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lunes, 2 de junio de 2008

Literatura fractal: Pablo Paniagua

MI PROPIO HORIZONTE

Al final de mi habitación, en su horizonte, hay un televisor encendido por donde pasan diferentes imágenes en movimiento. He de reconocer que no veo mucho la televisión, pues prefiero los horizontes de los paisajes de mi mente, los que luego trato de escribir para que alguien los lea. También me adentro hacia los parajes de otros que buscan horizontes. Todos buscamos, a través de la escritura, nuestro propio horizonte, para saber de qué somos capaces, si es que somos capaces de algo, unos más que otros. Un escritor sin horizontes no es un escritor, y yo lo pretendo siempre con la apuesta por delante, en este juego de la vida donde me desvivo por hacer de mi horizonte algo más que un horizonte.

Pablo Paniagua
(Buscar en este mismo blog el ensayo de Pablo Paniagua sobre la literatura fractal, no tiene desperdicio.)

viernes, 29 de febrero de 2008

Literatura fractal: Pablo Paniagua

DÓNDE ESTARÁ Y DE QUIÉN SERÁ


Miro al horizonte y no distingo nada. Busco una moneda de diez céntimos que perdí en aquel lugar hace cuarenta años. La verdad, me da pereza caminar hasta allá, además de que no estoy seguro de que sea el mismo horizonte, pues ya pasó mucho tiempo y no me acuerdo. Por otro lado, no sé si cuando se pierde algo tan común, como es una moneda de diez céntimos, siga perteneciéndote o su propiedad pase a quién la encuentre. Así está la cosa: el horizonte allí y yo aquí, y de la moneda nada sé. En realidad la moneda está en desuso pero el horizonte no, y ahí sigue para que yo lo mire mientras pienso en la moneda. No sé por qué no la busqué en su momento, cuando se cayó al suelo; tal vez me pareció poca cosa y por eso no lo hice; seguro que fue por eso. De todas formas creo que la culpa la tiene el horizonte, más que la moneda o yo, porque está bien lejos y no me apetece caminar, además, como ya comenté, puede que no sea el mismo horizonte, ese horizonte que tiene la culpa de todo.

lunes, 25 de febrero de 2008

Lietratura fractal: Pablo Paniagua

HORIZONTES PERDIDOS
El horizonte no es, como parece, una línea recta en la distancia, pues es un círculo que nos rodea; de ello te das cuenta al girar sobre ti mismo en medio del océano o en la soledad del desierto; allí se deja apreciar, en él, la curvatura de la Tierra. De cualquier manera, es una señal engañosa que cambia sin parar y que es tan diversa como el infinito, todo depende de nuestro movimiento y situación, del ángulo de la mirada, de cómo la intensidad de la luz incide sobre él. En las ciudades el horizonte se pierde entre el hormigón, hay que salir de ellas para apreciarlo; el hombre citadino ya no se da cuenta de estas cosas ni mira al cielo en las noches para ver las estrellas; el hombre de ahora se apartó de la naturaleza para crear un mundo fuera de ella, sin horizontes circulares que mirar.

martes, 20 de noviembre de 2007

Literatura Fractal: Pablo Paniagua

UNA LÍNEA SIN SENTIDO
Miro hacia el cielo y no encuentro horizonte alguno, pues no hay nubes ni estrellas, sólo ese azul cerúleo que está por encima de todo. No sé qué pensarán las aves que lo surcan, pues yo sólo respiro con los pies sobre la tierra mirando al horizonte que también me mira. De nada sirve creer que lo finito lo marca una línea, pues está comprobado que la línea se mueve o se traspasa. En el cielo no hay límites, tampoco en la tierra, sólo están en la mente del hombre que atenta contra las leyes de la naturaleza.
La libertad tiene horizontes que traspasar, líneas que cruzar, para ser tan extensa como el cielo.
VÉRTICO
Hay una referencia en la lejanía: para los humanos es el horizonte, pero en mi planeta aparece vertical y lo llamamos “vértico”. Allí vivimos de medio lado y crecemos a lo ancho, todo justo al revés que en este lugar. En mi planeta sus pobladores no roban ni se matan entre ellos, ni hacen guerras por bienes materiales ni supuestos espirituales. Me sorprende ver la verticalidad de la mente humana en contraste con lo horizontal de su mundo, con su orden vertical para ansiar ser más que el vecino, con estratos de poder y servilismos, con imposición de clases. En mi planeta no existe nada de eso, y dentro de muestro medio vertical buscamos la horizontalidad, para ser iguales y evitar los abusos y las envidias. En mi planeta nos elevamos en el aire buscando lo espiritual, mientras que aquí se arrastran por el suelo deseando la materia. El humano asienta los pies sobre la tierra y toma posesión del horizonte, para luego pensar en vertical.
Qué raros son, qué mundo tan extraño, donde todo está justo al revés.

martes, 13 de noviembre de 2007

Literatura fractal:Pablo Paniagua

UN EDIFICIO EN LA MENTE
Es la ventana invisible de mis miedos por la que me asomo de vez en cuando. El horizonte no lo puedo divisar porque hay un muro delante, pegado ante mis ojos, que lo impide. Creo que será difícil escalarlo, pues no tiene final, además de que la caída se hace previsible hacia una profundidad que transcurre entre el espacio de la pared del edificio y el muro hostil. Por esa ventana, desde luego, es imposible ver nada, así que abro la puerta que está al otro lado para salir tranquilamente hacia la calle en busca de aquello que me pueda hacer feliz.
EL HORIZONTE DE LA VIDA
Más allá del horizonte hay otro horizonte y después de éste hay otro más y luego otro más… Horizontes que con su movimiento hacen girar el planeta, que cambian de lugar constantemente como una piel que se desliza sobre el magma… Yo voy hacia un horizonte que nunca alcanzo, porque muta sin cesar buscando el infinito. Así me paso la vida, caminando sin parar con la intención de saber si hay algún final antes de que llegue el ocaso de mis días. Espero conseguirlo, porque presiento que hay un Dios al final del camino.