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miércoles, 30 de diciembre de 2009

'Querida Quiela', con el año, su fin

Última carta

Hoy vuelve a llover:

y, esta vez, no me ha importado salir y empaparme sin ningún cuidado, danzando en el jardín como una loca, entre peonza y cristo era mi baile.

Me ha gustado dejar que me cale, y he sentido que excitaba todos los poros de mi piel.

Y es que esta lluvia era Dios, querida Quiela, Dios que desciende en el agua a plantar en mí su semilla. Dios me ha elegido y yo me entrego a él con devoción y alegría.

Seré madre del Hijo de Dios, querida Quiela; padre, al fin.


Y al volverme,
no sé si era bruma,
era ella,
era él.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

'Querida Quiela'

44

Y de nuevo al ir a ser, lo que se ha sido, querida Quiela:

Yo que me he inventado y me he dado este nombre; yo, sólo el pensamiento mío; yo, dándome a luz con qué fatiga, querida Quiela; yo, norma de la rosa que florezco al fin; y lo soy todo y ya no me sirven ni esta voz ni esta mirada; dios primero y último, mi destino es volver, que el amor es uno y solo y vuelve cada día, querida Quiela, anónima desconocida, nonata Quiela, alucinación, deseo, fantasía, locura mía, querida Quiela, locura mía.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

'Querida Quiela'

43

Hoy velo las estrellas, querida Quiela:

Allá en su cielo, tan en paz, algunas crecen, otras se apagan; pero aquí aún llega su luz, toda la luz, querida Quiela, toda la sombra.

Algún niño travieso las desperdiga en la noche con su pistola de agua en tan exacto desorden. ¿El pequeño Noné? No, no es.

Y yo aquí, velándolas, esperando a que lluevan sus cadáveres en mi boca y me sacien y absorba sus memorias a punto de perderse en el último rayo.

Qué triste condición la del astro que se ahoga y pende del obscuro vacío de la esfera celeste. Un juguete más abandonado en un rincón o extraviado en la acera de las manos del niño al que esperan con ansia.

Pero no, me encuentran a mí, que sabes que los guardo.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

'Querida Quiela'

41

“Tres puntos alineados
árboles eran.
Y hacías el amor punzado de dudas”.

42

Descanso en el recinto de este cuerpo que empieza donde termina el mío, querida Quiela:

el de estas líneas, el tuyo, el mío también, quizá. Pero el ánimo turbado te presiente como los ciervos jóvenes la vecindad del agua. Pobre muralla este cuaderno que me defiende y nos separa y nos junta.

¡Oh Quiela! Ni fuera ni dentro, ni lejos ni cerca. Tan sólo a un delirio y algunas palabras. Palabras, palabras, palabras, cartas, cartas, cartas: silencio, silencio, silencio.

¡Ah!, tanto gritar para poder callar tanto y tanto callar.

Sólo los cuerpos se hablan, querida Quiela: el tacto es el lenguaje universal. Y tú y yo, querida Quiela, sin hablarnos…tan lejos tu rostro de mi mano, tu oído de mi aliento, tu boca que desbroza mi alma en el placer…

Sóla tú, sólo cuerpo, sóla alma para mis dientes, querida Quiela. Boca que añora estar llena de ti y sorberte. Dientes para tus labios y pezones.

Cuerpo contra cuerpo, querida Quiela: no hay más discusión.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

'Querida Quiela'

40

Y escribe Jacobo:

Lucía lámparas veces oportunas,
saxofón irritado, Polinices bendito,
y piñones de piñas tostadas recién arrancadas:
el olor a resina que se impregna a tu piel.

La muy perra perra.

Lucía conflicto bélico, con toda diplomacia,
lucía sin bragas,
lucía endibias con membrillo, queso de cabra y anchoas.

Lucía hermosa,
luce lejana.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

'Querida Quiela'

39

Y sentí el impulso irrefrenable de salir al jardín, a nuestro banco, querida Quiela, creyendo que había de encontrate en ese instante preciso en ese mismo lugar:

pero no estabas.

Era una llamada secreta que tan solo yo debí oír.

