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lunes, 6 de junio de 2011

Un soneto de Gutierre de Cetina, el último

Con mal sabor de boca acabaremos el repaso a los sonetos Gutierre de Cetina. Un verso pésimo, de un grado de huera retórica que asocio al soneto pero en un extremo que consideraba inalcanzable: llevado a la inhumanidad. No he encontrado más bajo ejemplo de infamia en la literatura. Si la conclusión no es brillante, sí hace justicia a su autor: los versos nunca nos traicionan, nos dicen fielmente.

A un lacayo muerto debajo de un carro en el cual iba Lucía Hariela

Si puede honrar una famosa muerte
la más infame y deshonrada vida,
si la muerte con honra recibida
en gloria del que muere se convierte,

venturoso lacayo, a quien la suerte
concedió tanto bien, tal homicida,
duélate que haya sido en su venida,
presurosa al pasar, pero no fuerte.

¡Morir debajo un peso tan hermoso,
que hace feo al que sostuvo Atlante!
¿Cuál vida debe ser tan estimada?

¡Ójala fuera yo tan venturoso!
Tan dulce muerte en un mísero amante
fuera con más razón bien empleada.

lunes, 30 de mayo de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Dos sonetos a la muerte de Pedro Mexía [pongo sólo el primero]

«¿Quién yace muerto aquí?» «Pero Mexía.»
«¿Pero Mexía es muerto?» «Antes muriendo
comenzó ahora a vivir, porque viviendo
fuera de do hora vive, no vivía.»

«¿Fue caballero?» «Sí.» «¿Y en qué entendía?»
«Ora el cielo, ora el mar, iba midiendo,
ora de Carlo Máximo escribiendo
la fama de ambos, que inmortal hacía.»

«Pues si lloró Alexandre las memorias
famosas que de Aquiles escribió Homero,
¿cómo no llora Cesar tan gran falta?»

«Por que lo que escribió de sus historias
basta para dar fe en el fin postrero
de lo que no alcanzó pluma tan alta.»

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A don Pedro de Sosa

Señor, si vuestro andar continuo errando
por provincias remotas muy extrañas,
si atravesar la mar, bosques, montañas,
nuevas costumbres y hábitos mirando,

pudiesen el ardor ir mitigando
que os convierte en ceniza las entrañas,
si los males de amor, iras y sañas,
pudiesen aliviarse caminando,

no sólo sería poco un tal camino,
mas cuando Alcide anduvo en su conquista
debéis andar para hallar un medio.

Pero, pues tanto bien niega el destino,
tornad, señor, a ver la amada vista,
que donde nace el mal nace el remedio.

lunes, 23 de mayo de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina (un soneto y un terceto final)

Cuando a contemplar vengo el curso breve
de esta vida mortal, vana, ligera,
y cómo saltear airada y fiera
suele la muerte a aquél que morir debe,

viene el sentido a ser casi de nieve
ante el sol del temor que desespera,
viendo cuán tarde y mal, ya que andar quiera,
el mal uso a virtud los pasos mueve.

Y es el mal que me quejo y muestro ceño
de fortuna, de amor, de mi señora,
sabiendo que la culpa es toda mía,

que, como hombre engolfado en dulce sueño,
me duermo sin pensar siquiera un hora
que siendo el morir cierto, ignoro el día.

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Porque si la esperanza no es estable,
si el trabajo es más cierto que el reposo,
¿qué deleite dará que sea durable?

lunes, 16 de mayo de 2011

Seguimos dando cuenta de los sonetos de Gutierre de Cetina

Como la obscura noche al claro día
sigue con inefable movimiento,
así sigue al contento el descontento
de amor y la tristeza al alegría;

sigue al breve gozar luenga porfía,
al dulce imaginar sigue el tormento,
y al alcanzado bien el sentimiento
del perdido favor que lo desvía.

De contrarios está su fuerza hecha;
sus tormentas he visto y sus bonanzas,
y nada puedo ver que me castigue.

Ya sé qué es lo que daña y aprovecha;
mas ¿cómo excusará tantas mudanzas
quien ciego tras un ciego a ciegas sigue?

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De error en error, de daño en daño,
de una desdicha en otra desventura,
de un desvío en otra gran locura,
de un viejo engaño en otro viejo engaño,

de un grave mal en otro mal extraño,
de una necesidad a otra yactura,
me ha traído el Amor y mi ventura
a que huya mi propio desengaño.

