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martes, 20 de mayo de 2014

Sonetos de Fernando de Herrera (5)


Oye tú solo, eterno i sacro río
el grave i mustio son de mi lamento,
i confuso en tu grande crecimiento
mezcla en el ponto inmenso el llanto mío.

Los suspiros ardientes, que a ti envío,
antes que los derrame
acoge en tu sonante movimiento,
porque s'asconda en ti mi desvarío.

No sean más testigos de mi pena
los árboles, las peñas que solían
responder i quexars'a mi gemido.

I en estas ondas altas i esta llena
corriente, que mis lagrimas porfían
vencer, vivan mi mal i amor crecido.



Voi siguiendo la fuerça de mi hado
por este campo estéril i ascondido;
todo calla, i no cessa mi gemido
i lloro ausente 'l bien, que vi engañado.

Crece el camino, i crece mi cuidado
que nunca mi dolor pone en olvido,
el curso al fin acaba, aunqu' estendido;
pero no acaba el daño dilatado.

¿Qu'aprovecha en un duro afán presente
rehuir, si s'esculpe'n la memoria,
i frescas muestra siempre las señales?

Buela Amor en mi alcance i no consiente,
en mi afrenta, qu'olvide aquella istoria
que descubrió la senda de mis males.



¡O cara perdición, ô dulce engaño,
suäve mal, sabroso descontento,
amado error del tierno pensamiento,
luz, que nunca desubre 'l desengaño,

puerta, por la cual entra el bien i el daño,
descanso i grave pena del tormento,
vida del mal, vigor del sufrimiento,
de confusión rebuelta cerco estraño,

vario mar de tormenta i de bonança,
segura playa i peligroso puerto,
sereno, instable, oscuro i claro cielo,

¿por qué, como me diste confiança
d'osar perderme, ya qu'estoi desierto
de bien, no pones a mi mal consuelo?
airado viento,

martes, 13 de mayo de 2014

Sonetos de Fernando de Herrera (4)


Canso la vida, i siempre espero un día
de fingido plazer, huyen los años,
i nacen d'ellos mil sabrosos daños,
qu'esfuerçan el error de mi porfía.

Son, por do salir pienso a mi alegría,
tan inciertos los passos, tan estraños
que rematan el curso, en mis engaños,
i dellos buelvo a comencar la vía.

Descubro en el principio otra esperança,
si no mayor, igual a la passada,
i en el mesmo desseo persevero.

Mas torno sin cessar a la mudança
de la suerte en mi daño conjurada,
i, esperando el fin cierto, desespero.



Venció mi duro pecho Amor tirano,
i los nervios cortó su aguda espada
d'aquella agena libertad amada,
que mísero suspiro i lloro en vano.

El me buelve i me trae por la mano,
a do mi afrenta i perdición l'agrada.
Mas de su afán la vida ya cansada
tornar procura'l curso usado i llano.

Pero es flaca osadía, i con la muerte
luchando, abraço alegre el dulce engaño,
i me aventuro en el desseo i pierdo.

Que yo no puedo ser al fin tan fuerte,
que contraste gran tiempo a tanto daño;
ni en tal error me vale ya ser cuerdo.



No espero en mi dolor lo que desseo,
que tanto bien no cabe en mi mal fiero;
mas desseo ya sólo lo qu'espero,
acabar en mi ciego devaneo.

Tan cansado me tiene este desseo,
que del mísero efeto desespero,
i engañado en mi intento persevero;
el vano error, que sigo, al cabo veo.

Pero ¿qué vale ver el mal presente,
si porfío i contrasto no espantado
a los assaltos bravos d'amor crudo?

No temo, i oso todo libremente;
porqu'es al coraçón desesperado
la dura obstinación vulcanio escudo.

martes, 6 de mayo de 2014

Sonetos de Fernando de Herrera (3)


Lloré, i canté d'Amor la saña ardiente;
i lloro, i canto ya l'ardiente saña
desta cruel, por quien mi pena estraña
ningún descanso al coraçón consiente.

