¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
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martes, 18 de marzo de 2014
"Ruido o luz"(3, y fin), Daniel Bellón, Carlos Bruno, Ernesto Suárez
TEMBLOR DE MI PULSO QUE SOLO APAGA EL VINO
Parte del temblor universal
Ondas del cuero de un tambor
Tensa piel de cabra pulsante
Ritmo somos
Compás sistodiastólico
Penúltima ola
al hundirse la piedrita
en el charco
Pero tan escandalosos
ANTÁRTICO
Érebo acabó sentado
allá donde nunca fuimos
se hizo un agujero en la cima del monte
colgó los pies dentro
y le arrancó un volcán para calentarse
si nació del caos o del tiempo
ya a nadie le importaba
cansado de ser
la oscuridad eterna
la ausencia de luz allí donde estuviera
la noche oscura
habituado a los rincones ocultos
a las encerradas humedades al moho
al olvido y la huida
quebranto de ser
el primer destino de todos los muertos
y el legatario de todo cuanto ha sido
solo deseaba ser olvidado
dobló su cuello hacia atrás
inspiró con fuerza
con los ojos cerrados
removió con los pies la lava
ahuecó la nieve bajo él
y alzó la nariz
al aire
en lo alto un satélite fotografió
una mancha roja
sobre el hielo polar
ATLÁNTICO
(ajenos a la memoria ancestral de las tortugas
damos vueltas los hombres
sin sentido)
de diciembre a marzo
las tortugas verdes marinas
aovan en una pequeña isla atlántica
apenas una mancha en el océano
a más de dos mil kilómetros
de donde vivien de abril a noviembre
cerca del inmenso continente
donde poseen hermosas y grandes playas
para aovar
así cada año
durante
siete millones de años
genética y anhelo
(solo de vez en cuando
alguien se detiene
y
alza la vista a las estrellas)
martes, 11 de marzo de 2014
"Ruido o luz"(2), Daniel Bellón, Carlos Bruno, Ernesto Suárez
PROCEDEMOS DE POLVO DE LAS ESTRELLAS
dicen
Un calor seco en el frío absoluto del espacio
Que cayó sobre esta piedra que es la tierra
Y prosperó múltiple y diverso hasta ser esto
Que asemejamos ser De aquel calor y aquel
Frío secos
Nos quedó para siempre una sed inacabable
TU VIENTRE
en la noche
emite una señal ineludible
capaz de cruzar un continente
hasta las gastadas yemas de mis dedos
No hay en verdad silencio hay sonidos
que no alcanzamos
vibraciones que nos cruzan
sin sentirlo
el eco de un temblor
el rastro sutil del estampido inicial
La radiación de fondo
UNA SORPRESA RELATIVA
Debido a la velocidad limitada de la luz
resulta que podemos ver más atrás en el tiempo
cuanto más lejos miremos
Afilo mi vista allende el horizonte
para volverte a ver
NÓRDICO
bajo el cielo compacto
solo brillan en su blanco los copos de nieve cayendo
y la sonrisa sin meta de los borrachos
en los bares que bordean la estación
central de Copenhague
origen y destino
del estado providencia
dicen
Un calor seco en el frío absoluto del espacio
Que cayó sobre esta piedra que es la tierra
Y prosperó múltiple y diverso hasta ser esto
Que asemejamos ser De aquel calor y aquel
Frío secos
Nos quedó para siempre una sed inacabable
TU VIENTRE
en la noche
emite una señal ineludible
capaz de cruzar un continente
hasta las gastadas yemas de mis dedos
No hay en verdad silencio hay sonidos
que no alcanzamos
vibraciones que nos cruzan
sin sentirlo
el eco de un temblor
el rastro sutil del estampido inicial
La radiación de fondo
UNA SORPRESA RELATIVA
Debido a la velocidad limitada de la luz
resulta que podemos ver más atrás en el tiempo
cuanto más lejos miremos
Afilo mi vista allende el horizonte
para volverte a ver
NÓRDICO
bajo el cielo compacto
solo brillan en su blanco los copos de nieve cayendo
y la sonrisa sin meta de los borrachos
en los bares que bordean la estación
central de Copenhague
origen y destino
del estado providencia
martes, 4 de marzo de 2014
"Ruido o luz", Daniel Bellón, Carlos Bruno, Ernesto Suárez (1)
Publicado por Amargord en el año 2013
MIRAN LOS NIÑOS LA CÚPULA
del planetario
El cielo dibujado
cuenta una historia
que ya apenas recuerda
la memoria de la especie,
cuando caminábamos tras una estrella
cruzando la sabana
hacia el norte
Por mucho que tensan los ojos
los pibitos no ven
o no recuerdan
Solo ven puntos
Desordenados
LA LUZ NOS OCULTA LA LUZ
para ver
hacemos uso de lo oscuro
EL UNIVERSO ES UNA FRASE
lo primero antes
de su mayúscula
el fogonazo sin atrás de quella única
letra exacta
los dones se iniciaron con una sola espiración sola
y que permanece
de ella somos un espejo
como nuestro aliento de nosotros
lo será después
DE UN GOLPE VENIMOS DE LA REVENTAZÓN
de un tiempo y un espacio encerrados
en apenitas un casi nada De una violencia
original nacimos y vamos repitiendo
la onda expansiva
Matando por miedo a la muerte
esta abstracción se concreta
en las páginas de nuestros diarios
MIRAN LOS NIÑOS LA CÚPULA
del planetario
El cielo dibujado
cuenta una historia
que ya apenas recuerda
la memoria de la especie,
cuando caminábamos tras una estrella
cruzando la sabana
hacia el norte
Por mucho que tensan los ojos
los pibitos no ven
o no recuerdan
Solo ven puntos
Desordenados
LA LUZ NOS OCULTA LA LUZ
para ver
hacemos uso de lo oscuro
EL UNIVERSO ES UNA FRASE
lo primero antes
de su mayúscula
el fogonazo sin atrás de quella única
letra exacta
los dones se iniciaron con una sola espiración sola
y que permanece
de ella somos un espejo
como nuestro aliento de nosotros
lo será después
DE UN GOLPE VENIMOS DE LA REVENTAZÓN
de un tiempo y un espacio encerrados
en apenitas un casi nada De una violencia
original nacimos y vamos repitiendo
la onda expansiva
Matando por miedo a la muerte
esta abstracción se concreta
en las páginas de nuestros diarios
martes, 28 de enero de 2014
Gottfried Benn, "Morgue y otros poemas", completo
Traducción de Verónica Jaffé
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991
Venzuela
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991
Venzuela
PEQUEÑO ASTER
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñon,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
CIRCULACIÓN
La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Esta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
solo la tierra debe volver a la tierra.
LA NOVIA DEL NEGRO
Entonces sobre almohadas de oscura sangre
se recostaba el cuello de una mujer rubia.
El sol rabiaba en sus cabellos
y lamía los pálidos muslos
y se arrodillaba ante los pechos un poco más oscuros,
aún sin deformar por los pecados y los partos.
Un negro junto a ella: la coz de algún caballo
le había destrozado los ojos y la frente. Dos dedos
de su sucio pie izquierdo
se hincaban en la pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia:
orlando la felicidad del primer amor
y en espera de numerosos viajes celestiales
de la sangre joven y cálida.
Hasta que alguien
le hundió el cuchillo en la nívea garganta
y un delantal púrpura de sangre muerta
le cubrió las caderas.
RÉQUIEM
Dos en cada mesa. Hombres y mujeres
en cruz. Cerca, desnudos, y, pese a ello, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho partido en la mitad. Los cuerpos
engendran ahora por última vez.
Cada uno llena tres cazuelas: desde el cerebro hasta los testículos.
Y el templo de Dios y el Corral del demonio
ahora pecho a pecho en el fondo de un cubo
se ríen del Gólgota y del pecado original.
El resto, en ataúdes. Solo nuevas creaturas:
pierna de hombre, pecho de niño y pelo de mujer.
Yo vi lo que engendraron dos que antaño se jodían,
yacer allí, como si hubiera salido de un cuerpo materno.
PABELLÓN DE PARTURIENTAS
Las mujeres más pobres de Berlín
—trece niñas en cuarto y medio,
putas, prisioneras, execradas—
retuercen aquí sus cuerpos y gimen.
En ninguna parte se grita tanto.
En ninguna parte se ignoran tan completamente
dolores y angustias como en este lugar,
aquí siempre grita algo.
"¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí?
No está aquí por diversión.
No alargue la cosa.
¡También salen excrementos en este aprieto!
No está aquí para descansar.
No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!"
Por fin llega: azulado y pequeño.
Orina y heces lo ungen.
De once camas con lágrimas y sangre
los gemidos le dan la bienvenida.
Solo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.
Por este pequeño pedazo de carne
pasará todo: desolación y felicidad.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,
otros doce dormirán en este pabellón.
APÉNDICE
Todo está pulcro y preparado para el corte.
Los cuchillos humean. El abdomen marcado.
Bajo paños blancos hay algo que gime.
"Señor profesor, todo está listo."
La primera incisión. Como si el pan se rebanara.
"¡Pinzas!" Algo púrpura brota.
Más profundo. Los músculos: húmedos, brillantes, frescos.
¿Hay un ramo de rosas sobre la mesa?
¿Es pus lo que salta?
¿Habrán cortado el intestino?
"Doctor, si se para contra la luz,
ni el diablo puede ver el diafragma.
Anestesia, no puedo operar,
el hombre se va de paseo con su estómago."
Silencio, pesado, húmedo. En el vacío
tintinea una tijera en el suelo.
Y la enfermera angelical
ofrece algodones esterilizados.
"¡No puedo encontrar nada en esta porquería!"
