¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
viernes, 10 de enero de 2014
jueves, 9 de enero de 2014
Poemas de Elías Nandino (1), "Luciérnagas", "En una noche", "Crimen", "Álamo" y "Derecho de propiedad"
LUCIÉRNAGAS
La tarde expira
la oscuridad comienza:
sOlo se miran
los súbitos haikus
que escriben las luciérnagas.
EN UNA NOCHE
En plena noche
capturé una luciérnaga
— chispa furtiva —.
Al buscarla en mi mano
sOlo era poesía.
CRIMEN
¡Qué puñalada
le ha propinado el viento
a la granada!
ÁLAMO
¡Entre sus ramas
cuelga un millón
de monedas de plata!
DERECHO DE PROPIEDAD
¡Nada es tan mío
como lo es el mar
cuando lo miro!
La tarde expira
la oscuridad comienza:
sOlo se miran
los súbitos haikus
que escriben las luciérnagas.
EN UNA NOCHE
En plena noche
capturé una luciérnaga
— chispa furtiva —.
Al buscarla en mi mano
sOlo era poesía.
CRIMEN
¡Qué puñalada
le ha propinado el viento
a la granada!
ÁLAMO
¡Entre sus ramas
cuelga un millón
de monedas de plata!
DERECHO DE PROPIEDAD
¡Nada es tan mío
como lo es el mar
cuando lo miro!
Recorrido por "Sombra del Paraíso" de Vicente Aleixandre. Hoy "El poeta" y algunos comentarios de Concha Zardoya sobre el intercambio epistolar entre Aleixandre y José Luis Cano.
En primer lugar, me permitiré recomendarte la lectura de Concha Zardoya del intercambio epistolar entre Vicente Aleixandre y José Luis Cano.
En cuanto a los versos, si has leído el documento que antes te enlazaba, no te extrañará que, en contra de lo que veo en internet, publique en cursiva los poemas que así están en el libro, y que son tres: "El poeta", "Mensaje" y "No basta". Por lo demás, la edición con la que contrasto los textos es de Losada, Buenos Aires, del año 1977. Va.
EL POETA
Para ti, que conoces cómo la piedra canta,
y cuya delicada pupila sabe ya del peso de una montaña sobre un ojo dulce,
y cómo el resonante clamor de los bosques se aduerme suave un día en nuestras venas;
para ti, poeta, que sentiste en tu aliento
la embestida brutal de las aves celestes,
y en cuyas palabras tan pronto vuelan las poderosas alas de las águilas
como se ve brillar el lomo de los calientes peces sin sonido:
oye este libro que a tus manos envío
con ademán de selva,
pero donde de repente una gota fresquísima de rocío brilla sobre una rosa,
o se ve batir el deseo del mundo,
la tristeza que como párpado doloroso
cierra el poniente y oculta el sol como una lágrima oscurecida,
mientras la inmensa frente fatigada
siente un beso sin luz, un beso largo,
unas palabras mudas que habla el mundo finando.
Sí, poeta: el amor y el dolor son tu reino.
Carne mortal la tuya, que, arrebatada por el espíritu,
arde en la noche o se eleva en el mediodía poderoso,
inmensa lengua profética que lamiendo los cielos
ilumina palabras que dan muerte a los hombres.
La juventud de tu corazón no es una playa
donde la mar embiste con sus espumas rotas,
dientes de amor que mordiendo los bordes de la tierra,
braman dulce a los seres.
No es ese rayo velador que súbitamente te amenaza,
iluminando un instante tu frente desnuda,
para hundirse en tus ojos e incendiarte, abrasando
los espacios con tu vida que de amor se consume.
No. Esa luz que en el mundo
no es ceniza última,
luz que nunca se abate como polvo en los labios,
eres tú, poeta, cuya mano y no luna
yo vi en los cielos una noche brillando.
Un pecho robusto que reposa atravesado por el mar
respira como la inmensa marea celeste
y abre sus brazos yacentes y toca, acaricia
los extremos límites de la tierra.
¿Entonces?