Esperé, i temí el bien, tal vez ausente,
i espero, i temo el mal que m'acompaña,
i en un error, qu'en soledad m'engaña,
me pierdo sin provecho vanamente.

Veo la noche, antes que huya el día,
i la sombra crecer, contrario agüero,
mas ¿qué me vale conocer mi suerte?

La dura ostinación de mi porfía
no cansa, ni se rinde al dolor fiero,
mas siempre va al encuentro de mi muerte.



Duro es este peñasco levantado,
que no teme'l furor del bravo viento,
fría esta nieve, qu'el sobervio aliento
del aquilón arroja apresurado.

Más duro es vuestro pecho, i más elado,
en quien la piëdad no à hecho assiento;
ni el fuego d'amoroso sentimiento
en el jamás, por culpa vuestra, à entrado.

Sordas las ondas son d'aqueste río,
pero más sorda vos, a mis clamores;
qu'aun poco os pareció ser dura i fría.

Mas todo este dolor al pecho mío
no causa tantas penas i dolores
cuanto la soledad de l'alma mía.



Aora, que cubrio de blanco ielo
el oro la hermosa Aurora mía,
blanco es el puro sol, i blanco el día,
i blanco el color lúcido d'el cielo.

Blancas todas tus viras, que recelo,
es blanco el arco i rayos d'alegría,
Amor, con que me hieres a porfía,
blanco tu ardiente fuego i frío ielo.

Mas, ¿qué puedo esperar d'esta blancura,
pues tiene'n blanca nieve 'l pecho tierno
contra mi fiera llama defendido?

¡Ô beldad sin amor! ¡ô mi ventura!
qu'abrasado en vigor de fuego eterno,
muero en un blanco ielo convertido.

martes, 29 de abril de 2014

Sonetos de Fernando de Herrera (2)


Dulce'l fuego d'Amor, dulce la pena
i dulce de mi daño es la memoria,
cuando renueva Amor l'antigua istoria,
qu'a su grave tormento me condena.

Mas cuando hallo mi esperanza llena
de bien i de promesas de vitoria,
un súbito dolor turba mi gloria,
i todos mis contentos desordena:

Que será esta Luz pura de belleza,
la fe d'el justo Amor en poca tierra
buelta, i el fuego muerto, que m'inflama.

¡O vano ardor de la mortal flaqueza,
si el fin, qu'ofrece paz de tanta guerra,
no dexará aun ceniza de mi llama.



Yo vi a mi dulce Lumbre qu'esparzía
sus crespas ondas d'oro al manso viento,
i con tierno i suäve movimiento,
mi duro coraçón enternecía.

Mi rustiqueza i torpe rebeldía,
perdió, vencida, el ostinado intento,
i en blando i regalado sentimiento
trocò mï älma l'aspereza mía.*

Nunca me vi más preso ni rendido,
y nunca vi en mi Luz mayor dureza,
ni más rezio desdén, ni largo olvido.

A término tan grave, i estrecheza,
Casas, mi triste suerte m'a traído;
que temo de mi Lumbre la belleza.

*El hiato que marcamos con diéresis tanto en 'i' como en 'a', Fernando de Herrera lo señala con un punto grueso sobre cada vocal.



Viví gran tiempo en confusión perdido,
i todo de mí mesmo enagenado,
desesperé de bien, qu'en tal estado
perdí la mejor luz de mi sentido.

Mas, cuando de mí tuve más olvido,
rompió los duros lazos al cuidado
d'Amor el enemigo más onrado,
i ante mis pies lo derribó vencido.

Aora, que procuro mi provecho,
puedo dezir, que vivo, pues soi mío,
libre, ageno d'Amor i de sus daños.