"Sangre se oscurece. ¡Quíteme la mascarilla!"
"Pero—Dios del cielo—querido,
¡apriete mis esos talones!"
Todo deforme. ¡Por fin: aquí está!
"¡El hierro candente, enfermera!" Un siseo.
Por esta vez tuviste suerte, hijo mío.
La cosa estaba a punto de perforarse.
"¿Ve usted la pequeña mancha verde?
Tres horas y el estómago se llenaba de mierda."
Vientre cerrado, Piel cosida. "¡Esparadrapos, acá!
Buenos días señores."
La sala se vacía.
Furiosa castañea y rechina con las mejillas
la muerte se escurre a la barraca de los cancerosos.
HOMBRE Y MUJER CAMINAN POR LA BARRACA DE LOS CANCEROSOS
El hombre:
En esta fila regazos destruidos,
en esta otra pechos destruidos.
Cama apesta junto a cama. Las enfermeras se turnan cada hora.
Ven, levanta sin miedo esta manta.
Mira, este grumo de grasa y humores podridos,
alguna vez fue importante para un hombre
y también se llamaba patria y delirio.
Ven, mira estas cicatrices en el pecho.
¿Sientes el rosario de nudos blandos?
Toca sin temor. La carne es suave y no duele.
Esta mujer sangra como si tuviera treinta cuerpos.
Ningún ser humano tiene tanta sangre. A esta primero le cortaron
un niño del enfermo regazo.
Los dejan dormir. Día y noche. —A los nuevos
se les dice: aquí el sueño es curativo—. Solo los domingos,
para las visitas, se les deja un rato despiertos.
Es poca la comida que aún se consume. Las espaldas
están llenas de heridas. Mira las moscas. A veces
los lava una enfermera. Como se lavan los bancos.
Aquí se hincha alrededor de cada cama el campo labrado.
Carne se vuelve llanura. Fuego se pierde.
Humor se apresta a correr. Tierra llama.
CAFÉ NOCTURNO
824: vida y amor de las mujeres.
El violoncello se toma un trago. La flauta
eructa profundo en tres compases: la hermosa cena.
El tambor termina de leer una novela policial.
Dientes verdes, espinillas en la cara
le hace señas a una inflamación de párpado.
Grasa en el cabello
le habla a boca abierta con almendra faríngea
Fe, amor y esperanza alrededor del cuello.
Joven bocio quiere a nariz de dos bultos.
La convida a tres cervezas.
Sicosis compra claveles.
Para ablandar a papada.
Bemol-menor: la Sonata N° 35.
Dos ojos lanzan un grito:
¡No derramen la sangre de Chopin en la sala,
para que la chusma la pise!
¡Basta! ¡Eh, Gigi! —
La puerta se desborda: una mujer.
Desierto calcinado. Marrón canaanita.
Virgen. Plena de cuevas. Se acerca un aroma.
Poco aroma.
Solo es una dulce protuberancia del aire
contra mi cerebro.
Un cuerpo obeso con pasitos cortos salta detrás.
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñon,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
CIRCULACIÓN
La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Esta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
solo la tierra debe volver a la tierra.
LA NOVIA DEL NEGRO
Entonces sobre almohadas de oscura sangre
se recostaba el cuello de una mujer rubia.
El sol rabiaba en sus cabellos
y lamía los pálidos muslos
y se arrodillaba ante los pechos un poco más oscuros,
aún sin deformar por los pecados y los partos.
Un negro junto a ella: la coz de algún caballo
le había destrozado los ojos y la frente. Dos dedos
de su sucio pie izquierdo
se hincaban en la pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia:
orlando la felicidad del primer amor
y en espera de numerosos viajes celestiales
de la sangre joven y cálida.
Hasta que alguien
le hundió el cuchillo en la nívea garganta
y un delantal púrpura de sangre muerta
le cubrió las caderas.
RÉQUIEM
Dos en cada mesa. Hombres y mujeres
en cruz. Cerca, desnudos, y, pese a ello, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho partido en la mitad. Los cuerpos
engendran ahora por última vez.
Cada uno llena tres cazuelas: desde el cerebro hasta los testículos.
Y el templo de Dios y el Corral del demonio
ahora pecho a pecho en el fondo de un cubo
se ríen del Gólgota y del pecado original.
El resto, en ataúdes. Solo nuevas creaturas:
pierna de hombre, pecho de niño y pelo de mujer.
Yo vi lo que engendraron dos que antaño se jodían,
yacer allí, como si hubiera salido de un cuerpo materno.
PABELLÓN DE PARTURIENTAS
Las mujeres más pobres de Berlín
—trece niñas en cuarto y medio,
putas, prisioneras, execradas—
retuercen aquí sus cuerpos y gimen.
En ninguna parte se grita tanto.
En ninguna parte se ignoran tan completamente
dolores y angustias como en este lugar,
aquí siempre grita algo.
"¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí?
No está aquí por diversión.
No alargue la cosa.
¡También salen excrementos en este aprieto!
No está aquí para descansar.
No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!"
Por fin llega: azulado y pequeño.
Orina y heces lo ungen.
De once camas con lágrimas y sangre
los gemidos le dan la bienvenida.
Solo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.
Por este pequeño pedazo de carne
pasará todo: desolación y felicidad.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,
otros doce dormirán en este pabellón.
APÉNDICE
Todo está pulcro y preparado para el corte.
Los cuchillos humean. El abdomen marcado.
Bajo paños blancos hay algo que gime.
"Señor profesor, todo está listo."
La primera incisión. Como si el pan se rebanara.
"¡Pinzas!" Algo púrpura brota.
Más profundo. Los músculos: húmedos, brillantes, frescos.
¿Hay un ramo de rosas sobre la mesa?
¿Es pus lo que salta?
¿Habrán cortado el intestino?
"Doctor, si se para contra la luz,
ni el diablo puede ver el diafragma.
Anestesia, no puedo operar,
el hombre se va de paseo con su estómago."
Silencio, pesado, húmedo. En el vacío
tintinea una tijera en el suelo.
Y la enfermera angelical
ofrece algodones esterilizados.
"¡No puedo encontrar nada en esta porquería!"
"Sangre se oscurece. ¡Quíteme la mascarilla!"
"Pero—Dios del cielo—querido,
¡apriete mis esos talones!"
Todo deforme. ¡Por fin: aquí está!
"¡El hierro candente, enfermera!" Un siseo.
Por esta vez tuviste suerte, hijo mío.
La cosa estaba a punto de perforarse.
"¿Ve usted la pequeña mancha verde?
Tres horas y el estómago se llenaba de mierda."
Vientre cerrado, Piel cosida. "¡Esparadrapos, acá!
Buenos días señores."
La sala se vacía.
Furiosa castañea y rechina con las mejillas
la muerte se escurre a la barraca de los cancerosos.
HOMBRE Y MUJER CAMINAN POR LA BARRACA DE LOS CANCEROSOS
El hombre:
En esta fila regazos destruidos,
en esta otra pechos destruidos.
Cama apesta junto a cama. Las enfermeras se turnan cada hora.
Ven, levanta sin miedo esta manta.
Mira, este grumo de grasa y humores podridos,
alguna vez fue importante para un hombre
y también se llamaba patria y delirio.
Ven, mira estas cicatrices en el pecho.
¿Sientes el rosario de nudos blandos?
Toca sin temor. La carne es suave y no duele.
Esta mujer sangra como si tuviera treinta cuerpos.
Ningún ser humano tiene tanta sangre. A esta primero le cortaron
un niño del enfermo regazo.
Los dejan dormir. Día y noche. —A los nuevos
se les dice: aquí el sueño es curativo—. Solo los domingos,
para las visitas, se les deja un rato despiertos.
Es poca la comida que aún se consume. Las espaldas
están llenas de heridas. Mira las moscas. A veces
los lava una enfermera. Como se lavan los bancos.
Aquí se hincha alrededor de cada cama el campo labrado.
Carne se vuelve llanura. Fuego se pierde.
Humor se apresta a correr. Tierra llama.
CAFÉ NOCTURNO
824: vida y amor de las mujeres.
El violoncello se toma un trago. La flauta
eructa profundo en tres compases: la hermosa cena.
El tambor termina de leer una novela policial.
Dientes verdes, espinillas en la cara
le hace señas a una inflamación de párpado.
Grasa en el cabello
le habla a boca abierta con almendra faríngea
Fe, amor y esperanza alrededor del cuello.
Joven bocio quiere a nariz de dos bultos.
La convida a tres cervezas.
Sicosis compra claveles.
Para ablandar a papada.
Bemol-menor: la Sonata N° 35.
Dos ojos lanzan un grito:
¡No derramen la sangre de Chopin en la sala,
para que la chusma la pise!
¡Basta! ¡Eh, Gigi! —
La puerta se desborda: una mujer.
Desierto calcinado. Marrón canaanita.
Virgen. Plena de cuevas. Se acerca un aroma.
Poco aroma.
Solo es una dulce protuberancia del aire
contra mi cerebro.
Un cuerpo obeso con pasitos cortos salta detrás.
martes, 21 de enero de 2014
Gottfried Benn, "Morgue y otros poemas" (3, y fin)
APÉNDICE
Todo está pulcro y preparado para el corte.
Los cuchillos humean. El abdomen marcado.
Bajo paños blancos hay algo que gime.
"Señor profesor, todo está listo."
La primera incisión. Como si el pan se rebanara.
"¡Pinzas!" Algo púrpura brota.
Más profundo. Los músculos: húmedos, brillantes, frescos.
¿Hay un ramo de rosas sobre la mesa?
¿Es pus lo que salta?
¿Habrán cortado el intestino?
"Doctor, si se para contra la luz,
ni el diablo puede ver el diafragma.