Conozco que me ofende el pensamiento,
y sólo de pensar me pasmo y vivo;
en él hallo el descanso y el tormento.

¡Oh nuevo padecer extraño, esquivo,
que nacen de una causa el mal que siento
y el bien que me hace ir soberbio, altivo!

lunes, 9 de mayo de 2011

Un par de sonetos de Gutierre de Cetina

¡Temor desventurado y trabajoso,
trabajoso temor desventurado!
quien supiese mostrar de ti un traslado
bien se podría llamar pintor famoso;

quien tu desasosiego sospechoso,
tu recelar, tus bascas, tu cuidado,
con palabras pintase, habría pintado
lo que es, aunque a pensar, dificultoso.

Eres sin proporción incomparable,
eres mal que se siente y no se entiende,
sueño que el alma aduerme y la desvela;

eres fuego infernal, intolerable,
hielo que de un rabioso ardor enciende,
ardor que de un mortal hielo nos hiela.

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Ira y amor me están dentro en el pecho
y cada cual me causa un mal extraño;
el amor fue principio del engaño;
después, del mismo amor nació el despecho.

Deseo aborrecer por mi provecho,
visto que del amor me viene el daño;
mas no basta la ira en mal tamaño
el nudo deshacer que amor ha hecho.

Ira me mueve a ser vuestro enemigo
y muéstrame razón por que lo sea;
mas ¿qué vale, si amor a amar me tira?

Y así mientras los dos tratan conmigo,
es fuerza que la triste alma se vea,
siendo esclava de amor, sujeta de ira.

lunes, 2 de mayo de 2011

Un par de sonetos de Gutierre de Cetina

Cuando pienso me da dolor doblado;
ningún pensar me da contentamiento;
si fuera de pensar deleite siento,
ni sé entenderme a mí ni a mi cuidado.

Entre mi mal el bien viene mezclado;
ni lo sé conocer ni tomar tiento:
que en gustando del bien el sentimiento,
o se convierte en mal o ya es pasado.

En medio del deleite llega luego
el recelo del mal, considerando
que es un tal bien un poco de agua al fuego.

Así el monstruo marino está llorando
mientra el cielo y el mar muestran sosiego,
de futura tormenta recelando.

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Cercado de terror, lleno de espanto,
en la barca del triste pensamiento,
los remos en las manos del tormento,
por las ondas del mar del propio llanto,

navegaba Vandalio; y si algún tanto
la esperanza le da propicio el viento,
la imposibilidad en un momento
le cubre el corazón de oscuro manto.

«Vandalio, ¿qué harás hora? -decía-.
Fortuna te ha privado de la estrella
que era en el golfo de la mar tu guía.»

Y andándola a buscar, ciego sin ella,
cuando por más perdido se tenía,
la vio ante los nublados ir más bella.

lunes, 25 de abril de 2011

Un par de sonetos de Gutierre de Cetina

Huyendo va la trabajosa vida
del cansado vivir, que no lo quiere,
y el alma, de contenta en ver que muere,
en sus males no acierta a dar salida.

La esperanza cansada, embobecida,
tras un bien que será más mal si fuere,
viendo que falta ya fuerza en que espere,
a los pies del dolor queda rendida.

Poco puede tardar el bien que espero:
si el curso natural se ha detenido,
acabará el dolor tantos enojos.

Ya siento yo la muerte, y si no muero,
es que quiere el dolor que me ha vencido
poco a poco gozar de los despojos.

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Traducción de un epigrama latino
Sobre las ondas del helado Ibero,
incauto niño, y sin saber, corría,
cuando el hielo, que fuerza no tenía,
quebrando, se mostró crudo y severo.

El río, que veloz iba ligero,
con el tributo el cuerpo al mar envía:
la cabeza que el hielo sostenía
por memoria quedó del caso fiero.

La madre que buscando al niño andaba
por la ribera, viendo el rostro luego
asió del y sacó lo que quedaba.

«¡Ay cruel hado -dijo- extraño y ciego!
Pues de lo que parí no me tocaba
más parte que ésta, ésta consuma el fuego.»

lunes, 18 de abril de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Como teniendo en tierra bien echadas
las raíces un árbol se sostiene,
y como del humor que de ellas tiene
las ramas son criadas y guardadas;

como si le serán todas cortadas,
no por eso se seca o se detiene,
antes torna a brotar y a mostrar viene
otras en su lugar luego criadas;

así de mi esperar siendo cortado,
por la mano cruel de algún desvío,
con las ramas el fruto deseado,

de la raíz que está en el alma envío
humor a la esperanza, y, de obstinado,
con nuevas ramas a esperar porfío.