Y, si no fuera por las ganas de llorar, pensaría, honestamente, que lo que principalmente he conquistado son mis fracasos, querida Quiela; en un lugar prominente, tú, ¿o yo? ¡Quién pudiera discernir!, querida Quiela, ¡quién pudiera discernir!

Maldita la puerta oculta al futuro abandonado al que anhelo volver.

Maldita tú, querida Quiela.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

'Querida Quiela'

38

Nuestro nieto Jacobo ha vuelto de Zúrich, querida Quiela:

y ha condescendido a hacerme una visita.

Ya no es el niño aquél, inocente y reservado, que se nos marchó. Ha ganado mucho. Lo que no ha perdido son tus formas de abrazar y de besar las palabras.

Ahora es más resuelto. Se mueve con esa naturalidad de quien parece no prestar atención a lo que sucede a su alrededor porque mira más lejos. Pero es una falsa impresión. A este chico no se le escapa absolutamente nada.

Dice que nos convendría cambiar un poco la decoración, que se ha quedado anticuada y poco funcional. Que hay demasiados recuerdos flotando en el ambiente que sólo pueden provocar pesadumbre. Que cuando las plantas crecen hay que cambiarlas de tiesto.

Bueno, ya concretará. Tengo la impresión de que viene a quedarse, y no pienso discutírselo. Ni eso, ni nada. Con estos bríos que trae, yo me subo a la barca y le dejo que reme.

Le pregunté por nuestro hijo Noné y me respondió: “¿Quién?”.

Vamos a llevarnos muy bien. Espero que dure. En mi casa dispone de un espacio en el que desarrolarse. Me preocuparé de que saque partido a la biblioteca, que es muy buen poeta y no se puede perder.

Por cierto, le he cedido tu despacho. Alguien tiene que darle provecho. Yo casi no lo utilizo, me basto con el escritorio de mi habitación y los diccionarios.
¡Ups!, tendré que dejar alguno en la biblioteca. O comprar otros, mejor. Un diccionario inverso nos es muy útil a los dos.

Ciao, Quiela.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

'Querida Quiela'

37

Ha pasado tiempo, querida Quiela:

y aún sigue en el aseo tu cepillo de dientes. Siempre violeta, nunca usaste de otro color.

Lo que sí he cambiado es de pasta dentífrica, he desistido de las que hacen efecto blanqueante por parecerme inútiles. El rastro de la vida no es tan fácil de borrar, tampoco en la dentadura.

¡Hala!, tenga usted. ¿Se ha manchado los pantalones de grasa? ¿Le ha caído encima sopa de tomate? ¿Una copa de vino tinto le ha dejado un antipático recuerdo violáceo imborrable? El quitamanchas Champimpún es la solución. Champimpún, contra las manchas, y contra el pun.

¡Hala!

También sigo utilizando tu enjuague bucal, y he comenzado a frotarme la lengua, supongo que en el temor de que arraiguen en ella bacterias y lo pierdan todo.

Tu secador de pelo se convirtió en un objeto ornamental, y no por su belleza. Pero sigue haciendo compañía, incansable, al espejo. Me dan ganas de tomarlo en mis manos y emplearlo en mi cabello.

Forman una pareja tan enternecedora. Siempre guardando la distancia. El secador mira de frente al espejo, y éste lo refleja indiferente, sin poder negarlo y sin afirmarlo con rotundidad. Nunca le concederá una mirada a los ojos.

Por lo demás, el teléfono de la ducha me pregunta por ti. Cada vez que lo descuelgo llora sin consuelo, y gime, el pobre. Es tan ridículo verle así. Pero sus lágrimas brotan de la memoria. Últimamente, al caer sobre mi costado, me hacen cosquillas.

En cuanto a tu albornoz, ha quedado tan vacío, querida Quiela. Es el que más ha perdido en esta guerra. Ha quedado suspendido y completamente deshabitado. A veces me tiende los brazos y dejo que me estreche. Le falta tanto tu cuerpo…

miércoles, 4 de noviembre de 2009

'Querida Quiela'

36

Ayer vi una luz, querida Quiela:

no te asustes, no es un ataque de locura, aunque así lo siento.

