¡Actualidad! Tan fugaz/ En su cogollo y su miga,/ Regala a mi lentitud/ El sumo sabor a vida. Jorge Guillén
jueves, 12 de mayo de 2011
La prueba de la bañera
Durante una visita a un Instituto Psiquiátrico, uno de los visitantes le preguntó al Director qué criterio se usaba para definir si un paciente debería o no ser Internado.
- Bueno, dijo el Director, hacemos la prueba siguiente: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En función de cómo vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no.
- Ah, entiendo, dijo el visitante. Una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza.
- No, dijo el Director, una persona normal sacaría el tapón. Usted ¿qué prefiere: una habitación con o sin vista al jardín?
- Bueno, dijo el Director, hacemos la prueba siguiente: llenamos completamente una bañera, luego le ofrecemos al paciente una cucharita, una taza y un cubo y le pedimos que vacíe la bañera. En función de cómo vacíe la bañera, sabemos si hay que internarlo o no.
- Ah, entiendo, dijo el visitante. Una persona normal usaría el cubo porque es más grande que la cucharita y la taza.
- No, dijo el Director, una persona normal sacaría el tapón. Usted ¿qué prefiere: una habitación con o sin vista al jardín?
Epístola de Quevedo al Conde-Duque de Olivares
Epístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a Don Gaspar de Guzmán, Conde-Duque de Olivares, en su valimiento
No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.
Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa,
ni de los dos alguno fue primero.
Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.
La justicia de Dios es verdadera,
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.
Señor Excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.
Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada.
Y aquella libertad esclarecida,
que en donde supo hallar honrada muerte,
nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga de l′alma, nación fuerte,
contaba, por afrentas de los años,
envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.
Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un′hora
lograba sin afán su valentía.
La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo;
edad, si mal hablada, vencedora.
El temor de la mano daba escudo
al corazón, que, en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.
Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.
Y debajo del cielo, aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.
Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja, primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.
Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.
Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.
Derramado y sonoro el Océano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.
Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.
Joya fue la virtud pura y ardiente;
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se cudiciaba lo decente.
No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.
Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.
Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.
Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos.
Que el vientre entonces bien disciplinado
buscó satisfacción, y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.
Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.
No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.
Carnero y vaca fue principio y cabo,
y con rojos pimientos, y ajos duros,
tan bien como el señor, comió el esclavo.
Bebió la sed los arroyuelos puros;
después mostraron del carchesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.
El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.
Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacchanales,
y al holandés, hereje y alevoso.
Pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy, de muchos modos,
somos copias, si son originales.
Las descendencias gastan muchos godos,
todos blasonan, nadie los imita:
y no son sucesores, sino apodos.
Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita.
Y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas, pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.
Estaban las hazañas mal vestidas,
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas.
A la seda pomposa siciliana,
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.
Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.
Hoy desprecia el honor al que trabaja,
y entonces fue el trabajo ejecutoria,
y el vicio gradüó la gente baja.
Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.
Un animal a la labor nacido,
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz, y fue vestido;
que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,
¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?
¡Qué cosa es ver un infanzón de España
abreviado en la silla a la jineta,
y gastar un caballo en una caña!
Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición apruebo;
mas no la edad madura y la perfeta.
Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones; no en la frente
del útil bruto l′asta del acebo.
El trompeta le llame diligente,
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.
¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica, y el mosquete carga el hombro,
del que se atreve a ser buen castellano!
Con asco, entre las otras gentes, nombro
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar, que dar asombro.
Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.
Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que sólo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.
Vos, que hacéis repetir siglo pasado,
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;
vos distes libertad con las valonas,
para que sean corteses las cabezas,
desnudando el enfado a las coronas.
Y pues vos enmendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.
Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la invidia desatina,
tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.
Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorïoso,
mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.
Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.
Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.
El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.
Mandadlo así, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo;
pues valdrá por ejércitos el miedo,
y os verá el cielo administrar su rayo.
FRANCISCO DE QUEVEDO
No he de callar por más que con el dedo,
ya tocando la boca o ya la frente,
silencio avises o amenaces miedo.
¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
Hoy, sin miedo que, libre, escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo,
y la lengua de Dios nunca fue muda.
Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa,
ni de los dos alguno fue primero.
Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.
La justicia de Dios es verdadera,
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.
Señor Excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.
Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.
Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada.
