¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
jueves, 21 de marzo de 2013
Poesía con matemáticas: "La voz a ti debida" (de Pedro Salinas) y "Límite" (de Carmen Conde)
Sí, ¡todo con exceso!
¡La luz, la vida, el mar!
Plural, todo plural,
luces, vidas y mares.
A subir, a ascender
de docenas a cientos,
de cientos a millar,
en una jubilosa
repetición sin fin,
de tu amor, unidad.
Tablas, plumas y máquinas
todo a multiplicar,
caricia por caricia
abrazo por volcán.
Hay que cansar los números.
Que cuenten sin parar,
que se embriaguen contando,
y que no sepan ya
cuál de ellos ser el último;
¡qué vivir sin final!
Que un gran tropel de ceros
asalte nuestras dichas
esbeltas, al pasar,
y las lleve a su cima.
Que se rompan las cifras,
sin poder calcular
ni el tiempo, ni los besos.
Y al otro lado ya
de cómputos, de signos,
entregarnos a ciegas
¡exceso, qué penúltimo!,
a un gran fondo azaroso
que irresistiblemente está
cantándonos a gritos
fúlgidos de futuro:
"Eso no es nada aún.
Buscaos bien, hay más."
Pedro Salinas
LÍMITE
Esfera ceñida de esferas que no pueden
escapar de la esfera única.
Manos esféricas ciñéndose a unas piernas
que se abrazan redondas, perfectísimas.
Si esta esfera que soy ya, que fui yo siempre,
desgajara de sí un anillo y lo arrojara,
se caería
cogido por un extremo, prolongándose
hasta pisar el polvo.
Ondularía siglos, y su música
subiría por temblores a la esfera
que le retiene siempre jamás, tan suyo.
Sería vertical, hasta que un siglo
la curva reclamara ser redonda
desde un albor sin ritmo.
Subiría otra vez a ser anillo,
anegándose por amor de querencia inmarchitable,
en la esfera total.
Yo he sido anillo,
tembloroso al caer, y erguida
me dejaba correr desde los tiempos...
Mas la esfera sintió que al fin mi esencia
debía descansar en lo redondo.
Carmen Conde
jueves, 14 de marzo de 2013
Poesía con matemáticas:"Teorema" (de Luis Buñuel) y "Números" (de Pedro Salinas)
Si por un punto fuera de una recta trazamos una recta paralela a ella obtendremos una soleada tarde de otoño.
En efecto:
El cielo todo ojos azules refleja el sueño sin peces de los estanques y estos a su vez bañan tibiamente la pereza de la tarde.
Los árboles ciegos pasan en lenta procesión y en sus más altas ramas pía oro alguna hoja rezagada.
Las calles en masa quieren salirse a pasear por el campo pero tan lentamente que pronto los viandantes se las dejan atrás todas estremecidas al sol.
Campos amarillentos trepan por colinas y alcores y allí se tienden, con las piernas abiertas, en espera de la noche. Sólo unos chopos siempre inquietos, telegrafían un “Morse” de hojas.
Acompasado respirar de la tarde y todas las cosas batiendo a su ritmo.
Yo, traigo en la palma de mi mano mi bastón sin hojas.
Un seno duerme runruneando al sol.
Todas las ventanas tienen pestañas como mujeres.
La torre de la iglesia, como un índice, señala la última nubecilla blanca.
Después de un bordoneo un silencio y luego pasa Cristo vendiendo voces.
Las golondrinas besan el pico de las siete.
Una descarga de veletas por el aire.
Las orejas de aquel mulo –él no se apercibe- reabsorben la tarde.
Se extingue la luz en mis solapas.
Es la hora en que comienza el solitario parto de las farolas.
Alguien da media vuelta al interruptor de las estrellas.
Que es lo que no nos habíamos propuesto demostrar.
Luis Buñuel
NÚMEROS
Tenías abecedario
innumerables estrellas;
clara
ibas poniendo la letra,
noche de agosto.
Pero yo sin entenderla,
misterio, no la quería.
Aquí en la mesa de al lado
dos hombres echaban cuentas.
Más bellas que luceros
fúlgidas cifras y cifras
cruzaban por el silencio,
puras estrellas errantes,
señales de suerte buena
con largas caudas de ceros.
Y yo me quedé mirándolas:
-¡qué consolación perfecta
tres por tres nueve!- olvidado
de Ariadna, desnuda allí
en islas del horizonte.
Pedro Salinas
lunes, 23 de noviembre de 2009
viernes, 21 de marzo de 2008
Aprendiz de poeta con Pedro Salinas
—¿Alma, tú me lo preguntas?
Yo no lo sé. Brillando están las estrellas
como niñas bien bañadas
en el gran río del día;
ahora
limpias y gozosas saltan
por el campo azul del cielo.