Vi una luz, que aún no sé de qué me hablaba. Pero tan clara, tan luminosa y tan limpia, que su esplendor y sus destellos me transmitieron una energía nueva y una nueva sabiduría, querida Quiela. Me trajeron la paz.

No recuerdo cuál fue su revelación, no recuerdo el contenido de su mensaje, si lo hubo, pero siento que vino a cambiarme. Vino a preñarme de un ser distinto, a convertirme a mí mismo en un ser extraño.

No sé cuál es esa maravilla que ha hecho en mí, pero yo sí me noto otro. Otro que sigue en mi piel y que ha salido de ella. Otro que me cumple para completarme y que para cumplirme me abandona. Alguien que ha venido y se ha marchado al mismo tiempo.

¿Crees posible lo que te cuento, querida Quiela? Pues créeme que en mí se ha dado.

miércoles, 28 de octubre de 2009

'Querida Quiela'

35

Me imaginaba la carta que nunca me escribirás, querida Quiela:

y en ella me envías un fuerte abrazo.

Prefiero pasar por loco abrazado al caballo al que fustiga un cochero, Quiela, antes de abrazarme al poste metálico que ya eres para mí.

¡No me mandes abrazos!, Quiela, no seas cruel. No juegues conmigo. No traiciones nuestra memoria, que yo siempre guardaré.

miércoles, 21 de octubre de 2009

'Querida Quiela'

34

Esta mañana, he visto a Láora desnudarse, querida Quiela:

estaba en su habitación, con la puerta abierta, siempre atenta a mi llamado.

Se cambiaba de ropa, únicamente.

Pero en un momento se ha volcado sobre la cama recién hecha y ha frotado su cuerpo contra la colcha fría, y su rostro se ha dejado acariciar por la almohada.

Se ha girado, y se ha quitado el sostén, sin levantarse, y las braguitas, recogiendo las piernas. Luego, ha agitado sus nalgas impaciente. Se ha tirado del cabello, tocado la boca, violentado los pechos, con los dedos mojados en su propia saliva.

Luego, sin más, se ha masturbado.

miércoles, 14 de octubre de 2009

'Querida Quiela'

33

Pero sucede que es nuestra propia voz la que nos resulta más extraña al oído, querida Quiela:

es nuestra voz la que peor nos suena y la que menos conocemos. Y así con tantas cosas, ¿verdad?

A mi además me pasa que al oirme no me inspiro ninguna confianza, no me resulto creíble. Fíjate, qué cosa. Desconfío de mí, cuando me oigo. Me parezco un tipo vanal que utiliza expresiones ligeras y pobres. Superficial.

Debe ser que al hablar uno crece, Quiela, que la palabra dicha nos conduce a otras que nos aciertan con más tino, que es un continuo ensayo de lo que somos, un ensayo interminable con un forzado punto y final.

Creo que la profesión que peor llevaría, la que más me ofuscaría, es la de locutor radiofónico. Nunca dejaría de hacer el mismo programa. ¿Otra vez te ríes, pícara?

Si no fuera porque me conozco un poco… si fuera otro el que las utilizara, el que hablara en mi lugar… si no supiera, como sé de mí, que habla de corazón, a pesar de lo limitado de su alcance…

Como aquella promesa que se hace con toda buena intención y se olvida en el acto. Te ocurre, ¿verdad? También tú descrees de tu voz. Piénsalo honestamente, Quiela, tómate en serio por una vez. No seas tan autocomplaciente. El onanista soy yo. Tú siempre has puesto todos los medios para que sea otro cuerpo el que te complazca, no cambies ahora. En eso, no, querida Quiela. En eso, no.

Aunque tal vez esa intención perenne de seducir al otro, de convencer al otro, no sea más que otra expresión del mismo miedo: delegamos en el otro el cariño a nosotros porque no podemos amarnos nosotros mismos.