Sí, poeta; arroja este libro que pretende encerrar en sus páginas un destello del sol,
y mira a la luz cara a cara, apoyada la cabeza en la roca,
mientras tus pies remotísimos sienten el beso postrero del poniente
y tus manos alzadas tocan dulce la luna,
y tu cabellera colgante deja estela en los astros.
En cuanto a los versos, si has leído el documento que antes te enlazaba, no te extrañará que, en contra de lo que veo en internet, publique en cursiva los poemas que así están en el libro, y que son tres: "El poeta", "Mensaje" y "No basta". Por lo demás, la edición con la que contrasto los textos es de Losada, Buenos Aires, del año 1977. Va.
EL POETA
Para ti, que conoces cómo la piedra canta,
y cuya delicada pupila sabe ya del peso de una montaña sobre un ojo dulce,
y cómo el resonante clamor de los bosques se aduerme suave un día en nuestras venas;
para ti, poeta, que sentiste en tu aliento
la embestida brutal de las aves celestes,
y en cuyas palabras tan pronto vuelan las poderosas alas de las águilas
como se ve brillar el lomo de los calientes peces sin sonido:
oye este libro que a tus manos envío
con ademán de selva,
pero donde de repente una gota fresquísima de rocío brilla sobre una rosa,
o se ve batir el deseo del mundo,
la tristeza que como párpado doloroso
cierra el poniente y oculta el sol como una lágrima oscurecida,
mientras la inmensa frente fatigada
siente un beso sin luz, un beso largo,
unas palabras mudas que habla el mundo finando.
Sí, poeta: el amor y el dolor son tu reino.
Carne mortal la tuya, que, arrebatada por el espíritu,
arde en la noche o se eleva en el mediodía poderoso,
inmensa lengua profética que lamiendo los cielos
ilumina palabras que dan muerte a los hombres.
La juventud de tu corazón no es una playa
donde la mar embiste con sus espumas rotas,
dientes de amor que mordiendo los bordes de la tierra,
braman dulce a los seres.
No es ese rayo velador que súbitamente te amenaza,
iluminando un instante tu frente desnuda,
para hundirse en tus ojos e incendiarte, abrasando
los espacios con tu vida que de amor se consume.
No. Esa luz que en el mundo
no es ceniza última,
luz que nunca se abate como polvo en los labios,
eres tú, poeta, cuya mano y no luna
yo vi en los cielos una noche brillando.
Un pecho robusto que reposa atravesado por el mar
respira como la inmensa marea celeste
y abre sus brazos yacentes y toca, acaricia
los extremos límites de la tierra.
¿Entonces?
Sí, poeta; arroja este libro que pretende encerrar en sus páginas un destello del sol,
y mira a la luz cara a cara, apoyada la cabeza en la roca,
mientras tus pies remotísimos sienten el beso postrero del poniente
y tus manos alzadas tocan dulce la luna,
y tu cabellera colgante deja estela en los astros.
miércoles, 8 de enero de 2014
Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (1)
Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires 1986
2
Traer el horizonte a nuestro lado,
desplegarlo en la calle como una bandera,
incendiar con su cuerpo desnudo
el aire, el corazón y los rincones
y cerrar las ventanas para que no desaparezca.
Iniciar entonces su cobversión,
hasta ponerlo firmemente de pie,
como un árbol o un amor desvelado.
Y cambiar el horizonte en vertical,
en una fina torre
que nos salve por lo menos la mirada,
hacia arriba o abajo
3
Celebrar lo que no existe.
¿Hay otro camino para celebrar lo que existe?
Celebrar lo imposible.
¿Hay otro modo de celebrar lo posible?
Celebrar el silencio.
¿Hay otra manera de celebrar la palabra?
Celebrar la soledad.
¿Hay otra vía para celebrar el amor?
Celebrar el revés.
¿Hay otra forma de celebrar el derecho?
Celebrar lo que muere.
¿Hay otra senda para celebrar lo que vive?
El poema es siempre celebración
porque es siempre el extremo
de la intensidad de un pedazo del mundo,
su espalda de fervor restituido,
su puño de desenvarado entusiasmo,
su más justa pronunciación, la más firme,
como si estuviera floreciendo la voz.
