuentos
cerezas del poema de tu vientre

he nacido para ser lo que soy
el ahínco de una mirada
en la hora punta del autobús
que se escapa por la ventana
para escalar el horizonte

vomitar versos en mis huellas
que han afincado su patria
en los hoyuelos de tus mejillas
en tu sonrisa toma luz el sol
soy nómada de tus contornos
destino es fortaleza en nuestras manos
norte sur o plutón

jueves, 19 de mayo de 2011

'Cuando cae la noche', un poema de Alfredo Poyo

CUANDO CAE LA NOCHE

Cuando cae la noche acuden los monstruos
para educar a mi hijo.
Al afrontar el sueño
acechan garras y colmillos.
Cuando baje los párpados le atraparán.

Pertenezco al género de plantas que han crecido
bajo el llanto de una tierra arrasada,
donde el miedo a otro incendio
somete la paz de las raíces.
Cada noche rompo mi tallo de vegetal expectante,
las caricias sobre su frente
son el viento que disipa los temores de mi hijo.

Los monstruos saltan de la cama,
se abalanzan sobre mí clamando venganza,
rotundos como una bomba en la ciudad dormida.
Sus eructos huelen a niños padeciendo una guerra,
a víctimas de la voracidad.

Del alba nacerá la calma.
Revelados los escombros y la sangre,
los que no hayan muerto seguirán llorando,
germinarán sobre una tierra incendiada
dando plantas de tallo callado.

jueves, 12 de mayo de 2011

Algunos poemas de Emma de Coro

Para que no te pierdas
he pintado tu silueta
en el suelo
para que te tumbes en la arena
y pongas tu mano
sobre la mano que te he dibujado
y tu pierna izquierda
y tu pierna derecha.

Para que no te pierdas
y no tengas miedo
te he dibujado una cama
en la arena
un lecho de líneas
que pueda borrar
el viento o el agua.

Para que no te pierdas.

___________________

I

El día es un sueño indolente,
sordo a las olas que rompen en el casco.

He intentado hacer dos alas
con mil plumas, pero no vuelan
y los gritos que lanzo
son como piedras al vacío:
se quedan a medias de ser o no ser.

Mi voz es ahora silencio
aunque no deja de intentar
asomarse a la memoria.
Hasta mi mirada
es como un eco perdido
en el hueco insomne
que dejaron los ojos.

III

La tormenta dejó
gotas de lluvia sobre el océano.

En silencio, con los ojos vendados,
subimos a cubierta para recordar
el olor de las noches prohibidas.
Alguien nos habló de amores contrariados
y nuestras vidas volaron tras ellos.

Han venido tus besos
y tus lágrimas de la mano,
y tu presencia, que era ella sola
como un abrazo.
Ahora sé que tus caricias
son mis palabras,
en este diaro de a bordo
las veo correr por la senda
solitaria de los sentimientos huérfanos.
Y son presagio de Poesía,
promesa de tierra.

IV

He subidoa cubierta
a encontrarme contigo,
pero el cólera
había llenado de sillas
tu ausencia.

He tratado de encontrarte
en loe shuecos olvidados
pero sólo quedaban tus palabras,
tus canciones, bailando
en mi memoria,
huérfanos de la voz que las ame.

Alzo la vista
pero el cielo está lleno
de ventanas abiertas
por donde escapan los sueños.

miércoles, 9 de marzo de 2011

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (11)

Así dicho
Carmen Otegui frente a mí,
atenta y comprometida.
Así dicho, sin palabras o con tus ojos charlatanes,
lo que parecía cae en mi tierra y germina.
Así dicho, cuando aún no sabía pese a querer comprender,
me nutres al alejarme ya de tu sala
para gozar tu silencio, como de oráculo en recuerdo, cuando
salgo a la calle. Ya lo que era, es.
Ahora sé que lo otro no era nada, nada de nada, y
que es tan ancho como el mundo el hombre y
sin embargo todo es cercanía, o sea,
lo que conocemos en el principio.
Entonces me vuelve tu sonrisa, así
limpia, y no necesito más nada,
aunque espero, respiro, espero.
Aún es de día, ya todo luce para mí.