Yo sé que tú siempre anhelaste mi amor. No sé si me quisiste o sólo quisiste que te amara. No sé si era el hombre el que alguna vez te encandiló o era el intelectual del que pretendías su deseo, si era mi carne o eran mis letras las que esperabas, palabras salidas de ti puestas en mis versos. ¿Era eso, Quiela? ¿Esperabas verte en mis versos? Sólo eso. Si era, llego tarde, querida Quiela.

Y de los otros cuerpos… siempre lo supe, Quiela. Diego llegó a pintarte, y tú idolatrabas su pintura. No era necesario decirlo, sólo había que ver lo sumisa que te mostrabas a todos sus caprichos. Necesidades, según él, y según tú. Yo no quise creerlo, esa voz nunca quise oirla.

Como aquella vez que pasó unos días en casa, trabajando. Vino a nuestra ciudad a hacer una exposición, y se le ocurrió hacernos una visita con todas sus herramientas. Por aquel entonces aún no se había dado a su batalla ideológica con los murales y se fogueaba con el cubismo. Fue entonces que te pintó. Tú posabas para él sin atender otros asuntos, decías que eran unas vacaciones de ti misma en las que poder atender a nuestro amigo. Que su gran genio debía recibir todas las atenciones, y que era un privilegio estar atenta a lavar sus pinceles, a que no le faltase pintura, a disponer sus lienzos para que no olvidase trabajar con ninguno y que siempre les diera la luz, a llevarle comida en silencio para que no se descuidara en exceso y que no se distrajera de su labor…

Nunca quise dudar ni de Diego ni de ti. Pero en realidad, cuanto más te excitaba Diego, para bien o para mal, más me beneficiaba de tu rabia hacia él, o de tus ansias de hacerle rabiar. Era yo quien daba término a los transtornos que la presencia de Diego te ocasionaban. Yo, el que nunca fue. El amante silencioso que siempre quisiste tener aunque supieras que no te saciaría.

¿Quién era aquél niño al que sostienes en brazos?

Y Pulido, Quiela, también Pulido. También a él lo amaste. Lo amaste con locura y devoción. ¿Es posible?

En Pulido fue el psicoanálisis, el arma de seducción. El continuado hurgar en la memoria, la expresión y los símbolos. Los símbolos. La metáfora es la sentencia que más conocimiento encierra sobre el ser. Aquella que más verdades puede desvelarnos sobre lo que somos. Siempre en búsqueda del origen, de los orígenes, Quiela.

Hubo una temporada, en la que suspendiste tu trabajo de las tardes en la editorial, y te las pasabas con Pulido a vueltas sobre Carl Gustav Jung y Sigmund Freud.

Supiste, entonces, que los aquejados de paranoia revelan espontáneamente, aunque deformados, los que para los neuróticos son sus más íntimos secretos. Y estudiaste con entusiasmo, y decías que como una delicia literaria, algunos casos que Pulido te proporcionaba de sus historias clínicas.

No te negaba nada, el bueno de Pulido.

miércoles, 7 de octubre de 2009

'Querida Quiela'

32

Me formé la ilusión de verte en el espejo, querida Quiela:

y no creas que fueron muchas las ganas de salir corriendo. Ya ves, tanto pretendido odio, y de repente, en un segundo, se desvela que es amor, sólo amor. O eso creo. Porque no es normal que así de golpe se olviden los rencores, los reproches, las inseguridades… y vuelva uno a soñar en tener al otro, de nuevo.

Te ví, Quiela, en el espejo, y no estabas detrás de mí, ni a un lado, sino justo coincidiendo conmigo. Mi rostro era tu rostro; mis cabellos, tus cabellos; mis manos, tus manos. Y créeme que me sentí a gusto estando en ti, siendo tú por un instante. La brizna era tallo.

Pero fue eso, un momento, apenas un brevísimo y cruel lapso. Luego, volver a sentir que te marchas, que me abandonas en el rincón más recóndito de la memoria, y que te odio, que te odio profundamente.

Es esa distancia que impones la que odio, querida quiela. No soy capaz para el silencio, no soy capaz para la distancia, no soy capaz para tu ausencia. Me desarma y me encoleriza pensar que a cada paso mío de acercamiento tú responde con dos y un saco de tierra. Te atrincheras, Quiela, huyes torpemente enterrando la cabeza. O tal vez sea yo.