Pueda el desdén, Antonio, en vuestro pecho
acabar semejante desvarío;
antes que prevalescan sus engaños.

martes, 22 de abril de 2014

Sonetos de Fernando de Herrera y su puntuación


El siglo XX no trajo sólo triunfos para la poesía, también pérdidas, como la conveniente e imprescindible puntuación que introdujo Fernando de Herrera (1534-1597) para una correcta lectura del poema, sus especiales caracteres para los hiatos, sinéresis y dialefas. Sin más detalles sobre esto, te remito a la selección de sonetos que publicamos a partir de ahora de El Divino Fernando de Herrera.

La edición a la que me ciño es del año 2001, de la Universitá Degli Studi Roma Tre, titulada "Fernando de Herrera, Cento Sonetti", la de la cubierta que muestro. Va.

Buela i cerca la lumbre, i no reposa,
i huye, i buelve a su beldad rendida,
figura simple suya; i encendida
siente que fue a su muerte pressurosa.

Mas yo, alegre'n mi luz maravillosa,
a consagrar osando voi la vida,
qu'espera, de su bello ardor vencida,
o perders', o cobrarse venturosa.

Amor, qu'en mi engrandece su memoria;
entibia mi esperança en lento engaño,
i en llama ingrata ufano me consumo.

Cuidé ¡tal fue mi mal! ganar la gloria
d'el bien, que vi, i al fin hallo en mi daño;
que sólo de m'incendio resta el humo.



En este, que prosigo, espacio incierto;
armado con los riscos i espantoso,
descubro estrecho passo i afanoso;
dudosa salud siempre, i daño cierto.

Huyendo entre las peñas el desierto,
dilato el rastro d'el dolor penoso,
resuena áspero el viento, i el hermoso
cielo yaze 'n tinieblas encubierto.

Ya corro despeñándome sin tiento,
ya doy en las espinas con los ojos,
i no hallo algún fin en mi camino.

Cánsase i desespera el sufrimiento,
i no teme 'l peligro i los abrojos
cuanto llevar presente 'l mal contino.



De bosque'n bosque, d'uno en otro llano
solo en medroso orror i en sombra oscura
voi suspirando ausente, i la Luz pura
busco, que m'encubrió el Amor tirano.

Corto el río, i traspasso el monte'n vano;
que no se deve más a mi ventura;
el bien, que la esperança me procura,
huye, i se me desliza de la mano.

En este duro estrecho me lamento,
porque sea mi daño manifiesto,
i alguno se conduela en mi cuidado.

No conorta'l fin esto mi tormento;
que tanto mi dolor es más molesto,
cuanto d'ageno pecho más llorado.

martes, 18 de febrero de 2014

"Mil veces de tu mano me he escapado ..." y "¡Oh sin ventura yo, oh mal nacido!...", sonetos de Hernando de Acuña ( y fin)

Mil veces de tu mano me he escapado        
y al punto de la muerte y fin venido,        
y tantas he tornado y te he seguido,        
Amor, y nunca quedo escarmentado;        

mil veces he propuesto y he jurado
de no seguir tu bando y tu partido,        
viéndome en tu poder triste y perdido,        
y tantas mi palabra y fe he quebrado.        

Ahora, en este trance y mal que siento,        
causado de tus manos crudamente,
bien justo era cumplir el juramento;        

mas, triste, ¿qué haré, que no consiente        
la dura suerte, el áspero tormento,        
que el siervo del señor se halle ausente?


¡Oh sin ventura yo, oh mal nacido!        
¿En qué estrella cruel vine a la tierra        
sujeto a tierno llanto, a dura guerra,        
a siempre amar sin serme agradecido?        

¿Cuál hado inexorable me ha traído
a las manos de un tigre, en que se encierra        
beldad del cielo y crueldad de tierra,        
mi alma en el abismo del olvido?        

¡Ay, enemigo cruel!, ¿y quién creyera        
que estaban en mi muerte conjurados
tan nueva ingratitud y tal crudeza?        

¡Ay vida, y tiempo, y horas mal gastadas!        
¡No quiera Dios que adore yo a una fiera        
que paga tanto amor con tal dureza!

martes, 11 de febrero de 2014

"Puede en amor la discreción obrarse..." y "Amor, pues me guiaste a vela y remo...", sonetos de Hernando de Acuña

Puede en amor la discreción obrarse        
cuando se siente amor tibio o ligero,        
que no teme peligro el verdadero        
ni puede con razones desviarse.        