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El cielo de sus altos pensamientos
con las alas de amor ledo subía
Vandalio, y ni el peligro lo desvía
ni le ponen temor mil escarmientos.

Las nubes deja atrás, deja los vientos,
vencidos del valor de su osadía,
cuando de las palabras que decía
al sol, suenan acá tales acentos:

«Si fue temeridad, ojos del cielo,
osar tan sin valor volar tan alto,
sabiendo de Faetón el caso fiero,

consentidme una vez que sin recelo
mire vuestra beldad; después si el salto
viniera a ser mortal, mortal lo quiero.»

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Y agrego a modo de apunte personal este verso suelto, lo único destacable del soneto al que pertenece:

el cielo, el aire, el mar, la tierra, el fuego.

lunes, 11 de abril de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Ved si el Amor, señora, es cauteloso,
ved qué desigualdad guarda en sus fueros,
que mi daño mayor nace de veros
y de no os ver un mal más peligroso.

Mirándoos, siento el alma en un rabioso
deseo que jamás puedo moveros;
no viéndoos aquella ansia de quereros
me hace el desear más trabajoso;

no viéndoos, se enflaquece el sufrimiento;
en viéndoos, me desmayo y acobardo
y a los pies del dolor queda el sentido.

Ved, pues, si es nueva suerte de tormento:
que el peligro mayor de que me guardo
es el bien que con más congoja pido.

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Más fácil es, señora, el abstenerse
de desear, a un hombre enamorado,
que después que algún tiempo ha deseado,
medida al desear pueda ponerse.

Puede uno rehusar, puede tenerse
de no entrar en lugar que viere helado,
mas si una vez entro, después de entrado,
no es en él esperar ni detenerse.

Bien pudiera no os ver cuando no os vía,
no viéndoos no os amara, y no os amando
no deseara el bien que ahora deseo.

Mas después de sujeta el alma mía,
Amor, que me sostiene deseando,
no consiente poner freno al deseo.

lunes, 4 de abril de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

¡Ay, dulce tiempo por mi mal pasado,
en el cual me vi yo de amor contento!
¡Cómo se fue volando con el viento
y sola la memoria en mí ha quedado!

¡Ay, triste tiempo lleno de cuidado
de dolor y pesar, pena y tormento!
¿Quién hace así tardar tu movimiento?
¿Cómo vas tan despacio y tan pesado?

Si tanto bien no mereció mi suerte,
¿cuál desdicha ordenó que lo gustase?
Y si era bien, ¿por qué fue mudable?

Y si había de venir un mal tan fuerte
tras él, para que más me lastimase,
¿por qué es mi mal más que mi bien estable?

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Pasan tan prestos los alegres días,
volando sin parar apresurados,
y del perdido bien acompañados
llevan tras sí las esperanzas mías.

Mas los que traen las ansias, las porfías,
temor, recelos, bascas y cuidados,
éstos pasan despacio, tan pesados,
que parecen que van por otras vías.

Pues si no muda el sol su movimiento,
si regla cierta en sus caminos guarda,
si no se puede errar orden del cielo,

las horas enojosas del tormento
¿por qué tan luengas son? ¿Cómo se tarda?
Y las alegres, ¿quién las lleva en vuelo?

lunes, 28 de marzo de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

¡Ay, vivo fuego, ay, fiero pensamiento,
ay, rabioso dolor, pasos cansados,
ay, recelos de Amor desesperados,
ay, triste, congojoso sentimiento!

¡Ay, alto desear sin fundamento,
ay, vana empresa llena de cuidados,
ay, ríos, fuentes, selvas, bosques, prados,
ay, esquiva ocasión de mi tormento!

¡Ay, verdes murtas, árboles hermosos,
ay, lugar que ya fue ledo y jocundo,
do gastaba mi tiempo en dulce canto!

Espíritus alegres y amorosos,
si alguno vive acá en el bajo mundo,
muévaos hora a piedad mi triste llanto.

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El triste recordar del bien pasado
me representa el alma a mi despecho,
y el pensar que pasó me tiene hecho
de esperar que será, desesperado.