Anestesia, no puedo operar,
el hombre se va de paseo con su estómago."
Silencio, pesado, húmedo. En el vacío
tintinea una tijera en el suelo.
Y la enfermera angelical
ofrece algodones esterilizados.
"¡No puedo encontrar nada en esta porquería!"
"Sangre se oscurece. ¡Quíteme la mascarilla!"
"Pero—Dios del cielo—querido,
¡apriete mis esos talones!"
Todo deforme. ¡Por fin: aquí está!
"¡El hierro candente, enfermera!" Un siseo.
Por esta vez tuviste suerte, hijo mío.
La cosa estaba a punto de perforarse.
"¿Ve usted la pequeña mancha verde?
Tres horas y el estómago se llenaba de mierda."
Vientre cerrado, Piel cosida. "¡Esparadrapos, acá!
Buenos días señores."
La sala se vacía.
Furiosa castañea y rechina con las mejillas
la muerte se escurre a la barraca de los cancerosos.
HOMBRE Y MUJER CAMINAN POR LA BARRACA DE LOS CANCEROSOS
El hombre:
En esta fila regazos destruidos,
en esta otra pechos destruidos.
Cama apesta junto a cama. Las enfermeras se turnan cada hora.
Ven, levanta sin miedo esta manta.
Mira, este grumo de grasa y humores podridos,
alguna vez fue importante para un hombre
y también se llamaba patria y delirio.
Ven, mira estas cicatrices en el pecho.
¿Sientes el rosario de nudos blandos?
Toca sin temor. La carne es suave y no duele.
Esta mujer sangra como si tuviera treinta cuerpos.
Ningún ser humano tiene tanta sangre. A esta primero le cortaron
un niño del enfermo regazo.
Los dejan dormir. Día y noche. —A los nuevos
se les dice: aquí el sueño es curativo—. Solo los domingos,
para las visitas, se les deja un rato despiertos.
Es poca la comida que aún se consume. Las espaldas
están llenas de heridas. Mira las moscas. A veces
los lava una enfermera. Como se lavan los bancos.
Aquí se hincha alrededor de cada cama el campo labrado.
Carne se vuelve llanura. Fuego se pierde.
Humor se apresta a correr. Tierra llama.
CAFÉ NOCTURNO
824: vida y amor de las mujeres.
El violoncello se toma un trago. La flauta
eructa profundo en tres compases: la hermosa cena.
El tambor termina de leer una novela policial.
Dientes verdes, espinillas en la cara
le hace señas a una inflamación de párpado.
Grasa en el cabello
le habla a boca abierta con almendra faríngea
Fe, amor y esperanza alrededor del cuello.
Joven bocio quiere a nariz de dos bultos.
La convida a tres cervezas.
Sicosis compra claveles.
Para ablandar a papada.
Bemol-menor: la Sonata N° 35.
Dos ojos lanzan un grito:
¡No derramen la sangre de Chopin en la sala,
para que la chusma la pise!
¡Basta! ¡Eh, Gigi! —
La puerta se desborda: una mujer.
Desierto calcinado. Marrón canaanita.
Virgen. Plena de cuevas. Se acerca un aroma.
Poco aroma.
Solo es una dulce protuberancia del aire
contra mi cerebro.
Un cuerpo obeso con pasitos cortos salta detrás.
Todo está pulcro y preparado para el corte.
Los cuchillos humean. El abdomen marcado.
Bajo paños blancos hay algo que gime.
"Señor profesor, todo está listo."
La primera incisión. Como si el pan se rebanara.
"¡Pinzas!" Algo púrpura brota.
Más profundo. Los músculos: húmedos, brillantes, frescos.
¿Hay un ramo de rosas sobre la mesa?
¿Es pus lo que salta?
¿Habrán cortado el intestino?
"Doctor, si se para contra la luz,
ni el diablo puede ver el diafragma.
Anestesia, no puedo operar,
el hombre se va de paseo con su estómago."
Silencio, pesado, húmedo. En el vacío
tintinea una tijera en el suelo.
Y la enfermera angelical
ofrece algodones esterilizados.
"¡No puedo encontrar nada en esta porquería!"
"Sangre se oscurece. ¡Quíteme la mascarilla!"
"Pero—Dios del cielo—querido,
¡apriete mis esos talones!"
Todo deforme. ¡Por fin: aquí está!
"¡El hierro candente, enfermera!" Un siseo.
Por esta vez tuviste suerte, hijo mío.
La cosa estaba a punto de perforarse.
"¿Ve usted la pequeña mancha verde?
Tres horas y el estómago se llenaba de mierda."
Vientre cerrado, Piel cosida. "¡Esparadrapos, acá!
Buenos días señores."
La sala se vacía.
Furiosa castañea y rechina con las mejillas
la muerte se escurre a la barraca de los cancerosos.
HOMBRE Y MUJER CAMINAN POR LA BARRACA DE LOS CANCEROSOS
El hombre:
En esta fila regazos destruidos,
en esta otra pechos destruidos.
Cama apesta junto a cama. Las enfermeras se turnan cada hora.
Ven, levanta sin miedo esta manta.
Mira, este grumo de grasa y humores podridos,
alguna vez fue importante para un hombre
y también se llamaba patria y delirio.
Ven, mira estas cicatrices en el pecho.
¿Sientes el rosario de nudos blandos?
Toca sin temor. La carne es suave y no duele.
Esta mujer sangra como si tuviera treinta cuerpos.
Ningún ser humano tiene tanta sangre. A esta primero le cortaron
un niño del enfermo regazo.
Los dejan dormir. Día y noche. —A los nuevos
se les dice: aquí el sueño es curativo—. Solo los domingos,
para las visitas, se les deja un rato despiertos.
Es poca la comida que aún se consume. Las espaldas
están llenas de heridas. Mira las moscas. A veces
los lava una enfermera. Como se lavan los bancos.
Aquí se hincha alrededor de cada cama el campo labrado.
Carne se vuelve llanura. Fuego se pierde.
Humor se apresta a correr. Tierra llama.
CAFÉ NOCTURNO
824: vida y amor de las mujeres.
El violoncello se toma un trago. La flauta
eructa profundo en tres compases: la hermosa cena.
El tambor termina de leer una novela policial.
Dientes verdes, espinillas en la cara
le hace señas a una inflamación de párpado.
Grasa en el cabello
le habla a boca abierta con almendra faríngea
Fe, amor y esperanza alrededor del cuello.
Joven bocio quiere a nariz de dos bultos.
La convida a tres cervezas.
Sicosis compra claveles.
Para ablandar a papada.
Bemol-menor: la Sonata N° 35.
Dos ojos lanzan un grito:
¡No derramen la sangre de Chopin en la sala,
para que la chusma la pise!
¡Basta! ¡Eh, Gigi! —
La puerta se desborda: una mujer.
Desierto calcinado. Marrón canaanita.
Virgen. Plena de cuevas. Se acerca un aroma.
Poco aroma.
Solo es una dulce protuberancia del aire
contra mi cerebro.
Un cuerpo obeso con pasitos cortos salta detrás.
martes, 14 de enero de 2014
Gottfried Benn, "Morgue y otros poemas" (2)
LA NOVIA DEL NEGRO
Entonces sobre almohadas de oscura sangre
se recostaba el cuello de una mujer rubia.
El sol rabiaba en sus cabellos
y lamía los pálidos muslos
y se arrodillaba ante los pechos un poco más oscuros,
aún sin deformar por los pecados y los partos.
Un negro junto a ella: la coz de algún caballo
le había destrozado los ojos y la frente. Dos dedos
de su sucio pie izquierdo
se hincaban en la pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia:
orlando la felicidad del primer amor
y en espera de numerosos viajes celestiales
de la sangre joven y cálida.
Hasta que alguien
le hundió el cuchillo en la nívea garganta
y un delantal púrpura de sangre muerta
le cubrió las caderas.
RÉQUIEM
Dos en cada mesa. Hombres y mujeres
en cruz. Cerca, desnudos, y, pese a ello, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho partido en la mitad. Los cuerpos
engendran ahora por última vez.
Cada uno llena tres cazuelas: desde el cerebro hasta los testículos.
Y el templo de Dios y el Corral del demonio
ahora pecho a pecho en el fondo de un cubo
se ríen del Gólgota y del pecado original.
El resto, en ataúdes. Solo nuevas creaturas:
pierna de hombre, pecho de niño y pelo de mujer.
Yo vi lo que engendraron dos que antaño se jodían,
yacer allí, como si hubiera salido de un cuerpo materno.
PABELLÓN DE PARTURIENTAS
Las mujeres más pobres de Berlín
—trece niñas en cuarto y medio,
putas, prisioneras, execradas—
retuercen aquí sus cuerpos y gimen.
En ninguna parte se grita tanto.
En ninguna parte se ignoran tan completamente
dolores y angustias como en este lugar,
aquí siempre grita algo.
"¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí?
No está aquí por diversión.
No alargue la cosa.
¡También salen excrementos en este aprieto!
No está aquí para descansar.
No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!"
Por fin llega: azulado y pequeño.
Orina y heces lo ungen.
De once camas con lágrimas y sangre
los gemidos le dan la bienvenida.
Solo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.
Por este pequeño pedazo de carne
pasará todo: desolación y felicidad.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,
otros doce dormirán en este pabellón.
Entonces sobre almohadas de oscura sangre
se recostaba el cuello de una mujer rubia.
El sol rabiaba en sus cabellos
y lamía los pálidos muslos
y se arrodillaba ante los pechos un poco más oscuros,
aún sin deformar por los pecados y los partos.
Un negro junto a ella: la coz de algún caballo
le había destrozado los ojos y la frente. Dos dedos
de su sucio pie izquierdo
se hincaban en la pequeña oreja blanca.