Es allegarse más el apartarse,
y el duro corazón más fuerte y fiero        
viene a encenderse más que de primero        
con lo que más espera remediarse.        

Por donde, en este mal tan congojoso,        
sufrir es el más sano regimiento,
pues otro que aproveche no se halla;        

y el que en buscar remedio es presuroso        
sé que vendrá a sentir lo que yo siento,        
que la salud más cierta es no buscalla.


Amor, pues me guiaste a vela y remo        
por el dichoso mar de la esperanza,        
¿cómo permites que de tal bonanza        
se levante fortuna en tal extremo?        

Si el grado en mi esperar fuera supremo,
pudiérasle bajar con tal mudanza,        
mas dime en qué fundaste tu venganza,        
si tanto no esperé cuanto ahora temo.        

Responder se me puede de tu parte        
que todo lo que digo y lo que siento
es tratar de razón do no hay ninguna;        

mas quiero en pago de esto asegurarte        
que nunca mudarán mi pensamiento        
tu bonanza jamás, ni tu fortuna.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Poemas de Elías Nandino (5), "Nocturno en llamas" (con matemáticas)

NOCTURNO EN LLAMAS (I y III recogidos también como I y II, respectivamente, en BÚSQUEDA ESPACIAL)

I

Antes de haber nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;

antes de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes, mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:

ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,
tu mirada en las nubes esparcida;

porque, desde el asomo delirante
de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias presentida.


III

¿Cuántas transmutaciones has pasado?
¿Cuántos siglos de luz, cuántos colores,
nebulosas, crepúsculos y flores
para llegar a ser, has transitado?

¿En qué constelaciones has brillado?
¿Después de cuántas muertes y dolores,
de huracanes, relámpagos y albores
la forma corporal has conquistado?

No puede concebir mi pensamiento
esa edad atmosférica que hicimos
en giratoria espera; mas yo siento

que milenios de lumbres anduvimos
esperanzados en el firmamento,
hasta unir este amor con que existimos.


V

En esta soledad de sombra pura,
de quietud en constante movimiento,
de mudez que enardece el pensamiento
en lucha negra con la noche oscura:

cabe todo el raudal de la amargura,
el río del mortal presentimiento,
la cóncava atracción del firmamento,
y el amor, el amor que me tortura.

En este pulso de tiniebla viva
en que el insomnio su vigor levanta
buscando conectar mis ansiedades,

puedo yo, con la ráfaga instintiva
del anhelo de amar que se agiganta,
vivir en un instante, eternidades.

martes, 4 de febrero de 2014

"Si a decirte verdad voy obligado..." y "Pareciéndome flores los abrojos...", sonetos de Hernando de Acuña

Si a decirte verdad voy obligado,        
don Martín, pues sé bien la de tu pecho        
y estás de mi amistad tan satisfecho        
cuanto yo de la tuya confiado,        

te amonesto que dejes el errado
camino por do vas, que a poco trecho,        
si le sigues, verás el mortal lecho        
que para el sueño eterno está guardado.        

No apacientes tu hato en la ribera        
del pequeño Sebeto, aunque te sea
agradable su agua y campo llano;        

mas huye de su ninfa Galatea,        
que, aunque es hermosa, es cruda, ingrata y fiera.        
No es Silvia, no, con su pastor Silvano.


Pareciéndome flores los abrojos,        
teniendo por atajo un gran rodeo,        
corrí tras la esperanza y el deseo,        
dejada la razón por los antojos;        

mas la miseria humana y sus enojos
me mostraron en fin mi devaneo        
de suerte que, no viendo, ahora veo,        
que, yendo a despeñarme, abrí los ojos.        