Ando de un no sé qué mal aquejado,
que me parece que me roe el pecho;
pienso que es desear, pero sospecho
que no da el desear tanto cuidado.

Pues, si no es desear, ¿qué es lo que siento?
Yo sé que no es temor, tampoco es celo,
que no me da vuestro valor licencia.

¿Si es fuerza de amoroso pensamiento?
No, que el pensar consigo trae consuelo.
Mas, ¡ay!, que ya sé que es: no es sino abstencia.

lunes, 21 de marzo de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Si contra Amor, señora, andáis armada
de aquel frío saber que Amor contiende,
si os guía la razón, si ella os defiende,
no es gran caso no estar enamorada.

De poco amor, Amor se desagrada;
no puede Amor crecer do el seso entiende;
si el juicio gobierna, Amor se ofende;
do no hay pasión, Amor no puede nada.

Pero si permitiese el hado mío,
cosa que podría ser, que Amor hallase
entrada en ese pecho de diamante,

a pagar de mi alma aquel desvío
en blando consentir se transformase,
¿qué freno hay que tener pueda un amante?

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¿Cual fiera tempestad, cual accidente
mi tan sereno mar ha vuelto airado?
¿Qué es del fuego, señora, en que abrasado
fue vuestro corazón tan dulcemente?

Si en el perpetuo olvido amor consiente
que así se haya deshecho y apagado,
¿qué fue, si no fue amor, mi bien pasado?
Y si fue amor, ¿qué es de él, do está presente?

Ya que justa ocasión de mí os partiese,
¿cómo puede hora ser que en solo un hora
tanto amor, si era amor, de vos se fuese?

Sombra de amores fue, no amor, señora:
mostrásteme la luz por que sintiese
mayor oscuridad sin ella agora.

lunes, 14 de marzo de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

De sola la ocasión ledo y gozoso,
dijo Vandalio a Amor: «Por un halago
corre en cama dorada el rico Tago,
Pactolo sea de perlas abundoso;

desee con su virtud quedar famoso
el que el sacro laurel quiere por pago,
vaya arando la mar, cual hizo Lago,
aquél que de riquezas es cuidoso;

gobierne el reino aquel que lo procura,
sea el mundo de aquél que lo conquista,
y cada cual se goce con su estado.

Yo no pido ni quiero más ventura
salvo que pueda de una dulce vista
solamente mirar y ser mirado.»

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Mientra con gran terror por cada parte
de Roma ardían las moradas bellas,
mientra que con el humo a las estrellas
subía el clamor del gran pueblo de Marte,

alegre está Nerón, subido en parte
do viendo el fuego, oía las querellas,
mirando entre las llamas cuáles de ellas
eran mayores, do su furia harte.

Así del alma mía la que gobierna
mi vida, mira el fuego, escucha el llanto
y tiene el mayor mal por mayor juego;

y, a guisa de Nerón, se alegra tanto
cuanto más viendo en mí durar el fuego
piensa hacer su crueldad eterna.

lunes, 7 de marzo de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Triste avecilla que te vas quejando
por feos ramos y por turbias fuentes,
pues que no son mis males diferentes,
vente agora aquí do estoy llorando.

Verásme de pesar desesperando,
de placer apartado y de las gentes,
después que aquellos ojos son ausentes,
por quien vivo muriendo y suspirando.

Tú lloras tu soledad y yo la mía:
consolémonos los dos pues que tenemos
una misma razón de estar muriendo.

Y aquí, desamparados de alegría,
por aquellos desiertos andaremos
en llantos tristes continuo gimiendo.

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Padre Océano, que del bel Tirreno
gozas los amorosos abrazados,
de gloria, si sintieses mis cuidados,
cuanto yo de pesar, estarías lleno.

En la parte del cielo más sereno,
para colmar la cima de tus hados,
vi a tu hijo bañar los delicados
pies de una ninfa que nació en su seno.

«¡Ay, quién fuese hora tú!», yo le decía,
y de puro celoso lo enturbiaba
con llanto que del alma me salía.