El poema es siempre celebración,
aunque en sus bordes se refleje el infierno,
aunque el tiempo se crispe como un órgano herido,
aunque el funambulesco histrión que empuja las palabras
desbande sus volteretas y sus guiños.
Nada puede ocultar a lo infinito.
Su gesto es más amplio que la historia,
su paso es más largo que la vida.
5
Morir, pero lejos.
No aquí,
donde todo es una aviesa
conspiración de la vida,
hasta las otras muertes.
Morir lejos.
No aquí,
donde morir es ya una traición,
más traición que en otra parte.
Morir lejos.
No aquí,
donde la soledad descansa a ratos
como si fuera un animal tendido,
olvidando su espuela de locura.
Morir lejos.
No aquí,
donde cada uno se duerme
siempre en el mismo sitio,
aunque despierte siempre en otro.
Morir lejos.
No aquí.
Morir donde nadie nos espere,
donde haya lugar para morir.
2
Traer el horizonte a nuestro lado,
desplegarlo en la calle como una bandera,
incendiar con su cuerpo desnudo
el aire, el corazón y los rincones
y cerrar las ventanas para que no desaparezca.
Iniciar entonces su cobversión,
hasta ponerlo firmemente de pie,
como un árbol o un amor desvelado.
Y cambiar el horizonte en vertical,
en una fina torre
que nos salve por lo menos la mirada,
hacia arriba o abajo
3
Celebrar lo que no existe.
¿Hay otro camino para celebrar lo que existe?
Celebrar lo imposible.
¿Hay otro modo de celebrar lo posible?
Celebrar el silencio.
¿Hay otra manera de celebrar la palabra?
Celebrar la soledad.
¿Hay otra vía para celebrar el amor?
Celebrar el revés.
¿Hay otra forma de celebrar el derecho?
Celebrar lo que muere.
¿Hay otra senda para celebrar lo que vive?
El poema es siempre celebración
porque es siempre el extremo
de la intensidad de un pedazo del mundo,
su espalda de fervor restituido,
su puño de desenvarado entusiasmo,
su más justa pronunciación, la más firme,
como si estuviera floreciendo la voz.
El poema es siempre celebración,
aunque en sus bordes se refleje el infierno,
aunque el tiempo se crispe como un órgano herido,
aunque el funambulesco histrión que empuja las palabras
desbande sus volteretas y sus guiños.
Nada puede ocultar a lo infinito.
Su gesto es más amplio que la historia,
su paso es más largo que la vida.
5
Morir, pero lejos.
No aquí,
donde todo es una aviesa
conspiración de la vida,
hasta las otras muertes.
Morir lejos.
No aquí,
donde morir es ya una traición,
más traición que en otra parte.
Morir lejos.
No aquí,
donde la soledad descansa a ratos
como si fuera un animal tendido,
olvidando su espuela de locura.
Morir lejos.
No aquí,
donde cada uno se duerme
siempre en el mismo sitio,
aunque despierte siempre en otro.
Morir lejos.
No aquí.
Morir donde nadie nos espere,
donde haya lugar para morir.
"Invernal", de Rubén Darío, en "Azul"
INVERNAL
Noche. Este viento vagabundo lleva
las alas entumidas
y heladas. El gran Andes
yergue al inmenso azul su blanca cima.
La nieve cae en copos,
sus rosas trasparentes cristaliza;
en la ciudad, los delicados hombros
y gargantas se abrigan;
ruedan y van los coches,
suenan alegres pianos, el gas brilla;
y, si no hay un fogón que le caliente,
el que es pobre tirita.
Yo estoy con mis radiantes ilusiones
y mis nostalgias íntimas,
junto a la chimenea
bien harta de tizones que crepitan.
Y me pongo a pensar: ¡Oh! ¡Si estuviese
ella, la de mis ansias infinitas,
la de mis sueños locos,
y mis azules noches pensativas!
¿Cómo? Mirad:
De la apacible estancia
en la extensión tranquila,
vertería la lámpara reflejos
de luces opalinas.
Dentro, el amor que abrasa;
fuera, la noche fría;
el golpe de la lluvia en los cristales,
y el vendedor que grita
su monótona y triste melopeya
a las glaciales brisas.
