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lunes, 3 de agosto de 2009

Pablo Paniagua sobre la literaura indie

¿QUÉ ES LA LITERATURA INDIE?

Pablo Paniagua

El concepto “indie” se aplica a toda manifestación artística realizada de manera independiente y fuera de las modas establecidas por el mercantilismo, y en lo que respecta a la literatura se refiere a los libros publicados por fuera de la corriente principal o al margen de la industria editorial, y que, además, de alguna manera en ellos se aborda o hace notar el desencanto del hombre ante la Época Supermoderna.

En Argentina, Chile y México, principalmente, algunos autores publican su obra de manera personal, gracias a las facilidades que ofrecen las nuevas tecnologías de impresión. Está claro que las adversidades económicas de los países donde este tipo de publicaciones están surgiendo, agudiza la inventiva de los escritores para propiciar dicha vía y ganar la partida, de inicio, a escritores de otras latitudes, como los españoles, que se acostumbraron a la estabilidad de un sistema social aburguesado.

Estos nuevos escritores independientes asumen el riesgo que supone la aventura de publicar por cuenta propia, para vender sus libros por las calles, plazas, cafés y bares de su ciudad, y despreciar editoriales tipo “Bubok.com” o “Lulu.com”, que no son nada más que un directorio donde los autores y su obra quedan perdidos en el anonimato. El escritor independiente, al menos, tiene un libro entre las manos: es algo real, un producto cien por ciento genuino: escrito, diseñado, publicado y vendido por su autor. Ahí, en ese libro, está la impronta del artista, no es un producto genérico, es el sueño de alguien que apostó su intelecto y sus energías para sacar adelante el proyecto de vida: la permanencia por medio de la palabra.

Pero esta “palabra” no debe caer en el discurso condescendiente y vacío, porque la “literatura indie” va más allá de ver una obra impresa. Es la visión alternativa de un nuevo escritor que, sabiéndose inmerso en una época de decadencia social, la del consumismo y la adoración desmedida del Becerro de Oro, de una Humanidad que camina hacia la distopía, no duda en tratar, ya sea de manera directa o sugerida, todo aquello que determina el fracaso de nuestra civilización, el absurdo y sus contradicciones (y ahora Franz Kafka se me aparece como un visionario, y también Roberto Bolaño con estas palabras: “Soñé que la Tierra se acababa. Y que el único ser humano que contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York, Kafka veía arder el mundo”)..

El escritor indie, como ser pensante, ha de enfrentar de manera crítica la inercia de una Humanidad avocada en el fracaso, y rechazar, con inteligencia, cualquier atisbo de banalidad. Es recuperar la palabra asociada a la idea, el discurso que profundiza en ella, para buscar el fondo que permanece en toda obra que aspira a la inmortalidad. No basta, como pretende Juan Marsé, con contar una historia de manera creíble y quedarse en la mera fachada, en el contenido, porque el intelecto ha de estar al servicio de ese conjunto de ideas que se deben desarrollar. El escritor indie no rechaza ser un intelectual, porque de otra forma abandonaría esa visión crítica tan necesaria para analizar el mundo que le rodea, para encontrar las claves que darán solidez y consistencia a su trabajo. Ya son muchos, demasiados, los escritores que se dedican a la literatura del entretenimiento, esa mácula de lo banal que caracteriza nuestra sociedad de consumo, escritores que ven y se conforman con plasmar la realidad del espejismo, de lo ilusorio, para no saber estar en su tiempo, mirando desde afuera de ese mismo tiempo, con la distancia necesaria de una mirada crítica que cuestione el fracaso del hombre ante su Historia.

La literatura indie es la palabra en rebeldía, la resistencia del intelecto ante lo banal, la obra de arte frente a la simulación, la irreverencia ante la hipocresía, la voz disconforme y alternativa que se alza en contra del aluvión de literatura consumible que inunda el mercado editorial. La literatura indie es, a fin de cuentas, una apuesta para impedir la muerte de la literatura.