Mas él, que tanto bien comunicaba,
mientras con mi llorar lo revolvía,
claro en sus ondas mi dolor mostraba.

lunes, 28 de febrero de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Horas alegres que pasáis volando
porque a vueltas del bien mayor mal sienta;
sabrosa noche que en tal dulce afrenta
el triste despedir me vas mostrando;

importuno reloj, que apresurando
tu curso, mi dolor me representa;
estrellas con quien nunca tuve cuenta,
que mi partida vais acelerando;

gallo que mi pesar has denunciado;
lucero que mi luz va obscureciendo;
y tú, mal sosegada y moza aurora;

si en vos cabe dolor de mi cuidado,
id poco a poco el paso deteniendo,
si no puede ser más, siquiera un hora.

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Por repararse de una gran tormenta
con que el cielo una noche amenazaba,
debajo de un alto olmo suspiraba
temeroso Vandalio en tal afrenta.

No que con las ovejas tenga cuenta,
ni el temor de los lobos recelaba;
antes un ruiseñor que allí cantaba,
la historia de su mal le representa.

Piadoso, (a) la avecilla enamorada
dijo: «¿Qué así te afliges y cantando
muestras la tempestad tener en nada?

¿Qué haremos los dos, pues que llorando,
nuestro triste cantar tan poco agrada?»
«¿Qué? -dijo el ruiseñor- Morir amando.»

lunes, 21 de febrero de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

Entre osar y temer, entre esperanza
y un triste recelar desesperado,
entre gozo y dolor, entre un cuidado
y un cierto no sé qué de confianza,

entre aquel bien que un amador alcanza
mientras espera gozar lo deseado,
y entre aquel mal que siente un desdichado
que teme de fortuna en la bonanza,

Vandalio, enamorado y temeroso,
está entre un cierto sí y un no más cierto,
no suceda a su bien fortuna aviesa,

cuando dijo: «¡Dolor fiero, rabioso!,
hoy triunfas de mi vida hoy seré muerto
si Amarílida falta a su promesa.»

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Con aquel poco espíritu cansado
que queda al que el vivir le va dejando,
en brazos de Amarílida llorando
Vandalio, de salud desconfiado:

«No me duele el morir desesperado
-dijo-, pues con mi mal se va acabando,
mas duéleme que parto y no sé cuándo.
Señora, ¿habrás dolor de mi cuidado?»

La ninfa que con lágrimas el pecho
del mísero pastor todo bañaba:
«Sin premio no será tu amor», decía.

Mas él, puesto en el paso más estrecho,
mucho más que el morir, pena le daba
no poder ya gozar del bien que oía.

Este último, ¿no te parece un chiste?

lunes, 14 de febrero de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

La nueva luz en el nacer del día
al mísero Vandalio, que guiaba
sus ovejuelas, por su mal mostraba
cosa que su dolor mayor hacía.

Una avecilla que caído había
en la encubierta liga, vio que estaba,
y mientras por soltarse trabajaba,
más la enredaba el visco y la prendía.

Mirando el mal ajeno estaba atento,
y pensando hallar en él consuelo,
duro ejemplo le trajo al pensamiento.

«¡Mirad -dijo el pastor- que ha hecho el cielo
por mostrar en dibujo aquel tormento
que padece el que ha dado en un recelo!»

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El dulce fruto en la cobarde mano
y casi puesto a la hambrienta boca,
de turbado lo suelta y no lo toca,
vencido de un temor bajo, villano,

Vandalio; y el Amor, fiero tirano,
que al alma asombra con sospecha loca,
mientras la vida deseando apoca,
la hambre crece y crece el temor vano.

En tanto, el caro fruto deseado
de la vista al pastor desaparece,
y ni comer se deja ni tocarse;

cuando con un suspiro apasionado
dijo: «Tal sea de aquél a quien se ofrece
un bien de que no sabe aprovecharse.»

lunes, 7 de febrero de 2011

Sonetos de Gutierre de Cetina

¡Ay, mísero pastor!, ¿do voy huyendo?
¿Curar pienso un ardor con otro fuego?
¡Cuitado!, ¿adónde voy? ¿Estoy ya ciego
que ni veo mi bien ni el mal entiendo?

¿Do me llevas, Amor? Si aquí me enciendo,
¿tendré do voy más paz o más sosiego?
Si huyo de un peligro, ¿a do voy luego?
¿Es menor el que ahora voy siguiendo?

¿Fue más ventura el Betis, por ventura,
que era agora Pisuerga? ¿Aquél no ha sido
tan triste para mí como ese agora?

Si falta en Amarílida mesura,
¿cómo la tendrá Dórida, sabido
que llevo ya en el alma otra señora?