Dentro, la ronda de mis mil delirios,
las canciones de notas cristalinas,
unas manos que toquen mis cabellos,
un aliento que roce mis mejillas,
un perfume de amor, mil conmociones,
mil ardientes caricias;
ella y yo: los dos juntos, los dos solos;
la amada y el amado, ¡oh Poesía!,
los besos de sus labios,
la música triunfante de mis rimas,
y en la negra y cercana chimenea
el tuero brillador que estalla en chispas.
¡Oh! ¡Bien haya el brasero
lleno de pedrería!
Topacios y carbunclos,
rubíes y amatistas
en la ancha copa etrusca
repleta de ceniza.
Los lechos abrigados,
las almohadas mullidas,
las pieles de Astrakán, los besos cálidos
que dan las bocas húmedas y tibias.
¡Oh, viejo Invierno, salve!
Puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.
Sí, estaría a mi lado,
dándome sus sonrisas,
ella, la que hace falta a mis estrofas,
esa que mi cerebro se imagina;
la que, si estoy en sueños,
se acerca y me visita;
ella que, hermosa, tiene
una carne ideal, grandes pupilas,
algo del mármol, blanca luz de estrella:
nerviosa, sensitiva,
muestra el cuello gentil y delicado
de las Hebes antiguas;
bellos gestos de diosa,
tersos brazos de ninfa,
lustrosa cabellera
en la nuca encrespada y recogida,
y ojeras que denuncian
ansias profundas y pasiones vivas.
¡Ah, por verla encarnada,
por gozar sus caricias,
por sentir en mis labios
los besos de su amor, diera la vida!
Entretanto hace frío.
Yo contemplo las llamas que se agitan,
cantando alegres con sus lenguas de oro,
móviles, caprichosas e intranquilas,
en la negra y cercana chimenea
do el tuero brillador estalla en chispas.
Luego pienso en el coro
de las alegres liras,
en la copa labrada, el vino negro,
la copa hirviente cuyos bordes brillan
con iris temblorosos y cambiantes
como un collar de prismas;
el vino negro que la sangre enciende,
y pone el corazón con alegría,
y hace escribir a los poetas locos
sonetos áureos y flamantes silvas.
El invierno es beodo.
Cuando soplan sus brisas,
brotan las viejas cubas
la sangre de las viñas.
Sí, yo pintara su cabeza cana
con corona de pámpanos guarnida.
El invierno es galeoto,
porque en las noches frías
Paolo besa a Francesca
en la boca encendida,
mientras su sangre como fuego corre
y el corazón ardiendo le palpita.
¡Oh crudo invierno, salve!,
puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.
Ardor adolescente,
miradas y caricias;
cómo estaría trémula en mis brazos
la dulce amada mía,
dándome con sus ojos luz sagrada,
con su aroma de flor, sabia divina.
En la alcoba la lámpara
derramando sus luces opalinas;
oyéndose tan solo
suspiros, ecos, risas;
el ruido de los besos;
la música triunfante de mis rimas
y en la negra y cercana chimenea
el tuero brillador que estalla en chispas.
Dentro, el amor que abrasa;
fuera, la noche fría.
Noche. Este viento vagabundo lleva
las alas entumidas
y heladas. El gran Andes
yergue al inmenso azul su blanca cima.
La nieve cae en copos,
sus rosas trasparentes cristaliza;
en la ciudad, los delicados hombros
y gargantas se abrigan;
ruedan y van los coches,
suenan alegres pianos, el gas brilla;
y, si no hay un fogón que le caliente,
el que es pobre tirita.
Yo estoy con mis radiantes ilusiones
y mis nostalgias íntimas,
junto a la chimenea
bien harta de tizones que crepitan.
Y me pongo a pensar: ¡Oh! ¡Si estuviese
ella, la de mis ansias infinitas,
la de mis sueños locos,
y mis azules noches pensativas!
¿Cómo? Mirad:
De la apacible estancia
en la extensión tranquila,
vertería la lámpara reflejos
de luces opalinas.
