martes, 1 de febrero de 2011

Poemas de Chema Barredo pertenecientes a 'Marea'

El sol avanza

Aleteo de caricias en la carne,
ceremonias de sabor en el abrazo
que mueren en los labios.

Hierve la piel bajo el vestido,
hierven las manos.
Juegan las partes a buscarse,
se encuentran detrás de la mirada
el punto que sospechan.
Cruzan de norte a sur,
con la respiración del alborozo.

Sabor de luz entre tinieblas
en las cuevas del tesoro.

Manos de ciego sobre pliegues
de la luna, no dejan resquicio
a la medida de las sombras.

Cadencia de sabores que se arquean
en el aire iluminado.
Después, el sol avanza.



Me llegará el veneno

Me llegará el veneno
de tardes que han perdido su misterio
y no son nada.

Del silencio de las horas
me llegará el sonido,
la memoria de tu piel,
el tacto del frío entre las manos
y el cielo en soledad
que apunta directo al corazón.

Me llegarán los ecos
de los pájaros que huyen,
y ahora que no estás
del sabor de caricias.
Del ruido de oleaje que se anuncia.



Cenizas

Ofreces el perfil más invisible,
los ángulos, las sombras,
apenas las aristas
que anidan en tu rostro como letra
de canción que nace muerta.
Amargo sabor de madrugada.

Te vistes poco a poco,
la noche se rebela
y llueven
cenizas en el cielo de noviembre.

Hay manos que no encuentran su camino
cuando cierras la mirada,
sin luz en la escena ya no quedan momentos
y el nombre,
tu nombre, se hace intolerable,
telón de hierro, sonrisa de madera
que pronto arderá en el corazón.

Sobre Cántico, comentario de 'Alborada'

Estamos en la segunda parte de 'Al aire de tu vuelo'. Todos sus versos los hemos publicado en las entradas anteriores bajo la etiqueta Sobre Cántico. Ahora me toca decir sobre el verso. ¿Por qué aporte algo? Quiá. Si lo logro, qué más da. Es tiempo para mí y para Jorge, para seguir forjando nuestra intimidad. Lo demás, qué importa. Gracias, Jorge.

ALBORADA

’Un claror, sonoro ya,/ Se dispara/ Levantando los albores/ En bandadas.’ Tal plasticidad es atípica en lo que llevamos recorrido de Cántico: vemos y oímos a las aves levantar el vuelo cuando el sol asoma. Dulce y féliz estrépito. (¡Ah, cómo fluye ya Jorge por mis venas! Tras escribir esto releo su verso ‘¡Dulce estrépito!’ en Jardín en medio. Así te quiero, Jorge, dentro de mí. ¡Sin contacto,eh!) Nada que ver con aquella otra escena de movimiento en que los rayos del sol recorren la pared (En Más allá, IV: ‘Por aquella pared,/ Bajo un sol que derrama,/ Dora y sombrea claros/ Caldeados, la calma// Soleada varía./ Sonreído va el sol/ Por la pared. ¡Gozosa/ Materia en relación!’), tan inanimada.

Y con estos albores, pues no es uno,sino múltiple: ‘Harto el desvelo, por fin,/ De mi alma,/ Se abate sobre sus propias/ Almohadas’. Qué diferencia entre estas almohadas sobre las que se abate gozoso cuando llega la luz con aquella otra de inquietud y desasodiego (Más allá, II: ‘Y este ser implacable/ Que se me impone ahora/ De nuevo –vaguedad/ Resolviéndose en forma// De variación de almohada,/ En blancura de lienzo,/ En mano sobre embozo,/ En el tendido cuerpo’).

¡Ah!, bajo este sol: ‘Siento el mundo bajo el día,/ Que me embarga/ Los párpados. Bien me esconden/ Las pestañas.// Ese piar renaciente/ De las ramas/ Da a mi sueño su envoltura/ Buena, blanda.// Una luz de patrocinio// Me resguarda./ Duerma el que en su sol confía./ ¡La alborada!’. Sí, Jorge, alcanzar la luz y ¡a descansar! ¿Esconderse, Jorge, tras las pestañas? De la prisa, ha de ser, de los hombres, pero el sol, las aves, los árboles…

lunes, 31 de enero de 2011

Presentación del último poemario de Ángel Guinda

Poesía Abierta, siempre de actualidad

-Pues sí, pues sí-dice al fin, tímido, el autoestopista.
-Pues no, pues no. Y como el coche es mío ya mismo te abajas.

Concluida en el episodio anterior una primera selección de sonetos en el siglo de Oro (¡Oh, Ro!), toca cumplir la promesa de cotinuar con una muestra de cada uno de aquellos y aquellas excelsas poetas más detallada. Ya ves, siempre de actualidad.

Comenzaremos por Gutierre de Cetina. ¿Por qué? ¡Qué se yo! En la Biblioteca Virtual Cervantes se encuentra un documento con 249 tales formas de su autoría. Como allí no se revela si ésta(¿con tilde o sin tilde?) es toda la producción poética de Gutierre de Cetina (se cita únicamente un madrigal: "Ojos claros, serenos"), ni siquiera si todos sus sonetos, ni se da motivo alguno para su secuenciación y enumeración (en romanos, tan antipática para un matemático: pues la mayor contribución de los romanos a las Matemáticas consistió en matar al excelso Arquímedes), yo me permito reproducirlos sin numerar. Y sólo por comodidad (me empeño en acentuar sólo), mantengo el orden.

Comenzamos.

Un blanco, pequeñuelo y bel cordero
Vandalio para Dórida criaba,
cuando viendo que el lobo lo llevaba,
dijo alzando la voz, airado y fiero:

«¡Al lobo, al lobo, canes, que os espero,
Argo, Trasileón, Melampo, y Brava!
¡Hélo!, Brava lo alcanza y, ¡hélo!, traba.
Soltado lo ha el traidor, por ir ligero.

Ya lo veo y lo alcanzo, ya lo tomo;
ya se embosca el traidor, ya deja el robo;
ya mis canes se vuelven victoriosos.»

Así decía Vandalio, y no sé cómo
por entre aquellos álamos umbrosos
Eco resuena ahora: ¡Al lobo, al lobo!

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Debajo de un pie blanco y pequeñuelo
tenía el corazón enamorado
Vandalio, tan ufano en tal cuidado,
que tiene en poco el mayor bien del suelo.

Cuando movido Amor de un nuevo celo,
envidioso de ver tan dulce estado,
mirando el pie hermoso y delicado,
el fuego del pastor muestra de hielo.

En tanto, el corazón que contemplaba
el pie debajo el cual ledo se vía,
con lágrimas de gozo lo bañaba.

Y el alma, que mirando se sentía,
con fogosos suspiros enjugaba
las mancillas que el llanto en él ponía.