Y aquella libertad esclarecida,
que en donde supo hallar honrada muerte,
nunca quiso tener más larga vida.
Y pródiga de l′alma, nación fuerte,
contaba, por afrentas de los años,
envejecer en brazos de la suerte.
Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.
Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un′hora
lograba sin afán su valentía.
La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo;
edad, si mal hablada, vencedora.
El temor de la mano daba escudo
al corazón, que, en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.
Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.
Y debajo del cielo, aquella gente,
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.
Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja, primero que el vestido;
menos le vio galán que peligroso.
Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.
Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.
Derramado y sonoro el Océano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.
Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.
Joya fue la virtud pura y ardiente;
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se cudiciaba lo decente.
No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.
Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.
Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.
Caducaban las aves en los vientos,
y expiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos.
Que el vientre entonces bien disciplinado
buscó satisfacción, y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.
Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.
No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.
Carnero y vaca fue principio y cabo,
y con rojos pimientos, y ajos duros,
tan bien como el señor, comió el esclavo.
Bebió la sed los arroyuelos puros;
después mostraron del carchesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.
El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.
Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacchanales,
y al holandés, hereje y alevoso.
Pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy, de muchos modos,
somos copias, si son originales.
Las descendencias gastan muchos godos,
todos blasonan, nadie los imita:
y no son sucesores, sino apodos.
Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita.
Y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas, pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.
Estaban las hazañas mal vestidas,
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas.
A la seda pomposa siciliana,
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.
Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el Can por el verano.
Hoy desprecia el honor al que trabaja,
y entonces fue el trabajo ejecutoria,
y el vicio gradüó la gente baja.
Pretende el alentado joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.
Un animal a la labor nacido,
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz, y fue vestido;
que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales,
¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?
¡Qué cosa es ver un infanzón de España
abreviado en la silla a la jineta,
y gastar un caballo en una caña!
Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición apruebo;
mas no la edad madura y la perfeta.
Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones; no en la frente
del útil bruto l′asta del acebo.
El trompeta le llame diligente,
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.
¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica, y el mosquete carga el hombro,
del que se atreve a ser buen castellano!
Con asco, entre las otras gentes, nombro
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar, que dar asombro.
Jineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.
Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que sólo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.
Vos, que hacéis repetir siglo pasado,
con desembarazarnos las personas
y sacar a los miembros de cuidado;
vos distes libertad con las valonas,
para que sean corteses las cabezas,
desnudando el enfado a las coronas.
Y pues vos enmendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.
Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que a la invidia desatina,
tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.
Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorïoso,
mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre, a su pesar, campos serenos.
Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza:
descansen tela falsa y tela fina.
Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.
El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.
Mandadlo así, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo;
pues valdrá por ejércitos el miedo,
y os verá el cielo administrar su rayo.
FRANCISCO DE QUEVEDO
Algunos poemas de Emma de Coro
Para que no te pierdas
he pintado tu silueta
en el suelo
para que te tumbes en la arena
y pongas tu mano
sobre la mano que te he dibujado
y tu pierna izquierda
y tu pierna derecha.
Para que no te pierdas
y no tengas miedo
te he dibujado una cama
en la arena
un lecho de líneas
que pueda borrar
el viento o el agua.
Para que no te pierdas.
___________________
I
El día es un sueño indolente,
sordo a las olas que rompen en el casco.
He intentado hacer dos alas
con mil plumas, pero no vuelan
y los gritos que lanzo
son como piedras al vacío:
se quedan a medias de ser o no ser.
Mi voz es ahora silencio
aunque no deja de intentar
asomarse a la memoria.
Hasta mi mirada
es como un eco perdido
en el hueco insomne
que dejaron los ojos.
III
La tormenta dejó
gotas de lluvia sobre el océano.
En silencio, con los ojos vendados,
subimos a cubierta para recordar
el olor de las noches prohibidas.
Alguien nos habló de amores contrariados
y nuestras vidas volaron tras ellos.
Han venido tus besos
y tus lágrimas de la mano,
y tu presencia, que era ella sola
como un abrazo.
Ahora sé que tus caricias
son mis palabras,
en este diaro de a bordo
las veo correr por la senda
solitaria de los sentimientos huérfanos.
Y son presagio de Poesía,
promesa de tierra.
IV
He subidoa cubierta
a encontrarme contigo,
pero el cólera
había llenado de sillas
tu ausencia.