Tú sabes que es cierto, querida Quiela, sabes que no estás tan lejos, que estás aquí mismo. Que cada palabra que pronuncio, sino fuera por esta cobarde actitud, por este impulso tan débil, es una palabra tuya, una palabra que te expresa tanto como a mí.

Pero me niego a buscar razones, me niego a encontrar verdades, Quiela, allí donde canta el corazón, es idiota detenerse a escuchar el tímido balbuceo de la razón. Prefiero seguir en este odioso amor y este odio amante. A dudar también se aprende, Quiela, y no es malo dudar, es bueno no saber si uno está donde quiere permanecer, y lo hace a salvo.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

'Querida Quiela'

31

¡Milagro!:

nuestro nieto Jacobo, querida Quiela. Me ha puesto unas líneas.

Me habla del poemario que proyecta.

Incluye un poema para ilustrarlo. Agárrate, querida Quiela. Agárrate, te lo transcribo.


Adán disfruta echado
al sol
sobre la hierba.

A veces,
Adán,
penetra al río,
con la clara y única intención
de jugar con los peces.
Pero Eva le pide que los pesque
como muestra de amor,
y Adán muestra su amor
y da muerte a algunos
de sus hermanos.

Y ora Eva:
“Prosperemos, Adán,
juntemos piedras
que nos den cobijo y
refugio
de las bestias
y la noche”.

Y habla Adán con su hermanos
los monos,
y levanta otro hogar
que les ampare.

Pero Adán sigue sonriendo
al echarse en la hierba
desnudo, con Eva.
Y pide Eva:
“Conozcámonos, Adán,
abramos a los monos
que tanto se parecen a nosotros.
Seamos sabios,
Adán,
y diferentes”.

Y Adán mata a Abel
y Caín mata a Adán
y Eva domestica a Caín
y Caín monta a Eva.

Y el rocío
queda huérfano,
en las hebras de hierba.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

'Querida Quiela'

30

Te veo levantarte desnuda para cambiar de música, querida Quiela:

por la habitación.

Supongo que algún día habré de abandonarla, pero todavía hoy me pongo las gafas para contemplar los movimientos de tu fantasma en esos instantes. Y me río de tus gestos tan naturales y casi hombrunos, querida. Y del rostro agrio y sorprendido porque piensas que pretendo ponerme a leer.

¡Es tu cuerpo, querida! Tu cuerpo. Tu cuerpo desnudo, caminando suelta, descuidada y presurosa, con aquellos pelos que esculpían mis manos.

¿Por qué habré de abandonar esta habitación?

miércoles, 16 de septiembre de 2009

'Querida Quiela'

29

Ha caído el ciprés, querida Quiela:

no sé qué clase de tormenta lo ha derribao, pero ha caído.

El jardín, descontada esta anomalía, sigue exactamente igual. Diría, por el contrario, que más alegre. Hay muertes, querida, que nos alegran, muertes necesariasque permiten el triunfo de la vida.

La sombra del ciprés era tan alargada… y tan pesada, que entristecía más la vida bajo su proyección que bajo el peso de su cuerpo derrotado.

Así es, querida. Ayer me ilusionaba ver crecer ese hijo nuestro y hoy me provoca cierto éxtasis su fallecimiento.

Recuerdo mucho a aquella anciana, Isabel, ¿la tienes? Nos traía dulces de castaña y almendra delirantes. Pobre vieja. Murió a la par que su hijo, al que deseaba la muerte desde años: “A ver si Dios me da el consuelo de llevarse a mi hijo. Me come el dinero y las entrañas. Ya no es un hombre, es un demonio. ¡Qué Dios se lo lleve!¡Qué me dé ese gusto de vivir sin él!”.

Y la pobre vieja arrastraba las piernas con la cabeza gacha. Llevando el jornal que tiraría su hijo.

¿Te acuerdas, Quiela?¿Te acuerdas?

miércoles, 9 de septiembre de 2009

'Querida Quiela'

28

Más fotos, Quiela:

ríes, odiosamente pálida. Y se te ven esas arrugas en el cuello tan espantosas.