Pero ella yacía y dormía como una novia:
orlando la felicidad del primer amor
y en espera de numerosos viajes celestiales
de la sangre joven y cálida.
Hasta que alguien
le hundió el cuchillo en la nívea garganta
y un delantal púrpura de sangre muerta
le cubrió las caderas.
RÉQUIEM
Dos en cada mesa. Hombres y mujeres
en cruz. Cerca, desnudos, y, pese a ello, sin dolor.
El cráneo abierto. El pecho partido en la mitad. Los cuerpos
engendran ahora por última vez.
Cada uno llena tres cazuelas: desde el cerebro hasta los testículos.
Y el templo de Dios y el Corral del demonio
ahora pecho a pecho en el fondo de un cubo
se ríen del Gólgota y del pecado original.
El resto, en ataúdes. Solo nuevas creaturas:
pierna de hombre, pecho de niño y pelo de mujer.
Yo vi lo que engendraron dos que antaño se jodían,
yacer allí, como si hubiera salido de un cuerpo materno.
PABELLÓN DE PARTURIENTAS
Las mujeres más pobres de Berlín
—trece niñas en cuarto y medio,
putas, prisioneras, execradas—
retuercen aquí sus cuerpos y gimen.
En ninguna parte se grita tanto.
En ninguna parte se ignoran tan completamente
dolores y angustias como en este lugar,
aquí siempre grita algo.
"¡Empuje Usted, mujer! ¿Entiende, sí?
No está aquí por diversión.
No alargue la cosa.
¡También salen excrementos en este aprieto!
No está aquí para descansar.
No viene solo. ¡Usted tiene que hacer algo!"
Por fin llega: azulado y pequeño.
Orina y heces lo ungen.
De once camas con lágrimas y sangre
los gemidos le dan la bienvenida.
Solo en dos ojos estalla un coro de júbilos al cielo.
Por este pequeño pedazo de carne
pasará todo: desolación y felicidad.
Y cuando muera entre estertores y sufrimientos,
otros doce dormirán en este pabellón.
martes, 7 de enero de 2014
Gottfried Benn, "Morgue y otros poemas" (1)
Traducción de Verónica Jaffé
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991
Venezuela
Porque no solo de matemáticas vive el hombre, te traigo este vanguardista libro publicado en el año 1912 en Berlín. Poesía forense. Va.
PEQUEÑO ASTER
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñon,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
CIRCULACIÓN
La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Esta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
solo la tierra debe volver a la tierra.
Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1991
Venezuela
Porque no solo de matemáticas vive el hombre, te traigo este vanguardista libro publicado en el año 1912 en Berlín. Poesía forense. Va.
PEQUEÑO ASTER
El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el aserrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta la saciedad en tu florero!
¡Descansa en paz,
pequeño aster!
HERMOSA JUVENTUD
La boca de una niña que había estado mucho tiempo entre los juncos
parecía tan carcomida.
Cuando le quebraron el pecho, el esófago estaba tan agujereado.
Por fin, en una pérgola bajo el diafragma
hallaron un nido de pequeñas ratas.
Una hermanita yacía muerta.
Las otras se alimentaban del hígado y del riñon,
bebían la sangre fría y pasaron aquí
una hermosa juventud.
Y hermosa y rápida las sorprendió la muerte:
a todas las lanzaron al agua.
¡Ay, cómo chillaban los pequeños hocicos!
CIRCULACIÓN
La solitaria muela de una puta
una muerta sin nombre
llevaba una corona de oro.
Las demás se habían desprendido
como por un secreto acuerdo.
Esta la extrajo el sepulturero para sí.
Porque, decía,
solo la tierra debe volver a la tierra.
miércoles, 6 de febrero de 2013
"Oscuridad" y "Madrigal (?) futuro", últimos poemas de Joaquín María Bartrina en Poesía Abierta
OSCURIDAD
A un ciego de nacimiento
pregunté: -Si no es enojo,
decid, ¿qué es el color rojo?
¿Lo sentís cual yo lo siento?
Y respondió sin empacho:
-Pienso que será, sin duda,
como el olor de la ruda,
como el gusto del gazpacho,
como horno de fuego lleno,
como pisar un abrojo,
y aun creo que será rojo
el estampido del trueno...
Calló..., y aún son mi tormento
aquellas definiciones,
¡para cuántas sensaciones
soy ciego de nacimiento!
MADRIGAL (?) FUTURO
"Juan, cabeza sin fósforo, con Juana
paseaba una mañana
(24 Reaumur, Viento N.E.,
Cielo con Cirrus) por un campo agreste.
Iban los dos mamíferos hablando,
cuando Juan se inclinó, con el deseo
de ofrecer a su amada, suspirando,
un Dyanthus Cariophyllus de Linneo.
La hembra aceptó, y a su emoción nerviosa
en su cardias la diástole y la sístole
se hizo más presurosa,
los vasos capilares de la facies
también se dilataron
y al punto las membranas de su cutis
sonrosado color transparentaron."
A un ciego de nacimiento
pregunté: -Si no es enojo,
decid, ¿qué es el color rojo?
¿Lo sentís cual yo lo siento?
Y respondió sin empacho:
-Pienso que será, sin duda,
como el olor de la ruda,
como el gusto del gazpacho,
como horno de fuego lleno,
como pisar un abrojo,
y aun creo que será rojo
el estampido del trueno...
Calló..., y aún son mi tormento
aquellas definiciones,
¡para cuántas sensaciones
soy ciego de nacimiento!
MADRIGAL (?) FUTURO
"Juan, cabeza sin fósforo, con Juana
paseaba una mañana
(24 Reaumur, Viento N.E.,
Cielo con Cirrus) por un campo agreste.
Iban los dos mamíferos hablando,
cuando Juan se inclinó, con el deseo
de ofrecer a su amada, suspirando,
un Dyanthus Cariophyllus de Linneo.
La hembra aceptó, y a su emoción nerviosa
en su cardias la diástole y la sístole
se hizo más presurosa,
los vasos capilares de la facies
también se dilataron
y al punto las membranas de su cutis
sonrosado color transparentaron."
miércoles, 30 de enero de 2013
"La mujer" según Bartrina
LA MUJER
Para poder comprender
el misterio que calculan,
los que la odian o la adulan,
que se encierra en la mujer,
basta saber el real
y profundísimo enlace
en que confundido yace
lo físico y lo moral.
Mujer y hombre se parecen
al ser niños; con la edad
surge entre ellos variedad
que crece cuanto ellos crecen.
Toma de aquel la figura
masculinos caracteres,
y conservan las mujeres
de los niños la tersura.
De la inocencia y la calma
pronto los hombres se alejan,
y las mujeres semejan
siempre al niño, en cuerpo y alma.
Si hacer trizas se las ve
del corazón de algún hombre,
lo hacen solo, y no os asombre,
con la mejor buena fe.
También el niño, tan presto
como tiene de ello antojos,
arranca a una ave los ojos
y no es criminal por esto.
Toda cariño y amor,
amor la mujer desea;
sino al que la llama fea
a nadie guarda rencor.
Que al fin ella ha de querer
como el ave ha de cantar,
como el río ha de ir al mar,
como el mañana al ayer.
Nunca del amor el rayo
en su pecho infantil muere,
y si al marido no quiere
querrá a cualquiera..., al lacayo.
Ignorando este misterio,
deja a su esposa en olvido
el marido, y el marido
justifica el adulterio.
Yo no envidio al que comparte
el exclusivo cariño
que debe a su mujer-niño,
con la ciencia o con el arte.
De ningún hombre de ciencia
el talento hereda el hijo...,
y no se deja, de fijo,
de cumplir la ley de herencia.
Para poder comprender
el misterio que calculan,
los que la odian o la adulan,
que se encierra en la mujer,
basta saber el real
y profundísimo enlace
en que confundido yace
lo físico y lo moral.
Mujer y hombre se parecen
al ser niños; con la edad
surge entre ellos variedad
que crece cuanto ellos crecen.
Toma de aquel la figura
masculinos caracteres,
y conservan las mujeres
de los niños la tersura.
De la inocencia y la calma
pronto los hombres se alejan,
y las mujeres semejan
siempre al niño, en cuerpo y alma.
Si hacer trizas se las ve
del corazón de algún hombre,
lo hacen solo, y no os asombre,
con la mejor buena fe.
También el niño, tan presto
como tiene de ello antojos,
arranca a una ave los ojos
y no es criminal por esto.
Toda cariño y amor,
amor la mujer desea;
sino al que la llama fea
a nadie guarda rencor.
Que al fin ella ha de querer
como el ave ha de cantar,
como el río ha de ir al mar,
como el mañana al ayer.
Nunca del amor el rayo
en su pecho infantil muere,
y si al marido no quiere
querrá a cualquiera..., al lacayo.
Ignorando este misterio,
deja a su esposa en olvido
el marido, y el marido
justifica el adulterio.
Yo no envidio al que comparte
el exclusivo cariño
que debe a su mujer-niño,
con la ciencia o con el arte.
De ningún hombre de ciencia
el talento hereda el hijo...,
y no se deja, de fijo,
de cumplir la ley de herencia.
miércoles, 23 de enero de 2013
"Lo respetable" y "Fábula", más poemas de Bartrina
LO RESPETABLE
Una ballena vieja y arrugada,
con pocos dientes, casi ya sin vista
o a lo menos con vista muy cansada,
andaba por los mares poco lista,
arrastrando su mole fatigada.
Ella que huyó el arpón del ballenero
cuando tenía el cuerpo más ligero,
perdidos ya el olfato y la destreza,
no asomaba a flor de agua la cabeza
temiendo siempre al pescador artero.
