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lunes, 7 de abril de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (7, y fin)

56

Quietamente arrinconados
unos ojos contemplan el mundo.
Solo desde un rincón pueden verse las cosas
y hasta el propio rincón.
Solo los rincones contienen al mundo.

Pero además contienen otro mundo
que se forma en ellos como una antiniebla,
como una cualidad que solo allí perdura
y que posee la única garantía
de una visión que no se enturbia:
abrir los ojos lejos de otros ojos.

Abrir los ojos lejos de otros ojos,
porque las miradas interfieren a las miradas,
como ciertas luces entorpecen a la luz,
ciertos amores interrumpen al amor
y ciertos espacios malogran al espacio.

No interesa, entonces, ningún otro punto de mira,
arriba, en el medio o abajo.
Solo importa la mirada fundante,
la óptica raigal de los rincones.

Por otra parte, tal vez no haya más que rincones
y el resto es epejismo.
Rincones que solo pueden verse desde otros.


62

Pensar separa.
Amar separa.
Dios separa.
Ser separa.

Todo desvía la atención.

Solo un punto en el centro
podría quizá no separar.


66

Cualquier movimiento mata algo.

Mata el lugar que se abandona,
el gesto, la posición irrepetible,
algún anónimo organismo,
una señal, una mirada,
un amor que volvía,
una presencia o su contrario,
la vida siempre de algún otro,
la propia vida sin los otros.

Y estar aquí es moverse,
estar aquí es matar algo.
Hasta los muertos se mueven,
hasta los muertos matan.
Aquí el aire huele a crimen.

Pero el olor viene de más lejos.
Y hasta el olor se muere.

lunes, 31 de marzo de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (6)

40

Una niebla tan densa
que no sepamos
si nuestro movimiento
va hacia atrás o hacia adelante.

Una niebla tan densa
que no sepamos
si subimos o caemos.

Una niebla tan densa
que no sepamos
ni siquiera si nos movemos o no.

Una niebla tan densa
que borre el camino de donde venimos.
y tal vez la totalidad del camino.

Una niebla tan densa
que borre como un signo marchito
hasta el punto donde estamos parados.

Y quizá sea posible
una niebla tan densa
que borre también todos los otros puntos.

Y hasta la misma ausencia de los puntos.


47

Los cipreses son índices erguidos,
pero no apuntan hacia arriba:
solo levantan cierta materia extrema
para someterla a lo abierto.

Los cipreses no señalan nada.
O tal vez solo a sí mismos
como lugares o estaciones predilectas
para detenerse los pájaros
o a veces una palabra abandonada,
que no es más que otro pájaro.

Pero los cipreses no son únicamente índices erguidos
que no señalan nada,
sino también ofertorios como lanzas,
misas que tampoco celebran ni propician a nadie,
salvo tal vez su propio gesto,
que ni los dioses ni los hombres comprenden.

Índices liberados
del abusivo sometimiento
de señalar nada más que una cosa,
lo mismo que el poema,
lo mismo que tus ojos,
como debieran ser todos los índices,
las señales, los signos:
celebraciones extendidas,
prolongaciones del ser
que señalan a la vez todas las cosas.

lunes, 24 de marzo de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (5), uno de ellos con matemáticas

25

El eco disponible que es la vida
necesita localizar su fuente,
encontrar la vibración original,
el espacio sonoro
anterior al primer movimiento
y la sombra sonora
que proyectó la primera palabra.

A menos que la fuente del sonido
no esté al comienzo del tiempo,
sino al final, al cierre
de esta cruel transparencia.

La vida no sería entonces otra cosa
que una corriente al revés,
un eco ambulatorio
separado o quizás expulsado
hacia atrás de su fuente,
un eco que siempre retrocede.

O más todavía :
un eco sin un sonido como origen,
un eco siempre disponible,
la fatal repeticíon de un sonido inexistente.


28

Eras el portador de la aventura,
el huésped de lo insólito,
titular de los trajines del milagro,
depositario de las rúbricas del viento,
capitán del azul inesperado,
reinventor general de lo existente.

No importa que las costras de la vida
sometieran tu heráldico penacho.
No importa que tu enorme expectativa
se hundiera en los sarcófagos bruñidos.
No importa que tus manos siempre abiertas
te las hayan cerrado con usuras.
No importa que tus sueños para todos
se volvieran un sueño para nadie.