Esto que me ocurre y se escapa
Ahora lo sé, pero no quiero nombrarlo para ti,
sería el fin.
Lo que ya sé, para mí.
Aún no puedo mostrártelo, no del todo.
Instante en que te quiero y se escapa.

El nombre del vértigo
(o lo contrario)
El vértigo siempre aparece,
es un viaje mortal: cuando caes, ya lo que era, es.
Entonces, vuelta a empezar.
Lo cierto es que a pesar de todo amanece y
los nombres brillan como estrellas limpias,
enigmáticos en su cercana lejanía:
¿Tienen carne y hueso los nombres?
Deja que te mire, si me caes bien
puede que pronuncie el tuyo y durmamos al fin,
yo, que ni nombre ni carne ni hueso ahora,
ahora que vuelo extrañado.

miércoles, 2 de marzo de 2011

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (10)

Sólo
He venido hasta aquí
tentando mis límites, ahora,
a pesar del insomnio y la ceniza,
cuando amanece.
Tú me has mirado, más que eso,
has tocado mi mano y
un miedo que me atenaza desde siempre
se ha hecho caricia, y ¡te he deseado tanto!
cuando desapareces en la cocina.
Entonces he comenzado a prepararme
para intentar vivir una mañana más
soñando que voy a tu casa y me acaricias...
Todo esto que invento para no desesperarme,
que es sólo eso: soledad. Tú.

Martes
A veces me pasa,
trato de agarrar una rama, pero
aquí no hay árboles, me caigo.
Puede que esté mintiéndome,
poco importa cuando grito, así,
sin abrir la boca.
Poco me importas y a la vez
eres tú a quién me dirijo.
Me enciendo un cigarrillo y
caigo, ¿eres tú al fin?
Por supuesto que soy un tipo corriente,
nada se acaba aquí.
Fuera, los ruidos de siempre. Fuera.
No es esta la ocasión, ni siquiera sé
qué es lo que me desgarra y hunde.
Bien quisiera reír, otros días lo hago, pero
no es esta la ocasión, I’m sorry!

jueves, 24 de junio de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (9)

Donde te dejo
He venido hasta aquí,
he llamado a tu puerta vieja,
he abierto sin más como vine sin nada.
Nada es lo que necesito cuando estoy contigo,
todo son tus manos recias empuñando la sierra,
desmembrando el leño ahora
que estás aún más cerca de nada.
Todo, tu lloro seco por la hija muerta,
tu esfuerzo húmedo por acercarte ya,
inmediatamente, a todo,
que es sólo eso, el fin.
Tú, sentada a oscuras junto a fotos de muertos,
tú cocinando, tú paseando hasta la fuente...
Ahora es nada porque ya no quieres esto,
ni siquiera esto,
un coro de ruidos que antes te decían algo.
Treinta años esperándonos tras la puerta vieja
no es nada importante.
Restos, ruinas de un chamizo muerto
habitado tan sólo por un nombre
que se cuela en mi memoria:
¡Ni sé ya a qué saben tus ojos sobre mí
desde que huí!
Ahora, abuela, puedo nombrarte,
abrir la puerta vieja en sueños,
que es lo único que nos mantiene unidos.

Más allá
Si somos palabra, a mí que me arranquen la lengua.
No quiero ser más que esto que escucho,
tan sólo esto.
Aquella otra voz que confundo o mezclo
con la sonrisa de quien no conozco aún
pero me abraza dulcemente,
sé que algún día ocurrirá,
entonces será cierto que no hay palabra,
se hará el silencio, olvidado en horas, en días de ruido,
para al fin nombrarnos sin ellas: dentro.
Entonces, como digo,
ya no seremos nunca más los de antes,
¿quién lo querría?
Si somos palabra, a mí que me arranquen
de la boca de los necios,
¡ni siquiera mi nombre en sus bocas!
No deseo nada
del uso de poder, que pisa y
rompe el cristal de la copa,
ese instante que huye para que
lo recordemos aún más allá de lo que somos: nada.

jueves, 17 de junio de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (8)

De todo, esto
En la clínica psiquiátrica
Nuestra Señora de la Paz
¿Hay algo que decir?
Me falta el aire pero fumo con ganas.
Vuelvo a casa.
De todo lo que ocurre, he vivido vuestra locura hoy,
la que desgarra.
Fuera juegan los muchachos sanos, felices. Nada.
No hay motivo para que gritéis,
¿qué importa que otros lo hagan?
Ellos son los que desean morir,
¿quién dijo que somos un destino de muerte?
Presente es el amor quebrado, roto.
Observo y siento vuestro grito silenciado,
a duras penas audible tras estas paredes viejas.
No hay motivo para llorar,
las historias tristes también me gustan.
Estamos juntos, ¿qué otra cosa se os ocurre?