-¿Pues cómo el pez hallaba y engullía?
-¡Es natural! El miedo aún subsistía
que infundiera, y, con santa devoción,
a ser comido el pez se sometía...
por respeto a la antigua tradición.
FÁBULA
De los lentes de un botánico
cayó un cristal, se hizo piezas,
y quedó sobre una hormiga
un pedazo al dar en tierra.
Las hormigas al pasar,
deteníanse, y, sorpresas,
contemplaban a una hermana
de tan rara corpulencia;
y la pequeñuela hormiga,
debajo del cristal presa,
convertidas en gigantas
miraba a sus compañeras;
en tanto el sabio reía
del terror de todas ellas.
¡Entre cristales de aumento
cuánta gente se pasea!
Una ballena vieja y arrugada,
con pocos dientes, casi ya sin vista
o a lo menos con vista muy cansada,
andaba por los mares poco lista,
arrastrando su mole fatigada.
Ella que huyó el arpón del ballenero
cuando tenía el cuerpo más ligero,
perdidos ya el olfato y la destreza,
no asomaba a flor de agua la cabeza
temiendo siempre al pescador artero.
-¿Pues cómo el pez hallaba y engullía?
-¡Es natural! El miedo aún subsistía
que infundiera, y, con santa devoción,
a ser comido el pez se sometía...
por respeto a la antigua tradición.
FÁBULA
De los lentes de un botánico
cayó un cristal, se hizo piezas,
y quedó sobre una hormiga
un pedazo al dar en tierra.
Las hormigas al pasar,
deteníanse, y, sorpresas,
contemplaban a una hermana
de tan rara corpulencia;
y la pequeñuela hormiga,
debajo del cristal presa,
convertidas en gigantas
miraba a sus compañeras;
en tanto el sabio reía
del terror de todas ellas.
¡Entre cristales de aumento
cuánta gente se pasea!
miércoles, 16 de enero de 2013
"Ciencia imposible", poema de Bartrina
CIENCIA IMPOSIBLE
Un geólogo de Inglaterra
hizo a su país notorio,
sin moverse de su tierra,
ni aun de su laboratorio,
los ríos y las montañas
que escondían al mortal
las misteriosas entrañas
de toda el África austral.
Y Livingstone, que seguía
aquella ignota región,
de cuanto el sabio decía
halló la confirmación.
Estudiando Le Verrier
un intrincado problema,
un nuevo astro creyó ver
en nuestro solar sistema.
Y citándole en su esfera,
al saber su movimiento,
le mandó compareciera
a un punto del firmamento.
Contra todo lo esperado,
de la región infinita
en el punto señalado
Neptuno acudió a la cita.
En las regiones vecinas
a la bíblica Israel,
donde aún se ven las ruinas
de Nínive y de Babel,
de ladrillos calcinados,
se hallan montones enormes,
en cuya arcilla hay grabados
caracteres cuneiformes.
Botín fueron de un viaje
y un sabio halló su secreto,
y resucitó un lenguaje,
y adivinó un alfabeto,
y en los signos descubiertos
hoy leer bien podemos ya
la historia de pueblos muertos
veinticinco siglos ha.
Y ni uno de los tres sabios,
ni ningún sabio del mundo,
osa desplegar los labios
ante el misterio profundo
del microcosmos, del ser;
mundo en cuya realidad
todo se puede saber,
todo, menos la verdad.
Nadie sus leyes percibe,
sus secretos no sabemos,
y esto que en nosotros vive
desde el punto en que nacemos.
Ni aun el sabio de más fama,
si es de lo falso enemigo,
dirá: esta mujer me ama,
o bien: este hombre es mi amigo.
Un geólogo de Inglaterra
hizo a su país notorio,
sin moverse de su tierra,
ni aun de su laboratorio,
los ríos y las montañas
que escondían al mortal
las misteriosas entrañas
de toda el África austral.
Y Livingstone, que seguía
aquella ignota región,
de cuanto el sabio decía
halló la confirmación.
Estudiando Le Verrier
un intrincado problema,
un nuevo astro creyó ver
en nuestro solar sistema.
Y citándole en su esfera,
al saber su movimiento,
le mandó compareciera
a un punto del firmamento.
Contra todo lo esperado,
de la región infinita
en el punto señalado
Neptuno acudió a la cita.
En las regiones vecinas
a la bíblica Israel,
donde aún se ven las ruinas
de Nínive y de Babel,
de ladrillos calcinados,
se hallan montones enormes,
en cuya arcilla hay grabados
caracteres cuneiformes.
Botín fueron de un viaje
y un sabio halló su secreto,
y resucitó un lenguaje,
y adivinó un alfabeto,
y en los signos descubiertos
hoy leer bien podemos ya
la historia de pueblos muertos
veinticinco siglos ha.
Y ni uno de los tres sabios,
ni ningún sabio del mundo,
osa desplegar los labios
ante el misterio profundo
del microcosmos, del ser;
mundo en cuya realidad
todo se puede saber,
todo, menos la verdad.
Nadie sus leyes percibe,
sus secretos no sabemos,
y esto que en nosotros vive
desde el punto en que nacemos.
Ni aun el sabio de más fama,
si es de lo falso enemigo,
dirá: esta mujer me ama,
o bien: este hombre es mi amigo.
miércoles, 9 de enero de 2013
Joaquín María Bartrina escribió los poemas "Excepción" y "Contra Darwin"
EXCEPCIÓN
Nada muere en el mundo. El movimiento
transfórmase en calor, luz o sonido;
la materia es eterna:
cuanto es también será, también ha sido.
Al esconder el sol sus resplandores
no se pierde la luz con que ilumina;
transfórmase en matices en las flores,
en imágenes mil en la retina.
El carbón que da el gas a las ciudades
y el fuego a la veloz locomotora
fue bosque en remotísimas edades,
y es la luz que en sí encierra
y nos devuelve ahora
la luz del sol que le alumbró en la tierra.
Sobre el mar la gaviota se desliza
y el agua con sus alas débil hiere,
y aquella ondulación con que el mar riza
no efímera allí muere,
que en las lejanas playas se confunde
con las que causa el barco que se hunde.
Solo en el mundo la memoria humana
es fuerza que sucumba,
¡y del yo nada queda en pos la tumba!
El hombre al hombre olvida,
si le es indiferente, cuando muere,
y si le debe algún favor, en vida.
CONTRA DARWIN
Cuentan que en Abisinia una manada
de feos babuinos
fue de Brehm por los perros atacada,
al cerrarle del monte los caminos.
De entre los cuadrumanos los más viejos
sobre los perros prestos se arrojaron,
y estos al punto el campo abandonaron
no creyendo seguros sus pellejos.
Al ver trepar en salvo por las rocas
y huir al monte la simiana gente,
Brehm, contando sus fuerzas, que eran pocas,
azuzó a su traílla nuevamente.
Esta corrió veloz, y en un momento
el valle ensordeció con sus ladridos
al alcanzar, de todos los huidos,
a un pequeño babuino rezagado
que apenas cinco meses contaría,
y que al verse cercado
prorrumpió en agudísimos chillidos.
Al escuchar sus voces de agonía,
un viejo babuino,
bajó del salvador monte vecino,
se echó sobre los perros, con sus brazos
el cerco hizo pedazos,
arrebató al pequeño
y huyó con él, le dio su valor alas,
y ceder no le hicieron de su empeño
ya ni los perros, ni de Brehm las balas.
Herido, ensangrentado,
llegó el heroico mono a la montaña
y entregó a los demás el rescatado.
Tal vez la muerte coronó su hazaña.
Las doctrinas de Darwin abandono,
pues a decir, ¡oh estupidez!, se atreve
¡que mucho el hombre se parece al mono!
Nada muere en el mundo. El movimiento
transfórmase en calor, luz o sonido;
la materia es eterna:
cuanto es también será, también ha sido.
Al esconder el sol sus resplandores
no se pierde la luz con que ilumina;
transfórmase en matices en las flores,
en imágenes mil en la retina.
El carbón que da el gas a las ciudades
y el fuego a la veloz locomotora
fue bosque en remotísimas edades,
y es la luz que en sí encierra
y nos devuelve ahora
la luz del sol que le alumbró en la tierra.
Sobre el mar la gaviota se desliza
y el agua con sus alas débil hiere,
y aquella ondulación con que el mar riza
no efímera allí muere,
que en las lejanas playas se confunde
con las que causa el barco que se hunde.
Solo en el mundo la memoria humana
es fuerza que sucumba,
¡y del yo nada queda en pos la tumba!
El hombre al hombre olvida,
si le es indiferente, cuando muere,
y si le debe algún favor, en vida.
CONTRA DARWIN
Cuentan que en Abisinia una manada
de feos babuinos
fue de Brehm por los perros atacada,
al cerrarle del monte los caminos.
De entre los cuadrumanos los más viejos
sobre los perros prestos se arrojaron,
y estos al punto el campo abandonaron
no creyendo seguros sus pellejos.
Al ver trepar en salvo por las rocas
y huir al monte la simiana gente,
Brehm, contando sus fuerzas, que eran pocas,
azuzó a su traílla nuevamente.
Esta corrió veloz, y en un momento
el valle ensordeció con sus ladridos
al alcanzar, de todos los huidos,
a un pequeño babuino rezagado
que apenas cinco meses contaría,
y que al verse cercado
prorrumpió en agudísimos chillidos.
Al escuchar sus voces de agonía,
un viejo babuino,
bajó del salvador monte vecino,
se echó sobre los perros, con sus brazos
el cerco hizo pedazos,
arrebató al pequeño
y huyó con él, le dio su valor alas,
y ceder no le hicieron de su empeño
ya ni los perros, ni de Brehm las balas.