Basta sencillamente que hayas sido
lo que alguna vez fuiste:
un hueco de tos joven
en la cueva envejecida del mundo.


38

Continuidad de los sueños,
semejante a la del pensamiento despierto,
aunque un poco más lejos del cordón de las palabras
y sus nudos azules.

Las particiones son iulusorias:
un sueño, una idea, un hueco en la noche.
Pensar y soñar no son divisibles.

Nada más que un solo sueño,
una sola vigilia,
un solo texto,
una sola mirada,
una sola muerte.

Y tal vez no haya más tampoco que una sola vida,
un solo día, un solo amor, una sola noche.
Y nadie que vele sobre la continuidad de los sueños
y las otras continuidades,
como si de lo continuo del universo
se hubiera desprendido para siempre
la faz candente de lo discontinuo.

Pero en la continuidad de los puentes
queda como un trazo indeleble
la discontinuidad de las orillas.

Y en la continuidad de los ritos del amor
yace la fisura paralizada de un grito.

O en la tierra continua de la soledad,
la parcela sin roturar de ciertas palabras
que no caben en la continuidad de ningún lenguaje.

Quizá en algún momento de este mundo o de otro
existió otra figura, otra línea, otro signo,
la más neta versión de la unidad:
la continuidad mayor de lo discontinuo.
La discontinuidad mayor.

lunes, 17 de marzo de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (4), dos de ellos con matemáticas

20

Si esto es uno
¿qué será dos?

No es tan solo uno más uno.
A veces es dos
y no deja de ser uno.
Como a veces uno
no deja tampoco de ser dos.

Las cuentas de la realidad no son claras
o por lo menos no lo es
nuestra lectura de sus resultados.
Se nos escapa así
lo que hay entre uno y uno,
se nos escapa lo que hay
simplemente adentro de uno,
se nos escapa
lo que hay en menos uno,
se nos escapa el cero
que circunvala o acompaña siempre
a uno y a dos.

La rosa, ¿es una?
El amor, ¿es dos?
El poema, ¿es ninguno?


21

La franja de locura
que empalma la vigilia con el sueño,
esa degradación o desenlace,
ese desequilibrio que nos lleva al dormir,
desparrama todas las creencias,
todas las certidumbres,
como semillas huecas que nos muestran
que existir es un enclave
supletorio del caos.

Disgregarse de figura en figura,
de sustancia en sustancia,
de caída en caída,
no es el desconcierto de un lenguaje
que se mezcla con otro,
sino la muerte misma del lenguaje,
porque los lenguajes también mueren.

Y quedarse sin lenguaje
es retroceder hasta más allá del nacer,
hasta las figuras resecas de la nada,
ya que la nada también tiene sus figuras.

La franja de locura
que despeña la vigilia en el sueño
es justamente eso:
la experiencia sin verbo
de una nada concreta.


24

Los diferentes ángulos de la lluvia
nos distraen de la más íntima
naturaleza de la lluvia:
caer siempre perpendicular a algo.

Así a veces cae perpendicular al corazón,
pero el corazón tiene miedo
y escapa de todas las perpendiculares.
Otras veces cae perpendicular a los muertos,
pero los muertos ya no aciertan ninguna geometría.
Y otras veces cae perpendicular a la noche,
pero la noche la abraza como un surtidor por todas partes.

Sin embargo la perpendicular de la lluvia,
para cumplir su llamado,
no necesita ni siquiera una línea,
sino tan solo un punto donde poder caer
y hundirse plenamente.

lunes, 10 de marzo de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (3)

10

Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.

Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones,
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.

Y además, hay un hecho:
la noche y el día
no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.

Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.


11

¿Qué le quita el árbol a la mirada?
¿Qué le quita la mirada al árbol?
¿Qué queda de uno en otro?

Ni siquiera somos capaces
de recoger un grano de polvo
de aquello que pasa a nuestro lado
Pero, por otra parte,
¿hay alguien que recoja un grano de polvo
de quienes pasamos
al lado de todo?