Dentro, el amor que abrasa;
fuera, la noche fría;
el golpe de la lluvia en los cristales,
y el vendedor que grita
su monótona y triste melopeya
a las glaciales brisas.
Dentro, la ronda de mis mil delirios,
las canciones de notas cristalinas,
unas manos que toquen mis cabellos,
un aliento que roce mis mejillas,
un perfume de amor, mil conmociones,
mil ardientes caricias;
ella y yo: los dos juntos, los dos solos;
la amada y el amado, ¡oh Poesía!,
los besos de sus labios,
la música triunfante de mis rimas,
y en la negra y cercana chimenea
el tuero brillador que estalla en chispas.
¡Oh! ¡Bien haya el brasero
lleno de pedrería!
Topacios y carbunclos,
rubíes y amatistas
en la ancha copa etrusca
repleta de ceniza.
Los lechos abrigados,
las almohadas mullidas,
las pieles de Astrakán, los besos cálidos
que dan las bocas húmedas y tibias.
¡Oh, viejo Invierno, salve!
Puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.
Sí, estaría a mi lado,
dándome sus sonrisas,
ella, la que hace falta a mis estrofas,
esa que mi cerebro se imagina;
la que, si estoy en sueños,
se acerca y me visita;
ella que, hermosa, tiene
una carne ideal, grandes pupilas,
algo del mármol, blanca luz de estrella:
nerviosa, sensitiva,
muestra el cuello gentil y delicado
de las Hebes antiguas;
bellos gestos de diosa,
tersos brazos de ninfa,
lustrosa cabellera
en la nuca encrespada y recogida,
y ojeras que denuncian
ansias profundas y pasiones vivas.
¡Ah, por verla encarnada,
por gozar sus caricias,
por sentir en mis labios
los besos de su amor, diera la vida!
Entretanto hace frío.
Yo contemplo las llamas que se agitan,
cantando alegres con sus lenguas de oro,
móviles, caprichosas e intranquilas,
en la negra y cercana chimenea
do el tuero brillador estalla en chispas.
Luego pienso en el coro
de las alegres liras,
en la copa labrada, el vino negro,
la copa hirviente cuyos bordes brillan
con iris temblorosos y cambiantes
como un collar de prismas;
el vino negro que la sangre enciende,
y pone el corazón con alegría,
y hace escribir a los poetas locos
sonetos áureos y flamantes silvas.
El invierno es beodo.
Cuando soplan sus brisas,
brotan las viejas cubas
la sangre de las viñas.
Sí, yo pintara su cabeza cana
con corona de pámpanos guarnida.
El invierno es galeoto,
porque en las noches frías
Paolo besa a Francesca
en la boca encendida,
mientras su sangre como fuego corre
y el corazón ardiendo le palpita.
¡Oh crudo invierno, salve!,
puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.
Ardor adolescente,
miradas y caricias;
cómo estaría trémula en mis brazos
la dulce amada mía,
dándome con sus ojos luz sagrada,
con su aroma de flor, sabia divina.
En la alcoba la lámpara
derramando sus luces opalinas;
oyéndose tan solo
suspiros, ecos, risas;
el ruido de los besos;
la música triunfante de mis rimas
y en la negra y cercana chimenea
el tuero brillador que estalla en chispas.
Dentro, el amor que abrasa;
fuera, la noche fría.
martes, 7 de enero de 2014
"Cuadernos (1957-1972)" de Cioran (1)
Cuadernos (1957-1972), Cioran
Traducción de Carlos Manzano de la selección de Verena von der Heyden-Rynsch
Tusquets, 2004
Soy un filósofo aullador. Mis ideas -si ideas son- ladran, no explican nada, estallan.
Si hubiera llevado a cabo la décima parte de mis proyectos, sería con mucho el autor más fecundo que haya existido jamás. Por suerte o por desgracia, siempre me ha atraído más lo posible que la realidad y nada es más extraño a mi carácter que la realización. He profundizado hasta el menor detalle todo lo que nunca habré hecho. He ido hasta el fondo de lo virtual.
He buscado mi salvación en la utopía y solo he encontrado un poco de consuelo en el Apocalipsis.
El fondo de la desesperación es la duda sobre uno mismo.