No puedes ocultar que estás incómoda, diría que atemorizada. Con un gesto varonil y cobarde.

Me dueles en esta foto, querida Quiela. Yo estuve allí un momento antes, o estaba detrás, como siempre. Y esa sonrisa no es de las que prefiero recordar.

A ti también se te marca mucho la clavícula, y con ese jersey que llevas, no haces mucho por ocultarlo.

En resumen, diría que luces en esta foto como un esqueleto de risa trágica y postiza de dedos gruesos.

Y pensar que te dije más de una vez que me gustan mucho tus manos… Mentirijillas de enamorado, querida Quiela, mentiras de amor.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

'Querida Quiela'

27

Escribir es silenciar, querida Quiela:

hay quien lo dice. Y yo, últimamente, estoy algo de acuerdo.

Me quedan tantas cosas por escribir…, que no encuentro ya mentiras por las que dar inicio.

Pero estas dos últimas semanas, en las que he intentado perderte por completo, pensar en todo el daño y escarbar sólo en los malos recuerdos, me atormentan tanto y me las creo tampoco…

Y ya ves, me he puesto a escribirte para intentar silenciar esta voz que me atormenta. Y busco mentiras en las que silenciar las verdades que quiero que veas.

Realidades nuestras, querida Quiela, palabras que no quisiste oir o decir, hechos que no quisiste consumar u olvidar.

No sé por donde dar comienzo a la mentira. Y es que quiero que veas, pero no que sepas. Después de todo, este amor, querida Quiela, no es correspondido, y quiero que mires como cualquier extraño en mis entrañas. No me siento con fuerzas para permitir que hurgues con más profundidad. Ni te guardo confianza para permitirlo. Y en justa correspondencia a tus silencios y reproches, me toca callar. Callar con la palabra. No soy tan persistente en el dolor para no utilizarla.

Tú prefieres la eterna callada y la culpa, ¿verdad? ¡Qué a gusto te encuentras en la culpa!

miércoles, 26 de agosto de 2009

'Querida Quiela'

26

Hoy he mirado en los cajones de tu escritorio, querida Quiela:

no es el primer lugar en que se me habría ocurrido curiosear. No esperaba encontrar nada. Tus versos y tus cosas más necesarias siempre las tenías a mano en la mesa. Y nada queda.

Pero he visto un billete de avión sin estrenar. Origen, el nuestro, destino, Buenos Aires, fecha del vuelo, cinco de Diciembre. Es un pasaje de ida, sin retorno.

La fecha, ya me percaté, coincide con la de fuga, y me deja en la incertidumbre de si este ticket era para mí, una invitación para ir tras de ti, o si tan sólo es un proyecto que desechaste a última hora. Tal vez encontraste una salida de emergencia.

miércoles, 19 de agosto de 2009

'Querida Quiela'

25

Pues sí, querida Quiela:

estoy en Zúrich. He venido a visitar a nuestro nieto Jacobo y a Elías. La dulce Láora me acompaña, como siempre.

A nuestro nieto Jacobo el encierro le parece más soportable que a Elías, aunque ninguno protesta.

Láora siente debilidad por nuestro nieto. Lo observa con impudicia, diría yo. Es una criatura tan tierna y que transmite tanta fortaleza, a pesar de sus cortos años, que no me sorprende que lo quiera deshacer dentro de sí. Absorverlo, me atrevo a decir. Lanzarle una opa. Amigable, si procede, u hostil, si se necesita.

Y a mí me entusiasma la idea. Qué este niño es un animal tan racional que parece que no tenga corazón ni genitales.

De hecho, procuro dejarles a solas y he regalado a Láora algunas ropas sugerentes. Las que me gustaría que llevaras para mí, qué te veo lucirlas y quitártelas.

A ver si se le despierta algo más que el cerebro, y que sea cuanto antes. No vaya a pasarle como a don Perlimplín con Belisa, qué somos tan trágicos en nuestra sangre.

Es la primera vez que saco de mi habitación este cuaderno tuyo, y le está sentando muy bien tomar el aire. Tendré que hacerlo más a menudo.