Nos miramos,
nosotros y las cosas,
y hasta quizá nos reconocemos
como estatuas de sal.
Ancestrales automatismos
nos ubican a unos junto a otros.
Todos pasamos.
Pero nadie es capaz de detener un color o un perfume,
de recoger el movimiento de una hoja o un párpado,
de conservar nada más que hasta mañana
el brote de una pequeña armonía.

Nadie detiene nada,
ni aun adentro de sí mismo.
Y el viejo sueño es ese: detenernos.
Que alguien o algo nos detenga.

Porque ni aun la muerte nos detiene:
tan solo nos destruye.


14

La mirada une y separa,
como un brazo que se alarga hacia algo.
Y también como la sangre,
que es además otra mirada.

Por otra parte, no sabemos dónde está lo que importa,
si en un extremo o el otro de ese hilo intangible,
ya que hasta la luz juega a dos puntas,
adelante y atrás del ojo que mira.

Pero quizá más que si une o separa algo,
es la propia mirada lo que importa,
aunque en ambos extremos no haya nada
o aunque haya algo nada más que en uno solo.

lunes, 3 de marzo de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (2)

6

Desmoronamientos de la memoria,
torres que nunca llegaron a ser torres,
bambalinas hundidas
por la fuerza de las propias escenas
que se jugaron entre ellas.

Los desmoronamientos del cuerpo y de las cosas
no podrán nunca sorprendernos del todo.
La memoria se les ha anticipado
y hasta les roba su inminencia,
su cruel presentimiento,
como si ella fuera el pontífice
de un culto de ruinas.

Pero hay todavía
otros desmoronamientos más secretos,
atrás de la memoria,
en su matriz más callada,
en el fondo de hundimientos de donde provenimos
y que prefigura como un espejo envuelto
el derrumbe final de toda cosa.

Basta para probarlo
desenvolver ese espejo.


7

Los gestos absurdos,
los discursos absurdos,
los que deforman el rostro en el espejo
o el espejo ante el rostro,
no resuelven el mundo,
pero a veces consuelan
del sinsabor nauseoso
de este gran sinsentido.

Los gestos absurdos,
los discursos absurdos,
son justamente el sentido
allí donde no existe.

Una mueca en el espejo,
una torsion en el lenguaje
o un rictus en el fondo de dios o del hombre
endereza por lo menos un tallo
que sostiene a menudo una flor
de la cual el sol no se acuerda.


8

Pensar es una incomprensible insistencia,
algo así como alargar el perfume de la rosa
o perforar agujeros de luz
en un costado de tiniebla.

Y es también trasbordar algo
en insensata maniobra
desde un barco inconmoviblemente hundido
a una navegación sin barco.

Pensar es insistir
en una soledad sin retorno.

martes, 25 de febrero de 2014

Selección de la "Décima poesía vertical" de Roberto Juarroz (1)

Carlos Lohlé, Buenos Aires, 1986


1

Las últimas estructuras se han gastado
y es preciso cambiarlas,
sobre todo las más finas.

Desmantelar el aire, por ejemplo.
Desmantelar el pensamiento.
Pero ¿reemplazarlos con qué?

Hay que poner el aire en lugar del pensamiento.
Hay que poner el pensamiento en lugar del aire.


3

En todos los mundos
hay imágenes flotantes,
íconos vagabundos
cuyo destino es ir a la deriva,
figuras que inquietan a los seres fijos
y a las cosas atadas

Pero hay además mundos
hechos solamente de imágenes,
sin anclajes ni puertos,
íntegramente nómades,
destellos sin raíz,
fulguración en fuga.

Toda imagen tiende espontáneamente
a descartar su fuente
y valerse por sí misma.
Y esos mundos de imágenes flotantes
intentan también prescindir de los otros
en busca de un espacio mas libre.

Porque mas allá de la pesadez de los cuerpos,
solo las imágenes son libres.
Por lo tanto debe el hombre
convertirse en imagen.
O dejar que su imagen se vaya libremente
y aprender a quedarse sin imagen.


5

No prestar atención a las palabras,
salvo a aquellas que transportan
su propia carga de silencio.
El discurso del hombre es extrañamente opresivo,
pero algunas palabras quedan sueltas
como pájaros que caen de sus bandadas
y que una zona especialmente susceptible del aire
retiene y congrega.