Desde entonces quedé considerando        
de cuán débil materia era el cimiento
donde fundé mil pensamientos vanos;        

y esfuerza mi flaqueza, procurando        
seguir con obras al entendimiento,        
mas, señor don Martín, somos humanos.

martes, 28 de enero de 2014

"Tal novedad me causa haber probado...", "Después, Amor, que me privó tu mano..." y "Soneto en respuesta del pasado", sonetos de Hernando de Acuña

Tal novedad me causa haber probado        
el bien pasado, que, en el mal que pruebo,        
lo mucho que me duelo, a lo que debo,        
no puede ser con mucho comparado.        

Y Amor me tiene tan escarmentado,
que casi a desear bien no me atrevo;        
determino moverme, y no me muevo,        
voy vacilando de uno en otro estado.        

De todos vengo a conocer que el mío,        
por natural razón, es apartarme
del derecho camino que me guía;        

pero cuando en seguirlo más me fío,        
hallo que voy por tan contraria vía,        
y al cabo escojo por mejor quedarme.


Después, Amor, que me privó tu mano        
de aquella vista en que vivía seguro,        
es vuelto en escabroso estilo y duro        
el mío, que antes era humilde y llano;        

y en tal extremo, que si el más liviano
dolor que siento declarar procuro,        
voy por áspera peña o alto muro        
para haber de llegar al más cercano.        

La lengua al pronunciar está turbada,        
que en tantas tan dañosas ocasiones
cada cual se le ofrece por primera:        

así sale la voz flaca y cansada,        
y tan confusa de entre mil pasiones,        
que de ninguna da razón entera.


Soneto en respuesta del pasado

Bien os puedo decir, considerando        
lo que pruebo del mundo y lo que siento,        
que, siendo los trabajos de él sin cuento,        
se pueden los descansos ir contando;        

mas el fuerte varón, no desmayando,
esfuerza con valor el sufrimiento,        
y al sabio da el saber un nuevo aliento        
con quien puesto que teme, va esperando.        

Y si hay fortuna en el humano estado,        
no es justo que ninguno desespere,
pues todo a su mudanza está sujeto;        

mas de remedio estar desconfiado        
no se sufre, señor, en el que fuere,        
cual sabemos que sois, fuerte y discreto.

martes, 21 de enero de 2014

"Viendo su bien tan lejos mi deseo..." y "Tiempo fue ya que Amor no me trataba...", sonetos de Hernando de Acuña

Viendo su bien tan lejos mi deseo,        
alejóseme tanto por seguirle,        
que tuve por difícil reducirle        
al derecho camino sin rodeo.        

Y ahora tan mal me tiene, que me veo
sin fuerza con que pueda resistirle,        
tan forzado me tiene a consentirle,        
que soy el que de mí menos poseo.        

Ninguna novedad hay que me aparte        
de tal congoja, ni que yo la crea,
sino para mayor inconveniente;        

pues siendo yo de mí la menor parte,        
por fuerza hace Amor que él todo sea,        
solo para sentir lo que él consiente.


Tiempo fue ya que Amor no me trataba        
con tamaña aspereza como ahora,        
tiempo fue ya que puso en mi señora        
honesta compasión, que no mostraba;        

tiempo fue ya que en parte mejoraba
todo lo que mis daños empeora;        
tiempo fue ya del cual una sola hora        
con mil veces morir no se pagaba.        

Háseme vuelto oscura noche el día,        
turbose el tiempo cuando más sereno,
el sol, cuando más claro, oscureció.        

Amor tornó a seguir los que seguía,        
y el bien que tuve, como bien ajeno,        
de absoluto poder me le quitó.

martes, 14 de enero de 2014

"Soneto a la soledad" y "Un tiempo me sostuvo la esperanza...", sonetos de Hernando de Acuña

SONETO A LA SOLEDAD

Pues se conforma nuestra compañía,        
no dejes, soledad, de acompañarme,        
que al punto que vinieses a faltarme        
muy mayor soledad padecería.        