Si el español sale de lo sublime, resulta ridículo.
He leído demasiado... La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de "hacer" algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso... un hombre inútil e inutilizable.
El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada fecuencia el Bien haraganea.
Y, en efecto, la amplitud y la profundidad de una inteligencia se calibran por los sufrimientos que ha aceptado para adquirir la sabiduría. Nadie sabe sin haber pasado por duras pruebas. Una inteligencia sutil puede ser perfectamente superficial. Hay que pagar por el menor paso encaminado a la sabiduría. (Utilizar esto para distinguir a los moralistas: Pascal, por un lado; Montaigne, por el otro.)
Nada puede echar a perder a alguien, salvo el éxito. La gloria es la peor forma de maldición que puede caer sobre una persona.
No pierdas el tiempo criticando a los otros, censurando sus obras; haz la tuya, dedícale todas tus horas. El resto es fárrago o infamia. Sé solidario con lo que es verdad en ti e incluso eterno.
Traducción de Carlos Manzano de la selección de Verena von der Heyden-Rynsch
Tusquets, 2004
Soy un filósofo aullador. Mis ideas -si ideas son- ladran, no explican nada, estallan.
Si hubiera llevado a cabo la décima parte de mis proyectos, sería con mucho el autor más fecundo que haya existido jamás. Por suerte o por desgracia, siempre me ha atraído más lo posible que la realidad y nada es más extraño a mi carácter que la realización. He profundizado hasta el menor detalle todo lo que nunca habré hecho. He ido hasta el fondo de lo virtual.
He buscado mi salvación en la utopía y solo he encontrado un poco de consuelo en el Apocalipsis.
El fondo de la desesperación es la duda sobre uno mismo.
Si el español sale de lo sublime, resulta ridículo.
He leído demasiado... La lectura ha devorado mi pensamiento. Cuando leo, tengo la impresión de "hacer" algo, de justificarme ante la sociedad, de tener un empleo, de escapar a la vergüenza de ser un ocioso... un hombre inútil e inutilizable.
El Mal es en la misma medida que el Bien una fuerza creadora. Ahora bien, es el más activo de los dos. Pues con demasiada fecuencia el Bien haraganea.
Y, en efecto, la amplitud y la profundidad de una inteligencia se calibran por los sufrimientos que ha aceptado para adquirir la sabiduría. Nadie sabe sin haber pasado por duras pruebas. Una inteligencia sutil puede ser perfectamente superficial. Hay que pagar por el menor paso encaminado a la sabiduría. (Utilizar esto para distinguir a los moralistas: Pascal, por un lado; Montaigne, por el otro.)
Nada puede echar a perder a alguien, salvo el éxito. La gloria es la peor forma de maldición que puede caer sobre una persona.
No pierdas el tiempo criticando a los otros, censurando sus obras; haz la tuya, dedícale todas tus horas. El resto es fárrago o infamia. Sé solidario con lo que es verdad en ti e incluso eterno.
Gottfried Benn, "Morgue y otros poemas" (1)
Traducción de Verónica Jaffé
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991
Venezuela
Porque no solo de matemáticas vive el hombre, te traigo este vanguardista libro publicado en el año 1912 en Berlín. Poesía forense. Va.
PEQUEÑO ASTER
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñon,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
CIRCULACIÓN
La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Esta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
solo la tierra debe volver a la tierra.
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991
Venezuela
Porque no solo de matemáticas vive el hombre, te traigo este vanguardista libro publicado en el año 1912 en Berlín. Poesía forense. Va.
PEQUEÑO ASTER
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñon,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
CIRCULACIÓN
La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Esta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
solo la tierra debe volver a la tierra.
"En leyendo, señor, vuestro soneto..." y "Por apartarme un tiempo de pasiones...", sonetos de Hernando de Acuña
En leyendo, señor, vuestro soneto,
acabé de saber lo que creía
y afirmé la opinión en que os tenía
de honrado, virtuoso y de discreto;
mas he hallado en él solo un defecto,
que no es por falta vuestra sino mía,
y es que a un alto decir se requería
igual con las palabras el sujeto;
mas tanto más ingenio en vos se muestra,
cuanto cosa más baja habéis alzado
con estilo delgado y elocuente;
y yo a la voluntad y virtud vuestra
quedo de corazón tan obligado
cuanto debo quedarlo justamente.