El árbol tiene un verdor
sin usar y es un chiquillo
que lloraba por tener
vestido nuevo y la madre
primavera se lo dio.
La brisa es más fresca; el alma
siente que pasa por ella
algo nuevo, que es un cauce
que estuvo seco y que vuelve
a conducir su caudal.
Y un gozo nunca sentido,
un verdor, unas estrellas
y un río que vuelve a andar
son un augurio bien claro.
Alma, tú me lo preguntas:
—¿Lloverá otra vez mañana?
—Yo no sé más.
Pedro Salinas
Generación del 27
martes, 4 de marzo de 2008
Aprendiz de poeta en Pedro Salinas
en un rincón ignorado
del árbol que me da sombra,
no tengo ningún deseo
de saber cuál es la rama,
de tantas que me cobijan,
en que apoyas tu cantar.
Y no me importa si existes,
y no me importa si existe
algo más que ese vaivén
de tu lanzadera, esos
hilillos áureos y tensos
con que tejes el cordaje
de ese barco mañanero
de la mañana de agosto,
barco de los rumbos dulces
que no lleva a ningún puerto.
Pedro Salinas
Generación del 27
jueves, 14 de febrero de 2008
Antología de Pedro Salinas
dócil, lento, y este dolor de perder
de ayer la forma que me gustaba
mirar, familiar, en el espejo,
y de no ser más que una
contorsión desconocida
—vida de quién?— en mi vida…
Y si no (tú ya lo sabes)
allá al fondo, la amenaza
de romperte en dos pedazos
—vida o muerte, tierra o cielo—
bruscamente, irreparable.
Pedro Salinas, Generación del 27
domingo, 10 de febrero de 2008
Pedro Salinas aquí antologado
sin que nadie lo supiera.
Por la ventana se entró,
pero estaba ya encendida
la lámpara y ella se quedó ignorada,
muy humilde, en un rincón.
Dijo el padre: «Pronto cambiará la luna,
porque me duele la pierna.»
La niña estaba callada,
toda en nostalgias románticas
de esos castillos con luna
de los cromos alemanes.
Y mamá que no tenía
ideales ni reúma, dijo: «Vamos a acostarnos.
Apagaremos la lámpara.»
En cuanto todos se fueron,
las flores que estaban puestas
en la mesa vieron su alma dibujada
con luna y sombra de luna
en la blanca paz del muro.
Pedro Salinas, Generación dle 27
miércoles, 30 de enero de 2008
El aprendiz de poeta hace una breve antologíapoética de Pedro Salinas, aunque a este paso será completa
Suelo. Nada más.
Suelo. Nada menos.
Y que te baste con eso.
Porque en el suelo los pies hincados,
en los pies torso derecho,
en el torso la testa firme,
y allá, al socaire de la frente,
la idea pura y en la idea pura
el mañana, la llave
—mañana— de lo eterno.
Suelo. Ni más ni menos.
Y que te baste con eso.
Pedro Salinas, Generación del 27
domingo, 13 de enero de 2008
Pedro Salinas brevemente antologado:apuntes de poesía
no te quiero, eres de agua.
Como el río al mar,
la fuente a la sed,
la charca a la nube,
tarde o temprano te marchas.
Alegría,
alegría cálida y áurea,
no te quiero, eres de sol.
Y hasta el calendario cuenta
que por las tardes te llevas
a otro-¿a qué otro?-lo que
me dabas por la mañana.
Libro,
no te quiero. De papel
cárcel frustrada, ya sabes
que se te irá el prisionero.
Agua que nunca huye,
soles que no se ponen,
libros que no traicionan:
quietud, tiniebla inmóvil, tú, silencio.
Y lo de fuera, sí, sé generoso, afuera.
Mas lo de dentro-dulce secreto eterno-adentro.
Pedro Salinas en 'Presagios'
Generación del 27
viernes, 11 de enero de 2008
Breve antología poética de Pedro Salinas, como apuntes de poesía
corre que te correraás.
De cuando en cuando, en la orilla
hay una moza que sale
(Gelves es la moza humilde,
Sevilla la de linaje)
a ofrecerle el corazón
si el río quiere pararse.
Pero
el río va a su negocio
y no se casa con nadie.
Pedro Salinas en 'Presagios'
Generación del 27
miércoles, 9 de enero de 2008
Apuntes de poesía(Breve antología poética de Pedro Salinas)
y el verde chopo son novios
y se miran todo el día
el uno al otro.
En las tardes otoñales,
cuando hace viento, se enfadan:
el agua mueve sus ondas,
el chopo sus ramas;
las inquitudes del árbol
en la laberca se confunden
con inquietudes de agua.