Cuando aún tu corazón late
Son tan frágiles los muros que nos separan
que resulta difícil quebrarlos.
Tú estás siempre ahí, al otro lado de mi espacio.
Te conozco por el murmullo que oigo a cada instante
e identifico como restos de ti.
Porque tú ya no eres tú, sino
lo que queda de ti en todos nosotros.
De eso saben en el CAMF, en el Pozo,
en todos los talegos, allí donde se indica el margen.
Eres libre, por eso andas arrastrándote,
llevas a tu espalda la carga de vidas ajenas,
de todas las vidas.
La tuya propia ya no es tuya en sí y
es tan ligera que cabe en uno de mis bolsillos.
De eso saben mis desvelos.

jueves, 10 de junio de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (7)

Y LO QUE VINO DESPUÉS

Los ojos del agua
¿Qué dolor es ese que busca ahora
el refugio en la teoría?
¡Qué ilusión en la palabra,
cuando jamás supe su significado!
De todas las noches de insomnio
me quedo con las horas tendido junto a vosotras,
de todas las orillas que llaman al náufrago desesperado
prefiero ese abismo de aguas revueltas
que son vuestros besos cálidos, sinceros
para no vivir sobre la arena seca,
para no ver ahogándose a mi compañero,
para irme con él a la ciudad subacuática y
encontrarme de nuevo en vuestro pecho herido.

Tu voz
¿Es necesario?
¿Es necesario que te alejes del bosque
para que las palabras rasguen tu vientre
y los caminos espolvoreen maliciosos su arena en ti?
¡Oh!, es necesario tu silencio ancho y tus pies ligeros,
pues de la fuente ya surgió la última gota y
se la bebió un gorrino salvaje.
Pero es necesario que vuelvas y nos lo cuentes,
para que las rocas que vigilan este bosque
/se resquebrajen
y permitan correr libre el agua que te atraviesa.

jueves, 20 de mayo de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (6)

A una posible vida
Para Leopoldo María Panero:
de lo que nadie te dijo.
Ni toda la furia ni toda la inquina,
el lloro del maldito sólo bosqueja
la huella del gato que camina,
un leve trazo en vuestra teja.

Por eso, como un joven cadáver violado,
harto de silencio y fiebres,
desea alzarse sobre el común dictado
para que al menos tú le nombres.

Del rumor errátil que le anima
surge clara la voz genuina,
¿qué más, sino gritarte, queda?

Cuervos
Mientras siete caballos golpean mi vientre
alguien me grita que es lo que debe ser.
Hoy tú te has maquillado los ojos, los labios y
desfallecería besándolos.
La tarde anterior me buscó el pánico,
me agarró de la mano, me susurró al oído:"preso".
Nunca barrotes tan frágiles ahogaron tanto,
¿cuándo el aire produjo asfixia?
¡Estás tan hermosa esta noche detrás de la barra!
¡es tan cruel mi ilusión de no ser! Y, sin embargo,
ser no tiene vuelta de hoja.
Sólo una oportunidad y veinte cigarrillos
mientras te desmaquillas los ojos, los labios,
ya cansada de esperarme tras el vaso.
¿Cuándo han de morir los cuervos?

jueves, 13 de mayo de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (5)

Del invierno en primavera
En ese tiempo en que el temblor propio se disipa
caen las hojas dulcemente,
así los días las recogen y los años me desgarran.
¿Cómo virar de nuevo rumbo al espléndido sueño,
girar la vista a ese hueco que otrora lo soportara
para vivir sin llorar lo que no fue y me alcanza?
¿Por qué dejar que todo acabe si
es el comienzo lo que me alimenta?
¡Te deseo a pesar de que me aceches
e imagino a solas lo que
tan sólo escucho en los días claros, soberbios,
cuya luz anochece los turbios pensamientos!