He tratado de encontrarte
en loe shuecos olvidados
pero sólo quedaban tus palabras,
tus canciones, bailando
en mi memoria,
huérfanos de la voz que las ame.
Alzo la vista
pero el cielo está lleno
de ventanas abiertas
por donde escapan los sueños.
he pintado tu silueta
en el suelo
para que te tumbes en la arena
y pongas tu mano
sobre la mano que te he dibujado
y tu pierna izquierda
y tu pierna derecha.
Para que no te pierdas
y no tengas miedo
te he dibujado una cama
en la arena
un lecho de líneas
que pueda borrar
el viento o el agua.
Para que no te pierdas.
___________________
I
El día es un sueño indolente,
sordo a las olas que rompen en el casco.
He intentado hacer dos alas
con mil plumas, pero no vuelan
y los gritos que lanzo
son como piedras al vacío:
se quedan a medias de ser o no ser.
Mi voz es ahora silencio
aunque no deja de intentar
asomarse a la memoria.
Hasta mi mirada
es como un eco perdido
en el hueco insomne
que dejaron los ojos.
III
La tormenta dejó
gotas de lluvia sobre el océano.
En silencio, con los ojos vendados,
subimos a cubierta para recordar
el olor de las noches prohibidas.
Alguien nos habló de amores contrariados
y nuestras vidas volaron tras ellos.
Han venido tus besos
y tus lágrimas de la mano,
y tu presencia, que era ella sola
como un abrazo.
Ahora sé que tus caricias
son mis palabras,
en este diaro de a bordo
las veo correr por la senda
solitaria de los sentimientos huérfanos.
Y son presagio de Poesía,
promesa de tierra.
IV
He subidoa cubierta
a encontrarme contigo,
pero el cólera
había llenado de sillas
tu ausencia.
He tratado de encontrarte
en loe shuecos olvidados
pero sólo quedaban tus palabras,
tus canciones, bailando
en mi memoria,
huérfanos de la voz que las ame.
Alzo la vista
pero el cielo está lleno
de ventanas abiertas
por donde escapan los sueños.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Un poema de Miriam Reyes
Me he colocado la venda con cuidado
-como un velo de novia-
y he caminado hasta el centro del corro
-como camino al altar-.
La gallinita ciega, la gallinita loca.
Ellos están ahí, pero sólo son fragmentos:
un par de brazos, un ojo abierto, un mentón...
Los voy acumulando.
Quiero hacer un montoncito con todos ellos
para construir mi castillo de arena
y sentarme a esperar la gran ola.
Tan pancha, tan loca
-como una reina-.
-como un velo de novia-
y he caminado hasta el centro del corro
-como camino al altar-.
La gallinita ciega, la gallinita loca.
Ellos están ahí, pero sólo son fragmentos:
un par de brazos, un ojo abierto, un mentón...
Los voy acumulando.
Quiero hacer un montoncito con todos ellos
para construir mi castillo de arena
y sentarme a esperar la gran ola.
Tan pancha, tan loca
-como una reina-.
Óscar Pirot ha publicado 'Bestimenta' (4)
MUÉRDEME COCODRILA
Muérdeme cocodrila
clava tu piano porcelana
en mi piel sanguijuela
destázame engulle repárteme fracturas
desafina el podrido autismo
de la carne durmiente
acércate cocodrila no te haré daño se supone
que yo soy la presa una cebra inmóvil caballo
indeciso entre la noche y el día
tu mandíbula ábrela disloca el perfil del agua
desgarra mi equilibrio en la superficie convulsa
al fondo llévame de tus larvas convídame el signo invisible
maquíllate preciosa con mi sangre ritual banquete desleído
pronúnciame las letras infinitas del silencio Sísifo carga una piedra
y se le devuelve así mi soledad erosiona el suplicio mirando como te alejas sin ni
siquiera reventarme con tu cola la cara
mastícame por última vez te lo digo la noche entierra su cilicio y luego amanezco como
una virgen encostrada en el antifaz del milagro
soñar solo no me importa no quiero vivir solo triste ventosa en la saliva del aire
no aguanto más cocodrila disimulo estar bien como el dolor bajo la herida pero es inútil
reviento esquirlas yugulares deletreo el canto de los cerdos enfrentándose a la muerte
mi carne brilla enceguecida abnegada sin el frugal seísmo del beso lámeme
con tu olfato rastrea las huellas grises de mis pezuñas el camino
desértico que trazo sobre la página arenosa de mi vida
incendia con tu lengua la vegetal insistencia de las horas
apaga el carbón de mis ojos con el manantial de tu mirada
muérdeme cocodrila
hunde despaciosa tus navajas
el crimen está a la orilla del abismo
mi cuerpo reclama
el colmillo
voraz
de tu voz
el graffiti
espectral
de tu aliento
sobre los muros rotos
de mi vientre.