Pablo Paniagua, 7 de julio del 2009.

miércoles, 7 de enero de 2009

'La última utopía' de Pablo Paniagua

LITERATURA DIGITAL – LA ÚLTIMA UTOPÍA (nueva versión)


La primera edición de "El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha", estaba plagada de numerosas erratas que Miguel de Cervantes corrigió en posteriores ediciones. Gustave Flaubert, en cada nueva edición de su obra maestra, "Madame Bovary", aprovechaba para hacer cambios y correcciones, y eso después de haber tardado cuatro años y medio en escribirla. Jorge Luis Borges, cuando le llegó la hora de la fama, se dedicó a corregir obsesivamente toda su producción anterior en busca de la exactitud. La primera versión de "Cien años de soledad", la que Gabriel García Márquez entregó a sus amigos para leer, distaba bastante de la novela que conocemos hoy, y el autor destruyó el manuscrito para no dejar evidencia de todo el trabajo de "carpintería literaria". No piensen que me quiero comparar con estos grandes maestros, más cuando soy un principiante, pero a mí me sucede lo mismo por publicar mi obra en Internet sin la supervisión de un editor (con razón a Jorge Luis Borges su padre le dio este consejo: "Escribir mucho, corregir mucho, romper casi todo y, sobre todo, no apresurarte a publicar").

Ahora les vengo a presentar "la versión revisada" de "La Última Utopía" www.novelagratis.blogspot.com, de la cual estoy más satisfecho (eliminé adjetivos innecesarios, sinteticé algunos párrafos para hacerlos menos retóricos, además de subsanar diversos errores). Creo que ya se acerca más a lo que buscaba cuando la escribí, hace cinco años, y no tengo tantas dudas sobre esta última versión. Les invito de nuevo a leerla, ya sea en línea o a partir del archivo PDF que pueden bajar gratuitamente en el blog.

Les agradece la oportunidad.

Pablo Paniagua

www.escritorweb.blogspot.com

lunes, 2 de junio de 2008

Literatura fractal: Pablo Paniagua

MI PROPIO HORIZONTE

Al final de mi habitación, en su horizonte, hay un televisor encendido por donde pasan diferentes imágenes en movimiento. He de reconocer que no veo mucho la televisión, pues prefiero los horizontes de los paisajes de mi mente, los que luego trato de escribir para que alguien los lea. También me adentro hacia los parajes de otros que buscan horizontes. Todos buscamos, a través de la escritura, nuestro propio horizonte, para saber de qué somos capaces, si es que somos capaces de algo, unos más que otros. Un escritor sin horizontes no es un escritor, y yo lo pretendo siempre con la apuesta por delante, en este juego de la vida donde me desvivo por hacer de mi horizonte algo más que un horizonte.

Pablo Paniagua
(Buscar en este mismo blog el ensayo de Pablo Paniagua sobre la literatura fractal, no tiene desperdicio.)

viernes, 29 de febrero de 2008

Literatura fractal: Pablo Paniagua

DÓNDE ESTARÁ Y DE QUIÉN SERÁ


Miro al horizonte y no distingo nada. Busco una moneda de diez céntimos que perdí en aquel lugar hace cuarenta años. La verdad, me da pereza caminar hasta allá, además de que no estoy seguro de que sea el mismo horizonte, pues ya pasó mucho tiempo y no me acuerdo. Por otro lado, no sé si cuando se pierde algo tan común, como es una moneda de diez céntimos, siga perteneciéndote o su propiedad pase a quién la encuentre. Así está la cosa: el horizonte allí y yo aquí, y de la moneda nada sé. En realidad la moneda está en desuso pero el horizonte no, y ahí sigue para que yo lo mire mientras pienso en la moneda. No sé por qué no la busqué en su momento, cuando se cayó al suelo; tal vez me pareció poca cosa y por eso no lo hice; seguro que fue por eso. De todas formas creo que la culpa la tiene el horizonte, más que la moneda o yo, porque está bien lejos y no me apetece caminar, además, como ya comenté, puede que no sea el mismo horizonte, ese horizonte que tiene la culpa de todo.