No prestar atención tampoco a la escritura,
salvo a ciertas páginas desprendidas o rotas
que conservan fragmentos
de algunas historias que no parecen historia
o de un balbuceo con una extraña ilación,
papeles que el viento arremolina en los rincones.

Y ni siquiera prestar atención a lo callado,
porque el silencio del hombre es casi siempre
nada más que un terreno baldío,
cercado por unas tapias lastimosas
que impiden que lo arrastren las hormigas.

Además de la palabra y el silencio,
el verdadero lenguaje articula otras cosas,
por ejemplo,
el filo sin sosiego que lo hiere.

martes, 18 de febrero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (7, y fin)

46

Se ha perdido una nota.
No sabemos el compás ni la escala,
pero la obra se descompone hacia el poniente
como una flecha rozada al pasar por una pluma.

Se ha extraviado una línea.
No sabemos la figura o el cuadro,
pero la imagen se acorrala contra un borde
como una fiesta en cuyo centro cae un fruto negro.

Se ha borrado un matiz.
No sabemos en qué zona o qué mundo,
pero esa casi nada irreparable
lo hiere todo para siempre.


50

Somos el borrador de un texto
que nunca será pasado en limpio.

Con palabras tachadas,
repetidas,
mal escritas
y hasta con faltas de ortografía.

Con palabras que esperan,
como todas las palabras esperan,
pero aquí abandonadas,
doblemente abandonadas
entre márgenes desprolijos y yertos.

Bastaría, sin embargo, que este tosco borrador
fuera leído una sola vez en voz alta,
para que ya no esperásemos más
ningún texto definitivo.

martes, 11 de febrero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (6)

38

No permitir que desborde el sueño
para evitar que su sustancia en bruto
rompa todos los cristales del mundo.

No permitir que desborde el silencio
para evitar que lo que está detrás
se vuelque con él y lo cubra todo.

No permitir que desborde el vacío
para evitar que las huellas sin nadie
enloquezcan a todos los caminos.

No permitir que desborde el amor
para evitar que su cuerpo inhallable
desmorone todos los otros cuerpos.

No permitir que desborde la vida
para evitar que su infiel laberinto
interrumpa la llanura impasible.

No permitir que desborde la muerte,
aunque se pierda la palabra escondida
y aunque nosotros también nos perdamos.


45

Cada crepúsculo resume,
no sabemos bien cómo,
los días que nos faltan.

Es como el adelanto de un suspiro,
una preparación para lo informe,
un contrabando de la espera.

Cada crepúsculo nos borra
un poco más de nuestro nombre.

Cada crepúsculo nos trae
un poco más de nuestra ausencia.

Hasta que cada uno aparece
como un punto de referencia
inventado por el crepúsculo.

martes, 4 de febrero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (5)

31

La soltura con que unas cosas sobresalen de las otras
e intercambian sus perfiles en esas precedencias,
vulnera los turnos de las igualdades y las desigualdades
y revela un azar más profundo
o por lo menos una ley más profunda del azar.

La altura de la rosa no es la altura de la piedra,
pero a veces la rosa la supera en su éxtasis.
La altura del hombre no es la altura de la lluvia,
pero su mirada suele ir más allá de las nubes.
Y a veces la luz aventaja a la sombra,
aunque la sombra tenga siempre el último turno.

Las jerarquías son una distracción del infinito
o quizá un accidente.
Las alturas se suplantan como torres que bailan,
pero todo cae desde la misma altura.


33


El pensamiento palpa el mundo
como un tacto suplente.
O tal vez titular.
Las cosas se tocan recién cuando se piensan.
Pensar el mundo es alcanzarlo.

Pero hay noches que crecen con exceso,
días descarnadamente lívidos
y algunos aprensivos claroscuros
donde necesitamos tocar las cosas con los dedos.

Tocar su cuerpo, por ejemplo,
como un tibio talismán contra la muerte.
O tocarse el propio rostro
para confirmar que aún no hemos desaparecido.

El pensamiento es también materia
y la materia pensamiento,
pero la agonía del hombre es todavía algo más.

Es tal vez otro tacto
que ordena sus funciones.