ANGUILA ELÉCTRICA
No
no es
como el rayo
la anguila no es
un rayo en el cielo
es
un relámpago que el agua no apaga
una fractura que el mar soporta
como un pistilo indisoluble
en el oleaje de la eternidad.
FLAMINGO
El flamingo ahí
con su equilibrio rosa
su vertical contemplación que arroja
el reflejo de su cuerpo filiforme
en la pupila del lago
el agua tiembla y deforma su imagen
el flamingo observa perplejo y no comprende
por qué su reflejo se arruga cuando él ni siquiera respira
el orden y el caos
dos ojos que se concilian
en el equilibrio de la mirada.
Muérdeme cocodrila
clava tu piano porcelana
en mi piel sanguijuela
destázame engulle repárteme fracturas
desafina el podrido autismo
de la carne durmiente
acércate cocodrila no te haré daño se supone
que yo soy la presa una cebra inmóvil caballo
indeciso entre la noche y el día
tu mandíbula ábrela disloca el perfil del agua
desgarra mi equilibrio en la superficie convulsa
al fondo llévame de tus larvas convídame el signo invisible
maquíllate preciosa con mi sangre ritual banquete desleído
pronúnciame las letras infinitas del silencio Sísifo carga una piedra
y se le devuelve así mi soledad erosiona el suplicio mirando como te alejas sin ni
siquiera reventarme con tu cola la cara
mastícame por última vez te lo digo la noche entierra su cilicio y luego amanezco como
una virgen encostrada en el antifaz del milagro
soñar solo no me importa no quiero vivir solo triste ventosa en la saliva del aire
no aguanto más cocodrila disimulo estar bien como el dolor bajo la herida pero es inútil
reviento esquirlas yugulares deletreo el canto de los cerdos enfrentándose a la muerte
mi carne brilla enceguecida abnegada sin el frugal seísmo del beso lámeme
con tu olfato rastrea las huellas grises de mis pezuñas el camino
desértico que trazo sobre la página arenosa de mi vida
incendia con tu lengua la vegetal insistencia de las horas
apaga el carbón de mis ojos con el manantial de tu mirada
muérdeme cocodrila
hunde despaciosa tus navajas
el crimen está a la orilla del abismo
mi cuerpo reclama
el colmillo
voraz
de tu voz
el graffiti
espectral
de tu aliento
sobre los muros rotos
de mi vientre.
ANGUILA ELÉCTRICA
No
no es
como el rayo
la anguila no es
un rayo en el cielo
es
un relámpago que el agua no apaga
una fractura que el mar soporta
como un pistilo indisoluble
en el oleaje de la eternidad.
FLAMINGO
El flamingo ahí
con su equilibrio rosa
su vertical contemplación que arroja
el reflejo de su cuerpo filiforme
en la pupila del lago
el agua tiembla y deforma su imagen
el flamingo observa perplejo y no comprende
por qué su reflejo se arruga cuando él ni siquiera respira
el orden y el caos
dos ojos que se concilian
en el equilibrio de la mirada.
martes, 10 de mayo de 2011
El fragmento de 'Sindbad el varado (Bitácora de febrero)' de Gilberto Owen en 'Poesía en Movimiento'
Sindbad el varado (Bitácora de febrero)
Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero
tu alma es una sola y no encontrarás otra.
Sindbad el Marino
Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn.
T. S. Eliot
Día primero,
El naufragio
Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,
correveidile colibrí, estático
dentro del halo de su movimiento.
Y no hablas. No hables,
que no tienes ya voz de adivinanza
y acaso te he perdido con saberte,
y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,
tierra que me acogió de noche náufrago
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.
Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;
sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche
ni en su hermoso guardián insobornable:
aquí me hirió su mano, aquí su sueño,
en Emel su sonrisa, en luz su poesía,
su desamor me agobia en tu mirada.
Y luché contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto
y en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.
Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes
y es inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos en la palma de la mano.
Día veintisiete,
Jacob y el mar
Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero mucho más despiadada,
cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,
cuando tu pie de seda se clava de caprina pezuña en mi abstinencia,
cuando si eres silencio te rompes y en mis manos repican a rebato tus dos senos,
cuando apenas he dicho amor y ya en el aire está sin boca el beso y la ternura sin empleo aceda,
cuando apenas te nombro flor y ya sobre el prado ruedan los labios del clavel,
cuando eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te me esfumas.
Mañana habrá en la playa otro marino cojo.
Día veintiocho,
Final
Mañana. Acaso el sol golpea en dos ventanas que entran en erupción.
Antes salen los indios que pasan al mercado tiritando con todo el trópico a la espalda.
Y aún antes
los amantes se miran y se ven tan ajenos que se vuelven la espalda.
Antes aún
ese ángel de la guarda que se duerme borracho mientras allí a la vuelta matan a su pupilo:
¿Qué va a llevar más que el puñal del grito último a su Amo?
¿Qué va a mentir?
“Lo hiciste cieno y vuelve humo pues ardió como Te amo”.
Tal vez mañana el sol en mis ojos sin nadie,
tal vez mañana el sol,
tal vez mañana,
tal vez.
[Perseo vencido]
El poema completo se encuentra en el siguiente enlace. Cuidado, la versificación no es fiel: el transcriptor ha confundido un verso quebrado en dos líneas con dos versos.
Encontrarás tierra distinta de tu tierra, pero
tu alma es una sola y no encontrarás otra.
Sindbad el Marino
Because I do not hope to turn again
Because I do not hope
Because I do not hope to turn.
T. S. Eliot
Día primero,
El naufragio
Esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,
correveidile colibrí, estático
dentro del halo de su movimiento.
Y no hablas. No hables,
que no tienes ya voz de adivinanza
y acaso te he perdido con saberte,
y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,
tierra que me acogió de noche náufrago
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.
Esta mañana me consume en su rescoldo la conciencia de mis llagas;
sin ella no creería en la escalera inaccesible de la noche
ni en su hermoso guardián insobornable:
aquí me hirió su mano, aquí su sueño,
en Emel su sonrisa, en luz su poesía,
su desamor me agobia en tu mirada.
Y luché contra el mar toda la noche,
desde Homero hasta Joseph Conrad,
para llegar a tu rostro desierto
y en su arena leer que nada espere,
que no espere misterio, que no espere.
Con la mañana derogaron las estrellas sus señales y sus leyes
y es inútil que el cartógrafo dibuje ríos secos en la palma de la mano.
Día veintisiete,
Jacob y el mar
Qué hermosa eres, Diablo, como un ángel con sexo pero mucho más despiadada,
cuando te llamas alba y mi noche es más noche de esperarte,
cuando tu pie de seda se clava de caprina pezuña en mi abstinencia,
cuando si eres silencio te rompes y en mis manos repican a rebato tus dos senos,
cuando apenas he dicho amor y ya en el aire está sin boca el beso y la ternura sin empleo aceda,
cuando apenas te nombro flor y ya sobre el prado ruedan los labios del clavel,
cuando eres poesía y mi rosa se inclina a oler tu cifra y te me esfumas.
Mañana habrá en la playa otro marino cojo.
Día veintiocho,
Final
Mañana. Acaso el sol golpea en dos ventanas que entran en erupción.
Antes salen los indios que pasan al mercado tiritando con todo el trópico a la espalda.
Y aún antes
los amantes se miran y se ven tan ajenos que se vuelven la espalda.
Antes aún
ese ángel de la guarda que se duerme borracho mientras allí a la vuelta matan a su pupilo:
¿Qué va a llevar más que el puñal del grito último a su Amo?
¿Qué va a mentir?
“Lo hiciste cieno y vuelve humo pues ardió como Te amo”.
Tal vez mañana el sol en mis ojos sin nadie,
tal vez mañana el sol,
tal vez mañana,
tal vez.
[Perseo vencido]
El poema completo se encuentra en el siguiente enlace. Cuidado, la versificación no es fiel: el transcriptor ha confundido un verso quebrado en dos líneas con dos versos.
lunes, 9 de mayo de 2011
Poemas de Antonio Machado en 'Nuevas Canciones' (1)
PROVERBIOS Y CANTARES
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.