Por apartarme un tiempo de pasiones,
me apartaba de amor cuanto podía,
conociendo ya de él que se seguía
con ásperas y duras condiciones;
pero de aquellas mismas ocasiones
por do más a temerle me movía
nacieron, como os vi, señora mía,
justas para seguirle mil razones.
Así fui suyo sin sospecha alguna
en cuanto me amparó vuestra presencia
de los males que causa su cuidado;
mas pesó de este bien a mi fortuna,
y al destierro mortal de vuestra ausencia
me trajo, donde moriré forzado.
acabé de saber lo que creía
y afirmé la opinión en que os tenía
de honrado, virtuoso y de discreto;
mas he hallado en él solo un defecto,
que no es por falta vuestra sino mía,
y es que a un alto decir se requería
igual con las palabras el sujeto;
mas tanto más ingenio en vos se muestra,
cuanto cosa más baja habéis alzado
con estilo delgado y elocuente;
y yo a la voluntad y virtud vuestra
quedo de corazón tan obligado
cuanto debo quedarlo justamente.
Por apartarme un tiempo de pasiones,
me apartaba de amor cuanto podía,
conociendo ya de él que se seguía
con ásperas y duras condiciones;
pero de aquellas mismas ocasiones
por do más a temerle me movía
nacieron, como os vi, señora mía,
justas para seguirle mil razones.
Así fui suyo sin sospecha alguna
en cuanto me amparó vuestra presencia
de los males que causa su cuidado;
mas pesó de este bien a mi fortuna,
y al destierro mortal de vuestra ausencia
me trajo, donde moriré forzado.
lunes, 6 de enero de 2014
Poemas de Bayardo Ramírez Monagas en "Transmutaciones" (1)
"Trasmutaciones", Bayardo Ramírez Monagas; Monte Ávila Editores, Caracas, 1970
KATA
Me proyecto
hacia adentro
a través de mi brazo,
de mi hombro,
de mi cadera,
buscando alguna claridad,
alguna sencillez,
y nada encuentro.
INFINITO
Me deshice del tiempo,
quedé sin pasado,
sin presente
ni futuro,
llamé a la muerte,
quedó desorientada.
DESASOSIEGO
Me molestan los anteojos,
el reloj, la ropa,
la piel, los huesos;
algo cargo por dentro,
pero las palabras están muertas
y me pesan.
LAS LLUVIAS
Un frío incompleto, con ciertos rasgos de indolente, se apoderó de todas las cosas.
La ciudad adquirió madurez.
Y yo, un sonido lento de campanas. Me hice amigo de una muerte pequeña, no me pudo matar, pero me hizo sufrir; se fue con los zamuros a trazar círculos en el cielo. Dejé mi cuerpo desmadejado en un rincón y me fui.
Estoy cansado de esta posición horrible, extendido como un cuero, atado entre el tiempo y la muerte.
KATA
Me proyecto
hacia adentro
a través de mi brazo,
de mi hombro,
de mi cadera,
buscando alguna claridad,
alguna sencillez,
y nada encuentro.
INFINITO
Me deshice del tiempo,
quedé sin pasado,
sin presente
ni futuro,
llamé a la muerte,
quedó desorientada.
DESASOSIEGO
Me molestan los anteojos,
el reloj, la ropa,
la piel, los huesos;
algo cargo por dentro,
pero las palabras están muertas
y me pesan.
LAS LLUVIAS
Un frío incompleto, con ciertos rasgos de indolente, se apoderó de todas las cosas.
La ciudad adquirió madurez.
Y yo, un sonido lento de campanas. Me hice amigo de una muerte pequeña, no me pudo matar, pero me hizo sufrir; se fue con los zamuros a trazar círculos en el cielo. Dejé mi cuerpo desmadejado en un rincón y me fui.
Estoy cansado de esta posición horrible, extendido como un cuero, atado entre el tiempo y la muerte.
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