I
Todo respira amor: la mariposa
se sacia de perfumes y de luz;
ebrios de aromas los insectos vuelan
vacilantes, temblando en el azul.
¿Las ramas de los árboles se besan?
¡Qué más himno, Señor, que el mes de abril!
¡Hasta en la charca resplandece el cielo
y hasta en el fango inmundo ama el reptil!
Cuando los cielos y la tierra brillan
rebosando de músicas y amor,
siento un dolor tan grande como el mundo:
¡Tengo celos de toda la creación!
¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
jueves, 30 de abril de 2009
Jesús Malia en 'Madrid: una ciudad, muchas voces'
Permitidme. El verso que publico es de los pertenecientes a la serie Camino a Santiago, ya recogida en este blog. Si vuelvo a exponerlo es porque hago una importamte corrección.
He salido a caminar para quedarme quieto,
como el árbol camina por las sendas del aire cuando busca las nubes que le ocultan la luz,
como un niño que salta para asirse a los rayos y suspenso se queda agarrado del aire.
He salido a caminar para no hollar la tierra,
como el árbol camina cuando ensancha su tronco extendiendo el abrazo.
He salido a caminar como el árbol camina
al hundir su raíz.
He salido a caminar para quedarme quieto,
como el árbol camina por las sendas del aire cuando busca las nubes que le ocultan la luz,
como un niño que salta para asirse a los rayos y suspenso se queda agarrado del aire.
He salido a caminar para no hollar la tierra,
como el árbol camina cuando ensancha su tronco extendiendo el abrazo.
He salido a caminar como el árbol camina
al hundir su raíz.
miércoles, 29 de abril de 2009
'Querida Quiela', entrega semanal
9
Láora me ha organizado una salida, querida Quiela:
pretende que pase unos días en un balneario cercano a la costa, aunque en altura. Dice que allí, además, me harán una revisión médica, que no me vendrá mal una a fondo, que llevo una vida tan sedentaria que el hecho de no enfermar nunca puede ser signo de que esté incubando algo muy feo, y que incluso me convendría un chequeo del sistema nervioso, que enfermedades como el alzeimer conviene detectarlas con prontitud. Sólo de oirla me dan aprensiones.
¿Recuerdas, Quiela, cuando subismos a la montaña aquel verano? Diego y Frida nos acompañaron. Diego mataba a Frida de celos, siempre decía que la poesía y la pintura estaban sedientas de encontrarse, que había que aprovechar las oportunidades que brindaban el encuentro de una pareja de poetas con una pareja de pintores. A ti tampoco te gustaba la gracia, pero sé que Diego sólo lo hacía por burlaros y no dejé de reírsela.
Aquélla fue la primera vez que hicimos el amor, ¿recuerdas, querida Quiela? He libado tus labios, ya no quiero licor.
Láora me ha organizado una salida, querida Quiela:
pretende que pase unos días en un balneario cercano a la costa, aunque en altura. Dice que allí, además, me harán una revisión médica, que no me vendrá mal una a fondo, que llevo una vida tan sedentaria que el hecho de no enfermar nunca puede ser signo de que esté incubando algo muy feo, y que incluso me convendría un chequeo del sistema nervioso, que enfermedades como el alzeimer conviene detectarlas con prontitud. Sólo de oirla me dan aprensiones.
¿Recuerdas, Quiela, cuando subismos a la montaña aquel verano? Diego y Frida nos acompañaron. Diego mataba a Frida de celos, siempre decía que la poesía y la pintura estaban sedientas de encontrarse, que había que aprovechar las oportunidades que brindaban el encuentro de una pareja de poetas con una pareja de pintores. A ti tampoco te gustaba la gracia, pero sé que Diego sólo lo hacía por burlaros y no dejé de reírsela.
Aquélla fue la primera vez que hicimos el amor, ¿recuerdas, querida Quiela? He libado tus labios, ya no quiero licor.
Versos de Luis Luna en 'Madrid: una ciudad, muchas voces'
Como un útero
el cuarto
te contiene
(y que una voz te diga hacia los otros. Y que esa voz te calme)
en el pronombre tú.
Escasa superficie.
*
La podredumbre
en tus brazos
se hace
(como el sueño d eun muerto a ti mismo te abrazas)
intimidad. Soporte.
*
Sobre la tierra el rastro de la herida.
Las manos del hombre están atadas a un centro que todavía no conoce, que no es capaz de intuir más que en el gesto insomne del espejo.
Debe de haber un cielo, un arriba, un punto de fuga. Pero la cerviz también está sujeta, forzada a la sumisión de los alcances.
Deja que te miren, animal de derrumbe.
el cuarto
te contiene
(y que una voz te diga hacia los otros. Y que esa voz te calme)
en el pronombre tú.
Escasa superficie.
*
La podredumbre
en tus brazos
se hace
(como el sueño d eun muerto a ti mismo te abrazas)
intimidad. Soporte.
*
Sobre la tierra el rastro de la herida.
Las manos del hombre están atadas a un centro que todavía no conoce, que no es capaz de intuir más que en el gesto insomne del espejo.
Debe de haber un cielo, un arriba, un punto de fuga. Pero la cerviz también está sujeta, forzada a la sumisión de los alcances.
Deja que te miren, animal de derrumbe.
martes, 28 de abril de 2009
'Tiempo perdido en la orilla', en Sobre Cántico

No me atrevo a decir que este tema no sea nuevo en el 27, porque Alberti escribió aquello de no quiero barca, corazón barquero, quiero ir caminando por la mar al puerto (no entrecomillo porque no me apetece buscar la divisón exacta en versos), y no sé quién lo hizo antes, si Jorge su no quiero sillas o Alberti su no quiero barca. En cualquier caso, mismo gusto en la tormenta, que en Jorge ya venimos observando desde versos atrás.
‘Sálvame así, tiempo/ Perdido en la orilla/ Libre, tanto amor,/ Tanto azar, las islas.’, a vuelta con la celebración de los límites, ‘Mis manos vacías’. ‘Azul de otra infancia’ celebra la memoria; ‘Con facilidades/ Por arroyos, locos/ De los regocijos/ Que emergen de agosto’, lo inmediato; ‘Y sombras de dos/ En dos, indistintas’, el amor.
No quiero ser pesado, pero la orilla es la frontera del mar o del río, de la verdad, de la realidad fija o cambiante, del conocimiento.
Y dice Jorge tiempo perdido, en su gusto por decir lo que quiere con su contrario, para decir tiempo ganado en el deleite, la contemplación, la memoria, el amor, el estar sin saber. Aunque claro, si es tiempo perdido es porque anhela eso otro que queda después de la orilla: ‘Que a un gris verde invitan’.
Me repito, ¿verdad? No soy yo, es Jorge.
lunes, 27 de abril de 2009
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