Herido, ensangrentado,
llegó el heroico mono a la montaña
y entregó a los demás el rescatado.
Tal vez la muerte coronó su hazaña.
Las doctrinas de Darwin abandono,
pues a decir, ¡oh estupidez!, se atreve
¡que mucho el hombre se parece al mono!
miércoles, 2 de enero de 2013
"Fábula" y "Conformes", poemas de Joaquín María Bartrina
FÁBULA
Cruzando por los profundos
espacios iba un cometa,
y cuentan que rabiaba,
al ver la distancia inmensa
a que estaba de este mundo,
de que no le apercibiera
ni aun el más estudioso
astrónomo de la tierra.
-¿Cómo lo haré, se decía,
para que todos me vean
y cuenten que soy, acaso,
un pronóstico de guerra,
de muerte de rey o papa,
de año de peste y miseria!
-¿Cómo lo haré?, repetía,
sin suspender su carrera.
De repente acertó el modo
de realizar su idea:
pasó por delante el sol
y una mancha dejó impresa
móvil del astro del día
en la esplendorosa esfera.
Al ver la mancha, el astrónomo
adivinó la existencia
del que fuera, a no manchar,
un ignorado cometa.
(Y el cometa, con su maña,
más que a servir a la ciencia,
aprovechó a la ignorancia,
que aprendió la estratagema.)
CONFORMES
Es bella, te ama. Yo tu ventura,
aunque ya envidio, más envidiara
si no supiera que su hermosura
está en tus ojos más que en su cara.
Su amor -y conste que no es despecho,
que de mis dudas no son resabios-
está en sus labios más que en su pecho
y está en tu mente más que en sus labios.
Pero ¡qué diablo! Cual solo es justa
la ley cuando hace lo que queremos,
solo es belleza lo que nos gusta,
verdad es solo lo que creemos.
Veo que sabe tu inexperiencia
lo que el estudio más viejo ignora.
Te compadece mi altiva ciencia;
mi alma, al saberlo, te envidia y llora.
Cruzando por los profundos
espacios iba un cometa,
y cuentan que rabiaba,
al ver la distancia inmensa
a que estaba de este mundo,
de que no le apercibiera
ni aun el más estudioso
astrónomo de la tierra.
-¿Cómo lo haré, se decía,
para que todos me vean
y cuenten que soy, acaso,
un pronóstico de guerra,
de muerte de rey o papa,
de año de peste y miseria!
-¿Cómo lo haré?, repetía,
sin suspender su carrera.
De repente acertó el modo
de realizar su idea:
pasó por delante el sol
y una mancha dejó impresa
móvil del astro del día
en la esplendorosa esfera.
Al ver la mancha, el astrónomo
adivinó la existencia
del que fuera, a no manchar,
un ignorado cometa.
(Y el cometa, con su maña,
más que a servir a la ciencia,
aprovechó a la ignorancia,
que aprendió la estratagema.)
CONFORMES
Es bella, te ama. Yo tu ventura,
aunque ya envidio, más envidiara
si no supiera que su hermosura
está en tus ojos más que en su cara.
Su amor -y conste que no es despecho,
que de mis dudas no son resabios-
está en sus labios más que en su pecho
y está en tu mente más que en sus labios.
Pero ¡qué diablo! Cual solo es justa
la ley cuando hace lo que queremos,
solo es belleza lo que nos gusta,
verdad es solo lo que creemos.
Veo que sabe tu inexperiencia
lo que el estudio más viejo ignora.
Te compadece mi altiva ciencia;
mi alma, al saberlo, te envidia y llora.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
"¡Ecce homo!", poema de Bartrina
¡ECCE HOMO!
Hace ya veinticuatro años
que vivo solo conmigo
y hace cuatro que deseo
divorciarme de mí mismo.
Todo cuanto me rodea
me causa profundo hastío,
y si entro en mí, me da espanto
y me da horror lo que miro...
Mi cabeza es vasto caos
caliginoso y sombrío
del que nunca saldrá un mundo,
y es mi corazón un circo
en que luchan como fieras
mis virtudes y mis vicios.
Sin una estrella en mi cielo,
en negra noche camino;
busco flores y hallo abrojos,
celeste aroma percibo,
corro a él, y, al correr, ciego,
mis pies hallan el vacío;
imposible es detenerme,
caigo rodando a un abismo,
logro agarrarme a una rosa...,
¡y se desprende conmigo!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Hoy ni amar ni sentir puedo...
¡Oh!, cuando pienso que he sido
feliz, ¡que podría serlo!
Un día, día maldito,
una ansia de saber loca
hizo probar a mi espíritu
la, por vedada, incitante
fruta del árbol prohibido
del bien y del mal... ¡La ciencia
me arrojó del paraíso!
Cruel ella, en microscopios
mis ojos ha convertido;
la que otros ven agua pura
llena de infusorios miro,
y donde hallan amor ellos,
solo descubro egoísmo.
Hay quien de noche, en el bosque,
se encanta ante el puro brillo
de una luz que entre las hojas
del césped se abre camino;
yo no, no puedo encantarme
y a aquella luz me aproximo,
hasta encontrar el gusano...,
¡y hago en el mundo lo mismo!
Y si me causa la vida
aburrimiento y fastidio,
solo al pensar en la muerte
me vienen escalofríos.
Mal si vivo, y peor si muero,
ved si estaré divertido...
Si los seres de la tierra
viven todos cual yo vivo,
¡como hay Dios (si lo hay), no entiendo
para qué habremos nacido!...
¡Maldita sea mi suerte
y el día sea maldito
en que me enviaron al mundo
sin consultarlo conmigo!...
Hace ya veinticuatro años
que vivo solo conmigo
y hace cuatro que deseo
divorciarme de mí mismo.
Todo cuanto me rodea
me causa profundo hastío,
y si entro en mí, me da espanto
y me da horror lo que miro...
Mi cabeza es vasto caos
caliginoso y sombrío
del que nunca saldrá un mundo,
y es mi corazón un circo
en que luchan como fieras
mis virtudes y mis vicios.
Sin una estrella en mi cielo,
en negra noche camino;
busco flores y hallo abrojos,
celeste aroma percibo,
corro a él, y, al correr, ciego,
mis pies hallan el vacío;
imposible es detenerme,
caigo rodando a un abismo,
logro agarrarme a una rosa...,
¡y se desprende conmigo!
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Hoy ni amar ni sentir puedo...
¡Oh!, cuando pienso que he sido
feliz, ¡que podría serlo!
Un día, día maldito,
una ansia de saber loca
hizo probar a mi espíritu
la, por vedada, incitante
fruta del árbol prohibido
del bien y del mal... ¡La ciencia
me arrojó del paraíso!
Cruel ella, en microscopios
mis ojos ha convertido;
la que otros ven agua pura
llena de infusorios miro,
y donde hallan amor ellos,
solo descubro egoísmo.
Hay quien de noche, en el bosque,
se encanta ante el puro brillo
de una luz que entre las hojas
del césped se abre camino;
yo no, no puedo encantarme
y a aquella luz me aproximo,
hasta encontrar el gusano...,
¡y hago en el mundo lo mismo!
Y si me causa la vida
aburrimiento y fastidio,
solo al pensar en la muerte
me vienen escalofríos.
Mal si vivo, y peor si muero,
ved si estaré divertido...
Si los seres de la tierra
viven todos cual yo vivo,
¡como hay Dios (si lo hay), no entiendo
para qué habremos nacido!...
¡Maldita sea mi suerte
y el día sea maldito
en que me enviaron al mundo
sin consultarlo conmigo!...
miércoles, 12 de diciembre de 2012
"De omni re scibili", poema burlesco de Bartriana cuyo título es cita a Pico de la Mirandola
DE OMNI RE SCIBILI
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí.
Solo la ciencia a mi ansiedad responde,
y por la ciencia sé
que no existe ese dios que siempre esconde
el último porqué.
Sé que soy un mamífero bimano
(que no es poco saber)
y sé lo que es el átomo, ese arcano
del ser y del no ser.
Sé que el rubor que enciende las facciones
es sangre arterial;
que las lágrimas son las secreciones
del saco lacrimal;
que la virtud que al bien al hombre inclina
y el vicio, solo son
partículas de albúmina y fibrina
en corta proporción;
que el genio no es de Dios sagrado emblema,
no, señores, no tal:
el genio es un producto del sistema
nervioso cerebral,
y sus creaciones de sin par belleza
sólo están en razón
del fósforo que encierra la cabeza,
¡no de la inspiración!
Amor, misterio, bien indefinido,
sentimiento, placer...
¡palabrotas vacías de sentido
y sin razón de ser!...
Gozar es tener siempre electrizada
la médula espinal,
y en sí el placer es nada o casi nada,
un óxido, una sal.
¡Y aún dirán de la ciencia que es prosaica!
¿Hay nada, ¡vive Dios!,
bello como la fórmula algebraica
C = π r 2?
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí...
Mas ¡ay!, que cuando exclamo, satisfecho:
¡todo, todo lo sé!...
siento aquí, en mi interior, dentro mi pecho
un algo... un no sé qué...
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí.
Solo la ciencia a mi ansiedad responde,
y por la ciencia sé
que no existe ese dios que siempre esconde
el último porqué.
Sé que soy un mamífero bimano
(que no es poco saber)
y sé lo que es el átomo, ese arcano
del ser y del no ser.
Sé que el rubor que enciende las facciones
es sangre arterial;
que las lágrimas son las secreciones
del saco lacrimal;
que la virtud que al bien al hombre inclina
y el vicio, solo son
partículas de albúmina y fibrina
en corta proporción;
que el genio no es de Dios sagrado emblema,
no, señores, no tal:
el genio es un producto del sistema
nervioso cerebral,
y sus creaciones de sin par belleza
sólo están en razón
del fósforo que encierra la cabeza,
¡no de la inspiración!