lunes, 25 de febrero de 2008

Lietratura fractal: Pablo Paniagua

HORIZONTES PERDIDOS
El horizonte no es, como parece, una línea recta en la distancia, pues es un círculo que nos rodea; de ello te das cuenta al girar sobre ti mismo en medio del océano o en la soledad del desierto; allí se deja apreciar, en él, la curvatura de la Tierra. De cualquier manera, es una señal engañosa que cambia sin parar y que es tan diversa como el infinito, todo depende de nuestro movimiento y situación, del ángulo de la mirada, de cómo la intensidad de la luz incide sobre él. En las ciudades el horizonte se pierde entre el hormigón, hay que salir de ellas para apreciarlo; el hombre citadino ya no se da cuenta de estas cosas ni mira al cielo en las noches para ver las estrellas; el hombre de ahora se apartó de la naturaleza para crear un mundo fuera de ella, sin horizontes circulares que mirar.

martes, 20 de noviembre de 2007

Literatura Fractal: Pablo Paniagua

UNA LÍNEA SIN SENTIDO
Miro hacia el cielo y no encuentro horizonte alguno, pues no hay nubes ni estrellas, sólo ese azul cerúleo que está por encima de todo. No sé qué pensarán las aves que lo surcan, pues yo sólo respiro con los pies sobre la tierra mirando al horizonte que también me mira. De nada sirve creer que lo finito lo marca una línea, pues está comprobado que la línea se mueve o se traspasa. En el cielo no hay límites, tampoco en la tierra, sólo están en la mente del hombre que atenta contra las leyes de la naturaleza.
La libertad tiene horizontes que traspasar, líneas que cruzar, para ser tan extensa como el cielo.
VÉRTICO
Hay una referencia en la lejanía: para los humanos es el horizonte, pero en mi planeta aparece vertical y lo llamamos “vértico”. Allí vivimos de medio lado y crecemos a lo ancho, todo justo al revés que en este lugar. En mi planeta sus pobladores no roban ni se matan entre ellos, ni hacen guerras por bienes materiales ni supuestos espirituales. Me sorprende ver la verticalidad de la mente humana en contraste con lo horizontal de su mundo, con su orden vertical para ansiar ser más que el vecino, con estratos de poder y servilismos, con imposición de clases. En mi planeta no existe nada de eso, y dentro de muestro medio vertical buscamos la horizontalidad, para ser iguales y evitar los abusos y las envidias. En mi planeta nos elevamos en el aire buscando lo espiritual, mientras que aquí se arrastran por el suelo deseando la materia. El humano asienta los pies sobre la tierra y toma posesión del horizonte, para luego pensar en vertical.
Qué raros son, qué mundo tan extraño, donde todo está justo al revés.

martes, 13 de noviembre de 2007

Literatura fractal:Pablo Paniagua

UN EDIFICIO EN LA MENTE
Es la ventana invisible de mis miedos por la que me asomo de vez en cuando. El horizonte no lo puedo divisar porque hay un muro delante, pegado ante mis ojos, que lo impide. Creo que será difícil escalarlo, pues no tiene final, además de que la caída se hace previsible hacia una profundidad que transcurre entre el espacio de la pared del edificio y el muro hostil. Por esa ventana, desde luego, es imposible ver nada, así que abro la puerta que está al otro lado para salir tranquilamente hacia la calle en busca de aquello que me pueda hacer feliz.
EL HORIZONTE DE LA VIDA
Más allá del horizonte hay otro horizonte y después de éste hay otro más y luego otro más… Horizontes que con su movimiento hacen girar el planeta, que cambian de lugar constantemente como una piel que se desliza sobre el magma… Yo voy hacia un horizonte que nunca alcanzo, porque muta sin cesar buscando el infinito. Así me paso la vida, caminando sin parar con la intención de saber si hay algún final antes de que llegue el ocaso de mis días. Espero conseguirlo, porque presiento que hay un Dios al final del camino.