Tú haces ocupar mi fantasía
solo en el bien que basta a contentarme,        
y no es parte, sin ti, para alegrarme,
con todo su placer, el alegría.        

Contigo partiré, si no me dejas,        
los altos bienes de mi pensamiento,
que me escapan de manos de la muerte;        

y no te daré parte de mis quejas,        
ni del cuidado, ni de mi tormento,        
ni dártela osaré por no perderte.


Un tiempo me sostuvo la esperanza,        
y Amor lo consintió porque sintiese,        
cuando al estado en que estoy viniese,        
que fue para mayor desconfianza.        

En gran fortuna me mostró bonanza
y asegurome porque conociese,        
cuando nuevo dolor menos temiese,        
que en su seguridad hay más mudanza.        

Pasé con este alivio mi cuidado,        
hasta que he conocido de hora en hora
que todo fue color para más daño;        

y con haberme ya desengañado,        
conozco que hay en mí de nuevo ahora        
más aparejo para nuevo engaño.

martes, 7 de enero de 2014

"En leyendo, señor, vuestro soneto..." y "Por apartarme un tiempo de pasiones...", sonetos de Hernando de Acuña

En leyendo, señor, vuestro soneto,        
acabé de saber lo que creía        
y afirmé la opinión en que os tenía        
de honrado, virtuoso y de discreto;        

mas he hallado en él solo un defecto,
que no es por falta vuestra sino mía,        
y es que a un alto decir se requería        
igual con las palabras el sujeto;        

mas tanto más ingenio en vos se muestra,        
cuanto cosa más baja habéis alzado
con estilo delgado y elocuente;        

y yo a la voluntad y virtud vuestra        
quedo de corazón tan obligado        
cuanto debo quedarlo justamente.


Por apartarme un tiempo de pasiones,        
me apartaba de amor cuanto podía,        
conociendo ya de él que se seguía        
con ásperas y duras condiciones;        

pero de aquellas mismas ocasiones
por do más a temerle me movía        
nacieron, como os vi, señora mía,        
justas para seguirle mil razones.        

Así fui suyo sin sospecha alguna        
en cuanto me amparó vuestra presencia
de los males que causa su cuidado;        

mas pesó de este bien a mi fortuna,        
y al destierro mortal de vuestra ausencia        
me trajo, donde moriré forzado.

martes, 10 de diciembre de 2013

"Después que a César el traidor de Egipto..." y "Soneto de Endimión", sonetos de Hernando de Acuña

Después que a César el traidor de Egipto        
dio la cabeza que el peor quería,        
encubriendo las muestras de alegría,        
en público lloró, como está escrito.        

Y Aníbal, cuando al imperio aflito
vio que Fortuna desfavorecía,        
rióse entre la gente que plañía,        
encubriendo un dolor que era infinito.        

Así a veces el ánimo, cualquiera        
pasión que siente, so contrario manto
cubre con vista alegre o lastimera;        

por do, si alguna vez, yo río o canto,        
es por querer, con el placer de fuera,        
encubrir mi secreto y triste llanto.


Soneto de Endimión

En una selva, al parecer del día,        
se estaba Endimión, triste y lloroso,        
vuelto al rayo de sol que presuroso        
de la cumbre de un monte descendía.        

Mirando el turbador de su alegría,
contrario de su bien y su reposo,        
tras un grave suspiro doloroso,        
tales palabras contra el sol decía:        

«Luz clara, para mí triste y oscura,        
que con furioso curso apresurado
mi sol con tu tiniebla oscureciste,        

si te pueden mover en tanta altura        
las quejas de un pastor apasionado,        
no tardes en volver donde saliste».

martes, 3 de diciembre de 2013

"Demócrito y Heráclito" y "Amor me dijo en la mi edad primera...", sonetos de Hernando de Acuña

Demócrito y Heráclito

Demócrito

De tu tristeza, Heráclito, me espanto,        
y de nuevo me admiro cada hora        
que, viendo el mundo y lo que pasa ahora,        
ya no hayas convertido en risa el llanto.        