Las lindes de un incendio
Fue ayer mismo que caminé
por una vereda ardiendo
y hoy no soy capaz de mantenerme enhiesto.

Yo fui niña, yo lo negué,
rasgué la yesca de desconcierto
y vuestra justicia prendió sobre mi cuerpo.

Más no hagas de mí un héroe,
lejos queda de la intención ese invento.
Sólo quiero ser libre, mostrar del sistema el cieno.

Fue ayer mismo que caminé
por una vereda ardiendo.
Con la sentencia a mi favor ya no hay modo.

Consuelo
Mudos los árboles,
rogué un límite a todo aquello
que turbaba mis días,
te exigí un equilibrio en las imágenes.

El lugar del equilibrio lo ocupó una niebla
tan llena de silencio y llagas
difíciles de sanar
que, insinuado el bosque, me adentré sin más.

Temeroso de no encontrar la salida
giré la espalda, viré la vista y
fue como con un gajo de limón
que brotó la lágrima perdida.

Oscuro se oye el coro,
estéril, mi cordura,
ya jamás negaré lo que es mío
pues locos sois vosotros, nuevos muertos de oro.

jueves, 6 de mayo de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (4)

Sí o no
Si alguna vez me canso de los besos
creo que permaneceré quieto hasta que reaparezcan.
Mientras los días me condenen y la aurora
decida esconderse tras el telón,
creo que bailaré hasta que la sentencia ría mi torpeza
y las máscaras se hagan visibles...
Porque sí, pese a que no fue yo también lo he vivido.
Ahora dime que no, que la madurez es el último camino.
Entonces es que jamás abrazaste al sol
para mojarte después en la arena.
¡Quizá llore por ti!
Sí o no.

Adolescente a su madre
Puedo traicionarte a pesar de todo.
Quizá te bese el día de tu muerte,
será entonces que escriba tus historias
y acabe el sortilegio, porque
ora me arropas
ora me asesinas.
Todo gira a nuestro alrededor y no somos el centro.
Puedo traicionarte en vida,
eso sería lo justo, pero
a veces te quiero y todo está en calma.
¿Es que no ves caer la noche a nuestra espalda?
¿Por qué caminas siempre sin abrir los ojos?
No lo olvides, puedo traicionarte
porque a veces me hieres, y otras
me alivias.

La tormenta que me es propia
En pie frente a la tormenta
grito en sordo para siquiera afirmar que existo.
En el milagro de permanecer juntos
huyo por el albañal, que la asepsia, como
la democracia, siempre me suscitó dudas.
Más vida, menos podre, mucho vino y poca tele,
corro por el sembrado buscando el germen de lo que es:
más que suficiente para continuar mojado tras sus huellas.

jueves, 29 de abril de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (3)

Bajo los árboles
Has mojado tanto tus zapatos
en tan sólo catorce años
que caminas junto al árbol
erguido,
acrecentado bajo su cobijo, pero
no olvides que es tu acreedor de sí tanto como tu sol
¡Ni tan siquiera escuchas o imaginas
su susurro cómplice al alejarte!

Qué pudiera ser!
Mientras observo a ese sauce zarandeándose,
¡oye!, pienso en ti.
Son días oscuros. Desconozco el modo
de sacudirme esta opresión en el estómago.
Hierbas, libros, tallarines y una cita para hoy.
Niña, ¿escuchas estos extraños arpegios?
Es cuando todo se acelera y cejo en el empeño
que me inunda, clarificándolo en su totalidad.
La luz, mágica luz.
¡Música, música, música! Él llora, pero yo
pienso en ti.