37

Inaugurar la tranparencia.
Ver a través de un cuerpo, de una idea,
de un amor, de la locura,
divisar sin estorbo el otro lado,
traspasar de parte a parte
el trompo ubicuo de ser algo.
No solo penetrar con el ojo en la roca
sino también salir por su revés.

Y algo más todavía:
inaugurar la transparencia
es abolir un lado y el otro
y encontrar por fin el centro.
Y es poder no seguir,
porque ya no es preciso,
porque una cosa deja de ser interferencia,
porque el más allá y el más aca se han unido.


Inaugurar la transparencia
es hallarte en tu sitio.

miércoles, 29 de enero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (4)

23

No hay tiempo.
Ya no hay tiempo.
Pero ¿alguna vez hubo tiempo?

La ilusión de la vida por delante
se conjuga con el verbo
de la vida por detrás.

Y todo transcurrir no es más que un punto,
quizá un punto extensible
o el revés de ese punto,
porque el tiempo es puntual.
Un punto que a veces se desliza levemente,
como una gota de asombro de la luz
o un inesperado corpúsculo de sombra,
tan solo para justificar algo parecido a un nivel
en el barómetro casi fijo
que mide la presión imposible de la vida.

O tal vez simplemente
la presión diagonal de lo imposible.


24

Hay que vivir lo que no tenemos,
por ejemplo la desolada perfección de la palabra,
la sonrisa resistente de los muertos,
el mediodía neto de las medianoches,
los vericuetos desesperados de la espuma
o la rancia vejez de lo recién nacido.

Porque aunque tampoco tengamos
lo que tenemos,
lo que no tenemos
nos abre más la vida.

Desheredados del centro,
la única herencia que nos queda
está en lo descentrado.


25

La soledad es la usanza más difícil
pero es la única y legítima madre,
porque en ella se encuentra
no solo el amor a lo que existe
sino también el amor a lo que no existe.

Y es ese amor drásticamente dispuesto
lo único que nos cura del otro,
de los inverosímiles espejos
donde se autodevoran los dones.

La soledad denuncia en cambio el límite
y si no puede abolirlo
va recogiendo rosas y guijarros
y los arroja por encima del muro.

miércoles, 22 de enero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (3)

11

Cada cosa es un mensaje,
un pulso que se muestra,
una escotilla en el vacío.

Pero entre los mensajes de las cosas
se van dibujando otros mensajes,
allí en el intervalo,
entre una cosa y otra,
conformados por ellas y sin ellas,
como si lo que está
decidiera sin querer el estar
de aquello que no está.

Buscar esos mensajes intermedios,
la forma que se forma entre las formas,
es completar el código.
O tal vez descubrirlo.

Buscar la rosa
que queda entre las rosas.

Y aunque no sean rosas.


12

Dormir es otra forma de pensar.
Pensar es otra forma de soñar.
Soñar es otra forma de no ser.
No ser es otra forma de existir.

La rueda gira y gira.
Los caminos se enrollan
alrededor de la rueda
y la rueda se los lleva
como empolvadas cintas.

La rueda gira y gira,
pero ya no hay camino.


18

Las hojas,
pantallas de la luz,
para que la luz se detenga,
retroceda un instante
y se reconozca
nada más que como luz.

Las hojas,
pretextos de la luz,
para su propia constancia.

¿No será todo lo mismo,
solo pretextos de la luz?

miércoles, 15 de enero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (2)

6

Todo se apoya en algo
o cuelga de algo.

Pero ¿dónde se apoya
o de qué cuelga el centro?

Tal vez se apoye en su propia periferia
y también cuelgue de ella.

La rosa se apoya en la tierra
pero en verdad cuelga del cielo.

El pensar se apoya en un desliz del cuerpo,
pero en verdad cuelga del sueño.

El amor se apoya en un espacio recortado,
pero en verdad cuelga de un tiempo recortado.

La presencia se apoya en lo que hay,
pero en verdad cuelga de lo que no hay.

El centro se apoya en un vacío,
pero en verdad cuelga de otro.


8

Mensaje del azul entre las hojas,
lectura sin la trampa del sentido,
sin el enturbiamiento de las significaciones.

Mensaje del silencio cuando no es espera
de ningún otro mensaje,
cuando es solo una masa desnuda.