Heráclito

Yo me admiro, Demócrito, que cuanto
en este triste siglo que empeora        
crecen más las miserias de hora en hora,        
más crece tu placer tu risa y canto.        

Demócrito

¿Pues quién no reirá si, en paz o en guerra,        
el gobierno del mundo y del consejo
es todo desconciertos y locura?        

Heráclito

Lo que a ti te da risa a mí me aterra,        
eso me tienen ya doliente y viejo,        
y eso me llevará a la sepultura.


___

Amor me dijo en la mi edad primera:        
«Seguirás en amar siempre el extremo,        
que en tempestuoso mar, sin velo o remo,        
va salvo de peligro el que en mí espera».        

Sin recelo le di fe tan entera
cuanto muestra la llama en que me quemo,        
y sin temor entré donde ahora temo        
lo que, no le creyendo, no temiera.        

Que ni callar me vale ni quejarme,        
ni puede sufrimiento que es humano,
sostener tal pasión ni padecella;        

pues ni quiere que viva ni acabarme,        
ni aprovecha dejarme ya en su mano,        
ni puedo, aunque procuro, salir de ella.

martes, 26 de noviembre de 2013

"Soneto en prisión de franceses" y "Soneto de Silvano a su pastora Silvia", sonetos de Hernando de Acuña

Soneto en prisión de franceses

II

Cuando contemplo el triste estado mío        
y se me acuerda mi dichoso estado,        
hallo mi ser en todo tan trocado,        
que pensar tuve bien es desvarío.        

Con mi memoria por mi mal porfío,
pues, sino es esperanza en bien pasado,        
y en ella con razón fui confiado,        
con muy mayor ahora desconfío.        

Ausencia, de pasiones padre y fuente        
junta con el temor de vuestro olvido,
del cual aun en presencia me temía,        

hacen con fuerza del dolor presente        
parecerme, según ya estoy perdido,        
que ni fue ni vi entonces lo que vía.


Soneto de Silvano a su pastora Silvia

Cuando la alegre y dulce primavera        
a partir sus riquezas comenzaba,        
y de los verdes campos desterraba        
aquella estéril sequedad primera,        

un pastor triste y solo en la ribera
de Tesín gravemente suspiraba,        
y vi que en un alto olmo que allí estaba        
con un hierro escribió de esta manera:        

«Si, de amor libre, por aquí pasare        
acaso algún pastor, cualquier que fuere,
huya de esta ribera y de este llano,        

que, cuanto más sin pena se hallare,        
si a Silvia la cruel pastora viere,        
por ella morirá como Silvano».

martes, 19 de noviembre de 2013

"Nunca me vi tan solo ni apartado..." y "Vivir, señora, quien os vio, sin veros...", sonetos de Hernando de Acuña

Nunca me vi tan solo ni apartado,        
que lo pudiese estar de un pensamiento        
que me renueva el doloroso cuento        
de mi estado presente y del pasado;        

do Amor, por verme siempre lastimado
con apariencias de contentamiento,        
modera su rigor, y luego siento        
con esperanza mi dolor mezclado.        

Entran luego los dos en su porfía,        
donde en fin el temor vence la prueba
y pierde la esperanza mal fundada.        

En esto estoy mil veces cada día,        
y siempre el mismo caso me renueva        
tristes congojas y, pasión doblada.


Vivir, señora, quien os vio, sin veros,        
no es por virtud ni fuerza de la vida,        
que, en partiendo de vos, fuera perdida,        
si el dejaros de ver fuese perderos;        

mas de tanto valor es el quereros,
que, en teniéndoos el alma en sí esculpida,        
de su vista y memoria, que no olvida,        
ninguna novedad basta a moveros.        

Así, aunque lejos de vuestra presencia,        
vos sola me estaréis siempre presente
y no me faltaréis hora ninguna,        

sin que pueda tenerme un punto ausente        
el áspero desdén, la cruda ausencia,        
nueva llaga de amor, tiempo o fortuna.

martes, 12 de noviembre de 2013

"Faetón" y "De oliva y verde yedra coronado..."