Pasillo
Aún podemos destruir el día
para fabricarlo desde el comienzo.
Después, lo observaremos al anochecer.
Otro beso, abriéndonos paso, horadando muros,
pujando por el caballo perdedor.
Ahora es, también lo soñé.
Lo sé porque a cada segundo martillean mi ser y,
desnudo, les respondo que no todo lo que es
podemos verlo con nuestros ojos.
Tras esa puerta hay un largo pasillo,
quizá lo encuentres nevado al comienzo
o árido después, pero
¡rasga sus velos, esos que te ciegan y enmudecen!
¡Reúnete conmigo!
Somos hijos de la mayor puta,
pobladores del desierto.

jueves, 22 de abril de 2010

'Sala para fumadores', poemario póstumo de Nicolás Valencia Redondo (2)

Deseo
Al percibir el movimiento y olor
de tu pelo, lo espigado de tus dedos,
níveo de tus uñas y llano de tus manos,
el modo en que las curvas de tu pecho
estampan tu camisetita bordada con flores...
Al mirarte a través del espejo que no es
mientras sacas unos apuntes para ojear
noto mi cuerpo en traqueteo.
Te miro, nervios, y
mi desequilibrio se sitúa en un punto difuso
entre las pelotas y el corazón.
Eres María y no conozco tu nombre.
Ahora, ya sin pétreos alcahuetes, sé que te
/quiero,
puedo escucharte sin oirte.
Voy a estallar. Vivo aquí. Es mi estación.

Sombras de miradas
Hay miradas que son como agua y
corazones hambrientos que duermen
en los soportales por siempre.
Hay miradas que acarician,
otras, te atraviesan.
¿Quién sino ella, sino ellas nos hacen temblar
como lluvia de estrellas o como un volcán?

Bailar solo... y con vosotros
Un amigo no ve la luna desde su ventana esta noche.
La noche se ha hecho sobre todo, sobre todos,
sobretodo porque ya se fue la luz.
¿Qué sabrán esos "destinos" de lo que nos une?
¿Qué, del temblor de sus dedos,
de las cuatro cajetillas que reposan
en lo alto de la papelera? De llena, rebosa.
¿Qué sabrán de las lágrimas que escurren por dentro?
¿Acaso se cose en un atril?
Tres son los vértices que soportan esta noche:
lágrimas, dudas y silencio.

jueves, 15 de abril de 2010

Nicolás Valencia, compañero, aquí comienza 'Sala para fumadores'

Nicolás dijo: "hasta aquí" el día 17 de diciembre de 2008. Tiempo ha, ¿verdad? No tanto.
Nicolas no fué mi amigo, pero fue compañero de Patrañas. Y recuerdo que en esa última etapa de su vida, y tras mi publicación de 'la cinta de moebius', Nico se interesó a través de mi poesía por contactar conmigo. Nunca pudo ser que viniera a Madrid a algún evento que compartiéramos, ni a mí se me ocurrió pasar por Leganés a verle: las conversaciones telefónicas con él me resultaban un poco inquietantes.
En fin, que Nicolás se fue sin que pudiéramos hablar gustosa y sosegadamente. ¿Sus motivos? Nada sé, pero además no viene al caso. Sólo os cuento esto para que veáis en la publicación de 'Sala para fumadores' (Patrañas, 2009) que aquí compartiré con vosotros al completo, el merecido, tardío y personal homenaje a Nicolás. Yo no acudí a la despedida que le rendieron sus familiares y amigos, ni era mi lugar ni Nicolás me esperaba. Tampoco acudí a la presentación de 'Sala para fumadores' en Leganés, ni era mi lugar ni Nocolás me esperaba. Mi lugar, Nicolás, es éste. Aquí sí soy contigo, en las letras, nuestra patria común, que tú y yo somos verso tan solo. Nicolás, alguien con quien hablo más de muerto que de vivo. Perdóname la tardanza. ¡Va!

La Canción
Caminaron un sin fin de millas, tanto como para rodearlo
todo, y serpentearon de norte a sur, de este a oeste,
tanto como para no dejar sin comienzo a cada cosa que
habría de existir.
Anduvieron y alzaron sus voces en cánticos tan sólo
audibles para ellos mismos, sus dioses y la propia tierra.
Esas voces reverberaron de aquello sin nombre en su
piel y en su mente, afirmando su ya existencia.
Así lo cuentan los ancianos a todo aquel que se presta.
El escuchador arde entonces por preguntarles acerca
de la luz, la emoción, el dolor y el amor, porque no
quiere dormir para siempre en la dicha, en la satisfacción
del que no vibra.
El "Tiempo de ensueño" se repite una y otra vez en instantes,
que algunos iluminan porque se da gracias a los
hombres, que son los que portan la antorcha y recogen
los frutos.
Habrá un cambio cuando cada uno de nosotros tema
todo aquello que no fue cantado, sino fabricado para
nuestro engorde.