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Sin poderse alegrar de cosa alguna,
de envidia, de ira y rabia ardiendo el pecho,
mirando la ocasión de su despecho,
en brazos de Endimión decía la Luna:

«¡Ah, dichosa Amarílida!, fortuna
que el más fiel pastor siervo te ha hecho
te asegura del mal, de quien sospecho
que si no tú, escapar puede ninguna.

Tú sola vivirás leda y contenta,
de aquel disimular de amor segura,
que en los hombres sin fe se anida y sella.»

Endimión, que oyendo esto se afrenta,
responde así: «Hizo igual ventura
a la fe del pastor, la beldad de ella.»

lunes, 31 de enero de 2011

Poesía Abierta, siempre de actualidad

-Pues sí, pues sí-dice al fin, tímido, el autoestopista.
-Pues no, pues no. Y como el coche es mío ya mismo te abajas.

Concluida en el episodio anterior una primera selección de sonetos en el siglo de Oro (¡Oh, Ro!), toca cumplir la promesa de cotinuar con una muestra de cada uno de aquellos y aquellas excelsas poetas más detallada. Ya ves, siempre de actualidad.

Comenzaremos por Gutierre de Cetina. ¿Por qué? ¡Qué se yo! En la Biblioteca Virtual Cervantes se encuentra un documento con 249 tales formas de su autoría. Como allí no se revela si ésta(¿con tilde o sin tilde?) es toda la producción poética de Gutierre de Cetina (se cita únicamente un madrigal: "Ojos claros, serenos"), ni siquiera si todos sus sonetos, ni se da motivo alguno para su secuenciación y enumeración (en romanos, tan antipática para un matemático: pues la mayor contribución de los romanos a las Matemáticas consistió en matar al excelso Arquímedes), yo me permito reproducirlos sin numerar. Y sólo por comodidad (me empeño en acentuar sólo), mantengo el orden.

Comenzamos.

Un blanco, pequeñuelo y bel cordero
Vandalio para Dórida criaba,
cuando viendo que el lobo lo llevaba,
dijo alzando la voz, airado y fiero:

«¡Al lobo, al lobo, canes, que os espero,
Argo, Trasileón, Melampo, y Brava!
¡Hélo!, Brava lo alcanza y, ¡hélo!, traba.
Soltado lo ha el traidor, por ir ligero.

Ya lo veo y lo alcanzo, ya lo tomo;
ya se embosca el traidor, ya deja el robo;
ya mis canes se vuelven victoriosos.»

Así decía Vandalio, y no sé cómo
por entre aquellos álamos umbrosos
Eco resuena ahora: ¡Al lobo, al lobo!

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Debajo de un pie blanco y pequeñuelo
tenía el corazón enamorado
Vandalio, tan ufano en tal cuidado,
que tiene en poco el mayor bien del suelo.

Cuando movido Amor de un nuevo celo,
envidioso de ver tan dulce estado,
mirando el pie hermoso y delicado,
el fuego del pastor muestra de hielo.

En tanto, el corazón que contemplaba
el pie debajo el cual ledo se vía,
con lágrimas de gozo lo bañaba.

Y el alma, que mirando se sentía,
con fogosos suspiros enjugaba
las mancillas que el llanto en él ponía.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Que todo es vanidad y ha de perderse

AL MONTE DONDE FUE CARTAGO

Excelso monte do el romano estrago
eterna mostrará vuestra memoria;
soberbios edificios do la gloria
aún resplandece de la gran Cartago;

desierta playa, que apacible lago
lleno fuiste de triunfos y victoria;
despedazados mármoles, historia
en quien se ve cuál es del mundo el pago;

arcos, anfiteatro, baños, templo,
que fuisteis edificios celebrados
y agora apenas vemos las señales;

gran remedio a mi mal es vuestro ejemplo:
que si del tiempo fuisteis derribados,
el tiempo derribar podrá mis males.

Gutierre de Cetina


Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes, ya desmoronados,
de la carrera de la edad cansados,
por quien caduca ya su valentía.

Salíme al campo, vi que el sol bebía
los arroyos del yelo desatados,
y del monte quejosos los ganados,
que con sombras hurtó su luz al día.

Entré en mi casa: vi que amancillada,
de anciana habitación era despojos,
mi báculo, más corvo y menos fuerte.

Vencida de la edad sentí mi espada,
y no hallé cosa en que poner los ojos
que no fuese recuerdo de la muerte.

Francisco de Quevedo