Faetón

Con tal instancia siempre demandaba        
el gobierno del sol por solo un día,        
que, aunque no convenirle conocía,        
Febo al hijo Faetón se lo otorgaba.        

Ya el carro y los caballos le entregaba
con que la luz al mundo repartía,        
poniéndole delante el mal que habría        
si en el camino o en el gobierno erraba.        

Mas él, de la oriental casa salido,        
fue el orbe y hemisferio traspasando
con furia y con desorden tan extraña,        

que el carro, los caballos y él, perdido,        
sobre el lombardo Po cayó, abrasando        
riberas, aguas, montes y campaña.


De oliva y verde yedra coronado,        
cuando el rayo de sol es más caliente,        
vueltos los ojos a una clara fuente,        
y al pie de un alto pino recostado,        

sin acuerdo de sí ni del ganado,
que de pacer dejaba al son que siente,        
así soltó la voz suavemente        
de amores un pastor apasionado:        

«Las ondas cesarán del mar profundo,        
por latas cumbres subirán los ríos,
sin hoja verde nos vendrá el verano        

y oscuro hará el sol antes el mundo        
que, aunque refuerce Amor los males míos,        
a Silvia deje de adorar Silvano».

martes, 5 de noviembre de 2013

"Huir procuro del encarecimiento..." y "En extrema pasión vivía contento...", sonetos de Hernando de Acuña

Huir procuro del encarecimiento,        
no quiero que en mis versos haya engaño,        
sino que muestren mi dolor tamaño        
cual le siente en efecto el sentimiento.        

Que mostrándole tal cual yo le siento
será tan nuevo al mundo y tan extraño,        
que la memoria sola de mi daño        
a muchos pondrá aviso y escarmiento.        

Así, leyendo o siéndoles contadas        
mis pasiones, podrán luego apartarse
de seguir el error de mis pisadas.        

Y a más seguro puerto enderezarse,        
do puedan con sus naves despalmadas        
en la tormenta de este mar salvarse.


En extrema pasión vivía contento        
por vos, señora, y cuánto más sentía        
sólo un mirarme o veros deshacía,        
o al menos aliviaba, mi tormento.        

Hora quisiste que de fundamento
cayese en tierra la esperanza mía        
con declararme lo que no entendía,        
de torpe hasta mi entendimiento.        

De esto nació un desdén por cuya mano        
en término muy corto se ha deshecho
la fábrica que Amor hizo en mil años.        

Yo miro, ya seguro desde el llano,        
el risco en que me vi y el paso estrecho,        
quedando ya seguro de mis daños.

martes, 29 de octubre de 2013

"Como vemos que un río mansamente..." y "Dijo el doctor Petrarca sabiamente...", sonetos de Hernando de Acuña

Como vemos que un río mansamente        
por do no halla estorbo, sin sonido,        
sigue su natural curso seguido,        
tal que aun apenas murmurar se siente;        

pero si topa algún inconveniente
rompe con fuerza y pasa con ruido,        
tanto que de muy lejos es sentido        
el alto y gran rumor de la corriente:        

por sosegado curso semejante        
fueron un tiempo mis alegres días,
sin que queja o pasión de mí se oyese;        

mas como se me puso amor delante,        
la gran corriente de las ansias mías        
fue fuerza que en el mundo se sintiese.


Dijo el doctor Petrarca sabiamente:        
«Pobre y desnudas vas, Filosofía»,        
lamentando su tiempo en que antevía        
las faltas y miserias del presente;        

do el vicio reina ya tan sueltamente,
que valen poco, y menos cada día,        
la bondad, el saber, la valentía,        
del mejor, o más sabio, o más valiente.        

Mas cuanto el mal está más encumbrado        
y el mundo aprueba más lo que debiera
tenerse por infamia y maleficio,        

tanto merece ser más estimado        
el virtuoso obrar, pues ya no espera        
la virtud premio, ni castigo el vicio.