Amor, misterio, bien indefinido,
sentimiento, placer...
¡palabrotas vacías de sentido
y sin razón de ser!...
Gozar es tener siempre electrizada
la médula espinal,
y en sí el placer es nada o casi nada,
un óxido, una sal.
¡Y aún dirán de la ciencia que es prosaica!
¿Hay nada, ¡vive Dios!,
bello como la fórmula algebraica
C = π r 2?
¡Todo lo sé! Del mundo los arcanos
ya no son, para mí,
lo que llama misterios sobrehumanos
el vulgo baladí...
Mas ¡ay!, que cuando exclamo, satisfecho:
¡todo, todo lo sé!...
siento aquí, en mi interior, dentro mi pecho
un algo... un no sé qué...
miércoles, 5 de diciembre de 2012
"Aniversario", "Fabulia" e "Indigestión" son poemas de Joaquín María Bartrina
ANIVERSARIO
I
Abrazada con su madre
contemplaba, triste, Andrea
el entierro de su padre,
y alguien murmuró: -¡Qué fea!...-
Subióle al rostro el rubor,
arrugóse su entrecejo,
y, olvidando su dolor,
corrió a mirarse al espejo.
II
Un año después llorando,
y que su luto acababa
alegre considerando,
¡la madre a la hija así hablaba!...
-¡Hoy se cumple un año, Andrea!...
-¿Hoy?... ¡No recuerdo!... ¡Es extraño!...
¡Ah!, sí, sí... (¡Hoy hace un año
que un hombre me llamó fea!)
INDIGESTIÓN
Empezó a tener hambre mi cabeza,
y se zampó mi virginal pureza;
tuvo más hambre, y, sin pedir permiso,
después de mi inocencia,
tragóse, hasta la hartura,
mis dulces ilusiones,
mis sueños de ventura,
de mi fe las risueñas creaciones,
mis bellas esperanzas...;
tuvo más hambre... ¡aún más!... En conclusión
llegó hasta devorar mi corazón.
Aquí una reflexión:
(tal vez voy a decir una simpleza)
¿verdad que mi cabeza
por fuerza ha de morir de indigestión?
FABULITA
Juan tenía un diamante de valía,
y, por querer saber lo que tenía,
la química estudió, y ebrio, anhelante,
analizó el diamante.
Mas ¡oh, qué horror!... Aquella joya bella,
lágrima, al parecer, de alguna estrella,
halló, con rabia y con profundo encono,
que era sólo un poquito de carbono...
Si quieres ser feliz, como me dices,
no analices, muchacho, no analices...
I
Abrazada con su madre
contemplaba, triste, Andrea
el entierro de su padre,
y alguien murmuró: -¡Qué fea!...-
Subióle al rostro el rubor,
arrugóse su entrecejo,
y, olvidando su dolor,
corrió a mirarse al espejo.
II
Un año después llorando,
y que su luto acababa
alegre considerando,
¡la madre a la hija así hablaba!...
-¡Hoy se cumple un año, Andrea!...
-¿Hoy?... ¡No recuerdo!... ¡Es extraño!...
¡Ah!, sí, sí... (¡Hoy hace un año
que un hombre me llamó fea!)
INDIGESTIÓN
Empezó a tener hambre mi cabeza,
y se zampó mi virginal pureza;
tuvo más hambre, y, sin pedir permiso,
después de mi inocencia,
tragóse, hasta la hartura,
mis dulces ilusiones,
mis sueños de ventura,
de mi fe las risueñas creaciones,
mis bellas esperanzas...;
tuvo más hambre... ¡aún más!... En conclusión
llegó hasta devorar mi corazón.
Aquí una reflexión:
(tal vez voy a decir una simpleza)
¿verdad que mi cabeza
por fuerza ha de morir de indigestión?
FABULITA
Juan tenía un diamante de valía,
y, por querer saber lo que tenía,
la química estudió, y ebrio, anhelante,
analizó el diamante.
Mas ¡oh, qué horror!... Aquella joya bella,
lágrima, al parecer, de alguna estrella,
halló, con rabia y con profundo encono,
que era sólo un poquito de carbono...
Si quieres ser feliz, como me dices,
no analices, muchacho, no analices...
martes, 4 de diciembre de 2012
Versos de Clara Janés en su poemario "Los números oscuros" (1)
De la nada
Con las manos juntas me lanzo al agua y avanzo hacia la ceguera de los peces, mientras el oleaje me despoja de pensamientos, de inquietud y de ese latido que todavía se expande por mi cuerpo y llega hasta la boca y sabe que todo bocado es el vacío.
La ofrenda
En la cesta vacía, el aire deposita susurros y una música que el mimbre no puede retener.
***
Seguían cayendo los leves copos de corteza: todo era ofrenda para el sacrificio.
El poema [selección]
La mariposa negra voló en línea recta, dejando una estela de fuego como gotas de sangre, y el aire, inmóvil, traducía el firme signo de la fugacidad mientras yo me desvanecía en el vacío de las huellas.
De los ecos
Y de pronto, gotas de lluvia. Y en cada gota un secreto oculto en la transparencia, contra la que nada puede el bastón de las tormentas. Se sumen o dividan, su onda corpórea se despliega mansa y expectante y arrastra los ojos al linde de la pura resonancia
De las alas
Había un punto de luz, una vela encendida en la oscuridad. “Entra en el misterio –dijo una voz–, coge las alas, ¡vuela!” Era el canto de la sirena que emergía en las sombras y daba un doble salto en el aire sin considerar mi estado: mis piernas quebradas, mis brazos llenos de quemaduras. Entonces apareció la hoja finísima y afilada de la luna. Esta es la hora de las cabezas cortadas, pensé. “¡Vuela!”, repitió la voz. Y abrí el libro de Leonardo (Codex Atlanticus 70 b rectus) y vi cómo en una retícula las cuatro varillas articuladas en un punto podían describir el movimiento de plegarse y desplegarse;vi las poleas y los hilos que hacían de intermediarios; las fuerzas que podían contribuir al movimiento, los ángulos que describían... Supe que ya no podría volar, no entendía las ecuaciones.
Me tendí en el suelo. Quizá la voz me elevaría con su aliento, quizá me mecería en el aire antes de desaparecer.
Con las manos juntas me lanzo al agua y avanzo hacia la ceguera de los peces, mientras el oleaje me despoja de pensamientos, de inquietud y de ese latido que todavía se expande por mi cuerpo y llega hasta la boca y sabe que todo bocado es el vacío.
La ofrenda
En la cesta vacía, el aire deposita susurros y una música que el mimbre no puede retener.
***
Seguían cayendo los leves copos de corteza: todo era ofrenda para el sacrificio.
El poema [selección]
La mariposa negra voló en línea recta, dejando una estela de fuego como gotas de sangre, y el aire, inmóvil, traducía el firme signo de la fugacidad mientras yo me desvanecía en el vacío de las huellas.
De los ecos
Y de pronto, gotas de lluvia. Y en cada gota un secreto oculto en la transparencia, contra la que nada puede el bastón de las tormentas. Se sumen o dividan, su onda corpórea se despliega mansa y expectante y arrastra los ojos al linde de la pura resonancia
De las alas
Había un punto de luz, una vela encendida en la oscuridad. “Entra en el misterio –dijo una voz–, coge las alas, ¡vuela!” Era el canto de la sirena que emergía en las sombras y daba un doble salto en el aire sin considerar mi estado: mis piernas quebradas, mis brazos llenos de quemaduras. Entonces apareció la hoja finísima y afilada de la luna. Esta es la hora de las cabezas cortadas, pensé. “¡Vuela!”, repitió la voz. Y abrí el libro de Leonardo (Codex Atlanticus 70 b rectus) y vi cómo en una retícula las cuatro varillas articuladas en un punto podían describir el movimiento de plegarse y desplegarse;vi las poleas y los hilos que hacían de intermediarios; las fuerzas que podían contribuir al movimiento, los ángulos que describían... Supe que ya no podría volar, no entendía las ecuaciones.
Me tendí en el suelo. Quizá la voz me elevaría con su aliento, quizá me mecería en el aire antes de desaparecer.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
"Tres fragmentos" e "Improvisaciones" de Bartrina (último cuarto del siglo XIX)
TRES FRAGMENTOS
- a) -
El doctor que por mi suerte
pone remedio a mis males,
me explicó ayer las señales
para conocer la muerte.
Y en verdad que me dio horror,
pensando, mi ex bien, en ti,
lo que claramente oí
de los labios del doctor.
¡Oh dolor! Pero ello es cierto
y es forzoso que lo diga:
¡Oh!, tú que fuiste mi amiga,
has de saber que te has muerto.
¿Qué respondes?, ¿que ayer mismo
admire tu lindo talle,
pues pasaste por mi calle?
¡Efectos del galvanismo!...
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Además, por conclusión,
del cadáver, en verdad,
tienes la misma frialdad
y la misma corrupción.
IMPROVISACIONES
Leídas en la velada literaria, dada por los señores de Bremón, en obsequio a la distinguida escritora doña María del Pilar Sinués
ELECTRICIDAD
A FERNANDA LLANOS DE BREMÓN
Al ver que es una verdad
que, gracias a un buen doctor,
mitiga ya tu dolor
la activa electricidad,
reconozco la excelencia
del doctor y aquí le alabo.
Libre era el rayo: hoy esclavo
es tan solo de la ciencia.
La ciencia siempre intranquila
en su busca al cielo sube;
coge el rayo en una nube
y lo encierra en una pila;
y hoy el rayo, esclavo, lidia
para dar fuerzas dobladas
a la que con sus miradas
tantas veces le dio envidia.