Ahora que es la primavera,
vuelve el cariño; se pasan
toda la tarde besándose
silenciosamente. Pero
un pajarillo que baja
desde el chopo a beber agua,
turba la serenidad
del beso con temblor vago.
Y el alma del chopo tiembla
dentro del alma del agua.
Pedro Salinas en 'Presagios'
Generación del 27
lunes, 7 de enero de 2008
Aprendiz de poeta(Breve antología de Pedro Salinas)
y mañana cobijada
en los senos del mar:
hoy del sol y mañana del agua.
A la mano que te oprime
le cedes blanda
y te vas con el primer viento
galán que pasa.
Arena pura y casquivana,
novia versátil y clara, te quise por mía
y te estreché contra el pecho y el alma.
Pero con olas y brisas y soles te fuiste
y me quedé sin amada,
con la frente dada al viento que me la robaba,
y la vista al mar lejano donde ella tenía
verdes amores en verde posada.
Pedro Salinas en 'Presagios'
Generación del 27
lunes, 24 de diciembre de 2007
Aprendiz de poeta(Breve antología poética de Pedro Salinas)
IV
El poema
Y ahora, aquí está frente a mí.
Tantas luchas que ha costado,
tantos afanes en vela,
tantos bordes de fracaso
junto a este esplendor sereno
ya son nada, se olvidaron.
Él queda, y en él, el mundo,
la rosa, la piedra, el pájaro,
aquéllos, los del principio,
de este final asombrados.
¡Tan claros que se veían,
y aún se podía aclararlos!
Están mejor; una luz
que el sol no sabe, unos rayos
los iluminan, sin noche,
para siempre revelados.
Las claridades de ahora
lucen más que las de mayo.
Si allí estaban, ahora aquí;
a más transparencia alzados.
¡Qué naturales parecen,
qué sencillo el gran milagro!
En esta luz del poema,
todo, desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.
(De Todo más claro)
Pedro Salinas, Generación del 27
viernes, 21 de diciembre de 2007
Aprendiz de poeta(Breve antología de Pedro Salinas)
Verbo
¿De dónde, de dónde acuden
huestes calladas,
a ofrecerme sus poderes,
santas palabras?
luces dispara
que en llegarme hasta los ojos
mil años tardan,
así bajan por los tiempos
las milenarias.
¡Cuántos millones de bocas
tienen pasadas!
En sus hermanados sones,
tenues alas,
viene el ayer hasta el hoy,
va hacia el mañana.
¡De qué lejos misteriosos
su vuelo arranca,
nortes y sures y orientes,
luces romanas,
misteriosas selvas góticas,
cálida Arabia!
Desde sus tumbas, innúmeras
sombras calladas,
a mí las mandan.
por más usadas.
oros y plata; «hijo», «rosa», «mar», «estrella»,
nunca se gastan.
por su labranza,
en la plegaria,
India soñada.
que el pan amasan,
«corrientes aguas»,
noche del alma,
la de la Mancha.
la vuelven clara,
habla que habla,
soñando, sueña que sueña,
canta que canta.
Delante la tengo ahora,
toda tan ancha,
delante de mí ofrecida,
sin guardar nada,
onda tras onda rompiendo,
en mí —su playa—,
mar que llevó a todas partes,
mar castellana.
mía es la falla;
isla ignorada,
esperando a que alguien sepa
cómo cantarla.
¡Quién hubiera tal ventura,
una mañana;
en la orilla de este mar,
quién la encontrara!
¿Qué hay allí en el horizonte?
¿Vela es, heráldica?
Una blancura indecisa
hacia mi trémula espera
¿sueña o avanza?
Se acerca, y dentro se oyen
voces que llaman;
a no estrenadas.
una se alza,
que yo buscaba,
ya me lo aclara;
que ella me manda.
la gran jugada:
miércoles, 19 de diciembre de 2007
Aprendiz de poeta(Breve antología de Pedro Salinas)
En ansias inflamada
Sólo claro el afán. No hay más luz que la luz
que se quiere, el final.
Nubes y nubes llegan
creciendo oscuridad.
Lo azul, allí, radiante,
estaba, ya no está.
Se marchó de los ojos,
vive sólo en la fe
de un azul que hay detrás.
Avanzar en tinieblas,
claridades buscar
a ciegas. ¡Qué difícil!
Pero el hallazgo, así,
valdría mucho más.
¿Será hoy, mañana, nunca?
¿Seré yo el que la encuentre,
o ella me encontrará?
¿Nos buscamos, o busca
sólo mi soledad?
Retumban las preguntas
y los ecos contestan:
¡Y ya no hay arredrarse:
es entrega total
que la flor ni la piedra
nos quieren entregar!
¡Tensión del ser completo!