Mensaje del gesto más inexperto de tus manos,
olvidadas de ti, de mí, de todo,
de la combinación de sus funciones
que a veces soliviantan al mundo.

Mensaje del azar que se despierta
o quizá del azar que se duerme
y abandona la última vigilancia,
para que lo que ocurre
ocurra como si no ocurriese.

Mensajes sin mensaje.
No hay mayor libertad,
no hay nada más opuesto a la muerte,
no hay encuentro más abierto.


9

Desde todas las cosas se levantan cantos.
Algunos se duermen en el aire
y caen enseguida como semillas huecas.
Otros tropiezan con las otras cosas
y se pierden en ellas.
Y otros encuentran las palabras que vagan
y se funden así con el canto del hombre.

De ese agreste montaje,
de esa insólita mezcla
híbrida como el mundo,
impura como el mundo,
empieza un nuevo canto,
más libre,
más suelto que la vida:
nace el canto del mundo.

Y ese canto reemplaza,
casi en un rito clandestino,
la prolongada ausencia
del canto de los dioses.

De los dioses,
que nunca se entendieron del todo con las cosas.

miércoles, 8 de enero de 2014

Selección de la "Novena poesía vertical" de Roberto Juarroz (1)

Ediciones Carlos Lohlé, Buenos Aires 1986

2

Traer el horizonte a nuestro lado,
desplegarlo en la calle como una bandera,
incendiar con su cuerpo desnudo
el aire, el corazón y los rincones
y cerrar las ventanas para que no desaparezca.

Iniciar entonces su cobversión,
hasta ponerlo firmemente de pie,
como un árbol o un amor desvelado.
Y cambiar el horizonte en vertical,
en una fina torre
que nos salve por lo menos la mirada,
hacia arriba o abajo


3

Celebrar lo que no existe.
¿Hay otro camino para celebrar lo que existe?

Celebrar lo imposible.
¿Hay otro modo de celebrar lo posible?

Celebrar el silencio.
¿Hay otra manera de celebrar la palabra?

Celebrar la soledad.
¿Hay otra vía para celebrar el amor?

Celebrar el revés.
¿Hay otra forma de celebrar el derecho?

Celebrar lo que muere.
¿Hay otra senda para celebrar lo que vive?

El poema es siempre celebración
porque es siempre el extremo
de la intensidad de un pedazo del mundo,
su espalda de fervor restituido,
su puño de desenvarado entusiasmo,
su más justa pronunciación, la más firme,
como si estuviera floreciendo la voz.

El poema es siempre celebración,
aunque en sus bordes se refleje el infierno,
aunque el tiempo se crispe como un órgano herido,
aunque el funambulesco histrión que empuja las palabras
desbande sus volteretas y sus guiños.

Nada puede ocultar a lo infinito.
Su gesto es más amplio que la historia,
su paso es más largo que la vida.


5

Morir, pero lejos.
No aquí,
donde todo es una aviesa
conspiración de la vida,
hasta las otras muertes.

Morir lejos.
No aquí,
donde morir es ya una traición,
más traición que en otra parte.

Morir lejos.
No aquí,
donde la soledad descansa a ratos
como si fuera un animal tendido,
olvidando su espuela de locura.

Morir lejos.
No aquí,
donde cada uno se duerme
siempre en el mismo sitio,
aunque despierte siempre en otro.

Morir lejos.
No aquí.
Morir donde nadie nos espere,
donde haya lugar para morir.

jueves, 31 de enero de 2013

Poesía con matemáticas: versos de Roberto Juarroz

¿Qué hay detrás de los números?
¿Y que hay delante?

Todas las cosas se mueven,
hasta las piedras y los muertos.
Los números no se mueven:
sólo dejan su lugar a otros números.
¿Pero cuál es el lugar de los números?

Cuando los escribimos sobre un papel
les inventamos un lugar,
como ellos nos inventan a veces
un lugar a nosotros.

Todas las cosas quieren reemplazarnos,
pero los números no.
Se parecen al ser:
no están en ningún lugar.

Pero ¿qué hay adentro de los números?
El simulacro de la medida
y las máscaras de los signos
nos han hecho olvidar su sustancia.

___

Si esto es uno
¿qué será dos?
No es tan sólo uno más uno.
A veces es dos
y no deja de ser uno.