A PILAR SINUÉS
La señora de Sinués
sabe ya mejor que yo
que es la pila, y hasta lo
que la electricidad es.
Hay dos polos: negativo
el uno, da una corriente
en un todo diferente
de la que da el positivo.
(No cuento el polo andaluz
entre un polo y otro polo.)
De esta lucha nace solo
el esplendor de la luz.
Y al ver en la ilustre autora
de tanta y tanta novela
con las que su nombre vuela
y más en fama atesora;
al ver en la de Sinués
un estilista, portento
de habilidad y talento,
y al mirarme yo al revés
y verme tan diferente,
creo, y por mi parte sé
que ha de establecerse, a fe,
de la amistad la corriente.
A LAS DAMAS DE LA REUNIÓN
Al ver en este salón
las eléctricas miradas
de las bellas invitadas,
un polo es mi corazón;
pero decírselo esquivo,
pues temo, porque lo arguyo,
que el polo corazón suyo
sea un polo negativo.
A TODOS LOS CONCURRENTES
Si al rayo debo el placer
de ver a Fernanda buena
y al rayo la dicha plena
de la amistad por doquier;
cuando el cielo, oscuro y fiero,
lance un rayo entre las aguas,
en vez de abrir el paraguas
me le quitaré el sombrero.
- a) -
El doctor que por mi suerte
pone remedio a mis males,
me explicó ayer las señales
para conocer la muerte.
Y en verdad que me dio horror,
pensando, mi ex bien, en ti,
lo que claramente oí
de los labios del doctor.
¡Oh dolor! Pero ello es cierto
y es forzoso que lo diga:
¡Oh!, tú que fuiste mi amiga,
has de saber que te has muerto.
¿Qué respondes?, ¿que ayer mismo
admire tu lindo talle,
pues pasaste por mi calle?
¡Efectos del galvanismo!...
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
. . . . . . . . . .
Además, por conclusión,
del cadáver, en verdad,
tienes la misma frialdad
y la misma corrupción.
IMPROVISACIONES
Leídas en la velada literaria, dada por los señores de Bremón, en obsequio a la distinguida escritora doña María del Pilar Sinués
ELECTRICIDAD
A FERNANDA LLANOS DE BREMÓN
Al ver que es una verdad
que, gracias a un buen doctor,
mitiga ya tu dolor
la activa electricidad,
reconozco la excelencia
del doctor y aquí le alabo.
Libre era el rayo: hoy esclavo
es tan solo de la ciencia.
La ciencia siempre intranquila
en su busca al cielo sube;
coge el rayo en una nube
y lo encierra en una pila;
y hoy el rayo, esclavo, lidia
para dar fuerzas dobladas
a la que con sus miradas
tantas veces le dio envidia.
A PILAR SINUÉS
La señora de Sinués
sabe ya mejor que yo
que es la pila, y hasta lo
que la electricidad es.
Hay dos polos: negativo
el uno, da una corriente
en un todo diferente
de la que da el positivo.
(No cuento el polo andaluz
entre un polo y otro polo.)
De esta lucha nace solo
el esplendor de la luz.
Y al ver en la ilustre autora
de tanta y tanta novela
con las que su nombre vuela
y más en fama atesora;
al ver en la de Sinués
un estilista, portento
de habilidad y talento,
y al mirarme yo al revés
y verme tan diferente,
creo, y por mi parte sé
que ha de establecerse, a fe,
de la amistad la corriente.
A LAS DAMAS DE LA REUNIÓN
Al ver en este salón
las eléctricas miradas
de las bellas invitadas,
un polo es mi corazón;
pero decírselo esquivo,
pues temo, porque lo arguyo,
que el polo corazón suyo
sea un polo negativo.
A TODOS LOS CONCURRENTES
Si al rayo debo el placer
de ver a Fernanda buena
y al rayo la dicha plena
de la amistad por doquier;
cuando el cielo, oscuro y fiero,
lance un rayo entre las aguas,
en vez de abrir el paraguas
me le quitaré el sombrero.
martes, 27 de noviembre de 2012
Versos de Clara Janés en su libro "Variables ocultas", con matemáticas y física en algunos de ellos
Preso de inquietud, observaba el silencio de la flor, aterida por la rigidez de la línea, y acechaba el peso del pensamiento
___
Antes de que aparecieran los alfabetos y los signos, la vibración se moduló en vocales cuyo eco recogieron los astros y trocaron en música. La Vía Láctea no sabía aún qué orientación seguir.
Belleza, realidad, amor, enunció el horizonte. Y el ojo humano lo filtró todo a través del color.
___
Si es una línea pura el pensamiento que todo lo rechaza excepto el infinito al que no llega, detenla en el punto donde imposibilidad es posibilidad. Entra en él y busca en su interior la palabra prístina que alberga la luz secreta, que el estallido inicial se aleja también indefinidamente.
Y todo sigue en fuga. No hay paso que se detenga en el punto de llegada.
___
Y la palabra deja de ser su forma, que queda como una piel de serpiente abandonada en la arena. Su fuerza es interior, posee incluso a la boca muda.
___
Aquella bandada de pájaros que arrastró la niebla... Ni valles, ni caminos limitaron la dimensión del frío, que no es espacio. Los troncos negros y los negros animales eran solo barras divisorias de un profundo aquietamiento.
___
Caer hacia arriba, entrar y salir de la nada, carecer de materia, pero esa función de onda de cada ser que se extiende por todo el universo...
___
Antes de que aparecieran los alfabetos y los signos, la vibración se moduló en vocales cuyo eco recogieron los astros y trocaron en música. La Vía Láctea no sabía aún qué orientación seguir.
Belleza, realidad, amor, enunció el horizonte. Y el ojo humano lo filtró todo a través del color.
___
Si es una línea pura el pensamiento que todo lo rechaza excepto el infinito al que no llega, detenla en el punto donde imposibilidad es posibilidad. Entra en él y busca en su interior la palabra prístina que alberga la luz secreta, que el estallido inicial se aleja también indefinidamente.
Y todo sigue en fuga. No hay paso que se detenga en el punto de llegada.
___
Y la palabra deja de ser su forma, que queda como una piel de serpiente abandonada en la arena. Su fuerza es interior, posee incluso a la boca muda.
___
Aquella bandada de pájaros que arrastró la niebla... Ni valles, ni caminos limitaron la dimensión del frío, que no es espacio. Los troncos negros y los negros animales eran solo barras divisorias de un profundo aquietamiento.
___
Caer hacia arriba, entrar y salir de la nada, carecer de materia, pero esa función de onda de cada ser que se extiende por todo el universo...
miércoles, 21 de noviembre de 2012
"Íntima" y "A una artista lírica", poemas de Bartrina
ÍNTIMA
A R.
Cansado de farsa y dolo,
en aislamiento profundo,
camino llorando, solo,
¡solo!,
sin un amigo en el mundo.
El tiempo todo lo trunca
¡ay!, y por eso en la vida
sé que no ha de volver nunca
¡nunca!,
la dicha, una vez perdida.
Aunque luz mi mente irradie,
cuando yo triste sucumba,
ni amante, ni amigo; nadie
¡nadie
vendrá a llorar en mi tumba!
A UNA ARTISTA LÍRICA
En la noche de su beneficio
Es opinión de recibo
que, mejor que a la acción prúsica,
se considera a la música
cual método curativo.
En ella hallarás la calma,
público, cuando la pierdas,
que ella hace vibrar las cuerdas
del alma, si acaso hay alma.
Y aunque es una idea cómica
que al pronto bien no se alcanza,
más excita una romanza
que una dosis de nux vomica[nuez vómica].
En ningún libro está escrito
y a nadie tal vez le acuda,
mas, por si alguno lo duda,
a la prueba me remito.
Da una tiple con profundo arte
un mi bemol; bien pues
el mi da 603
vibraciones por segundo.
Y sumando vibraciones
por cada nota que brota,
el que oye, por cada nota
goza un mar de sensaciones.
Y multiplicando así
todas ellas sin temor,
por la sensación mayor
que es el admirarte a ti,
resulta de esta doctrina
que cuando cantando estás,
te han de aplaudir a ti más
que a un doctor en medicina.
A R.
Cansado de farsa y dolo,
en aislamiento profundo,
camino llorando, solo,
¡solo!,
sin un amigo en el mundo.
El tiempo todo lo trunca
¡ay!, y por eso en la vida
sé que no ha de volver nunca
¡nunca!,
la dicha, una vez perdida.
Aunque luz mi mente irradie,
cuando yo triste sucumba,
ni amante, ni amigo; nadie
¡nadie
vendrá a llorar en mi tumba!
A UNA ARTISTA LÍRICA
En la noche de su beneficio
Es opinión de recibo
que, mejor que a la acción prúsica,
se considera a la música
cual método curativo.
En ella hallarás la calma,
público, cuando la pierdas,
que ella hace vibrar las cuerdas
del alma, si acaso hay alma.
Y aunque es una idea cómica
que al pronto bien no se alcanza,
más excita una romanza
que una dosis de nux vomica[nuez vómica].
En ningún libro está escrito
y a nadie tal vez le acuda,
mas, por si alguno lo duda,
a la prueba me remito.
Da una tiple con profundo arte
un mi bemol; bien pues
el mi da 603
vibraciones por segundo.
Y sumando vibraciones
por cada nota que brota,
el que oye, por cada nota
goza un mar de sensaciones.
Y multiplicando así
todas ellas sin temor,
por la sensación mayor
que es el admirarte a ti,
resulta de esta doctrina
que cuando cantando estás,
te han de aplaudir a ti más
que a un doctor en medicina.
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