¡ Totalidad! Igual
al gran amor en colmo
buscando claridad
a través del misterio
nunca bastante claro,
por desnudo que esté,
de la carne mortal.
lunes, 17 de diciembre de 2007
Aprendiz de poeta (Breve antología de Pedro Salinas)
I
Las cosas
Al principio, ¡ qué sencillo,
allí delante, qué claro!
No era nada, era una rosa
haciendo feliz a un tallo,
un pájaro que va y viene
soñando que él es un pájaro,
una piedra, lenta flor
que le ha costado a esta tierra
un esmero de mil años.
¡Qué fácil, todo al alcance!
¡Si ya no hay más que tomarlo!
Las manos, las inocentes
acuden siempre al engaño.
No van lejos, sólo van
hasta donde alcanza el tacto.
Rosa la que ellas arranquen
no se queda, está de paso.
Cosecheras de apariencias
no saben que cada una
está celando un arcano.
Hermosos, sí, los sentidos,
pero no llegan a tanto.
Hay otra cosa mejor,
hay un algo,
un puro querer cerniéndose
por aires ya sobrehumanos
—galán de lo que se esconde—,
que puede más, y más alto.
Un algo que inicia ya,
muy misterioso, el trabajo
de coger su flor al mundo
—alquimia, birlibirloque-
para siempre, y sin tocarlo.
(De Todo más claro)
Pedro Salinas, Generación del 27
martes, 20 de noviembre de 2007
Aprendiz de poeta
Entre el trino del pájaro
y el son grave del agua.
El trino se tenía
en la frágil garganta;
la garganta en un bulto
de plumas, en la rama;
y la rama en el aire,
y el aire, en cielo, en nada.
El agua iba rompiéndose
entre piedras. Quebrado
su fluir misterioso
en los guijos, clavada
a su lecho, apoyada
en la tierra, tocándola
lloraba
de tener que tocarla.
Tú vacilaste: era
la luz de la mañana.
Y yo, entre los dos cantos,
tu elección aguardaba
¿Qué irías a escoger,
entre el trino del pájaro,
fugitivo capricho,
—escaparse, volarse-,
o los destinos fieles,
hacia su mar, del agua?
Pedro Salinas, Generación del 27
En mi opinión, en este partido hizo unos minutos muy buenos, hasta que toca el amor; parece hasta entonces que hiciera filosofía. Falló el gol a puerta vacía.
viernes, 16 de noviembre de 2007
Aprendiz de poeta
Lo que queremos nos quiere
aunque no quiera querernos.
Nos dice que no y que no,
pero hay que seguir queriéndolo:
porque el no tiene un revés,
quien lo dice no lo sabe,
y siguiendo en el querer
los dos se lo encontraremos.
Hoy, mañana, junto al nunca,
cuando parece imposible
ya,
nos responderá en lo amado,
como un soplo imperceptible,
el amor
mismo con que lo adoramos.
Aunque estén contra nosotros
el aire y la soledad,
las pruebas y el no y el tiempo,
hay que querer sin dejarlo,
querer y seguir queriendo.
Sobre todo en la alta noche
cuando el sueño, ese retorno
al ser desnudo y primero,
rompe desde las estrellas
las voluntades de paso,
y el querer siente, asombrado,
que ganó lo que quería,
que le quieren sin querer,
a fuerza de estar queriendo.
Y aunque no nos dé su cuerpo,
la amada, ni su presencia,
aunque se finja otro amor
un estar en otra parte,
este fervor infinito
contra el no querer querer
la rendirá, bese o no.
Y en la más oscura noche,
cuando
desde otra orilla del mundo,
la bese el amor remoto
se le entrará por el alma,
como un frío o una sombra
la evidencia de ser ya
de aquel que la está queriendo.
(Razón a amor)
Pedro Salinas, Generación del 27
Éste es un ejemplo de poesía retórica. No es lo más destacado de Salinas. Se suele decir que su poesía de la plenitud es su poesía amorosa, pero me parece a mí que es hueca, rebosante de ideas manidas en nuestro acerbo seductor, que no amatorio, y falta de la chispa y la imaginería que nos ofrece el Salinas de 'Fábula y signo', por ejemplo.
Nota personal:'La voz a ti debida', 'Razón de amor' y 'Largo lamento', no releer. Con una vez basta.
viernes, 2 de noviembre de 2007
martes, 30 de octubre de 2007
Por qué el poema Underwood girls (de Pedro Salinas) no es un poema perfecto en cinco razones
UNDERWOOD GIRLS1
Quietas, dormidas están,
las treinta redondas blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco en blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras sin sentido,
ese, zeda, jota, i...
(De Fábula y signo)
Poema de Pedro Salinas, de ‘Fábula y signo’, recogido en la ‘Antología poética del grupo poético de
Razón primaria: ch; razón secundaria: k; razón terciaria: ñ; razón cuaternaria: rr; razón quinaria: x.