II
Para dialogar,
preguntad, primero;
después... escuchad.
IV
Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo.
VII
¿Siglo nuevo? ¿Todavía
llamea la misma fragua?
¿Corre todavía el agua
por el cauce que tenía?
X
En el viejo caserío
--¡oh anchas torres con cigüeñas!—
enmudece el son gregario,
y en el campo solitario
suena agua entre las peñas.
XII
¿Sabes, cuando el agua suena,
si es agua de cumbre o calle,
de plaza, jardín o huerta?
XIII
Encuentro lo que no busco:
las hojas del toronjil
huelen a limón maduro.
XV
Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.
XIX
A la vera del camino
hay una fuente de piedra,
y un cantarillo de barro
-glu-glu- que nadie se lleva
XXI
...Pero yo he visto beber
hasta en los charcos del suelo.
Caprichos tiene la sed...
A José Ortega y Gasset
IEl ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.
II
Para dialogar,
preguntad, primero;
después... escuchad.
IV
Mas busca en tu espejo al otro,
al otro que va contigo.
VII
¿Siglo nuevo? ¿Todavía
llamea la misma fragua?
¿Corre todavía el agua
por el cauce que tenía?
X
En el viejo caserío
--¡oh anchas torres con cigüeñas!—
enmudece el son gregario,
y en el campo solitario
suena agua entre las peñas.
XII
¿Sabes, cuando el agua suena,
si es agua de cumbre o calle,
de plaza, jardín o huerta?
XIII
Encuentro lo que no busco:
las hojas del toronjil
huelen a limón maduro.
XV
Busca a tu complementario,
que marcha siempre contigo,
y suele ser tu contrario.
XIX
A la vera del camino
hay una fuente de piedra,
y un cantarillo de barro
-glu-glu- que nadie se lleva
XXI
...Pero yo he visto beber
hasta en los charcos del suelo.
Caprichos tiene la sed...
Un par de sonetos de Gutierre de Cetina
¡Temor desventurado y trabajoso,
trabajoso temor desventurado!
quien supiese mostrar de ti un traslado
bien se podría llamar pintor famoso;
quien tu desasosiego sospechoso,
tu recelar, tus bascas, tu cuidado,
con palabras pintase, habría pintado
lo que es, aunque a pensar, dificultoso.
Eres sin proporción incomparable,
eres mal que se siente y no se entiende,
sueño que el alma aduerme y la desvela;
eres fuego infernal, intolerable,
hielo que de un rabioso ardor enciende,
ardor que de un mortal hielo nos hiela.
______________________________
Ira y amor me están dentro en el pecho
y cada cual me causa un mal extraño;
el amor fue principio del engaño;
después, del mismo amor nació el despecho.
Deseo aborrecer por mi provecho,
visto que del amor me viene el daño;
mas no basta la ira en mal tamaño
el nudo deshacer que amor ha hecho.
Ira me mueve a ser vuestro enemigo
y muéstrame razón por que lo sea;
mas ¿qué vale, si amor a amar me tira?
Y así mientras los dos tratan conmigo,
es fuerza que la triste alma se vea,
siendo esclava de amor, sujeta de ira.
trabajoso temor desventurado!
quien supiese mostrar de ti un traslado
bien se podría llamar pintor famoso;
quien tu desasosiego sospechoso,
tu recelar, tus bascas, tu cuidado,
con palabras pintase, habría pintado
lo que es, aunque a pensar, dificultoso.
Eres sin proporción incomparable,
eres mal que se siente y no se entiende,
sueño que el alma aduerme y la desvela;
eres fuego infernal, intolerable,
hielo que de un rabioso ardor enciende,
ardor que de un mortal hielo nos hiela.
______________________________
Ira y amor me están dentro en el pecho
y cada cual me causa un mal extraño;
el amor fue principio del engaño;
después, del mismo amor nació el despecho.
Deseo aborrecer por mi provecho,
visto que del amor me viene el daño;
mas no basta la ira en mal tamaño
el nudo deshacer que amor ha hecho.
Ira me mueve a ser vuestro enemigo
y muéstrame razón por que lo sea;
mas ¿qué vale, si amor a amar me tira?
Y así mientras los dos tratan conmigo,
es fuerza que la triste alma se vea,
siendo esclava de amor, sujeta de ira.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