DE LO QUE OCURRIÓ AL COMIENZO

Desmemoria
Sólo recuerdo que olvido,
siento que no dejo huellas en el camino.
Recuerdo que tengo un pasado
trufado de llanto y risa
luces y sombras, rechazos y besos
y sed y hartura.
Hoy repican las campanas,
es tiempo de pensar en el invierno.
En su frío y sus silencios.
Y en su frío.
Sólo recuerdo que olvido,
¿dejo huella en el camino?
¡Muéstrame el sendero a tus labios!

viernes, 26 de febrero de 2010

Otro Foro de Patrañas

Los de Patrañas hacemos del ocio la única bandera. Del otium más exactamente, cuyo antónimo resulta que es nec-otium. No podemos olvidar que, como necio-necscius es antónimo de sabio-scius, el negocio niega la felicidad del tiempo personal, del tiempo para sí, del tiempo como placer, del ocio. A este Foro nos convocamos para hablar en directo, para escucharnos, para leer, para escribir, todo en directo, cuerpo a cuerpo, voz a voz. Y nos juntamos para salvarnos. Todos estáis convocados al Foro de Patrañas de hoy, día 26 de febrero, en lo de Mario. Y con cerveza.
En lo de Mario nos vemos.

Viernes, 26 de febrero, 22 h., Avd. Fuenlabrada, nº 12-posterior, Leganés.

Andrés Mencía

jueves, 28 de enero de 2010

Otro Foro de Patrañas

A este Foro nos convocamos para hablar en directo, para escucharnos, para leer, para escribir, todo en directo, cuerpo a cuerpo, voz a voz. Pero los de Patrañas somos de barrio y el fotógrafo Olmo González, uno de los nuestros, nos ha publicado como "SERES DIGERIDOS", como manos solitarias que buscan angustiadas un apoyo, como ojos perdidos implorando clemencia, como madres aterradas escalando escaleras, como labios que besan barras de acero y como tipos felices junto al hombre lobo, como los seres que digiere este Leviatán maldito que crearon un día nuestros antepasados y que habremos de destruir. Los seres digeridos de las fotos de Olmo somos nosotros y nos juntamos para salvarnos. Todos estáis convocados al Foro de Patrañas de mañana, día 29 de enero, en lo de Mario. Y con cerveza.
En lo de Mario nos vemos.

Viernes, 29 de enero, 22 h., Avd. Fuenlabrada, nº 12-posterior, Leganés.



"¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime!"

Este endecasílavo, que es quizá el mejor verso que escribiera Unamuno, confirma lo que muchos sospechábamos, que su autor estaba sordo.

Andrés Mencía

jueves, 7 de enero de 2010

Nuevo foro de Patrañas, éste con premio

Cita en el Foro de Patrañas con nuevo libro: "Y vuelves una y otra vez a detenerte"
Los poetas desaforados de Patrañas comenzamos a ser reconocidos por la poesía canónica y esto merece una fiesta. Nadie sabe lo que es la poesía, pero nosotros continuamos inventándola. El XX Premio Nacional de Poesía José Hierro es un reconocimiento de nuestras creaciones y de nuestros escenarios. "He estado explicando Zen toda mi vida -confesó una vez Basho- y, sin embargo, nunca he podido comprenderlo." "Pero -dijo su interlocutor- ¿cómo puede usted explicar algo que no entiende?" "Oh -exclamó Basho- ¿también tengo que explicarle eso?" No olvidemos que Basho fue el más grande poeta japonés. La poesía no tiene explicación, pero se hará fiesta en el próximo Foro de Patrañas del próximo día 8 de enero, en lo de Mario. Os invitamos a descubrir con nosotros eso que será la poesía de la tribu en tiempos de renovación. Y con cerveza.
En lo de Mario nos vemos.

Viernes, 8 de enero, 22 h., Avd. Fuenlabrada, nº 12-posterior, Leganés.

Andrés Mencía
(Autor del poemario premiado)